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jueves, agosto 06, 2020

Mi decálogo del buen escritor (y II)

 

Mi decálogo del buen escritor (y II)

Carlos Balladares Castillo

Al cumplirse el lunes pasado el 77 aniversario de la fundación de El Nacional, aprovecho para felicitar a todos aquellos que lo hacen posible en medio de tantas dificultades. Muy especialmente a mi querida y admirada Patricia Molina. Ustedes mantienen viva la esperanza de un país mejor. Y aprovecho para celebrar el tercer cumpleaños de esta columna de opinión de todos los miércoles “¡Gracias totales!”

Ahora concluimos nuestro decálogo comenzado hace quince días, que se ha inspirado en el aprendizaje con el magnífico taller para escritores “Corrección Perpétuum” del novelista Álvaro D’Marco. Taller que tiene varios niveles y que no dudamos en recomendarles. Nosotros comenzaremos pronto el segundo nivel. Si en la primera parte de estos consejos nos centramos en los principios generales (lo fundamental, las actitudes, el hábito, etc.), en esta segunda quiero dedicarme a la estructura del texto: ¿cómo escribir?

5) Escribe solo para ti y para el cuento (o el texto). Julio Cortazar, Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa son muy claros: no se escribe para lograr fama o lo que se le parezca (dinero, poder, etc.), sino para la realidad que son tus “fantasmas” o “demonios” y esa idea-tema-historia que sale de ti y que debes “expulsarla” de tu ser, y por tanto es un ente autónomo. Tan autónomo que toda su realidad gira en torno a él y ni siquiera uno como narrador pareciera poder controlarla ¡porque debes respetar dicha autonomía y “circularidad”! Escribir es crear un universo. Cuando escribas solo piensa en la existencia del cuento (o del artículo, ensayo o crónica) del cual tú eres un personaje más (o el único que lo puede explicar): el que quedó “vivo” para relatarlo y eso es lo que estás haciendo cuando escribes.  

6) Escribe con un plan desde el principio. Es un error empezar a escribir sin ninguna idea inicial y sin los pasos que debes dar para explicar esa idea. Algunos escritores recomiendan un plan detallado, otros como mínimo que puedas relatar la idea en un párrafo. Ese párrafo será tu guía y es muy recomendable, porque si eres incapaz de explicar lo que deseas escribir es mejor que te lo sigas pensando. J. J. Ramón Ribeyro dice que el lector debe poder contar tu historia. Ningún escritor que yo sepa recomienda comenzar en la nada. Es por ello que todo lo que se habla del escritor frente al “papel en blanco” son insensateces y nada más. Otra cosa es que la historia vaya cambiando a medida que la escribes. Nadie aconseja que el plan no pueda ser modificado porque lo normal es que esto ocurra.  Al planificar debemos tener en cuenta:

I. Todo texto escrito siempre debe ser un poco relato o cuento, en el sentido de tener el atractivo del momento fundacional de toda ficción. Nos referimos a cuando el primer ser humano en la Prehistoria se dirigió ante sus iguales y decidió relatar una historia. Es decir, al escribir (incluso artículos, ensayos, etc.) debemos pensar en la oralidad de lo que explicamos. Preguntarse: ¿esto que escribo será atractivo para el que lo leerá? ¿La palabras tienen una fluidez, un ritmo al escribirse una al lado de la otra? (es por ello que al terminar debemos leerlo en voz alta) ¿Contiene un equilibrio ideal entre ideas y ejemplos?

II. No olvides que todo plan debe cumplir de algún modo con el básico: introducción, desarrollo y conclusiones. En la ficción también se cumple aunque con estrategias distintas.

III. Todo escrito sea de ficción o no debe tener tres elementos, según el crítico literario Jorge Carrión aunque él solo lo establece para los artículos, pero yo he comprobado que todo clásico de cualquier género lo cumple. Decir algo de algo (no ser superficial), crear una imagen que impresione y escribir alguna frase memorable. En los textos largos esto se multiplica pero por lo menos la meta es una de cada una.

IV. En la ficción es fundamental que tu protagonista se transforme y este es el final que deberías tener muy claro antes de comenzar a escribir. Puede ser un pequeño cambio, no importa; pero lo que es un absurdo es que nada ocurra y que ese conflicto no afecte a alguno de los personajes, en especial el primero de ellos.

V. Al escribir especialmente ficción ten en cuenta las dos historias de las que habla Ricardo Piglia en “Tesis sobre el cuento”. Una de las historias es secreta y la otra es evidente. El arte está “en saber cifrar” la oculta en la evidente. “Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario.”

7) Escribe siguiendo estos dos pasos: primero con la pura inspiración,  segundo corrige con la razón. Algunos dicen: con el corazón y después con la cabeza. Recuerda aquella sencilla película titulada en castellano: Descubriendo a Forrester (Gus Van Sant, 2000) donde Sean Connery representa a un famoso escritor (Forrester) que es maestro de un adolescente muy inteligente (Jamal). La mejor escena es cuando le da la primera lección: lo sienta frente a una máquina de escribir y le dice: “escribe”, el muchacho le responde: “debo pensar antes”. De inmediato la corrección: “No, eso viene después”. Ernest Hemingway también hablaba de entrar en el ring y golpear las teclas ¡sin miedo y sin cabeza!

I. Lo primero, ya lo dijimos, es plasmar la idea del texto en un párrafo. Si no logras comenzar, lo segundo puede ser diseñar (perdonen la ofensa) los personajes. Esto es algo que hacía Irene Nemerowski con muchos detalles. Después el ambiente e incluso algunas escenas.

II. No dejes que las historias se duerman, debes escribir sin detenerte una vez que comenzaste. Todos los días sin descanso, aunque sea un poco pero un poco sustantivo. De lo contrario se pondrá “piche” (podrido). Los personajes ya no serán ellos mismos, ni el ambiente, ni la historia; porque tu memoria empezará a olvidarla y se desvanecerán sus bases.

III. Al escribir por la inspiración sin reprimirte y nunca buscando corregir, tendrás lo que Vargas Llosa (fue al primero al que se lo leí) llama “el magma”. Una obra en bruto que deberá ser corregida. Dicho magma no lo destruyas, sino que abre un nuevo documento con una copia (escribir en la computadora te lo permite) y comienzas a tachar y reconstruir. Acá se inicia realmente la tarea del escritor, antes solo “tipeaste” dicen algunos.

IV. Se corrige la gramática y la fluidez que has estado estudiando con tus cuadernos de notas que recomendé en el punto número 2. Leer en voz alta, ya lo dijimos. Si no hay fluidez, sino que las palabras se tropiezan y te confundes, debes reescribir.

V. Examinar el tono (la actitud emocional del narrador), el ritmo de la obra (la velocidad de las escenas y lo que se narra). Tienes que lograr que la materia dicte la forma (M. F. Palacios, Mario Vargas Llosa). Si es una aventura el lenguaje debe saber transmitirla y así con cada género. El uso del habla popular, del dialecto y estilo de cada personaje.

VI. El principio, el final, el título. Acá puedes perder todo el esfuerzo puesto en la escritura y más en estos tiempos que la gente por las redes sociales lee lo mínimo de las primeras palabras. En el comienzo debe estar el “gancho” que atrapa al lector. Le ofreces en pocas palabras todo lo que le mostrarás. Es recomendable una acción, una tensión. Revisa excelentes inicios como: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.  Todo está allí. Y la conclusión debe dejar cierta nostalgia con algo de aprendizaje: “(…) “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”. El título debe ser la mejor frase, por ejemplo observa el método que usó o le recomendaron al Gabo: este propuso al principio “La casa” pero era simplón, y ya saben cuál eligió al final.

VII. Muy importante al leernos debemos preguntarnos ¿me gusta realmente? J. J. Ramón Ribeyro señala que debemos lograr con la obra al menos uno de estos elementos: entretener, conmover, intrigar o sorprender. Si no logra ninguna su lugar es el cesto de la basura.

VIII. Deja descansar el texto corregido para después en la “distancia” del tiempo leerlo como “un extraño” de modo que puedas hacer una mejor corrección. Virginia Woolf salía a caminar después de la hora del te (4 pm en punto), después de haber pasado la mañana escribiendo.

8) Termina lo que comienzas. Por más que corrijas en algún momento debes decir: se acabó. Para muchos escritores esto es lo más importante a la hora de escribir, porque de nada te vale tener mil proyectos comenzados. San Josemaría Escrivá de Balaguer no le gustaba colocar “la primera piedra” de las obras sino la última; y esto es una gran verdad en todos los aspectos de la vida ¡y también en la escritura! Para lograr este objetivo deberás establecer una fecha de finalización tentativa una vez que comienzas y/o una cantidad de palabras o páginas. El maestro Stephen King habla del límite de 3 meses para tener un libro entre 200 y 300 páginas. Puedes pensar en las entregas semanales o diarias de las partes del texto. Pero siempre recuerda el famoso “The End” ¡Debes terminar lo comenzado!

9) Debes publicar o mostrar tu obra, es decir, la gente debe leerte. De lo contrario nunca sabrás si lo estás haciendo bien. Puedes cumplir todos los principios anteriores y cometer los mismos errores una y otra vez. Practicar nuestra arte con constancia todos los días está muy bien ¡siempre y cuando tengas personas que te corrijan y te digan que vas por buen camino! Es por ello que no solo te deben leer los conocidos. ¡Tienen que leerte los maestros! Asistir a talleres de escritura, tener círculos de lectores críticos y/o colegas. Todos ellos son ejemplos. Pero también puedes ser más ambicioso y que te revisen los editores y mandar tu obra a concursos y aspirar al libro.

10) La escritura al final trata sobre la búsqueda de la felicidad. Esto lo he leído en muchos decálogos y es la verdad, porque de lo contrario no me habría dedicado a escribir el mío. Si un día dejo de escribir me siento extraño. Es un vacío que se transforma en síndrome de abstinencia. Escribir es terapéutico Razón tenía Gustave Flaubert al afirmar: “escribir es una manera de vivir”. Nadie niega que es algo duro, en el sentido que muchas veces las frases que buscamos no salen. Las ideas, las emociones y esa historia que parece tener vida propia no se transforma en lenguaje. Entonces sufrimos; pero sabemos que trabajando, insistiendo, cometiendo errores y corrigiéndolos, pensando y “tecleando” una y otra vez; algún día tendremos lo que soñamos: ¡El libro!

jueves, agosto 01, 2019

Hoy se cumplen 200 años del natalicio de Herman Melville (1819-1891) (mi columna de los miércoles en El Nacional)


Resultado de imagen para herman melville¿Por qué recordar a Herman Melville en su bicentenario?

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

Mañana primero de agosto se cumplen doscientos años del nacimiento del gran escritor estadounidense Herman Melville (1819-1891). Grande porque creó una novela llamada “total” y “representante del cosmos” humano respectivamente por el Nobel Mario Vargas Llosa (1936) y Jorge Luis Borges (1899-1986), y por ello equiparables con Don Quijote o La guerra y la paz. Pero para los amantes de la literatura náutica Melville resulta un escritor mucho más importante, por su perfecta descripción de la navegación a vela durante su edad de oro: de finales del siglo XVIII a la primera mitad del XIX. Y a través de sus letras mostrarnos las pasiones y virtudes humanas en las situaciones extremas de ese micromundo que es un barco, y el cual puede trasladarse a cualquier colectividad humana.

Por dar el mejor ejemplo de sus historias piensen en la siguiente: un jefe con poderes excepcionales convence al grupo que dirige de haber descubierto la causa de todos sus males, y que deben centrar todos sus esfuerzos en destruir dicha causa; de esa forma poco a poco se obsesionan y enloquecen generando su propia destrucción ¿este relato les suena parecido a todos los venezolanos? Pues, esta es la principal idea de su más famosa novela: Moby Dick (1851), aunque Melville escribió mucho más historias y por ella y todos sus textos lo recordamos y celebramos. Nosotros acabamos de leer Benito Cereno (1855), no solo por el bicentenario, sino porque desde hace un tiempo nos propusimos leer una obra suya al año.

Resultado de imagen para moby dick 1956Moby Dick o la ballena blanca es parte fundamental de los mitos populares y no solo lo es por las grandes verdades que transmite esta ficción marítima, sino especialmente por la difusión que ha logrado gracias al cine y la televisión. Una revisión de la Internet Movie Data Base (www.imdb.com) en lo que se refiere a este nombre enumera más de 150, y es porque cada tantos años se hace una nueva versión cinematográfica de la historia de la ballena blanca desde que se hizo la primera en 1926 dirigida por Millard Webb y llamada: The Sea Beast. En nuestra niñez quedamos impresionados por la imagen del capitán Ahab (personificado por Gregory Peck) atrapado en el costado de la ballena por todos los cabos (cuerdas) de los arpones que le habían lanzado a la misma. Nos referimos a la película dirigida por John Huston en 1956 y con guión adaptado del escritor de Ciencia Ficción: Ray Bradbury. Es una joya a pesar de que sus efectos sean ya anticuados. Pero no la leeremos hasta que cumplimos poco más de 20 años y con el resultado de hacernos seguidores tanto de sus obras como del género donde es el rey: la literatura náutica.

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En el relato de la ballena blanca muchos han querido reducirlo a la irracionalidad de la venganza del capitán Ahab porque ésta le ha arrancado la pierna, de allí la referencia a su fantasmal caminar por la cubierta en las noches con su “toc toc toc”. No creemos que así sea, más bien consideramos que es la perfecta referencia a la obsesión humana de querer acabar con todo mal y cuando cae en esta mentira termina por asumir la condición de lo que odia. Es decir, la lucha contra el mal puede hacerte parte de él. Esto fue tan evidente en las utopías de reforma social como el marxismo durante el siglo XX. El anhelo de eliminar todo vestigio de maldad termina por ser la peor perversión, y es por ello que Ahab termina enloqueciendo al ver la ballena blanca como el demonio. Es una novela de un enorme simbolismo, siguiendo a Borges, y de esa forma todo en ella hace referencia a otros aspectos que preocupan al hombre del mundo moderno: la demagogia y el protopopulismo en la democracia, la excesiva confianza en la tecnología y el irrespeto a la naturaleza, entre otros.

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Otra de sus obras es Benito Cereno, la cual trata de un capitán español que en 1799 “gobierna” un barco en extrañas circunstancias debido a que el mismo es un caos y necesita urgentemente aprovisionarse de agua dulce y alimentos. Un barco mercante estadounidense lo asiste pero cuando el capitán del mismo (Amansa Delano) sube a bordo, observa que hay una gran población de esclavos africanos pero que no están siendo controlados por los españoles. Desde este momento toda la historia es relatada desde la perspectiva del capitán el cual está lleno de prejuicios raciales a diferencia relativamente del capitán español. Al parecer esta novela corta era la preferida de Jorge Luis Borges en relación a las obras de Melville, muy seguramente por el hecho de ser “un texto deliberadamente inexplicable que es un símbolo cabal de este mundo, también inexplicable.” Y en nuestro caso creemos ver en ella uno de los más importantes aprendizajes que obtuvo Melville en sus viajes, que es el convertirse en un ciudadano del mundo: “patriots to heaven” en sus palabras.

Es imposible hablar en la brevedad de un artículo de opinión del resto de los escritos de Melville, pero no podíamos por ello dejar de hacerle un pequeño homenaje. Y mostrar otra razón por la cual lo admiramos, y es el hecho no haber sido reconocido en vida y no por esto abandonar su pasión escritural.  A pesar de tener que realizar lo que Vargas Llosa llama “trabajos alimenticios”, que es compartir el oficio de escritor con empleos que le alejaban de su verdadera pasión, nunca cesó de demostrar - parafraseando al mismo Melville - que “necesitaba plumas de cóndores para escribir siendo su tintero el cráter del Vesubio".

viernes, julio 13, 2018

¿Podré terminar de leer “Guerra y paz” de León Tolstoi?


Resultado de imagen para tolstoi guerra y pazUna de las metas que me propuse este año fue leer Guerra y paz. En el pasado lo intenté en dos ocasiones, la primera en mi adolescencia y la segunda cuando tenía poco más de 23 años. En ambas lo abandoné por el tamaño de la tarea: ¡1400 páginas! Ahora, aunque con menos tiempo pero con mayor madurez espero lograrlo.
Me enamoré de la historia y sus personajes, en especial el protagonista (Pierre  Bezújov) con el cual me siento identificado, al conocerla por primera vez cuando tenía 12 o 13 años a través de la serie que produjo la BBC (1972-73) protagonizada por Anthony Hopkins. Recuerdo que la pasaban por el canal 5 en la noche a una hora en que la TV era solo para mí, de manera que yo podía meterme totalmente dentro de la historia. Siempre quería saber más y más, y la serie era muy larga ¡20 capítulos! 
Ver la serie fue otro de los factores que ayudaron a la consolidación de mi vocación por la historia y la política, de manera que disfruté mucho al ir a las enciclopedias para conocer todo sobre las Guerra napoleónicas(1799-1815). Las batallas y en especial la resistencia del pueblo ruso contra el invasor francés me llenaron de admiración, siendo mi héroe el general Mijail Kutúzov (1745-1813) que a pesar de tantas derrotas terminaría venciendo a Napoleón.
Resultado de imagen para guerra y paz anthony hopkinsAlgo que siempre me preguntaba era por qué en Rusia había tantos príncipes en la nobleza, porque príncipe entendía solo hay uno en las monarquías (el heredero al trono y su hermanos). Resulta ser que este fue el título que asumieron los diferentes señores feudales boyardos que formaron el núcleo originario del reino de Rusia hace mil años. Duques, varones, no eran títulos originales de Rusia sino posteriores a Pedro I (1672-1725). 
Más adelante vería la película, la cual no me gustó porque es imposible resumir una historia tan larga en tan poco tiempo. Y cuando tenía la oportunidad de ver una nueva serie la veía, y recordaba esa primera experiencia que tanto me impactó por allá en mi adolescencia. La última fue una nueva versión de la BBC protagonizada por Paul Dano, la cual está muy bien.
Ahora el reto de la lectura (en la traducción de Lydia Kúper), para probar que las adaptaciones de la literatura a la TV y al cine nos pueden llevar a los libros. Lo que llevo leído me tiene atrapado, mi plan es lograr 20 páginas diarias como mínimo de modo que para finales de septiembre debería estar terminándola. 
                                                                    Profeballa



viernes, febrero 09, 2018

Cecilio Acosta en su bicentenario, en palabras de los historiadores: Horacio Biord Castillo y José Marcial Ramos Guédez.

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Cecilio Acosta, bicentenario de la civilidad y la periferia
Hoy, primero de febrero de 2018, es un gran día para la patria ...

RCL les invita a leer a Horacio Biord Castillo.-

Hoy, primero de febrero de 2018, es un gran día para la patria, para lo más hondo y entrañable de la patria, un día grande para la patria civilista, para la patria de las bellas letras, para la patria de la institucionalidad, el derecho y la reflexión social, para ese terruño fértil aunque constantemente amenazado de la decencia y la bonhomía, de la alteza de miras. Hoy, un día como hoy hace doscientos años, nació en un pueblo llamado San Diego, antaño floreciente, hogaño deprimido, un párvulo (como reza la partida del bautismo administrado dos días después, el tres de febrero de 1818) que llegaría a ser un justo entre los justos. Ese Cecilio Juan Ramón del Carmen sería andando el tiempo un grande entre los más grandes varones de la patria venezolana, que no es más que un pedacito fecundo de la patria hispanoamericana y de la patria iberoamericana que la engloba, sin renunciar al carácter latinoamericano, como en un juego de identidades que se superponen, cual cajas chinas y filigranas amerindias.
“Ha muerto un justo: Cecilio Acosta ha muerto”, escribió en julio de 1881 Jose Martí. Ese justo, en las palabras del gran polígrafo, se distinguía por su “cabeza altiva, que fue cuna de tanta idea grandiosa”, por “aquellos labios que hablaron lengua tan varonil y tan gallarda” y “mano que fue siempre sostén de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde”.
Hoy, sin embargo, tantos años después, no se puede dar por cierto que un hombre justo, con una mente excepcional que sirvió de “cuna de tanta idea grandiosa”, dueño de una “lengua tan varonil y tan gallarda” y un escritor “de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde” haya muerto de verdad. No. La patria lo necesita, lo necesita vivo, como a Bolívar, como a Miranda, como a Páez, como a Bello, como a Gallegos, como a Guaicaipuro, como al Negro Miguel, como a José Gregorio Hernández, como a Teresa Carreño, como a José Antonio Ramos Sucre, como a Teresa de la Parra, como a Andrés Eloy Blanco, como a las Negras Hipólita y Matea, que prestaron la leche bendita de sus pechos para criar la patria que por ello resultó bendecida.
A Cecilio Acosta no lo podemos contar entre los muertos y menos ahora, cuando se hacen más actuales sus advertencias sobre la turbulenta vida social y política que ayer como hoy nos precipita por insondables abismos. A Cecilio Acosta no lo podemos dejar olvidado en el Panteón Nacional como si de verdad estuviera, vuelve a decir Martí, hueca y sin lumbre su cabeza altiva, mudos sus labios y yerta aquella mano que empujó el pesado carro de la dignidad frente a los tiranos y mediocres.
A Cecilio Acosta lo debemos sacar de ese ataúd perfecto de los héroes santificados, como justificación, por el despotismo. Don Cecilio, niño, joven, sabio en su impoluta madurez, debe caminar por las veredas verdirrojas de su patria chica de San Diego de Los Altos, por los caminos ahora otra vez polvorientos y acongojados de su patria venezolana y por el sueño anfictiónico, todavía posible, de la patria grande y de la más grande aún que nos convoca con las mismas voces de caballería que escucharon Babieca y Rocinante en la meseta castellana. Don Cecilio no puede ser desprendido de Venezuela, de Colombia, de Chile, de España, de tierra alguna donde se agradezca con un amable “gracias”.
Don Cecilio ha de ponerse otra vez, agrandados, esos zapaticos de oro que le atribuyen en Guareguare, caserío de San Diego de Los Altos que aún se disputa su cuna, y encontrar, por generosa donación de tantas generaciones de venezolanos, el dinero para enviar todas las cartas y escribir todos los libros que nos haya de mandar o dedicar.
Don Cecilio no ha muerto, sino que acaso doscientos años después, vuelve a nacer en un país que otra vez tembló de pavor, que otra vez tiembla de pavor. Necesitamos, seguimos necesitando, su voz y su ejemplo. Solo así podremos desovillar la maraña que esconde el hilo para salir del laberinto y burlar al monstruo de mil caras y mil manos que lo custodia y somete, burlándose del barro del que no solo estuvo sino que está hecho don Cecilio: el barro del pueblo, el barro de la pobreza, el barro de la sabiduría y la nobleza.
Cecilio Acosta fue un hombre de periferias: nació en una pequeña población aledaña a Caracas, fue pobre de solemnidad, vivió en un país visto como periferia de centros mundiales de poder y, dentro de él, pertenecía con orgullo a la periferia de los justos, de los alejados del poder, de los mancillados por el modo caudillesco y militarista de conducir el país. Héroe de esa paradójica periferia de la civilidad, Acosta no reclama por sí mismo su puesto entre nosotros, humilde como fue el sabio. Somos nosotros, los venezolanos del siglo XXI que todavía no fructifica en nuestros suelos, quienes lo precisamos para que, como tanto aconsejaba él, nos beneficiemos de la luz que se difunde en vez de enceguecernos con la que se concentra en forma avasallante, indebida, indecente, petulante.
Reclamemos a Cecilio Acosta como signo y símbolo de la Venezuela civilista, de la patria buena donde, cual diría Rómulo Gallegos sobre el Llano, “una raza buena ama, sufre y espera”. Y esa espera la puede iluminar un justo como Acosta, un hombre que no sucumbió ni en las garras asesinas del poder ni en la genuflexión obscena y lucrativa ante los caudillos que se creían ilustres en las Américas e inmortales entre los mortales, llamados −pensarían− a ser saludados como César.
Los verdaderos inmortales son los hombres como Cecilio Acosta, aquellos que, cual señaló Martí, cuando alzan el vuelo tienen limpias, muy limpias, las alas y, añado yo, las manos sin rastros de sangre, codicia o venganza.

Horacio Biord Castillo

Escritor, investigador y profesor universitario
Presidente de la Academia Venezolana de la Lengua
Director de la Academia de la Historia del Estado Miranda

CECILIO ACOSTA Y LA PUBLICACION DE SUS ESCRITOS.
                                                                                      por José Marcial Ramos Guédez.
                                                                                          

       Llama la atención, que en el artículo de Carmela Longo,  titulado: "En su bicentenario la obra sigue vigente - Cecilio Acosta no ha muerto" (Ultimas Noticias. Caracas, 27-01-2018), la autora  señala entre otras cosas, que los escritos del personaje citado "...nunca fueron editados formalmente. En 1908 se trató de hacer una recopilación de sus poemas y ensayos, pero no se pudo. Fue hasta la década de los 40 cuando comenzó formalmente a editarse y a divulgarse su obra como antología..." En tal sentido, le recuerdo a la periodista aludida, que entre los años 1908-1909, salió a la luz pública : Obras de Cecilio Acosta, Caracas: Empresa El Cojo, 5 tomos. Textos y poemas, recopilados por Pablo Acosta y Juan de Dios Méndez e introducción de José Martí. En dichos volúmenes, se incluyeron discursos académicos, estudios de derecho internacional, los partidos políticos, la historia patria, religión y filosofía, arte literario, filología, filosofía jurídica, derecho constitucional, economía política, jurisprudencia civil y penal, instrucción pública, poesías, artículos en revistas extranjeras, etc. Asimismo, antes del bienio 1908-1909, se editaron los siguientes libros de  Cecilio Acosta : Caridad, o frutos de la cooperación de todos al bien de todos (Caracas, 1855), Cosas sabidas y cosas por saberse. O: Federación Colombiana-Tolerancia política. Universidades e instrucción elemental- y Cuestión holandesa (Caracas, 1856), Reseña histórica y prospecto de Código del Derecho Penal (Caracas, 1865),  Juicio sobre la organización del Estado Bolívar según las ideas de la gloriosa revolución de 1868 (Caracas, 1868), Doctrina federal y leyes secundarias. Artículos de la redacción de "El Federalista" (Caracas, 1869), D.Cecilio Acosta (Poesías).(Curazao, 1889), Influencia del elemento histórico-político en la literatura dramática y  en la novela (Caracas, 1887) y otros. Luego, durante la segunda mitad del siglo XX y primeras décadas del XXI, se han publicado varias reediciones de los  escritos de   Cecilio Acosta, e igualmente numerosos ensayos y monografías sobre su vida y la permanente vigencia de sus obras.

      Una muestra de lo antes mencionado, tenemos en la edición de los siguientes libros : Acosta, Cecilio. Páginas escogidas / selección de J.A. Cova y prólogo de José Martí. Caracas : Editorial Cecilio Acosta, 1940;  Sambrano Urdaneta, Oscar. Cecilio Acosta / estudio preliminar y selección de Oscar Sambrano Urdaneta. Caracas : Academia Venezolana de la Lengua, 1963;  Grases, Pedro. Antología del pensamiento de Cecilio Acosta / compilación y prólogo de Pedro Grases.--2a.ed. Los Teques : Gobernación del Estado Miranda, Biblioteca Popular Mirandina, 1977; 16 estudios sobre Cecilio Acosta en el centenario de su muerte / prólogo de Manuel Alfredo Rodríguez, trabajos de J.A. Armas Chitty, Julio Barroeta Lara, Pedro Díaz Seijas, Oscar Sambrano Urdaneta, Virgilio Tosta, Ildefonso Leal, Manuel Pérez Vila y otros. Los Teques : Ateneo de Los Teques, Coedición con la Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos, 1982 y Acosta, Cecilio. Obras completas / introducción por Oscar Sambrano Urdaneta, "Cecilio Acosta" por José Martí.--Caracas :  Ediciones La Casa de Bello, 1982-1984, 2 tomos. Para ampliar, la información sobre la bibliohemerografía de Cecilio Acosta, podemos consultar : Sojo Cardozo, Juan Pablo "Contribución bibliográfica para el estudio de Don Cecilio Acosta (1818-1881)" En: 16 estudios sobre Cecilio Acosta en el centenario de su muerte. Los Teques: Ateneo de Los Teques..., 1982, pp. 205-232; Becco, Horacio Jorge "Bibliografía crítica sobre Cecilio Acosta" En : Acosta, Cecilio. Obras completas. Caracas : Ediciones La Casa de Bello, 1982, Tomo 2 y Ramos Guédez, José Marcial "Cecilio Acosta" En : Bibliografía del estado Miranda. Caracas : Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos, 1981. pp. 77-79.

viernes, agosto 19, 2016

Folleto de divulgación de la Dirección de Investigación y Asesoría Histórica de la Asamblea Nacional: Andrés Eloy Blanco, a 120 años de su nacimiento

Me llegó esta información. Si desean el folleto pueden escribir a diah.asambleanacional@gmail.com

Profeballa

Folleto de divulgación

Andrés Eloy Blanco, a 120 años de su nacimiento


Con ocasión de la conmemoración del 120° aniversario del nacimiento del poeta y parlamentario Andrés Eloy Blanco, celebrado el pasado 6 de agosto, la Dirección de Investigación y Asesoría Histórica de la Asamblea Nacional preparó un folleto de divulgación con una breve biografía de este ilustre orador venezolano, haciendo énfasis en su vida política y, especialmente, en la parlamentaria. 

Desde los años setenta Ramón J. Velásquez ya nos alertaba sobre la progresiva pérdida, en la memoria histórica venezolana, de los esfuerzos civiles que durante el siglo XX hicieron posible la instauración de la democracia, resultado de una lucha tenaz, denodada y en extremo peligrosa, llevada a cabo por hombres y mujeres resueltos a conquistar el derecho de ser reconocidos como ciudadanos. 

En el afán de contribuir a la preservación de esa memoria, y en recuerdo de que los derechos de los individuos dentro de las sociedades son expresión de su lucha contingente por alcanzarlos; es decir, derechos construidos históricamente y que en tal sentido han de ser defendidos y ampliados, dedicamos hoy esta publicación a quien fuera un emblema en el arte de la tribuna política, culta y cívica en nuestro país y un convencido defensor del derecho de los venezolanos a decidir su destino por medio de métodos democráticos.
Este es un folleto de referencia, diseñado con el propósito de mantener una línea divulgativa a través de medios electrónicos, que aporte al público interesado un material conciso, de rápida lectura y con textos rigurosamente logrados.
Apostamos a un país de lectores en cualquier lugar; de ciudadanos que practican el deber cívico de cultivar su intelecto, seguros de que la instrucción, la información y el saber son instrumentos indispensables no solo para ejercer una mejor ciudadanía sino para lograr una vida republicana duradera.
Esperamos disfrute el material y agradecemos su cordial contribución con la difusión. 

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Dirección General de Investigación y Desarrollo Legislativo
Dirección de Investigación y Asesoría Histórica
Edificio José María Vargas, avenida Oeste 6, esquina de Pajaritos, El Silencio.
Caracas, Venezuela 

domingo, septiembre 07, 2014

“El imperio del sol” (1984) de J. G. Ballard. Bibliocrónicas ()


La película de Steven Spielberg: El imperio del sol (1987) es una de mis favoritas, no solo por ser perfecta (guión, actuaciones, fotografía, etc.) sino porque siempre me sentí identificado con su personaje central (Jim) en lo que respecta a su pasión por los aviones de caza. Siempre quise leer el libro homónimo y en parte autobiográfico de J. G. Ballard en el cual se basó, pero pasaron los años y fue en estas vacaciones que pude cumplir ese deseo. La leí en la edición en español de Random House Mondadori, Barcelona: 2008.

Al leerlo fue inevitable hacer comparaciones y pensar en los personajes y situaciones tal cual las muestra la película. Son muchas las diferencias pero sin duda el guionista hizo un maravilloso trabajo, tanto que los cambios y adaptaciones que realiza en la historia original para mí quedaron muy bien. En ninguna parte de la novela se habla de la famosa canción de cuna china que Jim canta al principio y en uno de los momentos fundamentales de la película, fue una invención (creo) del guionista o del director que quedó perfecta. 



La novela es excesivamente larga, hubo momentos en que se me hizo pesada. La historia de la obra es sumamente realista y por tanto cruel, lo que la película no muestra en su totalidad y drama. Un buen ejemplo es la terrible situación al finalizar la guerra, donde la vida en general se convierte en un apocalipsis de gran salvajismo, los civiles padecen por los bandidos y saqueadores, y los prisioneros llegan a pensar que estaban mejor cuando eran vigilados por los japoneses. El protagonista-autor describe como se desata la guerra civil en China entre comunistas y nacionalistas apenas Estados Unidos vence al Japón.  

Me fascinaron los detalles sobre la naturaleza humana y las culturas. En especial el aprendizaje de Jim en la situación que había vivido desde 1941: “La verdad evidente sobre la guerra es que la gente era demasiado capaz de adaptarse a ella” (p. 216). Jim descubre el individualismo y buen humor estadounidense, a diferencia de la cultura británica a la cual estaba acostumbrado por ser su origen pero también por vivir en el “bloque” del campo de prisioneros donde predominaban sus compatriotas: “Los ingleses vivían en dormitorios comunes, pero cada marino estadounidense se había construido un pequeño cubículo con los materiales a que había podido echar mano (p. 223). Es por ello que él pensaba que “los estadounidenses eran la mejor compañía en el campo; menos extraños y desafiantes que los japoneses, pero muy superiores  a los malhumorados y complicados británicos” (p. 224).

“La abundancia de objetos eran reconfortante, aunque fueran inútiles, como la abundancia de palabras (…). El vocabulario de latín y los términos algebraicos también eran inútiles, pero ayudaban a construir un mundo” (p. 230). Sin duda Jim-Ballard construyó su mundo en la China de la Segunda Guerra, y aunque más nunca volvió a ella se cumple aquel principio que dice: nuestra verdadera patria es nuestra infancia (R. M Rilke, 1929, Cartas a un joven poeta).

Profeballa



Razón y sentido de las bibliocrónicas son fundamentalmente la redacción de mis experiencias bibliófilas, pero para una explicación más amplia de dicha crónica leer acá.

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