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miércoles, julio 03, 2019

Centenario del Tratado de Versalles ¿tregua-causa de la Guerra Mundial? (mi artículo de los miércoles en "El Nacional")

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Centenario del Tratado de Versalles ¿tregua-causa de la Guerra Mundial?

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

El pasado viernes (28 de junio) se cumplieron 100 años de la firma del Tratado de Versalles. En Europa muy pocos lo recordaron, aunque el mismo tuvo una gran importancia histórica la cual fue rápidamente advertida por el mariscal francés Ferdinand Foch (1851-1929): «Este no es un tratado de paz, sino un armisticio de veinte años». La predicción fue asombrosamente exacta, por lo que seguramente la historiografía ha tendido a identificarlo como la principal causa o antecedente de la Segunda Guerra Mundial. ¿Fue realmente así o se ha exagerado al darle un gran papel a su sentido de “humillación”?

Una rápida revisión de cualquier manual de historia universal contemporánea muestra el Tratado como el primer antecedente de la Segunda Guerra. Muy probablemente fue A.J.P. Taylor (1961, Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial) el primero que a nivel historiográfico le dio tanta importancia, al resaltar la incapacidad del mismo para mantener la paz por establecer condiciones imposibles de cumplir para Alemania. Por citar solo un ejemplo: las indemnizaciones que se establecieron se terminaron de pagar en el 2010. Pero especialmente por ser una potencia emergente desde finales del siglo XIX que ya había superado industrialmente a Francia y se equiparaba con el Reino Unido a principios de 1900. Y en medio de todo ello: culpar totalmente a Alemania por la Gran Guerra, por no hablar de una Europa Central y del Este conformado por Estados altamente inestables debido a que fueron creados por los vencedores.
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Algunos hablan de “excusa” más que causa, pero los que afirman tal cosa parten de la misma premisa que es centrarse en el Tratado a la hora de comprender el origen de la siguiente gran guerra. Ambas perspectivas ven los argumentos de Hitler, en relación a la “humillación” que implicó para Alemania, como el gran problema. Es cierto que el Tratado construyó un débil equilibrio, incapaz de enfrentar las amenazas al mismo; pero más que las claras injusticias del Tratado y sus errores diplomáticos, el camino al desastre nació de las revoluciones comunista y fascista. Se puede decir que el Tratado fue el catalizador del avance de los dos grandes totalitarismos que inevitablemente terminarían enfrentándose.
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A partir de la revolución fascista (nazi) se impuso la idea de la “humillación” de Versalles. Era el obstáculo que impedía el resurgir nacional, pero no de ser ese habrían encontrado otro chivo expiatorio para su discurso de odio. Lo que sí fue cierto fue que el Tratado significó una tregua, un alto al fuego mientras se desarrollaban los factores nacidos en la Primera Guerra Mundial (el “espíritu de las trincheras” en palabras de Francois Furet) que permitieron el reinicio de las batallas por el dominio de Europa para: conservar el equilibrio establecido por Francia y el Reino Unido o el control del continente por Alemania o por dos potencias relativamente extrañas a la región: Estados Unidos y Rusia.

Resultado de imagen para rafael acosta arevaloNota de horror, solidaridad y denuncia: El país fue conmocionado el sábado 29 por la noticia del asesinato (según testimonios de su esposa y abogada) del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo. El hecho ocurrió después de ser secuestrado por el DGCIM el 22 de junio y al ser presentado el 28 de junio en tribunales estaba en silla de ruedas por las torturas recibidas según su testimonio y pedía "¡auxilio!". Desde acá le enviamos el pésame a sus familiares y a todos los miembros de las Fuerzas Armadas que todavía posean algo de dignidad. Me pregunto: ¿Queda alguna duda de gravedad de lo que estamos padeciendo? Ruego a Dios que nos infunda “un sublime aliento” para “lanzar el yugo”.

jueves, octubre 25, 2018

La carrera espacial en el cine. A propósito del estreno del biopic sobre Neil Armstrong: "First man"


Escena de «First Man» (2018), dirigida por Damien Chazelle y protagonizada por Ryan GoslingLa carrera espacial en el cine

A propósito del estreno del biopic sobre Neil Armstrong: First man.

Carlos Balladares Castillo

Publicado en WSI magazine

El pasado viernes 12 de octubre se estrenó en Estados Unidos (en Venezuela lo hará dos semanas después) la película sobre la vida de Neil Armstrong (1930-2012), dirigida por el ganador del Óscar en el 2017 a mejor dirección (por La La land): Damian Chazelle y protagonizada por el dos veces nominado al premio de la Academia como mejor actor: Ryan Gosling. La esperamos con gran expectativa y emoción, debido a que desde muy pequeños queríamos ser astronautas. No era simple deseo infantil como el ser bombero o policía porque siempre quedó en nosotros la profunda admiración por la épica de la conquista del espacio. Una saga que anhelamos pueda unir a la humanidad en un proyecto común, que nos aleje de las historias heroicas belicistas y haga de la ciencia el lenguaje y la mística a compartir. Ante la vastedad del Universo y las grandes dificultades a superar, quizás podamos aprender lo que Carl Sagan nos planteó en su libro: Un punto azul pálido (1994): que al ser conscientes de lo minúsculo que es nuestro planeta nos haremos humildes y más responsables para “tratarnos los unos a los otros de forma más amable y compasivamente, y preservar y querer éste punto azul pálido (que es la Tierra), el único hogar que siempre hemos conocido”.

La carrera espacial (1957-1975); entendiendo por tal la competencia que se dio en medio de la Guerra Fría (1947-1991) entre los Estados Unidos (EEUU) y la Unión Soviética (URSS) por colocar satélites artificiales y seres humanos en el espacio exterior y finalmente aterrizar en la Luna; significó un halo de esperanzas ante la amenaza del holocausto nuclear. Desde el espacio no se veían las fronteras nacionales e ideológicas y la tecnología aeroespacial junto a la astronomía se convertían en el idioma universal, pero también está el hecho de ser una aventura loable como parte del natural deseo de exploración de la humanidad y que implicaba grandes sacrificios (hasta el 2003 van 23 víctimas) lo cual generaba un nuevo tipo de héroes. Algo paradójico porque precisamente los avances logrados en éste aspecto serían usados para los misiles que llevaban cargas atómicas. Pero fue así desde el inicio de los estudios de la cohetería, aunque la historiografía hasta ahora nos muestra como los precursores de la misma: Konstantín Tsiolkovski (1857-1935), Robert Goddard (1882-1945), Wernher von Braun (1912-1977) y Serguéi Koriolov (1907-1966); tenían como gran sueño la conquista del espacio y no su aplicación militar.

Resultado de imagen para von braun y kennedyLas mayorías se “emocionaron” (e incluso hubo algo de paranoia al principio) con la carrera espacial gracias a la atención que le dio la prensa y la propaganda de ambas potencias. Hubo una intención clara de los dos Estados para mostrar sus logros tecnológicos, como si el ser los primeros en cada nuevo reto fuera una prueba de la superioridad de cada sistema y nación. El mundo entero siguió cada nuevo evento desde aquel 4 de octubre de 1957 cuando los soviéticos colocaron el satélite artificial “Sputnik 1” en órbita, para después seguir venciendo a los Estados Unidos en llevar a un ser vivo al espacio (la perrita “Laika” el 03-XI-1957), un ser humano (el cosmonauta Yuri Gagarin el 12-IV-1961), una mujer (la cosmonauta Valentina Tereshkova el 16-VI-1963) y realizar una caminata espacial (el cosmonauta Alexei Leonov el 18-III-1965). Estados Unidos, ante su “derrota” subiría la apuesta y el 12-IX-1962 el presidente J. F. Kennedy daría su famoso discurso donde se establecía como meta llevar un hombre a la Luna. De dicho discurso no se puede dejar de tomar en cuenta esta frase que está en sintonía con la idea universalista y heroica dominante en la carrera espacial:

We choose to go to the moon in this decade and do the other things, not because they are easy, but because they are hard, because that goal will serve to organize and measure the best of our energies and skills, because that challenge is one that we are willing to accept, one we are unwilling to postpone, and one which we intend to win, and the others, too.
El interés de la gente por el espacio ha sido interpretado por el cine desde sus inicios desde la perspectiva de la ficción, algo entendible porque los cohetes eran el hobby experimental de unos pocos en la era de la post Gran Guerra (1919-1939). Lo malo es que siempre ha sido así hasta ahora, y los films que han pretendido la reconstrucción histórico-cinematrográfica son bastante escasos en comparación con la space opera y la ciencia ficción. Un primer film es el biopic de 1960: Wernher von Braun, coproducción de Estados Unidos y Alemania Federal dirigida por J. Lee Thompson (1914-2002) y protagonizada por Curd Jurgens (1915-1982); la cual tuvo claras intenciones propagandísticas al fortalecer los sueños de conquista del espacio y la Luna de éste precursor de la cohetería por encima de su rol como director del programa de los misiles (V1 y V2) con cargas explosivas de la Alemania nazi (donde morirían más prisioneros-esclavos produciéndolas que por su uso como arma: 25 mil personas aproximadamente). En la URSS tendría su contrapartida en 1972 con el biopic de Serguei Korolov dirigido por Daniil Khrabrovitsky (1923-1980): Ukroshcheniye ognya (amansando el fuego). En ambos países se establecerá así una tradición en el cine sobre el tema (y First man por su tráiler no parece contradecirla), la cual consiste en resaltar las virtudes heroicas de los protagonistas, y que las imágenes permitan desarrollar un un canto al espíritu humano que no se rindió a pesar de tamaña empresa, espíritu que pareciera no tiene distinción nacional aunque cada documental y película nos llena de símbolos patriotas.  

Resultado de imagen para the right stuffLos documentales fueron los únicos que relataron estos hechos en la década de los setenta, hasta que Philip Kaufman nos ofreciera en 1983: The Right stuff (llamada acá “elegidos para la gloria”) sobre los primeros siete astronautas de los Estados Unidos dentro del “Proyecto Mercury” que fueron a la cola de los cosmonautas. Es una larga película de 3 horas que revisa la vida de cada uno de ellos dándole gran importancia a las pruebas y entrenamientos a los que se sometieron y lo que padecieron sus familias en especial sus esposas. La época está perfectamente representada y los efectos son muy buenos vistos a la distancia, aunque también se apoya en material documental. Ganó cuatro Óscars. Sobre dicho proyecto y los documentales se debe nombrar el estrenado éste año sobre las pruebas que se hicieron a mujeres para ser astronautas de Netflix: "Mercury 13" (David Sington, Heather Walsh). 

La perspectiva heroica se confirmará y así puede probarse en las siguientes películas. En 1995 Ron Howard dirige Apolo 13 la cual fue protagonizada por Tom Hanks maravillándonos con las mejoras en los efectos especiales (por ello fue nominada a 7 Óscars ganando 2: edición y sonido). Hanks después produciría una serie de 12 capítulos con HBO en 1998 llamada From the Earth to the Moon dedica al “Proyecto Apolo” (ganó el Globo de Oro a mejor miniserie para TV). La misma, por ser una larga serie, nos ofrece muchos detalles técnicos y de contexto epocal aunque siempre con los astronautas-héroes en el centro de la trama. En 1999 Joe Johnston con October sky muestra la juventud de Homer Hickam (1943) quien inició su vocación como ingeniero aeroespacial gracias al impacto del lanzamiento del Sputnik. En el 2016 Theodore Melfi con Hidden figures (nominada a 3 Óscars entre ellas al de Mejor Película) combina las biografías de 3 mujeres afroamericanas (Katherine Johnson: 1918; Dorothy Vaughan: 1910-2008 y Mary Jackson: 1921-2005) que trabajaron para la NASA en el cálculo y la programación por computadora de las trayectorias de los cohetes.
«Caminata espacial» (2017), de Dmitriy Kiselev
Los rusos, además de la película anteriormente citada de 1972, trataron el tema indirectamente en dos films del 2005 y 2008: Kosmos kak predchuvstvie de Aleksey Uchitel y Bumazhnyy soldat de Aleksey German; hasta que en el 2013 y el 2017 respectivamente producen los biopics de Yuri Gagarin y Alexei Leonov: Pervyy v kosmose (Gagarin: el primero en el espacio) de Pavel Parkhomenko y Vremya pervykh (Caminata espacial) de Dmitriy Kiselev. Ambas son verdaderas hagiografías donde se nos presentan todas las dificultades que debieron pasar los cosmonautas, pero también algunos retos técnicos a ser superados. En las dos los efectos especiales para mostrarnos los cohetes son muy buenos y Serguei Korolov es representado como un hombre que siempre buscó evitar sacrificar tanto vidas como misiones por la presión que le establecían los militares y los dirigentes. A pesar de las constantes imágenes relativas a la nación rusa, hay un claro mensaje de ser una empresa científica y de toda la humanidad, como en el resto de la cinematografía nombrada.

Al comparar con otros hechos históricos nos extraña que haya sido tan poco atendida la carrera y exploración espacial por el cine. El mismo posee una gran dosis de aventura y suspenso, y claramente es valorado, pero sabemos que su producción es costosa y parece que no genera los dividendos que se esperan. En todo caso aplaudimos el estreno de un nuevo film, anhelando que sea exitoso y mantenga el deseo de seguir haciendo películas sobre el tema. En nuestro caso ¡queremos verla ya!

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miércoles, junio 06, 2018

74 aniversario del Día D por Carlos Balladares Castillo


Resultado de imagen para 74 aniversary D dayHace 74 años se inició la liberación de Europa

Carlos Balladares Castillo (publicado en El Nacional). 

Aprovechamos que la efemérides del desembarco en Europa coincide con el día que se publica nuestra columna para decir unas breves palabras al respecto. El día D (6 de junio de 1944) aceleró la finalización de la Segunda Guerra Mundial con la liberación del Occidente de Europa y la reducción de la resistencia alemana en el Frente Oriental ante el avance soviético. Y muy probablemente impidió que la “cortina de hierro” no avanzara más allá de Europa Oriental una vez iniciada la Guerra Fría. El comandante supremo de las fuerzas aliadas occidentales en Europa y que organizó el desembarco: general de 5 estrellas Dwight David «Ike» Eisenhower (1890-1969) la llamó “la Gran Cruzada” en su mensaje a todos los combatientes, agregando además:
“Los ojos del mundo están sobre vosotros. Las esperanzas y oraciones de las personas amantes de la libertad en todas partes marchan con vosotros. En compañía de nuestros valientes aliados y compañeros de armas en otros frentes, conseguiréis destruir la maquinaria de guerra alemana, la eliminación de la tiranía nazi sobre los pueblos oprimidos de Europa y seguridad para nosotros mismos en un mundo libre.”
Su referencia a la palabra “cruzada” trató, no solo relacionarlo con una meta trascendente en lo religioso, sino también en lo que respecta a los valores democráticos y libres de Occidente tal como agrega en su mensaje. Era una guerra justa porque buscaba eliminar la peor tiranía que había conocido la humanidad: la totalitaria nazi, y con la cual no existía ningún otro recurso que el militar para detener sus agresiones y amenazas de dominio mundial. Dicha tiranía había controlado el continente europeo con todo su potencialidad, y ahora Estados Unidos - como el gran “arsenal de la democracia” (Franklin D. Roosevelt dixit) – liderizaba su liberación.
De niño me hice aficionado a las películas sobre la Segunda Guerra Mundial y en la adolescencia “devoré” montones de libros sobre el tema ¡y sigo haciéndolo! Muy probablemente todo ello me llevó a la pasión por la historia que nunca he dejado de tener y alimentar. Pero el mayor aporte que me han ofrecido las historias bélicas de este período es el coraje que demostraron millones de personas para sobrevivir y vencer el mal representado en un régimen y en una ideología inhumana. Es por ello que esta fecha siempre la conmemoro de alguna manera, para honrar a todos estos héroes que nos enseñaron el supremo valor de la libertad y la forma de vida que la protege y hace prosperar: la democracia liberal.
Gracias a Dios un día pude “peregrinar” a estos lugares históricos. La sensación y las vivencias fueron indescriptibles, en especial al estar en las playas del desembarco donde guardé un poco de arena cual preciada reliquia. Caminar entre esas cruces y lápidas alineadas de tantos jóvenes que ofrecieron la vida porque en cualquier rincón del mundo siempre se recuerde y valore el bien de la libertad. ¿Qué tenemos que decir y vivir los venezolanos ante estos hechos? Repetirnos una y mil veces que no somos ajenos a la construcción de los sistemas donde los derechos humanos prevalezcan. Pero también conocer quiénes son nuestros verdaderos amigos en esta lucha, quiénes son nuestros aliados. No desesperemos, no estamos solos.
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viernes, septiembre 15, 2017

Abiertas las preinscripciones para el VIII Diplomado de Historia Contemporánea de Venezuela de la Fundación Rómulo Betancourt

Nos informan: 

La Fundación Rómulo Betancourt, creada en diciembre del año 1981,  es una institución sin fines de lucro, establecida para preservar el Archivo histórico del Presidente Betancourt, mantener la casa donde vivió y actualmente se alberga su Biblioteca, financiar investigaciones sobre la gestación y el mantenimiento de la democracia en Venezuela y dar a conocer los resultados a través de nuestra larga lista de publicaciones y diplomados.

 El diplomado lo dictan destacados historiadores venezolanos, con muchos años de docencia e investigación, y una larga lista de obras publicadas, casi todos pertenecen a la Academia Nacional de la Historia. Nuestra política ha sido remunerar bien la labor que ellos realizan (Bs. 150.000,00 por cada conferencia) y tratar de becar a los docentes que en la actualidad se desempeñan como profesores de Historia de Venezuela.

(...) La VIII edición del Diplomado tiene un mayor número de horas docentes, un total de 198. Hemos pedido la colaboración de un mayo número de profesores especializados en Historia contemporánea para analizar el período que va del año 1998 a la fecha actual. Comienza el sábado 7 de octubre del 2017 y termina el sábado 30 de junio del 2018. Las conferencias se llevan a cabo en la sede de la Fundación, en la Qta. Pacairigua, 8va. transversal de Altamira entre las avenidas 6 y 7, comienzan a las 9:00 am y terminan aproximadamente a la 1.30 pm. Los docentes  y los estudiantes que se preparan para ejercer la docencia de Historia de Venezuela tratamos de becarlos, previo el cumplimiento de algunos requisitos. Los profesionales y estudiantes de otras carreras universitarias deben pagar Bs. 250.000,00, de la siguiente manera: Bs. 125.000,00 al inscribirse y el resto en 8 cuotas entre los meses de noviembre del 2017 y junio del 2018, cada una por un monto de 17.857.14.


Si tienes interés en cursar el Diplomado debes llenar la planilla de preinscripción, anexa al programa, y enviarla a la siguiente dirección: diplomadohcv@gmail.com. Inmediatamente te avisaremos si reúnes los requisitos. El siguiente paso consistirá en efectuar una transferencia de Bs. 125.000,00 a la cuenta corriente de la Fundación Rómulo Betancourt en el Banco Provincial identificada con el número 0801-0027-72-0100000064, nuestro Rif es el siguiente: J-00272263-0, nuestro número de teléfono es 0414-133.4513.

sábado, febrero 18, 2017

"Mujeres del siglo XX" (2016) y el femenismo. Crónicas cinéfilas.


La imagen puede contener: 4 personas, personas sonriendo, personas de pie y textoMe recordó en parte los tiempos de mi niñez, en especial la moda que usaban mis tías (y tíos también) más jóvenes, el mobiliario de las casas y la música que sonaba cada vez que visitaba la casa de mi abuela materna. Esos tiempos maravillosos de finales de los setenta que fue mi primera experiencia con la política, siendo Carter el primer Presidente de los Estados Unidos que recuerdo haber visto por la TV. Acá colocan una parte de su discurso "Crisis of confidence" (15-VII-1979) (ver acá el texto completo), el cual me pareció excelente ahora que lo leo con atención. En mi casa recuerdo haberle escuchado a mis padres aquello de que era un Presidente débil, yo era muy pequeño para opinar. Pero este discurso muestra a un gran demócrata que consulta a su pueblo y una legítima preocupación y denuncia por el consumismo (más allá de lo coyuntural por la crisis energética que a ellos perjudicaba pero que a nosotros los venezolanos nos beneficiaba) y paradójicamente (para nosotros los venezolanos) señala las medidas que en esta época se iniciaron en los EEUU y que llevaron en parte a la crisis que ahora padecemos. 

Me ha gustado como la película ofrece, aunque sea en un momento, la relación entre la crisis de confianza de una nación y la de una madre soltera que no sabe cómo conservar una buena relación con su hijo adolescente y se siente frustrada en su vida (como dijo Carter: " We can see this crisis in the growing doubt about the meaning of our own lives and in the loss of a unity of purpose for our nation"). Aunque lo más importante para el guión resultan la crisis que viven 3 mujeres (una adolescente, una joven en los 30 y una cincuentona) y todo aquello del feminismo. Me encanta que ofrecen los datos de los libros feministas que el joven va leyendo. Es una muestra de cómo los setenta fueron los tiempos de la incertidumbre, de la pérdida de las "utopías" (que dominaron en los 40 y 60); y el inicio de un tiempo del consumismo banal (todo consumismo lo es). En palabras de Carter: "In a nation that was proud of hard work, strong families, close-knit communities, and our faith in God, too many of us now tend to worship self-indulgence and consumption. Human identity is no longer defined by what one does, but by what one owns. But we've discovered that owning things and consuming things does not satisfy our longing for meaning. We've learned that piling up material goods cannot fill the emptiness of lives which have no confidence or purpose.". Y además: "We are at a turning point in our history. There are two paths to choose. One is a path I've warned about tonight, the path that leads to fragmentation and self-interest. Down that road lies a mistaken idea of freedom, the right to grasp for ourselves some advantage over others. That path would be one of constant conflict between narrow interests ending in chaos and immobility. It is a certain route to failure.". 

Mi puntuación: 6,5/10.
Mi clasificación: género drama, feminismo, Estados Unidos, años setenta.

jueves, noviembre 03, 2016

El amigo e historiador Alejandro E. Caceres dictar'a el Taller Los Últimos 40 Años del Siglo XX en Venezuela. Una interpretación de su historia y sus implicaciones en el siglo XXI desde la perspectiva audiovisual

Amigos,
Luego de saludarles y esperar se encuentren bien, les extiendo la invitación a mi nuevo taller “Los Últimos 40 Años del Siglo XX en Venezuela. Una interpretación de su historia y sus implicaciones en el siglo XXI desde la perspectiva audiovisual”, que se estará dictando a partir del 23 de Noviembre en el ICREA, en Altamira, los miércoles de 6:00 a 8:15pm, en 4 sesiones. Anexo la invitación y abajo les dejo los detalles de contenido e inscripción.

Esperando lo encuentren de interés y poder verles allí.

Un abrazo.

Alejandro E. Caceres

Taller Los Últimos 40 Años del Siglo XX en Venezuela. Una interpretación de su historia y sus implicaciones en el siglo XXI desde la perspectiva audiovisual
DOCENTE:
Alejandro E. Caceres (Caracas, 1978).
Profesor de Historia Empresarial de Venezuela y Desarrollo Económico de América Latina en las maestrías de Historia y Economía de la UCAB así como de Estrategia Empresarial en la maestría de Administración de Empresas en el IESA. Su formación incluye maestrías en Finanzas (IESA), y Economía e Historia (Universidad de Utrecht, Holanda) y Doctorando en Historia (UCAB).
OBJETIVO DEL TALLER:
Las vorágine de cambios políticos, económicos y sociales que tuvieron lugar en Venezuela en los últimos 40 años del siglo XX pueden dejar perplejos a quienes los miran a la distancia de las casi dos décadas que han transcurrido del siglo XXI, y aun a quienes lo vivieron. Guerrillas, subidas y caídas sin precedentes de los precios del petróleo, colapso de la moneda y las instituciones, ascenso y caída de la clase media. 
El cine venezolano es un vehículo ideal para dar una mirada a la historia del periodo y de los cambios que se sucedieron, y poder analizarlos. El curso consistirá en 4 sesiones de 3 horas académicas
De allí que este taller se propone interpretar la historia de los últimos 40 años del siglo XX, y su impacto en la sociedad venezolana del siglo XXI a través del análisis y discusión de documentos audiovisuales.
CONTENIDO
1.      Introducción. La década de la guerrilla y el comunismo petrolero. “País Portátil”.
2.      El final de un sueño. “Adiós Miami”.
3.      El colapso institucional y de la clase media. “Cien años de perdón”.
4.      Impacto en la sociedad venezolana del siglo XXI y una mirada al futuro.
Metodología:
El curso está estructurado desde el modelo del seminario, aunque sin el objetivo de producir un trabajo monográfico final. Después de una breve exposición por parte del facilitador y la proposición de temas claves, se proyectaran los documentos audiovisuales y se pasará a un análisis e interpretación de los mismos a través de la discusión entre todos los participantes.
Fecha y horario:
Fecha tentativa de inicio 23/11/16, será los días miércoles de 6:00 a 8:15pm
Inversión
Bs. 12.000
Contacto

Dirección
Avenida San Juan Bosco, entre 1ª y 2ª transversal, Edificio Torbes, piso 5, oficina 62. Al lado de Friday’s.
Teléfonos: 0212- 266.8497 / 265.9491.0

jueves, diciembre 25, 2014

¡Feliz Navidad! (les dejo el artículo de hoy del historiador Tomás Straka sobre la tregua de Navidad de hace 100 años)

Autor: Tomás Straka
Publicado en: El Nacional

A cien años de la tregua de Navidad

A Francisco Alfaro-Pareja

La historia ofrece pocas oportunidades para creer que los “milagros de Navidad” son posibles. Restringidos a las pantallas de los cines y a los libros infantiles,  forman parte de una mitología de la que nos vamos desprendiendo en la medida que envejecemos.  En ocasiones, de forma vicaria, la revivimos a través de los niños que tenemos a nuestro alrededor; pero la mayor parte de las veces entra en un olvido del que ya no es posible rescatarlas jamás.

Para los venezolanos, además, que pasaremos estas navidades en un contexto de bancarrota, que venimos de un año de tensiones políticas y sociales (¡14.000 homicidios!) y que no vemos nada en el panorama que haga pensar que 2015 pudiera ser aunque sea un poco mejor, esto parece ser especialmente cierto.   Por eso lo que acaba de conmemorarse el pasado 17 de diciembre en Aldershot Town Football Club, en Gran Bretaña, puede resultar alentador. No en el sentido de que pueda cambiar de forma inmediata nuestra suerte (por ejemplo, subiendo el petróleo a 300 dólares el barril, aunque es difícil saber si esa cifra sería suficiente para mejorar las cuentas del gobierno), sino en el de que, de vez en cuando, ocurren hechos capaces de generar esperanzas en el porvenir, incluso cuando todo parece indicar lo contrario. A modo de tomarme (y de tomar para aquellos que me honran con su lectura) una pequeña tregua por Navidad, reseñaré otra que de forma espontánea, casi insurreccional, tomaron cien año los soldados en el frente occidental al inicio de la Primera Guerra Mundial y que hoy celebramos como una prueba de que los “milagros” de esta época del año no sólo ocurren en la Calle 34, sino que están, al menos potencialmente, en la naturaleza de los humanos.

El pasado 17 de diciembre se realizó un juego de fútbol entre dos equipos amateurs, uno formado por componentes de la Bundeswehr (el ejército de la República Federal Alemana) y otro de militares británicos. El objetivo era recordar (y, más que eso, celebrar) otro, mucho más significativo, que se llevó a cabo entre equipos de los  dos ejércitos hace justamente un siglo.  Se trata de un episodio que se hizo famoso con la película Joyeux Noël, con la que el director Christian Carion, ganó el Oscar en 2006, y que al alcanzar su centenario marca un punto de luz dentro del panorama gris que encontramos al revisitar la Primera Guerra Mundial. Vamos a la historia: para finales de 1914 la guerra se estanca en el frente occidental, como dos luchadores de sumo que son incapaces de derribarse y se mantienen abrazados en un solo sitio.   El invierno encuentra a los soldados haciendo las trincheras en que vivirían (y muchos de ellos morirían) en los siguientes cuatro años.  De todos los lugares en los se entronizó esta nueva fase de la guerra, el territorio en los alrededores de Ypres, en Bélgica, ganó justificada mala fama: entre 1914 y 1918 se combatieron en el lugar cinco grandes batallas, que a su vez se dividieron en otras tantas batallas menores (a veces la historiografía a veces registra de forma separada, y a veces como parte de alguna de las Batallas de Ypres).   En resumen, bien hayan sido cinco batallas gigantescas, o diez pequeñas batallas o una sola peleada en diversas fases, lo de Ypres puede definirse como una prolongada matanza en campos sembrados de trincheras y cadáveres que reflejó mucho de lo peor de la Gran Guerra.  Por ejemplo, como insistiremos más abajo, la incapacidad del generalato para pensar en términos distintos unas estrategias que evidentemente no estaban dando otro resultado que el de diezmar sus tropas.

Pues bien, durante la primera de aquellas batallas, en las vísperas de Navidad de 1914, ocurrió el “milagro” al que nos referimos, si aceptamos llamar como tal a algo que se aproximó bastante a una insubordinación generalizada de las tropas, casi una revolución si hubiera tenido la extensión y el comando necesarios: una tregua espontánea entre los soldados que tiritaban bajo la nieve a ambos lados de la tierra de nadie.  Todo comenzó, al parecer, cuando los alemanes decidieron adornar árboles de Navidad, mientras cantaban algunos villancicos. Los ingleses, que los oían desde sus trincheras, se dejaron llevar también por el espíritu navideño y les respondieron con sus propios christmas carols. A ello siguió lo que en los códigos militares llaman confraternización con el enemigo, cuando algunos osados decidieron salir de sus posiciones y encontrarse amistosamente con los del otro bando. Al final, se organizó un juego de fútbol, al que le siguieron otros, que han pasado a la historia como un ejemplo de que los sentimientos de paz y hermandad también son rescatables, incluso cuando las condiciones son la más adversas para ello.

Naturalmente, en su momento los mandos lo vieron de una manera muy distinta. Para ellos no se trataba de un hermoso cuento de Navidad sino de un delito tipificado como traición en los códigos militares y que por lo tanto podía llegar a pagarse con la vida.  Actuaron, por lo tanto, con la urgencia y la severidad del caso. Si no hay noticias de que se llegara a las últimas consecuencias en los castigos, tal vez fue por la amplitud de la verdadera rebelión pacifista que estaba comenzando, pero sí es evidente que tuvieron éxito en retomar el control de sus unidades y en hacer que la guerra continuara, cada vez más cruenta, por cuatro años más.  De hecho, como ironía o como prueba de hasta qué punto los insubordinados estaban en lo correcto, pronto el frente de Ypres se convertiría en escenario de algunos de los episodios más espeluznantes del conflicto.  Allí, por ejemplo, durante la segunda batalla (1915), se empleó por primera vez el gas venenoso; en el mismo frente, en lo que se conoce como la tercera batalla (1916-1917), ocurrió una de las matanzas más grandes de la historia cuando, producto de un gran (y fallido) contraataque alemán que dejó entre los dos bandos alrededor cuatrocientas mil bajas… y todo para que al final los dos ejércitos se quedaran más o menos en sus mismas posiciones.  Los canadienses, que fueron los primeros en detener a los alemanes, recuerdan el hecho como uno de los más duros de su pasado ya que perdieron, ¡en  las primeras cuarenta y ocho horas!, uno de cada tres soldados.  En la llamada cuarta batalla (1918) ocurrió un hecho que se ha convertido un hito en la historia militar porque todo lo que podía salir mal, salió mal: la espectacular destrucción, en tan solo cuatro horas, de todo el ejército portugués, machacado por la ofensiva de Ludendorff. 

Por varias razones el desastre sufrido por los portugueses es emblemático de todo el conflicto.  Mucho han discutido los historiadores al respecto y por lo general lo asocian al atraso general de Portugal a principios del siglo XX, a las deficiencias de su ejército,  al despropósito de meterse en un conflicto que estaba muy por encima de sus posibilidades.  Probablemente todo eso sea verdad,  pero no hay que obviar que lo que de manera tan patética y fulminante le pasó al Cuerpo Expedicionario Portugués en una mañana, lanzado a la batalla con un entrenamiento precario, con pocas armas y oficiales inexpertos, en mayor o menor medida le pasó a todos los demás ejércitos a lo largo de cuatro años.   Hay consenso entre los especialistas  en torno a la incompetencia de los mandos durante la Gran Guerra (no en vano Clemenceau dijo aquello de que la guerra es algo tan serio que no puede dejarse en manos de los militares). Generales que nunca parecieron entender la guerra que  estaban peleando, gastaron cuatro años (y millones de vidas) repitiendo tácticas anticuadas mientras los campos de batallas se llenaban de ametralladoras, tanques, gases venenosos y aviones de combate. Fue una dura experiencia que, sin embargo, dentro de todo lo malo a la larga dejó por lo menos una cosa buena: nuestros valores y sensibilidades frente la guerra comenzaron a cambiar.  Hoy, por ejemplo, vemos como unos héroes los “traidores” que en la Navidad de 1914 confraternizaron con sus enemigos.  Hasta sus ejércitos los conmemoran como a unos hombres y a un episodio que honran a sus instituciones. No es poca cosa, porque los ejércitos suelen conmemorar hechos de armas (el Día del Ejército en Venezuela, por ejemplo, es el de la Batalla de Carabobo): que hoy lo hagan también con un acto de insubordinación pacifista marca un cambio muy importante  en su forma de ver las cosas. Aunque no es para sobredimensionar el optimismo, obviar que el mundo sigue siendo bastante violento y negar que probablemente no podamos evitar seguir peleando guerras en el futuro inmediato, se trata de una tendencia que hay que subrayar y por la que tenemos que seguir trabajando.

En Venezuela llevamos tres lustros profundamente divididos.  Ya este año tuvimos episodios de violencia política que escalaron a un nivel mayor del que habíamos visto en las últimas décadas, incluso si consideramos la crisis de 2002-2003. Con el mapa político reconfigurado en medio de la bancarrota de la economía y la caída estrepitosa de la popularidad del gobierno, con el surgimiento de un nuevo y cada vez a más amplio sector de descontentos que sin apoyar al gobierno ni a la revolución parece estar a la espera de un líder que lo galvanice, con los precios del petróleo cayendo aún más rápido que la popularidad de Maduro y con un dólar empujando la inflación hacia los tres dígitos, el ejemplo del episodio de confraternización que hace un siglo se dio en Ypres, puede sernos más que útil, indispensable, en el futuro inmediato.  Habrá, como entonces, mandos que querrán evitarlo, que apostarán al conflicto, pero como lo probó el gigantesco mea culpa del juego de fútbol entre los equipos de los ejércitos de Alemania y Gran Bretaña hace quince días, a la larga, si actuamos con la energía necesaria, la paz y sus valores se podrán imponer.  Es eso a lo que debemos apostar en esta Navidad, como lo apostaron los soldados de Ypres cien años atrás.

@thstraka


lunes, noviembre 17, 2014

La embajada de Francia en Venezuela recuerda los héroes venezolanos que participaron en la Primera Guerra Mundial del lado de Francia

Es fundamental reconocer los esfuerzos del organizador del evento: Gerard Cotard y al doctor José Duque (USB).


Tras las huellas de los héroes venezolanos en la Gran Guerra


Investigaciones revelan que 12 de los soldados murieron en combate | Foto: Cortesía Clemnte BalladaresAlrededor de 40 voluntarios se alistaron en las filas de los ejércitos que combatieron durante el conflicto europeo, de ellos 25 lo hicieron del lado francés


ANDREA MONTILLA K. 17 de noviembre 2014 - 12:01 am


Erguido sobre el asiento trasero de bombarderos franceses, el guaireño Mario Velásquez sabía a lo que se enfrentaba como artillero. Debía permanecer así, inmóvil, en una cabina desnuda, para defender la retaguardia de su biplano de los cazas alemanes que intentarían derribarlo.


Apenas tres meses antes, familiares de su madre, que vivían en Francia e Inglaterra, habían escrito para pedir voluntarios a la causa aliada por las bajas en las filas. Mario Velásquez fue el único pariente en Venezuela que respondió al llamado en 1915.


Archivos militares de Francia indican que, a los 30 años de edad, Velásquez era un mecánico de La Guaira, pero una vez en Europa recibió entrenamiento militar. 


Solo combatió tres meses, pero se calcula que estuvo en más de 80 misiones y enfrentó a las mejores uni­dades de caza alemanas, el fuego antiaéreo y el frío del otoño europeo. Según los registros franceses, voló casi todos los días finales del conflicto, hasta que el 7 de noviembre fue herido en una pierna. Cuatro días después se firmó el armisticio.


De regreso en Venezuela, fue periodista y escritor de cuentos y ensayos, pero nunca dejó nada por escrito sobre su experiencia en la Gran Guerra, cuyo centenario se conmemora este año.

Al igual que Velásquez, se calcula que alrededor de 40 venezolanos participaron en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Veinticinco lucharon del lado francés, cuatro de ellos en la Legión Extranjera. Una placa en la plaza principal del Colegio Francia, en la urbanización Campo Claro, recuerda a los 12 que murieron en combate. El pasado 11 de noviembre se celebraron 96 años del final de un conflicto que dejó cerca de 10 millones de muertos.


La historia de Velásquez y de otros héroes venezolanos fue contada por el investigador Clemente Balladares, quien junto con la Asociación Franco-Venezolana de la Legión de Honor francés hizo un estudio sobre estos veteranos de guerra de los que poco o nada se menciona en los libros de texto.


Médicos y poetas en batalla 


La efervescencia de la guerra motivó a estos venezolanos a sumarse a las filas. “Enviaron afiches y convocatorias pidiendo voluntarios en las colonias o donde tenían representación. En la prensa venezolana se veía mucho. Ellos respondieron al llamado princi­palmente por tener lazos familiares o por sentir simpatía por Francia”, comentó Balladares.


La mayoría ya se acercaba a los 30, lo que superaba el promedio de edad para alistarse. Sin embargo, el valenciano Enrique Tejera fue la excepción. A sus 18 años fue chofer de ambulancia en el penúltimo año de la guerra. Transitó con el vehículo de delgadas ruedas por caminos poco pavimentados o por trechos enlodados para sacar a los heridos. A su regreso al país se graduó de médico. También estuvo el doctor Diego Carbonell Espinal, nacido en Cariaco en 1884, quien trabajó en el sistema de salud francés durante el conflicto bélico. Se convirtió en rector de la Universidad de los Andes en 1917 y de la Universidad Central de Venezuela en 1924.


La Gran Guerra sorprendió al andino José de Jesús Sánchez en Suiza, quien había luchado contra la Revolución Libertadora como edecán de Juan Vicente Gómez. Participó en las batallas de Verdún y Somme, y murió en combate en 1918. Eleazar López Contreras le rindió honores en Francia.


También se recuerda la historia de Ismael Urdaneta, un poeta trujillano que peleó contra los otomanos en los Dardanelos y cuyas experiencias quedaron reflejadas en los escritos “Mi vida en la legión” y “Una noche en Odessa”; y la del caraqueño Reynaldo Hahn, un músico que a los 38 años de edad fue soldado raso en la costa sureste de África hasta 1915 y que luego de la guerra se convirtió en director de ópera en Cannes.


El trabajo de Balladares y de la Asociación Franco-Venezolana de la Legión de Honor, que será expuesto en 14 pendones en la biblioteca de la Universidad Simón Bolívar desde el 26 de noviembre, busca preservar el recuerdo de estos combatientes ignorados de la historia universal tradicional, así como rememorar un conflicto que fue producto de la exacerbación de los nacionalismos.
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