Mostrando las entradas con la etiqueta Bibliografía y publicaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Bibliografía y publicaciones. Mostrar todas las entradas

miércoles, junio 24, 2020

"La extraña derrota" de Marc Bloch. El 80 aniversario de la Invasión a Francia (VIII)

Amazon.com: La extraña derrota: Testimonio escrito en 1940 ...
El 80 aniversario de la Invasión a Francia (VIII)

Carlos Balladares Castillo

Un día como el lunes (22 de junio) pero de hace 80 años se le ponía punto final a la Batalla de Francia por medio del armisticio firmado en Compiégne, que fue el mismo lugar y dentro del mismo vagón donde se acordó el fin de la Gran Guerra. Se mantendrán algunos pequeños combates por unos días más, en especial contra los italianos y en la Línea Maginot contra los alemanes. Es por ello que consideramos el momento para hacer una revisión de la historiografía que ha intentado explicar las causas de la tragedia. Pero por la brevedad del espacio solo nos dedicaremos a la obra que consideramos marca el camino y es la primera: L’étrange défaite/ La extraña derrota. La primera por el momento de ser escrita (entre julio y agosto de 1940) y porque su autor es el historiador francés (padre de la Escuela de los Annales): Marc Bloch (1886-1944). A pesar de combatir y por tanto verse afectado por la capitulación, de inmediato se puso a investigar el hecho histórico (hizo verdadera historia actual) con objetividad, afirmando que la principal causa era la militar (incapacidad de la alta oficialidad en preparar y hacer la guerra) pero también la política. “El triunfo de los alemanes fue fundamentalmente una victoria intelectual”.

En los anteriores artículos nos dedicamos a las fuentes primarias (especialmente memorias) para explicar la campaña desde la perspectiva alemana, inglesa y francesa. Dichos textos tuvieron cerca de una década o poco más para ser meditados y corregidos a partir del conocimiento del resultado final. L’étrange défaite no contó con estas ventajas y es impecable y sus conclusiones marcaron las futuras interpretaciones. Charles De Gaulle en sus Memorias de guerra (1955) confirma el factor que hemos resaltado, y que Bloch enfatiza: el apego a las doctrinas nacidas de la Primera Guerra Mundial: las defensivas. Asumieron la tecnología pero no en lo que respecta a la velocidad y el movimiento sino en la defensa, y de allí nació aquello en lo que pusieron toda su confianza y que los llevó al desastre: la Línea Maginot. Pero el historiador también agrega: “Nosotros hemos librado una guerra de ayer o de anteayer. (...) Nos basamos en nuestra historia colonial, de la azagaya contra el fusil. En esta ocasión, sin embargo, los primitivos hemos sido nosotros.”

Bloch va más allá y enumera un montón de errores que se acumularon en la preguerra e hicieron del Ejército una organización, que a pesar de ser mayor en divisiones e incluso armas que las del enemigo, se volvió lenta e inoperante. Y la principal culpa está en la élite militar y política, que era incapaz de escuchar las críticas. De Gaulle nunca dejó de hacerlas e incluso llegó a expresiones de insubordinación en enero de 1940. Es por esto que el historiador habla de una guerra que no se pensaba, organizaba o lideraba; porque el ejército tenía un deficiente servicio de información con comunicaciones que no asumieron la tecnología de la época y que se perdía en un gran papeleo y montones de cargos. Y era incapaz de renovarse al mantener el culto a una gerentocracia: a los generales que ya era viejos en la Primera Guerra Mundial, y que vivían solo para pelearse entre sí.

9781400044733: Suite Francaise - IberLibro - Nemirovsky, Irene ...Pero el autor no solo se dedica al tema militar sino que al seguir investigando la conducta del resto de la sociedad francesa examina cada sector por separado, y llega a una sola conclusión: la derrota tiene sus raíces en el abandono de la principal máxima de la Revolución: ningún francés asumió lo que es ser un ciudadano, que en fin de cuentas es lo mismo que el vivir en República. Y cuando la República necesitó de él, éste solo pensó en sus intereses más particulares, muchas veces egoístas y frívolos como muestra esa maravillosa novela escrita en el mismo momento que lo hizo Bloch con su ensayo. Nos referimos a Suite Francesa de Irene Nemirovsky. El historiador habla de una absurda distinción entre el soldado y el civil en el marco de una guerra de ocupación que pretendía barrer con los valores existenciales de Francia. Esta diferencia llevó a “éxodos sin sentido”. Los obreros con sus sindicatos seguían empeñados en sus reivindicaciones laborales en plena guerra sin pensar en los sacrificios necesarios para la victoria. La prensa y los intelectuales se aburguesaron y no solo monopolizaron la información y el conocimiento (no desarrollaban la crítica y dejaban que los mitos dominaran a las mayorías) sino que despreciaban a los sectores bajos.

Todo francés era responsable pero los que tenían mayor responsabilidad fueron los dirigentes, y ligado a ello está tanto el régimen político de la Tercera República pero también la burguesía. Era un sistema incapaz de manejar los conflictos, y que se había anquilosada burocráticamente. Los partidos ya no representaban al pueblo sino a sus cúpulas (¿les suena?) y la clase alta al despreciar al resto de la sociedad y a los partidos dejó de tener patriotismo.

La esperanza de liberar a Francia y reconstruirla el historiador la ve en los Aliados y en los jóvenes respectivamente. La libertad vendría de un rescate, de una invasión que expulsara a la dictadura tanto del Tercer Reich como de sus camaradas franceses liderados por el mariscal Petain. Marc Bloch no sobrevivirá a la guerra, pero mientras tuvo vida siguió escribiendo y formando, y cuando ya no pudo seguir con su oficio asumirá la lucha en la Resistencia; pero lamentablemente será capturado y fusilado, y dicen que en ese momento final con su último aliento gritó: “¡Viva la France!”

miércoles, mayo 27, 2020

Operación Dinamo (I). El 80 aniversario de la Invasión a Francia (IV)


El 80 aniversario de la Invasión a Francia (IV)

Carlos Balladares Castillo

Un día como hoy (28 de mayo) pero de 1940 Bélgica capitula frente a Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Las tropas Aliadas (anglofrancesas y belgas) se encuentran sitiadas por la Wermacht en un perímetro de pocos kilómetros (35 en el sur) en torno a las playas más extensas de Francia y cercanas a Gran Bretaña (ver cómo se logró este cerco en nuestro anterior artículo). El pueblo y el puerto donde se ubican dichas playas se harán muy famosos, especialmente por el cine de propaganda de los Aliados al principio de la Segunda Guerra Mundial, y no es otra que Dunkerque. Esta terrible situación llevó al rey Leopoldo III de Bélgica a iniciar conversaciones el día 27 con el enemigo para pedir una tregua; pero la respuesta que le dieron ese mismo día fue exigirle la rendición incondicional la cual se terminó aceptando y entraría en vigencia a las 4 am. Las palabras del rey a su gobierno fueron: “la causa de los Aliados está perdida”.

La situación militar era desesperante debido a que el enemigo los doblaba en hombres y armas, aunque todavía quedaban más 400 mil soldados bien apertrechados que podían seguir luchando. La capitulación belga hizo que más de 100 mil soldados dejaran de resistir el avance y las tropas alemanes se acercaran peligrosamente a las playas de Dunkerque. En todo caso la razón dada por el monarca de Bélgica era una corriente de opinión que se iba haciendo dominante en buena parte de los Aliados. El derrotismo opacaba y veía como locura todo llamamiento a seguir peleando en contra de la eficiente maquinaria bélica hitleriana, que no dejaba de avanzar con gran velocidad y que jamás era derrotada.

Al saber el alto al fuego belga en el Gabinete Francés el mariscal Philippe Petain dijo: “¡Esto es el fin! ¡Debemos capitular!”. Winston Churchill del que siempre hemos tenido la idea de no verse contagiado por esta actitud y por eso viajó tres veces al Continente para animar a sus aliados. En el primero de estos viajes el 16 de mayo – cuenta el diario de uno de los asistentes: Paul Baudowin – el ambiente era tan pesimista que éste al final de una larga reunión le dijo al Premier francés: “Me veo en el corazón de Canadá dirigiendo la campaña sobre una Inglaterra arrasada y sobre una Francia cuyas ruinas se habían ya enfriado. La guerra aérea del Nuevo Mundo contra el viejo dominado por los alemanes entraría en pleno vigor”.

Diez días después de esa madrugada llena de angustias esa visión apocalíptica parecía confirmarse. Reino Unido iba a tener que luchar por la defensa de su hogar, y tendría que buscar armas y recursos de donde fuera. Para el 19 de mayo se comenzó a pensar en la evacuación de sus soldados lo que pasó a llamarse “Operación Dinamo”, y que se iniciará formalmente el 26. El mejor film sobre el hecho es Dunkirk (2017) de Christopher Nolan, donde la acción se inicia dos días antes cuando los panzers son detenidos por Adolf Hitler, y por medio de tres historias paralelas se muestran las dificultades al realizar el rescate de más de 300 mil soldados bajo las bombas de la Luftwaffe. Dichos soldados mayoritariamente pertenecían a la Fuerza Expedicionaria Británica (la BEF que había sido enviada a Francia en los primeros días de septiembre de 1939); pero otros eran franceses y esto se demuestra tanto en la producción de Nolan como en la película de Henri Verneuil: Fin de semana en Dunkerque (1964) que fue protagonizada por Jean-Paul Belmondo.

El ejército francés al defender dicho perímetro en torno a las playas (Batalla de Dunkerque) permitió que se diera el tiempo para lograr lo que el cine ha exaltado como una épica, y que la propaganda Aliada se dedicó a difundir (la evacuación no la Batalla) al darle un sentido de milagro o “triunfo en la derrota”; y es lo que se transmite en cada una de las películas que hemos nombrado y otras más que incluyen la operación en alguna parte de la historia que relatan. Nos referimos a la ganadora del Óscar a mejor película y dirección: Mrs. Miniver  (William Wyler, 1942) y Sangre, sudor y lágrimas (In wich we serve, 1942) de David Lean y Noel Coward. En la primera se muestra como el pueblo británico sale con embarcaciones privadas a buscar a los soldados (lo que también se ve en el film del 2017), que es el otro elemento que permite el éxito de la operación.

En nuestro próximo escrito seguiremos hablando de la Operación Dinamo y aprovecharemos que el protagonismo pasa a los británicos para hablar de su perspectiva de la Batalla de Francia. Les recordamos que esta serie de artículos forman parte de un gran proyecto que busca dar una nueva mirada a los sucesos de la Segunda Guerra Mundial a medida que se vaya cumpliendo el 80 aniversario de cada una de las batallas. Es lo que venimos haciendo desde septiembre pasado, resaltando los debates historiográficos y su relación con la influencia del cine en la memoria histórica.

lunes, mayo 25, 2020

Nuevas publicaciones # 72 y 73 de la revista Tiempo y Espacio del Centro de Investigaciones Históricas Mario Briceño Iragorry (UPEL)

El amigo y editor de la Revista Tiempo y Espacio Luis Msc. Luis Fernando Castillo Herrera nos informa: 


Estimados amigos, en medio de la presente crisis mundial les deseamos salud y bendiciones. En esta oportunidad nos complace presentar lo más reciente de la revista Tiempo y Espacio, órgano divulgativo del Centro de Investigaciones Históricas Mario Briceño Iragorry. Agradecemos a cada uno de los autores que dan vida a la revista, el comité editorial, y el grupo de estudiantes que han venido trabajando junto a nosotros en estos últimos años.



miércoles, abril 22, 2020

“¿Quién es fascista?” de Emilio Gentile (reseña)


“¿Quién es fascista?”

Carlos Balladares Castillo

En un tiempo nada lejano le escuché a una profesora universitaria exclamar con indignación: “¡Son unos fascistas!” Se refería a unos estudiantes que le interrumpieron su clase para llamar a la protesta por alguna reivindicación, y que exigían la finalización de los cursos que se dictaban en ese momento para iniciar una huelga. Ante este irresponsable uso del término el historiador italiano Emilio Gentile (1946) estaría horrorizado ¡Y más aún porque el error lo cometa un profesor del área de sociales!  La realidad es que el fascismo como insulto se ha hecho un lugar común fortaleciendo de esa forma la ignorancia de la historia e incluso debilitando la gravedad del fenómeno. Es por ello que el año pasado (2019) Gentile publicó un libro con el título homónimo a ver si aprendemos de una buena vez a llamar las cosas por su nombre.

El autor, a diferencia de Hannah Arendt, considera al fascismo italiano como un totalitarismo; y realiza una crítica a la idea de Umberto Eco en torno a la existencia de un “fascismo eterno” y a todos aquellos que hacen alegres analogías en torno a movimientos, lideres e ideas actuales tales como el resurgimiento del populismo. En su obra usa una didáctica del dialogo con preguntas y respuestas, y desde un principio aclara que “no tiene ningún sentido ni histórico ni político sostener que hoy se está produciendo una vuelta del fascismo en Italia, en Europa o en el resto del mundo.” Afirma que la comprensión del fenómeno es el ser un hecho histórico (método historicista) y por ello carece de “eternidad”, al realizar analogías con realidades actuales sin las debidas precisiones históricas se cae en el error de confundir cosas que son distintas (es lo que llama la “ahistoriología” que tiene la misma relación que posee la astrología con la astronomía). El fascismo es el fascismo histórico, no hay más allá; y que es el del período que va de 1919 a 1945.

Es imposible resumir un texto que considero extremadamente detallado en observaciones históricas y conceptuales en tan breve artículo, pero que no dudo en recomendar. Por lo cual creo que lo aprovechable para el lector interesado en un concepto y un hecho histórico fundamental para comprender nuestro presente, es identificar las características del fascismo según Gentile para de esa forma poder saber “¿quién es fascista?”. Además, este historiador es un “monstruo” de la investigación y publicación, porque ya este mismo año acaba de salir otro de sus libros: Quando Mussolini non era il Duce. Su método busca también deslastrar el fascismo de lo que era común a la época pero que ya había sido planteado por otros movimientos e ideologías, y de esa forma conocer lo que es auténticamente original y novedoso. ¿Y qué es entonces? Es el que se desarrolló y se “impuso en la Italia de entreguerras como partido-milicia, régimen totalitario, religión política (“paganizante”), regimentación de la población, militarismo integral, preparación belicosa a la expansión imperial, y se convirtió en un modelo de otros partidos y regímenes surgidos en el mismo período en Europa, para acabar luego arrollado y destruido por la derrota militar en 1945”. El fascista era el que defendía esto.

Al identificar lo original del fascismo no nos confundiremos en ver los rasgos que compartió en menor o mayor grado con otras formas de hacer política, y que muchos al percibirlas hoy las reducen erradamente al fascismo, tales como: “ejercicio violento en política, conservadurismo, autoritarismo, corporativismo, racismo, imperialismo, machismo, etc.”  Gentile critica que caigamos en una supuesta “eternidad” (“ahistoriología”) que lleve a crear periódicamente nuevas definiciones de fascismo para denunciar a los “fascistas de turno”. Y advierte que hacer esto no solo impide el conocimiento sino que daña la democracia debilitando las “fuerzas antifascistas”. La investigación dedica mucho a cómo se fue diluyendo su comprensión y esto tiene que ver con el conflicto entre fascistas y comunistas, pero incluso en el rechazo de estos últimos a todo lo que no fuera considerado comunista, y eso era visto como “fascista”. También se revisa los errores al compararlo con ideas y partidos del presente de tendencia populista. Y finalmente hace un viaje a sus primeros pasos como partido-milicia o “escuadrista” para lograr conocer cómo surgieron sus rasgos histórico-identitarios.

En conclusión escuchemos a Gentile: “El fascismo fue un fenómeno político nuevo, surgido de la Gran Guerra. Opuesto radicalmente al bolchevismo, al mismo tiempo buscó destruir la civilización democrática y liberal, proclamando una oposición total a la soberanía popular y a los principios de libertad e igualdad. (…) Organizado como partido-milicia, conquistó el monopolio del poder político, destruyendo la democracia parlamentaria para construir un Estado nuevo y regenerar la nación. Su ideología era mítica, virilista y antihedonista; y sacralizada como religión laica, afirmaba la primacía absoluta de la nación con intención de transformarla en una comunidad orgánica étnicamente, y estructurada jerárquicamente en un Estado totalitario. Y que finalmente tenía una vocación imperialista y belicosa, para lograr “la grandeza” como potencia; y establecer un nuevo orden internacional y una nueva civilización”. Como modelo inspiraría al Nacionalsocialismo alemán que sería el que tuvo la posibilidad de lograr también la última meta, pero que las potencias democráticas junto al comunismo soviético lo terminaron impidiendo ¡gracias a Dios!

Nota sobre la cuarentena: no hemos querido abandonar nuestros temas de siempre para comentar lo que vivimos debido a la pandemia, pero algo hay que decir porque la situación en Venezuela se agrava de manera acelerada. El problema en realidad no es coronavirus sino los efectos de la cuarentena en nuestra destruida economía: la hiperinflación y la devaluación han tomado un gran acelerón, y la escasez de gasolina angustia por la distribución de los alimentos entre otros. Me pregunto: ¡¿qué están comiendo las mayorías que viven del trabajo diario en la calle y que la cuarentena se los impide?! Necesitamos un cambio radical inmediato para que se salven todas estas personas, en especial los niños. Ya no es asunto solo de los venezolanos ¡necesitamos la ayuda del mundo!

miércoles, septiembre 18, 2019

Este domingo 22 el escritor Alvaro D’Marco presenta en "Kalathos" (Galpones de Los Chorros) a las 10 am su libro "Sin despedida". Acá les dejamos una semblanza del amigo y escritor


Alvaro D’Marco, semblanza de un escritor

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

El domingo 22 de septiembre se presentará en la librería Kalathos (Los Galpones de Los Chorros, Caracas): Sin despedida, el primer libro impreso de Alvaro D’Marco. Del buen amigo y escritor ya hicimos una reseña de su otra obra: Gracias Ulises por tus batallas, en esta misma columna el 24 de octubre de 2018 en un artículo titulado como el libro. Ahora queremos ofrecer una semblanza de la vida del autor al cual creemos conocer bien, porque desde hace más de 10 años nos une la amistad de compartir un mismo espacio: la Universidad Monteávila, pero muy especialmente la pasión por la literatura. En todo ese tiempo he descubierto en Álvaro; no solo una persona culta, un lector voraz y un escritor disciplinado; sino especialmente un gran ser humano. Una persona que hace de Venezuela, sobretodo en estos tiempos oscuros que padecemos, un lugar donde podemos esperar con certeza un renacimiento.

¿Por qué? Porque Álvaro posee una inmensa fortaleza y bondad en medio de las dificultades. Nació en El Tigrito (estado Anzoategui) el 20 de abril de 1956, y nos recuerda que es el mismo día que nacieron Mahoma y Adolf Hitler. A los 4 años le traen a Caracas y lo dejan al cuidado de dos tías abuelas que no tenían hijos y se dedicaron a criarlo con amor. El esposo de una de ellas era gran lector y poseía una modesta biblioteca, y éste le fue animando a leer buenos libros porque había aprendió a hacerlo muy pequeño: ¡a los 4 años! Poco a poco se convirtió en un niño admirado por las visitas al recitar de memoria pasajes de la Historia Patria. Al graduarse tenía clara su vocación literaria y el plan era entrar en la Universidad Central de Venezuela (UCV) a estudiar Letras, pero terminaría formando una familia y esta responsabilidad le exigía todo su tiempo. La universidad y la escritura tuvo que esperar, pero poco a poco fue adquiriendo un montón de experiencias que forjarían los hechos, personajes y tramas que pueblan sus obras.

Una de estas experiencias fue “despertar” a la condición ciudadana, la cual se hará realidad poco a poco desde el “Caracazo” y con gran fuerza ante la acción del chavismo. Porque antes se había encerrado en su familia, trabajo y libros, entre tantos otros grandes placeres de la vida. Tal como hicimos la mayoría de los venezolanos gracias a la bonanza petrolera, manteniéndonos ciegos ante un conjunto de injusticias y realidades que nos llevaron a esta tragedia que hoy padecemos. Es este uno de los temas fundamentales de sus novelas y que adquirirá en su vuelta a la universidad desde 1988, tiempo en el cual también comienza a laborar en la Biblioteca Nacional (División de cine y vídeo el Archivo Audiovisual de Venezuela) donde desarrolla una exitosa carrera como Archivero Audiovisual, hasta que las nuevas autoridades colocadas por el chavismo le piden la renuncia.  

Pero en esos tiempos universitarios no desarrolló disciplinadamente su vocación escritural, sino que perfeccionará su formación en las letras. Es a partir del año 2012 que el hábito de la escritura impregna todas sus horas. La amistad con un joven estudiante de Comunicación Social y también escritor: Carlos De Santis, lo anima a dedicarse con mayor esfuerzo, debido a que éste lee su primera novela y queda maravillado por la calidad de la misma. Desde ese momento se levante de madrugada y va concluyendo sus novelas, que serán revisadas por De Santis y por otros correctores. Ahora, poco a poco, las va editando.
Al preguntarle por su legado nos dice que lo primero son sus hijos a los cuales les ha dejado su herencia biológica y cultural, lo segundo sería su obra escrita (hoy tiene 4 novelas y varios cuentos ¡esperando escribir muchas más!), y lo último lo que ha dejado en la memoria de un conjunto de personas entre ellas todas aquellas con las que he trabajado y vivido. En esto último considera que en la Biblioteca Nacional dejó organizado el “Archivo Audiovisual de Venezuela” el cual no estaba ordenado racionalmente y cumpliendo las condiciones técnicas de conservación, aunque ese trabajo – según le han dicho – se ha ido perdiendo en los tiempos del chavismo. En Radio Caracas Televisión (RCTV) organizó - del 2004 al 2007 – en buena parte el archivo fotográfico del Diario de Caracas el cual tiene más de 3 millones de imágenes.  

Nota: esta semblanza es parte de un pequeño proyecto, el cual consiste en contar las vidas de algunas personas que he tenido la suerte de conocer. Por lo general son desconocidos para muchos pero han dejado un sencillo aunque importante legado, y representan una Venezuela con la cual no dejo de soñar.

miércoles, septiembre 04, 2019

Una nueva perspectiva sobre nuestra condición petrolera (nuestra columna de los miércoles en "El Nacional")


Una nueva perspectiva sobre nuestra condición petrolera

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional 

La reconstrucción de Venezuela después de la mayor destrucción padecida en su historia contemporánea, pasa por asumir lo que sabemos hacer pero que nunca hemos querido terminar de aceptar: ser un país petrolero. Esta idea me la ha reafirmado la lectura de un excelente libro (ganador del Premio Rafael María Baralt en su bienio 2018-2019): Londres en Caracas y La Haya en Maracaibo: Retos empresariales de Royal Dutch Shell en la industria petrolera venezolana entre 1943-1958, del buen amigo y colega: el ingeniero Alejandro E. Cáceres. Dicha obra representa un valiosísimo aporte a la historiografía del petróleo en nuestro país, porque no solo se centra en la industria petrolera escasamente estudiada, sino que a su vez se aparta de las perspectivas (en lo político, económico, historiográfico y literario) que siempre hemos mantenido en nuestra relación con el hidrocarburo y que no es otra que verlo como “excremento del diablo” (Juan Pablo Pérez Alfonzo, 1976).

Según esta tradición no es cualquier objeto demoniaco, es lo peor… y ciertamente si revisamos las obras de ficción que lo tratan directa o indirectamente (que son más de las que se piensan) siempre es visto como algo negativo para Venezuela y los venezolanos: es una riqueza no trabajada, destructiva del medio ambiente, codiciada por los imperios que terminan ocupando nuestro país para robarla y terminar modificando para mal nuestra cultura, y los campamentos petroleros están aislados del país y denigran de los nacionales. El marxismo se impondrá en su perspectiva de “dominación imperial”, pero incluso cuando se termina aceptando su influencia como generadora de progreso y modernización se temen sus consecuencias en el sentido de la cultura rentista o ser una economía nada noble como sí lo era la agricultura. De allí la necesidad de un antídoto llamado “sembrar el petróleo” (Alberto Adriani, Arturo Uslar Pietri; 1936). La investigación de Cáceres busca las razones empresariales a la hora de invertir en el negocio, y realizar un desarrollo organizacional acorde con los retos que éste les imponía en la realidad venezolana y mundial. En ella no se identifican causas imperialistas a la hora de comprender el fenómeno. De esta forma comienza a disiparse una percepción que nos ha alejado del más importante capital tanto financiero como en lo que respecta a la cultura industrial.

En mi niñez me fascinaban los micros de Maraven: “Petróleo en gotas”, la filial de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), que intentaban acercar la industria a nuestra sociedad. Era de las pocas iniciativas que buscaban superar la visión perniciosa que se había sembrado en nuestra cultura por la tradición anteriormente descrita, y que se seguía sembrando en especial desde el marxismo que en los ochenta todavía influía con fuerza, especialmente en los contenidos de la enseñanza de nuestra historia. Pero también en los políticos que en los noventa lograrían el apoyo electoral finalmente y que hoy dominan el poder. Cáceres nos muestra como la industria petrolera, en especial la Royal Dutch Shell que es el centro de su investigación, llevó a cabo grandes innovaciones para ser más productivos (como es normal en toda empresa) pero también para lograr el progreso de Venezuela (tal como era su lema). Facilitó la educación y el mejoramiento de la higiene de las poblaciones (erradicación del paludismo) y zonas donde operaban, permitiendo la participación de los venezolanos no solo en el persona obrero sino a niveles gerenciales.  

Esta investigación contribuye al establecimiento de un nuevo relato que nos permita comprendernos mejor como sociedad. El petróleo (su industria) como parte de una épica civil, la cual por cierto se ha venido reclamando y proponiendo desde una nueva historiografía crítica con el culto a Bolívar y a los próceres de la Independencia (y a todo lo militar). Pensamos en una épica del emprendimiento, del control y explotación de la naturaleza, de la modernización y muy especialmente del consenso para lograr todo esto entre las potencias extranjeras y la nación venezolana. Es el abandono de toda prédica “marxista-antimperialista” que ve al extranjero como una amenaza y no como un aliado. Este estudio debería estimular la investigación histórica en las diferentes áreas que han afectado y afectan el petróleo, de manera que se puedan desmontar (si por lo que observamos es el caso) todas las afirmaciones que se realizaron durante cien años y que desde hace 20 años han marcado de manera determinante las políticas petroleras que han llevado a Venezuela a la situación donde se encuentra.

miércoles, abril 17, 2019

¿Para qué sirve la historia? (y II) (nuestro artículo de los miércoles en "El Nacional")


¿Para qué sirve la historia? (y II)

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

Nuestra anterior entrega inició la revisión del título del último libro del historiador francés hispanoamericanista: Serge Gruzinski (1949), el cual publicó en el 2015 y yo he leído en su traducción al español del 2018 de mi querida Alianza Editorial; y que ahora finalizaremos. La segunda mitad del texto desarrolla el tema de la mundialización, el cual ha sido tratado por el autor en otras de sus obras. Se puede decir que es el problema al cual ha dedicado un mayor esfuerzo de investigación, centrándose en su origen en la expansión española y portuguesa de los siglos XV y XVI. Nuestro énfasis al estudiarlo, nos recomienda, está en construir una “historia global” que se base en cómo las sociedades, civilizaciones o localidades desarrollan “articulaciones y conjuntos”. Y cómo esos “ensamblajes humanos, económicos, sociales, religiosos o políticos homogenizan el globo o se resisten al movimiento”. Otra perspectiva que recomienda es “mundializar” el momento de la expansión europea al comparar su contacto, no solo con las sociedades “conquistadas” (civilizaciones amerindias) sino también con China y la creciente tensión con el Islam.

Gruzinski critica el eurocentrismo en el estudio de la historia, plantea su superación pero “sin caer en una historia-mundo que aplaste toda lectura bajo la losa de hormigón de las generalizaciones ni olvidar que ningún punto de vista puede prescindir de un anclaje”. La historia comparada podría ser este “anclaje” recordando que parten de una temática común que permita al historiador “enfrentarse con los períodos y los espacios” que facilitan “el analizar situaciones radicalmente diferentes o que comparten rasgos similares. Teje entonces, por analogía, vínculos entre sociedades separadas por océanos o por siglos”. La historia de la mundialización, recomienda, no puede caer en una perspectiva de confrontación aunque se aplaudan viejos esquemas de la etnohistoria que permitió visibilizar los conquistados. Y esto porque “ni las víctimas ni los vencedores son siempre los mismos,” de manera que “Ya no vale el esquematismo de los discursos sobre la alteridad cuando el horizonte global diversifica casi hasta el infinito las posiciones y las confrontaciones.” Una propuesta en este sentido sería estudiar a los ibéricos del siglo XVI en dos posiciones distintas: América y China, y allí se descubrirá que no siempre ocupan los mismos lugares del viejo esquema conquistados y conquistadores. Otra crítica que realiza es a los análisis en términos de centro y periferia las cuales “en realidad ya dejan de tener sentido”.

En los argumentos del autor creemos ver la idea que la mundialización es una forma una occidentalización del resto de las culturas. No es la exclusiva imposición de la cultura de Europa (eurocentrismo) sino una forma de mestizaje tanto de personas como de los elementos materiales y culturales. Occidente a partir del siglo XVI dejó de ser una cultura europea homogénea gracias al contacto con otras civilizaciones. Es cierto que el uso de la razón, la ciencia, el Estado moderno, los derechos humanos, la democracia-liberal y el capitalismo (¡y el cristianismo! ¿por qué no?) dieron sus primeros pasos en Europa; pero en contacto o en choque con el mundo. Y estos factores son universales y por ello los ha asumido el resto de la humanidad. No son monopolio de Occidente. Es que al final: “La historia de la humanidad se mide a golpe de grandes experiencias mestizas. La helenización del Oriente antiguo tras las conquistas de Alejando, la romanización del Mediterráneo, etc.”

Mi crítica al texto es que no percibí una unidad sistemática. Es más una obra que reconoce y debate el problema, ofreciendo unas primeras propuestas metodológicas más no historiográficas para lograr la superación del eurocentrismo y el establecimiento de una visión que permita comprender y explicar a nosotros los “glocales” la mundialización. Es verdad que el autor nos advirtió desde el principio que éste no sería su tema, que no quería hacerlo porque estos debates “solo conciernen a círculos de especialistas”, pero uno se queda esperando más. Y entonces “¿para qué sirve la historia?”: es claro que Marc Bloch ya nos había respondido: para comprender. Lo que Gruzinski ha resaltado y agregado, es que desde la afirmación de su compatriota el mundo se ha complejizado de tal forma que los viejos esquemas nos han tendido a dejar perplejos y sin respuestas ¡no sirven! ¡ya no comprendemos nada! Las nuevas “miradas” desde la historia mundial ha querido ser el aporte del autor en un intento de ofrecer luz en un presente confuso en un exceso de imágenes e información. En mi caso, como iberoamericano y venezolano - padeciendo la aplicación de la ideología marxista con sus terribles consecuencias humanitarias –, su lectura me ha permitido sentir cierta esperanza al percibir otra crítica superadora de los viejos esquemas de la historiografía nacida de Carlos Marx.

Nota de Semana Santa: nos habría gustado dedicar un artículo en solitario a los importantes días que transcurrimos pero teníamos que concluir el comentario bibliófilo. De modo que, en sintonía con el libro reseñado, decimos unas pocas palabras. Recomendamos la vivencia de la semana más importante del cristianismo, una religión de extensión mundial gracias a la primera globalización que lograron los europeos en el siglo XVI con especial protagonismo de los que hablan el mismo idioma que uso al escribirles. Somos ibéricos y cristianos mestizos, pues ¡vamos a vivirlo con orgullo y profundidad! ¡Vaya a su misa y/o récele al Dios Amor del cual somos hechos a imagen y semejanza!

miércoles, abril 10, 2019

¿Para qué sirve la historia? (I) (nuestro artículo de los miércoles en "El Nacional")


Resultado de imagen para para qué sirve la historia gruzinski¿Para qué sirve la historia? (I)

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

Es el título del último libro del historiador francés hispanoamericanista: Serge Gruzinski (1949), el cual publicó en el 2015 y yo he leído en su traducción al español del 2018 de mi querida Alianza Editorial; y que ahora haremos una breve reseña dividida en dos entregas. La pregunta se inspira en el inicio de un texto “canónico” para nosotros los historiadores: Apología de la historia (1944) de Marc Bloch (1886-1944) donde su hijo le pide que profundice en la respuesta. Ahora sirve de pretexto para su actualización, y nos recuerda la primera respuesta de Bloch que es la misma que doy junto a todos mis colegas: la historia nos fascina, nos emociona, nos genera un inmenso placer. No es solo el conocimiento. Pero ciertamente ambas no son suficientes para explicar tamaño esfuerzo, que en el caso de los universitarios de Venezuela en esta terrible crisis es mucho mayor.

El autor le agrega otra cuestión: “¿qué historia debemos enseñar a las nuevas generaciones nacidas entre finales del siglo XX y principios del siglo XXI?” Y especialmente ¿qué pasado exponer a los que provienen de diferentes orígenes, que son mestizos, que son hijos tanto de los vencedores como los vencidos de los procesos de conquista? Se pregunta por el problema de una historia eurocéntrica que se ha desarrollado hasta ahora en medio de creciente mundialización y que considera algunos factores como meta única: el progreso, el Estado, la democracia, etc. ¿se puede seguir con esta forma de “relatos”? ¿cuáles son las formas de contar el pasado que se están globalizando hoy en día? La mirada del autor se fija en las formas de comprender el presente que se usan hoy para intentar identificar las relaciones entre el pasado y el futuro. Es esta la función de los historiadores: ver las tendencias a lo largo del tiempo, las relaciones de los hechos en el tiempo.

Resultado de imagen para serge gruzinski
Un aspecto que me atrajo desde el principio fue usar en su “Prefacio” un epígrafe tomado de un blog, para después pasar a la valorización de la fotografía y el cine, de sus creadores (directores según el autor) como especies de historiadores que también “pueden producir pasados”. Pero también señala la influencia de la serie Game of thrones como una forma de mostrar más que un pasado medieval un futuro donde el fin del “imperio americano” genere la ausencia de un poder estable. También están las celebraciones de hechos que cumplen fechas redondas: centenarios o décadas, o inauguraciones de juegos (mundiales de fútbol, etc.) que reconstruyen la historia desde la perspectiva no Occidental. El mejor ejemplo fue la ceremonia de apertura de las Olimpíadas del 2008 en Pekín la cual fue diseñada por el director de cine Zhang Yimou (1951) y en la cual nos señala Gruzinski: “su trama se basa en la idea de continuidad entre un presente radiante y un pasado imperial”, retomando las invenciones chinas reconocidas por Occidente (el papel, la pólvora, la brújula, la ruta de la seda) pero no señala el cliché de que no supieron aprovecharlo sino que eran “los signos anunciadores de un destino grandioso”. Y se refiere a los viajes por los océanos del almirante Zhen He (1371-1433) del siglo XV, como una forma de mostrar que la relación de China con el mundo no es algo nuevo.

En lo relativo al cine señala que es un formato que junto a otros (cómics, videojuegos, internet, etc.) está desplazado o generando una fuerte competencia al libro como el dispositivo para historiar y fijar la memoria de los pueblos. “Lo escrito y la imagen constituyen dos modos de representación diferenciados, pues cada uno tiene su léxico, su sintaxis, sus ventajas y sus carencias.” Pero Gruzinski critica la poca importancia que le dan los historiadores al cine como un medio para interpretar la historia. Las películas ofrecen un carácter testimonial, un impacto inmediato, y una fácil explicación del “encadenamiento implacable de causas y efectos”. Valora a directores como Bela Tarr (1955), Lars von Trier (1956) y muy especialmente al Aleksander Sokurov (1951) del cual no solo resalta sus películas sino sus documentales, porque éste sabe que “no existe un archivo en estado puro, que siempre está construido y que no se puede confundir un documento con el acontecimiento del que es emanación o reflejo”. El cine resulta un excelente medio para la historia, porque ella siempre es una “construcción, donde la mayoría de las piezas del rompecabezas se han perdido para siempre y que por lo tanto hay que inyectar indefectiblemente en él un orden cualquiera acompañado de una dosis alta, a menudo no revelada, de plausibilidad y de imaginación.”

Otro factor que el autor trata es que para entender la actual mundialización, que “nos inunda de imaginarios y múltiples pasados” no solo por la diversidad local y regional sino también por lo explicado anteriormente: la diversidad de soportes, hay que estudiar su origen el cual está en la expansión española y portuguesa de los siglos XV y XVI. Fue a partir de este momento que se consolidan las dimensiones humanas (mestizaje), materiales (circulación comercial mundial y primeros pasos del capitalismo) e imaginarias (iusnaturalismo, escolástica española, etc.) de Occidente. Por esta vía recomienda a construir una “historia global” que se base en cómo las sociedades, civilizaciones o localidades desarrollan “articulaciones y conjuntos”. Y cómo esos “ensamblajes humanos, económicos, sociales, religiosos o políticos homogeneízan el globo o se resisten al movimiento”. El gran problema de esta meta es qué lenguaje usar para explicar esta historia en cada “entorno cuyos legados son tan diferentes y están situados en posiciones tan distantes”. Otra perspectiva que recomienda es “mundializar” el momento de la expansión europea al comparar su contacto, no solo con las sociedades “conquistadas” (civilizaciones amerindias) sino también con China y la creciente tensión con el Islam. No repetir la tradicional revisión de la América colonial, la Europa del Renacimiento o el Mediterráneo otomano.

No nos ha parecido correcto hacer una reseña tan corta de un libro tan denso, de manera que la semana que viene daremos una respuesta “final” a la gran pregunta que se ha hecho Serge Gruzinski.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...