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sábado, marzo 11, 2017

"La distancia más larga" (2013) o cuando el paisaje salva una débil historia. Crónica cinéfilas.

La imagen puede contener: una o varias personas, texto y exterior
Este año me propuse ver como mínimo una película venezolana al mes, y esta es la primera: "La distancia más larga". Sigo en deuda con dos más para ponerme al día. Me costó mucho verla porque me fastidiaba. Me pareció incoherente y sobreactuada, solo se salva por la fotografía y quizás el lugar común de contrastar la ciudad versus nuestros paisajes y naturaleza "virgen". Es una película del 2013 (la botellita de agua se la venden al niño a 10 Bs), y quizás su directora (Claudia Pinto) se inspiro de algún modo en esa maravilla que es "Into the wild" (Sean Penn, 2007) pero nada. 



Mi puntuación: 5/10. 
Clasificación: género: drama, viaje, Venezuela, Gran Sabana, delincuencia, enfermedad.

sábado, abril 11, 2015

Breve entrevista a una novel historiadora venezolana (4): Milagros González (y 2º parte)

(conclusión de la entrevista). La próxima semana tendremos al historiador Víctor Pineda.
Si desea ser entrevistado puede escribir a Profeballa.



7.       ¿Cuál es su área o rama de la Historia favorita y por qué?
¿Cuál escuela historiográfica sigue y por qué?

Siento que lo que me apasiona solo puedo abrazarlo desde la historia cultural. Creo que esto me quedó claro en un seminario del profesor Rafael Strauss. Luego en una biblioteca cayó en mis manos un libro sobre la microhistoria, cuyo autor y título no recuerdo, pero que me condujo a buscar El queso y los gusanos de Carlo Ginbzburg. ¿Cómo no pensar en mi anhelo por entender una parte del universo de un personaje del siglo XVIII a partir de unas piezas de ropa, unos libros o unos muebles dejados en herencia? ¿Cómo no tratar de buscar más allá de la historia de una estatua ecuestre de bronce de un personaje como Antonio Guzmán Blanco, y encontrar a su emisario Ramón Bolet en Filadelfia, perdido entre papeles, órdenes y contraórdenes, vigilando la ejecución de las estatuas, escribiendo cartas y enviando fotos al Ilustre Americano? Me interesa mucho lo pequeño que esconden los aparentemente grandes temas.

8.       ¿Qué tiempo diario o semanal le dedica a la historia?

La verdad, en este momento no me emociona mucho responder esta pregunta. Actualmente le dedico muy poco tiempo. Pero trabajo duro para que pronto pueda dedicar más.

9.       ¿Cómo es su relación con las redes sociales e internet en
general? ¿En qué puede ayudar el internet a la historiografía?

Soy una tuitera de alma. Me encanta interactuar por Twitter, al igual que por Facebook. De Twitter me encanta su síntesis. Es todo un reto escribir en 140 caracteres, y creo que es un buen ejercicio para un historiador. Creo que internet puede ser muy valioso para la historiografía, es maravilloso poder disponer de archivos distantes, y cada vez será más y más posible. Sin embargo, investigar a través de la Web requiere de criterios muy claros y precisos para valorar las fuentes. Y es algo que no debe perderse de vista, sobre todo cuando las redes sociales, con todo lo fabulosas que son para establecer contactos  e intercambiar información, tienden a inundar la Web con información inexacta e incluso falsa. Últimamente tuiteo poco, espero hacerlo más y cada vez perfilar más mi usuario hacia lo que me interesa: la memoria sensible, vista desde los objetos y las colecciones. Y tratar de predicar la necesidad de ser precisos al difundir información por las redes, que es necesario verificar antes de compartir o retuitear.

10.   ¿Cuáles son sus ritos cuando se dedica a escribir sobre historia?

Caramba. El principal rito durante los cinco años que duró escribir la tesis, corregir el libro y publicarlo fue lograr que los niños se durmieran. Ahora que son grandes, no sé. Espero no tener que tener otro hijo para poder publicar otro libro. Esto último, evidentemente, es una broma.

11.   ¿Cómo sobrevive (en lo económico y en lo espiritual
especialmente) siendo historiador?

En lo económico vivo de una empresa que fundamos mi esposo y yo, que hace consultoría y gestión de medios digitales. Pero evidentemente, mi formación como historiadora me ha dado una metodología de trabajo que me ha sido inmensamente útil en el día a día de nuestra empresa. Después de todo, trabajo con información. En lo espiritual, respiro como historiadora, sueño con volver a enterrarme en un archivo y vivo de visitar museos, cada vez que puedo. He disfrutado por igual una visita al Moma en Nueva York, que una al Museo del Béisbol en Cooperstown, al de la II Guerra Mundial en New Orleans, al Museo del Circo en Sarasota o la Casa de Invierno de Edison y Ford en Fort Myers. Me encanta ver como en cada caso se exhiben los objetos, cuáles han sido seleccionados, qué recursos museográficos utilizan, qué importancia le dan a los documentos, a las cartas personales, a las fotos de familia o a las oficiales. Me emociono cada vez que se deja colar un detalle mínimo, personal, aparentemente irrelevante, en medio de una historia que puede llevarse este guiño por delante, y no lo logra.

12.    Además de la Historia, ¿tiene otros gustos, placeres o vicios?

Me encanta el cine. Es un gusto que comparto con mi esposo. También sigo algunas series y documentales de televisión.

13.   ¿Para qué sirve la historia? ¿Tiene futuro la historia en
general y en Venezuela?

La historia sirve para construir el presente, y para el proyectar el futuro. Sin memoria no hay posibilidad de proyectar nada. No hay andamios con los que construir. ¿Tiene futuro la historia en general? Claro que sí. ¿En Venezuela? Espero que sea así. Sería grave que no lo fuera.

14.   ¿En qué proyectos sobre historia está ahora?

Estoy escribiendo un proyecto sobre patrimonio cultural, museos e historia para adolescentes. Pensado como una revista web. Veremos a donde llega.

15.  ¿Es posible escribir historia del presente?


Yo pienso que un historiador puede hacer análisis sobre el presente. Creo que puede tener una visión privilegiada al poder comparar con el pasado. Pero para hacer historia creo que es necesario que las capas de documentos se acumulen, que los documentos escondidos aparezcan, que se los documentos que están visibles sean validados con el tiempo y con mayor información. Creo que no hay nada como una mirada lejana para comprender mejor lo ocurrido. En Venezuela tenemos el mal de la inmediatez, y todo tiene su tiempo.

16. ¿Vivimos momentos históricos en Venezuela? ¿Qué piensa de nuestro presente?

Siempre se vive un momento histórico. Más o menos feliz. El que vivimos ahora es uno sumamente triste. Espero que los historiadores del futuro sepan explicárselo a nuestros herederos.

17. ¿Por qué llegamos a una crisis tan aguda? ¿Es el petróleo el
culpable de todo?

Pienso que no fue el petróleo. Fue la falta de inversión en educación y, principalmente, en formación ciudadana.

18.  Si fuera ministra con poder de influir en la promoción de la
historia, educación, archivos, etc. ¿Qué haría?


Haría de la educación ciudadana el norte de nuestra brújula.

19. ¿Qué recomendaría a los noveles historiadores?

Tuiteen.

20. Recomiéndeme más de 2 historiadores noveles y/o jóvenes que
deberíamos entrevistar (no olvide darme sus emails, estos no se harán
públicos)

Rigel García


Eugenia Villanueva


Verónica Zaragoza (es mexicana)


Elsa Arroyo (es mexicana)

21.  Ahora invente una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

¿Qué es el museo?


Es un puente que, desde el presente, comunica el pasado con el futuro. Una máquina del tiempo. Puede ser lo más parecido al Tardis del Dr. Who: no es posible imaginar por fuera lo inmenso de su interior.

22. ¿Qué otras preguntas deberíamos hacer en esta entrevista? ¿Cuáles
consideran que deberían eliminarse o modificarse?

No eliminaría ni modificaría ninguna.

23. Puede hacerle una pregunta al entrevistador.

¿Qué prefieres Apple o PC? ¿IPhone o Android? ¿Sistemas cerrados o abiertos? 

El entrevistador (Profeballa) responde: PC, Android, sistemas abiertos. Muchas gracias por su tiempo.
 

viernes, abril 10, 2015

Breve entrevista a una novel historiadora venezolana (4): Milagros González (primera parte)

Milagros González en el lente del gran fotografo Luis Brito (1. enviar foto). Doy gracias a la
profesora María Magdalena Ziegler por haberme presentado a esta colega suya del mundo del arte y los museos, un área de la historia tan fascinante pero tan descuidada por mi - ¡ah el problema de la especialización! -. Gracias por la amistad y el tiempo. 

Profeballa



2.       Resumen de su vida como historiadora: (ciudad de nacimiento,
año), ciudad donde vive actualmente, pregrado, postgrado, docencia,
investigación, publicaciones.

Nací en Caracas, en 1970. Actualmente vivo en Miami, USA. Estudié Museología e Historia del Arte en la Universidad José María Vargas, y cursé la Maestría en Historia de las Américas de la UCAB. Actualmente en tesis del Doctorado en Historia de la misma Universidad. Trabajé 10 años en el Museo de Bellas Artes de Caracas (MBA), en el período en que realicé los estudios de postgrado, por lo que mis estudios los viví a través de las necesidades de esa institución. El MBA fuela gran fuente primaria, para muchas de mis investigaciones. Mi tesis de maestría fue una respuesta a la memoria del Museo, pues estudié los inicios de los museos en Caracas (y, por lo tanto, los inicios del MBA), y el rol que en ello jugaron los intelectuales de la época. Tuve la suerte de tener como tutor al Profesor Elías Pino Iturrieta, todo un lujo he de decir, y de  haber formado parte de una cohorte de los talleres de Milagros Socorro en la Fundación Polar, lo que fue también excelente.


Pues bien, esta investigación sobre los museos fue tan generosa que devino en la tesis (por supuesto), en una exposición en el MBA en diciembre de 2004 (titulada Coleccionismo I, documentos y relatos. Inicios del Museo de Bellas Artes de Caracas. 1917-1938), la publicación del catálogo de la referida exposición (Museo de Bellas Artes, Caracas, 2005), un artículo: “Una vitrina para la nación. La Exposición Nacional de Venezuela en 1883”, El Desafío de la Historia, Año I, Nº 3, Caracas, y finalmente, la publicación de la tesis, De la colección a la Nación. Aventuras de los intelectuales en los museos de Caracas (1874-1940),  Colección Periodismo y Memoria, Fundación Polar, Caracas, 2007. Fue un proceso que empezó en 2002, cuando estaba embarazada de mi primer hijo. Empecé a escribirla tesis durante el post parto, entre las sesiones de lactancia. Cuando defendí la tesis (finales de 2005) me acababa de enterar de mi segundo embarazo, estaba entre la náusea del primer mes, la felicidad por el bebé y el susto de la defensa. Y cuando publiqué el libro, mi segundo bebé ya era una realidad en mis brazos. Siempre relaciono esta investigación que me llevó cinco años, con mi maternidad. En lugar de sentir que el hecho de ser mamá me coartaba, me nutrió, me dio fuerzas. Todo, la persecución de archivos, recopilación de datos, análisis de los mismos, búsqueda de datos faltantes, construcción de hipótesis, conseguir una voz propia para el discurso, y finalmente, escribir, lo hice al compás que me indicaba la maternidad. 


Desde el pregrado me he interesado por el coleccionismo como fenómeno, a lo largo del tiempo. Estudiar cómo un conjunto de objetos (en una colección de un museo, una colección personal, una biblioteca, o incluso, un testamento) permite entender y visualizar un aspecto dela sociedad, su momento, el imaginario de sus integrantes, un atisbo al universo en que vivieron nuestros antepasados. Su cotidianidad, estatus social, sus anhelos, sus sueños y pesadillas, y su más concreta realidad. Ello me llevó a estudiar los bienes muebles de las testamentarías de tres presbíteros del siglo XVIII que se encuentran en el Archivo Arquidiocesano de Caracas: “Dignidad y Estatus más allá de la muerte. Estudio de los bienes muebles en las testamentarías de los Presbíteros Don Juan Félix Jeres de Aristigueta (1784), Don Pedro Manuel Noriega (1782) y Don Josef Bernardo Álvarez Daboy (1782)”, publicado en Cuadernos Unimetanos, Año V, Nº 24, julio de 2010, Universidad Metropolitana, Caracas.

El Doctorado, del cual me falta la tesis, me dejó dos grandes temas en el tintero (uno en proyecto y el otro a medio escribir), los cuales he tenido que dejar en un compás de espera, mientras transcurre esta nueva etapa de adaptarme a un nuevo país, para vivir la aventura del inmigrante y lograr echar raíces para el futuro de mis hijos. Estos temas son por un lado el rol de José Gómez Sicreen la difusión internacional del arte venezolano a partir de 1948 y hasta alrededor de 1970 (aún no logro delimitar a gusto el marco temporal, es algo en proceso), y por el otro los eventos en torno a las estatuas ecuestres de Simón Bolívar y Antonio Guzmán Blanco (1872-1889). El interés por estos temas surgió de dos seminarios distintos, por ello la disparidad en las fechas y los temas. Pero ambos tienen que ver con obras de arte, su adquisición y proyección como reflejo del país, de lo que la sociedad venezolanaproyectaba en ellas. Ambos llevan entre las líneas sobre los grandes hombres, historias de pequeños hombres llevando a cabo grandes empresas. El tema de las estatuas ecuestres fue llevado al II Congreso Internacional sobre Escultura Virreinal (Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM) en Puebla, México, en octubre de 2010, y se sintetizó en un artículo “Héroes a caballo, mortales por tierra. Las estatuas ecuestres de Simón Bolívar y Antonio Guzmán Blanco”, en El Desafío de la Historia (Año 5, Revista 38). El estudio de José Gómez Sicre está aún en espera de su momento.


3.       ¿Cuándo y cómo nació su vocación como historiadora?

Desde niña me interesé por los procesos de largo aliento: empecé por la geología (amaba leer sobre volcanes, edades geológicas, y coleccionaba fósiles), luego los dinosaurios, las pirámides. Soñé con ser egiptóloga, luego arqueóloga. Nunca pensé en ser historiadora, para entonces, pensaba que la historia nutría todo aquello que me interesaba, y que partía siempre de los objetos, del patrimonio cultural. En segundo año de bachillerato tuve un buen profesor de Historia Universal (era bueno, aunque creo que sólo tres alumnos le hacíamos caso). Creo que entonces consideré la historia como una posibilidad. También me gustaba la biología. Por lo que con tumbos y desaciertos terminé en la Facultad de Medicina de la UCV, donde una de mis materias preferidas (una isla en medio de la ansiedad que me causaba esa carrera), fue casualmente Historia de la Medicina (una materia que mis compañeros médicos de vocación, veían con fastidio). Abandoné esta carrera a tiempo, y afortunadamente llegué a la Escuela de Museología, donde pude reencontrarme con los objetos que atesoran la memoria. Y entonces descubrí que todo objeto museológico tiene tras de sí innumerables documentos. Que las colecciones museológicas necesitan de la metodología del historiador. Pensé hacer un postgrado en historia, pero me preocupaba mi pésima memoria y una tendencia que tengo a invertir el orden de los números (por ejemplo, cambiar las fechas mientras hablo, lo cual es sencillamente, grave para un historiador). Entonces mi profesor de historia en pregrado, William Parra me dijo: “los documentos son los que te garantizan la precisión en tu trabajo, no necesariamente tu memoria. Lo que hace poderosa una investigación es el manejo creativo que tengas de tus fuentes. Te aferras a los documentos, confirmas antes de escribir o exponer la información. La haces tuya y la interpretas. Hacer memoria no necesariamente significa tener una gran memoria”. Esa reflexión me liberó y salí corriendo a inscribirme en el postgrado de Historia de las Américas de la UCAB.

4.       ¿Qué lectura, película-serie, o persona fortaleció dicha
vocación? ¿Cuál es su historiador preferido y por qué? ¿Qué libro de
Historia recomienda y por qué?

Mi formación como historiadora fue bastante accidentada y poco convencional. Por mis manos pasaron libros que nunca utilicé (no hablemos de textos como la Anatomía de Rouviere o la Fisiología de Guyton), libros de museología  pura,  autores de historia del arte como E.H. Gombrich o Erwin Panofsky. Hay muchos libros que me faltan por leer, y tal vez no me alcance la vida para ello. 


Panofsky y su análisis iconográfico e iconológico siempre me fascinó. Tal vez porque es una manera muy concreta y estructurada de aproximarse a los objetos museológicos. Es, en cierto modo, una manera de diseccionar el objeto y sus documentos. ¿Tal vez esta afinidad un legado de mi paso por el Instituto Anatómico de la UCV? Quién sabe.


“El Museo Desaparecido”, de Héctor Feliciano, al igual que “Monuments Men” de Robert E. Edsel. Son dos libros que he leído con emoción. La Historia de la Fealdad, de Umberto Eco, una manera de acercarse a la historia del arte desde el ángulo más interesante, a mi manera de ver. Me encantó la serie de History Channel “Los hombres que construyeron América”. 


5.       ¿Cómo fue su experiencia en el pre y/o postgrado de historia?

El pregrado en la Escuela de Museología e Historia del Arte, fue un período para reencontrarme, luego de mi etapa de extravío en la Escuela de Medicina. Para armar un rompecabezas y entender hacia dónde iba. Pude haber optado por las áreas más técnicas de la museología y en ese caso alejarme de la historia, pero no fue así. Afortunadamente desde un principio entendí que el área de investigación era lo que me llamaba, y traté de tomar la mayor cantidad de pasantías en departamentos de investigación de museos. La profesora Lola Lli Albert me ayudó a entender que si desarrollaba una metodología clara de investigación, el resto era solo corazón y esfuerzo. El profesor Armando Gagliardi me ayudó a entender el museo como fuente primaria, y me dio una materia que fue seminal: Historia del Coleccionismo. Hice tres semestres de pasantías trabajando para el Diccionario Biográfico de la Galería de Arte Nacional, bajo la tutela de Alejandro Salas y Esmeralda Niño. Considero que esa fue una de mis principales experiencias formativas en el pregrado para llegar a ser la investigadora que soy actualmente: aprendí a hacer con emoción lo que muchos investigadores de los museos evaden: biografías y cronologías. Encontré el gusto en enterrarme en carpetas de prensa, en archivos administrativos, en buscar (¡y encontrar!) fechas de nacimiento que algunos artistas vivos no me quisieron revelar, por coquetería. Cuanto lamento haber difundido sus secretos. Descubrí la emoción que brinda encontrar un dato, una fecha, un nombre. No me imaginaba que una pieza de información podía hacerme la vida más feliz durante, al menos, una semana. 


En el postgrado tuve la ocasión de recibir clase con excelentes historiadores. Es realmente una fortuna asistir a una clase de Elias Pino Iturrieta, Manuel Donis,  Lucía Raynero, José Ángel Rodríguez, Rafael Strauss, Oscar Abdala o Demetrio Boersner. Cada uno me brindó algo de su visión de la historia, de su manera de aproximarse a ella. De su pasión por generar preguntas nuevas ante cada hallazgo. Con ellos entendí que la historia es un hilo que vamos siguiendo, al tiempo que tejemos un discurso. Al profesor Pino Iturrieta mi eterno agradecimiento por haber sido un tutor que me planteó nuevos retos en cada reunión. Cuando empecé a trabajar la tesis con él, tenía muchas inseguridades: fundamentalmente, yo sentía que mi formación tenía “fallas de origen” (no era historiadora de la UCV, era un bicho raro, una “museóloga”). El profesor Pino Iturrieta me ayudó a sacar lo mejor de mí y, gracias a que me trató con un respeto infinito, aprendí a valorar mi formación como museóloga. A lo largo de mi tesis entendí que la museóloga que había en mí, con una metodología de investigación (adquirida en pregrado gracias a Lola Lli Albert) tenía mucho que ofrecerle a la investigación histórica.

6.       ¿Cuál fue su primer escrito como historiadora o cuál fue el
que más le gustó? ¿A quién se lo dedicó?

Mi único libro, hasta ahora. De la Colección a la Nación. Aventuras de los Intelectuales en los Museos de Caracas (1874-1940). Colección Periodismo y Memoria. Fundación Polar, Caracas, 2007. 

Se lo dediqué, por supuesto, a mi esposo y mis dos hijos: “A Fernando, por su apoyo y el amor compartido; a Enrique Arturo por su estímulo (diverso y ruidoso) y a David por su dulzura y placidez. Ellos me acompañaron durante esta investigación”. 

(Concluye mañana)

sábado, marzo 21, 2015

Breve entrevista una novel historiadora venezolana (2): María Magdalena Ziegler (y 2º parte)

(Segunda parte, la primera puede leerla acá). 
 
La imagen fue tomada del ucabista.com



10.       ¿Cómo sobrevive siendo historiador? 

Si se refiere al aspecto económico, pues a menos que escriba un libro que se venda al estilo Dan Brown, no creo que la Historia sea un oficio del cual se pueda vivir (al menos no en Venezuela). Vivo (si es que eso se llama vivir) de la docencia, de mi dedicación a los estudiantes y los proyectos universitarios. 

Si se refiere a la condición de ser historiador, pues no se sobrevive, se vive feliz. Al menos es mi caso. 

11.       ¿Para qué sirve la historia? 

Pues eso ya lo dijo Robin Collingwood hace años y nadie lo ha dicho mejor hasta ahora, que yo sepa. Así que me robo sus palabras aquí: 

“La historia es para el autoconocimiento humano. Conocerse a uno mismo significa, en primer lugar, lo que es ser una persona. En segundo lugar, lo que es ser el tipo de persona que uno es y, en tercer lugar, saber lo que es ser la persona que eres y nadie más. Conocerse a sí mismo implica saber lo que puedes hacer y como nadie sabe lo que puede hacer hasta que lo intenta, la única pista para saber lo que el hombre puede hacer es lo que el hombre ha hecho. El valor de la historia es, pues, que ésta nos enseña lo que el hombre ha hecho y, por ende, lo que el hombre es.”

12.       ¿Tiene futuro la historia en general y en Venezuela? 

Alguien me preguntó una vez qué sentido tenía hacer historia del arte. La pregunta me pareció entonces bastante necia, pero la contesté de todos modos. Dije: “Sé que me lo preguntas porque para ti la Historia (a secas) no tiene sentido ni razón. Pues te diré que si asumiéramos que la Historia (a secas) es una torta, entonces la Historia del arte sería la cubierta de crema de esa torta, el relleno de almendras y las frutas que la decoran. Sin todo eso, esa torta sería absolutamente sosa.” Mi respuesta sólo causo risa. Pero estoy segura que no se comprendió el sentido. 

¡La Historia y la Historia del arte tienen tanto futuro que mire Ud. todo ese pasado que crece cada día con el que tenemos que trabajar los historiadores!

13.       ¿Qué piensa su familia de su condición de historiador?

Pues no piensan en mí como historiadora, creo yo. Sino como docente y eso me complace mucho. No porque me avergüence la condición de historiadora, sino porque la condición de docente enaltece muchísimo en un país en el que la Educación es la Cenicienta de todas las cenicientas. 

14.       Además de la Historia, ¿tiene otros gustos, placeres o vicios?

La tecnología y los viajes. Dos cosas que lamentablemente son hoy prohibitivas en Venezuela. Espero poder retomarlas en el futuro, cuando mi salario vuelva a ser decente al cambio en moneda extranjera. 

15.       ¿El historiador debe leer literatura? ¿Qué otras disciplinas debería conocer el historiador?

Un historiador debe leer de todo. Yo acabo de enterrarme en unos libros de Geometría para mi tesis doctoral. Estudié Teología porque la Historia me llevó allí. He leído estudios en Sociología, Filosofía, Química, Derecho, etc., porque mis investigaciones históricas me lo han exigido y lo he hecho con gusto. Leer literatura también es necesario... ¡No sabe Ud. cuánto he aprendido de la gravísima crisis cultural de finales del siglo XVI en Europa leyendo a Shakespeare, por ejemplo!

16.       ¿Es posible escribir historia del presente?

Creo que no hay una respuesta correcta para esa pregunta. Se escribe historia en el presente y desde el presente. Ambas cosas inevitables. Escribir historia del presente requiere de circunstancias que el presente no brinda. Pero se puede intentar y a nadie hay que crucificar por hacerlo. 

17.       ¿Vivimos momentos históricos en Venezuela? ¿Qué piensa de nuestro presente? ¿Por qué la crisis actual?

Momentos históricos se viven todo el tiempo, en todo momento. Todo tiempo es tiempo de crisis. Algunas crisis son más espectaculares o estridentes que otras, ciertamente, pero en crisis estamos siempre. Por ello todos los momentos son históricos. 

El presente venezolano son días tristes. El momento ha arrojado nuevas luces sobre el pasado y eso es importante, pero si obviamos lo que decía Collingwood sobre la función de la historia, serán días de tristeza prolongada. Si se sigue insistiendo en que esto se resolverá para bien porque el pueblo venezolano tiene la república en su ADN, porque la democracia está en nuestro código genético, se estará haciendo un flaco favor al futuro. Esas son pamplinadas, nadie tiene escrita la palabra democracia en su ADN. Se aprende a ser ciudadano, no se nace siéndolo. La pregunta crítica es: ¿Hemos sido capaces los venezolanos de ser ciudadanos, de entender y ejercer lo que es la ciudadanía? Para eso está la historia, para responder esa pregunta. Y de esa respuesta habrá que repensar el presente, en términos del potencial que encierra para el futuro. 

Lo que se ha hecho hasta ahora es apelar al pasado por combustible para el motor del presente, lo que es un gran error. ¡Basta de Bolívar, basta del procerato militar! Cuando en este país vea a Arturo Michelena o Jesús Soto en un billete, podré decir que estamos haciendo la tarea pendiente. 

18. ¿En qué proyectos sobre historia está ahora?

Por lo pronto quiero retomar mis investigaciones alrededor del arte religioso cristiano y espero finalizar el año con logros concretos. 

19. ¿Qué haría con la enseñanza de la historia si fuera ministra de educación?

Daría los pasos necesarios para que la historia local y regional sea parte del curriculum, sobre todo en primaria. Cada localidad, cada región debe interesarse por su propia historia. No sólo las llamadas historia nacional y universal son importantes. Si no sabemos quiénes hemos sido, no podremos saber quiénes somos, y no sabremos quienes podremos llegar a ser. 

Por otro lado, la historia del arte sería parte fundamental desde los primeros grados. Pero no la historia del arte vista como cronología, como sucesión de nombres y obras, sino como la historia de la capacidad humana de crear. Si no sabemos qué hemos sido capaces de crear, tampoco podremos saber qué podríamos llegar a crear. Si hay creatividad en las pinturas de las Cuevas de Altamira, también la hay en las de la Capilla Sixtina, pero es que también la primera iMac es una obra maestra de creatividad. La creatividad hay que estimularla y a los niños hay que permitirles explayarla.  

20.       Recomiéndeme más de 2 historiadores jóvenes que deberíamos entrevistar.

María Elena Del Valle y Milagros González. 

21.       Ahora invente una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

Pregunta: Mencione un artista por cada dedo de su mano derecha.

Respuesta: Miguel Ángel, Gian Lorenzo Bernini, William Turner, Franz Marc y Claes Oldenburg.

22.       ¿Qué otras preguntas deberíamos hacer en esta entrevista? ¿Cuáles consideran que deberían eliminarse o modificarse?

No modificaría ninguna, pero agregaría alguna inquisición sobre las redes sociales del entrevistado.

23.       Puede hacerle una pregunta al entrevistador

¿Me disculpará por haber respondido largamente algunas preguntas?

Respuesta de Profeballa: Nada que disculpar. Estoy encantado por su generosidad al responder.
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