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sábado, marzo 12, 2022

Semblanza de María Mercedes Vicci de Montiel (1921-2022): una maestra venezolana ejemplar

El día de hoy (12 de marzo de 2022) falleció mi tía Mercedes ¡tenía 100 años! Celebramos su larga, próspera y generosa vida dejándoles la semblanza que le escribí el 19 octubre de 2021. 

El centenario de vida de una maestra ejemplar

Semblanza de mi tía abuela María Mercedes Vicci de Montiel

Carlos Balladares Castillo

La frase: “Larga vida y prosperidad”, acompañado de la mano derecha extendida pero con los cuatro dedos del índice al meñique separados en una forma de “V”; es el famoso saludo vulcano que todos conocemos gracias a el doctor Spock (personaje fundamental de la serie de TV: Star Trek). Para los que también lo hemos incorporado a nuestras vidas como una especie de mantra y cada vez que lo decimos suspiramos por este sueño, nos llena de esperanza que un familiar: mi querida tía abuela Mercedes Vicci lo haya logrado, al cumplir el día de hoy (19 de octubre) un siglo de vida con “su cabeza perfecta”. Desde esta sencilla semblanza deseo rendirle un merecido homenaje y dar gracias a Dios por su vida. Pero también a ella por el ejemplo y cariño que nos ha brindado a todos sus familiares, en especial a sus hijos, sobrinos, nietos ¡y bisnietos!

Mi “tía Mercedes”, tal como me enseñó a llamarla mi madre desde muy pequeño, siempre la veía en las reuniones familiares que se realizaban con gran frecuencia en casa de mi abuela materna “Mamaca” en El Paraíso. Ella iba solo con sus hijos (Fanny, Luis y Blanquita) y con sus nietos, porque ya había enviudado. Sus nietos fueron los que yo llamaba primos, aunque la verdad es que eran mis primos “terceros” (si es que eso existe) porque estaban relativamente cercanos en edad. En esa casa se reunía la gran familia de los hermanos, cuñados, tíos y primos de mi madre. Mi tía Mercedes es la segunda hija de cinco hermanos después de tío Juan, mi abuela Blanca que es la tercera y posteriormente venían tío “Carlucho” (del cual proviene mi nombre) y tía Flor .

Solo mi tía es la que mantiene el testimonio de aquella Venezuela de los tiempos gomecistas (1908-1935), en la que el gobernador del estado Lara: Eustoquio Gómez, le confisca el negocio a su padre (Juan Jacinto Vicci Oropeza) y éste al verse sin nada para mantener a tan numerosa familia se llena de angustia y sufre un infarto. Ella era una adolescente de 13 años que tuvo que ayudar a su madre (María Oberto) con el cuidado de tantos hermanos (en especial la más pequeña: Flor) en medio de grandes carencias, aunque a los dos años tuvieron el apoyo del Estado gracias a que el nuevo Presidente: el general Eleazar López Contreras, resarciría el daño dándoles un monto de dinero con el que se pudieron comprar una casa pequeña en la carrera 19 entre calles 28 y 29 de su querida ciudad: Barquisimeto.

Más adelante, cuando se casa y se traslada a Caracas, estudió para ser maestra normalista y se puso a trabajar de inmediato. Dicta clases y tiene cargos directivos en varias Escuelas como la “Francisco Pimentel”. Durante diez años será la  subdirectora de la Escuela Experimental “República del Ecuador”. Ejerce una labor importante como multiplicadora de la “Matemática moderna” para el sistema educativo Básico a lo largo del país. Sus últimos años de trabajo en la educación pública estará en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL). El Presidente Luis Herrera Campins la condecorará con la Orden “27 de junio” en primer grado por sus 30 años de docencia.

Mi tía Mercedes siempre ha sido una maestra en todo el sentido de la palabra. Fuerte de carácter, transpira firmeza y disciplina. Es el perfecto ejemplo de esa buena semilla que sembraron las Escuelas Normalistas en nuestro país, y que junto a otros factores han permitido que la Patria no termine de colapsar en medio de tanto mal. ¡Cómo me gustaría conocer las historias de su labor pedagógica! (sabemos que nos darán para una segunda parte). Su gran legado en este siglo de existencia, es que la educación entendida como permanente disposición a aprender es el mejor medio que existe para lograr la superación personal. Nunca dejó de prepararse, de mejorar en su noble vocación como maestra. Y todo esto lo transmitía de modo generoso.

No voy a negar que en mi niñez su estricta personalidad me atemorizaba un poco. Y más de una vez salí corriendo ante sus regaños, porque no manteníamos el orden debido o tomábamos cosas sin permiso. En esos tiempos recuerdo muy bien una época en la que fuimos en varias ocasiones al pueblo de Chichiriviche (estado Falcón) varios miembros de la familia. Una vez en la carretera tuvimos un fuerte accidente contra un camión y ella manejaba. Pudimos habernos matado, así lo pensamos todos los que lo vivimos. Nunca olvidaré que cuando nos bajamos del carro ella tenía la cara ensangrentada y nada de eso la hizo ponerse nerviosa. Con firmeza ordenó todo y a las horas, ya curada, iniciamos nuestras vacaciones de playa. Era y es fuerte y valiente.

En mi juventud creo que mi tía se dio cuenta que me había convertido en alguien serio e incluso estudioso, y dejó de tratarme con esa disciplina que me atemorizaba. Desde ese momento me demostró un cariño especial, el cual de mi parte ha sido mutuo. Y cuando fui conociendo toda su vida de esfuerzos y superación de dificultades, mi admiración por ella no ha dejado de crecer. Como buena maestra, me cuenta mi madre que muchas veces la vio llegar a la casa de un fuerte día de trabajo y salir a dictar clases en la tarde-noche. E incluso ha apoyado siempre a su hija Fanny Montiel a llevar la Academia de Ballet que como bailarina profesional fundó en 1967.

Desde principios de los noventa la casa donde vive mi tía Mercedes se convirtió en ese lugar de encuentro de la familia. Un lugar acogedor con una vista hermosísima de Caracas y en especial de su montaña: el Ávila. Para mí es motivo de alegría que desde que falleciera mi abuela materna, mi tía abuela como la última de los hermanos Vicci Oberto fuera el permanente recordatorio de mis antepasados. De todo lo bueno que ellos me han legado. ¡Feliz centenario querida tía Mercedes y gracias por tanto!

lunes, febrero 29, 2016

¿Existe una receta para ser un genio? Recordando las ideas de Luis Alberto Machado (1932-2016)



Autor: Carlos Balladares Castillo

Luis Alberto Machado (1932-2016) creia que todos podemos ser genios

Toda vida prospera y larga es motivo para celebrar. Esa debe ser la actitud a pesar de la natural tristeza por la partida de nuestros seres queridos ya mayores. En el caso de don Luis sus logros son evidentes, aunque seguramente no lo sean para sus coterráneos. Acá en su tierra fue motivo de burla, como todos los sensatos que nos han tratado de mostrar el camino del desarrollo y la vida plena. Pero algunos tuvimos la suerte de conocerlo, y aunque tarde creemos aprender sus lecciones, siempre le estaremos inmensamente agradecidos. Sirva este breve y modesto escrito como un pequeño homenaje, acompañado de mis sinceras condolencias a sus familiares y amigos. 

En la década de los noventa asistí a varios cursos en el Centro Demócrata Cristiano IFEDEC (hoy Centro de Políticas Públicas IFEDEC) y trabajé unos pocos años en su dirección de investigaciones en la cual estaba a cargo el doctor Jesús Marrero Carpio (QEPD). Fue allí, específicamente en lo que es hoy el auditorio principal de la Universidad Monteávila, que don Luis nos dio varias charlas. La primera impresión que tuve, y la cual siempre he admirado, fue su sencillez y alegría. En sus palabras siempre se reflejaba su animada piedad cristiana, tanto que una vez nos dijo que éramos teófagos y antropófagos al comulgar. Nunca se molestaba ante las preguntas e incluso críticas que le hacíamos. Siempre estaba dispuesto a dialogar sin dejar de creer en su principal convicción en lo que respecta al aprendizaje: “¡todos podemos ser genios! Porque esto es algo que se aprende y no algo con lo que se nace”, palabras más palabras menos. Nosotros no lo creíamos y por ello lo “bombardeábamos” de preguntas y ejemplos en contra de su principio fundamental. 

Don Luis una y otra vez nos explicaba que era posible lograr cualquier meta que nos propusiéramos, siempre y cuando siguiéramos un método. Dicho método consiste en ser siempre constantes: todos los días ¡pero todos! debemos dedicarnos a nuestra vocación, al cultivo de nuestros sueños. Después debemos aprender los procesos mentales relativos al fin u objetivo que quisiéramos lograr (hacer las cosas bien e ir mejorando todos los días). Nos decía que todos podemos construir un 747 si tenemos el manual para hacerlo. Si por ejemplo; queremos ser artistas, científicos, políticos o deportistas; tenemos que conocer las actividades que realizaron los mejores en estos ámbitos y seguir sus pasos. Si una persona, nos decía, se encarga de estudiar los procedimientos para resolver problemas y no tanto sumar conocimientos; ese individuo llegará a ser un genio. 

En algunas ocasiones lo visité, y lamento no haberme tomado una foto o que me dedicara su libro, pero tengo la alegría de confirmar muchas de sus ideas. Es muy sencillo: “99% de transpiración (trabajo) y 1% de inspiración (talento)” (Edison y Einstein), siendo ese 1% la capacidad que tengamos de relacionar ideas. Cuando trabajamos y trabajamos, pensamos y pensamos en un mismo problema, es increíble como esas relaciones empiezan a surgir. No niego que siempre me quedará la duda y el temor ante ella, no tengo la convicción de nuestro recordado Luis Alberto Machado: ¿Y si nos esforzamos y no aparece el genio? Él nos diría: es que no examinamos realmente todas las relaciones posibles, no nos esforzamos lo suficiente, no tenemos la fe operante que nos convence que somos imagen de Dios. Gracias don Luis por confiar en los venezolanos, confiar en que tenemos derecho a ser inteligentes; y no estar condenados siempre a la minoridad de edad, y por tanto ser tutelados por el Estado o los “grandes hombres”. 

@profeballa

viernes, noviembre 20, 2015

Fallece el doctor Luis Manuel Carbonell Parra, pionero de la ciencia en Venezuela



Artículo de Gioconda San Blas tomado de su blog y facilitado por el buen amigo e historiador Tomás Straka.

In memoriam - Luis Manuel Carbonell (1924-2015)
El IVIC, la ciencia en Venezuela, el país pierden un baluarte con la desaparición física de Luis Manuel Carbonell.
Imágenes en blanco y negro: Archivo fotográfico del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Esta foto, ca. 1975



IN MEMORIAM


Dr. LUIS MANUEL CARBONELL


29/12/1924 - 19/11/2015


 Se ha ido Luis Manuel Carbonell Parra, uno de los pocos pioneros de la ciencia en Venezuela que todavía quedaban para dar testimonio de una era que iniciada en 1958, a la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, dio a lo largo de 40 años enormes frutos en la actividad científica del país.

 Resumir en pocas líneas la vida académica de Luis Carbonell es una meta laboriosa de alcanzar si nuestro propósito es desmenuzar su Curriculum Vitae. En realidad, lo que intentamos es dibujar algunos bocetos de su personalidad y trayectoria, que permitan conocer su hoja de vida para recuerdo de quienes compartimos algunas de sus andanzas, así como para conocimiento de las nuevas generaciones y memoria histórica de la ciencia en Venezuela.

 El Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), ya con 56 años de vida, es -mejor dicho, fue en su primer medio siglo- en buena parte el producto de la visión de aquellos pioneros, Luis Carbonell entre ellos, que con ánimo sin límites apostaron en 1958, a la caída de la dictadura, por la modernización del país, por la elevación cultural y científica de una Venezuela atrasada, por un progreso basado en principios democráticos de acción política.

 Natural de Caracas y graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV) de Médico Cirujano en 1948, con especializaciones en Patología e Histoquímica en destacadas universidades de los Estados Unidos, Carbonell regresa al país para encargarse de la cátedra de Anatomía Patológica de la UCV, incorporándose luego como investigador al Instituto de Investigaciones Médicas Luis Roche, bajo la dirección de Marcel Roche.

 Antes de embarcarse en esa empresa intelectual científica, Carbonell se había involucrado en una aventura de deportes extremos, por así llamarla. Corría el año 1950 cuando se sumó como médico a la expedición oficial que encontraría las fuentes del río Orinoco, cuyas coordenadas eran necesarias para delimitar la frontera entre Venezuela y Brasil, según los tratados de Tordesillas y San Ildefonso. De manera que establecer el punto geográfico preciso de ese origen era materia de soberanía nacional. La expedición llegó a las fuentes del Orinoco el 27 de noviembre de 1951, luego de una travesía narrada por su esposa Julieta Salas de Carbonell en “El misterio de las fuentes” (Ed. Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, 2013; ver reseña). Con él se va el último sobreviviente de esa expedición.



En 1958 Carbonell formó parte de la Comisión Científica Asesora nombrada por el Ministro de Sanidad para evaluar al Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC) y luego, al transformarse éste en IVIC (Gaceta Oficial No. 25.883; 09/02/1959), entró a formar parte de la plantilla de investigadores, convirtiéndose en el primero en publicar un trabajo en una revista científica internacional de prestigio, con la etiqueta del recién nacido IVIC, texto que versó sobre un parásito intestinal endémico en nuestras tierras (Carbonell LM, Apitz RJ. Histochemical study of a pigment in the digestive tube of Ascaris lumbricoides. Exp Parasitol. 1959 Dec; 8: 591-5).


En el IVIC creó el Departamento de Patología Experimental, el cual por fusión con el Departamento de Virología originó posteriormente el Centro de Microbiología y Biología Celular (CMBC) y dentro de éste, el Laboratorio de Micología, donde compartí con él y con mi esposo Felipe San Blas la investigación científica sobre hongos patógenos para humanos, propios de Venezuela y América Latina, elaborados con criterios universales de excelencia.
  
    Personal del Departamento de Patología Experimental, IVIC, ca. 1964


Sus trabajos científicos se concentraron en aspectos ultraestructurales de las patologías fúngicas, contando para ello con el apoyo de un grupo importante de colaboradores de la más alta calidad, con los que siempre se supo rodear para formar equipos que dejaron una profunda marca en el devenir del CMBC. Sus aportes le rindieron el reconocimiento de sus pares locales y extranjeros.

Luis Carbonell con Tamotsu Imaeda (sentado) y Benito Galindo (ca. 1970)

  Paralelamente a su labor investigativa, Carbonell tuvo siempre una personalidad inquieta en lo organizativo. Al incorporarse al IVIC como investigador, también lo hizo sucesivamente como Decano de Estudios, Subdirector y finalmente Director desde 1974 hasta 1981, dedicando buena parte de sus esfuerzos a la consolidación y crecimiento de la naciente institución, bajo los criterios de calidad que privan en las mejores instituciones de investigación a nivel internacional. De manera que lo que el IVIC fue durante varias décadas, ese instituto de alta factura, reconocido como uno de los mejores en América Latina en investigación científica de nivel internacional, orgullo de la nación, se debió en buena parte a ese grupo pionero y visionario, del cual Carbonell formó parte.

Luis Carbonell con Rómulo Betancourt, Presidente Constitucional de la República de 
Venezuela (1959-1964) y su esposa, Carmen Valverde de Betancourt

 Luis Carbonell con Arnoldo Gabaldón (izq.), Ministro de Sanidad 
en tiempos de la presidencia de Betancourt

Luis Carbonell con Raúl Leoni, Presidente Constitucional de la República de Venezuela (1964-1969) 


            La jubilación en 1981 no significó para Carbonell un pase a retiro. Por el contrario, en búsqueda de nuevas metas, se involucró en actividades políticas relacionadas con lo científico y tecnológico, convirtiéndose en Ministro (sin cartera) de Ciencia y Tecnología en 1984, a lo cual siguió la cartera de Ministro de Educación el año siguiente. Entre muchas otras actividades que sería largo detallar, también dedicó grandes esfuerzos a laAcademia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Caracas) donde ocupó el Sillón XXX y de la cual fue su Presidente en el período 2003-2005, así como a la Fundación para el Desarrollo de las Ciencias (FUDECI), de esa misma Academia, la cual presidió desde 1995 hasta 2003. Esta labor en FUDECI ha sido particularmente valiosa, por cuanto dicha fundación está dedicada a la conservación del ambiente, generando información científica, innovando y transfiriendo tecnología con el fin de mejorar la calidad de vida de la sociedad conservando la biodiversidad.

Entre diversas distinciones, fue condecorado con la Orden del Libertador, en el Grado de Caballero (1953) y Banda de Honor (1985); Orden de Andrés Bello, Clase Corbata (1968) y Banda de Honor (1985); Orden Francisco de Miranda, Banda de Honor y Segunda Clase y la Medalla de Instrucción Pública "Orden 27 de Junio", del Ministerio de Educación (1966).

 En 2009 el personal científico del CMBC del IVIC decidió dar el nombre de Luis Manuel Carbonell a su Auditorio, en un acto de reconocimiento a la trayectoria que él había desplegado no sólo dentro del IVIC sino, como ya vimos, en afán de servir a la nación en el fortalecimiento de un sistema de ciencia, tecnología e innovación (CTI) que pudiese acercar a Venezuela a países más desarrollados, convencido como estaba de que CTI son elementos fundamentales en el progreso de las naciones. No deja de llamar la atención que un legítimo acto de reconocimiento como éste viniese cargado con la mezquindad de alguna autoridad de paso, de alguna medianía que pretendió impedirlo. Que los investigadores del CMBC nos enfrentáramos a ese despropósito da cuenta de la conciencia que teníamos de la valía de Luis Carbonell para que su nombre quedara grabado en aquella placa de reconocimiento institucional.

Luis Carbonell con Gustavo Niño Vega, entonces Jefe del CMBC, 15/10/2009
Fotos: Enrique González, Unidad de Fotografía Científica, IVIC.

Luis Carbonell con Gustavo Niño Vega y mi persona

 A lo largo de sus casi 91 años, Carbonell conservó siempre una energía y un espíritu jovial que ya quisieran para sí muchos jóvenes. Algo digno de mención fue su amplitud para aceptar opiniones adversas a sus posiciones político-institucionales, sin que ello afectase la amistad, el respeto, el buen entendimiento y la decencia que deben privar en los manejos institucionales. Doy fe de ello, por las diversas oportunidades de disenso que él y yo tuvimos a lo largo de nuestra dilatada relación profesional, un vínculo que con el paso del tiempo se convirtió en amistad entre familias.

 El IVIC, la ciencia en Venezuela, el país pierden un baluarte con la desaparición física de Luis Manuel Carbonell. En lo que a mí concierne, también pierdo ese amigo que no tuvo reparos en cambiar los arreglos que él como Jefe del Departamento de Patología Experimental adelantaba conmigo en el lejano 1969 para matricularme en el norte a hacer mi doctorado, al enterarse de que el amor se me había cruzado en el laboratorio en la figura de Felipe, ido a Escocia para cursar estudios doctorales y hasta allá quería yo seguirlo; el amigo que al nacer mi primogénito fue el primero en ser informado de la condición que traía el neonato, porque él estaba junto a mi esposo en la sala de espera y el obstetra lo reconoció como antiguo compañero de estudios; el colega y amigo que no dudó en postularme sucesivamente como candidata a Miembro Correspondiente eIndividuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales y años después, posponer una delicada operación del corazón para darse tiempo a contestar mi discurso de incorporación como Individuo de Número de dicha Corporación.

 A ese amigo lo extrañaré, mientras comparto la tristeza de su partida con su esposa Julieta (Juli) Salas de Carbonell y su familia. A ese investigador y político de la ciencia lo extrañaremos todos aquellos que creemos en la ciencia universal como motor de desarrollo nacional.

Gioconda Cunto de San Blas
Presidenta de la
Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales
Investigadora Emérita del IVIC
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