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miércoles, agosto 24, 2022

La Resistencia se organiza en la Segunda Guerra Mundial (I) . El caso de Alemania.

La Resistencia se organiza (I)

Carlos Balladares Castillo

Publicado el 22 de agosto de 2022

La principal actividad de los curas es socavar la política nacionalsocialista.

(…) Un día de estos llevaré este conflicto, que es tan antiguo como la propia historia de Alemania, a una conclusión abrupta y decisiva. ¡Haré sentir a estos malditos curas el poder del Estado de un modo que nunca hubieran soñado! De momento me dedico a vigilarlos, si tuviera la menor sospecha de que están volviéndose peligrosos, los fusilaría a todos (Adolf Hitler, Hitler's Table Talk, 07 de abril y 11 de agosto de 1942).

El 21 de agosto de 1942 el sacerdote católico Franz Reinisch, miembro del Movimiento Schoenstatt, fue ejecutado por negarse a realizar el juramento de obediencia a la persona de Adolf Hitler. Los católicos, pero también protestantes y ortodoxos, formaron parte de la resistencia alemana contra el régimen nazi. Al principio eran iniciativas individuales como las del padre Reinisch, pero poco a poco desarrollaron organizaciones de resistencia civil. Dos ejemplos son la Rosa Blanca (Weiße Rose), que nace en junio de ese año; y el Círculo Kreisau, que se reunía desde 1940 en la casa del conde Helmuth James von Moltke, planificando la Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial (SGM) y al Tercer Reich. Tres de los miembros del Círculo eran sacerdotes jesuitas (Augustin Rösch que era el provincial, Lothar Konig y Alfred Delp), pero también había protestantes, mujeres, entre otros. La principal causa de la oposición, tanto en Alemania como en la Europa ocupada, fue el rechazo al genocidio y a las diversas formas de esclavitud del Nuevo Orden. La conciencia había despertado ante el horror del mal.

Todos los años, en nuestro proyecto del 80 aniversario de la SGM, nos enfrentamos al reto de resumir en un solo artículo la resistencia, el espionaje y las actividades comandos durante el año que corresponda (ahora es 1942). Siempre nos quedaremos cortos, de modo que nos hemos dedicado más a la resistencia y en especial dentro de Alemania y Francia; pero en algún momento también nos referimos a otros pueblos, como fue el caso checoeslovaco al tratar el atentado al SS-Obergruppenführer Reinhard Heydrich el pasado mes de mayo. En la primera queremos resaltar, que junto a la tendencia autoritaria y militarista prusiana existía un republicanismo germano que amaba la libertad. El Círculo Kreisau, por ejemplo, planificaba la “otra Alemania”: una nación cristiana, democrática y federal. Y analizamos el caso francés por tener la hegemonía cinematográfica al relatar la lucha contra el ocupante. Por no hablar del fascinante conflicto interno entre los diversos grupos que querían liderizar la Resistencia. A dicho tema nos dedicaremos, Dios mediante, la última semana de octubre por tener íntima relación con el Frente del Norte de África y la “Operación Torch”.

La Rosa Blanca es bastante conocida, existen monumentos y se le han dado los nombres de sus principales miembros a calles y plazas en toda Alemania. El cine ha contribuido a su recuerdo con más de tres películas y varios documentales. De los filmes que conocemos todos son alemanes, el primero es Die Weiße Rose (1982) de Michael Verhoeven; que se dedica a narrar el desarrollo del movimiento desde sus inicios en junio de 1942 hasta su final el 22 de febrero de 1943, haciendo énfasis en los hermanos Scholl: Hans y Sophie, y aunque también aparecen los otros hermanos, se mantiene la tendencia a considerar que ellos fueron los líderes. El resto de los miembros aparecen con sus respectivas opiniones, en especial el debate en torno al carácter no violento de la resistencia. Sophie es la protagonista, no solo por los méritos que realmente tuvo sino porque hay una clara influencia del feminismo de los ochenta en esta representación. En lo que respecta a la fuerte espiritualidad cristiana de la mayoría de sus miembros; hecho notable en los panfletos, diarios y cartas; percibo que es tratado de manera muy superficial. Ese mismo año se hizo otra película (Percy Adlon: Fünf letzte Tage/ Los últimos cinco días) que no hemos visto, pero que trata de la perspectiva de la prisionera que acompaña a Sophie en la celda: la comunista Else Gebel.

La más reciente que se hizo para el cine fue titulada Sophie Scholl. Die letzten Tage (2005) y dirigida por Marc Rothemund; hay otras para la TV: desde la más antigua de 1971: Der pedell y la última en el 2013 junto a un documental en el centenario del natalicio en el 2021).  En la del 2005 aunque solo se narran los hechos que van desde el lanzamiento de panfletos en la Universidad de Munich el 18 de febrero de 1943, su captura, los largos interrogatorios de la Gestapo, el juicio el Presidente de la “Corte del Pueblo”: Roland Freisler y la ejecución de los tres primeros el 22 de febrero: Hans y Sophie Scholl, y Christoph Probst; se resalta la profunda piedad cristiana de los Scholl. Dicho factor es probado por las fuentes primarias y la historiografía, entre las cuales nos guiamos por el excelente texto del historiador José María García Pelegrín: La Rosa Blanca: los estudiantes que se alzaron contra Hitler (2006). Sophie al igual que sus hermanos eran luterana; pero en su ciudad (Ulm) como el resto del sur de Alemania la influencia católica era determinante, y muchos párrocos y obispos llevaban a cabo una sistemática oposición al nazismo que despertaba la admiración de todas las denominaciones cristianas.

En la casa de los Scholl desde la década de los treinta se reunían artistas y diversos intelectuales. Se leía a muchos escritores que el Tercer Reich prohibiría como Stefan Zweig, Thomas Mann, Erich Maria Remarque, entre otros. La influencia más importante la recibirán de Otto Aicher (después de la guerra será un famoso diseñador: un ejemplo es el logo de la Lufthansa) que era católico, un compañero de clases de Werner el menor de los hermanos. “Otl”, quien finalmente se casaría con Inge (la hermana mayor), les daría a conocer los grandes filósofos y padres de la Iglesia (leyeron Las confesiones de San Agustín). Werner fue asumiendo el catolicismo y todos en general quedaron fascinados con los autores franceses del personalismo cristiano como Jaques Maritain, Leon Bloy, Ettiene Gilson, etc. De los alemanes que seguían los pasos de los franceses estaban Carl Muth y Theodor Haecker. También leen al cardenal John Henry Newman (hoy beato) y otros conversos. El humanismo cristiano los llevaría al rechazo del mal que significaba el nazismo, y más aún cuando la naturaleza genocida del régimen fue comprobada con la participación en el Frente del Este en el verano del 42 de muchos de los miembros de la Rosa Blanca.

Las otras organizaciones de resistencia alemana como la que se agrupaba en torno al almirante Wilhelm Canaris (jefe de la Abwehr, el servicio de inteligencia militar) y la que llevará al complot del 20 de julio de 1944, serán analizados cuando nos acerquemos a su ochenta aniversario. Al mismo tiempo nos falta por explicar las diversas formas de resistencia en toda la Europa ocupada y también en Alemania, en los cuales muchos católicos o no participaron escondiendo o ayudando a huir a miles de judíos. Otro hecho que cumplió 80 años (el 22 de agosto) fue la declaración de guerra del Brasil al Eje, pero lo trataremos en octubre con la Batalla del Atlántico por estar íntimamente ligado a la misma.

Por último no podemos dejar de apoyar la denuncia de la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela (CAIV) realizada el 22 de agosto de 2022 en torno a las declaraciones negacionistas del Holocausto del empresario Esteban Trapiello, el domingo 21 de agosto pasado en el programa vía podcast “Par de Calvos” que conducen los periodistas Vladimir Villegas y Pedro Carvajalino. En el mismo declaró que Adolf Hitler “No terminó todo lo que quería hacer”, y al preguntarle si se refería al exterminio de los judíos y personas consideradas inferiores desde la perspectiva nazi, respondió: “no puedo creer ese cuento”. El estudio sistemático de la SGM y el totalitarismo que realizamos desde hace varios años, nos exige tomar posición ante toda expresión e ideología de odio que intente negar (o incluso apoyar) la mayor tragedia vivida por la humanidad.

 

jueves, agosto 06, 2020

Mi decálogo del buen escritor (y II)

 

Mi decálogo del buen escritor (y II)

Carlos Balladares Castillo

Al cumplirse el lunes pasado el 77 aniversario de la fundación de El Nacional, aprovecho para felicitar a todos aquellos que lo hacen posible en medio de tantas dificultades. Muy especialmente a mi querida y admirada Patricia Molina. Ustedes mantienen viva la esperanza de un país mejor. Y aprovecho para celebrar el tercer cumpleaños de esta columna de opinión de todos los miércoles “¡Gracias totales!”

Ahora concluimos nuestro decálogo comenzado hace quince días, que se ha inspirado en el aprendizaje con el magnífico taller para escritores “Corrección Perpétuum” del novelista Álvaro D’Marco. Taller que tiene varios niveles y que no dudamos en recomendarles. Nosotros comenzaremos pronto el segundo nivel. Si en la primera parte de estos consejos nos centramos en los principios generales (lo fundamental, las actitudes, el hábito, etc.), en esta segunda quiero dedicarme a la estructura del texto: ¿cómo escribir?

5) Escribe solo para ti y para el cuento (o el texto). Julio Cortazar, Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa son muy claros: no se escribe para lograr fama o lo que se le parezca (dinero, poder, etc.), sino para la realidad que son tus “fantasmas” o “demonios” y esa idea-tema-historia que sale de ti y que debes “expulsarla” de tu ser, y por tanto es un ente autónomo. Tan autónomo que toda su realidad gira en torno a él y ni siquiera uno como narrador pareciera poder controlarla ¡porque debes respetar dicha autonomía y “circularidad”! Escribir es crear un universo. Cuando escribas solo piensa en la existencia del cuento (o del artículo, ensayo o crónica) del cual tú eres un personaje más (o el único que lo puede explicar): el que quedó “vivo” para relatarlo y eso es lo que estás haciendo cuando escribes.  

6) Escribe con un plan desde el principio. Es un error empezar a escribir sin ninguna idea inicial y sin los pasos que debes dar para explicar esa idea. Algunos escritores recomiendan un plan detallado, otros como mínimo que puedas relatar la idea en un párrafo. Ese párrafo será tu guía y es muy recomendable, porque si eres incapaz de explicar lo que deseas escribir es mejor que te lo sigas pensando. J. J. Ramón Ribeyro dice que el lector debe poder contar tu historia. Ningún escritor que yo sepa recomienda comenzar en la nada. Es por ello que todo lo que se habla del escritor frente al “papel en blanco” son insensateces y nada más. Otra cosa es que la historia vaya cambiando a medida que la escribes. Nadie aconseja que el plan no pueda ser modificado porque lo normal es que esto ocurra.  Al planificar debemos tener en cuenta:

I. Todo texto escrito siempre debe ser un poco relato o cuento, en el sentido de tener el atractivo del momento fundacional de toda ficción. Nos referimos a cuando el primer ser humano en la Prehistoria se dirigió ante sus iguales y decidió relatar una historia. Es decir, al escribir (incluso artículos, ensayos, etc.) debemos pensar en la oralidad de lo que explicamos. Preguntarse: ¿esto que escribo será atractivo para el que lo leerá? ¿La palabras tienen una fluidez, un ritmo al escribirse una al lado de la otra? (es por ello que al terminar debemos leerlo en voz alta) ¿Contiene un equilibrio ideal entre ideas y ejemplos?

II. No olvides que todo plan debe cumplir de algún modo con el básico: introducción, desarrollo y conclusiones. En la ficción también se cumple aunque con estrategias distintas.

III. Todo escrito sea de ficción o no debe tener tres elementos, según el crítico literario Jorge Carrión aunque él solo lo establece para los artículos, pero yo he comprobado que todo clásico de cualquier género lo cumple. Decir algo de algo (no ser superficial), crear una imagen que impresione y escribir alguna frase memorable. En los textos largos esto se multiplica pero por lo menos la meta es una de cada una.

IV. En la ficción es fundamental que tu protagonista se transforme y este es el final que deberías tener muy claro antes de comenzar a escribir. Puede ser un pequeño cambio, no importa; pero lo que es un absurdo es que nada ocurra y que ese conflicto no afecte a alguno de los personajes, en especial el primero de ellos.

V. Al escribir especialmente ficción ten en cuenta las dos historias de las que habla Ricardo Piglia en “Tesis sobre el cuento”. Una de las historias es secreta y la otra es evidente. El arte está “en saber cifrar” la oculta en la evidente. “Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario.”

7) Escribe siguiendo estos dos pasos: primero con la pura inspiración,  segundo corrige con la razón. Algunos dicen: con el corazón y después con la cabeza. Recuerda aquella sencilla película titulada en castellano: Descubriendo a Forrester (Gus Van Sant, 2000) donde Sean Connery representa a un famoso escritor (Forrester) que es maestro de un adolescente muy inteligente (Jamal). La mejor escena es cuando le da la primera lección: lo sienta frente a una máquina de escribir y le dice: “escribe”, el muchacho le responde: “debo pensar antes”. De inmediato la corrección: “No, eso viene después”. Ernest Hemingway también hablaba de entrar en el ring y golpear las teclas ¡sin miedo y sin cabeza!

I. Lo primero, ya lo dijimos, es plasmar la idea del texto en un párrafo. Si no logras comenzar, lo segundo puede ser diseñar (perdonen la ofensa) los personajes. Esto es algo que hacía Irene Nemerowski con muchos detalles. Después el ambiente e incluso algunas escenas.

II. No dejes que las historias se duerman, debes escribir sin detenerte una vez que comenzaste. Todos los días sin descanso, aunque sea un poco pero un poco sustantivo. De lo contrario se pondrá “piche” (podrido). Los personajes ya no serán ellos mismos, ni el ambiente, ni la historia; porque tu memoria empezará a olvidarla y se desvanecerán sus bases.

III. Al escribir por la inspiración sin reprimirte y nunca buscando corregir, tendrás lo que Vargas Llosa (fue al primero al que se lo leí) llama “el magma”. Una obra en bruto que deberá ser corregida. Dicho magma no lo destruyas, sino que abre un nuevo documento con una copia (escribir en la computadora te lo permite) y comienzas a tachar y reconstruir. Acá se inicia realmente la tarea del escritor, antes solo “tipeaste” dicen algunos.

IV. Se corrige la gramática y la fluidez que has estado estudiando con tus cuadernos de notas que recomendé en el punto número 2. Leer en voz alta, ya lo dijimos. Si no hay fluidez, sino que las palabras se tropiezan y te confundes, debes reescribir.

V. Examinar el tono (la actitud emocional del narrador), el ritmo de la obra (la velocidad de las escenas y lo que se narra). Tienes que lograr que la materia dicte la forma (M. F. Palacios, Mario Vargas Llosa). Si es una aventura el lenguaje debe saber transmitirla y así con cada género. El uso del habla popular, del dialecto y estilo de cada personaje.

VI. El principio, el final, el título. Acá puedes perder todo el esfuerzo puesto en la escritura y más en estos tiempos que la gente por las redes sociales lee lo mínimo de las primeras palabras. En el comienzo debe estar el “gancho” que atrapa al lector. Le ofreces en pocas palabras todo lo que le mostrarás. Es recomendable una acción, una tensión. Revisa excelentes inicios como: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.  Todo está allí. Y la conclusión debe dejar cierta nostalgia con algo de aprendizaje: “(…) “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”. El título debe ser la mejor frase, por ejemplo observa el método que usó o le recomendaron al Gabo: este propuso al principio “La casa” pero era simplón, y ya saben cuál eligió al final.

VII. Muy importante al leernos debemos preguntarnos ¿me gusta realmente? J. J. Ramón Ribeyro señala que debemos lograr con la obra al menos uno de estos elementos: entretener, conmover, intrigar o sorprender. Si no logra ninguna su lugar es el cesto de la basura.

VIII. Deja descansar el texto corregido para después en la “distancia” del tiempo leerlo como “un extraño” de modo que puedas hacer una mejor corrección. Virginia Woolf salía a caminar después de la hora del te (4 pm en punto), después de haber pasado la mañana escribiendo.

8) Termina lo que comienzas. Por más que corrijas en algún momento debes decir: se acabó. Para muchos escritores esto es lo más importante a la hora de escribir, porque de nada te vale tener mil proyectos comenzados. San Josemaría Escrivá de Balaguer no le gustaba colocar “la primera piedra” de las obras sino la última; y esto es una gran verdad en todos los aspectos de la vida ¡y también en la escritura! Para lograr este objetivo deberás establecer una fecha de finalización tentativa una vez que comienzas y/o una cantidad de palabras o páginas. El maestro Stephen King habla del límite de 3 meses para tener un libro entre 200 y 300 páginas. Puedes pensar en las entregas semanales o diarias de las partes del texto. Pero siempre recuerda el famoso “The End” ¡Debes terminar lo comenzado!

9) Debes publicar o mostrar tu obra, es decir, la gente debe leerte. De lo contrario nunca sabrás si lo estás haciendo bien. Puedes cumplir todos los principios anteriores y cometer los mismos errores una y otra vez. Practicar nuestra arte con constancia todos los días está muy bien ¡siempre y cuando tengas personas que te corrijan y te digan que vas por buen camino! Es por ello que no solo te deben leer los conocidos. ¡Tienen que leerte los maestros! Asistir a talleres de escritura, tener círculos de lectores críticos y/o colegas. Todos ellos son ejemplos. Pero también puedes ser más ambicioso y que te revisen los editores y mandar tu obra a concursos y aspirar al libro.

10) La escritura al final trata sobre la búsqueda de la felicidad. Esto lo he leído en muchos decálogos y es la verdad, porque de lo contrario no me habría dedicado a escribir el mío. Si un día dejo de escribir me siento extraño. Es un vacío que se transforma en síndrome de abstinencia. Escribir es terapéutico Razón tenía Gustave Flaubert al afirmar: “escribir es una manera de vivir”. Nadie niega que es algo duro, en el sentido que muchas veces las frases que buscamos no salen. Las ideas, las emociones y esa historia que parece tener vida propia no se transforma en lenguaje. Entonces sufrimos; pero sabemos que trabajando, insistiendo, cometiendo errores y corrigiéndolos, pensando y “tecleando” una y otra vez; algún día tendremos lo que soñamos: ¡El libro!

domingo, septiembre 07, 2014

“El imperio del sol” (1984) de J. G. Ballard. Bibliocrónicas ()


La película de Steven Spielberg: El imperio del sol (1987) es una de mis favoritas, no solo por ser perfecta (guión, actuaciones, fotografía, etc.) sino porque siempre me sentí identificado con su personaje central (Jim) en lo que respecta a su pasión por los aviones de caza. Siempre quise leer el libro homónimo y en parte autobiográfico de J. G. Ballard en el cual se basó, pero pasaron los años y fue en estas vacaciones que pude cumplir ese deseo. La leí en la edición en español de Random House Mondadori, Barcelona: 2008.

Al leerlo fue inevitable hacer comparaciones y pensar en los personajes y situaciones tal cual las muestra la película. Son muchas las diferencias pero sin duda el guionista hizo un maravilloso trabajo, tanto que los cambios y adaptaciones que realiza en la historia original para mí quedaron muy bien. En ninguna parte de la novela se habla de la famosa canción de cuna china que Jim canta al principio y en uno de los momentos fundamentales de la película, fue una invención (creo) del guionista o del director que quedó perfecta. 



La novela es excesivamente larga, hubo momentos en que se me hizo pesada. La historia de la obra es sumamente realista y por tanto cruel, lo que la película no muestra en su totalidad y drama. Un buen ejemplo es la terrible situación al finalizar la guerra, donde la vida en general se convierte en un apocalipsis de gran salvajismo, los civiles padecen por los bandidos y saqueadores, y los prisioneros llegan a pensar que estaban mejor cuando eran vigilados por los japoneses. El protagonista-autor describe como se desata la guerra civil en China entre comunistas y nacionalistas apenas Estados Unidos vence al Japón.  

Me fascinaron los detalles sobre la naturaleza humana y las culturas. En especial el aprendizaje de Jim en la situación que había vivido desde 1941: “La verdad evidente sobre la guerra es que la gente era demasiado capaz de adaptarse a ella” (p. 216). Jim descubre el individualismo y buen humor estadounidense, a diferencia de la cultura británica a la cual estaba acostumbrado por ser su origen pero también por vivir en el “bloque” del campo de prisioneros donde predominaban sus compatriotas: “Los ingleses vivían en dormitorios comunes, pero cada marino estadounidense se había construido un pequeño cubículo con los materiales a que había podido echar mano (p. 223). Es por ello que él pensaba que “los estadounidenses eran la mejor compañía en el campo; menos extraños y desafiantes que los japoneses, pero muy superiores  a los malhumorados y complicados británicos” (p. 224).

“La abundancia de objetos eran reconfortante, aunque fueran inútiles, como la abundancia de palabras (…). El vocabulario de latín y los términos algebraicos también eran inútiles, pero ayudaban a construir un mundo” (p. 230). Sin duda Jim-Ballard construyó su mundo en la China de la Segunda Guerra, y aunque más nunca volvió a ella se cumple aquel principio que dice: nuestra verdadera patria es nuestra infancia (R. M Rilke, 1929, Cartas a un joven poeta).

Profeballa



Razón y sentido de las bibliocrónicas son fundamentalmente la redacción de mis experiencias bibliófilas, pero para una explicación más amplia de dicha crónica leer acá.

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