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viernes, julio 19, 2019

"Humboldt Visited Venezuela and Changed the History of Science Forever" por Rafael Arráiz Lucca


Humboldt Visited Venezuela and Changed the History of Science Forever
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July 16, 2019

Filled with a thirst for exploration and knowledge that would never be quenched during his long and extraordinary career, Berlin-born scientist Alexander von Humboldt always wanted to travel to the Tropic. He fulfilled his dream as an adult, in a Spanish colony that was about to set out on a violent process of change: the General Captaincy of Venezuela.
The trip Humboldt made in 1799 would change his life and the history of science, leaving a lasting mark in the country.
Humboldt and his expedition partner, the French botanist Aimé Bonpland, arrived in Cumaná, Eastern Venezuela, on July 16th, 1799, and they remained here until November 24th, 1800, when they sailed to Cuba. They stayed in the island for about three months and traveled to Cartagena, where they arrived in March 1801; then they went to Bogota and explored the Andes down to Quito, following to Cajamarca (Peru), eventually reaching Acapulco. In August, 1804, they returned to Europe and, in Paris, they started writing.
Five years of traveling through America were enough to collect abundant scientific material to write an essential book: “Personal Narrative of Travels to the Equinoctial Regions of America”
Five years of traveling through America were enough to collect abundant scientific material to write an essential book: “Personal Narrative of Travels to the Equinoctial Regions of America,” published between 1816 and 1831, in thirteen volumes.
Humboldt made the first known annotation about the effects of human action on the climate, by documenting the consequences of colonial agricultural practices in Lake Valencia. He started a theory of natural equivalents that would become the first global environmental philosophy, seeing the planet as a whole.
But his book is also a treasure for researchers on America, and Venezuela in particular. Humboldt’s main contributions reside in his records of flora, fauna, minerals, geography, soils, atmospheric phenomena and social observations.
In Venezuela, he went from Cumana, to Araya, Caripe, Cueva del Guácharo, Higuerote, La Guaira, Caracas (where he was received with honors by Captain General Manuel de Guevara y Vasconcelos), the Avila, the Tuy River valleys and the Aragua valleys, Antimano, La Victoria, Maracay, Guacara, Valencia, Las Trincheras, Puerto Cabello, Calabozo and San Fernando de Atabapo towards the Orinoco, up to San Carlos de Río Negro. Then, El Pao, Barcelona and back to Cumana, where he and Bonpland left for Cuba. They stayed in Venezuela for one year, four months and eight days.
Humboldt didn’t return to America, but his figure will always be great in Venezuela, among other things because of what he said about Caracas: “I think there’s a marked tendency to the profound study of sciences in Mexico and Santa Fe de Bogota; greater study of literature and as much as an ardent and active imagination can indulge in Quito and Lima; more understanding about the political relations of nations, broader views on the status of the colonies and cities, in Havana and Caracas.”
It’s not strange, then, that the spark of liberty was first lit in Venezuela. “Despite the increased black population,” Humboldt wrote, “Havana and Caracas are seemingly closer to Cadiz and the United States than any other part of the New World.” We’ve read this before: the European air of Caracas, its strange metropolitan sense. He also observed that the city’s inhabitants were inclined to music: “I noticed in several families in Caracas a taste for instruction, knowledge of the French and Italian literary masterworks, a considerable predilection for music, which is successfully cultivated and serves, as cultivating arts always does, to bring the various social classes together.”
Humboldt wrote, “Havana and Caracas are seemingly closer to Cadiz and the United States than any other part of the New World.”
Although Humboldt and Bonpland were in Caracas in 1800, his book mentions the earthquake of 1812, so he was writing from memory several years later and does this with such accuracy that it’s obvious that he had access to direct sources. According to his estimates, the city had between 40,000 and 50,000 inhabitants by then. It’s also worth noting that Humboldt and his partner were naturalists, and most of their observations belong to that specialty, not urbanism, although they did have sociological understanding.
The two months they spent in Caracas weren’t in vain. Humboldt made friends with Simón Bolívar and he’d have great influence on him with his unprecedented perspective on America.

miércoles, diciembre 05, 2018

“First man” o lo que el hombre llevó a la Luna (mi columna de los miércoles en El Nacional)


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Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional 

En el mes de octubre mostramos nuestra inmensa expectativa ante el estreno mundial del biopic sobre el primer hombre que pisó la Luna, al publicar un artículo en el Wall Street International Magazine itulado “La carrera espacial en el cine” (20 de octubre de 2018). Nos alegrábamos ante el hecho que la historia de los viajes al espacio - tan poco atendidos en el pasado – fueran desarrollados por directores de prestigio como es el caso de Damien Chazelle (Whiplash, La La Land). Las expectativas han sido satisfechas en parte, al disfrutar de una buena obra que nos lleva a ponernos en los zapatos (botas espaciales, sería mejor decir) de su principal protagonista. No solo fue el esfuerzo del “gran salto de la humanidad” sino el reto y el coraje del que dio el “pequeño paso” que cambió la historia.
El film nos atrapa en sus primeros cinco minutos mostrándonos lo que será su perspectiva de los hechos: la relación del hombre con las máquinas que logran cruzar las nuevas fronteras. El uso del primer plano y primerísimos planos del rostro del protagonista pero también de los muchos instrumentos de la nave, nos hace vivir con él la tensión que representa viajar en el avión cohete X15 hasta el límite espacial de la atmósfera. Todo es ruido y temblor como si fuera a desarmarse, y podemos ver lo que éste mira porque se refleja en el vidrio del casco de astronauta (nos recuerda, junto al uso de la música clásica en las imágenes de los cohetes en el espacio, a 2001: Space Odissey, 1968) pero también se nos muestra la ventana frontal de la nave justo en el momento en que puede ver la circunferencia de la Tierra; y entonces todo el ruido y la tensión se disipan, y éste se torna maravillado y contemplativo ante el espectáculo del espacio. Estamos en 1961 y la narración nos llevará saltando en ciertos hitos hasta lo que todos esperamos y conocemos de antemano: el año 1969 y la llegada a la Luna.

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El género es histórico pero desde la perspectiva del biopic, de manera que se van intercambiando escenas de su vida junto a su esposa e hijos y los pasos que dio hasta llegar al Apolo XI. Se hace énfasis en cómo la tragedia lo hace extremadamente introvertido pero no por ello un gran ingeniero y piloto, y es esto último que llevará a su elección como comandante de la primera misión a la Luna. Al ser un biopic el peso está en la actuación de Ryan Gosling, pero en ello creo que hay sobreactuación. A diferencia del papel de su esposa representada por Claire Foy (serie The Crown, 2016), la cual logra transmitir una mujer de temple que soporta las ausencias en el hogar y la frialdad del astronauta. Es por ello que Foy es mi primera candidata al Óscar como mejor actriz de reparto.

Resultado de imagen para first manNo se oculta la competencia y las tensiones que generaba la Guerra Fría entre los EEUU y la URSS, pero no se exalta el patriotismo, y es algo que se agradece. Poco aparecen las barras y las estrellas, y en especial en los momentos del clímax épico cuando se logran las metas que tanto esfuerzo han costado, ésta brilla por su ausencia. De manera que se nos transmite la idea de que el mérito está en la humanidad y no en una sola nación. Hermosa narrativa que poco a poco se ha colado en varias de las películas del subgénero sobre la carrera espacial. Pero sí se nos hace ver cómo a pesar de lo loable de la empresa la misma padeció una gran oposición en la opinión pública. Quizás por ello no hemos vuelto a pisar nuestro satélite natural, y se ve tan lejana la llegada a Marte.

Al final el film retoma la tradición cinematográfica que se ha desarrollado en este tipo de películas: la de vivir las angustias y sacrificios del héroe. En esto no hay una gran novedad pero lo hace muy bien, combinando una hermosa fotografía junto a un buen guión. Quizás por ello seguiremos esperando el relato en imágenes de la exploración espacial desde una perspectiva fundamentalmente científica. En todo caso aplaudimos que no se olvide este importante subgénero del cine histórico, al cual le damos una puntuación de 8 sobre 10.

Nota: habíamos prometido dedicarnos a una serie de tema espirituales por entrar en los tiempos del Adviento, pedimos disculpas por la dispersión y prometemos retomarlos la próxima semana.

jueves, octubre 25, 2018

La carrera espacial en el cine. A propósito del estreno del biopic sobre Neil Armstrong: "First man"


Escena de «First Man» (2018), dirigida por Damien Chazelle y protagonizada por Ryan GoslingLa carrera espacial en el cine

A propósito del estreno del biopic sobre Neil Armstrong: First man.

Carlos Balladares Castillo

Publicado en WSI magazine

El pasado viernes 12 de octubre se estrenó en Estados Unidos (en Venezuela lo hará dos semanas después) la película sobre la vida de Neil Armstrong (1930-2012), dirigida por el ganador del Óscar en el 2017 a mejor dirección (por La La land): Damian Chazelle y protagonizada por el dos veces nominado al premio de la Academia como mejor actor: Ryan Gosling. La esperamos con gran expectativa y emoción, debido a que desde muy pequeños queríamos ser astronautas. No era simple deseo infantil como el ser bombero o policía porque siempre quedó en nosotros la profunda admiración por la épica de la conquista del espacio. Una saga que anhelamos pueda unir a la humanidad en un proyecto común, que nos aleje de las historias heroicas belicistas y haga de la ciencia el lenguaje y la mística a compartir. Ante la vastedad del Universo y las grandes dificultades a superar, quizás podamos aprender lo que Carl Sagan nos planteó en su libro: Un punto azul pálido (1994): que al ser conscientes de lo minúsculo que es nuestro planeta nos haremos humildes y más responsables para “tratarnos los unos a los otros de forma más amable y compasivamente, y preservar y querer éste punto azul pálido (que es la Tierra), el único hogar que siempre hemos conocido”.

La carrera espacial (1957-1975); entendiendo por tal la competencia que se dio en medio de la Guerra Fría (1947-1991) entre los Estados Unidos (EEUU) y la Unión Soviética (URSS) por colocar satélites artificiales y seres humanos en el espacio exterior y finalmente aterrizar en la Luna; significó un halo de esperanzas ante la amenaza del holocausto nuclear. Desde el espacio no se veían las fronteras nacionales e ideológicas y la tecnología aeroespacial junto a la astronomía se convertían en el idioma universal, pero también está el hecho de ser una aventura loable como parte del natural deseo de exploración de la humanidad y que implicaba grandes sacrificios (hasta el 2003 van 23 víctimas) lo cual generaba un nuevo tipo de héroes. Algo paradójico porque precisamente los avances logrados en éste aspecto serían usados para los misiles que llevaban cargas atómicas. Pero fue así desde el inicio de los estudios de la cohetería, aunque la historiografía hasta ahora nos muestra como los precursores de la misma: Konstantín Tsiolkovski (1857-1935), Robert Goddard (1882-1945), Wernher von Braun (1912-1977) y Serguéi Koriolov (1907-1966); tenían como gran sueño la conquista del espacio y no su aplicación militar.

Resultado de imagen para von braun y kennedyLas mayorías se “emocionaron” (e incluso hubo algo de paranoia al principio) con la carrera espacial gracias a la atención que le dio la prensa y la propaganda de ambas potencias. Hubo una intención clara de los dos Estados para mostrar sus logros tecnológicos, como si el ser los primeros en cada nuevo reto fuera una prueba de la superioridad de cada sistema y nación. El mundo entero siguió cada nuevo evento desde aquel 4 de octubre de 1957 cuando los soviéticos colocaron el satélite artificial “Sputnik 1” en órbita, para después seguir venciendo a los Estados Unidos en llevar a un ser vivo al espacio (la perrita “Laika” el 03-XI-1957), un ser humano (el cosmonauta Yuri Gagarin el 12-IV-1961), una mujer (la cosmonauta Valentina Tereshkova el 16-VI-1963) y realizar una caminata espacial (el cosmonauta Alexei Leonov el 18-III-1965). Estados Unidos, ante su “derrota” subiría la apuesta y el 12-IX-1962 el presidente J. F. Kennedy daría su famoso discurso donde se establecía como meta llevar un hombre a la Luna. De dicho discurso no se puede dejar de tomar en cuenta esta frase que está en sintonía con la idea universalista y heroica dominante en la carrera espacial:

We choose to go to the moon in this decade and do the other things, not because they are easy, but because they are hard, because that goal will serve to organize and measure the best of our energies and skills, because that challenge is one that we are willing to accept, one we are unwilling to postpone, and one which we intend to win, and the others, too.
El interés de la gente por el espacio ha sido interpretado por el cine desde sus inicios desde la perspectiva de la ficción, algo entendible porque los cohetes eran el hobby experimental de unos pocos en la era de la post Gran Guerra (1919-1939). Lo malo es que siempre ha sido así hasta ahora, y los films que han pretendido la reconstrucción histórico-cinematrográfica son bastante escasos en comparación con la space opera y la ciencia ficción. Un primer film es el biopic de 1960: Wernher von Braun, coproducción de Estados Unidos y Alemania Federal dirigida por J. Lee Thompson (1914-2002) y protagonizada por Curd Jurgens (1915-1982); la cual tuvo claras intenciones propagandísticas al fortalecer los sueños de conquista del espacio y la Luna de éste precursor de la cohetería por encima de su rol como director del programa de los misiles (V1 y V2) con cargas explosivas de la Alemania nazi (donde morirían más prisioneros-esclavos produciéndolas que por su uso como arma: 25 mil personas aproximadamente). En la URSS tendría su contrapartida en 1972 con el biopic de Serguei Korolov dirigido por Daniil Khrabrovitsky (1923-1980): Ukroshcheniye ognya (amansando el fuego). En ambos países se establecerá así una tradición en el cine sobre el tema (y First man por su tráiler no parece contradecirla), la cual consiste en resaltar las virtudes heroicas de los protagonistas, y que las imágenes permitan desarrollar un un canto al espíritu humano que no se rindió a pesar de tamaña empresa, espíritu que pareciera no tiene distinción nacional aunque cada documental y película nos llena de símbolos patriotas.  

Resultado de imagen para the right stuffLos documentales fueron los únicos que relataron estos hechos en la década de los setenta, hasta que Philip Kaufman nos ofreciera en 1983: The Right stuff (llamada acá “elegidos para la gloria”) sobre los primeros siete astronautas de los Estados Unidos dentro del “Proyecto Mercury” que fueron a la cola de los cosmonautas. Es una larga película de 3 horas que revisa la vida de cada uno de ellos dándole gran importancia a las pruebas y entrenamientos a los que se sometieron y lo que padecieron sus familias en especial sus esposas. La época está perfectamente representada y los efectos son muy buenos vistos a la distancia, aunque también se apoya en material documental. Ganó cuatro Óscars. Sobre dicho proyecto y los documentales se debe nombrar el estrenado éste año sobre las pruebas que se hicieron a mujeres para ser astronautas de Netflix: "Mercury 13" (David Sington, Heather Walsh). 

La perspectiva heroica se confirmará y así puede probarse en las siguientes películas. En 1995 Ron Howard dirige Apolo 13 la cual fue protagonizada por Tom Hanks maravillándonos con las mejoras en los efectos especiales (por ello fue nominada a 7 Óscars ganando 2: edición y sonido). Hanks después produciría una serie de 12 capítulos con HBO en 1998 llamada From the Earth to the Moon dedica al “Proyecto Apolo” (ganó el Globo de Oro a mejor miniserie para TV). La misma, por ser una larga serie, nos ofrece muchos detalles técnicos y de contexto epocal aunque siempre con los astronautas-héroes en el centro de la trama. En 1999 Joe Johnston con October sky muestra la juventud de Homer Hickam (1943) quien inició su vocación como ingeniero aeroespacial gracias al impacto del lanzamiento del Sputnik. En el 2016 Theodore Melfi con Hidden figures (nominada a 3 Óscars entre ellas al de Mejor Película) combina las biografías de 3 mujeres afroamericanas (Katherine Johnson: 1918; Dorothy Vaughan: 1910-2008 y Mary Jackson: 1921-2005) que trabajaron para la NASA en el cálculo y la programación por computadora de las trayectorias de los cohetes.
«Caminata espacial» (2017), de Dmitriy Kiselev
Los rusos, además de la película anteriormente citada de 1972, trataron el tema indirectamente en dos films del 2005 y 2008: Kosmos kak predchuvstvie de Aleksey Uchitel y Bumazhnyy soldat de Aleksey German; hasta que en el 2013 y el 2017 respectivamente producen los biopics de Yuri Gagarin y Alexei Leonov: Pervyy v kosmose (Gagarin: el primero en el espacio) de Pavel Parkhomenko y Vremya pervykh (Caminata espacial) de Dmitriy Kiselev. Ambas son verdaderas hagiografías donde se nos presentan todas las dificultades que debieron pasar los cosmonautas, pero también algunos retos técnicos a ser superados. En las dos los efectos especiales para mostrarnos los cohetes son muy buenos y Serguei Korolov es representado como un hombre que siempre buscó evitar sacrificar tanto vidas como misiones por la presión que le establecían los militares y los dirigentes. A pesar de las constantes imágenes relativas a la nación rusa, hay un claro mensaje de ser una empresa científica y de toda la humanidad, como en el resto de la cinematografía nombrada.

Al comparar con otros hechos históricos nos extraña que haya sido tan poco atendida la carrera y exploración espacial por el cine. El mismo posee una gran dosis de aventura y suspenso, y claramente es valorado, pero sabemos que su producción es costosa y parece que no genera los dividendos que se esperan. En todo caso aplaudimos el estreno de un nuevo film, anhelando que sea exitoso y mantenga el deseo de seguir haciendo películas sobre el tema. En nuestro caso ¡queremos verla ya!

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lunes, abril 10, 2017

“Life” (David Espinoza, 2017), no es Ciencia Ficción es una mala Space Ópera. Crónicas cinéfilas.

La imagen puede contener: 3 personas, personas de pie y texto
“Life” (David Espinoza, 2017). Empieza bien al iniciar con el tema de la vida en otros planetas, pero al rato comienza a echarse a perder porque ya sabemos que esta historia fue contada por la película “Alien el octavo pasajero” (Ridley Scott, 1979) ¡y mucho mejor! Es solo otra versión del mismo cuento. No podemos catalogarla como Ciencia ficción. Se pasa el rato. 


Mi puntuación: 5/10. 
Clasificación: género: space opera, thriller espacial. Terror. Amenaza extraterrestre, estación espacial internacional.

viernes, noviembre 20, 2015

Fallece el doctor Luis Manuel Carbonell Parra, pionero de la ciencia en Venezuela



Artículo de Gioconda San Blas tomado de su blog y facilitado por el buen amigo e historiador Tomás Straka.

In memoriam - Luis Manuel Carbonell (1924-2015)
El IVIC, la ciencia en Venezuela, el país pierden un baluarte con la desaparición física de Luis Manuel Carbonell.
Imágenes en blanco y negro: Archivo fotográfico del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Esta foto, ca. 1975



IN MEMORIAM


Dr. LUIS MANUEL CARBONELL


29/12/1924 - 19/11/2015


 Se ha ido Luis Manuel Carbonell Parra, uno de los pocos pioneros de la ciencia en Venezuela que todavía quedaban para dar testimonio de una era que iniciada en 1958, a la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, dio a lo largo de 40 años enormes frutos en la actividad científica del país.

 Resumir en pocas líneas la vida académica de Luis Carbonell es una meta laboriosa de alcanzar si nuestro propósito es desmenuzar su Curriculum Vitae. En realidad, lo que intentamos es dibujar algunos bocetos de su personalidad y trayectoria, que permitan conocer su hoja de vida para recuerdo de quienes compartimos algunas de sus andanzas, así como para conocimiento de las nuevas generaciones y memoria histórica de la ciencia en Venezuela.

 El Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), ya con 56 años de vida, es -mejor dicho, fue en su primer medio siglo- en buena parte el producto de la visión de aquellos pioneros, Luis Carbonell entre ellos, que con ánimo sin límites apostaron en 1958, a la caída de la dictadura, por la modernización del país, por la elevación cultural y científica de una Venezuela atrasada, por un progreso basado en principios democráticos de acción política.

 Natural de Caracas y graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV) de Médico Cirujano en 1948, con especializaciones en Patología e Histoquímica en destacadas universidades de los Estados Unidos, Carbonell regresa al país para encargarse de la cátedra de Anatomía Patológica de la UCV, incorporándose luego como investigador al Instituto de Investigaciones Médicas Luis Roche, bajo la dirección de Marcel Roche.

 Antes de embarcarse en esa empresa intelectual científica, Carbonell se había involucrado en una aventura de deportes extremos, por así llamarla. Corría el año 1950 cuando se sumó como médico a la expedición oficial que encontraría las fuentes del río Orinoco, cuyas coordenadas eran necesarias para delimitar la frontera entre Venezuela y Brasil, según los tratados de Tordesillas y San Ildefonso. De manera que establecer el punto geográfico preciso de ese origen era materia de soberanía nacional. La expedición llegó a las fuentes del Orinoco el 27 de noviembre de 1951, luego de una travesía narrada por su esposa Julieta Salas de Carbonell en “El misterio de las fuentes” (Ed. Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, 2013; ver reseña). Con él se va el último sobreviviente de esa expedición.



En 1958 Carbonell formó parte de la Comisión Científica Asesora nombrada por el Ministro de Sanidad para evaluar al Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC) y luego, al transformarse éste en IVIC (Gaceta Oficial No. 25.883; 09/02/1959), entró a formar parte de la plantilla de investigadores, convirtiéndose en el primero en publicar un trabajo en una revista científica internacional de prestigio, con la etiqueta del recién nacido IVIC, texto que versó sobre un parásito intestinal endémico en nuestras tierras (Carbonell LM, Apitz RJ. Histochemical study of a pigment in the digestive tube of Ascaris lumbricoides. Exp Parasitol. 1959 Dec; 8: 591-5).


En el IVIC creó el Departamento de Patología Experimental, el cual por fusión con el Departamento de Virología originó posteriormente el Centro de Microbiología y Biología Celular (CMBC) y dentro de éste, el Laboratorio de Micología, donde compartí con él y con mi esposo Felipe San Blas la investigación científica sobre hongos patógenos para humanos, propios de Venezuela y América Latina, elaborados con criterios universales de excelencia.
  
    Personal del Departamento de Patología Experimental, IVIC, ca. 1964


Sus trabajos científicos se concentraron en aspectos ultraestructurales de las patologías fúngicas, contando para ello con el apoyo de un grupo importante de colaboradores de la más alta calidad, con los que siempre se supo rodear para formar equipos que dejaron una profunda marca en el devenir del CMBC. Sus aportes le rindieron el reconocimiento de sus pares locales y extranjeros.

Luis Carbonell con Tamotsu Imaeda (sentado) y Benito Galindo (ca. 1970)

  Paralelamente a su labor investigativa, Carbonell tuvo siempre una personalidad inquieta en lo organizativo. Al incorporarse al IVIC como investigador, también lo hizo sucesivamente como Decano de Estudios, Subdirector y finalmente Director desde 1974 hasta 1981, dedicando buena parte de sus esfuerzos a la consolidación y crecimiento de la naciente institución, bajo los criterios de calidad que privan en las mejores instituciones de investigación a nivel internacional. De manera que lo que el IVIC fue durante varias décadas, ese instituto de alta factura, reconocido como uno de los mejores en América Latina en investigación científica de nivel internacional, orgullo de la nación, se debió en buena parte a ese grupo pionero y visionario, del cual Carbonell formó parte.

Luis Carbonell con Rómulo Betancourt, Presidente Constitucional de la República de 
Venezuela (1959-1964) y su esposa, Carmen Valverde de Betancourt

 Luis Carbonell con Arnoldo Gabaldón (izq.), Ministro de Sanidad 
en tiempos de la presidencia de Betancourt

Luis Carbonell con Raúl Leoni, Presidente Constitucional de la República de Venezuela (1964-1969) 


            La jubilación en 1981 no significó para Carbonell un pase a retiro. Por el contrario, en búsqueda de nuevas metas, se involucró en actividades políticas relacionadas con lo científico y tecnológico, convirtiéndose en Ministro (sin cartera) de Ciencia y Tecnología en 1984, a lo cual siguió la cartera de Ministro de Educación el año siguiente. Entre muchas otras actividades que sería largo detallar, también dedicó grandes esfuerzos a laAcademia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Caracas) donde ocupó el Sillón XXX y de la cual fue su Presidente en el período 2003-2005, así como a la Fundación para el Desarrollo de las Ciencias (FUDECI), de esa misma Academia, la cual presidió desde 1995 hasta 2003. Esta labor en FUDECI ha sido particularmente valiosa, por cuanto dicha fundación está dedicada a la conservación del ambiente, generando información científica, innovando y transfiriendo tecnología con el fin de mejorar la calidad de vida de la sociedad conservando la biodiversidad.

Entre diversas distinciones, fue condecorado con la Orden del Libertador, en el Grado de Caballero (1953) y Banda de Honor (1985); Orden de Andrés Bello, Clase Corbata (1968) y Banda de Honor (1985); Orden Francisco de Miranda, Banda de Honor y Segunda Clase y la Medalla de Instrucción Pública "Orden 27 de Junio", del Ministerio de Educación (1966).

 En 2009 el personal científico del CMBC del IVIC decidió dar el nombre de Luis Manuel Carbonell a su Auditorio, en un acto de reconocimiento a la trayectoria que él había desplegado no sólo dentro del IVIC sino, como ya vimos, en afán de servir a la nación en el fortalecimiento de un sistema de ciencia, tecnología e innovación (CTI) que pudiese acercar a Venezuela a países más desarrollados, convencido como estaba de que CTI son elementos fundamentales en el progreso de las naciones. No deja de llamar la atención que un legítimo acto de reconocimiento como éste viniese cargado con la mezquindad de alguna autoridad de paso, de alguna medianía que pretendió impedirlo. Que los investigadores del CMBC nos enfrentáramos a ese despropósito da cuenta de la conciencia que teníamos de la valía de Luis Carbonell para que su nombre quedara grabado en aquella placa de reconocimiento institucional.

Luis Carbonell con Gustavo Niño Vega, entonces Jefe del CMBC, 15/10/2009
Fotos: Enrique González, Unidad de Fotografía Científica, IVIC.

Luis Carbonell con Gustavo Niño Vega y mi persona

 A lo largo de sus casi 91 años, Carbonell conservó siempre una energía y un espíritu jovial que ya quisieran para sí muchos jóvenes. Algo digno de mención fue su amplitud para aceptar opiniones adversas a sus posiciones político-institucionales, sin que ello afectase la amistad, el respeto, el buen entendimiento y la decencia que deben privar en los manejos institucionales. Doy fe de ello, por las diversas oportunidades de disenso que él y yo tuvimos a lo largo de nuestra dilatada relación profesional, un vínculo que con el paso del tiempo se convirtió en amistad entre familias.

 El IVIC, la ciencia en Venezuela, el país pierden un baluarte con la desaparición física de Luis Manuel Carbonell. En lo que a mí concierne, también pierdo ese amigo que no tuvo reparos en cambiar los arreglos que él como Jefe del Departamento de Patología Experimental adelantaba conmigo en el lejano 1969 para matricularme en el norte a hacer mi doctorado, al enterarse de que el amor se me había cruzado en el laboratorio en la figura de Felipe, ido a Escocia para cursar estudios doctorales y hasta allá quería yo seguirlo; el amigo que al nacer mi primogénito fue el primero en ser informado de la condición que traía el neonato, porque él estaba junto a mi esposo en la sala de espera y el obstetra lo reconoció como antiguo compañero de estudios; el colega y amigo que no dudó en postularme sucesivamente como candidata a Miembro Correspondiente eIndividuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales y años después, posponer una delicada operación del corazón para darse tiempo a contestar mi discurso de incorporación como Individuo de Número de dicha Corporación.

 A ese amigo lo extrañaré, mientras comparto la tristeza de su partida con su esposa Julieta (Juli) Salas de Carbonell y su familia. A ese investigador y político de la ciencia lo extrañaremos todos aquellos que creemos en la ciencia universal como motor de desarrollo nacional.

Gioconda Cunto de San Blas
Presidenta de la
Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales
Investigadora Emérita del IVIC

sábado, agosto 09, 2014

"Jurassic Venezuela" o el descubrimiento del primer dinosaurio venezolano

Les dejo la información de Últimas Noticias:

 


Infografía| Descubren el primer dinosaurio venezolano 


El dinosaurio recién descubierto, denominado "Laquintasaura venezuelae", pertenece al orden de los Ornitisquios, conocidos como los dinosaurios de cadera de ave, que incluye especies como el "Stegosaurus" y el "Iguanodon" 


"Laquintasaura venezuelae" vivió en pequeños grupos (Créditos: Actualidad RT)

ÚN.- Un grupo de paleontólogos de Suiza y del Reino Unido ha descubierto una nueva especie de dinosaurio herbívoro que vivió en lo que hoy es Venezuela durante el Jurásico, hace aproximadamente 200 millones de años.
El dinosaurio recién descubierto, denominado ‘Laquintasaura venezuelae’, pertenece al orden de los Ornitisquios, conocidos como los dinosaurios de cadera de ave, que incluye especies como el ‘Stegosaurus’ y el ‘Iguanodon’, reseña el portal Actualidad RT.

Se trata del primer dinosaurio hallado en el norte de América del Sur. Hasta ahora los paleontólogos habían considerado que la región nunca fue habitada por dinosaurios, ya que estaba rodeada de grandes desiertos.

Los fósiles de al menos cuatro especímenes fueron recuperados en la Formación La Quinta, en los Andes venezolanos. La especie era del tamaño de un perro pequeño, de un metro de longitud, y caminaba sobre dos patas traseras.

Se trata del primer dinosaurio hallado en el norte de América del Sur

"Laquintasaura venezuelae" vivió en pequeños grupos, lo que indica conducta social en esa especie. Los científicos creen que estos dinosaurios eran principalmente herbívoros, pero se observan puntas largas y curvas en algunos dientes, algo que sugiere que probablemente se alimentaran también de insectos.

“Es fascinante e inesperado descubrir que vivían en manadas”, dijo el científico Paul Barrett, del Museo de Historia Natural de Londres, Reino Unido, el primer autor de un artículo al respecto publicado en la revista "Proceedings of the Royal Society B".

Por su parte, el profesor Marcelo Sánchez-Villagra, de la Universidad de Zürich, afirmó que “la historia temprana de los dinosaurios de cadera de ave es todavía muy irregular, ya que hasta el momento se han encontrado muy pocos”.

"Esta especie tiene un papel fundamental en nuestra comprensión de la evolución, no solo de este grupo, sino de los dinosaurios en general”, concluyó.




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