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miércoles, julio 29, 2020

No podemos abandonar a nuestra universidad (articulo semanal)

No podemos abandonar a nuestra universidad
El dolor de ver a la UCV derrumbarse - CURADAS ©
Carlos Balladares Castillo

El buen amigo y diputado de la Asamblea Nacional por el partido VENTE: Luis Barragán, tiene mucho tiempo defendiendo las universidades autónomas y en estos días hablamos de esa común preocupación. Conversa que me ha animado a expresar algunas de mis ideas por escrito. Lo primero es que en nuestra condición de ucevistas tanto como egresados en pre y postgrado y actualmente como profesor “de planta”, este tema nos resulta muy triste y nos genera un sentimiento de culpa. Culpa por lo poco que hago y hacemos las mayorías por una institución fundamental de nuestra sociedad democrática. No podemos callar y mucho menos abandonarla a pesar de la cuarentena y del proceso de deterioro sistemático que ha padecido y padece. Mínimo tenemos que alzar nuestra voz, hablarlo con los colegas y la comunidad universitaria y especialmente con nuestros alumnos.
El colapso de un techo de la Universidad Central de Venezuela ...
El miércoles 15 de junio pasado se derrumbó el techo de uno de los pasillos cubiertos de nuestra primera universidad: la Central (UCV), y en las redes sociales miles de venezolanos expresaron su profundo dolor ante el principal símbolo de lo bueno que todavía le queda país. No en vano siempre se recuerda la estrofa de su himno que la define como “la casa que vence la sombra”. La estructura caída es obra del arquitecto Carlos Raúl Villanueva que fue emblema de nuestro anhelo de modernización en el siglo XX y el cual fue declarado por la UNESCO hace 20 años como Patrimonio de la Humanidad. Al contemplar los destrozos es imposible no pensar en que el mismo es expresión de la desidia y maldad del gobierno por asfixiarlas presupuestariamente pero también de las autoridades que no liderizan una solución, y nosotros por no presionar a los anteriores y ser solidarios con nuestra “casa”.

En lo que respecta a la cuarentena por la pandemia del COVID19 no comprendí porque en la UCV se decidió no dictar clases online. Es verdad que una parte de su estudiantado no tiene la capacidad técnica y de conexión (y del profesorado), pero debimos buscar los medios para que se pudieran incorporar de alguna forma ¡y así no paralizar sus estudios! En mi caso pude dar clases online en las universidades privadas para las que trabajo, aunque la conexión era un desastre y mis equipos son viejos (tanto que no puedo usar zoom ni google meet), pero busqué la forma y lo logré. Los alumnos a veces tenían que armarse de paciencia pero nunca dejé de dar una clase. Y varios alumnos (aunque minoría) que no tenían manera de conectarse por diversas razones e incluso se dieron casos de sospecha de infección y por ello tuvieron que aislarse, pero siempre se buscó la forma que no perdieran su semestre ¡y no lo perdieron!

Los sueldos de los profesores en las universidades públicas siguen siendo un escándalo. Ante esta realidad que no tiene otra clasificación distinta a la de ser una profunda injusticia, debemos encontrarle una solución de inmediato. Si el Estado no responde, como mínimo tenemos que apelar a la solidaridad en los casos donde no se paga matrícula. Muchos me acusarán de querer privatizar la educación, pero creo que los estudiantes tienen que aportar según sus capacidades ¡Y sería un aporte totalmente voluntario! En los colegios privados se le dio la vuelta a este problema ¡y son privados! ¿No se podría hacer algo parecido aunque modesto en los montos SOLO EN LOS CASOS de universidades públicas?

No podemos seguir esperando a que nuestras universidades se queden sin profesores como ha estado pasando en los últimos años. Y como esa iniciativa, muchas más que podríamos desarrollar. No es correcto seguir escudando nuestra indiferencia en la falta de presupuesto o la situación de crisis generalizada o porque nos pagan una miseria (yo soy parte de esos que les pagan esos montos con los que es imposible vivir). Sí nos emocionamos con tantas cosas hermosas de la ciudad universitaria y la identidad ucevista (al igual que otras universidades autónomas), muy especialmente cuando vivimos los actos en el Aula Magna bajo las Nubes de Calder, ¡¿por qué entonces somos incapaces de salvar a la Academia de modo que “la sombre no venza”?! ¡Qué esa emoción sea verdadera y auténtica y nos mueva a verdaderas actos heroicos! ¡Este es el momento! 

miércoles, junio 26, 2019

¿Qué han aprendido los jóvenes en 20 años de chavismo? (mi artículo de los miércoles en "El Nacional")


Resultado de imagen para reloj ucv¿Qué han aprendido los jóvenes en 20 años de chavismo?

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

El régimen chavista (1999-2019) si de algo siempre careció fue del apoyo de las juventudes. Un buen ejemplo es su permanente derrota en las elecciones estudiantiles en la principal universidad del país: la Central de Venezuela (UCV). Y a pesar de su impresionante aparato propagandístico e ideologización de los niveles de educación preuniversitaria: la generación que solo ha conocido el chavismo en el poder los rechaza abrumadoramente. ¿Por qué? Imaginamos que por aquel principio universal y humano del natural repulsión hacia el mal, pero también por la socialización en valores democráticos realizada por sus padres y toda nuestra tradición de libertades, y claro está: la globalización. En este sentido hemos querido iniciar nuestro nuevo curso de historia de Venezuela explicando nuestro presente y a partir de allí buscar la cadena de hechos que lo generaron. Creo que es la mejor forma para interesar a los muchachos por la historia. Ella les servirá para comprender la realidad que hoy los oprime. Pero antes quisimos conocer su percepción del presente a través de una encuesta, la cual seguidamente le daremos los resultados junto a algunas conclusiones.  

La encuesta informal la realicé en la primera clase de Historia de Venezuela de los 2 de mis cursos de la principal universidad pública del país. Son 87 alumnos en total los que asistieron ese día a los cuales les consulté sobre cómo evaluaban estos 20 años de chavismo con las opciones de: muy buenos, buenos, más o menos, malo, pésimos. Ninguno lo consideró ni muy buenos ni buenos, solo 7 como más o menos, 20 como malos y 60 como pésimos. Es decir que menos del 10% podría ver algo relativamente positivo acompañado de lo malo. Pero lo que más me impresionó fueron sus respuestas ante las preguntas por las causas de estos 20 años y el aprendizaje de los mismos. Esta era la segunda pregunta y era libre pero pude clasificarlas y encontrar claras tendencias que se repetían.

En lo relativo a las causas la inmensa mayoría identifica a la ignorancia, la propaganda y el socialismo como los principales factores que hicieron posible la llegada al poder del chavismo y la realización de su programa. Algunos hablaron claramente del estatismo y el populismo, y de un líder carismático que los sedujo. Es decir, hay una percepción de engaño por parte de una ideología. La gente creyó en las palabras y promesas de Hugo Chávez (1954-2012) y al final el país no logró “el gobierno que brindara la mayor suma de felicidad posible al pueblo” sino a una pequeña camarilla.  Al señalar la ignorancia y ser estudiantes universitarios me sentí aliviado, porque era una importante muestra del valor que le dan a la formación para ser ciudadanos. En la tercer y última pregunta relacionada a los aprendizajes generados por la experiencia de lo vivido en estas dos décadas, prevaleció por encima de cualquier otra respuesta que “el socialismo no sirve”, que a la hora de votar se debe hacer con consciencia y a valorar el trabajo y la austeridad (“ahorrar para sobrevivir”). Por ninguna parte aparecieron los argumentos que da la propaganda oficialista: sanciones, “guerra económica”, “el imperialismo yanqui” y “la burguesía apátrida”.

Si estos resultados son una verdadera muestra de lo que piensan la mayoría de los jóvenes, dudo mucho que el régimen pueda sostenerse por largo tiempo. El problema está en la organización. Las encuestas formales desde hace tiempo identifican un creciente rechazo al gobierno de Nicolás Maduro que hoy está entre el 80 y el 90%. De allí la negativa del régimen por hacer elecciones libres con supervisión internacional y un nuevo Consejo Nacional Electoral electo según lo que dicta la Constitución. Pero mientras esas grandes mayorías no estén organizadas y el chavismo tenga los instrumentos del poder, la transición se demorará. ¿Hasta cuándo puede durar esta situación con el creciente deterioro social? No lo sé y creo que nadie lo sabe, pero si la juventud mantiene esta claridad no parece que sea por mucho tiempo.


miércoles, mayo 15, 2019

Rafael Baquedano, s.j. un hombre bueno (mi artículo de los miércoles en El Nacional)


Rafael Baquedano, s.j. un hombre bueno

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional 
El mismo día (12 de mayo) pero siete años después que el padre jesuita Rafael Baquedano celebrara mi matrimonio eclesiástico, partía este buen cura para el encuentro con Dios. Al encuentro con Nuestro Señor Jesucristo a quien le dedicó una vida de total entrega por medio del sacerdocio. Una vida larga (86 años) y llena de caridad cuando llega a su fin en esta Tierra, no es motivo de tristeza sino de agradecimiento. A continuación quiero contar algunas anécdotas de cómo el padre Baquedano enriqueció mi vida, deseando que otros puedan sentirse identificados en el caso de haber tenido la dicha de tratarlo o simplemente poder conocer a este humilde hombre que no dudo en considerar un santo.

En el año 2003 perdí un empleo en el cual había puesto mis esperanzas de realización docente y académica, y con el que contaba para tener cierta estabilidad económica. Todavía en ese año los profesores podíamos vivir relativamente de nuestra vocación. Con esta angustia me dirigí a la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) a repartir algunos CV a ver si me contrataban. No conocía a nadie en lo referente a autoridades. Al llegar en el jardín vi a un sacerdote que llevaba un maletín algo pesado y me ofrecí a ayudarlo. Fue de esa manera que conocí al padre Baquedano, enterándome que era el párroco de la universidad y le pedí que me encomendara ante mi petición de empleo. De inmediato me dijo que no me preocupara, que rezaría por mí, pero que estaba seguro que me contratarían. En este momento descubrí dos de sus grandes dones: la capacidad de escuchar, el cual me demostraría un tiempo después al solicitarle que fuera mi director espiritual; y ser un constante predicador de la esperanza.

A los pocos meses comencé como profesor y empecé a visitarlo, y a confesarme con él de vez en cuando. Le pedí que fuera mi director espiritual, le pusimos fecha y hora a nuestros encuentros y me dijo que no me preocupara si algún día no quisiera ir más a la dirección. ¡Qué ser tan comprensivo ante nuestras flaquezas! ¡Tal como debe ser todo buen cura en el sacramento de la penitencia! ¡Qué maravillosos consejos me daba para luchar en los propósitos de ser un mejor cristiano! Pero no era solo su paciente escucha, sino también que demostraba lo buen científico social que era al contarme historias llenas de análisis sociológicos desde una perspectiva, tanto interna de la UCAB (al haber sido autoridad y ser el párroco siempre en contacto con todos los miembros de la institución) como de la Iglesia. Se mostraba siempre muy humano siendo justo pero caritativo. Era un gran contador de historias, nunca me fastidiaba y quería escuchar más y más sus maravillosas anécdotas.

De los diversos temas que hablamos quisiera resaltar dos. El primero fue el trato a los homosexuales y en general a las personas que conforman la llamada comunidad LGBTI desde una perspectiva cristiana. Yo no sabía nada de su experiencia con este grupo de personas, y me contó cómo en los ochenta y noventa respondió al llamado de algunas personas del mundo artístico (LGBTI) sin juzgar a nadie. Solo se dedicó a escucharlos y atenderlos cuando nadie dentro de la Iglesia quería hacerlo. Nunca me lo dijo con jactancia, sino como algo natural. Me hablaba de algunos artistas con un gran cariño y de cómo habían renacido en su espiritualidad cristiana. El otro tema era el del chavismo, de mi relación con viejos amigos que ahora apoyaban la destrucción del país por medio de este modelo o proyecto que considero – le dije – malvado. Me comentó que ni en 1989 cuando el gobierno de Carlos Andrés Pérez persiguió a varios jesuitas que vivían en los barrios ante los sucesos del caracazo, había percibido una actitud tan perjudicial para el país. Le preocupaba muchísimo cómo cada día mostraban más saña con los que no comulgaban con sus planes. Como cristianos teníamos que luchar en contra, pero siempre abiertos a la amistad y a escuchar al diferente.

Me dolió mucho cuando se fue de la UCAB pero ya la edad le comenzaba a pegar en su salud. Siempre me enseñó con el ejemplo y la amistad, una amistad que era un don plenamente gratuito de tiempo, escucha y consejo. Ahora seguirá a nuestro lado con la comunión de los santos. No dudo un segundo que nos ayudará a superar estos tiempos tan duros que nos han tocado vivir en Venezuela. ¡Gracias querido padre!

domingo, agosto 19, 2018

Fallece el filósofo venezolano Eduardo Vásquez.


Ayer falleció el filósofo Eduardo Vásquez. 
Su velorio será hoy 19 de agosto de 2018 de 2pm a 6 pm en la capillas velatorias del sector de cremación (arriba) del Cementeriodel Este, La Guairita, Caracas.

Sentido pésame a sus familiares y amigos, junto a la Academia venezolana. 

Les dejo este texto resumen de su vida de "Encuadre Venezuela" al igual que la foto: 


Eduardo Vasquez (1927-2018), filosofo venezolano, nacido en Fort-de-France, Martinica. El Profesor Vasquez pasa un ratito fuera de Caracas y extraña desde la fragancia de las flores en su casa hasta el cantar de los pájaros. Venezuela merece un cambio, él es el país que se rescata, que se ama, que se libera. Especializado en el idealismo alemán, Vasquez tiene mas de 45 años estudiando la filosofía de G.W.Hegel. Hizo una traducción de la Fenomenologia del Espiritu del alemán al español, publicada en España que sienta un precedente en el estudio de dicho filosofo en América latina y el mundo hispánico. Fue Vice-rector administrativo de la UCV (autoridades interinas después de la intervención) y profesor de las Escuelas de Filosofía, Historia, Periodismo y Educacion de la Facultad de Humanidades. Fundador del postgrado de Filosofía de la USB. practica el arte de la critica y la polémica intelectual. Comprometido con la excelencia académica, la democracia y denunciante permanente del estalinismo y los autoritarismos.

martes, julio 31, 2018

Acá puede leer la revista de Historia de la ULA: "Presente y Pasado" 45 que es su número más reciente

No hay texto alternativo automático disponible.Darle click a la imagen y podrá bajar cada uno de sus artículos. Agradecemos el esfuerzo de los autores y muy especialmente al Consejo Editorial. ¡Ya quiero empezar a leerlos!

                                        Profeballa

lunes, junio 04, 2018

Fallece el historiador y economista Richard Parker.


Egresado de la Universidad de Oxford, Inglaterra, (del St. John's College) en Política, Filosofía y Economía, realizó su postgrado -maestría- en dicha universidad en Historia Moderna, siendo profesor adjunto en la de la Escuela de Historia de Universidad de Warwick, Inglaterra. Posteriormente fue docente del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile y también enseñó en los departamentos de Ciencia Política y el de Historia de la misma universidad. Posteriormente fue docente invitado de la Universidad de Harvard, E.U.A., antes de establecerse en Caracas, donde, desde 1975 ha sido profesor de esta casa de estudios, la Universidad Central de Venezuela.
Su línea de investigación se ha concentrando principalmente en estudiar: La Revolución Cubana, la Revolución Sandinista, las crisis de América Central, la guerra civil en El Salvador, Sindicatos en América Latina, la política actual en México, la política contemporánea de Brasil, y la violencia política en Colombia.
Es profesor titular jubilado, siendo profesor de la Escuela de Sociología (Fac. de Ciencias económicas y sociales, FACES) por más de 25 años, de igual manera que fue investigador del Instituto Venezolano de Estudios Sociales y Políticos (INVESP) También ha sido un docente regular de la Maestría de Historia de América de nuestro Postgrado en Historia.

Entres sus princiaples publicaciones, destacamos:
Las relaciones colombo-venezolanas; La Revolución Cubana; La Revolución Popular Sandinista: un balance; El sindicalismo cristiano latinoamericano en busca de un perfil propio (1954-1971) y La nueva cara del fascismo. Igualmente es coautor de: Ideas para debatir el socialismo del siglo XXI, volumen II.
Ha escrito también en revistas académicas como: Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales; Latin American Research Review; Relaciones Internacionales (Segunda Época).
Actualmente dicta en la maestría la electiva: Auge y decadencia de los Estados Unidos como potencia mundial . Habitualmente dicta en la misma maestría la materia regular: Historia contemporánea de Cuba.


Sentido pésame a toda su familia y amigos. 


miércoles, abril 11, 2018

Semblanza sobre el Doctor Humberto Njaim (1940-2018), pionero de las Ciencias Políticas en Venezuela

Humberto Njaim fue mi maestro
Carlos Balladares Castillo
Publicado en El Nacional el mismo día. 

Resultado de imagen para njaimY por ello le estoy inmensamente agradecido, al igual que lo están todos los que fueron de algún modo sus discípulos y tuvieron el privilegio de aprender de su ejemplo, sus conocimientos, y el profundo amor que sentía por su familia y por Venezuela. Su vida entera estuvo dedicada a la academia, especialmente en la Universidad Central de Venezuela y desde hace más de diez años en la Universidad Metropolitana hasta su fallecimiento el pasado jueves 5 de abril en la cual era el Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Haciendo un rápido recuento de algunos aspectos de su vida profesional, podemos comenzar con su entrada - al año siguiente de obtener su título de abogado en la Universidad Católica Andrés Bello (1964) - al Instituto de Estudios Políticos de la UCV el cual era dirigido por su fundador Manuel García-Pelayo. De esta forma será parte del cuerpo de profesores que crearán la Escuela de Estudios Políticos (1973), y por ello un politólogo no solo por su docencia e investigación, sino también por sus estudios en la Freie Universitat de Berlín, la Escuela John F. Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard, y su doctorado en Ciencias Política de la UCV. En 1990 ejercía la dirección del Instituto de Estudios Políticos y yo cursaba mi primer año de pregrado en politología, y fue allí donde lo conocí al comenzar a trabajar como su auxiliar de investigación.

Recuerdo que al inicio de la carrera todos comenzamos a admirar a los pioneros de nuestra ciencia en Venezuela, entre ellos estaba el doctor Njaim al cual podíamos ver por los pasillos de nuestra universidad. En medio de este ambiente el Instituto solicitaba pasantes, y yo me ofrecí teniendo la suerte de trabajar con su director. En la primera entrevista me intimidó por su extrema seriedad y por el hecho que trabajaría en una mesa que quedaba diagonal a la suya. Yo hacía un trabajo clasificatorio de la prensa nacional en lo relativo al tema de su tesis doctoral: la corrupción como política pública, pero también resúmenes de algunos textos que me daba. Al revisar mis tareas era muy exigente y crítico, tanto que una vez se le salió una grosería ante un error que cometí, y me dijo: “venga acá, que le voy a enseñar cómo se hace un resumen en la universidad”. Nunca dejó de responder cualquier pregunta que le planteaba, enseñándome cómo desarrollar una fructífera labor de investigación. Desde mi puesto pude observar sus rutinas, lecturas y conversas con sus colegas. Nunca olvidaré lo disciplinado que era al tener cronometrado sus horas de trabajo sin que se distrajera por nada. Sonaba una alarma cada cierto tiempo, descansaba unos minutos dándole la espalda al escritorio y mirando por la ventana, para después seguir con igual impulso. Más adelante me daría a leer su tesis explicándome muchos aspectos, enamorándome de las políticas públicas por lo que al obtener mi título yo estudiaría un postgrado en dicha área, y nunca olvidaría una de sus principales lecciones: el vínculo inseparable entre democracia y ética.

Algo debí haber hecho bien porque a los pocos años de graduarme el Dr. Njaim me llamaría para trabajar en el Área de Reformas Políticas de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) que estaba bajo su coordinación. Allí trabajaría con el abogado Carlos Romero Mendoza y desde ese entonces siempre hemos conservado la amistad. Fueron tiempos en que mi conciencia democrática se fortalecería al estudiar sus mecanismos participativos, en especial el referendo; pero también el Dr. Njaim me enseñaría a ser un funcionario público que debe hacer un uso racional de los recursos de la nación, porque los bienes que se nos daba para realizar el trabajo del Estado era de todos y jamás podríamos darle una finalidad privada o simplemente despilfarrarlos.

En la COPRE muchas veces escuchaba los análisis de la situación política nacional que realizaban varios comisionados, y el Dr. Njaim nos transmitía un espíritu de cruzada republicana ante las amenazas autoritarias que ya se cernían sobre nuestro país. Dicho espíritu lo percibí con mucha más fuerza cuando ejerció la dirección del Centro de Estudios de Postgrado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UCV, donde una vez más, apenas llegué de mis estudios en el extranjero, me invitó a trabajar a su lado. Ya eran tiempos de chavismo y pude aprender de sus esfuerzos para hacer de dicha institución una organización eficiente. Tal como nos dijo una vez: “La UCV es una familia, pero también puede ser un monstruo”, como haciéndonos saber que la amamos pero que tenía un problema burocrático que la anquilosaban. Contra eso luchó con fuerza y nos hizo ser parte de esa gran misión.

Después de esa experiencia no trabajé más con él, aunque me volvería a llamar para ofrecerme la oportunidad de ser profesor en la Universidad Metropolitana, pero yo ya estaba comprometido con otros proyectos en especial en la Monteávila. He lamentado no mantener un mayor contacto, y fue por eso que hace un año aproximadamente al descubrir sus maravillosos tweets (@hnjaim), le escribí dándole las gracias por todas sus enseñanzas y que lo consideraba uno de mis maestros. Él se sintió muy halagado y me lo agradeció con cariño. Por último quiero concluir con una de sus mayores lecciones: su resiliencia, y que en parte transmite en estos dos tweets que publicó hace unos meses: ¡Qué fácil es echarse a morir porque Maduro hace lo que le da la gana o porque nos agobian los problemas! Creo que ese nos el impulso humano fundamental sino producto de la educación. Creo que por naturaleza somos luchadores. (…) Mi memoria está llena de actos de otros que en algún momento me dieron una lección perdurable. A todas ellas rindo homenaje. El homenaje ahora se lo rendimos a usted querido maestro, siempre estará en nuestra memoria animándonos a ser mejores personas construyendo una Venezuela democrática y próspera. 
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martes, junio 06, 2017

Es publicado "Cien años con Venezuela. La labor venezolana de la Compañía de Jesús (1916-2016)"

Nos informa Don Tomás Straka: 

Es un gusto informarles que ya salió el libro Cien años con Venezuela.  La labor venezolana de la Compañía de Jesús (1916-2016).  Con esta obra la Universidad Católica Andrés Bello se une a la celebración y proceso de reflexión que todas las iniciativas venezolanas de la Compañía de Jesús adelantaron a propósito del centenario de su retorno al país. 

El libro cuenta con parte de los trabajos inicialmente presentados en el marco de las XVI Jornadas de Historia de la UCAB, en mayo del año pasado.  Con otro grupo, se está organizando un dossier en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia.  

En lo que consideramos un reconocimiento justo e ineludible, el libro está dedicado al R.P. José Del Rey Fajardo, sj, uno de los historiadores de la Compañía de Jesús más importantes de cuantos han habido, y director del Instituto de Investigaciones Históricas "Hermann González Oropeza, sj", de nuestra universidad.  Las batallas que desde hace un tiempo libra por su salud le impidieron participar en el evento, pero ya en franca recuperación tiene ante sí esta muestra de respeto y cariño. 

La tabla de contenidos del volumen es:

Presentación, Tomás Straka

PRIMERA PARTE: PANORAMA DE UN SIGLO

El difícil camino de retornar: del decreto de expulsión de José Tadeo Monagas (1848) al Trienio Adeo (1948), María Soledad Hernández.

Los jesuitas y sus huellas: 100 años del retorno de la Compañía de Jesús a Venezuela (1916-2016), Carmen H. Carrasquel

SEGUNDA PARTE: EL RETORNO Y SUS CONFLICTOS

La Venezuela a la que retornan los jesuitas: relaciones Iglesia-Estado en los días del obispo Rincón González, Abelardo Bazó

Monseñor Salvador Montes de Oca y su defensa de los jesuitas, Marielena Mestas

TERCERA PARTE: TRES OBRAS EMBLEMÁTICAS

La misión de los jesuitas: reflexiones a partir de los editoriales de la revista SIC, Jaime Palacio

La Compañía de Jesús regresó a Guayana a través de sus centros educativos, Manuel Donís Ríos

La Universidad Católica Andrés Bello y su compromiso con el país, Agustín Moreno Molina. 

jueves, julio 28, 2016

El profesor Horacio Biord Castillo nos habla de los aportes para la etnohistoria venezolana de la recientemente fallecida Angelina Pollak-Eltz,

Patria y lengua de Angelina Pollak-Eltz

El 1° de julio de 2016, a los 84 años, falleció en Viena, en su Austria natal, Angelina Pollak-Eltz, una prolija investigadora venezolana por adopción. La Dra. Pollak llegó a Venezuela en la década de 1950. Poco después ingresaría a la Universidad Católica Andrés Bello, donde desarrolló una ingente labor investigativa y docente. Fue profesora de seminarios y cursos de pre y postgrado en la Escuela de Letras y en las maestrías en Historia.
En estas últimas, por más de dos décadas, estuvo al frente de un curso obligatorio denominado “Antropología Cultural Venezolana y Latinoamericana” que perseguía familiarizar a los estudiantes con el sustrato cultural de nuestra América y su larga historia, desde tiempos precolombinos hasta el presente, así como con las complejas realidades étnicas y sociales de nuestros países. Me tocó sucederla en esa cátedra, en la que fui su alumno en 1985, llamada ahora “Etnohistoria”. Siempre la recuerdo e invoco y les cuento a los estudiantes quién y cómo era la maestra fundadora.
Esas realidades complejas a las que prestaba atención la Dra. Pollak resultan, con mucha frecuencia, invisibilizadas y poco perceptibles debido a las ideologías homogeneizadoras, entre ellas, principalmente, la racionalización falaz del mestizaje como idea encubridora de la sociodiversidad.
En la Escuela de Letras los seminarios de la Dra. Pollak, muy populares entre los estudiantes por los temas tratados y la amabilidad de la profesora, abordaban aspectos concretos de esa problemática, especialmente los referidos a la religiosidad popular y la presencia de una cultura afrovenezolana, hoy más conocida como afrodescendiente. Eran momentos en los que la ideología dominante otorgaba demasiado énfasis a las ideas del mestizaje y la unicidad u homogeneidad cultural.
La Dra. Pollak, además de los cursos regulares que ofrecía, dirigió a lo largo de los años muchos trabajos de grado y participó como miembro de jurados evaluadores, publicó gran número de investigaciones y durante más de una década ejerció la dirección de Montalbán, el anuario más antiguo y reconocido de la UCAB. Estuvo al frente asimismo del Centro de Religiones Comparadas, cuyo principal objetivo era propiciar el estudio antropológico comparado de las religiones, en especial las cultivadas en nuestro país, espacio de reflexión lamentablemente hoy en estado de latencia al igual que el Centro de Lenguas Indígenas.
Participó en diversas redes internacionales de investigación en sus áreas de especialización y llegó a obtener un extenso y bien fundamentado reconocimiento internacional entre estudiosos tanto de América y Europa como de África, continente al que tuvo la oportunidad de visitar en diversas oportunidades. Era dada a compartir de manera informal y cordial los resultados de sus viajes e investigaciones a través de reuniones de amigos, colegas y estudiantes en su casa.
Dedicó gran parte de sus esfuerzos a dos temas fundamentales: la presencia africana o afrodescendiente en Venezuela y la religiosidad popular. Sobre este último tema, a lo largo de su fecunda carrera, la Dra. Pollak se ocupó de fenómenos como manifestaciones “folclóricas” y asociadas a creencias y rituales, devociones populares, fenómenos como el espiritismo y más tarde la santería, el culto a María Lionza y otros diversos, entre ellos a las ánimas, la umbanda y el pentecostalismo en Venezuela así como muchas formas de piedad popular asociadas a la Iglesia Católica. Le dio especial énfasis a creencias, ritos y manifestaciones religiosas de grupos afrodescendientes y campesinos. De esa manera la Dra. Pollak logró un acercamiento a la Venezuela profunda y retomó abordajes iniciados en Venezuela por autores como Juan Pablo Sojo y Juan Liscano en Barlovento. Siempre estuvo atenta a las manifestaciones de etnogénesis que pudiera advertir entre poblaciones afrodescendientes, principalmente a través de sobrevivencias y continuidades e innovaciones.
Sus publicaciones, escritas principalmente en español pero también en inglés y alemán, dan cuenta de un espíritu inquieto y de una sensibilidad sorprendida ante tantas manifestaciones de diversidad sociocultural, difícilmente reductible a categorías analíticas simplificadoras como mestizaje y sincretismo, aunque obviamente ocurrieran tales fenómenos pero como expresión de otros más complejos y a menudo invisibilizados y poco comprendidos que están en la raíz misma de la conflictividad sociopolítica que hemos vivido en las últimas décadas: un país muy diverso no asumido como tal por las elites dirigentes y presentado por los ideologías dominantes como culturalmente homogéneo y supuestamente carente de tensiones de carácter étnico o sociocultural.
Dos de sus últimos libros merecen comentarse. Uno de ellos se titula Estudios antropológicos de ayer y hoy (publicado por la UCAB en 2008) reúne varios de sus trabajos anteriores. Como ella misma dice en la breve introducción: “En este libro presento 16 ensayos antropológicos, fruto de 40 años de estudios científicos, que fueron publicados, en parte, en inglés, alemán y castellano en otros países. Se refieren a investigaciones en los campos principales de mi interés académico: la cultura afroamericana, cultura popular y folklore, los indígenas, etnomedicina y religiosidad-sincretismo, fundamentalismo y milenarismo”. Añade un interesante estudio que ella define así: “Termino con una breve historia de la antropología en Venezuela”, un recuento de la antropología, las instituciones y los antropólogos que ella conoció o de quienes escuchó hablar a lo largo de su dilatada y fecunda estancia en nuestro país.
El otro es el libro, escrito en alemán, Geschenke des Schicksals. Reisen und Abenteuer einer oesterreichischen Ethnologin auf vier Kontinenten, en español Regalos del destino. Viajes y aventuras de un etnólogo austríaco en cuatro continentes (publicado por la UCAB en 2010). Se trata de un volumen de memorias y recuerdos sobre sus viajes y vivencias. Allí están consignadas sus impresiones sobre la Caracas de mediados del siglo XX (para ella una metrópolis muy moderna) y, especialmente, sobre la Venezuela interiorana, un país varias décadas después profundamente transformado, al menos en su apariencia. Será un verdadero regalo no ya del destino sino de la necesidad traducir íntegramente este libro al español.
Cuando sus hijas quisieron llevarla a Austria pocos años atrás y ella tuvo que vender el apartamento donde vivía en Lomas de San Román en Caracas y la camioneta que fielmente la había llevado por muchos caminos venezolanos, ella casi puso como condición que en Austria las personas que la atendieran debían hablar español. No quería vivir sus últimos años sin las palabras que habían moldeado su percepción de la diversidad sociocultural ni que llegara la hora suprema lejos de la patria espiritual de los hispanohablantes. Gracias por tanto, Angelina, descansa y sigue soñando y haciéndonos soñar, descubriéndonos y haciéndonos descubrir, autodescubrirnos.

jueves, octubre 22, 2015

El historiador Tomas Straka nos habla de la importancia del Instituto de Investigaciones Históricas de la UCAB en su 60º aniversario



Sesenta años del Instituto de Investigaciones Históricas

TOMÁS STRAKA (Publicado el 22 DE OCTUBRE 2015 en El Nacional).

Para 1955 la Universidad Católica, recientemente bautizada con el epónimo de “Andrés Bello”, iniciaba su camino en el “rascacielos” del Colegio San Ignacio en el centro de Caracas. Se trataba de un experimento novedoso y no carente de riesgos. Recientemente una reforma legal había permitido el funcionamiento de universidades privadas en el país, cosa que la Conferencia Episcopal aprovechó para llevar adelante su viejo proyecto de crear una universidad de la Iglesia. Pero no era fácil hallar una sede adecuada y sobre todo el alma de cualquier casa de estudios superior: un profesorado con la formación suficiente para llevarla adelante. La Compañía de Jesús tenía ambas cosas. No solo su experiencia regentando el Seminario y el Colegio San Ignacio había sido muy alentadora, sino que, en aquella Venezuela, era probablemente uno de los colectivos con más títulos de doctor en sus miembros y, en términos de aquellos que lo habían obtenido en universidades europeas, probablemente superaba en número a la Universidad Central de Venezuela. Por eso su prestigio rápidamente se transmite a la nueva universidad. Aunque la UCAB, como pronto la comienzan a llamar, estaba realmente en el esquina de Mijares, todos llamarán (y siguen llamando) a aquella sede la de la “esquina de Jesuitas”, que en realidad queda una cuadra más abajo. Los jesuitas de mediados del siglo XX ya eran tan famosos en la ciudad como sus predecesores que en el siglo XVIII hicieron que su recuerdo se inmortalizara en la esquina que aún lleva su nombre.
 
Es en el trajín de aquellos días fundacionales que dos jóvenes jesuitas, los padres Hermann González Oropeza (1922-1998) y Pablo Ojer (1923-1996), se encuentran en el “rascacielos” de la nueva universidad y comienzan a compartir su interés por la historia. Ojer, navarro con quince años en Venezuela, acababa de graduarse como profesor de historia en el Instituto Pedagógico Nacional (hoy de Caracas) y ejercía la cátedra en el Colegio San Ignacio y en la UCAB; mientras al padre Hermann, caroreño “de rancia estirpe”, la pasión por la historia le surgió junto a sus convicciones de nacionalista convencido y comprometido. En efecto, al novicio Hermann lo había impresionado e indignado, como a tantos otros venezolanos, la publicación del Memorándum de Severo Mallet-Prevost en 1948.  En este documento, Mallet-Prevost, uno de los árbitros en el laudo de 1899 que dejó en manos inglesas los más de 150.000 kilómetros cuadrados del territorio del Esequibo, había puesto al descubierto las maniobras y componendas entre potencias imperialistas que hubo detrás del laudo. En una sociedad que ya estaba muy afectada por el acuerdo territorial con Colombia de 1941, en el que Venezuela aceptó las pérdidas territoriales de 1891, aquello cayó como una bomba. En especial entre los jóvenes de los sectores católicos y nacionalistas.  Fue en ese contexto en el que el Hermann González que en breve decide unirse a la Compañía de Jesús se encaminó, tal vez sin saberlo, hacia la historia.

En efecto, aunque el Memorándum Mallet-Prevost era una confirmación de lo que ya todos sospechaban, para emprender una acción diplomática estructurada había que buscar otras fundamentaciones documentales; y eso fue, precisamente, lo que el novicio Hermann inició por cuenta propia mientras estudiaba Teología y “pasaba hambre” (como recordaba) en la Gran Bretaña de la posguerra. Con paciencia hurgó en los archivos del Foreing Office y las bibliotecas británicas, compró libros y mapas, revisó periódicos, cotejó fuentes, preguntó acá y allá, consultó expertos, se metió en despachos públicos y así, en poco tiempo, hizo el acopio documental más importante que sobre el tema había en Venezuela.

Para 1955 González Oropeza (ya para todos el padre Hermann) había regresado a Venezuela y junto a Pablo Ojer emprende un conjunto de investigaciones de historia territorial. Ambos jesuitas sistematizan lo traído de Gran Bretaña, analizan los mapas, buscan en archivos venezolanos y comienzan a publicar algunos estudios (en 1957 aparece, firmada por los dos, La fundación de Maturín (1722) y la cartografía del Guarapiche). Era el funcionamiento de facto de lo que a partir de 1957 comenzó a ser formalmente el Centro de Investigaciones Históricas (Ojer fungió como su primer director), elevado en 1977 a Instituto de Investigaciones Históricas y desde 2001 bautizado con el nombre de Hermann González Oropeza. Por eso el día de hoy estamos celebrando su sesenta aniversario. Han sido seis décadas de trabajo constante cuyo balance no debe medirse solo por la amplísima bibliografía producida por sus investigadores, sino también por aportes concretos que influyeron, en grados notables, a la vida venezolana. En 1963, por ejemplo, el presidente Rómulo Betancourt nombró a los padres González Oropeza y Ojer asesores de la Cancillería en el reclamo del Esequibo. Así, aquellos documentos reunidos y sistematizados de forma casi romántica y quijotesca en Gran Bretaña, se convirtieron en uno de los principales fundamentos de la contención venezolana. A ello pronto se sumó un renovado esfuerzo de investigación en Gran Bretaña, España y Venezuela. Nuevos investigadores como el P. José del Rey Fajardo, se incorporaron a la tarea. El hermano Nectario María ayudaba desde Sevilla. De todo aquello resultaron las decenas de rollos de microfilme con documentos ingleses y de legajos con traslados del Archivo de Indias, así como una de las mejores mapotecas históricas de Venezuela con las que hoy cuenta el Instituto, así como, en buena medida, en el éxito que la diplomacia venezolana pronto empezó a cosechar, como el Acuerdo de Ginebra (1966), en el que Gran Bretaña y Guyana, en trance de independizarse, aceptan (diga lo que diga David Granger) la nulidad del Laudo de 1899 y se comprometen a llegar a una solución práctica.

Pero no solo en historia territorial el Instituto ha hecho aportes significativos.  En torno a él comenzaron a aparecer en la década de 1960 nuevos centros de investigación que al final, cuando se convirtió en Instituto, se integraron a su estructura. Hablamos  del Centro de Investigaciones Literarias (1965), cuyo primer director fue Efraín Subero (1931-2007); del Centro de Lenguas Indígenas (1968), cuyo primer director fue fray Cesáreo de Armellada (1908-1996); del Centro de Religiones Comparadas (1972), bajo la dirección de la destacada antropóloga austríaca Angelina Pollak-Eltz; y del Centro Venezolano de Historia Eclesiástica (1977), bajo la dirección del padre Hermann. Fueron centros pequeños, a veces casi iniciativas individuales, pero que precisamente por eso tuvieron una producción sorprendente, tanto por la cantidad como por la calidad. Baste decir, por ejemplo, que la condición pluriétnica y multicultural que actualmente proclama la nación venezolana en gran medida se debió a la tarea paciente de investigadores como el P. Jesús Olza, que se encargaron de estudiar y sistematizar las gramáticas de las lenguas indígenas. Sin ellas la educación intercultural bilingüe y todo lo que ha significado para la formación de un liderazgo indígena con mayores herramientas para defender su identidad y luchar por sus derechos, hubiera sido, cuando menos, difícil. La Gramática guajira (1977) y el Diccionario guajiro(1978) publicados por el padre Olza y Miguel Ángel Jusayú; así como la gramática (1994), el diccionario (1981) y las leyendas (1972) de lengua pemón elaboradas por fray Cesáreo de Armellada, valdrían por sí solos para garantizarle un nombre al Instituto en la historia.
Si vamos a hablar de libros que marcaron un hito es imposible soslayar el monumental La formación del Oriente venezolano (1966), de Ojer, texto indispensable para comprender a toda la región; la compilación documental Iglesia-Estado en Venezuela (1977) y el erudito (y hermosamente editado) Atlas de historia cartográfica de Venezuela (1987) del padre Hermann;  Vestigios africanos en la cultura del pueblo venezolano (1972), La familia negra en Venezuela(1976),  María Lionza: mito y culto venezolano (1985) y Medicina popular venezolana (1987), entre otros, de Angelina Pollak-Eltz; o la segunda edición del Fuero Indígena Venezolano (1977), de fray Cesáreo de Armellada. Origen y expansión de la quema de Judas(1974) y La décima popular venezolana (1977), por solo nombrar dos de los numerosos libros de Efraín Subero. La revista Montalbán que empezó a editarse en 1972 y hoy suma 46 números, llegó a canjearse con más de 500 publicaciones en el mundo, convirtiéndose en una referencia en áreas tales como la antropología y la historia. La Colección Manoa comprendió 33 libros de bolsillo, aparecidos entre 1977 y 1981, muchos de los cuales se convirtieron en clásicos (pensemos en el ineludible Programas políticos venezolanos de la primera mitad del siglo XX de Naudy Suárez). En 1979 nace la Maestría de Historia de las Américas por iniciativa del profesor Oscar Abdala y del P. Del Rey Fajardo, a la que se le sumaron en 1990 el doctorado en Historia y la Maestría de Historia de Venezuela. Hasta el día de hoy estos programas están estrechamente vinculados al Instituto, sus investigadores dictan clase en ellos y su fondo bibliográfico y documental respalda los trabajos de los cursantes.

Hacia mediados de la década de 1980 el Instituto entra en una nueva etapa.  Los centros fueron desdibujándose en la medida en que sus líderes se marcharon a otros sitios o se jubilaron, y la investigación comenzó a enfocarse en lo específicamente histórico bajo la dirección de Elías Pino Iturrieta, que asumió la dirección tras la muerte del P. Hermann en 1998. Manuel Donís, su discípulo más cercano, mantuvo viva la llama de la historia territorial, al tiempo que los postgrados de historia se fueron posicionando entre los más importantes del país y Montalbán, reconvertida en una revista exclusivamente historiográfica, lograba indizaciones internacionales. También se avanzó en la organización del archivo y la biblioteca, que suma varios miles de volúmenes que aún no están del todo catalogados. Los legajos con los traslados del Archivo General de Indias tienen un índice y están a disposición de los investigadores; así como está organizada y preservada la mapoteca bajo los más estrictos criterios de conservación. No obstante aún queda trabajo por hacer. Los archivos de Pedro Pablo Barnola, Hermann González Oropeza, Ángel Grisanti y Miriam Blanco-Fombona de Hood, aún aguardan por un investigador que termine de trabajarlos y sistematizarlos.


Es, en definitiva, un legado por el que la UCAB debe sentir legítimo orgullo.  Y un compromiso para quienes hemos tomado el testigo en el Instituto. Hoy, con el P. Del Rey Fajardo otra vez en la dirección, se ha planteado el rescate de algunas líneas en las que se hicieron grandes aportes y que parecen no tener continuadores, como la de las lenguas indígenas. El actual reavivamiento del problema del Esequibo ha servido para recordar que hay un legado de investigación que puede seguir siendo útil para la nación. Además del P. Del Rey, en el Instituto trabajan Manuel Donís, Francisco Javier Pérez, Dora Dávila, Ricardo Castillo, María Soledad Hernández y quien escribe esta nota.  Esto significa que hay dos individuos de número de la Academia de la Historia (Del Rey y Donís) y uno de la Lengua (Pérez). Hasta su reciente jubilación estuvieron con nosotros Elías Pino Iturrieta y Demetrio Boersner. Todos coincidimos en el compromiso con la historia, la cultura y la nación que representa formar parte de aquel esfuerzo que dos jóvenes soñadores echaron a andar en un “rascacielos” del centro de Caracas en 1955.

 @thstraka
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