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domingo, octubre 12, 2014

Sobre el mestizaje en Venezuela y Caracas: algunos datos y porcentajes sobre etnias y composición sanguínea



Crisol de razas y nacionalidades
En Caracas se han mezclado patrias, estirpes y linajes de todo tipo
domingo 12 de octubre de 2014  01:21 PM
A 522 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, Venezuela es el país con mayor mezcla racial en todo el continente, una característica a la que su capital añade además una amplia gama de nacionalidades: chinos, árabes, españoles, italianos, portugueses, colombianos, peruanos y ecuatorianos, entre otros, han hecho de Caracas su casa.
Y una cosa ha influido en la otra: el hecho de que la composición racial de Caracas sea distinta al resto del país se debe en gran parte a que esta ciudad fue la que recibió a la inmigración canaria del siglo XIX o a la europea de la posguerra.

Pero también acogería luego a los inmigrantes chinos que escapaban de la revolución cultural en los 60 y a quienes huían de las dictaduras del cono sur (en su mayoría descendientes de europeos). A eso hay que agregarle que la mano de obra esclava no se concentró tanto en la capital y que los dueños de la tierra eran tradicionalmente blancos.

En efecto, en el estudio Los grupos de raza subjetiva en Venezuela, el sociólogo Roberto Briceño León descubrió que la población de raza blanca en Caracas es significativamente mayor allí que en el resto del país: 43% contra 25,3%. Los mestizos en la capital representan el 36% (30% en el resto del país), los mulatos 18% (36,3% en el país), los negros 2,1% (4,8%) y otros grupos étnicos 0,5% (solo los indígenas representan el 2,21% de la población a nivel nacional).

Un país café con leche

El historiador Guillermo Durand explica que en Venezuela siempre existió, desde los tiempos de la Colonia, una suerte de tolerancia hacia el mestizaje, muy distinto a lo que ocurrió en los virreinatos (Nueva Granada, Perú, Nueva España y Río de la Plata), donde la población blanca apenas se mezcló con el resto de la población.

Pero explica Durand que al principio el mestizaje se dio sobre todo en la base poblacional, en la mayoría, conformada por pardos, negros e indios. En la Colonia no era bien visto que un español mezclara su sangre con otras razas, y recuerda que para muchos cargos se pedía el certificado de limpieza de sangre. Cree que todo eso cambió sobre todo a partir de 1854, cuando es abolida la esclavitud.

El sociólogo Carlos Raúl Hernández cree que la mezcla racial que hoy se observa en Venezuela se debe también en gran parte a la guerra federal (1859-1863), que acabó con las oligarquías, cosa que no sucedió en Perú o Colombia, donde perduró una élite (blanca, por supuesto) que apenas se mezcló con el resto de la población.

Briceño León cree no solo que Venezuela es el país más mestizo de América, sino sobre todo el lugar donde el mestizaje ha sido mejor valorado: "Ni siquiera en los tiempos de la Colonia hubo mucho rigor en la aplicación de los expedientes de sangre. Tal vez porque la población indígena no era numerosa, o porque no hubo una gran importación de esclavos, o porque los españoles no se vinieron con sus familias ni con la idea de asentarse (como en el norte, en donde se exterminó a los nativos o se les confinó a reservas) sino solos y a buscar riquezas, pero lo cierto es que Venezuela es un verdadero melting pot" (crisol de razas).

La sangre de todos

En Venezuela la mezcla racial ha sido tan común que no solo no existió un racismo institucionalizado, sino que apenas y se han realizado estudios sobre su composición racial. En los censos de población, desde 1871 hasta hoy, el dato sobre la raza ha estado ausente. Como dice Briceño León: "Ya una pregunta sobre la raza era vista como una construcción racista".

Eso no quiere decir que el racismo no haya estado presente en la sociedad: "Los estudios antropológicos demuestran que todos los pueblos son racistas en alguna medida, pues siempre se tiende a desconfiar del que es distinto (la acepción original de "bárbaro" es "extranjero"), pero hay que destacar que aquí no hay un racismo institucional".

Aparte de los estudios del propio Briceño, también destacan los que ha realizado la antropóloga Dinorah Castro. En Sobre el Proceso de Mestizaje en Venezuela (2010, realizado junto a María Matilde Suárez), se concluye que los estudios genéticos confirman que Venezuela es "un país amalgama".

En cuanto a composición sanguínea (que es distinto a la raza), se afirma que el aporte es sobre todo europeo (58,8%), amerindio (28,5%) y africano (12,6%). Estas cifras se acercan mucho a un estudio genético de ADN autosómico que en 2008 realizó la Universidad de Brasilia, en el que se dice que la composición de la población venezolana es europea en un 60%, 23% amerindia y 16% africana.

Como concluye el estudio de Castro, "este es un país de mestizos en la sangre, la mentalidad y la cultura".

jueves, noviembre 28, 2013

Academia de la Historia adjudica el Premio "FranciscoGonzález Guinán" a historiador dedicado a la cultura de origen africana



Para esta edición, el ganador resultó ser el historiador José Marcial Ramos Guédez, cuyos trabajos de investigación se orientan hacia la cultura de origen africana y la esclavitud.

El historiador José Marcial Ramos Guédez recibió el Premio Nacional de Historia Francisco González Guinán 2013, otorgado por la Academia Nacional de la Historia.

La información fue suministrada por el propio director de la institución, Ildefonso Leal, quien en comunicación dirigida al ganador, señala que el premio consiste en un diploma y la cantidad de cinco mil bolívares fuertes, "en reconocimiento a su valiosa obra en el campo de la historiografía nacional".

Agrega la comunicación que "la Academia se siente muy honrada de que un historiador de su valía intelectual haya sido distinguido con este galardón"; en tal sentido, el premio será entregado el próximo jueves 12 de diciembre, a las 11:30 a.m. en el salón de sesiones de la ANH, ubicada en el Palacio de las Academias.

Ramos Guédez nació en Caracas en 1950, y es licenciado y magister en Historia por la Universidad Central de Venezuela. En 1993, obtuvo el Doctorado en Historia de la Universidad Santa María. Es profesor universitario en varias instituciones nacionales, y actualmente es profesor en el Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña. Es autor de más de treinta libros y de un promedio de 300 artículos publicados en fuentes hemerográficas nacionales y del exterior. Su línea de investigación tiene que ver con la cultura de origen africana y la esclavitud.


sábado, diciembre 08, 2012

¿Existe el racismo en Venezuela? la respuesta está en: Humberto Jaimes Quero "Mejorando la Raza”


Bautizan libro “Mejorando la Raza”

La obra del periodista Humberto Jaimes Quero analiza los códigos no escritos de discriminación fenotípica que operan  en la industria del entretenimiento, los cuales contribuyen a configurar en el imaginario colectivo, la existencia de una sociedad dividida. El texto abre una ventana a la comprensión del actual panorama político-social, y propone alternativas que permitan avanzar en la reconciliación nacional

El problema del racismo

Caracas, 14 de noviembre de 2012. Los venezolanos siempre han escuchado que en su país fue erradicado todo vestigio de discriminación racial, que este problema desapareció tras decretarse la abolición de la esclavitud en 1854 y desarrollarse un sólido sistema democrático en el siglo XX,   paradigmas históricos que habrían creado las condiciones idóneas para el surgimiento de una sociedad de iguales, donde los rasgos fenotípicos, por ejemplo, no generarían injusticias ni exclusión.  

Sin embargo, el periodista y magíster en Historia de América, Humberto Jaimes Quero, demuestra en su libro  Mejorando la Raza, que esta vieja práctica sigue vigente a través de estereotipos y rituales internalizados durante años en la sociedad venezolana, los cuales han influido en el complejo escenario político y social actual. En tal sentido, el libro abre una ventana a la comprensión del presente.

La obra de Jaimes Quero, que fue presentada en los espacios de la librería El Buscón (Trasnocho Cultural/Paseo Las Mercedes), el jueves 15 de noviembre, resulta oportuna ante la actual polarización que vive el país y la incomprensión hacia importantes sectores sociales donde están presentes las secuelas generadas por prácticas excluyentes soterradas, de remoto origen.  

La discriminación racial fue sembrada en la etapa colonial

El autor parte de una premisa fundamental: las viejas prácticas discriminatorias de la vida colonial nunca desaparecieron del todo en nuestra sociedad, fueron recanalizadas a través de los concursos de belleza, la publicidad, el modelaje, la televisión y otros escenarios, donde, en consecuencia, se han reforzado ciertos estereotipos de belleza y éxito basados en las características fenotípicas y la  estratificación socioeconómica de las personas. Son prácticas que el autor concibe como códigos no escritos, que regulan el comportamiento social y la mentalidad colectiva, a veces de manera inconciente, aunque no estén exhibidos  en algún documento formal o un manual de costumbres.  

Como parte de su argumentación Jaimes Quero explica que los talentos de tez oscura generalmente son usados en campañas publicitarias y otros formatos para representar la pobreza y los estratos sociales de bajo prestigio, mientras que los talentos de ascendencia  nórdica o europea, aparecen representando la riqueza y el alto prestigio. En contraste, la propaganda del Estado tiende  a dar una valoración positiva a las  personas con rasgos africanos e indígenas. Todo esto, sin duda, influye en el imaginario colectivo.

La obra consta de nueve capítulos a través de los cuales el autor analiza las prácticas de exclusión y como las mismas alcanzan el escenario político nacional. Jaimes Quero sostiene que el discurso de la industria del entretenimiento tiene un enorme impacto político en la mentalidad colectiva, porque establece cómo son las personas que gozan de alto prestigio, y cómo son las que tienen bajo prestigio. Este discurso apela a la vieja fórmula de “los de arriba y los de abajo”, y esa diferenciación está muy presente en la Venezuela de hoy, en el discurso político e incluso electoral.

El texto se caracteriza por ser un análisis imparcial y equilibrado sobre el problema, que no incursiona en posiciones extremistas ni en el proselitismo a favor de una tendencia política determinada. Es el resultado de una extensa investigación basada en el arqueo de diversas fuentes y testimonios. 

Mejorando la Raza tiene como elemento singular el hecho de que toca una temática poco abordada en el mercado editorial venezolano, que es debatida casi únicamente en los ámbitos académicos de las ciencias sociales de nuestro país. Pero además, ofrece algunas alternativas al problema tales como: reconocer la existencia de la discriminación, generar discusiones al respecto pero distantes de los extremismos políticos y partidistas,  estimular propuestas entre las partes involucradas, romper con la  asociación entre fenotipo y clase social que tanto se reitera en la industria del entretenimiento, etc. De esta forma se puede avanzar en la reconciliación de la sociedad.

El autor

Humberto Jaimes Quero es periodista egresado de la Universidad Central de Venezuela (1993). Realizó una maestría en Historia de las Américas en la Universidad Católica Andrés Bello (2003).  Es coautor invitado  del Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar (2012). En 2003, la Fundación para la Cultura Urbana- Econoinvest publicó su libro Mentalidades, discurso y espacio en la Caracas de finales del siglo XX (Mentalidades venezolanas vistas a través del graffiti), por recomendación del jurado del Segundo Concurso Transgenérico organizado por esta institución. Es colaborador de El Universal digital en la sección de opinión. Ha sido reportero y colaborador de  El Universal, Ultimas Noticias, la revista Exceso, la revista Comunicación (Estudios Venezolanos de Comunicación, Centro Gumilla). Fue jefe de redacción del semanario Quinto Día  y es miembro de INVECOM (Investigadores Venezolanos de la Comunicación).  

¿Dónde seguir al autor?

Blog: http://journalhoy.blogspot.com  / humjaro@yahoo.com
0414-1514256. Twitter: @humbertojaimesq

martes, enero 25, 2011

¡Felicitaciones a la historiadora Diana Sosa por la publicación de su libro "Los Pardos, Caracas en las postrimerías de la colonia"


El libro de Diana Sosa Cárdenas, “Los Pardos, Caracas en las postrimerías de la colonia”, será bautizado hoy en la conocida librería El Buscón, del Centro Comercial paseo Las Mercedes, nivel Trasnocho, a partir de las 6:30 de la tarde. Las palabras de honor estarán a cargo del Dr. Tomás Straka, historiador, investigador y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello.


viernes, noviembre 05, 2010

Libro sobre la historia de los afroiberoamericanos

Reescriben la historia de la afrodiáspora

miércoles, enero 20, 2010

El Bolívar de Lynch (II)

Autor: Carlos Balladares Castillo

LYNCH, John (2006), Simón Bolívar, Barcelona: Debate.

“Una colonia española” se titula el primer capítulo, intentando mostrar el contexto social y político en el que nace y se forma Bolívar. Ese contexto se circunscribe a Caracas: la provincia más poblada y rica de la Capitanía General de Venezuela, que era a su vez la colonia más cercana a Europa, de la cual recibirá importantes influencias ilustradas. El futuro Libertador nacerá, además, entre las familias que ejercían el liderazgo de la sociedad de su tiempo; y de la cual recibirá la mejor formación. En palabras de Lynch, recibirá una educación en América y Europa que nadie podía igualar en estas tierras (p. 28).

Ante el primer mito o dilema de los biógrafos sobre el Libertador (ver acá los problemas o polémicas en torno a la vida de Bolívar): La duda sobre su origen mestizo, señala: “Su linaje familiar ha sido rastreado en repetidas ocasiones en búsqueda de indicios de mestizaje racial, sin embargo, a pesar de testimonios dudosos que se remontan a 1673, los Bolívar siempre fueron blancos” (p. 3).

El autor reitera su tesis de “la segunda conquista de América” en el siglo XVIII con las llamadas reformas borbónicas (explicada en su libro: Las Revoluciones Hispanoamericanas: 1808-1826), las cuales le dieron a Venezuela un conjunto de instituciones que lo unían directamente a Madrid y lo hacían autónomo de otras colonias españolas. Este cambio le dio, además, a la pequeña colonia: identidad, y conciencia de sus intereses; y por otro lado – al igual que el resto de Hispanoamérica – despertó en los criollos el anhelo de la independencia (pp. 6-7).

Lynch, señala como otro de las causas de la independencia y factor fundamental para comprender la intensidad de la guerra: las tensiones de la élite blanca frente a las grandes mayorías mestizas. Es lo que Bolívar llamó “la pardocracia”, el temor a que estas mayorías exterminaran a los criollos tal como ocurrió en Haití y/o les quitaran su papel preponderante en la sociedad.

sábado, septiembre 27, 2008

Felicitaciones al colega Almarza por su participación en el libro "Más allá de la guerra: Venezuela en tiempos de la independencia"

Hoy salió publicada esta reseña del libro en EL NACIONAL: PAPEL LITERARIO/10
"Bicentenario Hacia la conmemoración bicentenaria: 1810-2010"
José Ambrosio Hernández: esclavo con apellido de hombre libre
Inés Quintero, Ángel Almarza, José Bifano , Lionel Muñoz, Enrique Ramírez, Rosangel Vargas, Johana Vergara y Alexander Zambrano son los autores de Más allá de la guerra: Venezuela en tiempos de la indepen dencia (Fundación Bigott, 2008), notable proyecto editorial que aborda la vida cotidiana de nuestro país durante la confrontación armada. Papel Literario ofrece hoy a sus lectores un fragmento del primer capítulo del libro Johana Vergara*
En mayo de 1828 llegó a la oficina de la jefatura general en Caracas un oficio procedente de la comisaría del puerto de La Guaira. La notificación solicitaba la comprobación del testimonio ofrecido por unos de sus reos que había sido apresado por sospecha de ser uno de tantos esclavos fugitivos que protegiéndose del desorden de la guerra privaron a sus amos de sus servicios.
Luis Ambrosio Surruarregui no ocultó su antigua condición de esclavo, de la cual había sido librado mucho tiempo atrás cuando su difunto amo le otorgó carta libertad que extravió durante las tropelías de la guerra.
Relatos como estos no eran inusuales a los oídos de las autoridades que lidiaron con la inmensa responsabilidad de reorganizar el sistema esclavista, sin embargo, la declaración de su antigua militancia en la marina republicana hizo su relato inusual y ameritó su inmediata comprobación.
En el mes de junio el jefe policial general de la capital ordenó el traslado del nominado esclavo José Ambrosio Surruarregui, con el propósito de comprobar los servicios que supuestamente lo hacían libre. En ese momento, el trecho que dividía a Caracas de La Guaira sería uno más de los tantos caminos que recorrería José Ambrosio desde que abandonó las riberas del Orinoco, en su Angostura natal.En 1810 cuando ocurrieron los sucesos del 19 de abril, la provincia de Guayana permaneció fiel a la monarquía, caso contrario a las zonas septentrionales de la provincia que cargaron con el mayor peso del conflicto.Desde su fundación por las misiones de capuchinos, sus vastas extensiones de tierras sirvieron para la cría de ganado, y en menor cuantía al cultivo de la tierra. Por ello la presencia esclava era modesta, encargada en gran parte del servicio doméstico y artesanal, distinta a la población esclava de los valles centrales destinada a la economía de plantación.
En este ambiente vivió José Ambrosio quien era propiedad del vizcaíno Luis Surruarregui, de quien recibió –como era costumbre desde el día de su nacimiento– el llamativo apellido que años más tarde renegaría. En 1817 fue el año que los Surruarregui y los demás habitantes de la provincia experimentarían los devastadores trastornos de la guerra, la ciudad que sirvió de leal financista a la causa del rey y de zona de resguardo a los realistas perseguidos, conocería los estragos del asedio militar republicano.
Desde mayo de 1815 las fuerzas realistas asentadas en la ciudad lograron vencer varias embestidas patriotas en sus propias puertas, pero esto no disminuyó el impulso de los rebeldes quienes guiados por Manuel Piar planificaron la arremetida definitiva que se prolongó por siete largos y tortuosos meses. Las líneas de abastecimiento de alimento fueron cortadas y los civiles acudieron a medidas desesperadas para suplir sus carencias, cuando la situación se hizo insostenible estos huyeron por el río logrando sólo un desenlace fatal. Uno de esos tantos hombres que recurrieron al exilio cuando la ciudad no podía defenderse fue Luís Surruarregui quien antes de partir –asegura José Ambrosio– dejó en total libertad a su esclavo José Ambrosio. Para los dueños de esclavos era preferible convertir a sus siervos en hombres libres responsables de su propia suerte, ya que cargar con ellos representaba un peso al momento de huir, un esclavo era una boca más que alimentar, o un espacio adicional que ocupar en una embarcación.
Mientras su amo se enrumba a su destino final en la isla de Martinica, José Ambrosio se enlista voluntariamente en los ejércitos republicanos recién establecidos en Angostura. Al momento que se le tomaron los datos de su filiación y el comandante le dio a conocer las penas y ordenanzas que implicaba su nueva militancia fue ingresado a la marina con el nombre de: José Ambrosio Hernández. Con este apellido aparecería en todos los listados de las embarcaciones que abordó en los distintos puertos necesitados del auxilio patriota.Su primera experiencia como marinero se limitó a la protección del río Orinoco, posteriormente partió a los demás puertos controlados por la causa republicana.
Recién llegado a La Guaira, siguiendo las órdenes de su Comandante José María García, se embarcó en compañía de otros marineros a la isla de Margarita con la delicada labor de trasladar el correo. Esta actuación y positiva disposición le valió el reconocimiento de sus superiores quienes años más tarde recordarían con facilidad sus buenos servicios.
Tres meses después de llevarse a cabo la batalla de Carabobo, ocurrida el 24 de junio de 1821, José Ambrosio fue enviado a la Nueva Granada. El 5 de octubre se embarcó en la polacra Constantinopla comandada por el Capitán Daniel como parte de las últimas tropas que se incorporaron al asedio establecido por el Almirante José Prudencio Padilla al gobernador de Cartagena de Indias Brigadier Torres y Velasco. Desconocemos si José Ambrosio llegó a tiempo a Cartagena para ser partícipe del cerco, ya que cinco días más tarde la resistencia se rendía tras haber soportado un año y tres meses del bloqueo iniciado el 14 de julio de 1820. De la recién conquistada Cartagena fue trasladado de nuevo a La Guaira en una embarcación de la cual no supo precisar nombre, si La Voladora o Libertador, y allí se incorporó a las milicias que se organizaron bajo la mirada del capitán de ese puerto Matías Padrón. Tres años más tarde, el 8 de noviembre de 1823, estaba presente en la toma de Puerto Cabello, el último bastión de los realistas en Venezuela.
Finalizada gran parte de la contiendas bélicas encontró en el puerto de La Guaira su punto de retorno, y el lugar donde trataría de reconstruir su vida como caletero, tomando por hecho la libertad que le había dado inicialmente su amo y la cual quedaba ratificada por su participación en la Guerra de Independencia. Cinco años más tarde las autoridades de La Guaira dudan de sus servicios prestados a la República, y lo colocan como propiedad del Estado al servicio del Hospital Militar hasta que las autoridades de la capital ordenaran su traslado para dar inicio a la comprobación judicial de las historias narradas por el esclavo.
A Surruarregui le cuesta acreditar su libertad, pues, como él explica, su condición de marinero no le permitía tener contacto con gente de tierra firme, mucho más cuando el recorrido de las distintas embarcaciones en la que sirvió, llegaban a puertos tan lejanos del extinto virreinato de Nueva Granada.
No obstante, José Ambrosio seguro de sus servicios, solicita la declaración de Matías Padrón quien además de ostentar el título de capitán de fragata de la armada de Colombia para 1829, era comandante de Marina y capitán del puerto de La Guaira.De igual manera pide que se tome testimonio de Francisco Avendaño, coronel de los Ejércitos de Colombia y de Simeón Gómez, compañero marinero de José Ambrosio durante sus servicios. Todos ellos ratifican la presencia del esclavo en los lugares y campañas por él señaladas, y agregan además otros servicios omitidos por José Ambrosio en su declaración.
Todos resaltan su espontánea disposición a la causa de la patria, no obstante, ninguno lo reconoce con el nombre de José Ambrosio Surruarregui, sino como José Ambrosio Hernández tal como aparece registrado en las listas de las milicias marinas asentadas en el puerto de La Guaira.José Ambrosio ante esta interrogante explica en su declaración final el por qué de esta confusión, asevera que una vez que su amo le otorgó la libertad en Angostura tomó el apellido de su padrino de bautismo, quien era un hombre libre, para así despojarse del apellido impuesto en servidumbre.
De igual manera afirmó que pudo contar con más testimonios de sus reconocidos servicios en la marina, pero como él mismo asegura "... si mi desvalimiento y miseria no fuera un obstáculo poderoso para ocurrir al Comandante Beluche en Puerto Cabello, al Sr. comandante García en Margarita y a otros jefes en otros puertos importantes antes, pero los tres testimonios producidos son muy respetables y suficientes por manifestar la verdad de mi exposición y la justicia con que reclamo contra la servidumbre en que indebidamente me han constituido por haber ganado mi libertad en la peligrosa carrera de las armas y con servicios prestados a la patria en los días en que le eran muy apreciables, útiles y aún necesarios..." 1.
El tribunal, en atención a los testimonios brindados por los superiores de José Ambrosio Hernández, considera indiscutible el goce de su libertad, tal y como lo prescribían los decretos de 1816 que ofrecían la libertad a los esclavos que tomasen las armas en defensa del gobierno, pero para gozar de forma plena este derecho debía volver a sentar plaza como soldado por el tiempo que determinara la ley hasta que presentara el retiro del ejército que le correspondía por el dilatado tiempo de su militancia. Un año tardó en comprobar sus servicios, y doce días después del fallo favorable a su solicitud, José Ambrosio pidió copia de la sentencia para que le sirviese como carta de libertad, por si acaso en el futuro se volvía a dudar de condición de hombre libre y trataban de reducirlo nuevamente a la esclavitud.

domingo, septiembre 07, 2008

Historia de Venezuela contada por el literato Eduardo Casanova: "El Paraíso Burlado" ("Capítulo I: El Paraíso Partido: Archipiélago de Colores")

RECOMENDADO PARA ESTUDIANTES COMO GRATA NARRACIÓN DE NUESTRA HISTORIA

TEMAS: VENEZUELA HISPANA (O COLONIAL).

EL SUBRAYADO ES NUESTRO.

Eduardo Casanova

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

I

El Paraíso Partido

(Venezuela antes de la Independencia)
Archipiélago de Colores
No se puede entender la Historia si se trata de aplicar al pasado la escala de valores del presente. Hoy nos puede parecer totalmente inhumano y absurdo el clasificar a los seres humanos por el color de la piel, pero en tiempos de la Colonia era algo absolutamente natural. ¿Quién podía suponer entonces, como ahora sabemos, que toda la humanidad proviene del África? Las mutaciones que han sufrido varios grupos de seres humanos, como la pérdida de la melanina por razones climáticas, son muy recientes, pero en el siglo XV o en el XVI eso no lo sabía nadie. Los españoles de esos tiempos, que en el pasado inmediato habían expulsado de sus tierras a los judíos y a los árabes, perdiendo así una fuente inagotable de progreso y sabiduría, se limitaron a aplicar lo que creían correcto, y a nadie se le ocurría que era una barbaridad. Fue esa época, para España, nefasta. Si bien “conquistó” un mundo nuevo, lo hizo a costa de su propia vida. Perdió centenares de miles de hombres que pasaron a ese Nuevo Mundo y, para colmo, la España despoblada tuvo serios inconvenientes naturales. Aquello fue un parto terrible, agravado por la discriminación racial. Eso que hoy llamamos apartheid y se practicó en Sudáfrica hasta hace nada, o lo que con el nombre de discriminación racial se sigue usando en los Estados Unidos aunque con cierto disimulo, fue práctica y uso común en todo el período colonial venezolano y, como en Estados Unidos hoy, subsistió como algo social, no necesariamente legal, durante buena parte del tiempo en que el país se ha regido por el sistema republicano. Siempre se ha creído que la discriminación racial se basa en dos temores: el temor a lo desconocido y el temor al desplazamiento del poder. El temor a lo desconocido no requiere mayores explicaciones: si una comunidad es diferente, claramente diferente a la dominante, bien por el color de la piel, bien por la forma de los rasgos faciales, la dominante le teme porque es un cuerpo extraño, y la discrimina. La otra, la de desplazamiento de poder, tampoco necesita una explicación demasiado detallada, se basa en que esas personas diferentes, si por su número pueden apartar del poder a los dominantes, los dominantes harán cuanto esté a su alcance para evitarlo, y, por supuesto, les negarán toda posibilidad, toda arma, toda fuerza, de modo de mantener el status y garantizarse el dominio. Sin embargo, investigaciones muy recientes demuestran que la cosa no es tan sencilla, y que el cerebro humano tiente a dividir radicalmente entre lo cercano y lo lejano, lo propio y lo ajeno, aun a partir de simples símbolos externos. Así lo demuestra el libro Us and Them, Understanding Your Tribal Mind, de David Berreby (Little, Brown and Company, New York, N.Y., USA, 2005), en el que se prueba hasta donde es posible hacerlo que la raíz biológica de la discriminación es mucho más fuerte que la sicológica o la sociológica, lo que lleva a pensar que sólo mediante la educación, impuesta por los grados más altos de civilización, puede llegarse a superar esa tendencia natural, aunque absurda, a la discriminación.

En el caso de la España del siglo XV se aplicaron, sin duda, todos los componentes que llevan a la discriminación mezclados y combinados: el miedo, la necesidad de imponerse y, por supuesto, la tendencia natural de la que habla Berreby. Los usos y costumbres de moros y judíos eran diferentes a los de los cristianos y los propios judíos y moros se encargaban de acentuar esas diferencias. No había demasiada distancia entre los rasgos y los colores, salvo algunos detalles nada importantes que distinguían a los semitas. Pero sí, evidentemente, estaba de por medio la diferencia religiosa, que se hacía especialmente importante porque se relacionaba con el poder. Dios era el origen de todo poder terrenal y los moros y los judíos no reconocían al Dios de los cristianos como universal, como católico, y por ende desconocían la fuente de poder de los reyes y sus súbditos grandes. Por eso, desde que fueron dominados los moros y expulsados los judíos, la corona española, unificada, los discriminó de manera severa, pero también discriminó a catalanes, vascos y canarios, aun cuando estos últimos desde el punto de vista étnico y cultural (lingüístico) no tenían diferencias fundamentales con los castellanos. Pero lo más importante era el temor de que los semitas, que en muchas partes de España eran aún mayoría, lograran volver al poder y desplazaran a los cristianos, considerados europeos puros (irónicamente, hoy se ha comprobado que todos los seres humanos son de origen africano, de donde se infiere que los más “puros”, son los africanos). Por eso se impusieron controles estrictos de “pureza de sangre”, y quien aspirara a algún cargo militar, civil o religioso, tenía que probar que entre sus antepasados no había ningún moro ni ningún judío, lo cual se extendería, inevitablemente, a la posibilidad de algún antepasado africano.

Era ineludible que esas formas de discriminación y de control viajaran a Indias y se modificaran de acuerdo a la realidad de este lado de la mar océana. Y hasta llegaran a codificarse con miras a crear un sistema de excepciones que, además tendría tinte fiscal. En el caso concreto de Venezuela, la escala de castas era la siguiente: En el tope de la pirámide estaban las familias que tenían títulos de nobleza traídos de España, y que dominaban no sólo la política, sino el comercio exterior y “una buena parte del intercambio de mercaderías internas o su producción” (Rodulfo Cortés, Santos, El Régimen de “Las Gracias al Sacar” en Venezuela durante el período hispánico, Tomo I, Academia Nacional de la Historia, Caracas, Venezuela, 1978, p. 86). A esa capa seguía la de los agricultores propiamente dichos, de donde salía, como una derivación natural y por vía de las relaciones extramaritales, la de los mestizos que servirían de mayordomos y vigilantes del orden. Allí comenzaba la escala de los llamados pardos, clasificada por la cercanía (o lejanía) del candidato con su más cercano antepasado blanco. Así, había tercerones (hijos de blancos con mulatos), cuarterones (sucesores de blancos y tercerones) y quinterones (de blancos con cuarterones). A esa categoría seguía, siempre hacia abajo, la de los zambos, que eran producto de la mezcla de negros e indios y los “tente en el aire”, mezcla de zambos con tercerones o cuarterones o quinterones, y como penúltimos en la escala, estaban los “salto atrás”, que eran producto de la unión de cuarterones o quinterones con mulatos, que a su vez eran los que salían de la mezcla de blanco y negro. Y los últimos en la escala eran los negros que habían llegado al país como objetos, no como personas. Los indios, de por sí, constituían una clase aparte (Rodulfo Cortés, Santos, Op. Cit., pp. 88-89).
La Corona española, ya hacia el siglo XVIII, estableció todo un sistema de excepciones, compra de títulos y anulación de restricciones, que llamó de Gracias al sacar, y que demuestra que la práctica de establecer castas como parte de la estructura jurídica imperante no tenía ninguna base, ni biológica ni lógica, ni era defendible desde ningún punto de vista, puesto que con el simple pago de determinadas cantidades se podía ascender de una a otra, por mucho protestara la otra.
Hacia fines del siglo XVIII Humboldt observa que se ha producido un cambio importante en el concepto de nobleza: En las colonias españolas la aristocracia tiene un contrapeso de otra suerte, cuya acción se hace de día en día más poderosa: Entre los blancos ha penetrado un sentimiento de igualdad; y por donde quiera que se mira a los pardos, bien como esclavos, bien como manumitidos, lo que constituye la nobleza es la libertad hereditaria, la persuasión íntima de no contar entre los antepasados sino hombres libres (Humboldt, Alejandro de, Op Cit., Tomo II, p. 263). Ello implica que la clase dominante se diferencia abiertamente de los criterios europeos, y de esa primera diferenciación a las que siguieron, bajo influencia de la Revolución de América del Norte y la Revolución Francesa, sólo había una línea que les fue muy fácil cruzar bajo el signo de la ilustración.
Sin embargo, ese archipiélago de colores creado artificialmente por la corona española se constituyó en serio obstáculo para el progreso político y social que buscaban los mantuanos de la última generación: Los nobles, orgullosos de ser de linajes libres, lucharon por la libertad de todos y en contra de la dominación de España; los esclavos, acostumbrados a ser esclavos, lucharon al comienzo contra la libertad y en favor de la dominación española, lo cual, con nuestra óptica actual, nos parece un simple contrasentido. Pero, si tratamos de usar la óptica de su tiempo nos daremos cuenta de que ambos grupos tenían sus razones y su razón y, sobretodo, sus sinrazones.
Antes de que Bolívar asumiera el mando real, la guerra de colores marcó la pauta. Desde que Bolívar se convirtió en la cabeza de la revolución, aquello de los “colores” se quedó en el pasado y se inició una guerra entre naciones: España, la potencia imperial y colonial, y las repúblicas americanas, hijas y madres de la libertad. Posiblemente esa haya sido la causa del éxito político y militar del Libertador Simón Bolívar, el haberse dado cuenta de que la división artificial de castas creada por las autoridades coloniales españolas, que se apoyaba en un archipiélago de colores contrario a la naturaleza, era una versión perversa del divide et impera de los romanos, y, por tanto, era indispensable convertir aquel archipiélago en un nuevo continente, no de islas sino de tierra firme, para lograr que el sueño empezara a convertirse en realidad. Eso lo pagó muy caro Piar, cuando trató, como hoy, de echar el reloj de la Historia hacia atrás, que es, como para completar lo absurdo de esas situaciones, lo que al final del siglo XX y comienzos del XXI ha hecho un grupo anacrónico en Venezuela, y que para hacer aún más absurdo lo absurdo, se dice seguidor de Bolívar, cuando en realidad siguen las ideas de Boves, el peor enemigo de Bolívar, pero eso corresponde a otro tiempo, del que no tenemos por qué hablar aquí.
Capítulos Publicados:El Paraíso Partido(Venezuela antes de la Independencia)

martes, septiembre 02, 2008

¿Los peruanos fueron obligados a independizarse o esto es un mito?: historiador Scarlett O’Phelan nos da la respuesta

Gracias al excelente blog el "Reportero de la historia". El subrayado es nuestro. (Imagen: Scarlett O’Phelan a la izquierda de amarillo)

Nombrada para la Cátedra Simón Bolívar 2008 en la Universidad de Cambridge

Entrevista de Verónica Uribe

Establecida por la Universidad de Cambridge, Reino Unido, con el apoyo del gobierno de Venezuela en 1968, la Cátedra Simón Bolívar es otorgada anualmente a un intelectual latinoamericano en reconocimiento a su valioso trabajo de investigación. En treinta años de existencia, esta prestigiosa cátedra ha sido otorgada solamente a tres peruanos: el escritor Mario Vargas Llosa (1977), el padre Gustavo Gutiérrez (1989) y el crítico literario y escritor Julio Ortega (1995). Este año, un nombre más se añade a la selecta lista: el de la doctora Scarlett O´Phelan, profesora principal de la Maestría en Historia y de la Maestría en Historia con mención en Estudios Andinos de nuestra Universidad, quien tiene el privilegio de ser la primera peruana en recibir la Cátedra Simón Bolívar. Ella ya sabe lo que es abrir un camino: también fue la primera licenciada en Historia de la Universidad Católica. Ahora se prepara para viajar a tierras inglesas en las próximas semanas

¿A qué se debe que se haya especializado en temas de rebeliones indígenas y el proceso de emancipación de las colonias hispanoamericanas?

Debo decir que estos no son los únicos temas que he investigado. He intercalado el estudio de las rebeliones con otros temas, por ejemplo, los hijos naturales en la colonia, la minería en Hualgayoc en el siglo XVII, o la inmigración irlandesa al Perú. Pero es cierto, siempre vuelvo a la gran rebelión y los movimientos sociales del siglo XVIII. Es un tema que ya es parte constitutiva de mi trabajo histórico y que de alguna manera se conecta con otros temas que investigo. Así fue desde el inicio. Al terminar mis estudios de pregrado en la Universidad Católica gané una beca de la Fundación Ford para hacer mi doctorado en la Universidad de Londres. Allí hice mi tesis sobre historia latinoamericana con la asesoría de los profesores Eric Hobsbawm y John Lynch. El título de la tesis era “Rebeliones y revueltas sociales en el Perú y Bolivia en el siglo XVIII”. Después estuve casi tres años en Alemania, donde me dieron la beca Alexander von Humboldt. Ahí comencé a trabajar el proceso de independencia, que es lo que he venido haciendo hasta ahora.

¿Hay muchos mitos alrededor de la independencia del Perú?

Bueno, en el artículo “El mito de la independencia concedida” intento mostrar que en las primeras juntas, las de La Paz y Quito, hubo participación de criollos peruanos. Esto quiere decir que los peruanos no estuvieron al margen de este proceso de luchas por las autonomías regionales que se dio tras el vacío de poder que dejó la salida de Fernando VII. Aunque en la segunda fase del proceso de independencia ya hay un repliegue de estos sectores y aparecen nuevas figuras importantes como San Martín y Bolívar, eso no significa que no haya habido un deseo de independencia surgido desde el Perú.

El proyecto que presentó para la Universidad de Cambridge también corresponde a la etapa de nuestra independencia.

Sí, la Cátedra Simón Bolívar es de investigación. Yo estaré en Cambridge desde el 1ro. de octubre de este año hasta el 30 de junio del 2009 trabajando el proyecto que presenté, que es el proceso de independencia en los Andes. La idea del proyecto es trabajar, por un lado, el proceso de las juntas de gobierno, y por otro, ver los diferentes casos continentales. Me interesa explicar el particular caso de la independencia del Perú en la medida en que aquí no hubo una élite dirigente clara que llevara a cabo este proceso. Lo que hubo en el Perú fue mucha participación de comunidades indígenas, de castas de color.

¿Qué aspecto falta investigar en el proceso de independencia en los Andes?

Por ejemplo, alrededor de un personaje central como Túpac Amaru no se ha tocado mucho el hecho de que él era un cacique ilustrado, un individuo muy metido en todo lo que significó la Ilustración. Siempre se ha enfatizado su parte indígena, que por supuesto existió ya que era un hombre entre dos mundos, pero la parte ilustrada que lo caracterizaba se ha dejado de lado.

¿Se dedicará íntegramente a su investigación en Cambridge?

Aparte de la investigación tengo que dar una charla inaugural cuando comience el año académico y una charla de clausura al final. Además, debo dictar un seminario durante el segundo semestre.


Como profesora de la Maestría de Historia de la PUCP, ha dictado el curso de Seminario de Tesis muchas veces.

¿Qué impresión le causan los trabajos de los nuevos historiadores?

Creo que se están haciendo tesis sobre temas muy variados y de un excelente nivel académico. Los alumnos de la Maestría son estudiantes maduros, que ya han optado por la especialidad de Historia, que están comprometidos con ella y que quieren investigar y producir. En ese sentido es un privilegio trabajar con gente que sabe lo que quiere y que tiene metas definidas.

* Publicado en Puntoedu, N° 120, p. 16.

lunes, septiembre 01, 2008

"Bolívar el Caraqueño" de Ramón Díaz Sánchez (1967)

DIAZ SANCHEZ, Ramón (1967), Bolívar el Caraqueño, Caracas: Gobernación del Distrito Federal, 1997.

DIAZ SANCHEZ, Ramón: (Puerto Cabello (Edo. Carabobo) 14.8.1903 - Caracas, 8.11.1968), Escritor, periodista e historiador; colabora en los periódicos La Información, Excelsior y La Hora Literaria; participa en la creación del grupo literario «Seremos» (1925), el cual adopta una actitud crítica ante el régimen del general Juan Vicente Gómez, y será encarcelado en el castillo de San Carlos (1928-1929). Se residencia en Maracaibo y del mundo de los campos petroleros surgirá primera novela Mene, galardonada en 1935 por el Ateneo de Caracas y publicada en 1936. Residenciado en Caracas, es nombrado jefe de publicaciones del Ministerio de Agricultura y Cría (1937-1939), director de Gabinete del Ministerio de Educación (1940-1941) y director de la Oficina Nacional de Prensa (1942-1943). Diputado por el estado Carabobo (1943-1945), es colaborador de los diarios El Universal, El Nacional, El Heraldo, La Esfera, así como de las revistas Élite, Billiken y del semanario Fantoches. Su novela, Cumboto, recibe el premio Arístides Rojas (1948). Director de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educación (1951-1952), es consejero cultural de las embajadas de Venezuela en París, Roma, Madrid y Bonn (1952). En el campo de la historia, publica una magistral biografía de Antonio Leocadio Guzmán, titulada Guzmán, elipse de una ambición de poder galardonada con el Premio Nacional de Literatura (1950). Ramón Díaz Sánchez es considerado como uno de los mejores narradores venezolanos de la primera mitad del siglo XX. Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua en 1952 y de la Academia Nacional de la Historia en 1958.
(Extracto de: FUNDACIÓN POLAR, 1997, Diccionario de Historia de Venezuela, CD-ROM).
Nuestra reseña hace un breve comentario de toda la obra, y luego resalta el tratamiento que le da el autor a ciertos temas polémicos de la vida de Bolívar.

El Bolívar de Díaz Sánchez, resulta agradable en su lectura por ser escrita por un literato; aunque no observo a lo largo del libro la meta que se propuso al colocar en su título el adjetivo de caraqueño en el sentido del detalle, más si en la idea central que da en su Preámbulo, en el cual señala que "la Caracas de fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX (...) posee una fisionomía bien definida, con una sociedad culta y emprendedora y, sobre todo, con una precoz conciencia de su posición entre las naciones del Nuevo Mundo" (p. 19); y esto, por medio de Bolívar fruto de la cultura caraqueña, le dará una originalidad en sus concepciones y en su aplicación a la realidad social más allá de la inspiración que le dieron las revoluciones norteamericana y francesa."Su genio (el de Bolívar), fenómeno individual, se identifica como el genio colectivo de la ciudad y de la nación, y le convierte en el caraqueño por excelencia." (p. 21).
Es una biografía que supera el embrujo del mito bolivariano, al preguntarse por la verdad en lo relativo a las leyendas, valorando el contexto, y las influencias que este tuvo a lo largo de su vida. En este sentido Díaz Sánchez desmitifica el papel de Simón Rodríguez en las inclinaciones ideológicas del biografiado. En todo momento ofrece datos que corroboran sus afirmaciones. No toma en cuenta el anhelo de gloria a partir del peso que tuvo en su vida el ejemplo de Napoleón, que otros biógrafos han resaltado.
El genio de Bolívar se fundamentó en las siguientes virtudes, para Díaz Sánchez: oratoria, carisma, liderazgo basado en la negociación de intereses en el logro de los consensos, diplomático (consigue apoyos en toda la región e incluso de los británicos), orgnizativo (aprovecha todos los recursos de la zona donde opera militarmente.
Temas polémicos: la interpretación del autor.
Entrega de Miranda (noche del 30 de julio de 1812): el autor no culpa a Bolívar, diluye su responsabilidad en el colectivo que lo hace preso (p. 71).
Proclama de Guerra a Muerte de Bolívar (15 de junio de 1813): la justifica señalando que la misma posee una "algo tremendamente creador que comunica a su gesto una grandeza genésica. (...) la muerte permitió un sentimiento diferencial entre el vasallaje y la libertad, entre lo español y lo americano, entre la depedencia (...) y la patria nativa dueña de su destino" (p. 77).
Luego el autor hablará de un paso de la Guerra a Muerte a la "Guerra a Vida" que no es más que ganarse a los que se oponen a la independencia.
Masacre en la Güaira (13 de febrero de 1814): la justifica por estar la segunda república en medio del caos, y el peligro de un "asalto interno" (p. 84). Es bueno señalar que en este tiempo de crisis Bolívar pide la intervención inglesa para que las "castas" no tomen el poder en Venezuela, es el temor a la "pardocracia" que Bolívar tendrá siempre.
Caudillos logran la tarea de reclutar hombres para el Ejército Libertador y debilitan a los realistas (p. 91): se refiere a los caudillos regionales que hacen la guerra cuando hay pleno dominio español (1815):
- LLANOS: Páez, Rivero, Villaroel, Canelón;
- MATURÍN: Barreto y Rojas;
- BARCELONA: Monagas y Parejo;
- CAICARA: Cedeño;
- ALTOS LLANOS DE CARACAS: Zaraza.
Desastre republicano en Ocumare de la Costa (julio de 1816): señala que el informe de Soublette exagera, la culpa no es de Bolívar (pp. 97-98).
Fusilamiento de Piar (16 de octubre de 1817): lo justifica debido a que Piar estaba lleno de "veleidades, ambiciones personales, y era un revoltoso" (p. 100).
Para finalizar, recomendamos esta biografía por su perfecta redacción, porque no se hace tediosa ni es un tratado larguísimo como es el caso de Masur, por poner un ejemplo. Al final termina con un epílogo que habla de una Manuela Saenz "viuda", recordando siempre a Bolívar; paraluego terminar señalando que tanto los políticos como el pueblo reconocen la gloria de El Libertador, pero en especial el pueblo se "asocia a su obra" inventando movimientos "cuyo contenido desborda los límitesde su nombre" (p. 248).

Autor de la reseña: Carlos Balladares
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