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sábado, julio 07, 2018
El próximo martes 10 de julio en la UNIMET: historiador Gerardo Vivas hablará sobre "los títulos definitivos de posesión venezolana sobre la Guajira y el Golfo"
lunes, enero 27, 2014
Simón Rodríguez explica cómo construir una república en su obra "Sociedades Americanas" (reseña)
Autor: Carlos Balladares
Publicado en Código Venezuela
¿Cómo construir una república en América?
Simón Rodríguez creía
que debían existir “escuelas para todos, porque todos son ciudadanos”. Deja
claro que no debe haber excepción de personas, y que el contenido de dicha
educación deben ser las virtudes republicanas las cuales son: “saber nuestras
obligaciones sociales” y “vivir de una industria” que ni nos perjudique ni
perjudique a los demás. ¿Por qué considera tan importante estos dos aspectos?
Porque “al que no sabe cualquiera lo engaña” y “al que no tiene cualquiera lo
compra” (pp. 31-34). Este último elemento se sostiene en su defensa de una
economía que permita una “aspiración fundada a la propiedad”, de modo que la
mayoría no dependa de otros, especialmente de los que mandan. Sin duda que no
creía en ningún tipo de Estado rentista y mucho menos en algún tipo de
colectivismo, porque además consideraba: “poner la autoridad en manos de la
multitud es reemplazar un despotismo llevadero con otro insoportable” (p. 68).
Publicado en Código Venezuela
¿Cómo construir una república en América?
Simón Rodríguez (1769-1854)
(también conocido como “Samuel Robinson”) posee una gran fama en nuestro país
debido al culto a Bolívar, pero el que se acerca a su obra descubre que su vida
no se reduce a ser el maestro del Libertador. Para conocerlo lo he leído
directamente en su obra: “Sociedades Americanas” (edición de 1990 de la
Biblioteca Ayacucho) la cual fue escrita en dos partes: la primera en 1828 y la
segunda en 1842. El prólogo es del filósofo J. D. García Bacca, quien analiza
tres calificativos que su alumno le da: “mi Sócrates”, “filósofo cosmopolita” y
“el hombre más extraordinario del mundo”. Fue el Sócrates de Caracas porque
todo lo refutaba y era sencillo y humilde, al mismo tiempo que era cosmopolita
por ser políglota y educar a los pobres (“cosmopolitismo social”); y por último
era extraordinario por creer posible lo que en su tiempo se veía como
imposible: hacer de la América servil una nación de republicanos.
Su estilo de narrar
es algo peculiar; porque no solo alterna llaves, mayúsculas e incluso hace
figuras con las letras; sino que también va explicando los grandes conceptos
que usa porque el ser maestro es su vida. Un buen ejemplo es el comenzar con su
“profesión de fe política” al afirmar: “El autor es republicano, y tanto! …que
no piensa en ninguna especie de rey, ni de jefe que se le parezca.” Con esta frase
ya me ha ganado para seguir leyéndolo, porque su firmeza no permite ninguna
duda: la república no puede generar confusiones con personalismo político
alguno. Posteriormente aclara que la meta de la obra es “instruir al pueblo (…)
en el mejor gobierno republicano”, el cual al reposar sobre las costumbres se
deben conocer las peculiaridades de cada sociedad (pp. 7-9). Pero era
consciente de la gran debilidad de este sueño en América: el hecho de que sus
defensores eran (y somos) una minoría.
¿Por qué los
republicanos eran (y siguen siendo) una minoría en América? Robinson podría
responder – siguiendo su lectura – que es: por el hecho de estar a medio camino
entre la monarquía y la república, “el vulgo obedece a la persona” más que a la
autoridad, “cualquiera se hacer rey con autoridad, armas y dinero”, y no somos
“gobernados por las leyes de la razón sino por las del fanatismo”. La pregunta
inevitable es: ¿qué hacer para superar esta realidad y ser republicanos? De
varias medidas que ofrece resaltamos las que poseen mayor actualidad: “libertad
de cultos” (que él entiende en parte como el hacer de los sacerdotes personas
ilustradas), “comercio con todas las naciones”, y “colegios para enseñar todas
las ciencias” (pp. 26-29). Esta última medida debe ser explicada mejor lo cual
haremos seguidamente.
Hay que leer a este
gran hombre para descubrir que nos habían hablado de otra persona. Sin duda que
la historia oficial reciente no podría aceptar que el maestro de Bolívar
creyera en la “fundación de una sociedad de hombres libres sometidos a sus
leyes” (p. 44).
domingo, enero 19, 2014
Juan Germán Roscio (1817): "El triunfo la libertad sobre el despotismo" (reseña)
Publicado en Código Venezuela
Para que triunfe la libertad sobre el despotismo
Juan Germán Roscio (1763-1821),
a pesar de no ser antibolivariano, no ha tenido los reconocimientos que se
merece como constructor de la República (partícipe fundamental de la Suprema
Junta de Caracas y del Congreso Constituyente, siendo uno de los redactores de
los documentos emanados de dichos órganos: Acta de Independencia, Reglamento
Electoral, Constitución de 1811, etc.). La causa la conocemos: fue un civil, un
intelectual, uno de los principales protagonistas de la Primera República que
Bolívar condenó como “república aérea” y que los “sacerdotes” del culto al
libertador han mantenido en los rincones de la historia. Menos atención ha
tenido su principal libro: “El triunfo de la libertad sobre el despotismo”
(1817) el cual – aunque él mismo trajo algunos ejemplares a Venezuela en su
regreso en 1818 – no se conocerá realmente sino a partir de 1953 cuando se
edita por primera vez en Venezuela gracias a la labor de Pedro Grases. A
continuación les ofrecemos una breve reseña de este libro (en su edición de
1996 de la Biblioteca Ayacucho) que para nosotros ha resultado un texto
subversivo en la actual situación del país.
Roscio inicia su
formación bajo la ideología realista, doctrina que consideraba una
contradicción el ser republicano y católico al mismo tiempo. Esta idea que para
nosotros hoy no resulta un problema, para nuestros próceres fue una verdadera
calamidad al impedir el apoyo popular del proyecto emancipador. Argumentar en
su contra, justificar por medio de la Biblia los principios políticos
ilustrados será el objetivo de Roscio. Un objetivo que consideraba de igual
importancia que la acción de los ejércitos. No solo se propuso esta meta sino
también confesar sus errores, es por ello que dice en la Introducción: “PEQUÉ,
SEÑOR, contra ti y contra el género humano, mientras yo seguía las banderas del
despotismo” (p. 7). ¿Por qué pecó? Por error, porque “desconocía el idioma de
la Razón”. ¿Qué dice un examen racional de la Biblia en lo que respecta al
principio del derecho divino de los reyes? Según nuestro prócer no dice nada
sino que más bien justifica el dogma de la soberanía popular. Acepta que el
poder viene de Dios, el cual crea al ser humano a su imagen y semejanza y por
tanto cada uno de nosotros es soberano. Al ser libres entablamos contratos con
el resto de las personas, siendo los gobiernos frutos de dichos contratos (que
se expresan en el voto general que es la ley) lo que hace que un gobierno sin
este origen sea tiránico e ilegítimo.
¿Por qué existe el
despotismo? Para Roscio la explicación está en la “obediencia ciega” la cual es
“el resultado de una conciencia que sin discernir entre lo bueno y lo malo,
ciegamente abraza cuanto se le propone” (p. 125), pero también por la
corrupción: el lucro que se recibe “del tirano y sus satélites”. Solo debemos
obedecer a la razón cuya mayor expresión es la Voluntad General escrita en la
Constitución y las leyes. ¿Qué hacer si dicha voluntad elige a una autoridad y
esta se hace tiránica? ¿Debemos obedecer? Roscio describe esta situación como
un poder arbitrario: “cuando los ejecutores se apartan del sendero, que ella
misma les prescribía; y erigiéndose en legisladores, hagan pasar por leyes sus
antojos y caprichos” (p. 122). En ese momento el contrato social se rompe
porque desaparece el fin por el cual fue otorgado, y tenemos el deber y el
derecho a la rebelión al igual que Moisés y el pueblo de Israel lo tuvieron
ante los faraones. “La ley natural nos obliga” a liberar al oprimido.
Roscio sabía que para
que triunfe la libertad sobre el despotismo no bastaba Bolívar y su ejército, por
lo cual que se dedicó a mostrar las bondades del proyecto republicano y
liberal. Era consciente de que sin ciudadanos seguiríamos obedeciendo
ciegamente a todo el que poseyera el poder, llámese rey o comandante eterno.
Incluso los nuevos despotismos podrían ser mucho peores, porque serían
justificados con el dogma de la soberanía reducido al voto mayoritario. Sin
duda este pensamiento sigue siendo subversivo, quizás por ello la propuesta de
trasladar los restos de Roscio al Panteón Nacional ha quedado en el olvido.
sábado, junio 15, 2013
Hoy se cumplen 200 años de la proclama de "Guerra a muerte"
Publicado en: Código Venezuela
Autor: Carlos Balladares
200 años de “Guerra a muerte”
El 15 de junio de
1813 Simón Bolívar dicta en la ciudad de Trujillo su famosísima proclama deGuerra a muerte. Desde ese entonces (realmente desde que los textos escolares
sostienen el culto a su persona) todos nos hemos aprendido aquella frase que
dice: «Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si
no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad
con la vida, aun cuando seáis culpables.» ¿Qué se puede decir que ya no se haya
dicho antes en torno a esta decisión? ¿Es Bolívar, por esta proclama, el
culpable de la guerra de exterminio durante 7 años? No es fácil, ante estos
momentos fundamentales de la historia, cumplir con la premisa de Marc Bloch
sobre el comprender y no juzgar el pasado, pero debemos intentarlo.
La inmensa mayoría de
las biografías sobre Bolívar (que simpatizan con su papel en la historia) la
explican como una respuesta basada en la cruel tradición hispana. A los
rebeldes no se les trataba de otra manera. Y el Libertador tuvo la intención,
además, de lograr consolidar la diferenciación de identidades: españoles versus
americanos. En pocas palabras: los republicanos hicieron este tipo de guerra
para defenderse. Pero ¿Acaso los rebeldes no eran los republicanos, los cuales
se estaban oponiendo a una sociedad que permitía estas drásticas soluciones,
este orden nada humano? ¿No son los republicanos, Bolívar el que más, hijos de
la “humanista” Ilustración? Los historiadores bolivarianos (lo digo en sentido
de la defensa de su figura, no en el sentido político-partidista actual) insisten
en señalar que no quedaba otra opción; y rechazan las acusaciones de genocidio
o guerra de exterminio, aunque eso fue lo que ocurrió de bando y bando. No me
gustan los contrafácticos pero Miranda no se atrevió a realizar tal llamamiento
cuando la Primera República estuvo en sus peores momentos, quizás tuvo siempre
presente las consecuencia del “Terror jacobino”.
Al final, la proclama
no logró sus objetivos. La crueldad en la defensa de la causa republicano no
engendró en el bando realista un cambio de actitud (“obrar activamente en
obsequio de la libertad de América”); y los americanos (a los que supuestamente
no se juzgó por ser realistas) no abrazaron las banderas independentistas, al
contrario: respondieron con mayor virulencia dirigidos por el caudillo Boves.
La consecuencia real fue fortalecer la característica genocida de nuestra
guerra de Independencia, una destrucción inimaginable, y un inmenso odio a la
causa que pretendía defender el documento en cuestión. La Independencia
comenzará a triunfar, más adelante, por otros motivos; aunque entre ellos
debemos contar el gradual abandono de la política que hoy celebramos su
bicentenario.
Un último aspecto,
para concluir, considero debe ser meditado por la sociedad e investigado por
nuestros científicos sociales: ¿Cuál ha sido la consecuencia de la proclama de
Guerra a Muerte en nuestra mentalidad política? La guerra de Independencia se inició
en 1810 pero duró hasta principios del siglo XX, siendo el siglo XIX una guerra
de exterminio político de menor intensidad. Pero pensemos: ¿la justificación de
esta proclama, entre otros aspectos, no ha generado en nosotros un modo
existencialista de entender la política? Si esto es cierto, cumplimos de alguna
forma: 200 años de guerra a muerte.
sábado, diciembre 15, 2012
Efemérides: hoy se cumplen 200 años del "Manifiesto de Cartagena" escrito por Simón Bolívar
Nos parece extraño que el gobierno "Bolivariano" no haya realizado grandes actos en torno a dicha celebración, salvo una concentración en la Plaza Bolívar (ver acá). Pero tampoco la prensa se refiere al documento en cuestión, salvo la oficialista. En dicha prensa se refiere a algunos actos que al parecer el artículo que transcribimos abajo no tuvo en cuenta del todo porque seguramente fueron preparados recientemente. Los historiadores no propagandistas realizaron un conjunto de conferencias que lamentablemente no pudimos reseñar. Esperamos que otras fechas bicentenarias no pasen tan olvidadas en el futuro. Les dejamos el excelente artículo que le dedicó nuestro maestro Elías Pino Iturrieta en El Universal el domingo 02 de diciembre pasado, subrayado por nosotros; y la invitación a releer el Manifiesto acá.
Profeballa
Imagen: el Bolívar de cuando escribe el Manifiesto (Colección Casa Museo Quinta de Bolívar).
Imagen: el Bolívar de cuando escribe el Manifiesto (Colección Casa Museo Quinta de Bolívar).
Un
manifiesto en el olvido
Algo
está funcionando mal en los cultos predios del oficialismo
ELÍAS
PINO ITURRIETA | EL UNIVERSAL
domingo
2 de diciembre de 2012 12:00 AM
En ese documento, el joven exiliado hace un análisis aterrador de la política sucedida en Venezuela hasta la fecha. Deja sin hueso sano la obra realizada a partir de 1810 y no contempla la alternativa de rescatar de su seno elementos positivos, o reminiscencias gracias a las que se pudiera llegar a un sobrio entendimiento del proyecto recién desmantelado. Al contrario, se erige en juez de un tribunal personal que cierra el espacio para un examen equilibrado de los políticos y los hombres de armas derrotados en la víspera; y también, desde luego, para una sentencia que hiciera justicia al esfuerzo llevado a cabo hasta entonces. Es un texto de caída y mesa limpia, un papel de tajantes rupturas, un empeño en alejarse de las raíces del plan republicano para cambiar del todo el rumbo de los negocios públicos. Si los lectores de la actualidad hacen una revisión desapasionada de su contenido, que no es muy extenso y podrán leer en apenas un rato, se darán cuenta de su cometido de abrupta separación de los orígenes republicanos. ¿Por qué no leerlo de nuevo, como me atrevo a sugerir, no sólo para entender lo que significó en su momento sino también para sorprenderse por el inexplicable olvido en el que lo ha arrinconado el oficialismo?
El texto crece en importancia debido a las ideas que presenta Bolívar por primera vez sobre el gobierno de las repúblicas hispanoamericanas visto desde su personal atalaya. Son ideas que no dejan de acompañarlo, juicios que repite en el futuro ante circunstancias diversas, apreciaciones a las que acude cuando debe reflexionar de nuevo sobre la sociedad con el objeto de sujetarla a su opinión, o a su búsqueda del poder supremo. El Manifiesto de Cartagena se puede considerar como pionero de un pensamiento que no abandona, o que sólo retoca o perfecciona en el futuro, según podrán descubrir los investigadores o los lectores comunes y corrientes si siguen la pista de cómo juzga el descalabro de 1812 y de cómo hablará de entuertos y soluciones posteriores hasta los tiempos de su declive y su muerte. Estamos, por lo tanto, frente a un documento de especial relevancia sobre cuyo contenido se puede cortar mucha tela para el entendimiento de quien lo redactó y de los límites del republicanismo que puso en práctica. Realmente nadie puede explicarse la razón por la que el presidente Chávez, tan aficionado a la historia hasta el punto de convertirse en su pontífice, no haya buscado tiempo para darnos lecciones sobre ese capítulo esencial del evangelio que profesa. Lo mismo se debe decir de sus acólitos en el gremio de los historiadores, quienes tenían dorada ocasión de responder a las enseñanzas de su maestro de la actualidad partiendo de lo que dice su inspirador de los tiempos de la Independencia, y han permanecido en insólito silencio.
No es aquí el lugar para un análisis pormenorizado del documento. De allí que sugiera que lo vean, para que se conmuevan con sus letras y para que piensen en el sospechoso mutis del gobierno ante lo que dijo Bolívar hace doscientos años. Para animarlos, aseguro que las afirmaciones de Cartagena son un prólogo de la Guerra a Muerte que el autor proclamará en el cuartel de Trujillo, en 1813, y de la dictadura personal que ejercerá de inmediato cuando se establezca en Caracas. De acuerdo con lo que afirma Bolívar en el Manifiesto, la república sólo se puede restablecer a través de un régimen que olvide el imperio de las regulaciones y los valores de la Carta Magna, debido a que los ciudadanos sólo congeniarán con el espíritu republicano cuando se les obligue. Pero, ¿cómo se les obligará a ser republicanos? No lo dice en el documento, pero lo hace más tarde: mediante un ejercicio férreo del poder concentrado en las manos de una sola persona, sin consultar a nadie sino en ocasiones especiales. Por allí van los tiros de una pieza fundamental del pensamiento bolivariano, que ha pasado por un desolado bicentenario. Apenas un grupo de historiadores sin relaciones con el régimen hizo su análisis en días pasados. Un documento como el que se ha comentado importa por sí solo, pero la manipulación de la historia que ha realizado el chavismo obliga a preguntarse por las razones de una inesperada indiferencia. Algo está funcionando mal en los cultos predios del oficialismo.
sábado, noviembre 24, 2012
Lunes 26 y martes 27 de noviembre se realizarán un conjunto de conferencias en torno al Bicentenario del "Manifiesto de Cartagena"
martes, septiembre 27, 2011
Documentos para la historia de la la democracia venezolana: "Manifiesto de Petare"
CUMBRE DE MANDATARIOS REGIONALES
Manifiesto de Petare por la Seguridad y los Recursos de Nuestros Pueblos
EL UNIVERSAL
martes 27 de septiembre de 2011 01:47 PM
Petare, 27 de septiembre de 2011
Henry Falcón
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