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domingo, enero 13, 2019

Cuando el objetivo no es hacer investigación historiográfica sino propaganda

Un colega profesor denunció este error con las siguientes palabras: 
El Centro Nacional de la Historia: Ni si quiera saben correctamente las fechas que exaltan para su propaganda política: Chávez ganó las elecciones presidenciales un 6 de diciembre de MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y OCHO (1998) y la "Constitución bolivariana" se aprobó un 15 de diciembre de 1999. ¡El 6 de diciembre de 1999 NO pasó nada importante! Enredaron todo y aún así lo publicaron. ¡Qué desastre son!

lunes, diciembre 10, 2018

La destrucción de nuestro patrimonio histórico por la cursilería y el trasnocho ideológico chavista: el caso del León de Caracas




En la entrada de Caracas por la autopista Valle-Coche, la actual alcalde del Municipio Libertado Érika Farías (sí la misma que no atiende el problema de la basura y mantiene el abandono de nuestra ciudad capital) realizó éste horroroso cambio que destruye nuestro patrimonio, identidad y símbolos. Nuestro admirado amigo y colega: el reconocido historiador Tomás Straka expresó la mejor interpretación de éste hecho: 

Cierto indigenismo, de suyo eurocéntrico, más o menos comprensible en el siglo XIX, como supuesta declaración contra el eurocentrismo colonial. Es una aporía si tomamos en cuenta la estética de la escultura, su busto de rumbera, hoy de "explotada", como en las representaciones mexicanas de Hilguera y en nuestro Centeno Vallenilla; el mito de eso que en México llaman la "india bonita" (es decir, una que no parece india), el hecho mismo de erigir estatuas. Si Apacuana existió, difícilmente pudo haberse sentido representada en esto. Pero es una aporía de larga data.
Lo notable en esto, como en casi todo en esta Revolución, es la insistencia en una forma de mirar y hacer las cosas, que el resto ya ha dejado atrás, muy atrás. ¡Volver a los simbolos de cierta izquierda de los 30s y cierto fascismo de los 50s! He ahí la ecuación del chavismo.

Y acá la nota de protesta del Frente en Defensa del Norte de Caracas liderizado por Carlos Julio Rojas: 

Vecinos protestan en defensa del León de Caracas y califican su sustitución de ilegal

Un grupo de luchadores sociales se apostaron en la entrada del Puente Los Leones de El Paraíso, donde realizaron una protesta creativa en defensa de los símbolos históricos de Caracas, destacando el icono del León el cual hace pocas horas fue retirado de la entrada de la capital y sustituido por una estatua de la india Apacuana, todo por orden de la alcaldesa Erika Farías. Los vecinos calificaron esta medida de ilegal ya que viola la ordenanza de símbolos municipales de Libertador en la que se decreta al mencionado felino como parte del escudo de armas de la ciudad.
Carlos Julio Rojas, coordinador del Frente en Defensa del Norte de Caracas, señaló que en un acto abusivo Erika Farías decidió entre gallos y medianoche retirar la estatua del León sustituyéndola por la imagen de una india llamada Apacuana. “Con todo el respeto que merece la guerrera, esta indígena no pertenece a Caracas, ella hizo vida en los Valles del Tuy, por eso, que sea la imagen de la capital es un exabrupto histórico. Recordando además que esto es un sátira cuando el tratamiento del Gobierno de Maduro a los indígenas es insultante, teniendo claros ejemplo en las agresión a los Pemones en el parque nacional Canaima”, dijo.
Rojas reveló que esta decisión es ilegal al estar violando la ordenanza de Símbolos Municipales de Libertador aprobada a finales de 1993, la cual está vigente. “Esta ley certifica que el escudo de armas incluye al león como icono de Caracas, su retiro es una forma de pisotear nuestra historia de casi 500 años de fundación como ciudad. Tanto Jorge Rodríguez en principio, como hoy Erika Farías no tienen respeto por nuestra cultura y por eso piensan eliminarla de un plumazo”.
Recordó que este no es el primer intento del Gobierno de atentar contra los iconos históricos de la ciudad, primero fue intentar eliminar el escudo de Caracas cambiándolo por una estrella roja al más puro estilo soviético. “Y por si no fuera poco el escudo de Santiago de León de Caracas también fue retirado del salón de sesiones del Concejo Municipal  y en su lugar coloraron cuadros de Chávez, Eliecer Otaiza y Robert Serra. Concejales que no quieren a la capital sino se dedican a roba y destruir nuestra memoria histórica”, afirmó.
El vocero de Caracas Ciudad Plural informó que iniciarán una campaña comunicacional que denominarán con el hastag #DefiendeAlLéonDeCcs ya que de golpe y porrazo el Gobierno de Farías no podrá con siglos de historia. “Desde el amor que sentimos por nuestros Leones del Caracas hasta los que sentimos el orgullo inmenso de ser caraqueños no permitiremos que nos roben nuestros símbolos. En las próximas semanas acudiremos a los tribunales contenciosos administrativos para solicitar una media cautelar en protección al escudo de la capital”.

Por su parte el presidente de la Fundación por la Defensa de Antímano José Gregorio Ochoa expresó que pretenden borrar la historia urbana de Caracas tratando de crear una cultura de resignación aprendida para obligar a la sociedad a adaptarse a un sistema de ámbito doctrinario que ellos se empeñan en imponer al que llaman socialismo del siglo XXI través de nuevas simbologías, de nuevos comportamientos, donde de manera trasnochada pretenden crear la Caracas Roja. “Vamos a defender nuestra identidad ante las instancias jurisdiccionales correspondientes”, enfatizó.


domingo, julio 22, 2018

Entrevista al amigo e historiador Tomás Straka en el "2001" sobre Simón Bolívar


LA CONVERSA.HISTORIADOR TOMAS STRAKA. GUSTAVO ORTIZ97


Roberto Romanelli | rromanelli@bloquedearmas.com
Aunque otros gobiernos y mandatarios manipularon la figura de Simón Bolívar a través de la historia, el chavismo lo usó como un factor de división de los venezolanos, lo que “ha hecho que sectores importantes de venezolanos se estén distanciando de Bolívar, sobretodo los más jóvenes, y gente que hasta le está teniendo rabia a Bolívar”.
Así lo expresa el historiador y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Tomás Straka, en vísperas de un nuevo aniversario del natalicio del Libertador.
El investigador añadió que por esta “identificación en una bandería política" de la imagen de Bolívar, “la connotación bolivariana en Venezuela que era de por si positiva, se ha diluido en términos de la sociedad”.
“Muchos se han dado cuenta de lo peor que puede haber en el culto a Bolívar, asi como había cosas positivas, podía tener consecuencias negativas, entonces, la gente se asustó del constructo, del artefacto de Bolívar, miren como esta forma de narrar, de explicar la historia, se ha traducido en esta forma de entender la realidad y de gestionarla”, dijo en alusión a la situación actual.
¿Qué podemos reivindicar de Bolívar que pueda servir para hacer avanzar al país?
Lo primero que habría que subrayar es su carácter de venezolano universal. Bolívar, de lejos, tuvo una ejecutoria, un protagonismo en la historia americana que le da una proyección universal, en el sentido de expandir la libertad y los derechos de los ciudadanos. Indistintamente de las observaciones que pudieran hacerse desde el 2018 a Bolívar, y las críticas que se hicieron en su momento -porque Bolívar no tuvo una aprobación unánime ni tenia porque tenerla- pero tal vez de cara al porvenir, la posibilidad de que desde las oportunidades que daba una Venezuela muy restringida, muy pobre, muy aislada del mundo como era la Venezuela del siglo 19, se pueden hacer ejecutorias que empujan realmente o ayudan a empujar a la sociedad a una civilización mas amplia de libertad e igualdad para todos. Creo que Bolívar une en eso.
¿Qué es lo más dañino que se ha hecho con Bolívar, no sólo en este régimen?
Convertirlo en una especie de dogma, de dios tutelar, convertir el bolivaniarismo como dijo (el abogado e historiador) Luis Castro Leiva, en una teología, la teología bolivariana. Es decir agarrar a Bolívar como un héroe para todas las cosas, en base a lo cual Bolívar es una especie de bola de cristal donde cada quien ve reflejado lo que quiere y en esa suerte de saco de sastre la gente mete la mano y toma el pedazo de Bolívar que más le convenga. Esto tuvo muchas consecuencias negativas, una de las cosas negativas de esa conversión de Bolívar en ese dios tutelar de la sociedad venezolana es que apuntala al personalismo. Todos nuestros presidentes o nuestros dictadores han querido verse a si mismo como una especie de segundo Bolívar, lo dicen deliberadamente. Entonces, la construcción de ese culto a Bolívar es una emanación que se retroalimenta con el culto a la personalidad, buscar salvadores, buscar un hombre providente que resuelva todo, está íntimamente relacionado con la educación que recibimos los venezolanos ante Bolívar.
¿Es un culto a la personalidad?
Bolívar fue un hombre capaz de todo, del cual habría que esperar todo lo bueno, al que había que obedecer acríticamente, un hombre que era perfecto, un hombre sin fisuras, ese modelo del hombre perfecto a cuya ausencia se atribuye muchos de los males de Venezuela, es un terreno fértil para que la gente busque otro hombre perfecto. La construcción del personalismo está intímamente vinculado con ese culto a Bolívar que en última instancia es un culto a la personalidad.
¿Bolívar no sustituye la figura del Rey?
En buena medida hay de esto, ¿Qué ocurre? ya había un terreno, unas condiciones propicias para que ello ocurriera, más o menos en el mundo había el culto a Napoleón, el culto a Washington, son los referentes que se toman para comenzar en vida el culto a Bolívar, es decir las acusaciones de personalista, de que era un rey, de no fomentar el equilibrio, arranca con Bolívar en vida, pero en nuestro caso eso se va a vincular además con la necesidad de que la República tenía que buscar alguna legitimidad que estaba asociada o que ocupara el espacio que había dejado vacío la ausencia del rey.
¿Habría que redimensionar a Bolívar?
Que una sociedad tenga héroes no es un problema en sí mismo. Que tenga un héroe máximo no es un problema en si mismo. El problema es el uso, la dimensión que tiene ese culto al héroe y las consecuencias que puede tener por ejemplo cuando no promueve determinados valores. Entonces redimensionar el culto a Bolívar en función del venezolano excepcional que fue, un hombre con realizaciones importantes que tuvo, entendiéndolo en los justos límites de un hombre que por muy excepcional al fin y al cabo era hombre y que tenía ideas que no tenemos que aceptar como un dogma de fe sino que son ideas que son merecedoras de ser discutidas, de ser comprendidas pero no de ser obedecidas como un libro sagrado, creo que ese redimensionamiento puede ser positivo.
¿Qué significado tiene Bolívar ahora, con dos bandos que lo reivindica para sí?
Bolívar ha tenido muchos significados a través de la historia, porque cada régimen se ha cosido un Bolívar a la medida, desde el Bolívar magistrado católico, con ese catolicismo que impulsaba la Iglesia bajo la figura del cardenal Humberto Quintero, al Bolívar de López Contreras que era exaltado como la base posible para una ideología nacional que sirviera para contrarrestar lo que el veía como las ideologías extranjeras, un Bolívar anticomunista, al Bolívar de Chávez como uno de los precursores del socialismo, nos damos cuentas que hay muchos Bolívar posibles. Es una especie de dios como Krisna, el dio hindú que cuando le piden que enseñe todos sus rostros, tiene millares de rostros distintos.
Hoy, en Venezuela, ocurre una cosa que no había ocurrido nunca, el exceso de utilización de Bolívar en el discurso político, los excesos a los que se ha llegado con el culto a Bolívar y su identificación con una bandería en particular, el chavismo, ha hecho que la suerte de la imagen de Bolívar esté más o menos atada a la suerte del chavismo. Es decir la connotación bolivariana en Venezuela que era de por si positiva, la apelación a Bolívar como referente inapelable, el referente más alto que podíamos tener nosotros para cualquier cosa, se ha diluido en términos de la sociedad.
¿Lo convierten en un factor de división?
Sin duda porque los chavistas comenzaron a hacer algo que no era la primera vez que ocurría, eso había pasado con el partido liberal, diciendo ‘todos los que están en contra nuestra son simplemente enemigos de Bolívar y de Venezuela’. Ese es el discurso de Guzmán Blanco, lo que pasa es que Guzmán Blanco ganó la partida y tenía a su favor una abrumadora mayoría de los venezolanos, de tal manera que logró utilizarse como un discurso federal en el siglo 20. Luego viene el caso de José Vicente Gómez que decía lo mismo, ‘yo soy el auténtico interprete de Bolívar y todos los malos hijos de la patria son los que están en contra mía', él va a confundir a Bolívar consigo mismo.
Luego, a lo largo del siglo 20 habíamos logrado unificar y sacar a Bolívar del discurso político cotidiano y dejarlo para el discurso de Estado. Esto que se decidió después de la democracia del 58, de que ningún partido político podía utilizar símbolos patrios para su parcialidad porque tenía que ser un patrimonio compartido de todos los venezolanos, iba en esa dirección, de manera que a partir de la década de los 40, Bolívar termina de ser una figura de integración para todos los venezolanos.
Pero no era intocable...
No se podía cuestionar, era el dios de todos los venezolanos, precisamente por esto era una oportunidad en donde podíamos sentarnos a dialogar, tenía esa función, unificadora, esa es la función del héroe nacional, es una especie de padre de patriarca del cual venimos todos, de cuyo simiente venimos todos.
¿Eso cambió con Chávez?
Cambió con el chavismo, Bolívar va a ser el héroe de una bandería. En esto ocurren dos cosas, el chavismo nunca fue una mayoría tan abrumadora como la que había sido la que apoyó al sistema democrático, o que apoyó al guzmancismo. Chávez siempre tuvo al menos un 40% de la sociedad que no lo apoyó y que estuvo en su contra, eso no la tuvo en contra Betancourt ni Guzmán Blanco y probablemente en sus mejores tiempos, José Vicente Gómez. El enorme poder de Chávez fue que tuvo la capacidad de tomar un Estado que era todopoderoso, que tenía unos superpoderes que no tenia el Estado de Betancourt, ni de Gómez, ni de Guzmán Blanco. Eso vuelve a Chávez un hombre todopoderoso y explica porque Nicolás Maduro está en el poder -pero éste es otro tema- al Chávez y los chavistas declararse bolivarianos, hay 40% de la población que sienten por lo menos algún tipo de reserva frente a Chávez.
¿Ha encontrado algún indicio de un Bolívar como precursor del socialismo?
Bolívar es un hombre complejo, porque su pensamiento fue una amalgama de distintas cosas que él elabora con bastante originalidad para resolver los problemas concretos de esa América (...) en esa amalgama, hay aspectos en Bolívar que son muy revolucionarios, muy de vanguardia como el abolicionismo de la esclavitud o la educación popular, hay aspectos que en su momento era bastantes liberales, de avanzada, bastante democráticos, Bolívar nunca puso en duda la necesidad de las elecciones, del voto (...) junto a eso tiene otras aspectos que son bastante aristocratizantes, él quiere conseguir desesperadamente orden para un país que es un enorme desorden, (...) y ve el orden encima de cualquier cosa porque le va a permitir hacer las otras transformaciones,
Pero aspectos socialistas...
Socialista no puede ser ninguno. La verdad que ni el mismo Chávez ha dicho que Bolívar fue un primer socialista o no lo dijo de esa manera. Las principales tesis que plantea el Plan de la Patria no tienen que ver con el proyecto político de Bolívar.
¿Chávez “enchavó” o “rayó” a Bolívar?
Sin duda.
¿Quién se beneficia de eso?
Yo creo que uno de los grandes ganadores en el pensamiento, en la memoria histórica venezolana, con las limitaciones del caso, es Betancourt y los héroes de la democracia, en el año 98 nadie daba tres lochas por la democracia, ahora la gente siente como aquel que deja un trabajo o una pareja porque está muy bravo y después de no conseguir un trabajo o una pareja mejor, empieza a arrepentirse.

martes, enero 03, 2017

Fallece el historiador venezolano Enrique Nóbrega

Este martes falleció el historiador y profesor universitario Enrique Nóbrega.
Egresado de la UCV como Licenciado en Historia y Doctor en Historia de América de la Universidad de Sevilla. Era docente  de la escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y ejercía el director del Museo Nacional de Historia de Venezuela.
La noticia la dio a conocer el Ministro del Poder Popular para la Cultura a través de su cuenta e Twitter.

domingo, agosto 17, 2014

La crítica del historiador Elías Pino Iturrieta a la película "Libertador"




Autor: Elías Pino Iturrieta
Publicado en: El Nacional
El Súper Libertador


Si era una película de encargo, cumplió el cometido. Algunos hablaron de una encomienda del comandante Chávez, quien quería ver al héroe en la pantalla grande partiendo de un guión que no defraudara sus hipérboles. Pero no fue un trato entre los realizadores del film y el amo del poder, como la malicia ha murmurado, sino un asunto más colectivo. Fue un mandado de toda la sociedad, o de su inmensa mayoría, que quería solazarse ante un espectáculo capaz de ofrecer mayor fortaleza a las atribuciones sobrehumanas que ha concedido al Padre. Considerado como un semidiós desde el siglo XIX, apenas le faltaba a Bolívar una producción grandilocuente a través de la cual se confirmaran sus proezas y, sobre todo, su augusta soledad en la cumbre del patriotismo. Debe sentirse regocijada la mayoría de la población ante el desfile de unas aventuras con las que siempre soñó y sobre las cuales jamás albergó dudas, ahora resucitadas sin recato por los recursos dirigidos con prodigalidad a la industria del cine.


El vestuario estuvo bien cosido y acorde con los tiempos. Nada de gorras de cartón piedra, como en las harapientas pelis del pasado patriotero, ni de uniformes sacados del almacén de la zarzuela. Jamás se vio gente engalanada con tanta propiedad, en especial el protagonista. La escena del candidato a héroe jugando a un antecedente del tenis con el Príncipe de Asturias, ante la vista de los cortesanos en Madrid, fue un superfluo primor que debe verse con la debida pausa, aunque jamás se viera cuando se supone ocurrió. Por la presentación de los escollos colosales y la magnificencia del paisaje, las escenas del Paso de los Andes se parangonarían con las hazañas que las crónicas atribuyen a Aníbal en los Alpes, si no fuera porque el cartaginés las realizó con ayuda de sus colaboradores y el nuestro se ocupó de pensarlo y hacerlo todo a solas, de acuerdo con un guión tan ciclópeo como el tránsito que reconstruye. Ni hablar de las batallas que desfilan ante nuestra vista, calcos de Marengo y Waterloo si no fuera por los morenos y los indios que en ellas participan para beneficio del color local. Ni hablar de la manera de presentar a Páez, estropajoso como los piratas del Caribe que últimamente nos han deleitado con estrafalarias fechorías. Más cinematográfico, imposible. Fundamental la escena de la entrevista entre el banquero inglés y el Libertador Presidente, el demonio acicalado y el santo en día de estreno, rapaz el primero y colmado de virtudes el segundo. Debería servir de modelo para volver hacia la fantasía de negocios y decencias que entonces no podían convertirse en realidad, debido a que el detentador del poder jamás ocultó sus simpatías por los negociantes de Londres. Sin embargo, la insólita encerrona conduce la historia a una tensión capaz de anunciar las vicisitudes posteriores del titán y de satisfacer a los espectadores crédulos. Así es cierto cine.


En ese cierto cine el protagonista es de una sola pieza, sin debilidades que no sean las que puede superar el oportuno regaño de un maestro a cuyo cargo quedan las declamaciones de enmienda. El héroe es igual desde el principio hasta el fin. Ni una cana le producen las guerras, ni un mínimo quebranto las asperezas del camino, ni una duda sobre la desolación que ha causado, ni un pensamiento digno de atención sobre sus rivales, pero tampoco sobre sus seguidores más fieles, ni una pasajera sensación de mortalidad. Es el todo y la circunstancia. El resto, añadidura. De allí la irrelevancia de las actuaciones de la mayoría de los miembros del elenco, que cumplen a duras penas la función de comparsas, pero también el trabajo de quien hace de radiante sol. Solo actúa como personaje sol, una peripecia previsible y tediosa que no conduce a desafíos de interpretación. El actor apenas torea por estatuarios, aunque de funciones anteriores le recordemos trasteos serios. Ahora no deja nada memorable para el arte que interpreta, tal vez por la simpleza de sus líneas. Tampoco para la faena que le encomendaron de apuntalar la fe en un paladín incomparable. Pero quién sabe, porque el héroe, el actor y el escritor del guión cuentan con una legión de espectadores entusiastas y cautivos. 


epinoiturrieta@el-nacional.com


martes, agosto 05, 2014

La crítica de la historiadora Inés Quintero a la película "Libertador"

Acá les dejamos otra crítica a la película "Libertador" la cual complementa perfectamente lo dicho aquí por otros colegas y nosotros.

Profeballa

Autora: Inés Quintero
Publicado en: Prodavinci


En torno a la película ‘Libertador’: Los héroes mueren de pie; por Inés Quintero

Una versión actualizada del mito Bolívar es la que se ofrece en la película Libertador, estrenada el 24 de julio, día de su nacimiento. El relato tiene un hilo conductor: presentar y reforzar la imagen mítica, idealizada y heroica de su protagonista, Simón Bolívar. Los hechos, las circunstancias, el tratamiento de los personajes, las situaciones históricas son accesorias: se  construyen, se acomodan, se tuercen o se inventan para que se ajusten al propósito de la película y sirvan de entorno y compañía a la actuación del héroe. No importa si tienen fundamento histórico.

Si hay algo prescindible en la construcción del mito es precisamente la Historia y esto se advierte claramente en el guión de Timothy Sexton. La ausencia absoluta de algún tipo de mención referida a la asesoría histórica como recurso de apoyo en la construcción del relato deja ver que la reconstrucción histórica de la vida y actuación de Bolívar no son la preocupación fundamental de la propuesta cinematográfica.

En correspondencia con esta orientación mítica, idealizada, heroica y épica, el discurso es inevitablemente maniqueo. Muestra clara de ello es el tratamiento de los personajes principales: son héroes o villanos. Buenos y malos, no hay medias tintas. Sorprende, no obstante, que los villanos más destacados no sean los españoles, como podría esperarse en un film épico sobre la Guerra de Independencia, sino dos americanos: Francisco de Miranda, caraqueño y Francisco de Paula Santander, neogranadino. Dos figuras que en la más tradicional hagiografía bolivariana, la escrita por Vicente Lecuna, han sido presentados como traidores y enemigos de Simón Bolívar en su lucha constante por alcanzar la independencia y la unidad de todo el continente.

Miranda, en la versión de Libertador, es interpretado como un descreído, como un hombre con fuertes reservas respecto a que se pueda llevar a cabo la independencia, aun cuando por más de tres décadas no hizo otra cosa que pregonar, insistir y promover la ruptura de los lazos que unían a Hispanoamérica con la corona española. Es Bolívar quien, en un fugaz encuentro con Miranda, le dice que se vaya a Venezuela a luchar por la independencia y le hace entrega de los recursos que permitirían financiar la empresa. Un episodio que simple y llanamente no tiene nada que ver con la realidad.

La participación de Miranda en la guerra está igualmente signada por la resolución de justificar y glorificar a Bolìvar. La pérdida de Puerto Cabello termina siendo responsabilidad del Generalísimo, por no enviar los refuerzos que Bolívar solicitara para asegurar su defensa. También es Miranda quien traiciona la república al firmar la capitulación de 1812, cuando todavía era posible seguir combatiendo, de acuerdo con lo que el propio Bolìvar manifiesta al rechazar y condenar la decisión del viejo militar. Todo ello justifica sobradamente que Bolívar haya participado en la entrega de Miranda a las autoridades realistas. No hay discusión posible respecto a quién es el héroe y quién el villano en esta versión de los hechos. Lo relevante, lo fundamental, lo que guía la acción es presentar a Bolívar de forma tal que no queden sombras ni dudas en torno a la validez y contundencia de sus actos.

En el caso de Santander ocurre otro tanto. Las acciones del militar neogranadino, cuando aparece en escena, son para obstaculizar o contradecir la voluntad inquebrantable de Bolívar de llevar adelante sus firmes designios libertarios; así sucede, por ejemplo, cuando Santander se niega a cruzar son sus tropas una imaginaria frontera entre Nueva Granada y Venezuela, simbolizada en un riachuelo inexistente. Bolívar le sale al paso y arenga a los soldados con una capacidad de convencimiento tal que las tropas, inmediatamente, dejan plantado a su superior y se unen al ejército de Bolívar para continuar la marcha. Es Santander un intrigante, un conspirador, un pusilánime, el enemigo número uno de la unidad colombiana y, por supuesto, quien atenta directamente contra la vida del Liberador la noche del 25 de septiembre. El villano sin tregua.

En torno a la película Libertador Los héroes mueren de pie; por Inés Quintero 640
El héroe también tiene su mentor, su guía e inspirador: Simón Rodríguez, el maestro de la infancia, omnipresente en todo tiempo y lugar, en San Mateo, París, Caracas y Bogotá, aun cuando los encuentros entre maestro y discípulo no se ajusten a los itinerarios geográficos de cada cual. Es Rodríguez el revolucionario cabal, responsable directo de conducir a Bolívar por el buen camino, al lado de los oprimidos, en contra de los opresores. Junto a él están los aliados incondicionales y consecuentes seguidores del Libertador: Antonio José de Sucre, Rafael Urdaneta y Daniel Florencio O’Leary, leales sin fisuras. No son visibles las diferencias, los desencuentros, los intereses y desempeños de cada quien, tampoco importan el cuándo, el cómo ni el dónde. Son los buenos de la película y punto.

En el centro de los acontecimientos naturalmente se encuentra El Libertador, el héroe sin tacha. La imagen que se ofrece de Bolívar reúne los referentes más convencionales del culto heroico construidos y difundidos, sin variaciones, desde el siglo XIX, con las invenciones más recientes del bolivarianismo “revolucionario” y los ingredientes de la imaginación tropicalizada del guionista importado. Allí está todo: el artistócrata que abandona posición y fortuna para convertirse en el conductor de la independencia; el amor sublime que lo une a María Teresa; el luchador valiente e indomable frente a la adversidad; el adalid de la unidad, la igualdad y la libertad; el visionario incomprendido por sus contemporáneos y traicionado por la ambición de sus adversarios; el héroe popular que dirige y apoya a los desposeídos; el militar jovial y sencillo, compañero fraterno de indios, negros, pardos y mulatos; el revolucionario sin cortapisas que a caballo, andando o en canoa recorre la selva, la montañas y los ríos de la impresionante geografía americana.

Este relato mítico no puede terminar con un Bolívar tísico, disminuido, deprimido ni derrotado: los héroes mueren de pie. Es el desiderátum de sus realizadores. Por tanto, para darle un final que se corresponda con el hilo conductor que guía la acción, resulta mucho más efectiva y de mayor contundencia la teoría de la conspiración, de la traición, del posible asesinato del protagonista. No tienen la menor relevancia las muchas referencias de distinto tipo que se han escrito sobre la enfermedad y muerte de Bolívar. Tampoco merecen atención ni consideración los resultados de la investigación sobre las causas de su muerte que arrojó el estrambótico y caprichoso proceso de la exhumación de sus restos.

La historia, los datos, la realidad, son accesorios inútiles e irrelevantes para la construcción y fortalecimiento del mito. El culto al héroe se mantiene vivo, intacto, reforzado y actualizado con los controversiales ingredientes que nutren el debate actual respecto a Simón Bolívar y también de manera muy sensible por el uso político de la Historia. Una discusión que, además de insoslayable, pertinente y necesaria, trasciende con creces la  polémica que ha suscitado el relato mítico y complaciente que ofrece Libertador.

domingo, agosto 03, 2014

Las críticas de los historiadores Inés Qintero, Tomás Straka y Daniel Terán Solano a la película "Libertador"






"Libertador", una ficción
Historiadores analizan la película sobre la vida de Simón Bolívar
 DANIEL FERMÍN |  EL UNIVERSAL
domingo 3 de agosto de 2014  12:00 AM
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El duelo deportivo entre el rey Fernando VII y Simón Bolívar; la participación directa de Santander en la llamada Conspiración septembrina del año 1828; la sugerencia de un asesinato y no muerte por tuberculosis; la presencia de Simón Rodríguez en la Hacienda San Mateo; la estadía del General Monteverde en el país antes de 1812. Historiadores nacionales enumeraron una serie de licencias que Alberto Arvelo se permitió para realizar Libertador, un filme que mantiene el mito del héroe sobre lo humano.

Inés Quintero, por ejemplo, cree que la cinta no es una película histórica sino mítica. Que es ficción mas no verdad. "La película pretende idealizar al héroe épico en vez de relatar la historia tal como fue. Todo relato mítico es maniqueo. No trata de explicar ni comprender ni discutir el pasado sino presentar claros y oscuros. Para el mito, es más fácil un Francisco de Miranda traidor que uno que compita con él", dijo la Individuo de Número de la Academia Nacional de Historia de Venezuela, que no pudo prescindir de su oficio al ver el largometraje en el cine.

Hay tanta invención en el filme protagonizado por Édgar Ramírez que Inés Quintero considera inútil hacer una lista de goteras históricas de la cinta. Que es innecesario decir que así no fue cómo Bolívar se conoció con Miranda o con Sucre. O que no fueron 100 batallas en las que luchó sino menos. O que no fue una suerte de Pepe Grillo que estaba en todos lados. Quintero cree que la película es una versión libre sobre la vida de Bolívar y que ni siquiera en los créditos se hace mención a una asesoría histórica. Podría decirse, entonces, que Libertador es una ficción ambientada en el siglo XIX que prescinde de la historia.

Tomás Straka también asegura que se dejó atrás cualquier rigurosidad de tipo documental. Que el guionista (Timothy J. Sexton) se tomó la libertad de imaginar todo lo que quiso. "En vista de que la biografía de Bolívar no se ajustaba al proyecto de la película, inventaron otra que les resultaba mejor. Yo no condeno que un director se tome licencias al hacer cine, siempre y cuando lo informe. Que no lo pase como una verdad", agregó el historiador, que cree que el cine puede influir en la interpretación histórica de una persona común.

El problema de Libertador, advirtió Straka, es que la transformación que se hace de Bolívar en la cinta puede tener consecuencias en el país de hoy, dividido desde hace varios años entre chavismo y oposición (ya se sabe que Hugo Chávez fue de los que dijo que a Bolívar lo mataron). "La película expone buena parte de los mitos con los que se ha manipulado la vida de Bolívar, sobre todo aquellas torceduras que se la ha dado para encajarla en el proyecto chavista. Si un espectador no está bien formado, no va a tener capacidad para ponderar eso".

La teoría del asesinato de Bolívar no es lo que más le preocupa a Straka del largometraje. El historiador critica la desvirtualización de su liderazgo. "Lo convierte en sus inicios en un líder de carácter popular, en una especie de héroe revolucionario protosocialista, en una especie de Ché Guevara (...). Transforma a Bolívar en una suerte de demócrata radical jacobino que no fue nunca, pero que ha sido edificado por ciertos discursos históricos para alinearlos con algunos proyectos políticos contemporáneos. La película legitima esa forma de ver las cosas y va más allá. Chávez nunca llegó tan lejos en la manipulación de la historia como lo hace esta cinta", agregó Straka, que se siente con el deber de advertirle a la ciudadanía que Libertador es una ficción casi fantástica.

Daniel Terán Solano es otro de los que cree que la película se toma algunas libertades que son peligrosas en la actualidad. Plantear que a Bolívar lo mataron es algo que le angustia. "Se deforma más la historia. En el país ya tenemos 15 años de manipulación histórica desde el poder y esa cinta recoge una serie de mentiras o inventos sobre Bolívar que ayudan a distorsionarla todavía más (...). Ese tipo de películas, en vez de invitar a los venezolanos a ver la historia con reflexión, genera interpretaciones negativas del pasado que pueden afectar para peor al presente", explicó el profesor de la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Así, Libertador debe ser vista como una superproducción que trata de adaptar la vida de Bolívar a los estereotipos propios de la industria del cine. Un héroe que es traicionado, que muere de pie y no en cama, que pelea batalla tras batalla, que se enamora, que sufre. Un filme que intenta entretener al espectador y no documentarlo, que es cuento mas no historia.

dfermin@eluniversal.com

martes, julio 29, 2014

Tres críticas a la película "Libertador" de Alberto Arvelo. Crónicas cinéfilas (XXXVIII)

 A continuación les dejo mi crítica a la película más las de mis amigos y colegas: Daniel Terán-Solano y Tomás Straka. Creo que ya casi todo se ha dicho en lo que respecta a las inconsistencia históricas con el fin de crear un Bolívar adaptado a la versión chavista de los hechos, yo solo agregaré lo siguiente: 

1) Una vez más se nos presenta a un Bolívar anacrónico que es más un izquierdista de la segunda mitad del siglo XX que el mantuano ilustrado que fue, y que pasó por diversas etapas en su pensamiento emancipador. 
2) Ante el temor de crear personajes mucho más atractivos que Bolívar se presentan un Miranda y un Páez realmente patéticos, en especial un Miranda bastante despreciable que no tiene que ver con lo que realmente fue. 
3) El temita del pueblo (mestizo, negro e indio) que hace despertar en Bolívar las ideas revolucionarias no podía faltar y se repite en varias ocasiones. La ilustración y su conciencia criolla totalmente invisibilizadas.
4) En el cruce de los Andes de 1819 la imagen que presenta la película intenta hacer pensar en Los Alpes y en la cordillera de los Andes entre Argentina y Chile el cual sí lo vivieron los ejércitos libertadores de San Martin en 1817, cuando la realidad es que cruzaron por la cordillera oriental de la actual Colombia donde lo más alto que subieron fue el Páramo de Pisba el cual posee una altitud entre 2400 y 3900 msnm. lo que no es suficiente para que aparezca la nieve aunque las temperaturas están entre 10 y 18º C. con constantes precipitaciones por ser bosques nublado.  
5) Otra vez la tontería y gran manipulación histórica de generar dudas sobre la muerte de Bolívar cuando se ha demostrado que no hubo ninguna conspiración para asesinarlo y que su muerte fue por tuberculosis. 
6) En general la manipulación esta vez fue peor, porque se nos quiso hacer ver que era una producción independiente del gobierno chavista. Tal como dicen las dos críticas que pueden leer a continuación, esta versión se puede definir como la más cercana a la visión de Bolívar que se ha creado desde el poder en estos últimos 15 años en Venezuela. Es por ello que esta película no es más que PROPAGANDA.
7) Lo bueno es que se ha demostrado que se puede hacer una superproducción con una maravillosa fotografía y con batallas al mejor estilo Hollywood.
8) Algún día espero que se haga un Bolívar con los mejores, en especial con historiadores honestos.

 Profeballa

Crítica del historiador Daniel Terán-Solano


VENGO DE VER "LIBERTADOR" de Alberto Arvelo y quedé sinceramente ¡DEFRAUDADO!: pensé que sería la gran película sobre Bolívar, el filme "definitivo" y no fue así. Sé que es imposible resumir una vida tan dilatada de 47 años en sólo 2 horas y que el cine histórico NO es un documental, pero la "libertad creativa" del director y su(s) guionista(s) debe apegarse a un criterio histórico que respete cierta verosimilitud con la realidad de los hechos, procesos y personajes del pasado. Y éso no ocurre en la mayoría del filme. Acepto que se haya escogido a un Bolívar de 1,80 metros de alto, de ojos claros y papeado, porque el actor Edgar Ramírez físicamente es así, pero de resto se toman demasiadas licencias, DEMASIADAS: el torneo Bolívar-Fernando VII que nunca existió, Monteverde como General en la Venezuela colonial (por los Valles de Aragua), Simón Rodríguez en Venezuela para 1803, El primer encuentro de Bolívar y Miranda en el París de Napoleón, Bolívar deportado a las "selvas de Cartagena" tras la caída de la Primera República en 1812 y otros muchos Etcéteras. 


Esas licencias crean vacíos históricos increíbles y omisiones lamentables: ¿Por qué no recrearon el Juramento de Monte Sacro? ¿Pasó algo en Caracas el 19 de abril de 1810 y luego el 5 de Julio de 1811? ¿Existió una "Sociedad patriótica"? ¿Y el Manifiesto de Cartagena? ¿La guerra a muerte fue sólo fusilar a militares españoles? ¿la expedición de los Cayos ocurrió? ¿El Congreso de Angostura se realizó? ¿Y qué pasó con las Batallas de Carabobo, Junin o Ayacucho? Tampoco existieron Mariño, Boves, Piar, Petión, Morillo o San Martín. Por supuesto sí muestran tetas y desnudos sin ninguna importancia en el contenido del filme ¡Hasta cuándo desnudos en el cine nacional, joder! No me agradó tampoco que presentaran a un Miranda gordo y necio y también a un Páez minimizado y todo secundario en la guerra de Independencia, todo para exaltar a un Bolívar revolucionario ("cabeza caliente") que jamás sufrió una sola contradicción en su accionar político y nunca se hizo conservador. Era obvio y predecible que recrearan a Santander y Manuelita Sáez como lo hicieron: tan estereotipados.

El final fue lo que me pareció más abusivo, tendencioso y FALSO pues ahí Bolívar fue asesinado por una "conspiración" indeterminada cuando supuestamente se preparaba a recuperar el poder. ¡¡¡Qué barbaridad!!!. ¡Es el triunfo de la MITOLOGÍA HISTÓRICA CHAVISTA! que la Historia y la misma Ciencia desmontaron cuando por capricho del ya fallecido HChF se exhumó el cuerpo de Bolívar para concluir que SÍ murió de causas naturales y que además está muy bien documentado que HABÍA RENUNCIADO VOLUNTARIAMENTE a la presidencia de la Gran Colombia (el 27 de abril de 1830) y se quería exiliar a Europa, pues estaba enfermo, decepcionado y harto de la política acá.

Lo único que rescato del filme, pues me encantó, fueron la fotografía y las excelentes tomas de los paisajes, además de las recreaciones de las batallas, que por fin se vieron estupendas. De resto, es UNA MALA PELÍCULA HISTÓRICA, que como novela, cuento y ficción está aceptable para los que quieran deleitarse en el reino de la imaginación, pero que como apoyo a la disciplina que estudia con rigor los hechos del pasado, yo sinceramente la desapruebo. No recomiendo ir a verla. Es mi opinión personal. Gracias por leerme.

Crítica del historiador Tomás Straka publicada en Prodavinci


Bolívar, dos películas, ¿una epopeya?; por Tomás Straka


En 2002 causó conmoción en Colombia y Venezuela el filme de Jorge Alí Triana Bolívar soy yo.  Basado en hechos reales cuenta la historia de un actor que trabaja en una exitosa telenovela sobre El Libertador que se vuelve loco y, cual Alonso Quijano con sus héroes de caballería, termina creyéndose el personaje que caracteriza. La película sirvió para representar las complejas relaciones de los colombianos (y también de los venezolanos), con su memoria histórica.

Pero no sólo es el actor el que se vuelve loco: lo sociedad entera termina retroalimentando su locura —la del actor y acaso la suya— tratándolo como si en efecto fuera Simón Bolívar.  Para cuando se estrenó en Caracas, acabábamos de salir de los intensísimos días del 2002-2003, y la presencia de un “nuevo Bolívar” detonaba en el país esperanzas muy parecidas a las que el Robinson Díaz de la película ponía al descubierto.

La trama, por lo tanto, resultaba cuando menos una metáfora de nuestra realidad. También el hecho de que en ella los directores de la telenovela hubiesen decidido cambiar la historia sólo por razones de rating, disponiendo para el Padre de la Patria una muerte por fusilamiento en vez de la enfermedad que respaldan los documentos y los testimonios de la época. Acá también, y desde mucho antes, los directores del culto a Bolívar habían hecho ajustes y reajustes continuos a los discursos históricos para amoldarlos al rating político de sus conveniencias.

***

Las dos recientes biopics estrenadas en Venezuela sobre El Libertador hacen recordar muchos de los problemas que la película de Triana, hace una década, se encargó de señalar: la relaciones de la memoria con el poder, las diferencias que hay entre la memoria, en cuanto fenómeno social y la conciencia histórica, en cuanto construcción más bien académica, junto a los roles que los medios de comunicación pueden desempeñar en esto. La recepción política que la sociedad ha hecho de Bolívar, el hombre de las dificultades, de Luis Alberto Lamata (2013) y Libertador de Alberto Arvelo (2013) son una prueba de ello.

La primera fue vista como la “película chavista” y, con base en este criterio, ponderada por muchos de sus espectadores; la segunda era esperada —y así fue recibida por muchos otros— como una producción más equilibrada, casi como el mentis de la película de Lamata.  Y lo fue, en buena medida, pero no tanto por las razones aducidas sino, en realidad, por lo contrario. Pero vamos por partes: el hecho de que el gobierno, incluso por boca del presidente Nicolás Maduro, haya promovido la película de Lamata, llegando al extremo de sugerir transmitirla por cadena nacional, pasará a la historia como uno de los más completos ejemplos de mala publicidad de los que se tenga memoria.

En un país polarizado esto significó, de entrada, que la mitad de la población podría sentir animosidad ante el film. El día de hoy, si la mayor parte de las encuestas no mienten, casi siete de cada diez venezolanos se declaran opuestos a Maduro, y de ellos unos cinco o seis no quisieran que no terminara su mandato. En este contexto, ¿algún empresario o productor sensato lo escogería precisamente a él para promover su producto? Además el actor principal, Roque Valero, había hecho una sensacional “salida del clóset político” al declararse chavista, lo que fue todo un desastre para el grueso de sus admiradoras, que al parecer eran fundamentalmente opositoras.

La película de Arvelo, estrenada casi un año después, no tiene aparente relación con el gobierno, cuenta con la bendición de Edgar Ramírez, admirado de forma casi unánime (y, la verdad, justa) por casi todos los venezolanos, tiene el respaldo de compañías y actores europeos como Iwan Rheon o María Valverde y es, además una superproducción. Sin embargo, en términos de lo que hace (o puede hacer) con la memoria histórica, resulta que es precisamente esta película y no la de Lamata, la que mejor se ajusta a muchos de los aspectos más polémicos de la visión de Bolívar que ha promovido el chavismo desde 1999.

***

Véanse sólo algunos ejemplos. Libertador se hace eco de la tesis de que murió asesinado y no enfermo, en contra de casi todas las evidencias (y para ello tuerce las cosas poniendo a su sobrino Fernando como parte de la conspiración: no podía ser de otro modo, comoquiera que  estuvo a su lado cuando murió y dejó de eso un testimonio, ¡había que descalificarlo!); inventa a un líder guerrillero en el Bajo Magdalena que organiza una revolución de indígenas y cimarrones de forma espontánea (en realidad fue enviado allá por las Provincias Unidas y justo para acabar con las guerrillas en medio de una guerra civil); elude que fueron precisamente esos cimarrones, indígenas y otras personas de la base de la pirámide social los que lo derrotan en 1814, y para ello, por ejemplo, simplemente borra de la historia a José Tomás Boves, como después borra a Manuel Carlos Piar.

Crea a un líder democrático-radical, desechando sus ideas de instituciones hereditarias y, por sólo poner un dato más, lo presenta muy ofendido cuando los ingleses le proponen crear un banco, cuando lo que demuestran los documentos es que hizo grandísimos esfuerzos por atraer inversiones (especialmente inglesas) al tiempo de que sus diplomáticos, y generalmente por sus órdenes, pidieron millares de libras esterlinas prestadas en Londres para financiar sus campañas.  Aquel Bolívar, en efecto, es un “noble savage”, como inventan que Simón Rodríguez lo llamaba,  probablemente muy al gusto de los financistas y del público europeo que quieren captar con el film, una especie de Ché Guevara (y no cualquiera, sino el del musical “Evita”).  Es decir, un estereotipo que habla tanto de nuestra historia, como los sombreros llenos de frutas de Carmen Miranda hablan de nuestra identidad latinoamericana; un estereotipo, insistimos, como el del “Waltz for Eva and Che”.

Por supuesto, una biopic no es un documental ni un libro de historia, pero puede tener ese efecto e incluso otros mucho mayores. Los hechos demuestran que el cine ha jugado un papel fundamental en la construcción de los imaginarios.  En ocasiones lo hace de forma no deliberada, y en otras apelando a todo un aparato ideológico, escenifica personajes y episodios que las mayorías terminan aceptando por verídicas, cumpliendo para la historia oficial –o para la contrahistoria de una parcialidad- el rol que tuvieron los autos sacramentales para la historia sagrada.

Así, desde los filmes épicos sobre Federico el Grande realizados por los estudios UFA de Berlín durante el régimen nazi, tan llenos de batallas y llamados al nacionalismo alemán; hasta Lo que el viento se llevó, con su idílico Old South, sus confederados buena-gente (y no racistas del Ku Klux Klan) y sus encantadoras southern belles,  que en alguna medida terminó de unir al país que en El nacimiento de una nación aún se mostraba bastante dividido; el cine ha sido generoso en imágenes, narraciones y explicaciones de la historia con gran impacto en la memoria de sus sociedades. Historiadores de la talla de Marc Ferro y Mark C. Carnes han hecho aportes sustantivos al respecto.

***

Por eso mucha gente puede tomar por ciertas las invenciones  de Libertador.  Invenciones que, de paso, respaldan las que ciertas –que no todas- versiones de la izquierda y del gobierno han hecho de la historia.  Es notable, y eso queda para el análisis de los especialistas en publicidad y en persuasión, cómo el hecho de que Maduro ni Roque Valero aparezcan en la escena, haya bajado las defensas de muchas personas que, de otro modo, acaso se hubieran sentido –y a veces efectivamente se sienten- ofendidas con las mismas ideas, dichas por otros, bajo otro modo.

Lo mismo puede decirse por la producción: Libertador demuestra que tienen razón los productores de vino cuando meten en botellas muy llamativas caldos más bien mediocres, cumpliendo pero al revés, el aserto del Evangelio de los “vinos nuevos en odres viejos”. Acá se trata de vinos viejos, casi vinagres, en odres nuevos y llamativos.

Y eso es solo en lo referente a las interpretaciones de la historia, en cuanto a los datos falsos o tergiversados, y que a veces la consulta de cualquier manual de Cátedra Bolivariana de tercer año de bachillerato hubiera evitado, son tantos que un artículo no basta para enumerarlos.  Baste nada más el de Simón Rodríguez hablando con María Teresa del Toro -¡y perseguido nada menos que por Monteverde!- en San Mateo.  Un autor de ficción tiene derecho a poner lo que quiera (por ejemplo, que Rodríguez tuviera el don de volar, de ver a través de las paredes o de pelear kung fu), pero el riesgo en una biopic es, de nuevo, que la gente se lo tome en serio.

Así las cosas Libertador nos evidencia que el modo de contar la historia, puede ser tan importante, como lo que se cuenta a la hora de influir en la memoria de los pueblos.  Señoras muy antichavistas pueden aplaudir lo que Chávez dijo durante quince años, si quien lo dice es Edgar Ramírez y el decorado es el de una superproducción.  Mientras, por otra parte, el muy humano –y ajustado a lo que arrojan los testimonios- Bolívar de Lamata es acusado de “chavista” porque Maduro dijo que le gustó, cuando en realidad, es una versión que le debe más a lo escrito por Germán Carrera Damas, John Lynch y al “Bolívar de carne y hueso” de Francisco Herrera Luque, que a la propaganda que lo pinta como un “buen salvaje”, como una especie de Ché Guevara de Andrew Lloyd Webber.

A esta guisa, al menos para quien escribe, es una lástima que en la película  de Lamata tenga tanto de Pimpinela Escarlata, de espadachín justiciero, incluso perseguido por su propio Citoyen Armand Chauvelin, encarnado en Polonio (aunque acá se invierten los roles: el espadachín es el republicano y el policía es el monárquico).  El abordaje de “El Intrépido”, que debe ser de las secuencias más costosas y elaboradas de la historia del cine venezolano, no hace sino abonar esta imagen, ahora un poco al estilo de las viejas películas de piratas (nos viene Errol Flynn a la memoria) y otros swashbuckler films en blanco y negro.  Pero descontando esto, es difícil encontrar mayores falsificaciones.  Al cabo, Lamata es licenciado en historia y director de obras como “Jericó”.

Es mucho más lo que se puede decir de estas dos películas.  Los especialistas en cine tendrán bastante que argumentar en lo referente a la realización.  A nosotros sólo nos queda advertir que en cuestiones de historia (y de memoria histórica) dos más dos no siempre es cuatro, que es cierta la conseja de que no todo lo que brilla es oro y de que hay que estar muy pendiente para saber en que bando, al final, se está jugando.  También que es bueno volver a ver Bolívar soy yo: uno nunca sabe al final quién es el loco o quién es el que engaña a quién.
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