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domingo, octubre 12, 2014

Sobre el mestizaje en Venezuela y Caracas: algunos datos y porcentajes sobre etnias y composición sanguínea



Crisol de razas y nacionalidades
En Caracas se han mezclado patrias, estirpes y linajes de todo tipo
domingo 12 de octubre de 2014  01:21 PM
A 522 años de la llegada de Cristóbal Colón a América, Venezuela es el país con mayor mezcla racial en todo el continente, una característica a la que su capital añade además una amplia gama de nacionalidades: chinos, árabes, españoles, italianos, portugueses, colombianos, peruanos y ecuatorianos, entre otros, han hecho de Caracas su casa.
Y una cosa ha influido en la otra: el hecho de que la composición racial de Caracas sea distinta al resto del país se debe en gran parte a que esta ciudad fue la que recibió a la inmigración canaria del siglo XIX o a la europea de la posguerra.

Pero también acogería luego a los inmigrantes chinos que escapaban de la revolución cultural en los 60 y a quienes huían de las dictaduras del cono sur (en su mayoría descendientes de europeos). A eso hay que agregarle que la mano de obra esclava no se concentró tanto en la capital y que los dueños de la tierra eran tradicionalmente blancos.

En efecto, en el estudio Los grupos de raza subjetiva en Venezuela, el sociólogo Roberto Briceño León descubrió que la población de raza blanca en Caracas es significativamente mayor allí que en el resto del país: 43% contra 25,3%. Los mestizos en la capital representan el 36% (30% en el resto del país), los mulatos 18% (36,3% en el país), los negros 2,1% (4,8%) y otros grupos étnicos 0,5% (solo los indígenas representan el 2,21% de la población a nivel nacional).

Un país café con leche

El historiador Guillermo Durand explica que en Venezuela siempre existió, desde los tiempos de la Colonia, una suerte de tolerancia hacia el mestizaje, muy distinto a lo que ocurrió en los virreinatos (Nueva Granada, Perú, Nueva España y Río de la Plata), donde la población blanca apenas se mezcló con el resto de la población.

Pero explica Durand que al principio el mestizaje se dio sobre todo en la base poblacional, en la mayoría, conformada por pardos, negros e indios. En la Colonia no era bien visto que un español mezclara su sangre con otras razas, y recuerda que para muchos cargos se pedía el certificado de limpieza de sangre. Cree que todo eso cambió sobre todo a partir de 1854, cuando es abolida la esclavitud.

El sociólogo Carlos Raúl Hernández cree que la mezcla racial que hoy se observa en Venezuela se debe también en gran parte a la guerra federal (1859-1863), que acabó con las oligarquías, cosa que no sucedió en Perú o Colombia, donde perduró una élite (blanca, por supuesto) que apenas se mezcló con el resto de la población.

Briceño León cree no solo que Venezuela es el país más mestizo de América, sino sobre todo el lugar donde el mestizaje ha sido mejor valorado: "Ni siquiera en los tiempos de la Colonia hubo mucho rigor en la aplicación de los expedientes de sangre. Tal vez porque la población indígena no era numerosa, o porque no hubo una gran importación de esclavos, o porque los españoles no se vinieron con sus familias ni con la idea de asentarse (como en el norte, en donde se exterminó a los nativos o se les confinó a reservas) sino solos y a buscar riquezas, pero lo cierto es que Venezuela es un verdadero melting pot" (crisol de razas).

La sangre de todos

En Venezuela la mezcla racial ha sido tan común que no solo no existió un racismo institucionalizado, sino que apenas y se han realizado estudios sobre su composición racial. En los censos de población, desde 1871 hasta hoy, el dato sobre la raza ha estado ausente. Como dice Briceño León: "Ya una pregunta sobre la raza era vista como una construcción racista".

Eso no quiere decir que el racismo no haya estado presente en la sociedad: "Los estudios antropológicos demuestran que todos los pueblos son racistas en alguna medida, pues siempre se tiende a desconfiar del que es distinto (la acepción original de "bárbaro" es "extranjero"), pero hay que destacar que aquí no hay un racismo institucional".

Aparte de los estudios del propio Briceño, también destacan los que ha realizado la antropóloga Dinorah Castro. En Sobre el Proceso de Mestizaje en Venezuela (2010, realizado junto a María Matilde Suárez), se concluye que los estudios genéticos confirman que Venezuela es "un país amalgama".

En cuanto a composición sanguínea (que es distinto a la raza), se afirma que el aporte es sobre todo europeo (58,8%), amerindio (28,5%) y africano (12,6%). Estas cifras se acercan mucho a un estudio genético de ADN autosómico que en 2008 realizó la Universidad de Brasilia, en el que se dice que la composición de la población venezolana es europea en un 60%, 23% amerindia y 16% africana.

Como concluye el estudio de Castro, "este es un país de mestizos en la sangre, la mentalidad y la cultura".

jueves, septiembre 04, 2014

Hace 75 años el polaco-venezolano Richard Gluski vivió el comienzo de la Segunda Guerra Mundial (y III)



Al finalizar la Guerra, Gluski tenía veintinueve años. Pensó en su futuro y comprendió que no podía volver a su país. Buscó entonces recomenzar su vida en otro lugar que le permitiera satisfacer sus sueños juveniles, para lo cual indagó sobre los países latinoamericanos y tomó la decisión de viajar a Venezuela, gracias al apoyo que le dio nuestro Consulado en Londres. Antes de salir para el destino final de su vida, averiguó todo lo que pudo sobre el lugar al cual se estaba dirigiendo. Así supo de su historia y de la posición del gobierno durante la guerra, en la que respaldó a los aliados después de Pearl Harbor. Con toda la información que recabó, no lo dudó más. Venezuela sería su nuevo país.



Viajó en barco, luego de obtener su nuevo pasaporte, en el cual le colocaron Ricardo para venezolanizar su nombre. En su nuevo país desarrolló estrategias, pero el campo de batalla era ahora de tipo civil. Concentró sus esfuerzos en conseguir trabajo, creó su propia empresa a la que llamó Candes y se casó con una linda muchacha de nombre Virginia Weilert, hija de un matrimonio norteamericano residenciado en Venezuela. En la obtención de una posición laboral lo ayudó el hecho de que dominaba cuatro idiomas a la perfección (polaco, inglés, francés y alemán) y a sus modestos conocimientos de ruso y español. Con Virginia, su esposa, levantó a sus hijos Andrés y Anita, lo que le permitió decir, en el atardecer de su vida, que se sentía satisfecho de sus logros.



Al final de su provechosa existencia escribió sus memorias, en las que sintetizó su trayecto vital, las cuales me sirvieron de base para escribir mi libro El Último Lancero, en el cual narro la vida de este hombre excepcional que luchó en cinco países, donde logró sobrevivir en muy duras circunstancias, aunque siempre decía que su mayor logro fue haber formado una familia en Venezuela. Su vida apasionante parece más bien una leyenda, un libro de aventuras donde el protagonista siempre se salva de una muerte segura y al final se casa con la muchacha de sus sueños. Vivió en un mundo convulsionado, en el que participó activamente, sorteando con imaginación y tino toda suerte de dificultades. El día 9 de diciembre del año 2004 se levantó muy temprano y dirigió su mirada hacia El Ávila, que se veía esplendoroso desde el balcón de su casa. Él amaba ese paisaje, que le recordaba las montañas de su lejana Polonia. La noche anterior había soñado con su hermano Eric, muerto en los primeros combates de la Segunda Guerra Mundial. Tal vez en ese momento final de su vida decidió ir a ayudarlo y murió con esa idea en su mente.



 FUENTE:

Gluski, Richard (1948). MEMORIAS. Caracas: Documento publicado en la obra EL ÚLTIMO LANCERO, original de Carlos Alarico Gómez (2002). Edic. La Galaxia.

miércoles, septiembre 03, 2014

Hace 75 años el polaco-venezolano Richard Gluski vivió el comienzo de la Segunda Guerra Mundial (II)



Mientras tanto los alemanes avanzaron por Bélgica e invadieron Francia destruyendo la fortificada Línea Maginot, lo que obligó a las tropas aliadas a huir masivamente hacia la Gran Bretaña embarcando las tropas por el puerto de Dunkerque. La huida fue bien ejecutada, a pesar de la inmensa presión que ejerció el ejército invasor. Los aliados lograron salvar la vida de más de doscientos mil hombres, que más tarde lucharon en la Batalla de Inglaterra, en la cual se inició el proceso de recuperación de la libertad. We shall never surrender fue el grito de guerra de Churchill y va  a ser también el  principio básico en el que se fundamentaron los soldados polacos para enfrentarse sin reservas contra los nazis en defensa de la soberanía de su pueblo. Al principio de la Guerra lucharon a caballo, lanza en ristre y con la ametralladora al hombro, pero en Inglaterra los entrenaron para luchar con armas modernas y los incorporaron a la división acorazada.



Gluski se alistó en el Escuadrón 305 como piloto de la Fuerza Aérea Polaca en el exilio, adscrito a la Royal Air Force. Durante su permanencia en Inglaterra sirvió con extraordinario valor, bajo el mando del general Hugh Dowding, con quien tuvo la satisfacción de participar en la ocupación de Alemania donde sintió la profunda alegría de saborear el triunfo de la libertad y de la justicia, así como del fin de la más terrible tiranía que haya sufrido la humanidad, pero muy pronto se enteró de los Acuerdos de Yalta, lo que colocó a su país natal bajo el mando de las huestes de Stalin.



Las múltiples acciones militares en las que participó sobre los cielos de Polonia, Francia, Italia, Inglaterra y Alemania le valieron el ascenso al rango de Capitán de Bombarderos de la Royal Air Force y la obtención de la presea Virtuti Militari por sus destacados servicios, pero a pesar del esfuerzo por acortar el tiempo de la guerra, el holocausto causó la muerte de cinco millones de polacos, incluyendo al padre y a uno de los hermanos de Gluski. Un ejemplo de lo acontecido puede ser apreciado en la estadística de la población judío-polaca que, para el inicio de la confrontación alcanzaba la cantidad de 3.500.000 personas, la cual se redujo a 350 mil luego de la hecatombe. No fue la única pesadilla del pueblo polaco: Treblinka, la esclavitud, el empobrecimiento, la pérdida de sus bienes, las masacres de Katin y de Varsovia, constituyeron horas de dolor y extrema penuria para la población. Sin embargo, Polonia tendría aún que esperar casi medio siglo para ver el nacimiento del grupo Solidaridad que, liderado por Lech Walesa, conduciría al pueblo polaco hacia la democracia y la libertad, lo que no fue posible recuperar en 1945. 


 FUENTE:

Gluski, Richard (1948). MEMORIAS. Caracas: Documento publicado en la obra EL ÚLTIMO LANCERO, original de Carlos Alarico Gómez (2002). Edic. La Galaxia.
  
(Concluye mañana).

martes, septiembre 02, 2014

Hace 75 años el polaco-venezolano Richard Gluski vivió el comienzo de la Segunda Guerra Mundial (I)

El historiador Carlos Alarico Gómez nos ha permitido transcribir en nuestro blog su artículo sobre el piloto de la RAF: Richard Gluzki, el cual nos dijo "está basado en sus memorias, documento que está en mi poder y que me sirvió para escribir mi libro EL ÚLTIMO LANCERO (2002). Gluski era de origen polaco. Después de la derrota de su país en septiembre de 1939 huyó a la Gran Bretaña y se incorporó a la Royal Air Force para luego enfrentarse a los nazis como piloto de caza-bombardero". 

Lo iremos publicando en varias secciones diarias. Desde acá le damos las gracias al autor.

Profeballa 

UN VENEZOLANO EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL


Por Carlos Alarico Gómez

Ricardo Gluski se despertó sobresaltado la madrugada del primero de septiembre de 1939. Un ruido atronador, cuya naturaleza no pudo precisar al principio, había interrumpido su descanso en forma abrupta. Miró el reloj y comprobó que eran las 4 y 45 minutos de la madrugada. Se levantó y corrió hacia la ventana desde donde vio a los stukas de la Lutwaffe que volaban muy bajo lanzando su carga mortífera sobre los aviones que se encontraban en la pista, destruyéndolos totalmente, al igual que varias de las edificaciones del Regimiento de Lanceros donde estaba asignado como teniente de la Caballería Polaca. Los cazas llegaron detrás de los bombarderos, ametrallando  con precisión al personal de guardia y dejando tras de sí una larga estela de cadáveres y escombros. 

La Segunda Guerra Mundial acababa de comenzar, aunque el teniente Gluski no lo percibiera así en ese momento. Un día después fue llamado por el general Zygmunt Podhoreski, comandante del Regimiento, quien le dio instrucciones de pasar la frontera alemana a través de Prusia oriental con el fin de efectuar un reconocimiento de las posiciones enemigas. Luego del saludo militar y de los necesarios consejos para un oficial bisoño le expresó: 

-Teniente, acaba de ser escogido para una misión muy arriesgada. Confiamos en usted para lograr la información que necesitamos. 

Gluski lo entendió y seleccionó a los hombres de más experiencia para que lo acompañaran, encaminándose hacia Gruningen, listo para entrar en acción ante el menor peligro. Era una noche de luna llena que facilitaba el acceso por el sendero que atravesaban, pero esmeró sus precauciones avanzando con mucha cautela para evitar que los alemanes los pudieran observar. Hacia las once de la noche alcanzó un campo de cultivo de papa, que conducía directamente hacia su meta y observó a un grupo de soldados enemigos acostados sobre el piso, totalmente uniformados y con sus armas al alcance de sus manos. No tuvo tiempo de ocultarse. El oficial de guardia se dio cuenta de su presencia y procedió a dar la voz de alerta lo que hizo que sus hombres se incorporaran con toda rapidez para entrar en combate. Gluski actuó entonces con gran rapidez y les lanzó una granada que causó una tremenda explosión, seguida de los gritos de dolor de los heridos. La situación era altamente complicada. No era posible llevar prisioneros y, por otra parte, en cualquier momento podían llegar refuerzos. Por lo tanto, dio la orden de retirarse de inmediato hacia el lugar donde estaban los caballos y mientras corrían las balas silbaban a su alrededor, hiriendo a uno de los soldados que lo acompañaba, pero a pesar de todo Gluski logró que la patrulla regresara a salvo. 

Su comandante lo felicitó cuando escuchó el reporte que le presentó sobre las posiciones alemanas y le dijo que era de gran trascendencia para el Alto Mando Militar Polaco, ya que se pudo confirmar que las tropas enemigas habían ocupado la frontera prusiana. El resto del mes de septiembre Gluski y sus hombres combatieron valientemente contra las tropas del general alemán Hans Guderian, pero nada pudieron hacer contra sus bien adiestradas panzerdivisionen y la estrategia del blitzkrieg, a la que no estaban acostumbrados los polacos. La derrota fue total y el gobierno salió al exilio, por cuya razón Gluski tuvo que abandonar el país por la frontera de Lituania donde. buscó el modo de llegar hasta Francia huyendo a través de los países bálticos y del antiguo territorio de los vikingos. 


 FUENTE:

Gluski, Richard (1948). MEMORIAS. Caracas: Documento publicado en la obra EL ÚLTIMO LANCERO, original de Carlos Alarico Gómez (2002). Edic. La Galaxia.
 



(Continuará mañana)
 
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