sábado, julio 07, 2018

Entrevista al historiador Germán Carrera Damas en "Clímax"


06/07/2018 
  
TEXTO: JESÚS PIÑERO | FOTOGRAFÍA: DANIEL HERNÁNDEZ
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Han pasado 50 años desde que el historiador Germán Carrera Damas publicó su libro más emblemático, Culto a Bolívar. A sus 88 años, considera que su momento histórico es el presente y no hay otra época del pasado que le hubiese gustado vivir más que ésta. Su propia vida acompaña el devenir de la sociedad global, tanto como la venezolana. Aquí la cuenta en primera persona

Germán Carrera Damas acaba de cumplir 88 años. Su vida ha sido un recorrido por los más importantes momentos de la historia de la Venezuela contemporánea, de la que no sólo escribe como historiador, sino que además la recuerda con la emoción de un testigo de los hechos. Es escritor de más de 40 obras sobre los estudios históricos venezolanos. No hay un solo universitario de las humanidades o de las ciencias sociales que no conozca su nombre o no haya escuchado hablar de su popular trabajo sobre el Culto a Bolívar, que en este 2018 cumple 50 años de haber sido publicado por Ediciones de la Biblioteca Central.
“Yo tengo una admiración muy grande por Simón Bolívar. Considero que ha sido uno de los grandes hombres de la humanidad, no de América, ni de los siglos xviii o xix. Fue un gran hombre y yo veía con verdadero desagrado de historiador el cómo podía ser utilizado para mal dirigir un pueblo, desvirtuándolo y convirtiéndolo en una especie de pacotilla, el culto. Veía que la democracia seguía con aquellas ideas. Aquello me parecía muy peligroso, entonces publiqué un trabajito en una revista de la Escuela de Letras, Los ingenuos patricios del 19 de abril y el testimonio de Bolívar, donde digo eso, que el testimonio de Bolívar había sido utilizado para desacreditar el poder civil y enaltecer el militar. Se armó un escándalo tremendo. Porque, en un exceso mío, dije que había que liberarse del Libertador, pero en tanto testigo de los hechos, no en tanto los hechos. No entendieron o no quisieron entender y pensaron que yo quería que quemaran a Bolívar. Publicaron cosas horribles. Fíjate que en el libro yo digo que no me ocupo de Bolívar, sino del culto”.

Carrera Damas es profesor titular de la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde además revalidó su formación en el Colegio de México y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), alcanzando el título de Doctor en la Escuela de Historia. Allí también se desempeñó como director, fundando las cátedras de Historia de la Historiografía Venezolana y la de Técnicas de Investigación Documental. Además, dictó la Cátedra Simón Bolívar en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) y la fundó en la Universidad de Colonia (Alemania) y en la UNAM (México). Trabajó en la Universidad de Florida con la Bacardy Family Chair for Eminent Scholars y es experto colaborador de la Unesco, en el comité que redacta la Historia General de América Latina y la nueva versión de la Historia del Desarrollo Científico y Cultural de la Humanidad.

Su actividad diplomática comenzó una vez fue elegido miembro de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (Copre), bajo el gobierno de Jaime Lusinchi. Igualmente se destacó como embajador en México, Colombia y República Checa durante las presidencias de Jaime Lusinchi, Carlos Andrés Pérez, Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera.

En 2007 fue incorporado como Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia, una institución a la que adversó desde joven por su defensa de la llamada Historia Patria que, según su visión, los gobiernos han utilizado para justificar sus acciones desde el siglo XIX.

“Yo escribí mucho contra la Academia Nacional de la Historia. Porque uno de los factores de atraso de la conciencia histórica del venezolano era el culto a Bolívar y ellos eran quienes administraban eso, hasta pidieron mi destitución de la universidad. No escribía por cuestiones personales, sino conceptuales. Una sociedad necesita una conciencia histórica que la estimule, no que la degrade al decir simplemente ‘cepíllate los dientes para que honres a Bolívar’. Ahora he dejado de asistir por varias razones, entre ellas el giro hacia lo que yo llamo la ‘historiografía de aeropuerto’ y ese tipo de cosas no son para mí. Cuando uno iba a las sesiones lo que trataban eran cuestiones administrativas. Una vez publicamos algunas cosas en defensa de la República porque las llevé yo escritas y ahí estaban Simón Alberto (Consalvi), Manuel Caballero y José Rafael Lovera, pero ya sin ellos volvió a ser la misma Academia que para mí no representaba nada”.

En 2018 y octogenario, sigue activo. Se dedica a dictar conferencias tanto en universidades venezolanas como extranjeras y coordina actividades de la Fundación Rómulo Betancourt.
La educación va primero

Tuve noción de la historia como a los 6 o 7 años, cuando todavía vivíamos en Caigüire (estado Sucre). Estando el régimen gomecista, recuerdo muy bien que un día mi mamá salió a donde el jefe civil a rescatar un muchacho de 16 años que lo habían reclutado, y era el único sostén de su familia. Se lo querían traer para el cuartel y ella fue allá y se lo entregaron. Ese fue quizás mi primer recuerdo de lo que significaba un régimen dictatorial y autocrático.

Luego nos trasladamos a Caracas por dos razones fundamentales:una de carácter familiar, pues era muy importante para mis padres darnos la oportunidad de estudiar porque en Cumaná no había liceos; y la otra por mi mamá, quien no quería quedarse viuda por el paludismo. Sí, así mismo lo decía. Entonces nos vinimos a Caracas donde no estaba la epidemia.

Éramos cinco hermanos. Mi padre era comerciante, muy emprendedor. Hombre extraordinariamente culto y gran lector. Es más, yo creo que le debo a él mi dedicación a la historia. Fue la persona que realmente me dio ese horizonte. Aunque no pudo estudiar, tenía una cultura muy vasta y, además de juguetes, siempre nos llevaba libros y conversaba con nosotros sobre ellos porque los leía. Yo estoy recordando a Carlomagno desde que tenía 12 años. A los 14 leí junto a él la biografía de Leonardo da Vinci y El Quijote, y esto no lo digo con jactancia. También tuve buenos profesores de primaria y, además, estaba él como un maestro permanente, pero no enseñándonos sino planteando las cosas. Había la obligación de ver cómo hacíamos para poder hablar de esos temas en casa.

Un día de 1939, a este señor, nacido en Cariaco, se le ocurre que quiere ver el mundo. Se va con mi mamá a Nueva York y estando allá se deslumbró totalmente. Tomaron un barco y se fueron a Europa. En París lo sorprendió el inicio de la guerra, lograron irse en el último barco francés que salió a Nueva York. Cuando regresaron, ya la guerra estaba en curso.
Él tenía un pensamiento democrático y, de cierta forma, yo diría que adquirí esa misma orientación. Por ejemplo: 1945. Noche del 17 de octubre. Nuevo Circo de Caracas, lleno de gente. En las gradas están Antonio Carrera con Germán Carrera. Estamos oyendo aquel famoso mitin en el que hablaron Andrés Eloy Blanco, Rómulo Gallegos y Rómulo Betancourt. Al día siguiente inició la primera y genuina revolución en la historia de Venezuela. Yo estaba en la tribuna junto a mi papá. Tenía 15 años y sentido político.
La juventud de aquellos años tiene una diferencia fundamental con la de ahora: en aquel momento nosotros podíamos imaginar la democracia… Imaginarla. En cambio, la juventud de ahora puede recordarla. ¿Ves la pequeña diferencia? Podíamos imaginarla pero no teníamos ni la menor idea de qué era aquello. Sólo la asociábamos con el concepto de libertad, nada más. Pero ahora nosotros podemos recordarla, que es diferente.

Deslumbrado en París

Mi padre, siempre preocupado por nuestra formación, un día nos reunió y nos dijo: “Yo no puedo dejarles una herencia pero les voy a dar la oportunidad de que se preparen para su vida. Nos vamos todos a París”. Nosotros no fuimos ni con lujos ni con exceso de dinero. Buscábamos un modo de ganarnos la vida y con la mejor formación posible.

Gracias a él llegamos todos a París y allí fui donde por primera vez vi lo que era una agitación política. Te estoy hablando de julio de 1948, es decir, yo me acababa de graduar de bachiller y llego allá con 18 años. Bueno, lógicamente a mí se me produjo una especie de embriaguez política de la que no me arrepiento en lo absoluto.

En noviembre recibimos la noticia del golpe a Gallegos. Un grupo de estudiantes firmamos un telegrama dirigido a Pérez Jiménez, protestando por aquel hecho y eso significó que por 10 años no pudiera volver a Venezuela. Para esa época, los consulados tenían una lista de “indeseables” y yo estaba en ella. Entonces no pude volver hasta la caída de Pérez Jiménez. Mi papá y mi mamá sí venían, pero mis hermanos y yo no podíamos regresar.

En búsqueda de la historia

Terminé mi primer libro a los 17 años. Es una biografía de Simón Rodríguez. Yo estudiaba en el liceo Fermín Toro y tuve un maestro extraordinario, el poeta Héctor Guillermo Villalobos, que en literatura venezolana nos mandó hacer un trabajo de fin de curso. Yo hice uno como de ciento y pico de cuartillas y ese fue mi primer libro de historia.
Llegué a París con mi vocación de historiador y mi papá me decía que con qué me iba a ganar la vida, porque ser historiador era lo mismo que condenarse a la pobreza. Entonces me persuadió y entré a la Facultad de Derecho de la Universidad de París, destinado a ser como José Gil Fortoul, un abogado historiador. Marché muy bien en el primero y segundo año, ya en el tercero me planteé que no quería ser abogado. Me habían interesado esos dos años porque eran de las materias generales.

Entonces fui a Geografía, hice un semestre y vi que tampoco era mi camino. Así que presenté examen de ingreso a la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y aprobé, allí estudié dos años, pero por razones de la Guerra de Corea y la inminencia de otra guerra mundial, decidimos irnos a México.

Exiliado e indocumentado

En 1952 llegué a México. Ya era militante del Partido Comunista, pero cometí el peor error que puede cometer un comunista: estudiar a fondo el humanismo marxista. Yo soy de los sobrevivientes de El Capital y llegó un momento en el que me di cuenta que ese humanismo marxista, como todos los humanismos, es un cuerpo doctrinario en torno a un valor fundamental para el hombre: la libertad. La libertad del trabajo humillante, de la credulidad y de la superstición. El poder ser libre del sometimiento al despotismo. Entonces, yo me preguntaba qué hacía allí si estaba en un partido que buscaba la dictadura del proletariado con un centralismo absoluto y el abandono de la libertad.

Pero convivía con los comunistas exiliados. Tenía visa de estudiante y había que renovarla cada año. Gracias a la corrupción administrativa, había un señor al que le entregaba el pasaporte, le daba 200 pesos y entonces me quedaba encerrado en mi apartamento cuatro o cinco días, mientras lo mandaban a la frontera con Guatemala y allí el cónsul le ponía un sello de salida y entrada. Así yo tenía un año más y cuando por fin llegaba el pasaporte podía salir, sino me detenían como indocumentado. Era duro, pero no me arrepiento.

“Señor, el decano lo llama”

Fue cuando regresé que conocí a mi segunda esposa. Yo estuve casado primero en México con una venezolana, pero ella se fastidió de mí porque siempre andaba metido en los libros, y se divorció. Después conocí a Alida, ella era secretaria de la Biblioteca Central y había sido candidata en el Miss Venezuela de 1956. Salía en la revista Élitecon fotografías y todo eso. Era la mujer más bella que yo había visto, y eso que yo venía de Francia. Me condenó a 50 años de felicidad. Ella murió cuando cumplía 80 años como yo, en 2010. Tuvimos dos hijas: Gabriela y Daniela.

Regresé a Venezuela en mayo el 58, pero repatriado. El gobierno mandó un avión a México a buscar a los exiliados. Yo sólo conocía a una persona en toda la Universidad Central de Venezuela (UCV): el director de la Biblioteca Central, porque habíamos sido compañeros en el Fermín Toro. De resto no conocía a más nadie. Mi destino era ser profesor de la UCV pero también ser un historiador. Lo que se me planteaba era el problema de ser un comunista historiador o un historiador comunista. Podía ser un comunista que escribiera cosas de historia, pero también podía ser un historiador afiliado al Partido Comunista. Como yo quería mi libertad, no elegí ni lo uno ni lo otro.

La persona que dirigía el Colegio de México era Alfonso Reyes, un humanista mexicano con quien yo hice buena amistad. Un día me dijo: “Carrera, tengo entendido que te regresas a Venezuela porque ya cayó la dictadura” y me entregó una carta para que se la diera a un amigo suyo, Juan David García Bacca, el decano de la Facultad de Humanidades y Educación. Era una carta cerrada que se la di a la secretaria del Decanato. Me tardé unos minutos haciendo no recuerdo qué y, cuando voy a bajar las escaleras, la muchacha me detiene: “Señor, el decano lo llama”. Al entrar a la oficina, me encuentro a García Bacca leyendo la carta. Se voltea hacia mí y me dice: “Yo no sé cómo ni dónde pero desde este momento usted trabaja aquí. Tenga esta carta y guárdela”.

En la carta, don Alfonso hizo un gran elogio mío en unas pocas líneas. Eso fue en mayo de 1960. Entonces me designó como auxiliar de investigación en el Instituto de Estudios Hispanoamericanos, dirigido por Eduardo Arcila Farías, con un fabuloso sueldo de 500 bolívares mensuales. Ya yo estaba casado, tenía una hija y el apartamento me costaba 750. También escribía algunas cosas en los periódicos y corregía algunos libros, hasta de cocina.

Haciendo historia

Nunca pensé en ser embajador. Todo empezó cuando me nombraron en la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (Copre), como director de la Subcomisión de Reforma Institucional. Yo le pregunté a Ramón J. Velásquez el porqué de mi nombramiento y él, como perfecto andino, me dijo: “Es que yo leí unas cosas tuyas y quería ver si funcionaban”. En la Copre pasé de escribir historia a hacer historia.

Un día me llamó Simón Alberto Consalvi, canciller de Jaime Lusinchi, y me dice que el presidente me ofrecía la Embajada de Venezuela en México pero que respondiera ya. No me quedó más recurso que decir “Bueno, Canciller, en realidad, lo he pensado detenidamente y creo que sí”. Después me dijo que había una condición, que no se lo dijera a nadie hasta que el Presidente lo anunciara. Así que llegué a mi casa y no le dije nada a nadie porque la primera virtud de un diplomático es la discreción. En la mañana sonó el teléfono y Daniela se enteró. Yo no le había dicho ni a Alida y ya los periodistas lo sabían.

Duré 13 años y medio como embajador y ni siquiera me preguntaron si estaba inscrito en un partido. Cuando le pregunté a Lusinchi: “Presidente, ¿por qué me nombró usted como embajador en México?”, él me miró y me dijo: “Porque hablas el idioma”. Bueno, es verdad, yo había sido compañero universitario de muchos de los funcionarios de cancillería mexicana y tenía muy buena relación con ellos.

Ningún Presidente me exigió juramento de fidelidad, ni me pidió cuenta de mi concepción política. Es más, recuerdo cuando Ramón J. Velásquez fue presidente provisional, yo vine de Colombia y le dije: “Presidente, ¿qué tiene usted resuelto para mí?”, porque él podía destituirme y nombrar a otra persona. ¿Sabe lo que me respondió mi amigo? “Mientras yo esté aquí, usted estará allá”. Yo valoro mucho la autenticidad. Y eso requiere que uno asuma la responsabilidad de sus actos. Pero no por vanidad, sino por autoestima.
Recuerdo que en enero de 1999, una delegación llegó a la oficina del consulado. Conversamos sobre algunas cosas y nos dimos cuenta de lo que se avecinaba para el país. Esa misma noche le dije a Alida: “Creo que nuestra vida diplomática está por terminar”. En la mañana llamé al presidente Rafael Caldera y le dije: “Presidente, apenas entregue la banda, por favor solicite mi retiro”. Él me preguntó por qué y yo le dije que no quería ser parte del período que venía para Venezuela.


El próximo martes 10 de julio en la UNIMET: historiador Gerardo Vivas hablará sobre "los títulos definitivos de posesión venezolana sobre la Guajira y el Golfo"


viernes, julio 06, 2018

Iª Jornada de Debate Historiográfico: “SIN MUROS. 40 AÑOS DE LATINOAMERICANISMO EUROPEO. De la Europa Oriental a la Mitteleuropa” (Universitat Jaume I de Castellón, España)


Don Manuel Chust nos invita: 

Estimad@s coleg@s y amig@s: 
Les informo de la celebración de la organización de la Iª Jornada de Debate Historiográfico: 
“SIN MUROS. 40 AÑOS DE LATINOAMERICANISMO EUROPEO. De la Europa Oriental a la Mitteleuropa”
Intervendrán: 
17 h. Domingo Lilón, Universidad de Pécs, Hungría
"Los estudios latinoamericanos en Hungría"
17, 30h. Sigfrido Vázquez, Universidad de Extremadura, España
“Historiografía iberoamericanista checoslovaca durante la Guerra Fría”
18, 00h. Manuel Chust, Universidad Jaume I de Castellón, España
“La Historia y los historiadores latinoamericanistas en la Europa de la Guerra Fría: 40 aniversario de AHILA: principios, protagonistas, problemáticas.
18, 30h. Valentin Petroussenko, Plovdiv University "Paisii Hilendarski", Bulgaria.
“Los estudios latinoamericanos desde la época socialista hasta la presente etapa.”
19 h. Debate.

Sala de Juntas. Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universitat Jaume I de Castellón, España, el 9 de julio de 2018. 
Quedan cordialmente invitados

El amigo e historiador Don Elías Pino Iturrieta aclara el equilibrio que debe existir entre el ser historiador y ciudadano


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El subrayado es nuestro. 

Profeballa

Las ventajas del historiador


Publicado en El Nacional el 01 DE JULIO DE 2018 12:20 AM

Como es profesional de una ciencia del pasado, el historiador cuenta con el escudo de la distancia. Deber buscar regularidades en la época que examina desde el futuro, sin meterse en el intricado mapa de los detalles del género humano que la habitó, sin toparse del todo con sus miserias. Más bien procura rescatar del olvido los hechos de las figuras de un tiempo determinado, sin que la indagación consista en una pesca de los rasgos subalternos sino cuando conviene ocuparse de los matices. Todo esto en el entendido de que cada tiempo se distingue por la heterogeneidad y de que, por consiguiente, no se le puede uniformar con un ropaje único.

Se supone que la separación cronológica conduce a un deseado equilibrio cuando se ponderan las causas, los fenómenos representativos y las permanencias del lapso sometido a reconstrucción. Como ese lapso concluyó desde el punto de vista físico, como tuvo comienzo pero también terminación, el investigador se ha desligado de sus pasiones y de sus intereses para tratarlo sin tomar partido. En un oficio ocupado de cadáveres la posteridad aconseja su tratamiento moderado. Las exhumaciones son respetuosas, aun cuando se saquen monstruos de la tumba. Así como los rescatados del olvido pertenecen a lo yerto y a lo gélido, la posibilidad de su resurrección debe ser fría, o se sugiere que lo sea. De allí la existencia de métodos y técnicas susceptibles de impedir que el historiador se convierta en policía, o en torturador de los personajes inofensivos a quienes observa desde su ventajosa atalaya. No usa látigo en sus interrogatorios, ni otros instrumentos de tormento.

Pero, así como mira hacia el pasado por un asunto de oficio o de vocación, el historiador vive un presente del cual forma parte y que no deja de apreciar  desde su deformación profesional. Debido a defectos de pupitre o a mañas adquiridas en el trajín de las fuentes del pasado con las que se ha familiarizado, tiende a mirar a los vivos como si pertenecieran al más allá para repetir el ejercicio de equilibrio en cuyas directrices se formó. Tal vez no sea necesariamente la repetición mecánica de una manera de tratar con los difuntos que orienta el nexo con los seres vivientes de su mundo, ni algo que de veras pueda demostrarse a través de evidencias serias, pero está cerca de quien mira a los compañeros de su viaje  como miró a los antecesores que ya no existen. De allí sus referencias constantes al pasado, es decir, su búsqueda de explicaciones partiendo de lo que ya sucedió, un mandamiento de la profesión pero quizá también una argucia para escurrirse de la responsabilidad sobre las cosas que pasan frente a sus narices y en las que ha participado por acción o por omisión.

En mi caso creo que no le he sacado el cuerpo a la jeringa: he enfrentado  a los sujetos de la dictadura que hoy martiriza a Venezuela en el terreno que me corresponde. Pero, por si cabe la duda, hoy dejo constancia de que los siento como plaga abominable, de que no son sino una pandilla de malhechores ante cuyos delitos no cabe la comprensión, mucho menos la indulgencia. Ladrones sin límites, verdugos inmisericordes, enemigos de la virtud y de la probidad que se han predicado como ejemplo desde nuestra antigüedad, en su inmensa mayoría gente sin preparación intelectual ni nociones de republicanismo, han fraguado uno de los tiempos  más oscuros de la historia de Venezuela, quizá el más sombrío, o sin quizá. No estamos en horas de reflexión como las que hacen los discípulos de Clío en las aulas de la universidad, porque tiempo de pensar hemos tenido suficiente en las dos décadas de su hegemonía, o porque uno puede tener la pretensión de que una pública afirmación de repulsa pueda animar a sus rivales, los políticos de oficio, hacia acciones realmente serias y tajantes.

Aunque quizá no deba pedir tanto, y me conforme con dejar a los historiadores del futuro el testimonio de un colega desaparecido que les pide, como criatura corriente del cementerio que será, menos miramientos metodológicos y más apego a una verdad sin matices, a una verdad vestida de harapos. La  distancia de ellos no es ni puede ser la mía, porque todavía sigo aquí.

jueves, julio 05, 2018

Discurso del historiador Edgardo Mondolfi Gudat con motivo del 5 de julio en la Asamblea Nacional

Otro día de la Independencia de Venezuela (207 aniversario): algunas afirmaciones


En este “renacer” del blog, a partir de la publicación de posts cortos pero frecuentes, no podemos dejar pasar la más importante efemérides de la historia de Venezuela. Para ello señalaremos algunas ideas en lo relativo al hecho en cuestión:

1.- Seguimos considerando que es una fecha y un logro civil más que militar, y apoyamos una historiografía y una historia oficial que rescate el papel de los civiles en toda nuestra historia pero especialmente en el proceso de Independencia. No proponemos lo contrario, pero en estos últimos años se ha enfatizado desde el Estado los males de nuestra memoria e historiografía anterior a la profesionalización de la historia.

2.- Hemos reforzado, a través de las lecturas y la investigación  (aunque de manera indirecta), que el proceso de Independencia buscaba en primer lugar la construcción republicana, el logro del proyecto ilustrado, más que la separación de España en sí. Claro, para la época una cosa no podía separarse de la otra en el caso de Hispanoamérica.

3.- Nos llena de esperanzas el hecho, de que en la pequeña comunidad de historiadores y científicos sociales se desee el rescate de los valores republicanos que se sembraron en los tiempos de la Independencia. Rescate inteligente a través del análisis y la discusión en la Academia y fuera de ella, de lo que entendemos realmente por republicanismo y cómo se ha desarrollado en nuestra historia.

4.- Nos duele que en Venezuela este día no sea una fiesta de los civiles y civilista, es decir, miramos con cierta “envidia sana” que otras sociedades celebren en familia con comidas típicas, bailes, fuegos artificiales las fiestas patrias. En nuestro país sigue siendo un día para no ir a trabajar y ya, y desde el Estado mantienen las tradicionales conmemoraciones militares aunque al menos está el discurso en la Asamblea Nacional. Es hora de crear una nueva tradición tal como Abraham Lincoln y Franklin Delano Roosevelt instituyeron el día de Acción de Gracias en Estados Unidos. ¿Por qué no comenzamos los civiles estableciendo dichas tradiciones?

5.- En la educación básica las efemérides se siguen celebrando y es un momento especial para formar en el significado del hecho, el problema es que dicha fecha coincide con el final del curso y termina por no hacerse nada. Es un escándalo que al preguntar a las personas muchas veces no tengan ni idea de lo que ocurrió hoy al señalar el día como el de  “la firma” del Acta (aunque eso es algo) cuando esto fue posterior y no la aprobación de la Independencia por el Primer Congresode Venezuela que es lo que realmente ocurrió. Entendemos que esto es por el “pasticho” que tenemos con el 19 de abril de 1810.

6.- Y nos gustaría que en la creciente diáspora venezolana se comenzara a celebrar dicho día como una manera de no olvidar su identidad, y quizás su celebración nos ayuda acá a lograr lo que afirmamos anteriormente. A todos: ¡Feliz día de la República!

                                                                                                Profeballa
Este fue el doodle de Google el día de hoy. La verdad es que no me gusta, porque fortalece la idea que solo el Llano nos representa, en una Venezuela que ya esta región en lo cultural se ha hecho minoritaria. Con el respeto y el cariño que me merece el Llano, perdonen mi condición citadina y caraqueña. 

miércoles, julio 04, 2018

El martes 10 de julio conferencia sobre el 5 de julio de 1811 con los profesores Carole Leal, Fernando Falcón y Luis Perrone


El cine que me comprende (mi columna de los miércoles en El Nacional)


El cine que me comprende

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional. 

En Facebook está rodando un meme llamado "Mis 10 películas favoritas", el cual invita a colocar el poster de los 10 films (uno por día) que “tuvieron un impacto en tu vida y todavía están en tu lista de favoritos”, y como todo meme debes finalizar invitando a un amigo a hacer lo mismo. Aunque el texto no te obliga a explicar por qué tuvieron influencia en tu vida yo he decidido hacerlo, y ahora les hago seguidamente un pequeño resumen de este cinematografía que ha forjado mi personalidad además de regalarme momentos de diversión y alegría.
Hay cinco grupos por lo que podríamos llamar géneros o subgéneros de películas y series que han forjado mi personalidad (algunas pueden combinar aspectos de las otras): Ciencia ficción y ciencia, la que resaltan el conflicto entre el bien y el mal, las que tratan la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, las religiosas y los biopics.

Imagen relacionadaMi pasión por el cine es uno de mis primeros recuerdos. Es de esa manera que a mis 6 años aproximadamente vi tres películas de ciencia ficción que dejaron una huella en mí, y cuando las vuelvo a ver revivo esa inicial fascinación porque dicho género no eran solo efectos y acción sino planteamiento de problemas y especulaciones científicas. Me refiero a dos basadas en las novelas homónimas del escritor H. G. Wells (1866-1946): la primera es "La guerra de los mundos" (Byron Haskin, 1953), donde la imagen de esas naves  extraterrestres verdes que todo lo queman me asustó bastante, para que después estos portentos tecnológicos sean vencidos no por los humanos sino por una simple gripe.

La segunda es "La máquina del tiempo" (George Pal, 1960) que me llevó a todo lo relativo a las historias sobre el viaje al pasado y al futuro. En ella descubrí otro aspecto que desconocía: el peligro que significaban las armas atómicas y la posibilidad de la extinción de la humanidad por su uso y/o la destrucción de la civilización. Me metí tanto en la historia que al final aprendí el valor de los libros, cuando el protagonista regresa y toma varios tomos para "salvar" a los humanos del futuro. En los libros, pensé, estaba todo el conocimiento el cual ayudaría a salvarnos de cualquier calamidad. 

La tercera es la mejor de todas: "El planeta de los simios" (Franklin J. Schaffner, 1968) que mantiene los dos temas de la segunda (viajes en el tiempo y la amenaza de la destrucción por armas atómicas) e introduce las historias distópicas que critican las sociedades autoritarias. Reforzó mi admiración por la ciencia y los científicos (acá protagonizados por los simios: Cornelius (Roddy McDowall) y Sira (Kim Hunter)) que enfrentan a los autoritarios militaristas (gorilas) y el clero dogmático (orangutanes). Y en ella está el eterno anhelo de conocer la verdad por más terrible que sea, con ese final que me impactó tanto, y que demuestra la maravilla que es el cine al generar - en ocasiones - versiones mucho más atractivas que las novelas que adaptan.
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Las anteriores las vi en la televisión, pero la cuarta fue en el cine Altamira de Caracas y se puede decir que me metí en la historia con toda su acción en medio del espacio. Me refiero a “La guerra de las galaxias” (George Lucas, 1977), la cual no puedo catalogar de ciencia ficción porque es lo que llaman “space opera”, pero sí es un film que ayuda a los niños a formar su consciencia en lo que respecta a la eterna lucha entre el bien y el mal, y la responsabilidad que tenemos – por muy jóvenes que seamos – de tomar una posición responsable de enfrentar a los regímenes malignos que oprimen la libertad, y que para ello debemos educarnos bajo buenos maestros (Obi Wan Kenobi y Yoda en la maravillosa segunda entrega de la saga).

A los 11 años vi la serie “Cosmos” (1980) del gran astrónomo y divulgador científico Carl Sagan (1934-1996), la cual seguramente la habré visto más de 10 veces. No solo consolidó mi mentalidad científica (si de ello se puede hablar a esa edad) sino que me cambió la perspectiva de la realidad. Ante las maravillas y dimensiones del universo siempre he pensado en el absurdo de tantas maldades y obsesiones de los seres humanos. Se puede decir que fortaleció el anhelo de trascendencia, y por ello el rechazo al consumismo y materialismo.

Resultado de imagen para miniserie el holocaustoEl otro conjunto de películas y series estimularon en mí el deseo de conocer la historia de la humanidad, en especial lo relativo a la Segunda Guerra Mundial. La primera que recuerde fue a los cinco años de edad: "El puente sobre el río Kwai" (David Lean, 1957), y no paraba de hacerle preguntas a mis hermanos sobre dicha guerra y sobre el lugar donde ocurrían los hechos. La escena final me dejó impresionado y cada vez que me metía en alguna bañera intentaba reproducir los hechos. La miniserie “Holocausto” (1978) protagonizada por una joven Meryl Streep no sé ni cómo me la dejaron ver tan pequeño (tenía 8 años creo), porque tiene escenas terribles para un niño. Desde ese entonces he repudiado cualquier violación de los derechos humanos y he querido comprender el por qué de tanta maldad. La otra gran serie (esta vez era un documental) que me hizo conocer mucho mejor la Segunda Guerra fue “Mundo en guerra” (1973) del Imperial War Museum y la BBC. A pesar de la terrible realidad me mostró cómo muchas personas no se dejaban vencer en medio de las peores condiciones y luchaban por la dignidad de todo ser humano.

En lo que respecta a esto último están relacionados los otros dos grupos de películas que son las religiosas y los biopics, las cuales vi en mi adolescencia y reforzaron mi formación cristiana y humanista. Me refiero a dos casos: “Lamisión” (Roland Joffé, 1986) con la maravillosa banda sonora de Ennio Morricone, mostrándonos la radicalidad del camino cristiano centrado en el amor, que es donación de nuestras vidas por el bien del otro (en este caso: el de los misioneros jesuitas con los guaraníes en los tiempos coloniales). Y “Gandhi” (Richard Attenborough, 1982), donde se cuenta la lucha del padre de la India moderna e independiente, mostrándonos como el cambio político puede ser logrado por medios pacíficos. Acá pongo fin a mi lista, dejando por fuera muchas otras, ¿y cuál es la de ustedes?

martes, julio 03, 2018

Revista "Mañongo" celebra 25 años con relanzamiento en digital

Revista Mañongo celebra 25 años con relanzamiento en digital
Revista Mañongo celebra 25 años con relanzamiento en digital


ismary Hernández | Noticiero 52 | Para este mes de julio la revista carabobeña Mañongo cumple 25 años, y para celebrarlo hará su relanzamiento pero esta vez en su versión digital.
La revista fue fundada y desarrollada  por la primera cohorte de maestría en Historia de Venezuela de la Universidad de Carabobo en 1993, con la intensión de publicar las investigaciones realizadas por los estudiantes con el apoyo de la revista Tierra Firme de Caracas y la editorial Trópico.
La revista, el cual se publicaba semestralmente, tuvo una circulación sin interrupción hasta la edición número 45, publicada en 2014, “A partir de esta edición continuábamos con la intensión de seguir circulando en físico, pero con el problema del papel se decidió pasar a lo digital, manifestó el comunicador social, Luis García.
Pese a los intentos de mantener a la revista en físico,  no obtuvieron respuestas ante solicitudes de apoyo y la circulación se detuvo por dos años.
Es por ello que a partir de este mes revista Mañongo reaparece en el mercado pero esta vez en su versión digital con su edición número  46. “La aspiración de nosotros es que se realizara en físico, pero en vista de las complicaciones nos unimos a lo virtual, destacó García.
Por su parte, el historiador y director de Mañongo durante los últimos ocho años, Raúl Meléndez, recalcó que dentro de la revista se podrá encontrar investigaciones en cuanto a la historia y la ciencia hecha por profesionales tanto nacionales como internacionales.
Cabe destacar que cada investigación plasmada en la revista pasa por un comité de arbitraje que se encarga de revisar el cumplimiento de las normas.
Estas investigaciones de la revista Mañongo y su nueva edición podrán ser encontradas en la página de la Universidad de Carabobo. http://servicio.bc.uc.edu.ve/postgrado/index.htm

lunes, julio 02, 2018

Mañana en la Escuelas de Estudios Políticos de la UCV: Foro: El rescate de los valores republicanos como respuesta a la crisis


Intento de comprensión histórica de una “venganza personal”



El domingo 24 de junio de 2018, la vicepresidenta Delcy Eloina Rodríguez fue entrevistada por José Vicente Rangel en el programa “José Vicente Hoy” del canal de televisión: Televen. En el mismo ella afirmó ¡hasta en 3 ocasiones! que la acción de gobierno llevada a cabo desde su llegada al poder junto a Hugo Chávez ha sido “nuestra venganza por la muerte de nuestro padre” (al decir “nuestro”, se refiere además a su hermano Jorge el cual ha asumido también importantes cargos de poder en estos 20 años de chavismo). Por más que se desea adornar la frase es inevitable que la palabra VENGANZA nos genere preocupación, y nos lleve a buscar comprender el origen de este sentimiento. Todos entendemos claramente que la venganza es producto del odio, y no de la comprensible y racional exigencia de justicia cuando se han violado nuestros derechos humanos. Nos hace preguntarnos también si este caso puede generalizarse a toda o casi toda la clase política que nos gobierna, en el sentido las heridas abiertas en los tiempos de la guerrilla de la ultraizquierda en nuestro país no han sido reparadas. ¿Realmente pagaron los culpables? ¿se intentó resarcir el daño? ¿se buscó integrar esta izquierda en la democracia? En conclusión: ¿hay razones claras y reales para comprender el resentimiento y el anhelo de justicia e incluso venganza? ¿está justificada la frase?

Resultado de imagen para jorge antonio rodríguezPara responder a dichas preguntas revisaremos la historia del padre de los hermanos Rodríguez: Jorge Antonio Rodríguez (1942-1976). Oriundo del estado Lara, estudió para ser maestro normalista porque no tenía recursos suficientes para estudiar en la universidad. Desde muy temprano se inició en la lucha estudiantil desde el marxismo, siendo miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que asumió la insurrección armada durante los sesenta, y cuando dicha organización se sabe derrotada y decide incorporarse a la vida democrática, Rodríguez es uno de los que no terminan por aceptarlo y llevarán a la ruptura y fundación de un nuevo partido en 1973: la Liga Socialista (de la cual será su Secretario General) y que posee a su vez una cara armada de nombre: Organización Revolucionaria (OR). En 1976 un comando de guerrilleros de la OR llevará a cabo el secuestro del presidente en Venezuela de la compañía norteamericana Owens Illinois: William Frank Niehous, dicho secuestro se realizó en el hogar del estadounidense delante de sus tres hijos y su esposa. La policía política (DISIP) capturará a Rodríguez por considerarlo sospechoso de dicho acto, y al torturarlo para sacarle información el dirigente morirá de un infarto. Este hecho fue denunciado por el Fiscal General de la República, la opinión pública condenó el crimen y se iniciaron las investigaciones, y al final los torturadores fueron llevados a juicio y sentenciados a 20 años los cuales pagaron; y el director de la DISIP: Arístides Lander, fue destituido por el Presidente Carlos Andrés Pérez. Tengo entendido que la familia Rodríguez fue "indemnizada" de alguna forma al facilitarle la entrada a la universidad, entre otros aspectos. 

Si hubo justicia ¿por qué entonces la “venganza personal”? Podemos entender que es difícil superar semejante dolor para unos niños que padecen el asesinato de su padre por torturas, pero los hechos demuestran que la democracia hizo todo lo posible por sanar las heridas haciendo justicia, y que de esa forma logran el necesario perdón o hacer llevadera las relaciones entre los grupos que se generaron agravios. Ante esto pienso en casos donde las heridas han sido muchísimo más graves y en las que nunca hubo reparación ni justicia, y las víctimas han luchado por superarlo sin anhelar venganzas que destruyan a toda una sociedad. Fue así como le escuché a un descendiente de alemanes de la zona ocupada por los soviéticos en la Segunda Guerra Mundial, que se admiraba porque al ir a Rusia vio como en un lugar de este país sonaba música alemana y que recuerda como sus abuelos y padres le contaron que los rusos no los dejaron morir de hambre al terminar la guerra entre otras ayudas que le dieron “¡a pesar de que nosotros los habíamos tratado de exterminar generándoles sufrimientos indescriptibles!”

Y había razones para que los alemanes odiaran a los rusos: la violación de mujeres (¡todas!) cuando las tropas rusas entraron a territorio alemán que fue una clara política ordenada por los oficiales a la tropa, por no hablar de los años que soldados pasaron en campos de prisioneros de los que solo regresó aproximadamente el 10% y en el período inmediato de postguerra más de 14 millones de alemanes étnicos fueron obligados de la forma más cruel a ir de Europa oriental al territorio que los aliados le dejaron a Alemania, por lo que murieron 1 millón de ellos.  Por no hablar del hecho que Alemania Oriental fue desmantelada materialmente por los soviéticos. ¡Tenían razones para odiar! Pero hubo comprensión del mal que hicieron. En cambio otros, a pesar de que sus padres hicieron daño (no con esto justifico que violen sus derechos humanos) y se les permitió incorporarse a la democracia e incluso dándoles espacios para tener buenos empleos y vivir dignamente; a pesar de todo eso buscan una “venganza personal” ¿por qué? Creo que la respuesta no está en que no hubo justicia ¡porque sí la hubo! sino en su ideología la cual explica estos últimos 20 años. En sus principios no hay lugar para el consenso, la conciliación o la tolerancia porque es un proyecto totalitario. 

                                                                                             Profeballa

Fuentes:
Fundación Polar, 1997, “Jorge Antonio Rodríguez”, Diccionario de Historia de Venezuela.
Gerónimo Figueroa F, 27 de Agosto de 2016, “Jorge Rodríguez padre no era un “angelito””
Faitha Nahmens, 03/09/2016, “Jorge Rodríguez padre: mártir a juro”, Climax.

Acá el link para ver el documental que realizó el oficialismo sobre Jorge Antonio Rodríguez. 

domingo, julio 01, 2018

Manuel Rodríguez Campos, pasión por la familia, el trabajo y el estudio


Historiador y ensayista, Manuel Rodríguez Campos (1930) dirigió la segunda edición del monumental “Diccionario de Historia de Venezuela” (Fundación Polar). Autor de numerosos ensayos y estudios históricos, fue miembro de la Academia Nacional de la Historia. Falleció el pasado 20 de mayo
Por GUSTAVO ADOLFO VAAMONDE | GUSTAVOVAAMONDE@GMAIL.COM
01 DE JULIO DE 2018 02:30 AM EL NACIONAL
Transcurrían los primeros días de enero del 2000, cuando mi mamá me gritó desde el cuarto, luego de haber atendido el teléfono, “tienes que ir mañana a una entrevista en la Fundación Polar con el Profesor Rodríguez Campos”. “¡Por fin, por fin!”, exclamé: era la oportunidad que tenía años esperando; conocer al profesor ya jubilado de la Universidad Central de Venezuela y coordinador de aquel invalorable proyecto que marcó los estudios de historia en nuestro país: el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar.
Aquel martes en la mañana me encontraba en el edificio de Fundación Polar, esperando ser atendido por el “profesor”, tal como lo llamó su asistente. Desde ese momento comenzó una importante relación con quien sería por casi una década mi superior en la Fundación, maestro en el área de historia, un referente de lo que era el amor por la familia y, sobre todo, un amigo.
Manuel Rodríguez Campos se desempeñaba como coordinador del Diccionario de Historia de Venezuela. Le había tocado continuar la labor desarrollada por su predecesor, el historiador Manuel Pérez Vila, dirigiendo esa obra paradigmática de nuestra historiografía como lo es el Diccionario de Historia, el cual había aparecido en el año de 1989. Motivado al éxito de esta edición la Fundación continuó con el proyecto, bajo la dirección del profesor, y en el año de 1997 se publicó la segunda edición ampliada.
Compartí muchas conversaciones con el profesor Rodríguez Campos durante más de quince años de trabajo en conjunto. Se enorgullecía siempre de sus orígenes barloventeños, ya que había nacido en Cúpira el 19 de julio de 1930. Me contó que su padre estuvo destinado en aquel poblado como Jefe Civil. Luego de trasladarse a Caracas, estudió Contaduría Pública en la UCV, donde se graduó en 1960. A los 37 años de edad continuó su pasión por el estudio y se inscribió en la Escuela de Historia para alcanzar su sueño de ser historiador. En 1975 obtuvo el título de licenciado en Historia y en 1980 concluyó la maestría de Historia Contemporánea de Venezuela, en la misma casa de estudios.
Esta doble formación académica determinó y sustentó su línea de investigación: la historia económica. Sus principales trabajos estuvieron enfocados en reconstruir y explicar el accionar de los factores y las ideas económicas que determinaron la realidad material de Venezuela durante distintos procesos y coyunturas de su historia. A lo largo de su carrera escribió obras de referencia sobre la economía venezolana como fue el libro Venezuela 1902: La crisis fiscal y el bloqueo. Perfil de una soberanía vulnerada, galardonado con el premio anual a la investigación otorgado por la Asociación de Profesores de la UCV, en 1977. En esta misma línea escribió Venezuela 1948-1958. El proceso económico y social de la dictadura. Y, para hacer honor a sus antepasados canarios, publicó La libranza del sudor. El drama de la emigración canaria en Venezuela entre 1830 y 1859. Además de estos libros emblemáticos, se cuentan decenas de artículos y ensayos aparecidos en revistas especializadas de Venezuela y del exterior.
Para el profesor Rodríguez Campos el trabajo era la esencia de la vida. Por ello siempre hacía referencia a su larga experiencia laboral de la que recordaba con emoción sus años como profesor de las Escuelas de Contaduría y Administración y de Historia en la UCV, así como su ingreso al Instituto de Estudios Hispanoamericanos desde 1976, del cual fue también su Director. Allí permaneció hasta que se jubiló como profesor titular. Con anterioridad, había sido Subdirector de Administración y Director de la Escuela de Administración y Contaduría; recordaba igualmente con especial entusiasmo haber sido Director de la Biblioteca Central de la UCV.
En el año de 1997 se incorporó como Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia. Su discurso de incorporación se tituló: “Antonio Leocadio Guzmán en la economía venezolana”. En esta corporación ejerció el cargo de Vice-Director Administrativo.
El recuerdo más importante que me llevo de este personaje y amigo fue el amor inconmensurable que tuvo por su familia. Estuvo casado con Elia Isabel Ridell Rondón y de esta unión nacieron siete hijos: Florelia, Ruth, Vicente, Raúl, Gustavo, Rafael y Juan Carlos. Todos los días en la oficina llamaba por teléfono a uno de sus hijos o a su esposa. Los apoyó y acompañó en todo momento con mucho amor.
La más importante enseñanza que me dejó el “profe”, fue en Madrid, cuando compartíamos una copa de vino, en casa de su hijo Juan Carlos. En un momento de la conversación, ante mis angustias académicas y económicas me indicó: “sea feliz Gustavo, sea feliz en cualquier momento y circunstancia”. Tremenda lección profesor, es la que he decidido aplicar en mi vida; estoy en eso, haciendo el esfuerzo.
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Gustavo Adolfo Vaamonde es historiador; profesor de la Escuela de Historia de la UCV; Individuo de Número, electo, de la Academia Nacional de la Historia.

Declaración de los derechos del pueblo del 01 de julio de 1811 proclamada por el Supremo Congreso de Venezuela.


Declaración de los derechos del pueblo del 01 de julio de 1811 proclamada por el Supremo Congreso de Venezuela. (tomado de acá). 

El Supremo Congreso de Venezuela en su sesión legislativa, establecida para la provincia de Caracas, ha creído que el olvido y desprecio de los Derechos del Pueblo, ha sido hasta ahora la causa de los males que ha sufrido por tres siglos: y queriendo empezar a precaverlos radicalmente, ha resuelto, conformándose con la voluntad general, declarar, como declara solemnemente ante el universo, todos estos mismos Derechos inenajenables, a fin de que todos los ciudadanos puedan comparar continuamente los actos del Gobierno con los fines de la institución social: que el magistrado no pierda jamás de vista la norma de su conducta y el legislador no confunda, en ningún caso, el objeto de su misión.
ArribaAbajoSoberanía del pueblo
Artículo 1. La soberanía reside en el pueblo; y, el ejercicio de ella en los Ciudadanos con derecho a sufragio, por medio de sus apoderados legalmente constituidos.
Artículo 2. La soberanía es, por su naturaleza y esencia, imprescriptible, inenajenable e indivisible.
Artículo 3. Una parte de los ciudadanos con derecho a sufragio, no podrá ejercer la soberanía. Todos deben concurrir con su voto a la formación del Cuerpo que la ha de representar, porque todos tienen derecho a expresar su voluntad con entera libertad, único principio que hace legítima y legal la constitución de su Gobierno.
Artículo 4. Todo individuo, corporación o ciudad que usurpe la soberanía, incurrirá en el delito de lesa Nación.
Artículo 5. Los empleados públicos serán por tiempo determinado; no deben tener otra consideración que la que adquieran en el concepto de sus conciudadanos por las virtudes que ejercieren en el tiempo que estuvieren ocupados por la República.
Artículo 6. Los delitos de los representantes y agente de la República no deben quedar nunca impunes, pues ninguno tiene derecho a hacerse más inviolable que otro.
Artículo 7. La Ley debe ser igual para todos, castigando los vicios y premiando las virtudes, sin admitir distinción de nacimiento ni poder hereditario.

ArribaAbajoDerechos del hombre en sociedad
Artículo 1. El fin de la sociedad es la felicidad común, y el Gobierno se instituye al asegurarla.
Artículo 2. Consiste esta felicidad en el goce de la libertad, de la seguridad, de la propiedad y de la igualdad de derechos ante la ley.
Artículo 3. La ley se forma por la expresión libre y solemne de la voluntad general, y ésta se expresa por los apoderados que el pueblo elige para que representen sus derechos.
Artículo 4. El derecho de manifestar sus pensamientos y opiniones por voz de la imprenta debe ser libre, haciéndose responsable a la ley si en ellos se trata de perturbar la tranquilidad pública o el dogma, la propiedad y honor del ciudadano.
Artículo 5. El objeto de la ley es arreglar el modo con que los ciudadanos deben obrar en las ocasiones en que la razón exige que ellos se conduzcan no por su opinión o su voluntad, sino por una regla común.
Artículo 6. Cuando un ciudadano somete sus acciones a una ley, que no aprueba, no compromete su razón; pero la obedece porque su razón particular no debe guiarle, sino la razón común, a quien debe someterse, y así la ley no exige un sacrificio de la razón y de la libertad de los que no la aprueban, porque ella nunca atenta contra la libertad, sino cuando se aparta de la naturaleza y de los objetos, que deben estar sujetos a una regla común.
Artículo 7. Todos los ciudadanos no pueden tener igual parte en la formación de la ley, porque todos no contribuyen igualmente a la conservación del Estado, seguridad y tranquilidad de la sociedad.
Artículo 8. Los ciudadanos se dividirán en dos clases: unos con derecho a sufragio, otros sin él.
Artículo 9. Los sufragantes son los que están establecidos en Venezuela, sean de la nación que fueren: éstos solo forman el soberano.
Artículo 10. Los que no tienen derecho a sufragio son los transeúntes, los que no tengan la propiedad que establece la Constitución; y éstos gozarán de los beneficios de la ley, sin tomar parte en su institución.
Artículo 11. Ninguno debe ser acusado, preso, ni detenido, sino en los casos determinados por la ley.
Artículo 12. Todo acto ejercido contra un ciudadano sin las formalidades de la ley, es arbitrario y tiránico.
Artículo 13. El magistrado que decrete y haga ejecutar actos arbitrarios será castigado con la severidad de la ley.
Artículo 14. Ésta debe proteger la libertad pública e individual contra la opresión y tiranía.
Artículo 15. Todo ciudadano deberá ser tenido por inocente mientras no se le declare culpable. Si se cree indispensable asegurar su persona, todo rigor que no sea necesario para ello debe ser reprimido por la ley.
Artículo 16. Ninguno debe ser juzgado ni castigado, sino después de haber sido oído legalmente, y en virtud de una ley promulgada anterior al delito. La ley que castigue delitos cometidos antes que ella exista será tiránica. El efecto retroactivo dado a la ley es un crimen.
Artículo 17. La ley no debe decretar sino penas muy necesarias, y éstas deben ser proporcionadas al delito y útiles a la sociedad.
Artículo 18. La seguridad consiste en la protección que da la sociedad a cada uno de sus miembros para la conservación de su persona, de sus derechos y de sus propiedades.
Artículo 19. Todo ciudadano tiene derecho a adquirir propiedades y a disponer de ellas a su arbitrio, si no contraría el pacto o la ley.
Artículo 20. Ningún género de trabajo, de cultura, ni industria o comercio puede ser prohibido a los ciudadanos, excepto aquellos que forman o pueden servir a la subsistencia del Estado.
Artículo 21. Ninguno puede ser privado de la menor porción de su propiedad sin su consentimiento, sino cuando la necesidad pública lo exige y bajo una justa compensación. Ninguna contribución puede ser establecida sino para la utilidad general. Todos los ciudadanos sufragantes tienen derecho de concurrir, por medio de sus representantes al establecimiento de las contribuciones, de vigilar sobre su inversión y de hacerse dar cuenta.
Artículo 22. La libertad de reclamar sus derechos ante los depositarios de la pública autoridad, en ningún caso puede ser impedida ni limitada a ningún ciudadano.
Artículo 23. Hay opresión individual cuando un solo miembro de la sociedad está oprimido y hay opresión contra cada miembro cuando el Cuerpo social está oprimido. En estos casos las leyes son vulneradas y los ciudadanos tienen derecho a pedir su observancia.
Artículo 24. La casa de todo ciudadano es un asilo inviolable. Ninguno tiene derecho de entrar en ella, sino en los casos de incendio, inundación o reclamación, que provenga de la misma casa o para los objetos de procedimiento criminal en los casos, y con los requisitos determinados por la ley, y bajo la responsabilidad de las autoridades constituidas que hubieren expedido el decreto. Las visitas domiciliarias, exenciones civiles, sólo podrán hacerse durante el día, en virtud de la ley y con respeto a la persona y objeto expresamente indicados en el acta que ordena la visita y ejecución.
Artículo 25. Todos los extranjeros de cualquiera nación serán recibidos en la provincia de Caracas.
Artículo 26. Las personas y las propiedades de los extranjeros gozarán de la misma seguridad que las de los demás ciudadanos, con tal que reconozcan la soberanía e independencia y respeten la Religión Católica, única en el País.
Artículo 27. Los extranjeros que residan en la provincia de Caracas, habiéndose naturalizado y siendo propietarios, gozarán de todos los derechos de ciudadanos.

ArribaAbajoDeberes del hombre en sociedad
Artículo 1. Los derechos de los otros son el límite moral y el principio de los derechos, cuyo cumplimiento resulta del respeto debido a estos mismos derechos. Ellos reposan sobre esta máxima: haz siempre a los otros el bien que querrías recibir de ellos, no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti.
Artículo 2. Los deberes de cada ciudadano para con la sociedad son: vivir con absoluta sumisión a las leyes; obedecer y respetar a las autoridades constituidas; mantener la libertad y la igualdad; contribuir a los gastos públicos; servir a la Patria cuando ella lo exige y hacerle, si es necesario, el sacrificio de los bienes y de la vida; y en el ejercicio de estas virtudes consiste el verdadero patriotismo.
Artículo 3. El que viola abiertamente las leyes, el que procura eludirlas, se declara enemigo de la sociedad.
Artículo 4. Ninguno será buen ciudadano si no es buen padre, buen hijo, buen hermano, buen amigo y buen esposo.
Artículo 5. Ninguno es hombre de bien si no es franco, fiel y religioso observador de las leyes. La práctica de las virtudes privadas y domésticas es la base de las virtudes públicas.


ArribaDeberes del cuerpo social
Artículo 1. El deber de la sociedad para con los individuos que la componen es la garantía social. Ésta consiste en la acción de todos para asegurar a cada uno el goce y la conservación de sus derechos, y ella descansa sobre la soberanía nacional.
Artículo 2. La garantía social no puede existir sin que la ley determine claramente los límites de los poderes, ni cuando no se ha establecido la responsabilidad de los públicos funcionarios.
Artículo 3. Los socorros públicos son una deuda sagrada a la sociedad: ella debe proveer a la subsistencia de los ciudadanos desgraciados, ya asegurándoles trabajo a los que puedan hacerlo, ya proporcionando medios de existir a los que no están en este caso.
Artículo 4. La instrucción es necesaria a todos. La sociedad debe favorecer con todo su poder los progresos de la razón pública y poner la instrucción al alcance de todos.

Comuníquese esta nuestra solemne declaratoria al Supremo Poder Ejecutivo, para que la promulgue y haga notoria a todos por cuantos medios juzgue convenientes.
Dada en el Palacio de Gobierno de Venezuela, a 1 de julio de 1811.
Francisco Xavier Yanes, presidente.
Juan Toro, vicepresidente.
Martín Tovar Ponte.-José Ángel del Alamo.-Lino de Clemente.-Juan José Maya.-Gabriel de Ponte.-Fernando Toro.-Juan Antonio Díaz Argote.-Isidoro Antonio López Méndez.-Gabriel Pérez de Pagola.-Francisco Hernández.-Felipe Fermín Paúl.-Fernando de Peñalver.-José Vicente Unda.-Juan G. Roscio.-Luis José de Cazorla.-Nicolás de Castro.

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