jueves, abril 11, 2013

Un venezolano en la Luftwaff




Mi hermano Clemente Balladares Castillo escribió el Libro "Héroes del Aire en Venezuela" (2008) del cual les presento hoy el capítulo dedicado a un piloto de la Luftwaffe quien fue el abuelo de mi prima Vanesa Hammacher Castillo, y que gracias a su padre pude conocer su historia tal cual lo cuenta acá mi hermano. Nunca olvidaré el día que me  narró como su padre derribó un B-24. Hammacher fue un inmigrante venezolano y sus únicos nietos son también venezolanos.
Profeballa

Heinz Hammacher combate para la Luftwaffe
El 29 de abril de 1945, Heinz Hamacher volaba una misión “Stacheldraht” (modismo alemán del escuadrón de caza bombardeo 2/JG11 que significa Alambre de púas); cuando divisó a la una de la tarde desde su Focke Wulf FW190 una formación de bombarderos norteamericanos cuatri-motores más arriba de los 2500 metros de altitud al Oeste de Barnstorf. De inmediato notificó por radio a la base, la cual autorizó el combate. Hamacher dejo caer su tanque de combustible ventral y fue a la caza.

Ya entrando en rango del enemigo, identificó un platinado Consolidated B24 Liberator que se encontraba de último en la formación la cual se retiraba hacía el oeste de Alemania. Maniobró para mantenerse alineado a la parte trasera del bombardero rezagado que empezaba a disparar incesantemente contra él. Algunas de esas balas comenzaron a sonar metálicamente en las superficies de su FW190, Heinz sintió temor, pero dio respuesta accionando sus cañones justo hacía el defensor de la cola del Liberator aproximándose paralelo al eje del fuselaje de su enorme adversario. Al acercarse más, mientras seguía disparando, notó como la ametralladora posterior del bombardero cesó repentinamente de vomitar su mortal descarga y a la vez dejo de apuntar hacía su Focke Wulf.

- ¡Uno menos! pensó el Owf. Hamacher. No obstante, continúo disparando desesperadamente hasta casi embestir al gigante de cuatro motores y doble timón de cola. Solo cambió de curso cuando sus municiones se agotaron en un silencio repentino, que precedió al ruido de su gran motor radial y la consecuente atención antes de la evitada colisión aérea.

A 150 metros alejándose por el costado derecho del bombardero, Heinz volteó su cabeza para ver como el enorme pájaro plateado se ladeaba hacía la izquierda cayendo sin dejar traza alguna de humo o llamas aparentes. La caída a tierra se hacía mas empinada sin que saltasen los tripulantes, siguió observando con preocupación como caía el Liberator del cual no se observaban salir paracaídas. Tal vez su bien concentrado fuego de cañones penetró por todo el interior del fuselaje enemigo matando o hiriendo mortalmente a los diez hombres a bordo, lo cual impidió el escape. Para ese instante, el motor de su Focke Wulf comenzó a presentar problemas.
Heinz se percató que la falla de su motor aumentaba, algunas balas del cañonero de cola en el B24 lograron impactar piezas vitales de su radial BMW. El Ofw. Hamacher oteó el horizonte buscando donde hacer un rápido aterrizaje, divisando un sembradío cercano; enfiló la nariz de su FW190 hacía el campo cuando de pronto las palas de la hélice se detuvieron en un silencio total, ya no quedaba mucho margen de maniobra sino planear en lo posible hasta tocar tierra.

Otra mala fortuna lo acompaño mientras se desplegaba el tren de aterrizaje. El ángulo de entrada en el que planeaba quedaba perpendicular a las líneas de cosecha del sembradío, esto hizo que al tocar tierra, cada montículo y depresión del campo se reflejaran dentro de la cabina como si Heinz montara un potro salvaje. Ni el acolchado frontal, ni el cinturón de seguridad, evitaron que golpease su frente repetidamente contra el cobertor blindado sobre el panel de instrumentos. Horas después fue llevado al hospital donde los médicos alemanes colocaron una placa metálica en la fisura que produjo este accidente en su cabeza.

Este relato me lo contaba mí tío político Hendrick (hijo de Heinz) en mi adolescencia. Para ese momento, yo escuchaba estas historias de su padre con igual fascinación que hoy. Varias veces en casa de su madre, Frau Ursula, observé el imponente retrato en uniforme de la Luftwaffe del tío abuelo político; la bordada diminuta esvástica en las patas del águila que simbolizan la fuerza aérea nazi había sido cortada de la foto. Posteriormente la hermana de mi madre se divorció de Hendrick, pero mantuvimos el contacto. En 20 años mi pasión por la historia de la aviación militar no se extinguió y la búsqueda reciente de pilotos de combate en Venezuela hizo que lo entrevistara formalmente el año 2003. Ya con la comprensión de un adulto y la gran ayuda de archivos digitales ubicados en la internet pude confirmar que este fue un derribo certificado en la fecha, hora, altitud y tipo de bombardero enemigo en los archivos más fiables disponibles actualmente.

Heinz Josef Hamacher nació en Rhineland, Alemanía, en 1919, el mismo pueblo de Goebbles (sí, el mismísimo director de propaganda de Hitler); de hecho eran vecinos y la hermana de Heinz era amiga de la hermana del sombrío cojo. Los primeros estudios de Hamacher fueron en Técnica Industrial, luego a los 18 años de edad se enlistó al Servicio Militar especializándose en muchos cursos de la naciente Luftwaffe. Al año siguiente se graduó de Instructor de Vuelo con amplia experiencia en diferentes modelos de aviones germánicos de la década de los 30s.
Cuando la Segunda Guerra Mundial comenzó se le asignó inicialmente el reconocimiento costero entre Bélgica, Holanda y Dinamarca en el curioso hidroavión biplano Heinkel He59. Posteriormente voló el famoso Junker Ju87 Stuka, bombardeando Francia en 1940. Durante el verano de ese año, cuando comenzó la Batalla de Inglaterra, se le asignó al II Gruppe del KampGeschwader 6 para el bombardeo nocturno del Reino Unido con su avión favorito el bimotor Ju88.

Estas operaciones de noche en Gran Bretaña se hacían en formaciones de más de 50 bombarderos, en bases de pista muy corta recientemente acondicionadas en la Francia ocupada. Todo con la menor cantidad de ayuda lumínica posible, si ocurría un accidente en la pista la extensión de la misma se acortaba. La oscuridad era tal, que solo conocías la presencia de los otros bombarderos por escasa sombras y el ruido de los motores acercándose. La distancia se guardaba de acuerdo al ritmo de despegue y estas pequeñas señas.

Heinz y su tripulación nunca fueron derribados en estas misiones sobre Inglaterra, pero si regresó muchas veces a la base con fisuras en la estructura de su Ju88 debido a fuertes maniobras evasivas al ser señalizado por los reflectores. Generalmente a la salida del espacio aéreo británico los esperaban algunos Hurricanes de caza nocturna los cuales evitaban volando muy al ras del mar. En varias ocasiones escucharon algunos de los atacantes golpear las aguas del Canal de la Mancha. Los artilleros nunca disparaban a menos que el atacante lo hiciera primero para no revelar su posición.

Cuando el bombardeó de Inglaterra disminuyó en 1941, se entrenó en el famoso Messerschmitt Bf109. Para ese mismo año hasta 1943 regresó al Ju88, pero esta vez en misiones de caza nocturna con la versión G de este bimotor en el escuadrón 4/NJG3. En dos ocasiones de 1942 reportaron haber derribado bombarderos nocturnos británicos, pero estos no fueron confirmados al Ofw. Hamacher y su operador de radar por la falta de evidencias. Heinz siempre culpó de esto a su radarista ya que sobrepasaba generalmente los blancos, y decía: “eso es porque mi compañero es del sur de Alemania” (los tipos más lentos, como unos gochos teutones).

En la Base aérea de Köenigsberg donde realizaba pruebas de aviones reparados conoció a la Secretaría del General del aeródromo, Ursula Christopher Petersen. Ella siempre se quejaba de un “idiota” que hacia mucho ruido y piruetas en la base. A mediados de 1942 conoció a ese “idiota” en un café cercano, se casaron en Octubre de ese año, teniendo un primer varón que murió al nacer en 1943 y otro más al año siguiente (el tío Hendrick). Casualmente las iniciales del Ju88 que más volaba Heinz eran UH –Ursula Hamacher.

La pareja Hamacher, especialmente Ursula, tuvieron la oportunidad de conocer algunos de los celebres, como Goering. Varias veces vieron a Hitler de visita en la base. Y ases como Hans Joachim Marseille, Erich Hartman y Adolf Galland; al primero Heinz se refería como pésimo piloto, aunque excelente puntería; del as de ases, decía que tenía suerte de tener unos rivales endebles (los rusos) y de Galland se expresaban como uno de los sujetos más arrogantes que se pueda conocer.

En una fría y muy oscura noche de 1943, el Ofw. Hamacher y su tripulación regresaban de una misión de caza nocturna. La aproximación a pista se hacía con la ayuda de un dúo motorizado en tierra; mientras uno manejaba, el otro iluminaba y daba instrucciones con una lámpara. Al apagarse la linterna el avión debía detenerse. Esa noche el hombre de la luz olvido apagar la misma en un cruce particular de la pista y el Ju88G de Heinz continuó siguiendo la luz hasta golpear con una de las alas una estructura de concreto cercana, lo que ocasionó la perdida del ala y el colapso del tren de aterrizaje en ese costado, esto dejó el otro extremo del avión apuntando hacía el cielo. Hamacher y el otro tripulante salieron por la abertura ventral del Junker; el radarista por el contrarió, abrió la ventana lateral y escaló el ala levantada, hasta saltar desde la punta lesionándose un pié al caer desde más de tres metros de alto. Otro tripulante del sur de Alemania.

Tomando un moto y justo al salir del aeródromo se encontró en un lodazal que lo hizo caer sobre uno de sus tobillos, lo cual lo mantuvo en tierra mientras se recuperaba más la consecuente reprimenda superior. En esa recuperación y detención disciplinaría se enteró que los aliados habían invadido el continente europeo que en un año ya no estaría bajo el dominio nazi.

Alrededor de noviembre de 1944, a Heinz le fueron asignados vuelos en otro de sus cazas favoritos, el Bf109G Gustav, en misiones de Defensa del Reich. En uno de estos vuelos atacaron a un grupo de P51s que escoltaban bombarderos americanos. Más Mustangs aparecieron haciendo la pelea muy desigual para los alemanes, Hamacher realizó todas las maniobras que conocía para evitar ser derribado. Primero fue su compañero de ala que al ser tocado mortalmente saltó exitosamente; Heinz buscaba unas nubes como protección cuando en ese instante una larga ráfaga de P51 le seccionó todo el empenaje de cola. Afortunadamente el avión mantenía cierta horizontalidad; cuando se disponía a saltar, el americano siguió disparando para asombro de Heinz logrando impactos adicionales en su motor. Hamacher entro en pánico, terminó de abrir la carlinga y salto al vació abriendo casi de inmediato su paracaídas a gran altitud.

Generalmente a más de 7.000 metros de altura, para abrir el paracaídas, se espera unos cuantos segundos hasta salir de la zona de combate y los restos de la aeronave. Heinz no lo hizo. El cono se abrió perfectamente, pero oscilaciones pendulares violentas provocadas por los fuertes vientos amenazaban con enredar y colapsar las cuerdas del paracaídas. Sacó su Luger y pensó en suicidarse antes de caer a esa altitud. En esos instantes, algunos cazas enemigos pasaron cerca de él, y vaciló pensando: “estos bastardos me van a rematar”. No sucedió, sino que las estelas de los motores aliados de alguna manera estabilizaron el paracaídas que comenzó a bajar de manera más vertical. Unos metros cerca del suelo, Heinz alcanzó las ramas de un suave pino cubierto de nieve. Al tocar tierra se encontró algo aturdido, pero sano, aunque sin botas. Sin saber donde estaba, se orientó hacía donde suponía estaba la base y camino descalzó. Al llegar a un pueblo del Reich se sintió seguro aunque algo congelado.

Comenzando el último año de la guerra y patrullando el congelado Río Oder, Heinz volaba otro Gustav cuando notó una columna de soldados y pertrechos rusos. El paisaje era de un perfecto blanco y el cielo completamente despejado. Voló a baja altura para asegurarse de los uniformes del supuesto enemigo. Sí, eran rusos. Al virar para atacar, la columna, ni se inmuto ante el alemán siguiendo su camino. Descargó una buena metralla y ascendió, al regresar para confirmar los resultados del ataque encontró toda la nieve manchada de rojo. Días y semanas después mantuvo pesadillas del evento, al igual que su derribo del Liberator, la reflexión y consejos de los amigos lo confortaban con la obligación por defender a Alemania.

En Mayo de 1945 todo estaba perdido, había incluso bombardeado su propia casa abandonada para que los rusos no la disfrutasen. La casa de sus padres y abuelos, con ellos adentro, resultó destruida por los bombarderos ingleses. Luego de extraviarse su familia en el caos del desmoronamiento del Tercer Reich, huyó a los Alpes hacía el sur; se refugió varias semanas con los montañeses y al acabársele los suministros descendió para rendirse en Junio ante una sorprendida patrulla americana en un jeep. Los estadounidenses lo trataron amablemente y fue liberado a los pocos días de averiguar que era un simple militar más no un criminal de guerra.

Al pensar que Ursula y su único hijo estaban muertos fue a casa de su hermana, donde la puerta fue abierta por su propia esposa con el bebe Hendrick de un año en los brazos.

Unos años después se graduó de Ingeniero Eléctrico y laboró exitosamente para Siemens. En 1955 decidió viajar, lo cual se lo permitió su trabajo al tener una oportunidad en otros países de Europa y particularmente la que más le interesaba era Venezuela, siempre había deseado conocer Sudamérica. En los años subsiguientes viajó a las islas del Caribe y Argentina. En los 60s trabajaba con éxito para ITT con viajes muy seguidos a Brasil donde sufrió el primero de cinco accidentes cerebro vasculares menores que el atribuía a las heridas dejadas por el accidente en el FW190 cuando logro su mayor victoria.

De la guerra también le quedó el gesto involuntario de voltear repentinamente la cabeza hacía atrás como buscando el enemigo que acechaba a sus espaldas. No obstante, siguió progresando hasta alcanzar la vicepresidencia de ITT y mudarse a Nueva York en la década de los 70s, donde murió el 30 de septiembre de 1972.

Sí alguien que lea esta historia se encuentra por allí y desea visitarlo, su tumba esta en New Jersey hacía el George Washington Memorial Park Cemetery (Block I, Lot 103, Section B, Grave #2). Por favor si pueden; llévenle unas flores, tomen también una buena foto de la lápida junto a esas flores que le llevaron y háganmela llegar; se los agradecería mucho.

Nota final

El II Gruppe JG11 donde combatió Heinz Hamacher fue una de las unidades más respetadas de la Luftwaffe durante la SGM. Formado en Abril de 1943 en Jever a partir del I./JGI, para el 11 de Agosto de 1944 se incrementó a 4 staffeln, el viejo 4/JG11 se convirtió en el 8avo y así sucesivamente. De entre los más destacados comandantes de este escuadrón tenemos al Hauptman Günther Specht (as con 34 victorias aéreas confirmadas) desde Mayo del ´43 hasta el 15.4.44; al tercer más grande as de todos los tiempos Mayor Günther Rall (275 derribos) del 19 de Abril de 1944 hasta el 12 de Mayo de ese mismo año; y al famoso Hauptman Walter Krupinski (197 victorias) seguido de Rall hasta el 12 de Agosto de 1944.

Agradecimientos
Para este, uno de mis primeros artículos, quisiera reconocer la ayuda de Frau Ursula Hamacher (ella dice que también es mi abuela), Hendrick H. y mi prima Vanesa Hamacher Castillo por contarme la historia y el acceso al álbum familiar. Gracias especiales le debo a Gordon Permman por ser la persona que me estimuló a escribir la historia de aviadores militares, el dice “Muchos de estos héroes desconocidos duermen sin que nadie los recuerde. Contar sus experiencias es algo bueno.” Y finalmente, a Darío Silva por sus habilidades en los artes digitales.

lunes, abril 08, 2013

Bloguero con exceso de trabajo: blog paralizado por unas semanas.

Le ruego disculpas a mis lectores pero no he podido subir noticias y artículos sobre historia en casi un mes. La labor docente me ha tenido muy ocupado. Pronto esperamos volver. Muchas gracias por su paciencia.

Profeballa 

martes, marzo 12, 2013

Mañana miércoles 13 y el jueves 14 en la UCAB: "El circuito agroexportador de la macro región de Maracaibo, siglos XVI-XIX" del historiador Germán Cardozo Galué


Como actividad de inicio del semestre, el Doctorado de Historia que coordina la Dra. Dora Dávila, organizó una conferencia y un taller dictados por el Dr. Germán Cardozo Galué.  La conferencia se titula "El circuito agroexportador de la macreo región de Maracaibo, siglos XVI-XIX", y tendrá lugar en el aula P1-1, del Edificio de Postgrado de la UCAB, el miércoles 13 a las 2:30pm.  El taller versará sobre el tema de "Región, Nación e Historia".  Será el día jueves 14, en el mismo sitio, a las 2:00pm.  Su costo es de Bs. 300,00


lunes, marzo 11, 2013

Hoy fallece el historiador venezolano Simón Alberto Consalvi


Para mi siempre será, junto a Manuel Caballero y tantos otros, defensor de: la historiografía profesional nunca la propaganda que hacen muchos hoy en día, y de los principios republicanos y democráticos en estos tiempos oscuros que vivimos. 

Profeballa

Les dejo el correo que nos mandó el colega e historia Tomás Straka

En recuerdo al luchador, al editor, al periodista, al ensayista, al diplomático, al historiador que se nos fue esta tarde, una nota que publicqué sobre él hace un tiempo en El Nacional.   Paz a su restos.

El republicanismo constante de Simón Alberto Consalvi

Un protagonista a la sordina Aquella noche todos los venezolanos estuvimos frente al televisor. Un hecho insólito para las últimas generaciones estaba por ocurrir: un presidente no terminaría su periodo constitucional. Con el eco de los cohetes en el fondo –porque su defenestración fue muy celebrada– Carlos Andrés Pérez anunciaba su renuncia al país. Quien había llegado dos veces a Miraflores surfeando una gran ola de votos, quien fue considerado uno de los “duros” del gobierno de Rómulo Betancourt, quien llegó a considerarse uno de los líderes del Tercer Mundo y quien logró unos niveles de popularidad pocas veces vistos (antes y después) en nuestra historia, al final ya no pudo más. Se le quebró la voz. “Hubiera preferido otra muerte”. Sobre su vida política cayó el telón.

Hoy repasamos sus palabras y nos parecen premonitorias de todo lo que ha venido después. Pero entonces (20 de mayo de 1993) la mayor parte estaba en el paroxismo del desencanto. Hay que haber vivido aquellos días para comprender el clima de rabia que se respiraba en el país. Rabia contra él –tan amado hasta la víspera– y contra un régimen que ya acumulaba, la verdad, demasiadas fallas. Por eso no sólo salió buena parte de los venezolanos a celebrar, sino que pronto se encargaría de elegir a los “náufragos políticos de las últimas cinco décadas” –así los definió– que en gran medida lo acababan de tumbar. Para Simón Alberto Consalvi aquello es un recuerdo doloroso. No sólo por su amistad con el hoy reivindicado –al menos para muchos– presidente Pérez, sino porque a su talento se debió el discurso. Fue él quien creó las figuras estremecedoras (incluso para los que más odiaban a Pérez) y contundentes, que ya tienen su lugar en la historia, en especial estas del naufragio y de la muerte.

Es este tipo de protagonismo a la sordina el que ha caracterizado la larga vida política de Consalvi (Santa Cruz de Mora, 1927). Cuando se haga una historia de aquellos hombres y mujeres que edificaron la república liberal y democrática que fuimos entre 1958 y 1998, con todos sus defectos pero también con sus grandes virtudes, tal vez Consalvi encabece la lista de políticos, funcionarios y tecnócratas a cuyo trabajo paciente, normalmente callado, generalmente honesto (¡en un país con tanta corrupción!), se debe mucho de lo mejor que somos. Consalvi se encuentra entre ellos. Y no es que pretendamos una realidad idílica que no fue, o que negamos todas las fallas que se agudizaron hacia la década de 1980, los casos de corrupción e impunidad que generaron justa indignación, el frenazo en la movilidad social, las debilidades estructurales del modelo rentista, el colapso final. Es que esos aspectos no opacan (más bien al contrario) la labor de aquellos venezolanos más bien anónimos que aguardan por su lugar en los libros de historia nacional.

El de Ramón Hernández que se reseña en estas líneas (Contra el olvido. Conversaciones con Simón Alberto Consalvi) es una contribución a ello. Su éxito entrevistando a Germán Carrera Damas (El asedio inútil. Conversación con Germán Carrera Damas, Caracas, Libros Marcados, 2009), junto con el deseo cada vez más amplio de la sociedad por comprenderse en el tiempo, auguraban otros proyectos similares. Enhorabuena este lo vino continuar.

Además, Venezuela está dejando de ser un país en el que “no se escriben memorias”. Por eso resulta tan significativo que las memorias de Enrique Tejera París hayan alcanzado el éxito editorial que tienen, o que en poco tiempo hayan aparecido las de Ramón Escovar Salom y Miguel Ángel Burelli Rivas. O la densa entrevista que Agustín Blanco Muñoz le hizo a Carlos Andrés Pérez. Tal vez ellas nos demuestren que alcanzamos otra tesitura política en la que los políticos son también hombres letrados; el ejercicio del poder se siente confrontado por sus ciudadanos (y por la historia), y esos ciudadanos tienen el cacumen y el interés pedir sus cuentas. Si no todos, por lo menos bastantes para comprar varias tiradas de estos libros. Siempre lamentaremos que Rómulo Betancourt falleciera antes de culminar sus memorias, así como la aparente desaparición de las notas en las que ya tenía, hasta donde se sabe, algunos capítulos muy avanzados.

 La larga entrevista que Hernández le hace a Consalvi no tiene una vocación biográfi ca. Pero sin duda será una fuente para quien intente hacer una.

 Es, sobre todo, una conversación sobre la actualidad.

En esto, como en tantas cosas, Betancourt fue un adelantado de nuestra modernidad.

La verdad es que larga entrevista que Ramón Hernández le hace a Consalvi no tiene una vocación biográfica.

Pero sin duda será una fuente para quien intente hacer una.

Es, sobre todo, una conversación sobre la actualidad. Pero al menos quien escribe echó de menos una indagación más honda en el alma y en el pasado del entrevistado, por mucho de que nos dé valiosas pistas al respecto. Sabemos que eso no se debe a poquedad de Hernández, cuya veteranía está más allá de toda duda. Es que Consalvi también conoce los trucos del oficio y tiene con qué eludir aquello que, por una razón u otra, prefiere no comentar. Hernández lo advierte en varias partes: “Consalvi no es dado a compartir cuitas personales” (p. 133); “reservado, no va contando sus cuitas al primer transeúnte que se tropieza” (p. 185). Es evidente que no lo quiere, pero con lo que dice ya se revela como un estupendo personaje para biografiar.

 Esquema para una biografía. Simón Alberto Consalvi es un andino que mira y oye con atención, pero que pesa muy bien el valor de lo que dice. O, para no caer en estereotipos, es un periodista que precisamente porque conoce el poder de la palabra, entiende cuándo emplearla y cuándo dejarla en paz. Tiene también la discreción del militante de Acción Democrática, que conspiró contra la dictadura militar y pagó su atrevimiento con tres años en la cárcel de Ciudad Bolívar; del exiliado en Cuba, donde se relacionó estrechamente con el elenco de la Revolución; del diplomático que en el Belgrado de los años sesenta supo a qué sabía el socialismo real, indistintamente que fuera en su versión ligth de Tito. A lo mejor fue esta dura pedagogía la que lo enseñó a callar. Cuando se acercó a los 40 años terminó de convertirse en el personaje que es. Inició su labor como gerente cultural heredando a Mariano PicónSalas (que muere en la víspera de su apertura) en el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (Inciba), y fundando la revista Imagen, todo un hito en la cultura venezolana. Es en su gestión cuando comienza a otorgarse el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Finalmente remata con la fundación Monte Ávila Editores, una referencia editorial en el continente.

Entre la cultura y la diplomacia seguirá su carrera. Ministro de Relaciones Exteriores en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (aquí desliza una de las pocas confesiones del libro: considera aquél su mejor momento en la vida), tendrá un papel fundamental en la rea lpolitik del gobierno que se abre hacia el campo socialista, en especial Cuba. No se trataba de cualquier cosa cuando gobernaba el gran vencedor de la guerrilla en los sesenta.

Es la época de la Gran Venezuela que aspiraba a ser líder en el Tercer Mundo, que participaba en procesos tan neurálgicos como el de la Revolución Sandinista o en la entrega del Canal al gobierno de Panamá; y que hablaba de antiimperialismo y no alineación.

Durante los años ochenta –ya más grises en Venezuela, pero especialmente dorados en su diplomacia– Consalvi vuelve a la cancillería, ahora bajo el muy controvertido gobierno de Jaime Lusinchi (del que sale con el prestigio indemne). Pudiera pensarse que para entonces lo más interesante de su vida quedó atrás, pero son los años de Contadora y la pacificación de Centroamérica; de la democratización de Sudamérica; de los grandes avances en la integración; de la crisis de la deuda. También de la crisis del “Caldas”, que casi nos lleva a una guerra con Colombia y que la diplomacia que entonces dirigía supo enfrentar y resolver. Escala en el firmamento político y Lusinchi lo nombra Ministro de Relaciones Interiores, que entonces equivalía a tener las responsabilidades de un vicepresidente, y Secretario de la Presidencia de la República. En 1988, como presidente encargado durante un viaje del primer magistrado al exterior, le toca sortear “la Noche de los Tanques”, la primera intentona que anunciaba el retorno del golpismo a la vida venezolana. Intentona que debela sin disparar un tiro y, hasta donde sabemos, sin otro concurso que el de la autoridad de su investidura constitucional (y de su coraje físico), pero de la que no termina a atreverse a hablar en el libro.
Por lo menos no como tantos quisiéramos que hiciera.

Las pasiones del repúblico La suya es una pasión constante por hacer república.

Pasión que lo lleva ya en la década del noventa a la historia. Siempre la había sondeado (como lector tanto como protagonista), y nunca dejó de escribir como periodista, ensayista y hasta como narrador. Pero quien esquiva a sus propios biógrafos se estrena con una biografía de George Washington en el año 2000, para no parar hasta hoy: ya es Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia. El retorno definitivo al periodismo viene con el nuevo siglo. Editor adjunto de El Nacional emprende, entre otras, la formidable empresa de publicar una biografía cada quince días.

Al principio se piensa sólo en cien. Pensar en cien venezolanos biografiables y en cien autores capaces de escribirlos, podía parecer una temeridad. Sin embargo, hoy ya se extendió la Biblioteca Biográfica Venezolana a ciento cincuenta volúmenes, y es un rotundo éxito editorial cuya trascendencia para la cultura nacional ya se vislumbra.

Pero Consalvi es sólo callado con su vida y su obra. Cuando se le pregunta sobre Chávez (porque los más de ochenta años no obstan para que desistiera de la lucha política) o cuando se le tocan determinados aspectos que lo sensibilizan, se explaya, incluso se vuelve intenso. Sus ideas sobre la evolución de AD; los sacerdotes, al menos los de su Mérida de los años cuarenta, cada vez que llegan a su recuerdo lo vuelven un severo anticlerical; el triunfo de Rafael Caldera todavía no le cuadra (y acá hace acusaciones sensacionales: por ejemplo que se trató de un fraude tramado y perpetrado, entre otros, ¡por Guillermo Morón!); pero por sobre todo se destacan sus diferencias con Arturo Uslar Pietri. Es el gran villano de su discurso, a su juicio el súmmum de los náufragos rebelados contra el presidente Pérez. Para quienes nos criamos viendo en Uslar un héroe y sinceramente admiramos su obra, resulta toda una sorpresa la andanada de acusaciones que le hace. Lo ve como el principal enemigo y el conspirador mayor contra la democracia. Ninguno tuvo más saña y doblez. Sus ideas y ambiciones se quedaron intactas el 17 de octubre de 1945. Jamás comprendió la revolución que estalló un día después. Siempre desconfió del pueblo, despreció el voto universal y apostó a un gobierno oligárquico. Con sus Notables fue uno de los que allanó el camino para que Hugo Chávez llegara al poder. Hasta donde sepamos, nadie había escrito (hablado sí, pero siempre a la chita) algo así de Uslar Pietri.

Como vemos, la pasión republicana de Consalvi sabe de estremecimientos. Ante quienes considera adversarios de la república y la libertad, no pide ni ofrece cuartel. Tiene, naturalmente, otras pasiones. La escritura, los viajes, los libros y, como abruptamente revela en cierta anécdota de su exilio en La Habana que Hernández le logra arrancar, tambiénen esas cualidades que siempre, según se dice, lo hicieron muy popular entre las damas… pero, para la historia, lo que definitivamente sobresale es su constante republicanismo. Su constante lucha por la libertad. Es lo que en claro deja el libro de Hernández sobre él. Y es lo que sin duda habrá de ser motivo para varios libros más. Simón Alberto Consalvi, gran repúblico venezolano del siglo XX, es todo un personaje en búsqueda de un autor.

domingo, marzo 10, 2013

Sobre el momento histórico que vive Venezuela con la muerte de Chávez: la opinión de una historiadora: Inés Quintero


"Las revoluciones sólo triunfan cuando se hacen irreversibles"
"Es prematuro afirmar que el modelo chavista se impuso, es perdurable y determina el futuro" "La gran revolución en este país ha sido la de la Independencia porque salió de la monarquía "
Inés Quintero sostiene que durante el mandato de Hugo Chávez no se derrumbaron las instituciones, aunque si se trastocó su funcionamiento VENANCIO ALCÁZARES

ROBERTO GIUSTI , INÉS QUINTERO , HISTORIADORA |  EL UNIVERSAL
domingo 10 de marzo de 2013  12:00 AM
Reposada pero vivaz, Inés Quintero elude los tópicos cuando se trata de explorar respuestas. Pero así como no se resigna a los enfoques convencionales, tampoco se decanta por las frases efectistas. Doctora en Historia, miembro de la Academia Nacional respectiva y autora de numerosos libros que "bajan" a la comprensión del común, se anima a considerar la trascendencia o no del chavismo ante la muerte de su conductor. 

Luego de advertir que los liderazgos no son transferibles, reconoce que "gracias al proceso histórico y a una cultura política de construcción de valores ciudadanos, la situación, a la muerte del Presidente, se ha revelado serena, a pesar de la tensión y la incertidumbre". Luego apunta cómo "el paroxismo del duelo y el fervor legítimo de la gente expresan la identidad política y afectiva con lo que fue y sigue siendo la figura de Chávez. Y ver en vivo los elementos fundacionales del mito es algo excepcional". 

-Dices "mito", pero el término puede tener una acepción de irrealidad. 

-El mito tiene fundamento. No se construye sobre la imaginación. Bolívar existió, tuvo una presencia, una dimensión, fue una figura controversial. Hay una realidad objetiva que le da sustento a un mito que luego puede lucir gran frondosidad y muchas interpretaciones. 

-Bolívar trastocó el orden vigente y si liberó al país, la guerra lo dejó arruinado. ¿Hizo Chávez algo parecido? 

-Ha habido un fortalecimiento y también distorsión de los vicios del pasado. Todas las fortalezas clientelares del sistema político se han visto exacerbadas en los últimos 14 años. 

-La cultura del rentismo. 

-No sólo eso, sino también la exacerbación del clientelismo: "Si estás conmigo tienes derecho a recibir y si no lo estás, te las arreglas". Ese es un elemento de continuidad, intensificado, que ha estado presente en la Historia de Venezuela desde antes del rentismo petrolero. 

-Es decir, Chávez no creó nada nuevo. 

-En este caso lo vería de esa manera. La desinstitucionalización, como consecuencia de las intervenciones de los intereses políticos, la veo, también, como una exacerbación de los vicios que criticábamos (y seguimos criticando) en el sistema democrático venezolano. 

-Toda revolución implica el derrumbe de las instituciones y Chávez... 

-No ha derrumbado las instituciones. Si bien han sido trastocadas en su funcionamiento, ahí están los tres poderes, el sistema electoral. No ha habido una irrupción que acabe con el sistema político tal cual estaba concebido. Incluso, la discusión sobre el sistema de alternabilidad es consecuencia de un intento por forzar un determinado sesgo, pero la alternabilidad se distorsiona sin romper el recurso de legitimación del poder público, que debe ser a través de la elección. 

-¿No implican un cambio de paradigma las políticas sociales? 

-No es esta la primera vez que los pobres merecen atención. El sistema clientelar siempre estuvo muy permeado por este factor. El tema es haberlo convertido en eje central del discurso político. ¿Significa eso que el problema la pobreza ha sido resuelto? Ciertamente no puedes oponerte a que se apoye a quienes han tenido menos oportunidades y no accedieron a la educación o a la salud. El asunto está en los costos políticos que conlleva la aplicación de estos planes . Uno aspiraría a que se cumplan en el contexto del Estado de Derecho y de respeto a las diferencias por un sistema capaz de entender la diversidad y la complejidad de una sociedad producto de un proceso histórico. 

-¿Qué significa exactamente lo último que has dicho? 

-Que no puedes desentenderte de lo que ha sido la construcción histórica de esta sociedad, con sus valores, carencias y dificultades. Hay un proceso histórico en el cual esas variables han sido producto del esfuerzo de una sociedad y no de la voluntad individual de un mandatario. Y ahí entra en cuestionamiento la ejecución política del proyecto político de Chávez. 

-En síntesis, Chávez no hizo ninguna revolución. 

-Las revoluciones se consideran como tales en el momento en que su curso es irreversible. La gran revolución ocurrida en este país es la de la independencia. Y eso es así porque había un sistema monárquico y absolutista que se modificó y no sólo por un decreto. A partir de allí no había vuelta atrás. En la actualidad ha habido un intento por conducir las cosas en una dirección, pero dejando intacto el fundamento esencial de la sociedad venezolana. 

-¿La democracia? 

-No la democracia. Nuestra sociedad no se caracteriza sólo por la democracia sino también por la institucionalidad. Prefiero hablar de la condición republicana de la sociedad. República y democracia pueden ir de la mano, pero en muchos casos la República tiene mayor arraigo como paraguas de la estructuración de una historia. 

-¿Cuales son, entonces, las conquistas y las transformaciones que los chavistas dicen que deben consolidar? 

-Todos los venezolanos, más allá de las diferencias, somos protagonistas y responsables de lo que estamos viviendo. Quienes valoramos el esfuerzo continuo por consolidar la República no podemos decir que ésta haya sido desmantelada. 

-Es decir, Chávez no logró imponer su modelo. 

-Es prematuro afirmar que ese modelo se impuso, es perdurable y determina el futuro de la sociedad venezolana. 

-¿Por qué no lo impuso si lo votaba la mayoría? 

-No hay una sola causalidad, sino una conjunción de elementos a la hora de entender los ritmos históricos. En el proceso que hemos vivido hay una voluntad de transformación declarativamente revolucionaria. Pero es difícil observarlo como fenómeno coherente si se considera conceptos como "revolución bolivariana y socialista". Ahora, ese proyecto ha tenido al frente una sociedad crítica que ha impedido una aplanadora que transforme a la sociedad en su totalidad 

-¿La demostración de apoyo popular que recibe el Chávez ya desaparecido físicamente, la presencia de más de 30 jefes de estado en sus funerales y todo el ejercicio hiperbólico ("Chávez es el nuevo Libertador, Chávez es como Cristo") no auguran que ahora, después la muerte del fundador, el chavismo puede pasar la aplanadora? 

-Es natural que se produzca el paroxismo y la emocionalidad . Pero el proceso tiene ritmos históricos. Hay que dialogar en múltiples direcciones y quienes tenemos posiciones críticas debemos entenderlo. 

-¿Es válido equiparar a Chávez con Bolívar? 

-Puedes hacerlo. El drama está en pensar que es la única comparación posible. El mismo Chávez estimuló esa comparación. También lo hizo Guzmán. Bolívar ha estado presente, lo está y seguirá estándolo. Chávez ha estado, ahora está y pregunto: ¿puede convertirse en una figura como Bolívar? Ahí tengo mis dudas. 

-La decisión de momificar a Chávez remite a Lenin, Stalin y Mao. ¿No confirma eso una tendencia, en los herederos de Chávez, hacia el totalitarismo, que al perpetuar la imagen de líder, lo hace con el régimen? 

-Puedes tener la voluntad política de hacerlo, pero las consecuencias no las decides tú. Ahí está la momia de Lenin con la que no sabían qué hacer. 

-¿Las momias no cambian la historia? 

-No la cambian. 

-Afirmas que no hubo revolución, pero los chavistas dicen que la vida les cambió (para bien) y los de oposición lo mismo (pero para mal). 

-No dudo que haya transformaciones en la biografía individual de muchos venezolanos, Pero una revolución debe transformar a la sociedad en su conjunto de manera inescapable. Este es un proceso en el que confrontación y vocación transformadora están activas, no se han resuelto. 

--Una cosa es el tiempo histórico y otra el tiempo real. 

-Todos vivimos el tiempo real de este proceso. Ahora, desde el tiempo histórico, (la historia de la sociedad), es un lapso brevísimo. 

-Pero muy intenso. 

-Esa intensidad la abordas desde la perspectiva del tiempo histórico. 

-Y para ese análisis es necesario servirse de la experiencia histórica. 

-Claro. La gente reacciona ante un hecho estableciendo comparaciones: "Ah, mira esto es igualito a... " Pero la historia obedece a la particularidad y cada historia es particular en sí misma. La comparación te permite determinar la diferencia entre un proceso y otro. 

-¿Cómo conservar la ecuanimidad? 

-Vivimos un momento en el que la exacerbación de las emociones está por encima de la realidad. Cuando estás a punto de sufrir la pérdida de un familiar deseas que eso no ocurra y cuando la persona se muere la relación con ella cambia. Después debes construir tu duelo con esas ausencia. Estamos en un duelo colectivo muy intenso y para cualquiera persona, pero para mí, como historiadora, es un momento excepcional. No hay manera de ser indiferente. Esto, al final, deja huella, no es coyuntural, no es contingente sino algo digno de consideración y de reflexión.

jueves, marzo 07, 2013

Con la muerte de Chávez pareciera cerrarse un ciclo histórico en Venezuela (1992-2013)

En este blog, desde hace un tiempo para acá, decidimos mantener la historia actual separada del mismo. Es por ello que establecimos un blog donde pondríamos lo relativo a este aspecto y nuestras opiniones como ciudadanos (ver acá); pero al morir Chávez el pasado martes 05 de marzo creemos que debemos colocar algún texto que recapitule este tiempo y la vida de un personaje que quedará en los libros de la historia de Venezuela. Creemos que el siguiente artículo tomado de El Nacional logra este objetivo. De igual forma les recomendamos este excelente post de un amigo y colega historiador: Daniel Terán Solano, el cual tiene una muy completa lista de todos los análisis que se han hecho ante su muerte en la prensa nacional e internacional, pero le faltó este artículo de Krauze y este otro de Jon Lee Anderson. 

Profeballa

Hugo Chávez o la reinvención del caudillismo

CRISTINA MARCANO6 DE MARZO 2013 - 02:05 AM

Hugo Chávez nació tres veces. La primera, en 1954, en una casa de palma cerca de Sabaneta. La segunda, 17 años después, en la Academia Militar ­"mi cuna", solía llamarla- donde inició su carrera política. Y la tercera, en 1992, cuando las cámaras de televisión enfocaron su rostro tras la fallida insurrección del 4F. Desde entonces, vivió como dos hombres.

Para unos, el mejor gobernante que haya tenido Venezuela desde los tiempos de Bolívar. El redentor de los pobres; el hombre fuerte, humilde y paternal, que dedicó su vida al bienestar de los venezolanos; el vengador justiciero que rescató a la Patria de manos de los corruptos; un revolucionario indoblegable que acabaría con la desigualdad.

Para otros, el peor gobernante que haya tenido Venezuela desde los tiempos de Bolívar. El autócrata populista que monopolizó todos los poderes públicos y dinamitó la democracia; un caudillo mediático y manipulador, invidente a la corrupción; el ególatra adicto al poder, que dividió al país y derrochó el petróleo; un pupilo desfasado de Fidel Castro.

Su autorretrato era el del hombre marcado por el fulgor de una misión patriótica. El comandante destinado a culminar la gesta de Bolívar; el sucesor de una estirpe de guerreros, atraído al poder desde muy joven "por una voluntad interna, tal vez secreta", como dijo una vez; un superhombre nietzscheano que sembraría nuevos valores en la masa que creía encarnar. "Yo no soy yo, yo soy el pueblo", aseguraba.

Entre tales representaciones -derivadas de su propia retórica y su empeño en polarizar, de su concepción marcial de la política, de su propia autopercepción y, también, de los prejuicios y la miopía de sus oponentes- parecía imposible hallar todas las piezas para armar el rompecabezas del hombre de carne y hueso que desató tantas pasiones.

La historia de su vida -su origen humilde, su lento y atropellado ascenso al poder, sus peripecias para mantenerlo, su dramático final- tuvo una redondez de película.

Hugo Rafael Chávez Frías, segundo de los seis hijos de un modesto maestro de primaria y su joven esposa, el niño que vendía las "arañitas" de lechosa que preparaba su abuela, llegó a ser el presidente elegido más poderoso del país. El que habitó más tiempo Miraflores.

El más polémico. El más carismático. El único militar.

"Quisiera que algún día me tocara llevar la responsabilidad de toda una patria, la Patria del Gran Bolívar", escribió en su diario cuando era un cadete de 19 años. Un deseo que incorporaría después a su propio mito como una "señal precursora" de su destino de grandeza.

En ese temprano registro personal, en el que se vislumbra ya su carácter contradictorio -a veces conservador, a veces rebelde- anotaría pocos meses después: "Sé muy bien lo que busco y lo que hago, por qué me sacrifico". Siempre se empeñó a fondo. Nunca, ni en los peores momentos, se dio por vencido.

Chávez se graduó entre los primeros de su promoción. Se relacionó con ex guerrilleros izquierdistas. Conspiró por tres lustros. Estudió Ciencias Políticas. Encabezó un golpe de Estado. Fracasó militarmente y conoció la magia de la TV. Vivió dos años de fama en la cárcel y otros cuatro llevando su palabra por todo el país como un predicador incansable. Seguro del advenimiento.

Finalmente, 25 años después, llegó adonde tanto había soñado por el largo camino de los votos. Y no quiso marcharse nunca más. Tenía la esperanza de gobernar décadas. Hasta 2030, "hasta que el cuerpo aguante", diría tiempo después.

En sus 14 años en el poder tuvo casi todo lo que quiso.

Una nueva Constitución, contundentes victorias electorales, el dominio de las instituciones y los cuarteles, su propia milicia, la reelección ilimitada, poderes para legislar, medios de comunicación, celebridad internacional y una popularidad incombustible gracias a una mezcla de carisma, petróleo y propaganda.

Ése era el hombre al que tantos subestimaron cuando ascendió al poder el año en que acabó el siglo XX.

Un pez en el agua I Su abuela Rosa Inés Chávez, ejerció una influencia fundamental en su formación. "He vivido 20 años, 16 de los cuales los pasé contigo, y aprendí muchas cosas de ti, a ser humilde pero muy orgulloso, y lo más importante, que heredé de ti ese espíritu de sacrificio que a lo mejor me lleve muy lejos", le agradeció en una carta.

De ella, también habría heredado la compasión por los más débiles. "Siempre me llamó la atención su sensibilidad social. Siendo un niño humilde, si Hugo veía a otro en peores condiciones que las suyas lo incorporaba al juego y le daba sus metras", aseguró un compañero barinés.

En su propio diario, el cadete dejó evidencia de ese rasgo que le ganaría después el fervor de tantos pobres: "Siento como hierve la sangre en mis venas y me convenzo de la necesidad de hacer algo, lo que sea, por esa gente", anotó luego de ver a unos niños desnutridos.

De padre copeyano -recordado como un maestro bueno y riguroso- Hugo bebió la política de otras fuentes. Lo atraían más las leyendas de los caudillos que cruzaron los llanos en el siglo XIX y las improvisadas lecciones del comunista José Esteban Ruiz Guevara, padre de unos amigos del liceo.

Según sus conocidos, era un estudiante promedio, cariñoso y de pocas palabras. "Después fue que se metió a hablachento", decía Ruiz, que lo introdujo a Rousseau, Maquiavelo y el Che Guevara; y quien también reforzó su admiración por Bolívar y Ezequiel Zamora, el gran caudillo de la Revolución Federal.

Así que no fue una sorpresa que sus primeras aficiones, la pintura y el beisbol, pasaran a un segundo plano y Hugo optara por los cuarteles. Recién cumplidos los 17 años, el joven vivió su entrada a la Academia Militar como una verdadera epifanía. "Me sentí como pez en el agua. Como si hubiera descubierto la esencia o parte de la esencia de la vida, mi verdadera vocación", dijo a VTV.

En ese mundo vertical donde se aprende a obedecer y anhelar el mando, Hugo comenzó a pensar que su vocación trascendía los cuarteles. "Ya yo andaba asaltado por la voluntad de poder, Nietzsche dixit, la voluntad de vivir", dijo a José Vicente Rangel en 2011, en una entrevista salpicada de citas de Heiddeger, Kant y Bretch.

Chávez tenía una excelente memoria -"un papel secante que todo lo absorbe", según Rangel- pero editaba lo que leía de acuerdo con sus intereses, olvidando aquello que chocaba con su manera de ser y de ejercer el poder. Ya fueran discursos de Bolívar, la Biblia, o Niestzche, el filósofo que definió la voluntad de poder como "el afecto del mando".

Cuando comenzó a hablar de socialismo muchos pensaron que había sido infiltrado en las fuerzas armadas por la ultraizquierda. Ruiz lo negaba categóricamente: "Él no entró al Ejército catequizado. El Partido Comunista no influyó para nada en eso pero, indudablemente, que ya iba influido por unas teorías políticas".

En todo caso, el Ejército no fue sólo un medio. El uniforme verde era para Chávez como una segunda piel. Nunca dejó de reivindicar su naturaleza militar, de hacer política como militar. "Yo soy hijo de un cuartel", le gustaba repetir.

Un pez en el agua II Luces, cámaras, acción: "Primero que nada quiero dar los buenos días a todo el pueblo de Venezuela", saludó el teniente coronel, consciente de que sería visto por todo el país en aquella espontánea cadena nacional de radio y televisión.

"Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados / Ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento bolivariano".

Aquel desconocido de 37 años que asumía la jefatura del frustrado golpe de Estado del 4F de 1992 no olvidó presentarse durante su primer gran minuto de rating. "Oigan mi palabra. Oigan al Comandante Chávez".

Hablaba con evidente pesar pero sin titubeos.

De no haber sido porque pestañeaba como si tuviera arena en los ojos, se habría podido pensar que había ensayado, que ante la posibilidad del fracaso se había preparado para brindar un adelanto del inmenso talento comunicacional que derrocharía después.

Su voz gruesa y potente era perfecta para los micrófonos.

En los medios, Hugo Chávez también nadaba como pez en el agua. Allí descubrió su otra verdadera vocación. No era necesario que lo dijera. Bastaba con ver una sola de las 1.656 horas que dedicó a sus 378 maratones dominicales, equivalente a 69 días seguidos; o alguna de las más de 2.334 cadenas.

La TV fue para él trampolín político e instrumento de poder. El presidente más histriónico que hayan tenido los venezolanos era un espectáculo.

Improvisaba larguísimos discursos. Cantaba y bailaba. Entrevistaba invitados. Respondía peticiones de un público uniformado de rojo y presentaba grupos folklóricos. También dirigía las cámaras y los pases a otro set, con un increíble dominio de escena.

Era igualmente capaz de cambiar de registro emocional con absoluta naturalidad.

Pasaba de la nostalgia a la indignación, de la burla al regaño, del tono pedagógico a la copla llanera, de insultar a la oposición a citar versículos de la Biblia, de proclamar rotundas verdades a fabular.

A veces compresivo a veces destemplado con sus colaboradores, estaba habituado al aplauso de su tropa de ministros. "La gente tiene que, por lo menos, fingirle absoluta sumisión. Es uno de sus rasgos más negativos", llegó a decir el general Alberto Muller Rojas, su primer jefe de campaña y cercano colaborador.

Cálido y paternal con sus seguidores, Chávez demandaba lealtad electoral a los beneficiarios de los programas de asistencia social. "Amor con amor se paga", repetía, convocando una reciprocidad que aplicó también, en el desamor, a la disidencia política. Implacable con aquellos a quienes consideró sus enemigos, Chávez entraba en erupción ante preguntas incómodas o coberturas periodísticas desfavorables.

Una vez, tras el rechazo de la reforma constitucional de 2007, gritó por televisión que la oposición había obtenido una "victoria de mierda" ¿Realmente se salía de sus casillas? "Él es un ser humano también. No todo lo que hace es acertado pero sí hay en algunas manifestaciones como ésa algo de cálculo. No quiero decir que es un comediante pero sí es un hombre que sabe administrar muy bien los sentimientos. Se maneja con mucha habilidad", señaló Rangel en 2012.

El "primer comunicador del país", como lo llamaba un portal oficial, el gobernante que tuvo mayor presupuesto, más radios y televisoras, más diarios, más páginas web, más propaganda y mayor rating, demostró con palabras y hechos su alergia a los medios críticos, a los que consideraba golpistas y algunos de los cuales lo apoyaron en 1998.

Visto como un exótico líder tropical, Chávez ganó titulares en todo el mundo con su irreverencia, su solidaridad petrolera, sus frecuentes giras internacionales y su revival de la Guerra Fría. También en el exterior tenía seguidores y detractores tan ciegos como los venezolanos para los matices.

Era desconcertante, impulsivo y racional a la vez, desfachatado y solemne, incluso ritual, pero siempre consciente de las cámaras, la audiencia y el mensaje.

Uno y dos Vietnam A Hugo Chávez le tomó mucho tiempo darse cuenta de que los venezolanos podían llevar en su ADN la herencia militarista pero no estaban ganados para la vía armada que idealizaba desde 1977, cuando ya hablaba de "mi pueblo" y de "crear las condiciones para agitar la llama" de la revolución.

Creía entonces, y no cambió de opinión hasta su muerte, que la única salvación era "aferrarnos al pasado heroico". Lo invocó el 4F, apelando a Bolívar, Zamora y Simón Rodríguez, con un proyecto que preveía una junta de gobierno, juicio a los corruptos, el cese temporal de los partidos, desmantelar todas las instituciones y convocar una asamblea constituyente.

Nunca en veinte años pensó tomar el camino electoral.

Creía que estaba secuestrado por AD y Copei. Quizá tampoco le parecía lo suficientemente épico para un descendiente de Maisanta, como llamaban a su bisabuelo, el caudillo Pedro Pérez Delgado. Hasta que entendió el arraigo que tiene en los venezolanos la cultura electoral y cambió de táctica.

"Nos dimos cuenta de que buena parte de nuestro pueblo no quería movimientos violentos", dijo a la marxista Marta Harnecker. Chávez arrasó en 1998 gracias al voto castigo, con un discurso nacionalista y fogoso, aunque ideológicamente ambiguo. Su gesto de batalla, aquel puño izquierdo que golpeaba con fuerza su mano derecha, era el mejor símbolo de lo que sería su conducta en el gobierno.

Su belicosidad verbal y actos irritantes para la oposición, como un paquete de polémicas leyes y los despidos destemplados de gerentes de Pdvsa, allanaron el camino hacia el abismo del golpe y la huelga petrolera en 2002.

"La gente cree que es un hombre que se va de bruces, vehemente, apasionado. Desde luego, eso lo tiene, pero sabe administrar la prudencia cuando es necesaria. Es pragmático. Cuando muchos de los que están cerca de él se desbordan, él tiene un sentido del momento, de cómo reaccionar", señaló Rangel en 2012, al valorar su conducta el 4F y diez años después, cuando se invirtieron los roles y le tocó estar en los zapatos del ex presidente Carlos Andrés Pérez.

Sagaz e intuitivo, Chávez sabía aprovechar las adversidades. Del fugaz golpe del 11 de abril, obtuvo la épica que le faltaba, la oportunidad de purgar las fuerzas armadas y manejar a Pdvsa a su antojo. Si no veía margen de acción, aguardaba en la retaguardia y cuando volvía al ataque ganaba más terreno del que había perdido.

Sin embargo, desde 2002 vivió acosado por el fantasma de la traición.

Para él la pugnacidad no fue una reacción política imprevista ni indeseable. "Este año esperamos polarizar a Venezuela", había dicho ya en 1994 en Cuba, donde dio pistas de sus intenciones. Entonces habló de un proyecto "de un horizonte de 20 a 40 años, en el cual los cubanos tienen mucho que aportar". Aquella visita a La Habana fue para él una consagración.

Jamás soñó cuando era un subteniente de 23 años que citaba en su diario al Che - "Vietnam. Uno y dos Vietnam"- que algún sería recibido con honores, y aplaudido, por Fidel Castro. Jamás lo imaginaron los izquierdistas con quienes conspiró durante años y que le decían "el loco Chávez". Jamás, Ruiz, quien le aconsejó quedarse en el Ejército cuando estuvo a punto de tirar la toalla.

En 1998 se presentó como un político moderado y no se declaró socialista hasta sentirse bien afianzado en Miraflores.

Lo hizo en enero de 2005, tras ganar el referendo revocatorio de 2004 ­gracias al éxito de las misiones sociales ideadas por Castro, según su propia versión- y luego de su reforma maestra, la del Tribunal Supremo de Justicia, que le permitió avanzar a sus anchas y radicalizarse.

Castro sería su influencia política más definitiva y la revolución cubana un modelo de "democracia verdadera"como él mismo lo señaló.

Tras su apoteosis electoral en 2006, al ganar la reelección con un récord histórico de más de 62 % de los votos, se aventuró a realizar una maniobra tal vez más audaz que el golpe del 4F: plantear una reforma constitucional de aroma cubano a un país petrolero y consumista donde "el mar de la felicidad" era visto como un pantano.

Allí quedó el Chávez invicto.

Ante ese primer revés electoral en 2007 el Presidente no reaccionó con el mismo aplomo de sus capitulaciones militares. Y volvió a la carga en un año, logrando lo que más ansiaba de aquella reforma, la reelección ilimitada, con la idea de imponer después, por otras vías, su reforma.

Carisma petrolero Dos mujeres dieron luces del Hugo más íntimo. Su ex esposa Marisabel Rodríguez, luego de haberlo criticado -"este proceso es él y sólo él"- terminó por definirlo como "un hombre honrado, transparente, capaz de equivocarse pero nunca de mala fe", en una entrevista para Colombia.

Herma Marksman, su amante por nueve años, lo definía como un ser bueno, sensible romántico y atormentado que cambió con el poder. "Que me lo presenten porque no sé quién es", dijo sorprendida de su fiereza verbal.

Padre de cuatro hijos, el enérgico presidente no tomaba vacaciones ni descansaba los fines de semana. Aunque tuvo fama de mujeriego, después de su segundo divorcio transmitió la impresión de que para él la vida sentimental era un lujo. "Yo estoy casado con la patria", sostenía. Un matrimonio que alimentó el mito.

Para sus fieles nada en él era imposible, nada exagerado, nada incoherente. Chávez podía decir que tomó "el único camino posible del socialismo" a causa del golpe de 2002 y afirmar después que, en realidad, era un ardiente socialista desde muy joven. Podía garantizar la propiedad privada hoy y expropiar mañana. Tachar de genocida a un colega extranjero y abrazarlo la próxima vez que lo viera. Todo sin que les produjera un mínimo parpadeo.

"Diga lo que dijere el líder, pida lo que pidiere, es correcto aunque sea contradictorio.

Es correcto porque el líder lo dice", asegura el antropólogo Charles Lindholm en su tratado sobre el carisma, una palabra indispensable para descifrar las claves del éxito de Hugo Chávez.

Su ascendencia sobre las masas derivaba de una conexión sentimental - casi religiosa para algunos- propia de ese hechizo que surge sólo en tiempos de crisis. Chávez era emoción, era esperanza. Había llegado en el momento preciso y el posterior boom petrolero potenció enormemente su atractivo. No sólo era carismático, era un líder carismático que manejaba miles de miles de millones de petrodólares en primera persona.

Sus creyentes sentían que su proclamado "socialismo cristiano" era genuino y puro. Los infieles, el marco más propicio para la concentración de poder. ¿Hasta qué punto importaban las definiciones ideológicas a los más necesitados? ¿Les preocupaba si el poder popular era verdaderamente popular o si estaba dirigido desde Miraflores? "Nosotros antes éramos como invisibles", decía una fervorosa seguidora, convencida de que el presidente cambió su vida. No era la única. Desde el principio, Chávez apuntó a los pobres como motivo y centro de su agenda. Con él, los más humildes no sólo se sintieron identificados, reconocidos e incorporados a un proyecto de país, a lo que quiera que entendiesen por Socialismo del siglo XXI, sino que cobraron un sentido de trascendencia.

El mandatario entendía sus padecimientos porque los había vivido de niño. Era además el líder desprendido que fustigaba a los ricos y repartía generosamente el maná petrolero. Las misiones fueron el gran hallazgo. Multiplicadas, recicladas y reforzadas en época electoral. Siempre vinculadas a su imagen y promovidas con la advertencia: "no dejes que te las quiten", en una gigantesca operación propagandística.

En el terreno de lo simbólico, así no tuvieran más oportunidades que antes, aunque en realidad miles sí las tuvieron, los más humildes se sintieron empoderados y ganaron autoestima. Chávez dio a la pobreza la relevancia que ameritaba y colocó el tema en el tope de la agenda política para siempre. Hasta sus adversarios -para él escuálidos, pitiyanquis, la nada, como les decía- reconocieron su aporte en ese terreno, aunque consideraban sectaria y chantajista su acción social.

Desde el poder, construyó la mayor fuerza política del país, un partido cuyo evangelio era Chávez y, tal vez, pudiera seguirlo siendo a la manera del peronismo. También unas fuerzas armadas a su imagen y semejanza. "Revolucionarias, antiimperialistas y chavistas", como proclamó. Y un desbordante e ilimitado culto a la personalidad. "Ser chavista es ser patriota", llegó a decir ya en el ocaso de su vida.

Omnipotente y omnipresente, su rostro estaba en todas partes. En los aeropuertos, edificios públicos, mercados, hospitales, escuelas, avisos publicitarios de 20 pisos, en calendarios, en la TV. A ritmo de joropo, bolero y ranchera. En graffitis junto a Bolívar, Zamora, Castro, Marx y Cristo. Imposible no verlo. No oírlo. No sentir nada por él. Vivir como si tan sólo fuera un presidente.

Rumbo al olimpo Hugo Chávez era un hombre afortunado. Pero no podía bajar la guardia. Después de muchos extravíos, la oposición ganaba terreno en las ciudades y en el parlamento; aquella "nada" llegó incluso a superar sus votos en 2010. Un revés contra el que se blindó antes y que no lo afectó más que emocionalmente porque en la práctica poco cambió. Seguía teniendo mayoría. Su margen de acción parecía intacto. Su poderío, inexpugnable.

Y, de pronto, se topó con un enemigo imprevisto contra el que no había blindaje posible.

Inmune al carisma, las palabras, los petrodólares o la propaganda. Cáncer. Esa fatalidad, esa ironía del destino, presagiaba un dramático final.

"Me fui al baño a verme los ojos. Lloré, lloré, lloré. Lloré por mis hijos. Lloré como lloré el 12 de abril también frente a un espejito", reaccionó en junio de 2011 al saberse enfermo. "¡Cáncer, ¿qué es eso para mí?¡", se rebeló después. "Cristo, dame tu cruz pero no me lleves todavía", rogó meses más tarde, desde el púlpito de una iglesia. Totalmente curado, celebró al año. Siempre en TV.

"No me importa la muerte. Ya uno trascendió", había dicho Chávez a Rangel cuatro meses antes del diagnóstico, cuando la veía como algo lejano. Ante la fatalidad, actuó como si el mal que se negaba a explicar, y tal vez a comprender, no pudiera derrotarlo ni apartarlo del poder.

Tras superar tres operaciones, avanzó como un tanque empujado por todo el aparato estatal en su última campaña y vivió la breve apoteosis de una cuarta reelección, empeñado en convertir al país en un Estado Comunal. Pero su destino era otro.

El jefe de la revolución "pacífica pero armada" no pudo ganar su más trascendental batalla. Su cuerpo no aguantó.

Luego de una última cirugía y una larga agonía, el hombre que estremeció a Venezuela con su voz murió calladamente a los 58 años, dejando el enorme vacío de los liderazgos personalistas, un sucesor encargado de continuar su proyecto y su propio rompecabezas incompleto.

Nunca sabremos si su carisma hubiera resistido una debacle de los precios del petróleo, cómo habría actuado ante un desalojo electoral de Miraflores, qué hubiera hecho como líder opositor.

Para sus millones de fieles, heredó un mejor país, más independiente, menos desigual, más solidario y humano. Para sus millones de críticos, una democracia reducida a elecciones, un país más corrupto, dividido, anárquico, dependiente y violento.

Producto y espejo de las contradicciones del único petroestado de Latinoamérica, el Comandante-Presidente, como era llamado en permanente recordatorio de su naturaleza militar, marcó una época, la bisagra entre dos siglos, y dejó tras de sí una profunda huella, convertido en un mito que tardará en diluirse en el tiempo.

Hugo Chávez, el niño humilde de Sabaneta que escaló con obstinación y audacia la cúspide del poder, entró a la Historia por una puerta ancha y brumosa. Como los dos hombres que fue. 

viernes, febrero 22, 2013

Mañana en la Asociación Cultural Humboldt: Clemente Balladares hablará sobre el “Primer As de Venezuela”



Tiene el placer de invitar el

Sábado 23 – 10:30 a.m.

en la
Biblioteca Alexander von Humboldt al

Primer conversatorio de la serie “ENIGMAS”

Sobre la vida del venezolano-alemán

Carlos Meyer Baldó

Conocido como el “Primer As de Venezuela”

A cargo del Sr. Clemente Balladares

Entrada libre

jueves, febrero 14, 2013

Asesinan al historiador y artista Napoleón Pisani en el Museo Boulton (al lado del Panteón Nacional)

COMENTARIO BLOGUERIL: 

¡Qué triste esta noticia! No hay lugar donde los venezolanos podamos estar protegidos del hampa desbordada. ¡¿Cómo es posible que un lugar rodeado de instituciones públicas (el Panteón Nacional, el Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional; a pocas cuadras de ministerios y el Tribunal Supremo de Justicia) pasen estas cosas?! Como bien dijo La directora de la Fundación Boulton: "¡si esto no está resguardado ¡que diablos está resguardo en el país!"


Al historiador Napoleón Pisani le encontró la muerte en medio de los archivos como buen apasionado de la historia. Murió investigando, se puede decir. Sentido pésame a todos sus familiares, amigos, a la Fundación Boulton y a la gran familia de historiadores de Venezuela. 

Carlos Balladares

Les dejo la lamentable noticia tomada de Últimas Noticias y una foto e información biográfica tomada de su blog. 


SUCESOS | 05:45 p.m.


La directora de la Fundación Boulton denunció que encapuchados asesinaron a golpes al historiador Napoleón Pisani cuando intentaban robar colección de monedas antiguas en el museo ubicado al lado del Mausoleo de Simón Bolívar

Arlynne Hernández.- María Teresa Boulton, directora de la Fundación Boulton, relató a ÚN como cuatro encapuchados asesinaron a golpes al historiador y artista Napoleón Pisani, de 70 años de edad, cuando intentaban robarse una colección de monedas antiguas del museo situado al lado delMausoleo de Simón Bolívar, cerca del Panteón Nacional, en Caracas. 


“Amordazaron a mi asistente y al señor Pisani. Ella pidió ayuda a través de su celular y cuando los hombres escucharon un ruido saltaron la pared y se fueron”, contó Boulton a través de un contacto telefónico. 






María Teresa Boulton, Alejandra Szeplaki y Napoleón Pisani. 

Museo de la Fundación John Boulton. Caracas 2012. 
Foto: Karelys Reyes.


Una pequeña información sobre Napoleón Pisani Pardi

    Nace en San Antonio, Estado Táchira, en 1940. Realiza estudios en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas, Caracas, 1955 – 1959. Apreciación de Arte, en la Facultad de Arquitectura de la U.C.V 1966. Conservación de Monumentos Arquitectónicos, Museo de Bellas Artes, Caracas, 1980. Comunicación de las Artes Plásticas, Galería de Arte Nacional, Caracas, 1981. Participó en las actividades del Taller Libre de Arte y el grupo El Pez Dorado, en Caracas, 1960 – 1964. Ha ejercido la docencia en diferentes Escuelas de Artes Plásticas y Talleres de Arte del país. Miembro de Jurados de Admisión y Calificación en Salones de Artes Plásticas realizados en el país. Miembro fundador de la Asociación de Artistas Plásticos, AVAP. Fue docente y Promotor Cultural de los Talleres Armando Reverón, Macuto, y José Fernández Díaz, Catia, Caracas. Ha sido colaborador, como crítico de arte e ilustrador, en diferentes diarios y revistas del país. Ha realizado 11 exposiciones individuales, y participado en más de 40 exhibiciones colectivas, dentro y fuera de Venezuela. Ha recibido 4 Premios y 6 Menciones Honoríficas, en algunas de esas exhibiciones colectivas. Actualmente se dedica, a tiempo completo, a realizar trabajos de investigación acerca de la historia y el arte en Venezuela, y en otras latitudes. Asimismo, es colaborador, ad honorem, en varias instituciones culturales del país.

lunes, febrero 04, 2013

El amigo e historiador Tomás Straka publica su nuevo libro: "Venezuela 1861-1936: la era de los gendarmes. Caudillismo y liberalismo autocrático"



Estas son sus palabras: 

Tengo el gusto de informarles que ya salió el No. 10 de la Serie Antológica Historia Contemporánea de Venezuela, que edita la Fundación Rómulo Betancourt, titulado "Venezuela 1861-1936: la era de los gendarmes.  Caudillismo y liberalismo autocrático", de mi autoría.  Recoge el material discutido en clase durante el pasado Diplomado de Historia de Venezuela que organizan en convenio la UPEL con la Fundación Rómulo Betancourt, con una selección de documentos que, esperamos, revela algunos de los hitos fundamentales en la formación de nuestro cultura personalista.

Pronto estará en librerías (con toda seguridad en Pensum, de la UCAB; en la Fundación y en las Alejandría).

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...