domingo, septiembre 14, 2008

Historiador venezolano (Simón Alberto Consalvi) explica los problemas con el exterior en el Proyecto Positivista (1899-1945): Cipriano Castro

Artículos de opinión de los historiadores venezolanos

Les dejo acá el artículo semanal del historiador Simón Alberto Consalvi que publica todos los domingo en El Nacional. Tomado de la página Venezolanos en lìnea.

Los conflictos internacionales precedieron la caída de Castro

Reclamos extranjeros obligaron al caudillo liberal a ser intransigente. En 1908, Venezuela había roto con Colombia, Francia, Países Bajos y Estados Unidos. A partir del bloqueo de Venezuela por Alemania y Gran Bretaña, en 1902, la política exterior de Cipriano Castro se convirtió en el gran campo de batalla. En 1908, el caudillo andino tenía rotas las relaciones con Colombia. Francia, los Países Bajos y Estados Unidos. Sus enemigos formaron una "Santa Alianza" para proteger a Juan Vicente Gómez.

El general Cipriano Castro fue elegido en 1902 como Presidente de la República hasta 1907.

En 1904, al ver que se acercaba el fin de su periodo, y dado que aspiraba a presidir las celebraciones del centenario de la Independencia, reformó la Constitución, y en 1905 fue reelegido para el periodo 1905-1911. Tenía la obsesión de medirse con Bolívar, y siempre hablaba de las dos grandes revoluciones, la del Libertador y la suya, la Restauración Liberal.

Don Cipriano perdió el año 1906 en la comedia de la Aclamación y los desvaríos de la Conjura contra el vicepresidente de la República, su compadre Juan Vicente Gómez. En 1907 cayó gravemente enfermo, fue operado sin resultados, y su último año en el poder, 1908, lo sorprendió en medio de una situación internacional tan conflictiva que contribuyó fundamentalmente a su caída. En efecto, las implicaciones de aquellos conflictos lo persiguieron durante todos los años de su destierro, hasta que murió en Puerto Rico, solitario y arruinado, el 5 de diciembre de 1924.

Basta darle una rápida ojeada a aquel panorama: Venezuela tenía rotas las relaciones con Colombia, con Francia y con los Países Bajos-Antillas Neerlandesas, y a mediados de ese año de 1908, el presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, instruyó al secretario de Estado, Elihu Root, cerrar la misión en Caracas. Washington tomó la decisión el 13 de junio y el 20 se consumó la ruptura, con lo que se retiró del país el encargado de Negocios, Jacob Sleeper, quien confió al ministro de Brasil, Luiz de Lorena Ferreira, los asuntos norteamericanos.

Las relaciones con Colombia no tuvieron fortuna durante el régimen de don Cipriano porque venían o iban invasiones, y los caudillos (como lo había hecho en los 90 el propio jefe tachirense), tomaban como base de sus conspiraciones el territorio colombiano. En 1906 Castro cerró los ríos venezolanos a la navegación para preservarse de los venezolanos que andaban siempre en son de guerras.

Las relaciones con Francia se rompieron en enero de 1906.

Castro prohibió a los barcos franceses tocar puertos nacionales. Otra controversia se originó por los reclamos contra la Compañía del Cable Francés y su alegado incumplimiento de contrato, la participación del Gobierno en las tarifas por cada cable enviado o recibido.

Las negociaciones fracasaron, y luego las Cortes venezolanas decidieron en contra de la CCF por su complicidad en la Revolución Libertadora. Cuando el ministro francés, Oliver Taigny, subió a visitar un barco francés anclado en La Guaira, la policía le informó que "no podía volver a tierra". En un momento se especuló en ciertos círculos del exterior sobre un probable ataque de Francia. De modo que las relaciones venezolano-francesas eran particularmente tensas en 1908, cuando justamente don Cipriano tuvo que llegar a ese país, en su camino hacia Alemania a someterse a la intervención quirúrgica que le salvó la vida.

A esta crisis se añadió la ruptura de Venezuela con el Reino de los Países Bajos; las relaciones venían complicándose desde los días de la Revolución Libertadora, cuando allá permitieron que el Ban Right, con el general Matos a bordo, tocara en Willemstad. La aparición de la peste, añadió tensiones con las Antillas porque los barcos venezolanos fueron sometidos a cuarentena. Castro respondió con medidas de retaliación. Poco después suspendió todo comercio con las Antillas. El ministro de Reus fue declarado "persona non grata" en la escalada.

Reclamos.
Mientras, en 1907, Castro le hacía ver a los venezolanos que "la armonía reinaba con todo el mundo", el secretario de Estado Elihu Root le solicitaba a su gobierno que sometieran al arbitraje de la Corte Internacional de La Haya las cinco reclamaciones que no podían ser objeto de negociación bilateral. Veamos las reclamaciones: La primera de ellas tenía que ver con el periodista Albert Félix Jaurett, un aventurero francés que se habría hecho estadounidense de manera fraudulenta, dirigía en Caracas el periódico The Venezuelan Herald, (1896-1904) y se involucró con el banquero y general Manuel Antonio Matos en la Revolución Libertadora.

La segunda reclamación involucraba a tres compañías: Manoa Company, Orinoco Corporation y Orinoco Company, que alegaban haber sufrido fuertes pérdidas por acciones del Gobierno. Disfrutaban de 10.000 millas en Guayana para la más diversa explotación, otorgadas a los estadounidenses como una manera de proteger el territorio de las avanzadas de los ingleses, sin condiciones favorables para Venezuela.

La tercera se refería a la Orinoco Steamship Company, cuyos barcos eran utilizados alternativamente por los revolucionarios que se alzaban o por el propio gobierno para la movilización de sus tropas. En cuarto lugar figuraba la concesión otorgada en 1883 por el presidente Antonio Guzmán Blanco al norteamericano Cyrenious Fitzgerald, quien la transfirió en 1884 a la Manoa Company, La quinta reclamación era la más complicada porque involucraba mayores capitales: la explotación del asfalto en el lago de Guanoco, según otra concesión otorgada por Guzmán Blanco a Horatio R. Hamilton en 1883. Adquirida la concesión por la New York & Bermúdez Company, sus accionistas participaron abiertamente en la Revolución Libertadora, financiaron al general Matos, e incumplieron el contrato más inverosímil de que se tenga noticia. La explotación del asfalto de Guanoco se convirtió en un laberinto legal que se prolongó hasta después de la muerte del general Juan Vicente Gómez.

Según los estrategas de Washington, con Venezuela se llegaba a un punto muerto. Luego de que la insistencia del secretario de Estado, Elihu Root, en 1907, de someter los cinco asuntos a la Corte Internacional de Arbitraje de La Haya, no encontraba sino silencio por respuesta del caudillo andino, el presidente Roosevelt, (escribe William Sullivan) le envió una nota a Root donde le confiaba: "Sería bueno enviar a Venezuela varios barcos, sobre la marcha, y hacer los preparativos para despachar un transporte con marinos. Pienso también que el Comando Unificado debe preparar un plan de acción en caso tengamos necesidad de hacerlo..." Castro acusó a Roosevelt de pretender "provocar un incidente diplomático para hacerse reelegir". Iban y venían recriminaciones, mientras la gran prensa retrataba a don Cipriano "como un ladrón de ganado". La ruptura de relaciones decidida por la naciente potencia, causó alarma en Venezuela porque todo el mundo temía la "política del gran garrote". Dificultades. 1908 fue un año de adversidades para Castro y para Venezuela. El deterioro de las relaciones con el mundo, la situación crítica de la economía, la peste, y la salud declinante del general. Cuando, obligado por su enfermedad, viajó a Europa en noviembre, dejó en manos de Juan Vicente Gómez cartas que el sucesor jugó con astucia, prometiéndole a los poderes extranjeros resolver armoniosamente todos los conflictos. Así reinó 27 años, protegido por la "Santa Alianza" de los enemigos de don Cipriano. Los reclamos extranjeros (no pocas veces arbitrarios) obligaron al caudillo andino a dar respuestas intransigentes. Antes de Castro, los derechos de propiedad nunca fueron cuestionados, ni en su esencia ni en su variedad, y no había discriminación entre venezolanos o foráneos. Castro cambió por primera vez las reglas del juego, como lo escribió el historiador John Lombardi. Observó, además: "Allí han ido aventureros, y grandes empresas han obtenido valiosas concesiones con la promesa del desarrollo del país. Algunas eran principados por su extensión territorial y su abundancia de recursos". Lombardi añadió que se organizaban compañías en Europa y Estados Unidos para explotar las concesiones. Generalmente captaban capitales, "pero poco de ellos eran invertid o s e n Venezuela".

"El general tenía la obsesión de medirse con Bolívar, y siempre hablaba de las dos grandes revoluciones, la del Libertador y la suya, la Restauración Liberal"

Relaciones exteriores en riesgo


Un siglo después regresa la tensión
...
Un siglo después de don Cipriano, en este 2008, las relaciones exteriores de Venezuela retornan a aquellos climas. Durante cien años, las relaciones con Estados Unidos trascurrieron con normalidad, hasta la expulsión esta semana del embajador Patrick Duddy, a quien el jefe de Estado "dio 72 horas para abandonar el país". Estas crisis se sabe donde comienzan, pero no dónde terminan. Por lo pronto, la decisión contra el embajador ocurrió en muy mal momento, pues la reacción de los candidatos Obama y McCain fue extremadamente dura contra el Presidente de Venezuela. Se cancelan así, irreflexivamente, las expectativas de mejoramiento de las relaciones con el nuevo gobierno de aquella nación que anunció el mismo señor Chávez. A los conflictos bilaterales, Venezuela le ha añadido otros elementos que tienen a los norteamericanos mucho más alarmados, como la presencia en nuestro suelo de bombarderos rusos, y el anuncio de maniobras navales conjuntas en el Caribe. De persistir el Gobierno venezolano en esta política, no cabe duda de que el conflicto esté llamado a escalar. No obstante, el primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, ha advertido con claridad que "no se propone revivir la Guerra Fría con Estados Unidos, ni existen razones para ello". Declarar persona non grata a un embajador, por solidaridad con el presidente de un tercer país, es algo verdaderamente inconcebible. En Chile habrá esta semana una reunión urgente de Unasur y del Consejo Suramericano de Defensa. Tendrán su primer test. Se supone que allí analizarán con responsabilidad sucesos que afectan a toda la región. Ojalá que los jefes de Estado no se refugien en la prudencia, ni invoquen conveniencias económicas para guardar silencio.

sconsalvi@el-nacional.com


Imagen: Castro y Gòmez a caballo en Caracas.

Historia de Venezuela contada por el literato Eduardo Casanova: "El Paraíso Burlado" ("Capítulo I: Ciudad por Cárcel")

RECOMENDADO PARA ESTUDIANTES COMO GRATA NARRACIÓN DE NUESTRA HISTORIA

TEMAS: VENEZUELA HISPANA (O COLONIAL).

EL SUBRAYADO ES NUESTRO.

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

I

El Paraíso Partido

(Venezuela antes de la Independencia)

Ciudad por Cárcel
Cerca de cuarenta años después de la fundación de Caracas, entre 1606 y 1611, al Noroeste de la Plaza Mayor, o sea en la esquina Noreste de la manzana que hoy se identifica por las esquinas de Principal, Conde, Monjas y Capitolio, estaba la casa del gobernador Sancho de Alquiza, cuyo nombre, un tanto deformado, subsiste como toponímico en el viejo camino de los españoles, en lo que fue su finca personal, que hoy es una zona llamada Sanchorquiz, cerca de donde estuvieron los almacenes de la Guipuzcoana. La casa del gobernador Sancho de Alquiza (Clemente Travieso, Carmen, Op. Cit., p. 40) era una de esas en las que se reunían los capitulares por “no aver casas de cabildo". Sanchorquiz fue un gobernante duro, que por cuestiones de impuestos o de contrabando puso tras las rejas a más de un poderoso, lo cual, por no haber tampoco cárcel, se cumplía en la vivienda del gobernador. De manera que no tiene nada de raro que en donde estuvo su casa se haya hecho después una cárcel. Ni que la ciudad que gobernó como ciudad la convirtiera en cárcel. Pero eso fue mucho después. Alquiza salió de Santiago de León de Caracas en 1611, luego fue gobernador y capitán general de Cuba, en donde murió como un cascarrabias, de un ataque de ira, en 1619 (Sucre, Luis Alberto, Op. Cit., pp. 106-107).
Es de notar que al terminar el gobierno de Alquiza, dos tercios de la población de Caracas ya no estaban en el antiguo valle de los toromaynas, en buena parte por el alegado despotismo y la evidente rigidez del gobernador, que además de combatir la herejía y el contrabando, se empeñó, entre otras cosas, en cobrar altísimos tributos a los encomenderos que no tuvieran confirmados sus títulos de propiedad que, mutatis mutandi, tal como ahora, seguramente eran mayoría; como se empeñó en combatir la evasión de impuestos, la morosidad en las deudas con el fisco y, en general, todo lo que desde entonces hasta ahora ha sido normal entre conquistadores y empresarios por igual, a su partida debe haber habido un colectivo suspiro de alivio entre el tercio de la población que se quedó en Caracas, aunque Alquiza, luego de haber hecho ahorcar a un infeliz que comerció con piratas, solicitó al rey un perdón general para los que habían practicado el “comercio ilícito” (20 de julio de 1606), porque, de no hacerse así, se despoblaría del todo Caracas, dijo. No dijo, en cambio, que su severidad y su incapacidad para entender el alma colectiva de los habitantes de la pequeña ciudad que ya la estaban despoblando. El perdón fue concedido en 1607. No es extrañar, pues, que los caraqueños de entonces le tomaran ojeriza a la casa en donde vivió aquel personaje odioso y odiado, que, entre otras lindezas, inventó un impuesto para los negros y mestizos que no debe haberlo hecho muy popular, ni siquiera entre los blancos.a construcción de la Cárcel Real en terrenos de la casa del gobernador Sanchorquiz, casa que como buena parte de las caraqueñas fue derrumbada por la madre tierra el 11 de junio de 1641, debe haberse iniciado a fines de ese siglo XVII, probablemente en 1693 ó 1694, en tiempos en los que ya España había perdido su inmenso poder y había dado paso a Francia, que se había convertido en la potencia emergente que dominaba casi toda la porción del mundo que durante mucho tiempo España había dominado. La decadencia del Imperio no sólo se notaba en sus problemas con Cataluña, sino que se reflejaba abiertamente en la América española. El terreno fue comprado por el gobernador Diego Jiménez de Enziso, que fue destituido en 1692, a los herederos de don Antonio de Tovar. Por parte del gobernador Enziso negoció la compraventa el Regidor Bartolomé de Soto (Núñez, Enrique Bernardo, Op. Cit., p. 19). Posiblemente Enziso hiciera allí una primera Cárcel Real, en tanto que la segunda y definitiva fue levantada por don Francisco de Berrotarán, Marqués del Valle de Santiago, que debió enfrentar la situación creada por el desgobierno de sus antecesores, Jiménez de Enziso y Diego Bartolomé Bravo de Anaya. Además de los efectos de un par de epidemias, una de vómito negro y otra de viruelas, que entró a la ciudad traída por un esclavo y se propagó (en julio de 1692) desde la Cárcel Real. Es probable que por ello Berrotarán hiciera una nueva, que es el mismo edificio actual, muy modificado, de la Casa Amarilla.
La autoridad colonial, tal como ahora, estaba ligada fuertemente a la idea de represión. Decir cárcel, entonces, significaba, inevitablemente, tortura, potro, deshumanización y tiniebla. Según Carmen Clemente Travieso, la Cárcel Real gozaba “la fama de haber sido teatro de escenas terribles. Corrían las voces de que en sus sótanos existían cadenas atadas a las paredes las cuales sostenían a los presos por los puños siempre de pie, hasta que morían por inanición y hambre. También corría la noticia o leyenda de que habían sido tapiados muchos patriotas bajo sus pisos en sitios donde no cabía un hombre de pie” (Clemente Travieso, Carmen, Op. Cit., p. 40). Es la imagen tétrica que uno tiene de las cárceles en tiempos de la Inquisición o de los piratas. O del novelesco Conde de Montecristo por las películas de Hollywood y sus imitaciones televisivas. Así como por los museos históricos europeos, que han acentuado hasta lo indecible esa percepción. Aunque en verdad no está muy lejos de lo que ocurre en las cárceles de muchos sitios en la actualidad, y no solamente de los países en los que imperan regímenes totalitarios, sino, por desgracia, de muchas repúblicas que se precian de su democracia. Como Venezuela, que ha construido centros penitenciarios que en teoría son modernísimos, diseñados por arquitectos, en los que, por lo menos en el papel, ha habido la intención de que los reclusos tengan oportunidades de reconstruir sus vidas y no de perderlas en el ocio de las paredes manchadas de olvido. Sólo que, como en muchas otras materias, hay un divorcio entre la teoría y la práctica.
Eso sería lo que sugeriría a los pobladores de Caracas la esquina de Principal desde 1696, cuando ya estaba funcionando allí la Cárcel Real, durante el gobierno de don Francisco Berrotarán, hasta que en tiempos de Páez se tornara en casa de gobierno. Luego, en los de Guzmán Blanco se refaccionó el edificio y se le disimuló el elemento arquitectónico español, para convertirlo en la Casa Amarilla, que es como hoy se le llama, luego de que los sucesos del 19 de abril de 1810 le dieran una luminosidad que hasta entonces no había conocido. De acuerdo al régimen de castas existente entonces en nuestras tierras, la Cárcel Real estaba destinada a los blancos, no a los pardos ni a los negros ni a los indios, que tenían otros centros de reclusión peores aún que el de la futura Casa Amarilla. A veces pasaban por ella hombres no pertenecientes a la clase de los blancos, pero era solamente mientras los ubicaban en los centros destinados a los de su casta. La Cárcel Real era para blancos, criollos o peninsulares, especialmente aquellos cuyos delitos fueran civiles o políticos, de manera que aun cuando su régimen era terrible, lo era menos que los de las llamadas Casas de Corrección. Y aún así, son muchas las noticias sobre torturas y muertes violentas que corrían por las calles empedradas de Caracas en relación a la Cárcel Real. Quién sabe cuántos sueños quedaron entre tinieblas, tapiados a cal y canto. Quién sabe cuántos hombres desdichados, mientras Cervantes al otro lado de la mar océana escribía su Quijote, imaginaban escenas que nunca salieron de las piedras manchadas de gritos. Don Miguel tuvo la fortuna de estar (y quedarse) en el lado augusto de la mar océana, y no me refiero solamente a que se quedó en una tierra que a la larga sería mucho más desarrollada y por eso mismo más grata para vivir que la que quiso conocer y poblar, sino al hecho de que, por quedarse, pudo convertirse en la más grande figura de las letras de todos los tiempos, el símbolo eterno de la literatura, el paradigma de los hombres de letras, rivalizado apenas por un inglés que también se quedó en el viejo continente, o por un italiano que ya había vivido y muerto mucho tiempo antes que esos dos que tuvieron la ocurrencia de morir en la misma fecha, aunque no en el mismo día.Recluidos estuvieron, además de perseguidos de cualquier índole, gobernadores, funcionarios de alta jerarquía, presos de alcurnia y peso social. Así también podría escribirse buena parte de la historia de Caracas, de Venezuela y hasta de la América humana.Entre los primeros encarcelados de la Colonia (aunque no en la Cárcel Real, que no existía aún, sino en la casa del gobernador) estuvo, como vimos el famoso Vizcaíno don Simón de Bolívar (1532-1612), fundador de su linaje en Venezuela, que terminó encerrado por el severo Sanchorquiz, según narra Luis Alberto Sucre (Sucre. Luis Alberto, Op. Cit., p. 101). De ser verdad, podría estar en esa remota prisión una de las causas de la rebeldía de su descendiente, el Libertador, contra la injusticia española de su tiempo en América. Don Diego de Portales y Meneses, conflictivo gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela entre 1721 y 1728 sí llevó sus huesos a las mazmorras de la esquina de Principal con toda seguridad, y no una, sino dos veces. Sucedió Portales en su cargo a un personaje cuya combinación de nombres haría temblar o reír a cualquier venezolano de hoy medianamente informado: Marcos de Betancourt y Castro (aún cuando en realidad su apellido era Bethencourt), canario de nación, que por haber hecho una donación de 10.000 pesos al rey Felipe V fue recompensado con el cargo de gobernador y capitán general de Venezuela, a condición de que esperara hasta 1716, año en el que terminaría el “período” de don José Francisco Cañas y Merino, un extraño personaje, depravado y libertino, que puede ser considerado precursor del general Cipriano Castro, pues de él se dice que robaba niñas, seducía o violaba doncellas y cometía toda clase de tropelías, por lo que los regidores enviaron al rey un expediente y lograron que fuera finalmente depuesto en 1714 (Sucre, Luis Alberto, Op. Cit., pp. 207-213), fecha en la cual, pasando por alto el compromiso con don Marcos, se nombró gobernador Interino a Alberto Bertodano y Navarra; Cañas y Merino murió en Madrid, y Betancourt se negó a esperar más, se vino a Venezuela y tomó posesión de su recompensa el 4 de julio de 1716, luego de un accidentado viaje en el que tuvo que desembarcar en Chuao (actual estado Aragua) y viajar a caballo hasta Caracas. Desde el inicio de su gestión, Betancourt y Castro proclamó que se opondría al contrabando, no sabemos si para monopolizarlo él, pues eso de comprar el cargo no debe haber sido por el honor de ejercerlo, y desde el comienzo, también, tuvo todo tipo de dificultades. Encomendó a su paisano, don Diego de Matos Montañés, el cargo de Juez de Comisos y Cabo de Guerra, con amplísimas atribuciones para atacar de raíz el “trato ilícito". La actuación de Matos generó todo tipo de enfrentamientos, cuya conclusión fue el intento de asesinato de José Sigala, secretario de Matos, en Guanare, en donde parecería que hasta el cura se dedicaba al matute y Matos pretendía hacer valer su autoridad para castigar en forma ejemplar a don Juan Ortiz, persona muy apreciada por los guanareños. Hubo un pleito sin remedio entre Matos, que representaba la autoridad del gobernador, y el Ayuntamiento. Intervino el gobernador y ordenó el arresto de los “principales cabecillas del alboroto", orden que no se cumplió. El Virreinato de Nueva Granada ordenó entonces a don Marcos de Betancourt y Castro que se inhibiera en el pleito entre Matos y los alcaldes guanareños y envió a los Jueces de Comisión a don Pedro de Olavarriaga y Urquieta, que por los nombres debe haber sido vasco hasta los tuétanos y más adentro, y a don Pedro Martín de Beato, que a pesar del apellido debe haber sido cualquier cosa menos santo. Ambos decidieron arrestar a los alcaldes y embargarles los bienes, pero los alcaldes ya lo tenían previsto y opusieron a las medidas una sentencia de la Audiencia de Santo Domingo en la que se ordenaba al gobernador y “a cualesquiera otros juezes que lo pretendan” que se inhibieran de conocer la causa. Era un enfrentamiento entre el poder municipal y la gobernación, por una parte, y entre la gobernación y el poder judicial, por la otra. Los alcaldes no fueron castigados y, al poco tiempo, don Diego de Matos Montañés enfrentó serias acusaciones, según las cuales atacaba a los contrabandistas para poder “ejercerlo él solo". Fue depuesto y preso por Betancourt y Castro, pero logró escaparse y llegar a Bogotá, en donde acusó a su acusador de lo mismo de lo que a él lo acusaban, y logró que Jorge de Villalonga, Virrey de Santa Fe, ordenara la destitución del gobernador y que lo sustituyera don Antonio José Álvarez de Abreu, quien en el pleito, consultado por Betancourt, más bien había favorecido a Matos. Allí se creó un nuevo problema, pues el Ayuntamiento de Caracas no aceptó la designación de Álvarez de Abreu valiéndose de una real cédula que les daba derecho a que los alcaldes suplieran al gobernador en caso de ausencia. Betancourt y Castro se defendió con éxito de las acusaciones que le hacían, y a su vez acusó a Matos, Olavarriaga y Beato de ser ellos los que favorecían el contrabando. Es entonces cuando interviene el Consejo de Indias, que decide en favor de los alcaldes ordinarios, pero también les ordena que entreguen el gobierno a Diego Portales y Meneses para que, como nuevo gobernador y capitán general, a su vez, le siga juicio de residencia a Marcos Betancourt y Castro no sin antes ponerlo en libertad. Los enredos políticos del Siglo XVIII, como se ve, eran tan complicados como los del XX o el XXI. Se encargaron de la gobernación Antonio Blanco Infante, uno de los antepasados de Simón Bolívar, y Mateo Gedler, otro de los antepasados de Simón Bolívar, a quienes sucedieron Alejandro Blanco y Villegas, también antepasado de Simón Bolívar, y Juan de Bolívar y Villegas, antepasado de Bolívar (Sucre, Luis Alberto, Op. Cit. pp. 219-218). Portales y Meneses lo primero que hace es enfrentarse al Virrey de Santa Fe por el lío de Betancourt y Castro, y lo segundo es desconocer el derecho de los alcaldes de gobernar en su ausencia e imponer al Obispo Juan José Escalona y Calatayud como gobernador interino, lo cual es apelado ante el rey, quien por real cédula les da la razón a los alcaldes. La pequeña ciudad está claramente dividida en dos bandos: En uno están el gobernador, el obispo y algunos regidores, y en el otro los alcaldes y los demás regidores, acompañados por la nobleza local. Era ya claro el enfrentamiento entre los españoles peninsulares y los españoles de Indias, entre cuyos descendientes se formará el partido de los independistas, republicanos y revolucionarios. Es entonces cuando empieza el sistema dicotómico que más o menos se ha seguido usando hasta ahora: Godos y liberales, socialcristianos y socialdemócratas, fascistoides pseudo socialistas y demócratas, unos y otros. Don Diego Portales llevó su celo partidista al extremo de entorpecer de manera evidente la acción de un Juez de Residencia y de una comisión enviada por el gobierno virreinal. El partido de los alcaldes y los nobles criollos se lo hizo saber al Virrey de Santa Fe, que con toda energía resolvió la cuestión contra Portales, en marzo de 1723, y lo depositó entre las paredes de la Cárcel Real, de donde saldrá liberado y repuesto en su cargo por intercesión directa del Obispo Escalona y Calatayud ante Su Majestad el Rey. Eran los tiempos de Felipe V (el primero de los Borbones, nacido en Versailles en 1683, que le debía muchísimo al clero), y poco debía interesarle al monarca lo que sucediera en una provincia tan desvalida como lo era la de Venezuela, sobre todo si consideramos que su gobierno estaba en medio de tormentas que abarcaba Europa entera. Entre las dos prisiones de Portales, el rey abdicó en favor de su hijo mayor, que murió pocos meses después, por lo que el rey volvió al trono, seguramente con menos deseos de ocuparse de Venezuela, en donde su gobernador y capitán general, luego de salir de la Cárcel Real, se había dedicado a vengarse de los que consideraba culpables de su encierro. Sus abusos fueron tales, que la Audiencia de Santa Fe ordenó su segunda prisión el 24 de febrero de 1724. Apenas cinco días estuvo encerrado, pues se fugó y se escondió en el Seminario, inicialmente, y luego en el Palacio Episcopal. La oscura y lejana provincia de Venezuela da pruebas de que en ella la anarquía tiene alientos, cuando el enfrentamiento entre el cabildo y los nobles criollos, por una parte, y el gobernador, el Arzobispo y los blancos peninsulares, por la otra, está a punto de generar una verdadera guerra civil. Su Majestad el Rey, a instancias del Obispo, ordena por real cédula (septiembre de 1725) que Portales, que había huido de Caracas después de refugiarse en el Convento de San Francisco, regrese de Ocumare y reasuma el gobierno, en el que permanece desde julio de 1726 hasta junio de 1728.
Pero hay que aclarar que en el tiempo en que Portales (y el Obispo Escalona) gobernaron la provincia, no todo fue intriga ni todo fue negación. Ambos hicieron cosas muy buenas para la ciudad y para el país. Le dejaron a Venezuela su Universidad de Caracas, que con el tiempo se convertiría en la Universidad Central de Venezuela, y se enfrentaron, aunque sin mayor éxito, al monopolio del comercio por parte de la Compañía Guipuzcoana, monopolio que se veía favorecido por sus enemigos, los del cabildo. Esa oposición del gobernador Portales y el Obispo Escalona bien podría ser la semilla del nacionalismo venezolano, en curiosa contradicción con el porvenir, puesto que los descendientes de sus enemigos estarán mucho más próximos a ellos que los descendientes de sus amigos. Poco tiempo después se produciría, contra el monopolio económico de la Guipuzcoana la Rebelión de Andresote (el zambo Andrés López del Rosario), en Yaracuy, y unos veinte años después, por la misma razón, se produciría el movimiento de Juan Francisco de León, que también sería uno de los precursores de la gesta independentista venezolana aunque en las mentes de ellos no hubiera ni sombra de una idea similar (Sucre. Luis Alberto, Op. Cit., pp. 229-237).A Portales lo sucedió en el mando Lope Carrillo de Andrade Sotomayor y Pimentel, hombre de nombre tan largo como cortas sus ejecutorias. Encontró una ciudad golpeada y amansada, un Ayuntamiento compuesto por hombres que en más de una ocasión fueron a tener a la Cárcel Real y que, ido Portales, no querían más guerra. Pero la guerra se les vino sola, y al poco tiempo el gobernador, a causa de unas sombrillas, agredió al clero y al Ayuntamiento a la vez. Fue demasiado, y con todo el largo de su nombre terminó encerrado en la Cárcel de El Principal, de la cual escapó, casi se diría que en cumplimiento de lo que comenzaba a ser una especie de tradición entre los gobernantes de Venezuela, para refugiarse en el Convento de las Mercedes y morir sin demasiada gloria y algo de pena (Sucre, Luis Alberto, Op. Cit., pp .243-244).
Es probable que el sucesor de Lope Carrillo etcétera, Sebastián García de la Torre (gobernador y capitán general de Venezuela entre 1730 y 1732) también haya conocido como prisionero las mazmorras de la Cárcel Real de Caracas, aunque se refugió (como Portales) en el Convento de San Francisco, cuando fue depuesto luego de haber sido acusado de varios delitos, entre ellos el de lenidad con el contrabando, si bien le había tocado enfrentar la Rebelión de Andresote, que era contrabandista. Su problema verdadero es que trató de enfrentar con energía los abusos de la Guipuzcoana, pero no contaba con el poder suficiente en Madrid para hacerlo, y la Guipuzcoana se convirtió en juez y parte, envió a Martín de Lardizábal, que no podía ser más guipuzcoano, como Pesquisidor, y, por supuesto, el gobernador hubo de apelar a las armas del venado. No se conocen documentos del juicio, salvo la real cédula del 2 de octubre de 1735 lo obligó a regresar a España, virtualmente preso en un barco de la Compañía Guipuzcoana, aunque se le recomendaba al capitán que “tenga para con él y con su familia todas las condiciones que merece por su calidad y rango” (Sucre, Luis Alberto, Op. Cit., p. 248).Sin que nadie lo supiera, la suerte estaba echada.

Desde el domingo 11 de mayo de 2008, cada domingo, se publicará, capítulo por capítulo, uno por semana, “El Paraíso burlado”, de Eduardo Casanova, que consta de tres libros: “El Paraíso partido”, “El Paraíso en llamas” y “El Paraíso desperdiciado”, y narra las peripecias de Venezuela, desde la prehistoria hasta nuestros días. La obra consta de 108 capítulos: 31 “El Paraíso partido", 38 “El Paraíso en llamas” y 39 “El Paraíso desperdiciado". “El Paraíso partido” cubre desde la prehistoria hasta le Independencia, “El Paraíso en llamas” narra la Guerra de Independencia y “El Paraíso desperdiciado” comprende desde la separación de Venezuela de la Gran Colombia hasta la actualidad.

Capítulos Publicados:
El Paraíso Partido(Venezuela antes de la Independencia)
Ciudad por Cárcel

Historiador venezolano (Simón Alberto Consalvi) opina sobre la ùnica aventura bèlica rusa en el Caribe y los tontos ùltiles

Artículos de opinión de los historiadores venezolanos

Les dejo acá el artículo semanal del historiador Simón Alberto Consalvi que publica todos los domingo en El Nacional.
Soldados de la Guerra Fría
La única vez que los rusos se lanzaron a una aventura bélica en el Caribe salieron con las tablas en la cabeza. Me refiero a la temeridad de instalar cohetes nucleares en Cuba. El 22 de octubre de 1962, el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, denunció ante el mundo que su país había comprobado ("on that imprisoned island"), el establecimiento de bases militares de la URSS. "Los propósitos de estas bases no son otros –dijo Kennedy– que disponer de un arsenal nuclear capaz de destruir el hemisferio occidental".
El Presidente tomó una serie de medidas severas: a todo barco, de cualquier nación, le sería impedido aproximarse a Cuba si trasportaba materiales bélicos. El poderío nuclear de Estados Unidos fue puesto en máxima alerta. El mundo estuvo al borde del precipicio. Kennedy le pidió a Nikita Jruschov "eliminar esta amenaza clandestina, agresiva y provocadora, que atentaba contra la paz y la estabilidad entre ambas naciones". "Lo invito –añadió– a abandonar el proyecto de dominación mundial, y a unirse en un gran esfuerzo para poner fin a la peligrosa carrera armamentista y transformar la historia del hombre". El jefe del Kremlin respondió con sensatez.
Comprendió que la URSS había ido demasiado lejos y que Estados Unidos no podía permitir una batería de armas nucleares de largo y mediano alcance a tan pocos kilómetros de Washington. La "crisis de los cohetes" quedó inscrita en la historia como una advertencia contra las aventuras que atenten contra la supervivencia del género humano. ¿Por qué volver los ojos, y por qué consultar la memoria de una de las crisis más demenciales del siglo XX? Por una razón simple: porque la historia, así está escrito, unas veces se repite como tragedia y otras como farsa. Gracias a los dioses, en esta ocasión regresa como farsa y nada más. Con tambores y clarines, cornetas y maracas y fuegos artificiales, el Presidente de Venezuela anunció al mundo que una escuadra de las Fuerzas Armadas de Rusia vendrá al mar venezolano, en son de maniobras conjuntas con los militares bolivarianos.
Quizás resulte un show de vendedores de armas: bombarderos, submarinos, helicópteros, tanques, fusiles, bombas (no estratégicas) y toda la parafernalia del catálogo ruso. Moscú figura entre los grandes fabricantes de armas. No las reparte como antes a sus antiguas zonas de influencia, para librar las guerras entre los pueblos del Tercer Mundo, como hacía también Estados Unidos: las vende a dólares contantes y sonantes.
Venezuela, en un gesto surrealista, ingresa a la Cortina de Hierro sin darse cuenta de que ya no hay cortina: todo se derrumbó con el Muro de Berlín. El Presidente piensa que vivimos en medio de la Guerra Fría. Existen personajes, no cabe duda, que sienten nostalgia de aquellos días de tensiones verbales, diatribas y rencor. El vicepresidente de Estados Unidos fue a Georgia días atrás con el espíritu de los años cincuenta. Con ese mismo espíritu, el Presidente venezolano le da la bienvenida a los "marines" rusos de la escuadra capitaneada por un acorazado que lleva el nombre de Pedro, el Grande. Todo un simbolismo, y, más que eso, un mensaje de que se trata de las fuerzas militares de Rusia, la grande. O sea, fuerzas imperiales que poco tienen que ver con ejércitos del tercermundismo confuso que unas veces corteja a los No Alineados, y otras busca ponerse la piedra al cuello.
Venezuela enajena sus recursos para decorar con abundancia pomposa los desfiles del Campo de Carabobo. A raíz de la caída de la Unión Soviética se supuso que el mundo se orientaría a una larga etapa de cooperación, de paz y de estabilidad. No obstante, algunos en Occidente perdieron la brújula. Tal como expresó Mijail Gorbachov: "La Unión Europea empezó a expandirse a un ritmo tremendo. Lo mismo hizo la OTAN. Una decisión particularmente peligrosa, que se tomó a pesar de promesas contrarias. Así, asistimos ahora a estas nuevas tensiones y fricciones".
Frente a estos desarrollos carentes de visión, en otras épocas se escuchaba la palabra de los No Alineados. También desaparecieron de la escena. Sólo se escuchan los lamentos de los huérfanos de la Guerra Fría que, a falta de guerras verdaderas, ensayan simulacros. Todavía resuenan las palabras de Kennedy. Siempre será honesto reconocer la cordura de Jruschov. La Unión Soviética no consultó a Cuba el retiro de los cohetes. Los grandes no consultan a los pequeños. Ni se comprometen por sus intereses, menos con aquellos que conducen la política exterior como una banalidad, con un desconocimiento de la historia que conspira contra los intereses de los países que representan, y en cuyo nombre actúan con tan peligrosa audacia. Andan de fiesta por los mares del mundo los complejos militar-industriales de Rusia y Estados Unidos. Si el Caribe vuelve a ponerse caliente, la culpa será de los tontos útiles.

Historiador venezolano (Manuel Caballero) opina sobre la comparación de los regímenes personalistas

Artículos de opinión de los historiadores venezolanos

Les dejo acá el artículo semanal del historiador Manuel Caballero que publica todos los domingos en
El Universal.
El subrayado es nuestro.
De acuerdo, pero...

Dios los crea y ellos se juntan... o al menos se parecen

Por mucho que se auxilie con diversos instrumentos, la percepción generalizada liga siempre a determinado profesional con uno solo de ellos. Así, entendemos que cuando se dice que fulano "es un gran bisturí", sabemos que se está hablando de un cirujano aunque ahora sólo emplee un rayo laser para extirpar un tumor. De pareja si bien no idéntica manera, es la crítica interna el instrumento que define al historiador, aunque emplee también la cronología, la antropología, la sociología, la economía, la sigilografía, la diplomática y un montón de etcéteras.
La crítica interna se ejerce cuando se está en presencia de un documento y una vez determinada su autenticidad por la crítica externa (un papiro egipcio de la decimonovena dinastía no puede contener un texto escrito a máquina) la crítica interna entra a evaluar otras cosas: pueden ser la coherencia interna, la congruencia de su lenguaje, su correspondencia con la realidad y con la época.
Un ejemplo accesible
Pero no queremos convertir este ar- tículo en una lección de metodología que sólo interese a los especialistas. Vamos entonces a recurrir a un ejemplo accesible a todos. Imaginemos a un historiador venezolano del siglo veintidós o veintitrés examinando un texto de dos o tres centurias atrás, que contiene la reseña biográfica de un personaje cuyo nombre se ignora porque alguna circunstancia o voluntad hizo desaparecer sus primeras líneas. Pero allí se habla de un gobernante cuya característica esencial era, de acuerdo con el resto de la reseña, un ego que llevó a un siquiatra de la época, sin embargo nada hostil, a diagnosticarle un narcisismo descomunal. Su nombre debía estar en todas las bocas, repetido hasta el cansancio por la "comunidad carismática", o sea, la piara de sus adoradores dispuestos a cada momento a descoyuntarse riéndole sus retorcimientos histéricos y hasta sus retortijones. Pero sobre todo, su vera efigie debía aparecer en todas las esquinas, todos los rincones de cada casa de su país.
En todas las esquinas
Debía vérsele cargando bebés, abrazando viejitas, manejando maquinaria pesada y regalando hasta el último centavo del tesoro público como si lo estuviese sacando de su propio bolsillo inagotable. Nunca antes, en una historia repleta de egos y personalismos, de caudillos y tiranos, había alcanzado niveles tan altos el culto a una personalidad, por mucho que en su propio siglo tal manía había florecido como los hongos después de un día de lluvia. Una de sus obsesiones era la de abolir la historia, ante todo la de los "gobiernos anteriores" que él desdeñaba llamándolos con el nombre de una ciudad donde él juraba que los tales habían nacido. La historia debía comenzar con su llegada al poder. Todo eso era expuesto día y noche por una propaganda obsesiva, a comenzar por sus interminables discursos de audiencia obligatoria; en un lenguaje hamponil porque, pensaba, el orador no se debe dirigir a la parte más culta de su auditorio, ni a la intelectualmente mediana, sino a la más primitiva.
Volverlos escuálidos
O sea, a la más fácil de captar estimulando sus bajas pasiones, y proclives a aceptar como verdades los prejuicios más mineralizados. No los incitaba sólo al odio social, sino incluso racial: todo aquel que no tuviese el propio, real o supuesto origen del líder, debía ser considerado el enemigo y por tal execrado, excluido, impedido de trabajar y hambreado al punto de que al vérsele en la calle, luciese tan "escuálido" que ese apelativo fuese el que mejor pudiese calzarle a él y a sus congéneres. Todos los males de la sociedad debían ser atribuidos a un sólo enemigo, mejor si extranjero. Con el pretexto de su amenaza, buscaba exacerbar el más insano nacionalismo, y encontraba pretexto para lanzarse a una desenfrenada carrera armamentista. Para darse un ropaje que luciese moderno, creó un partido tomando como modelo el cuartel con sus batallones de disciplina vertical inapelable. A ese partido le colgó el apelativo de "socialista". Sus militantes se daban el trato de "camaradas", y su bandera era roja, el color que desde mucho antes que él habían adoptado los socialistas de todas las tendencias.
Una espantosa conclusión
Llegó al poder por elecciones, pero cerró el Parlamento, para que, en su lugar, una asamblea sumisa y delirante le otorgase poderes especiales para legislar por decreto. La reseña biográfica de la que apenas llegaron al historiador del futuro pocas cosas más de las aquí dichas, se cerraba con una espantosa conclusión: que ese personaje había llevado, a un país como el suyo dueño de las más halagadoras potencialidades, a la mayor ruina de su historia, e incluso a su desaparición como Estado por mucho tiempo. Pero ese historiador del futuro ya debe haber afilado mucho más el arma de su crítica interna. Sin dejarse llevar por las apariencias, ni tampoco por la casi arquetípica medianía intelectual del personaje estudiado, llegó a una visión correcta, sin las aberraciones ópticas de su observatorio nacional venezolano.
Esto es, que, al revés de lo que llegó a pensar mucha gente, el documento no hablaba de la Venezuela del siglo XXI, sino de la Alemania de los años treinta del siglo XX.
En otras palabras, de la dominación de un partido (nacional) socialista de bandera roja, de su odio a los gobiernos anteriores "de Weimar", de su guerrerismo esencial y del desmelenado culto a la personalidad de un hombre de una desoladora mediocridad personal: Adolfo Hitler.
(A Elías Pino Iturrieta)

sábado, septiembre 13, 2008

Historiador venezolano (Elías Pino Iturrieta) opina sobre la destrucción de la descentralización

Artículos de opinión de los historiadores

Les dejo acá el artículo semanal del historiador Elías Pino Iturrieta que publica todos los sábados en El Universal.
Los nuevos procónsules

Aunque Chávez pierda ya ganó en las comarcas que pueda dominar la oposición
Varios analistas competentes han examinado la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Bolivariana. Sus comentarios son suficientes para generar alarma, pues se desprende de ellos cómo el mandón se hace de un brazo armado en función de su interpretación autocrática de la nación. La reforma anuncia una metamorfosis de conductas chocante con el texto de la Constitución y negada por el pueblo cuando se le pidió opinión sobre la mudanza. Este solo detalle bastaría, no sólo para criticar el engendro sino también para reaccionar con enfática indignación. ¿No traduce un escarnio de la voluntad popular sobre la cual no puede imponerse ningún capricho fraguado en Miraflores? Pero la sociedad apenas ha levantado la voz. Tal vez la moderación de las respuestas traduzca un signo de madurez, la tendencia a rumiar la situación para no irse de bruces ante lo que resulta una demasía intolerable. O quizás el pensar que son negocios de cuartel en cuya solución se entenderán quienes los habitan.
En cualquier caso, conviene llamar la atención sobre cómo el asunto trasciende a la institución armada para liquidar importantes modelos de convivencia a los cuales estábamos habituados. Basta un vistazo de las nuevas regulaciones para ver que un aspecto fundamental como la administración de las regiones se limita o desaparece debido al nuevo rol de las huestes "bolivarianas". La Ley chavista de la Fuerza Armada promueve una penetración en la marcha de los estados y aun en el manejo de los municipios que cercena las atribuciones del poder civil, o las lleva hasta ínfimas expresiones. Es tal la injerencia que se concede en adelante a los comandantes de tropas acantonadas en las regiones, o en zonas que el mandón ha inventado jugando con la topografía, que la rutina no dependerá de los gobernadores ni de los alcaldes, sino de las cabezas de las guarniciones. La instancia de los resguardos, acantonamientos, regimientos y cuerpos de milicias se impone desde la cúpula sobre la rutina de la colectividad.
El trastocamiento convierte a las autoridades locales en un remedo, hasta el punto de que se puede asegurar que ha dispuesto Chávez un control debido al cual no requiere del triunfo de los suyos en las elecciones de noviembre para hacerse realidad. Aunque pierda ya ganó en las comarcas que pueda dominar la oposición, pues ejercerá una tutela militar gracias a la cual profundizará su hegemonía para que los comicios se vuelvan otra vez una irrisión. Es evidente cómo la transformación no incumbe sólo a los candidatos triunfantes en las elecciones, cuyo poder quedará irremediablemente menguado, sino también a quienes tengamos que lidiar con un enjambre de botas y cachuchas como producto de un asalto a la Constitución que todavía no hemos combatido sin ambages.
El mandón no utiliza un subterfugio nuevo para asfixiar a la sociedad. Su plan remonta a los tiempos de Gómez, quien dispuso la implantación de un sistema de procónsules mediante el cual logró la imposición de un centralismo a juro. Guzmán redujo el número de estados y creó circunscripciones castrenses para contener a los caudillos, pero no logró el propósito de una dominación sin trabas. Crespo ensayó una disposición de mandos militares gracias a la cual contaría con el auxilio de unos "anillos de hierro", pero no pudo ante la sociedad levantisca de la época. Viejos los guerreros de antaño y cansada la gente de estériles matazones, Gómez se valió de un conjunto de servidores descarnados que hicieron su voluntad mediante la domesticación de las pulsiones políticas y de todo lo que pareciera peligroso en los estados. Les entregaba una entidad federal para que atendieran todos los ramos de la administración, atormentaran a la oposición e hicieran los negocios de su gusto, siempre que llevaran cuentas puntuales a Maracay. En términos legales fueron magistrados de origen civil, pero su condición de militares sin academia los distinguió como individuos terribles ante quienes se doblegaba la provincia antiguamente indómita. Muchos de esos procónsules se hicieron célebres por la barbarie de sus procedimientos: Eustoquio Gómez, Vincencio Pérez Soto, Timoleón Omaña y León Jurado, por ejemplo.
Los analistas no se refieren a la aparición de sujetos de esta laya como consecuencia de la reforma militar, ni sus rostros se perfilan en el texto redactado por el mandón. Sin embargo, sólo será cuestión de maquillar a los especímenes parecidos que estén a mano y de cubrirlos con el uniforme "bolivariano" para que se pongan a hacer lo mismo, mientras los observamos con una prudencia que ya no reflejaría madurez sino estupidez.

jueves, septiembre 11, 2008

Con tu firma puedes salvar una casa patrimonio de Caracas: yo voy a firmar, ¿y ustedes?


Me llega este mensaje:

Muchos de ustedes sabrán que la casa donde funcionaba el Fogón del Pollo (av. Tamanaco, El Rosal: ver imagen) está en proceso de demolición, a pesar de ser una edificación protegida como Bien de Interés Cultural de la Nación, ya que fue pre inventariada por la Fundación de la Memoria Urbana para el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) desde noviembre de 2005. Es una obra que merece ser resguardada por sus valores arquitectónicos.

Hemos elaborado una carta dirigida a Ingeniería Municipal de Chacao para solicitar el cese de su destrucción.Los esperamos el próximo jueves 11/9/08 de 4:30 p.m. a 6:30 p.m. y el sábado 13/9/08 de 11:00 a.m. a 3:00 p.m., en los banquitos ubicados cerca del TIJERAZO y ARTE REAL del Centro Comercial Chacaíto para los que gusten, anexen su firma a dicha carta. Para que nos puedan reconocer llevaremos puesta una franela color verde.

Estamos a tiempo de salvar la casa y su espectacular portal.Por favor pasen la voz a tus amigos para que ellos también apoyen la defensa de NUESTRA MEMORIA URBANA.

Frases históricas: la de hoy en Venezuela

Váyanse para el carajo, una y cien veces, yanquis de mierda.
Hugo Chávez Frías (Presidente de Venezuela durante el proyecto socialista chavista (1999-20??), al expulsar el embajador de los Estados Unidos, Patrick Duddy, dándole 72 horas para que abandone el país, y ordenando al embajador venezolano en Washington, Bernardo Álvarez, su inmediato retorno al país. Mitín del partido oficialista en la ciudad de Puerto Cabello (estado Carabobo), jueves 11 de septiembre de 2008 (ver noticia acá y aquí (con video aquì), en el dìa de hoy advirtió que darìa apoyo militar a los aliados en su regiòn si estos son atacados). Acá pueden ver imàgenes del "montaje" del supuesto golpe contra Chàvez.

No se puede dejar de recordar: ¡Nunca más!


Mis escritos anteriores sobre el tema: el año pasado aquí, hace tres años acá.

Historiador venezolano (Diego Bautista Urbaneja) opina sobre la inviabilidad del proyecto chavista, pero de la necesaria unidad opositora

Artículos de opinión de los historiadores venezolanos

Les dejo acá el artículo quincenal de los jueves del historiador Diego Bautista Urbaneja que publica en El Universal.
La cucharada

En el forcejeo de la cucharada que se le quiere forzar a tragar al país es mucho lo que se pierde

En los análisis que se acumulan en relación al proyecto político del actual gobierno, hay una palabra que cobra preeminencia: inviabilidad. Se trata de una receta que razones técnicas, filosóficas, culturales, convierten en indeseable y dañina para el país, cuya mayoría percibe por diversas vías que eso es así, y se resiste a tomarla.
La imagen que viene a la mente es de alguien queriendo hacer que alguna persona se trague por la fuerza un desagradable jarabe, con el añadido esencial de que esta vez el que tiene razón es el paciente que se resiste a engullir la cucharada.
Me temo que en la cabeza del señor Chávez, su ambición de permanecer en el poder por siempre, de tenerlo en cantidades ilimitadas, y de realizar una proyecto económico social determinado, se han mezclado de tal manera que ya es imposible separarlos. Y como la mayoría del país, sea por conocimientos, sea por instinto, sea porque la vida cotidiana lo conduce a ello, sea por los valores que tiene internalizados, no acepta ninguno de los elementos de ese amargo batido, ni mucho menos el batido mismo, entonces vemos al caballero haciendo maromas a ver por dónde mete lo que el país rechaza. Lo que le falta es decir "...y por aquí viene un avioncito...".
Mientras tanto, ya sabemos lo que pasa. La inviabilidad del proyecto chavista va acumulando bombas de tiempo económicas, sociales, institucionales, que preparan situaciones crecientemente insoportables, pospuestas, según casi todos los diagnósticos, para el año 2009 y los que siguen.
Por otra parte, Chávez acumula poderes y más poderes, posiblemente más que todo de papel, que serán usados selectivamente contra este o aquel, para castigar a algún enemigo y para amedrentar a los demás. Pero como todo el mundo sabe que su uso no podrá ser más que selectivo, pues el Gobierno no tiene capacidad de usarlos de otra forma ni el funcionamiento del país se lo permitiría, ese efecto de amedrentamiento es muy bajo.
A veces, ciertamente, parece que va más allá de lo selectivo, como con el cemento y la electricidad. En esos casos, la política en cuestión pasa a ser suicida, como lo estamos viendo. Pero ni el que sean inviables, de papel, selectivas o suicidas, impide que la mayoría del país se alarme, se ponga en guardia y cierre con más fuerza todavía la boca, para que no le den el potaje ese.
Por otra parte todavía, está en proceso de maduración la preparación de una alternativa verdaderamente válida. Eso aun no está listo.
En tal sentido, el calendario político del país es afortunado. Tenemos ahora las elecciones de noviembre, en el 2010 las parlamentarias, y en el 2012 las presidenciales. Sé que la mera enumeración de esas fechas le da dentera a muchos, por los cuatro largos años que supone; pero hasta nuevo aviso, así es la cosa. Decía pues que es afortunada esa secuencia, porque plantea una especie de progresión de etapas, cada una de las cuales requiere un nivel más alto de cohesión de las fuerzas democráticas que la anterior, un nivel más alto de madurez en la oferta democrática y un liderazgo cada vez más a la altura de los retos que vienen, que por su parte no harán sino crecer.
Esto será así, siempre que las fuerzas democráticas lo vean así, y se coloquen en esa perspectiva progresiva. Porque podrían, estúpidamente, tomar la vía contraria: que a medida que la inviabilidad de esto se haga sentir, cada cual coja por su lado pensando en cómo sacar la mejor tajada del desaguisado nacional en proceso. El que esa estupidez no ocurra ya es responsabilidad compartida del liderazgo político, y del país democrático que le haga ver que no toleraría que ello pasara.
Coincide por cierto con esa progresión, el hecho de que, a causa de un ingreso petrolero que siempre será voluminoso, seguramente también será gradual, no catastrófica, esa acumulación de crisis y de inviabilidades a las que antes me referí.
El costo de todo esto será muy alto. En ese largo forcejeo de la cucharada que se le quiere forzar a tragar y el país que cierra la boca y voltea la cara, es mucho lo que se va y lo que se pierde. Es duro decirlo, pero creo, al día de hoy, que ese costo va a haber que pagarlo, porque por ahora el Gobierno tiene suficiente fuerza, porque no hay nada listo que pueda manejar el país que va a entregar Chávez y porque a veces es importante para las sociedades hacer completa la experiencia de los disparates en que se embarcaron.
Por lo demás, y así es que la vida transcurre, valiosamente, la mayoría del país no deja de luchar contra ellos un solo día.

martes, septiembre 09, 2008

Fallece el político, abogado, politólogo e "historiador": Ramón Escovar Salom (1926-2008)

Ramón Escovar Salom falleció esta mañana en Caracas, después de una vida plena en la militancia política (AD y fuera de su partido) y la academia, por lo que podríamos calificarlo como historiador más no profesional, pero sí como una persona que aportó al estudio de nuestra historia desde el derecho y las ciencias políticas, y que hizo historia. No puedo olvidar la primera vez que lo vi en persona, y le recordé que era nieto de Blanca Vicci Oberto; y él con mucho cariño me dijo: "Yo quiero mucho a toda tu familia, somos del Barquisimeto de antes; gente decente y que ama a Venezuela".

Desde aquí les mando un abrazo de solidaridad a toda su familia.

¡Hasta siempre querido amigo!.

Les dejo la semblanza de wikipedia:

Ramón Escovar Salom, político venezolano, nació el 23 de julio de 1926 . Abogado, con doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela, Ejerció de profesor titular de dicha casa estudios; investigador de la estadounidense Universidad de Harvard, (1979-1981); y profesor visitante de la Universidad de Cambridge, (Inglaterra, 1982-1983).
Entró en la vida política siendo militante del partido socialdemócrata Acción Democrática, llegó a ser Diputado y Senador en varias legislaturas, Ministro de la Secretaría de la Presidencia de la República, (1974-1975), Ministro de Justicia, (1964-1966), Ministro de Relaciones Exteriores, (1975-1977).

En 1989 fue elegido fiscal general de la República. Fue el encargado de emitir el procesamiento judicial al presidente de la República Carlos Andrés Pérez en 1993. Entró otras vez a una cartera ministerial como Ministro de Relaciones Interiores, (1994-1996) en el segundo gobierno de Rafael Caldera.

En el campo diplomático fue Embajador de Venezuela ante el Gobierno de Francia, (1986-1989), y Representante Permanente de Venezuela ante las Naciones Unidas.
Vida y obra

Su libro “América Latina, el Juego sin Fronteras”, publicado y premiado en un concurso continental por el “Fondo de Cultura Económica”, de México, fue uno de los primeros ensayos publicados en América sobre las empresas multinacionales. Mezcló su vocación intelectual con la vida pública.

Por esto fue el parlamentario más joven de América, electo por sufragio universal , en 1947. El mismo día y en las mismas elecciones en que Rómulo Gallegos, el primer escritor y gran novelista de Venezuela fue electo Presidente de la República,en 1948. Escovar Salom fue años después el senador mas joven y el Ministro mas joven,cuando se recuperó la democracia en 1958.

Al mismo tiempo no abandonó la vida académica habiendo sido por ascenso, Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela y de Historia de las Ideas Políticas, en la Facultad de Humanidades de la misma Universidad (Escuela de Comunicación). En 1974 fue electo por unanimidad Miembro de la Academia de Ciencias Políticas de Venezuela a la cual se incorporó con un discurso sobre la interdependencia de las naciones en 1976.

Retirado de la vida política continuó como columnista y colaborador del diario El Nacional de Caracas, donde obtuvo dos veces el premio Enrique Otero Vizcarrondo, como el mejor articulo del año(1981 y 1991). Su colección de artículos “La ventana de Papel” de 1971 y “El Oficio de Gobernar”, de 1994, son otros de sus trabajos más destacados.

En 2006 aparece su libro “Los Demonios de la Democracia”. Al año siguiente, Memorias de Ida y Vuelta. En “Los Demonios de la Democracia” Escovar Salom analiza las fragilidades y contradicciones del sistema democrático venezolano en relación con el petróleo y concluye con la necesidad de de fortalecer la república de ciudadanos.

En la “Reformulación del proyecto nacional” define las líneas dominantes de lo que sería una visión del porvenir venezolano. Durante sus últimos años sigió parcialmente con sus actividades como profesor emérito en la Universidad Central de Venezuela con cursos de doctorado como” El Estado Nacional y la Globalización”, “El Estado y el Poder Militar” y el “Autoritarismo en América Latina”.

Internacionalmente, fue Profesor en la Cátedra Simón Bolívar en la Universidad de Cambridge, Inglaterra,1982-83 y Fellow y visiting Scholar en la Universidad de Harvard en Estados Unidos entre 1979-1981. Fue electo por unanimidad por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para ocupar el cargo de Fiscal Internacional para los crímenes de Yugoslavia.

Ramón Escovar Salom, se fue un político venezolano, que combinó, la tarea del pensar, como humanista, escritor, intelectual, académico y profesor, a la del ejercicio activo de la política durante parte importante del siglo XX e inicios del siglo XXI. La reflexión política, como su participación en la expresión de esta, tanto a nivel nacional como internacional, son tareas que supo integrar.

domingo, septiembre 07, 2008

Frases históricas: a confesión de parte...

Las misiones, la nueva geometría del poder y el reordenamiento de la milicia como fuerza complementaria no fueron aprobadas en el pasado referendo y, por eso, no han podido ser incluidas en la Constitución Nacional. Sin embargo, nadie me prohíbe de hacerlo por Ley …. Una cosa es que se incluyan en la Constitución y otras incluirlas por medio de una Ley.

Hugo Chávez Frías (Presidente de Venezuela durante el proyecto socialista chavista (1999-?), en su programa dominical Aló Presidente, número 320, deñ domingo 07 de septiembre de 2008. Ver noticia acá. y aquí, momento en que usó todos los medios del Estado para hacer campaña electoral a favor de sus candidatos regionales violando las leyes electorales. De paso contradice a uno de sus ministros ver aquí también.

¿Qué es el chavismo?: Carlos Blanco considera que la mejor definición del fenómeno, es el de ser una "red mafiosa"

"Tiempo de palabra" (columna de los domingos en EL Universal). El subrayado es nuestro.

"Hay elementos que acercan lo que hace Chávez a otra variante del autoritarismo".

Arroz con mango
¿Qué es esto? ¿Comunismo? ¿Militarismo? ¿Populismo de izquierda? ¿Fascismo? ¿Será importante saberlo? ¿No son, acaso, discusiones superfluas que no resuelven nada y sólo sirven para el solaz de intelectuales capaces de discutir sobre temas tan atrayentes como inútiles? Chávez puede ser comunista, básicamente por su alineación política, y está acompañado por algunos cuantos que también lo son. Sin embargo, hay margen para preguntarse si su régimen está en el proceso de crear una sociedad socialista o comunista, dentro de alguna variante de la taxonomía marxista-leninista. ¿Venezuela va, de verdad, hacia el comunismo?
El Personaje
Decir que Chávez es comunista significa una concesión intelectual. Supone que el hombre conoce a Marx y a Lenin, ha estudiado a Mao, sabe lo que significan Kautsky y Rosa Luxemburgo, así como Trotsky y Gramsci. Supone también que sabe de revoluciones, de la francesa, la americana, la inglesa y de las que resultaron fallidas en la Europa del siglo XIX, junto a las triunfantes del siglo XX con la bolchevique en el frontispicio. Supone, sin duda, que los análisis basados en las clases sociales acolchonan sus insomnios y que el poder de los trabajadores martilla sobre su mesa de trabajo. Pero no. Este rollizo mandatario, como lo llama Vera Izquierdo, no es un intelectual y de estas cosas no sabe más que lo que absorbe -¡y cómo!- en tertulias con esos muchachos españoles dogmáticos que lo asesoran, que le han hablado de "hegemonía", o con aquellos cubanos que se manejan a lo caribe, haciéndole creer al hombre que progresa en su comprensión de la naturaleza de las revoluciones. Nadie le ha dicho que el socialismo es un fracaso y que los que se siguen denominando socialistas en la mayor parte del planeta lo hacen dentro de tradiciones nominativas, difícilmente cambiables y que están allí más por costumbre que por ideología (el PSOE en España o el PS en Francia) o, de modo más simple, quieren diferenciarse de la derecha rabiosa y enfatizar los tonos sociales. Al hombre no le han explicado bien que los socialistas de hoy son partidarios del capitalismo social o popular. Chávez es comunista por sus intenciones, las cuales emergen de una maraña intelectual poco cultivada, pero en medio de un talento natural para la lectura veloz y la retórica vacua. También es comunista porque muchas de sus decisiones están enmarcadas dentro del propósito de crear una sociedad socialista, más o menos a la cubana, y el sueño de dirigirla hacia una comunista en la cual no exista más felicidad que la congelada. Ser comunista sin saber qué es eso tiene en Chávez un excelso exponente, lo que ha sido potenciado por la bellaquería de Castro, quien no ha reparado en el ridículo al cual ha condenado repetidas veces a su discípulo. Ha de acotarse que Fidel sí es un comunista de uña en el rabo, un intelectual y político que recreó las condiciones de las revoluciones socialistas, enmendándole la plana a Lenin y a Mao, a Kruschev y a Brezhnev. Chávez quiere, pero no puede, compartir los galones de Fidel, aunque éste ha cultivado tal ilusión como zanganería de vieja hiena para engatusar a aquél. Convéngase, sin embargo, que Chávez es comunista sin saber exactamente cómo serlo, por las ejecutorias en las que ha incorporado su régimen. Hay otros, cerca de él, o a tiro de piedra de sus gulas intelectuales, que sí son comunistas de los de librito. Es obvio que este personaje propone un régimen socialista de los duros como preludio a ese horizonte móvil que es el comunismo.
El Gobierno
Hay algunos elementos que enchufan lo que ocurre en Venezuela con esos propósitos revolucionarios. Uno, es el de la destrucción progresiva de la propiedad privada sobre los medios de producción, como se diría en buen marxismo. El segundo, es la concentración del poder de la sociedad en el Estado, como supuesta representación del colectivo, despojando a las élites preexistentes de mecanismos de control económico (empresas), político (partidos), sociales (gremios, sindicatos, ONGs) y simbólicos (iglesias, medios, aparatos culturales). Sin embargo, hay elementos que alejan lo que hace Chávez de cualquier socialismo rabioso y lo acercan a otra variante del autoritarismo, más clásicamente latinoamericano, militarista y fascistoide. En primer lugar, el partido revolucionario como condición del socialismo que Chávez se propone, es una ficción; no existe, no ha sido construido y resulta muy difícil construirlo. Se requeriría una fuerza social organizada ("el proletariado" o alguna variante) que no existe en el horizonte social como parte del proceso chavista. En segundo término, tampoco hay nada parecido al Ejército Rojo; no porque no existan badulaques dispuestos, sino porque un ejército revolucionario no puede construirse sin aniquilar completamente a los militares institucionalistas; mientras tanto, la Reserva es una fiesta en Elorza producto de la creencia de que aprendiendo a manejar el fusil se está preparado para participar en una guerra. Otro factor esencial es que la destrucción de la propiedad privada no ha conducido a la creación de la propiedad social o colectiva, sino a nuevas formas de propiedad privada; dicho en caraqueño, las masas revolucionarias se cogen lo que encuentran, no para compartirlo, sino para cogérselo; lo que más ha prosperado en este período es apoderarse de todo: ¡proletarios del mundo, agarren que para luego es tarde! También concurre el hecho de que uno de los más importantes productos económicos y sociales de este tiempo es la burguesía bolivariana; la mayor parte constituida por recién llegados a los negocios junto a otros de cierta tradición y carencia de escrúpulos, para los cuales el socialismo es un mal chiste de Chávez. Agobiados por el gobierno, sin sus sindicatos, porque éstos son desconocidos desde arriba, dejados a la intemperie, los trabajadores son los grandes excluidos, los nuevos grandes expulsados de una revolución falaz que los invoca como su excusa.
Las Mafias
Lo que de verdad ha emergido es una red mafiosa que controla puntos neurálgicos de la sociedad. No son los proletarios; no son los revolucionarios, sino una corte de bichitos que se ha puesto donde hay y de lo cual esos jóvenes capturados en Miami son una brevísima muestra de la morgue en la cual yacen los buenos propósitos leninistas. Existen mafias, a la rusa, que se reparten estructuras oficiales y dominan el acceso a los altos funcionarios, quienes las han puesto como sus alcabalas móviles para todos los efectos prácticos y lucrativos. El Estado ha crecido como nunca; ha crecido podrido y en cada una de sus oquedades putrefactas se guarece una seccional de la mafia bolivariana. En su marcha frenética hacia el comunismo, Chávez ha conducido a la sociedad al enloquecido y pestilente capitalismo salvaje. carlos.blanco@comcast.net

Historiador venezolano (Manuel Caballero) opina sobre la lucha en Venezuela entre "el pueblo y el populacho" (descentralización y centralización)

Artículos de opinión de los historiadores venezolanos

Les dejo acá el artículo semanal del historiador Manuel Caballero que publica todos los domingos en El Universal. El surayado es nuestro.

Los veintitreses

¡Vivan los veintitreses, mueran los veinticuatros!

Ya sé que Alexis Márquez me va a caer encima, horrorizado por el plural que encabeza estas cuartillas. Pero no es un gazapo y para decirlo todo, no estoy muy seguro de que sea un error, hablando en gramática. En todo caso no lo es ni política ni históricamente. Mejor dicho, no tiene por qué serlo, pues el plural no depende aquí de la Real Academia ni de todos los diccionarios del mundo, sino de nosotros mismos. Porque hay un veintitrés que los venezolanos le regalamos a la historia y la historia nos espera para que le regalemos otro.

Ya mis desocupados lectores adivinaron que estoy hablando, en el primer caso, del 23 de enero de 1958, y en el segundo del 23 de noviembre del 2008. El primer 23 significó voltear la tortilla que se había puesto ciento diez años menos un día antes, el 24 de enero de 1848 cuando la horda monaguista asaltó el Congreso; y el 23 de noviembre puede hacer otro tanto, a sesenta años menos un día del 24 de noviembre de 1948 cuando la horda militar derrocó a Rómulo Gallegos.

Ciento cincuenta por ciento ¿Es eso posible? Por supuesto que las habituales mouches du coche a que, recurriendo a Lafontaine aludíamos la semana pasada, van a decir que eso es imposible porque la oposición no ha logrado a estas alturas una unidad monolítica al ciento cincuenta por ciento. En lo que nos concierne, jamás lo esperamos porque nunca faltan los lame duck (los "patos cojos") de que suelen hablar los gringos, y porque no confundimos unidad con unanimidad: hace ya muchos años, la experiencia demostró que el monolitismo era lo que Isaac Deutscher llamaba "una utopía terrorista".

Decir esto no nos lleva a desconocer que atacar juntos, en un solo haz, siempre es aconsejable para duplicar nuestras fuerzas. Y en este caso, eso sí es posible en otro terreno: en el descubrimiento del "eslabón más débil" en la cadena enemiga. Con su megalomanía narcisista, el Héroe del Museo Militar nos está mostrando su juego al gritar lo de "¡Vienen por mí!", con el tono de alguien cuyo bajo vientre es presa de uno de sus confesos retortijones habituales.

Vayamos "por uno" Despojemos esa frase del significado que su atribulado personalismo le atribuye. Lo que la oposición debe dejar claro en las venideras elecciones es que va "por uno", cualquiera que él sea, haya nacido en Sabaneta, en Sinamaica, en San Francisco de Tiznados o en la maternidad Concepción Palacios.

En toda la historia de Venezuela, durante el orden monárquico español, luego con la República y por último, desde que el general Gómez culminó la creación del Estado venezolano, la lucha ha sido permanente por arrancar a ese Estado parcelas de poder para dárselas a la sociedad. En una palabra, no ha cesado el combate por la descentralización. Como lo constató Vallenilla Lanz en su más famoso trabajo teórico, en toda América resonaron las palabras federación y confederación mucho antes de que se hablase de independencia. Más tarde, en una guerra que no por casualidad se llamó "Federal" y que Gil Fortoul pluraliza hablando de "las guerras federales" hasta el final del siglo, esa palabra servía para expresar lo mismo.

El pueblo contra el populacho O sea, un deseo de participación, lo mismo que busca el pueblo en todas las revoluciones democráticas, al contrario del lumpenproletariat (el "populacho") que, como constataba Hannah Arendt, sólo busca seguir a un líder.

La oposición democrática merecería el peor de los destinos si desoyese ese grito de la historia. El gobierno le está poniendo el triunfo en bandeja de plata, con todas sus leyes promulgadas en gallos y media noche ("a la sombra del misterio sólo trabaja el crimen"), con su avidez centralizadora y como remate, con su plañidera queja "¡Vienen por mí!".

Todo eso señala el camino no sólo para vencer el autoritarismo, sino sobre todo para sumergirse "hasta los hombros en el mar" de la máxima aspiración popular. Y a la vez, para reivindicar lo que acaso sea la mayor conquista de la sociedad venezolana desde que Gómez dejó este valle de lágrimas: la descentralización. Porque ella no es un asunto sólo administrativo, sino político: primero con la separación de poderes, luego con la creación de partidos, sindicatos y agremiaciones y las ONG, y con las elecciones regionales.

"De a pa'tras" Es toda esa andadura de la rueda de la historia que pretende echar "de a pa'tras" (como diría el Benemérito) el actual locatario de Miraflores. Él mismo lo dijo alguna vez, con su incapacidad de expresar nada que no sea con slogans vacíos y lugares comunes: "yo creo que la descentralización es una trampa neo-liberal". Ahora bien, como muy bien lo dijo Perogrullo, lo contrario de la descentralización es la centralización. Que en su caso, tiene un significado mucho más preciso que esa fórmula bastante teórica: porque no es simple estatización, ni siquiera "gobernización", sino "chavización", o sea, a la escala del país lo que Barinas ha impuesto la tribu sabanetera.

De modo pues que el slogan central de la campaña opositora debe ser ese : la defensa y ampliación de la descentralización, de la federación en su sentido más puro, pacífico, y no en el sacatripas del siglo XIX. Así, la pregunta a hacer a los electores es si quieren gobernarse a sí mismos, a su región y a su pueblo, o prefieren que lo mande desde Caracas la cleptocracia chavera. Eso permitirá unir las aspiraciones regionales con las nacionales en una sola consigna: "Por la descentralización". Hacerle comprender a los electores que frente al lloricón "¡Vienen por mi!", lo que la oposición tiene en mente es tan viejo y sobre todo tan válido como el padrenuestro: "Venga a Nos tu reino".

hemeze@cantv.net

¿Será una frase histórica, esta que acaba de señalar Manuel Malaver?

La ruina de la Venezuela militarista, cuartelaria, colectivista y chavista es ya un hecho.

Manuel Malaver en su columna de mañana en La Razón, artículo "Fin de Fiesta".

Historiador venezolano (Simón Alberto Consalvi) opina sobre la actual campaña electoral en los EEUU

Artículos de opinión de los historiadores venezolanos

Les dejo acá el artículo semanal del historiador Simón Alberto Consalvi que publica todos los domingo en El Nacional.

El arma secreta de John McCain
El debut de la joven gobernadora de Alaska, Sarah Palin, en la Convención Republicana la noche del miércoles 3 de septiembre, no sólo echó por tierra los ataques contra John McCain, sino que se convirtió –en los minutos que duró su discurso– en un factor clave de la campaña del senador republicano. Segura de sí misma, con humor e ironía, con espontaneidad y desenfado, Sarah Palin pronunció un discurso que le dio a la convención todo lo que le faltaba, entusiasmo, imaginación y gracia.
No pocos pensaron que la felicidad de Sarah Palin apenas duraría 24 o tantas horas como consecuencia de las noticias que poco después de su presentación como candidata a la vicepresidencia se filtraron a la prensa, lanzada al circo de los leones. El mundo conoció su nombre, su rostro de mujer inteligente, bella y joven. Su sonrisa y su euforia, pero saltaron las dudas que llegaron a cuestionar la idoneidad de John McCain para escoger el otro rostro de la fórmula presidencial, lo que los norteamericanos llaman la capacidad de escoger: "His ability to make crucial decisions".

Quizás su mente imaginativa nunca abrigó las excitaciones de la cálida noche de agosto en que asumió el desafío. Sarah tiene 44 años, y verse de pronto proclamada como vicepresidenta de la primera potencia mundial era como para delirar, pero su control fue absoluto. Los que en el mundo hemos soportado a Dick Cheney participamos (irreflexivamente, como son las buenas emociones) en aquel futuro que se le abre a Estados Unidos con una mujer como Sarah Palin, en vez del taciturno compañero de George W. Bush. Si Sarah tiene 44 años y John 72, a sabiendas de que es una mujer de particular energía, cazadora que maneja las armas con la destreza del agente 007, pues, el observador pudo pensar, bueno, no fue Hillary, tal vez Sarah llegue a la jefatura del Estado.

Gobernadora de un estado petrolero, abordó con especial lucidez el problema que significa la energía para Estados Unidos. No cabe duda de que es uno de los asuntos más dilemáticos de la nación. Palin demostró dominio del tema, en su contexto nacional e internacional, la dependencia de suplidores extranjeros cada vez menos seguros, cada vez más dispuestos a suspender sus envíos al Norte, como Venezuela, país nombrado por la candidata. A propósito del petróleo, del terrorismo y de la vulnerabilidad de algunos productores, abordó tangencialmente aspectos de la política internacional. De esa manera se adelantó a quienes consideran que tiene poco conocimiento de las complejidades mundiales. Sarah Palin hizo alusiones a Barack Obama y a Joseph Biden cargadas de ironía, y de una cierta agresividad. De Obama dijo que "había firmado dos autobiografías, pero ninguna ley".
El debut de Palin quizás sorprendió por su dominio de la escena. O más que eso, por su espontaneidad. Quienes apostaron al supuesto error de McCain al escogerla, se verán frustrados. Poco importará si en su récord encuentran que en su juventud (allá por los ochenta) militó en un pequeño partido regional que postulaba la secesión, o sea, una Alaska independiente. No se sabe hasta dónde haya sido cierto. Cuestiones irrelevantes ya no harán mella en Sarah Palin. Lo cierto es que McCain jugó una excelente carta, y lo hizo en el momento adecuado, cuando ya Barack Obama había escogido a Joseph Biden.
Derrotada Hillary Clinton, en quienes las mujeres norteamericanas vieron la mejor opción para que una de ellas alcanzara la Casa Blanca, Obama ha debido pensar en esa circunstancia. Escogió, sin duda, a un gran candidato a la vicepresidencia, como es Joseph Biden. Es un hombre de talento, tiene treinta años en el Senado y preside la poderosa Comisión de Relaciones Exteriores, uno de los cenáculos donde con frecuencia se pone a prueba la habilidad y la sabiduría de los parlamentarios norteamericanos.
No hay modo de cuestionar a Biden; sin embargo, la realidad le ofrece ahora algunos tantos a la fórmula republicana, por eso, porque el voto femenino estaba a la espera de su oportunidad y son los republicanos los que la han presentado. "No pertenezco al establishment permanente de los políticos", exclamó Sarah Palin. Y dada la circunstancia de que algunos medios la consideraron no apta para la vicepresidencia, añadió: "He aprendido rápidamente que si no se es miembro de la élite de Washington, por esa sola razón se debe ser descartado". Desafiante, la Palin concluyó: "No iré a Washington en busca de su buena opinión. Iré a Washington a servirle al pueblo de los Estados Unidos". En suma, una mujer le dará colorido a una campaña que amenazaba por su monotonía varonil. En política, de donde menos se espera, salta la liebre.
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