jueves, octubre 11, 2018

Hoy se incorporó la doctora Catalina Banko como Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela

¡Mil felicitaciones a nuestra admirada profesora Catalina Banko! 

Con la letra "V", la investigadora Catalina Banko es formalmente, desde este jueves 11 de octubre, individuo de número de la Academia Nacional de la Historia. El azúcar, tema que ha trabajado desde hace más de 10 años, fue el centro de su discurso de incorporación, presentado este jueves a las 11:30 pm en el Palacio de las Academias: "Tradición y colapso de la industria azucarera venezolana".
Banko relató cómo los venezolanos abandonaron el consumo de papelón para privilegiar el de azúcar. (Texto de Contrapunto.com ver aquí). 







Fotos de los buenos amigos y colegas: Carlos Arvelaiz y Daniel Terán Solano, y contrapunto.com

miércoles, octubre 10, 2018

¿Cómo salir de la crisis que padece Venezuela? El plan para lograr la UNIDAD (nuestra columna de los miércoles en El Nacional)


El plan para lograr la UNIDAD

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional. 

No poner todo el alma y esfuerzo en la tarea de lograr la UNIDAD entre los demócratas es tan perverso como no ayudar al pobre y desvalido, y mucho más si se vive en medio de la emergencia humanitaria que padecemos en Venezuela. Ante el MAL no se puede ser indiferente, y mucho menos incapaz de ofrecer todos los medios para luchar en su contra. Nuestra condición de supuestos convencidos republicanos y amantes de las libertades, se pone en duda ante la división de fines y acciones. La realización de un acuerdo nacional que incluya a todos los opositores es una necesidad que ya posee características vitales. En ello se nos va la vida, porque es una realidad que cada día que pasa el régimen apunta a nuestra extinción o como mínimo al servilismo o esclavitud. ¿Cuál es la fórmula para lograr la tan anhelada UNIDAD? Muchas personas en la actualidad han propuesto algunas ideas al respecto y la historia está plagada de ejemplos que nos pueden inspirar. Sirva este breve artículo para insistir en las que consideramos más importantes y que hemos planteado en anteriores entregas.

Resultado de imagen para fernando albánEn el párrafo introductorio anterior habíamos establecido un tema a desarrollar, pero no contábamos que ese principio que habíamos descrito: el régimen apunta a nuestra extinción, nos daría un nuevo y doloroso ejemplo: la muerte del concejal de mi municipio (Libertador, Caracas) del partido Primero Justicia: Fernando Albán (1965-2018), quien estaba bajo custodia de la policía política. No podíamos enviar nuestro artículo de todos los miércoles para El Nacional, sin ofrecer unas palabras a su memoria junto al pésame a sus familiares y amigos, y más aún por el hecho que su martirio por la democracia debe interpelarnos y mover nuestros corazones para lograr la UNIDAD. Su sacrificio no los exige. No puedo dejar de recordar cómo en la anterior dictadura (la del general Marcos Pérez Jiménez (1950-58)) los sufrimientos compartidos por los opositores llevaron a abandonar las diferencias; y especialmente el fallecimiento – aunque en circunstancias muy distintas – de un dirigente de Acción Democrática en el exilio: el poeta Andrés Eloy Blanco, permitió finalmente que las diferencias entre el partido socialcristiano COPEI y el socialdemócrata AD fueran dejadas de lado y se iniciara el tan anhelado acuerdo de fines y acciones que permitiría la transición.

¿Qué hay que hacer para lograr la tan anhelada transición a la democracia? No hay una fórmula exacta y perfecta, pero – como dijimos - son muchos los que vienen ofreciendo ideas. Por solo citar uno de ellos está el director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB): Benigno Alarcón (28-VIII y 18-IX-2018, “¿Cómo producir una transición democrática en Venezuela? (I y II)”); quien ha señalado que se requiere la movilización de la población con estrategias y objetivos claramente definidos. Y esto no se puede lograr sin la UNIDAD, porque las movilizaciones más exitosas – agrega el autor - son las no violentas organizadas y ejecutadas bajo un solo liderazgo y plan sistemático; coordinadas con la presión internacional; sin propuestas de venganza sobre los actuales gobernantes de modo que no vean la transición como su muerte y por ello estén abiertos a la negociación; con un plan de gobernabilidad durante la transición que establezca las reformas institucionales necesarias para ello; y que se prepararen para una elección presidencial. En su segunda entrega propone la realización de una elección de los líderes de la UNIDAD.

Al estar en sintonía con las propuestas del profesor Alarcón, nosotros planteamos la firma de un pacto que establezca fines (programa mínimo común de transición) y medios entre toda la oposición, la cual no solo establezca un programa de transición sino que cree los métodos para tomar decisiones y designe los líderes para la misma. Dicho pacto debe ser refrendado en comicios por la población, y sus métodos deben establecer las formas de consulta más rápidos posibles, de forma que se pueda combinar democracia y eficiencia en la lucha. Si el régimen ha eliminado las elecciones limpias ¿por qué no hacerlas nosotros para lograr dicha alianza, decidir ante grandes dilemas (votar o no, negociar, etc.) y desarrollar sufragios internos en los partidos para renovar su dirigencia? No podemos seguir en este estado de paralización y desesperanza. Hay que renovar la confianza de las mayorías con los partidos democráticos. Entre los medios de acción debe crearse un organismo que permita el permanente contacto con la comunidad internacional, con las potencias que no han demostrado su disposición a lograr la transición. No se puede actuar aisladamente. En lo que respecta al liderazgo podríamos plantear la famosa fórmula del “gabinete en la sombra” (en lo que cabe) con lo que tendríamos un dirigente especializado en cada área y que le haga un permanente seguimiento y feroz oposición a toda acción del régimen, con claras propuestas de solución sustentada en el referido pacto.

Muchos pensarán que no tenemos tiempo para ello, que la elaboración de un pacto de este tipo junto a las respectivas elecciones que tanto refrenden éste acuerdo como elijan a nuestros líderes, es algo engorroso y lento. ¡¿Cuánto tiempo llevamos sin hacer nada?! Todo el tiempo que depositemos en esta noble tarea no será en vano. Si no estamos haciendo nada y sigue pasando el tiempo generando la destrucción del país, ocupar los días en ello es lo mejor que se puede hacer. No estaremos paralizados. Será sin duda el mejor homenaje que se le pueda hacer a todas las víctimas de la oligarquía chavista, y en especial a Fernando Albán.

Nota de duelo: sentido pésame muy especialmente a sus familiares y a nuestro amigo común: Mario Guillermo Massone. 

domingo, octubre 07, 2018

Breve entrevista al novel historiador venezolano (24): Néstor Rojas López (y III)


(Última parte)

12. ¿Para qué sirve la historia? ¿Tiene futuro el estudio de la historia en general y en Venezuela?

Apelando a su anfibología clásica, la respuesta puede variar según la definición precisa que manejemos en torno al término historia, ya sea como materia, como conocimiento o como tradición. Sin embargo trataré de dar una respuesta que encierre en conjunto estas variantes.

La historia puede servir casi para cualquier cosa, ya sea para ensanchar el ego de quién la escribe, para formar ciudadanos patriotas, para adular el poder o para defenestrarlo, para proyectar el destino colectivo de una nación, para aniquilar a otros pueblos, para avivar resentimientos sociales, etc., y para toda la gama de usos y abusos de la historia –usando el término de la historiadora estadounidense Margaret McMillan-, que están íntimamente vinculados con la intencionalidad histórica.  La historia es la mirada contemporánea con que las sociedades juzgan y valoran lo que consideran es su pasado, su procedencia. Es una mirada en permanente transformación que se construye sobre la base de un punto de transversalidad entre las memorias colectivas, la historia propiamente como devenir y el conocimiento histórico producido y divulgado, sea cual se la índole de su origen. Creo con Pierre Vilar que la historia debe ayudarnos a comprender el pasado para conocer el presente, debe servir para propiciar la habilidad de pensarnos históricamente, someter a reflexión y análisis crítico todo el cúmulo de información que nos llega vía medios de comunicación e información; la historia, nos dice McMillan, debe ayudar a formarse una idea del mundo en el que vivimos. Debe servir también para hacer visibles las múltiples memorias colectivas que forman parte de una sociedad, el rescate de la amplia gama de identidades que se han visto opacadas en la historiografía por la hegemonía de agentes históricos tradicionales, creo que esa consideración redundaría en beneficio de la convivencia, el respeto y la tolerancia, valores que desterramos del siglo XXI. El futuro de la historia, como disciplina va a depender en buena medida de ese giro epistémico que ya se ha venido dando en otros contextos historiográficos, pero en Venezuela aún debemos dar pasos agigantados en redimensionar el enfoque epistemológico y la proyección social desde la cual escuelas de historia y postgrados forman las nuevas generaciones de historiadores.
  
13. Si cree que existe la venezolanidad o la identidad venezolana ¿cómo la definiría? ¿La historia de Venezuela ha sido un fracaso? ¿Qué piensa de nuestro presente?

La venezolanidad es una de las más grandes imposturas sobre las que se cimentó la edificación del Estado Nación. No en vano uno de los debates más encarnizados del siglo XIX y parte del siglo XX fue precisamente el centralismo y el federalismo; de un país archipiélago –como lo plantea el historiador Elias Pino Iturrieta- se intentó fabricar una pieza monolítica muy mal amarrada con símbolos de papel. De ahí arranca nuestro nacimiento como nación, que no fue de parto natural sino cesárea, imponiendo la denominación de una sola provincia al resto de lo que a partir de 1811 pretendía ser un solo país. Los esfuerzos del Estado moderno en Venezuela por homogeneizar culturalmente al país han sido descomunales, la escuela ha jugado un papel de suma importancia en esa tarea, aunque con unos resultados deleznables, puesto que no pasa de un vacuo  patrioterismo folklórico.

Muchos podrían pensar que la expresión de la venezolanidad la encontramos en la arepa, en la vinotinto, en el tricolor, etc., pero eso lo que indica más bien es que nuestra identidad nacional es bastante pobre y trivial; y por estos días de diásporas, la expresión de la venezolanidad que hemos dejado ver en otras latitudes no es precisamente como para sentirnos orgullosos. Pero si hay algún rasgo que nos caracteriza y le da sentido a algo que pudiera llamarse venezolanidad, es que somos producto del disimulo, tal como lo planteaba la lúcida genialidad de José Ignacio Cabrujas en El Estado del Disimulo. “No importa que no seamos, lo importante es aparentar que somos” y esto ha sido el terreno ideal para el florecimiento de la viveza, la impostura, la pereza, la vulgaridad y la falta de compromiso en todos los ordenes y niveles de nuestra vida social, e individual puede que también. Creo que gran parte de las crisis que experimenta nuestra sociedad hoy se deriva de una profunda crisis espiritual –y no es un asunto exclusivo de religiones- así como de identidad y de proyecciones: hablo de un fracaso compartido en el que llevamos 207 años y al que no hemos querido mirar a la cara, el petróleo sirvió por muchos años para ocultar ese fracaso y hoy, sin las bondades del maquillaje y la parafernalia, cuesta mirarnos al espejo sin que ello nos acarree un colapso psicológico. El presente es un buen momento para enmendar y corregir el curso.

14. Recomiéndeme más de 2 historiadores noveles y/o jóvenes que deberíamos entrevistar (no olvide darme sus emails, estos no se harán públicos)

Elizabet Manjarres  
Norbert Molina
Frank Arellano  

15. Ahora invente una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

A la luz de la actual situación en Venezuela ¿cuál cree que debería ser el papel del Historiador?

Hoy más que nunca muchos sectores sociales del país intentan desesperadamente buscar respuestas a la lamentable situación que nos aqueja, y como quien se vuelve a la papelera en busca de un papel que no debió tirar, ha puesto su atención, no tanto en la historia, pero sí en el historiador. En lo particular me ha correspondido experimentarlo, en las colas, en reuniones familiares, en el trabajo, etc., lugares en los que mucha gente espera que los historiadores, cual oráculos de esta infortunada hora,  aportemos predicciones esperanzadoras sobre el futuro próximo del país.  ¡Vaya responsabilidad! Son, podríamos decirlo, los “diez minutos de gloria” de esta profesión. Mucho historiador lo sabe, y hay quienes perfectamente han asumido la farándula política e intelectual como vía para capitalizar prestigios en medio de este río revuelto. Digamos que eso no deja de ser comprensible, pero la tarea urgente que se exige del historiador –además de la foto en el instagram, twiter y facebook- es la sensibilidad pedagógica y la ocupación de espacios desde los cuáles acercar el conocimiento histórico a grupos socialmente marginados y cuya expresión más palpable de su pobreza es la ignorancia, generar espacios desde los cuáles enseñar a pensar históricamente, a propiciar una conciencia histórica y una generación de lectores autónomos a los que no vuelva a hipnotizar ningún estrafalario embaucador.   

16. Puede hacerle una pregunta al entrevistador si lo desea.

¿Cuál es el estado de la crítica en la producción historiográfica venezolana? ¿Cree que actualmente se está haciendo crítica?

Respuesta de Profeballa: no es un tema al cual me haya dedicado a investigar profusamente, de manera que considero que podría errar en mi respuesta. Considero que nos leemos pocos entre los colegas historiadores, de manera que la crítica es escasa. En todo caso, nuestras revistas siguen publicando reseñas sobre nuestra producción historiográfica y en los seminarios nos escuchamos. En todo caso, repito, es poco. 

 ¡Muchas gracias por su tiempo!

Mi agradecimiento a usted, por permitirme la oportunidad de participar en esta interesante iniciativa que adelanta. Fue un verdadero placer.  

 Listado de Publicaciones:

“Tan ricos como tan pobres. La élite encomendera merideña frente a la Visita de Alonso Vázquez de Cisneros a Mérida 1619-1620”, en Presente y Pasado. Revista de Historia, 33 (Enero-junio, 2012), pp. 45-66.

“Con mano poderosa y a título de cabildo. La élite encomendera merideña frente a la Visita de Alonso Vázquez de Cisneros (1619-1620)”, en Nuestro Sur, 6 (año 4, enero-junio, 2013), pp. 9-19.

“Buen cristiano, temeroso de Dios y de su conciencia. La religiosidad en el sistema de valores de la élite encomendera merideña 1619-1620”, en Anuario GRHIAL, 7 (Mérida, enero-diciembre, 2013), pp. 69-98.

“El derecho de lanzas de la élite encomendera merideña (1619-1620)”,  en Tiempo y Espacio, 62 (julio-diciembre, 2014), pp. 173-185.

José Manuel “Chema” Saher: un acercamiento al imaginario político de la Lucha Armada en Venezuela”, En  Nuestro Sur, 10 (mayo-agosto 2016), 87-114.

sábado, octubre 06, 2018

Breve entrevista al novel historiador venezolano (24): Néstor Rojas López (II)


(Segunda parte)

6. En torno a los debates historiográficos y/o históricos: ¿Cuáles han atrapado su atención y/o cuáles ha estudiado?¿Cuál es su posición ante ellos?

Por la adscripción temática de mi línea de investigación, siempre me ha interesado el debate histórico-historiográfico de la leyenda negra del periodo colonial hispanoamericano, esa que la historiografía patria y romántica se encargó de construir para justificar la hazaña fundacional de la emancipación. Al respecto los historiadores positivistas venezolanos y subsecuentemente el neopositivismo revisionista dieron un giro importante al ser los primeros en reivindicar críticamente del periodo colonial como parte íntegra de nuestra cultura. La leyenda negra sabemos constituye una percepción maniquea y limitada de nuestro pasado que, si bien en el debate académico del campo historiográfico puede que haya quedado zanjada, sigue siendo la versión oficial con la cual se enseña historia a nuestros niños y jóvenes en las aulas de clases; algunas veces por el lineamiento oficial del Estado-Docente en esta materia, pero en su generalidad por el influjo de una práctica excesivamente artesanal de la enseñanza de la historia ajustada a una memoria colectiva totalmente distorsionada por la Historia Oficial. A pesar de que muchos laboran –laboramos- allí, el aula de clases –en educación básica y media- sigue siendo territorio perdido para el historiador profesional venezolano, porque no hemos sabido asirnos a las herramientas didácticas que nos permitan acercar a los niños y jóvenes a los grandes avances historiográficos de nuestras universidades y centros de investigación. En pleno siglo XXI, la conciencia histórica del venezolano sigue anclada al siglo XIX, eso convierte a la Historia Oficial en un paradigma penosamente dominante, y ese es el debate –entre otros- que deberíamos estar dando en este momento los historiadores venezolanos, partiendo de la pregunta: ¿para qué y para quién escribimos historia?.

 7. ¿Cuál fue su primer escrito como historiador o cuál fue el que más le gustó? ¿Cuáles son sus ritos cuando se dedica a escribir sobre historia?

Uno de los primeros trabajos que escribí fue sobre José Manuel “Chema” Saher, el joven guerrillero falconiano que entre 1962 y 1967 perteneció al movimiento subversivo venezolano de los años 60. Fue básicamente producto del seminario sobre la Lucha Armada en Venezuela dictado por el Prof. Isaac López, que tras varias reconsideraciones teóricas terminó publicándose bajo el título de “José Manuel “Chema” Saher: un acercamiento al Imaginario Político de la Lucha Armada en Venezuela”. En el estudio se intenta aportar una visión crítica acerca del manejo que se dio –y se sigue dando- a la figura de este personaje, así como rastrear la construcción de las representaciones e imaginarios en torno a la mitificación del héroe, sobre todo tomando en cuenta que se trataba del  hijo de uno de los miembros más emblemáticos del partido Acción Democrática y Gobernador del Estado Falcón en aquella época, Don Pablo Saher. Es un trabajo sobre el que me siento bastante satisfecho.

En realidad, por cuestiones de indisciplina, soy poco dado a seguir ritos precisos, pero sí poseo la manía de ingerir mucho café mientras escribo, ya sea de historia, o de cualquier otra cosa; y si el café se acompaña con pan o arepas de trigo mejor aún, es lo que los andinos –no sé si en otras partes del país también- llamamos el puntal.

8. ¿Qué tiempo diario o semanal le dedica a la historia? ¿Qué está leyendo en este momento?

Siempre que puedo. En un país donde reina la incertidumbre, el tiempo –que ya es relativo- se presenta azaroso. La mayor parte del tiempo del día hay que dedicarlo a la supervivencia elemental y el resto es tiempo robado que se invierte al estudio, la lectura y la escritura; esto ha limitado dramáticamente mi producción científica en los últimos tres o cuatros años (imagino que es la situación de muchos). Procuro llevar conmigo siempre algún libro que esté trabajando, nunca se sabe si en la cola del efectivo o en la del pan nace una buena línea de investigación. A esto hay que sumarle que dependo en buena medida de la lectura de versiones electrónicas y la fluidez del servicio eléctrico comporta una seria dificultad al respecto. De allí se desprende que mis lecturas en este momento sean muy dispersas y desordenadas, simultáneamente estoy leyendo Historia de los Venezolanos en el siglo XX de Manuel Caballero, El desarrollo de la noción de tiempo en el niño de Jean Piaget, Historia de la Geografía de Venezuela siglos XV-XX de Pedro Cunill Grau y releyendo Historias de Cronopios y de Famas de Julio Cortázar, la literatura –especialmente cuando se trata de García Márquez o Cortázar- me ayuda a darle fluidez al discurso histórico y me permite recordar que la historia  no debe abandonar su esencia narrativa. 

 9. Además de la Historia, ¿tiene otros gustos, placeres o vicios?

Si me permite, responderé con Joaquín Sabina:
“Ni ángel con alas negras
Ni profeta del vicio (…)
Ni escondo la pasión
Ni la perfumo
Ni he quemado mis naves
Ni sé pedir perdón (…)
Lo niego todo…”                      

10. ¿Cómo es su relación con las redes sociales e internet en general? ¿En qué puede ayudar el internet a la historiografía? (si tiene twitter nos gustaría conocerlo y divulgarlo si le parece).

Sin internet buena parte de mi trabajo como docente o historiador no sería posible, me permite acceder a biblio-hemerografía y fuentes documentales con escasa inversión de tiempo, y me posibilita el privilegio de estar al día con lo que se produce en materia historiográfica en otras partes ahora mismo. Además, es un hecho que sin esa herramienta tan poderosa, toda la producción científica venezolana hubiese terminado de desaparecer hace años ante las dificultades y costos de impresión en físico. Pero también puede que esa maravilla propicie tal inundación de información y recursos que a estas generaciones, como la mía, les sea difícil concretar y concentrar la mirada en una sola cosa por el tiempo suficiente como para hallar lo sustancial. Es uno de los riesgos de vivir la modernidad líquida de la que nos advirtió Zygmunt Bauman. Las redes sociales son otra maravilla del siglo, un microclima social digno de estudio; me resulta una buena opción de interacción cultural y académica. Pero debemos preguntarnos sobre los espacios sociales que hemos abandonado al recluirnos en la pantalla y el monitor. En este momento tan nefasto, por ejemplo, ¿dónde está la clase política e intelectual del país (si es que existe)? En las redes sociales, plataforma desde donde atacar al poder siempre es más “chévere”.   
Por supuesto. Mi twiter es: @NestorRoxas4

11. ¿Cómo sobrevive (en lo económico, en lo profesional y en lo espiritual) siendo historiador? ¿Se puede ser historiador en Venezuela?

De hecho, se es historiador en este país, el problema es a qué costo y con cuánta dignidad. Soy historiador en Venezuela, y en lo económico no es precisamente la profesión que me ha brindado la posibilidad de sobrevivir; la docencia por otro lado me proporciona una remuneración con la cual puedo sobrellevar a medias los requerimientos básicos de la subsistencia, de tal modo que debo complementar mi profesión de historiador con la vocación docente. Resulta cada vez más cuesta arriba, pero es también un asunto de elecciones: sigo eligiendo ser historiador y sigo eligiendo hacerlo en Venezuela, y eso es tal vez una apuesta a lo incierto, no sé sí el porvenir me lo recompensará o me pasará factura. Pese a las serias limitaciones económicas, en lo espiritual experimento la serenidad que propia de aquellos que hacen lo que aman, me desempeño en actividades para las que llevo años formándome y en las que encuentro la grata sensación de estar realizando la vocación que intuía hace unos veinte años atrás. Otro elemento crucial al respecto es mi familia, son el soporte espiritual que me mantiene a flote en medio de esta tribulación, ver crecer a Sara (mi hija) es el impulso más fuerte que me empuja a sobrevivir.  

(Mañana finaliza)

viernes, octubre 05, 2018

Breve entrevista al novel historiador venezolano (24): Néstor Rojas López (I)





2. Breve resumen (datos precisos porque luego se ampliarán estos temas) de su vida como historiador: (ciudad de nacimiento, año), ciudad donde vive actualmente, donde hizo el pregrado y postgrado, ¿docencia?, investigación, ponencias, publicaciones EN GENERAL.

Nací en la ciudad de Mérida en 1987, mi actual lugar de residencia. Egresé en 2011 de la Escuela de Historia de la Universidad de los Andes y en este momento me encuentro adelantando estudios de posgrado en la Maestría en Historia de Venezuela de esta misma casa de estudios. Al mismo tiempo soy  tesista del  Programa de Profesionalización Docente (PPD-ULA) para optar al título de Licenciado en Educación mención Ciencias Sociales, y participante del programa de generación de relevo PLAN-II por el área de Geografía Histórica en la Facultad de Humanidades y Educación (ULA). Investigador Nivel A (2015) del Programa de Promoción al Investigador (CDCHTA-ULA) y autor de publicaciones enmarcadas en líneas de investigación sobre problemas socio-históricos del siglo XVII y siglo XX. Actualmente me desempeño como docente de Educación Media General en el área de Geografía, Historia y Ciudadanía.

3. ¿Cuándo y cómo nació su vocación como historiador?

Ciertamente, en mi caso constituye una vocación. Me nació en algún momento de mi temprana adolescencia en el permanente contacto familiar, sobretodo a través de mi padre, con los temas de índole política que fermentaban la vida del país a finales del siglo pasado. Este vínculo, y mi consecuente interés en darle sentido a toda aquella información a través de la lectura, fueron generando en mí un creciente acercamiento a la noción de tiempo histórico, a la formulación de una conciencia histórica individual y colectiva, y a la proyección de esta sobre la base de una percepción política de destino colectivo; percibía vagamente que algo andaba muy mal con nuestra sociedad y que posiblemente muchas de las respuestas las podía encontrar en la historia: aprendía pues, a pensar históricamente. Aunque en aquel momento no lo concebía con precisión vocacional, intuía que mi destino profesional podía estar ligado a alguna carrera de corte humanístico, pero contradictoriamente, al mismo tiempo tenía serias intenciones de dedicarme a la vida militar, ambición que afortunadamente se vio truncada a tiempo.
  
4. ¿Qué lectura, persona, película-serie o viaje fortaleció dicha vocación? ¿Fue “discípulo” de algún historiador? ¿Cuál es su historiador preferido y por qué? ¿Qué libro de Historia recomienda y por qué?

Las lecturas sobre las cuales se cimentó tempranamente mi acercamiento a la historia fueron los documentos de Simón Bolívar, me resultaba atractiva la elegante retórica de su discurso aunado a lo admirable de su biografía; posteriormente, pasar por la Escuela de Historia implicó un proceso de maduración de esas lecturas, fundamentalmente hacia la desmitificación de eso que suelen llamar el “pensamiento bolivariano”; sigo leyendo a Bolívar, siempre vale la pena hacerlo, además forma parte de mi trabajo en el ámbito de la docencia a través de la cual intento enseñar desde la duda y el pensamiento crítico; es preciso leer y releernos críticamente como sociedad en el mito fundacional bolivariano, que ya no es ni siquiera aquella incólume esfinge de bronce de nuestra religión civil, sino una triste figurilla de cartón, el adjetivo de nuestro actual fracaso colectivo.  

Por otro lado, nunca he tenido vocación de discípulo, sobre todo porque, afortunadamente, los profesores con los que ha estado vinculado mi trabajo académico han tenido el pudor de no caer en la falsa pretensión de ser maestros, y eso, en un ambiente como el de la academia donde muchos pugnan por ser “maestros”, es admirable. Sin embargo, reconozco en el historiador falconiano Isaac López, profesor de la Escuela de Historia de la ULA, prolífico escritor y extraordinario amigo, haber sido la persona que afianzó mi vocación por esta profesión: a la altura del cuarto semestre, sus clases fueron verdaderas terapias de choque a través de las cuales nos veíamos obligados a cuestionar ideas y planteamientos que dábamos por sentados y a mirarnos en el espejo de un oficio de apostolado que requiere cada vez más seriedad, rigurosidad, compromiso y honestidad.

No podría decir que tengo un historiador preferido, sino muchos, pero si me dan a elegir posiblemente me quedo con Laureano Vallenilla Lanz: la teoría de la historia que postula el trabajo de este historiador venezolano –opacada muchas veces de forma anacrónica por nuestra percepción contemporánea de su opción política- representa una de las apuestas más interesantes de su época a la lectura sociológica de nuestra historia y pese a todas las críticas que podamos hacerle en el plano epistemológico al  positivismo, su obra sigue impregnada de una enorme actualidad; Cesarismo Democrático es una lectura que bien vale recomendar por estos días. 
  
 5. ¿Cuáles son sus líneas de investigación y por qué? ¿Cuál escuela historiográfica sigue y por qué? ¿En qué proyectos sobre historia está ahora?

 Desde hace al menos ocho años he venido consolidando mi trabajo en el campo de la historia dentro de la línea de investigación de la Historia Colonial, específicamente en lo tocante a la institución de la Encomienda y las Visitas que la Audiencia de Santa Fe envió a Mérida durante los siglos XVI y XVII. Desde mi óptica de andino y de historiador, creo que esta etapa de conformación y  consolidación de la sociedad colonial merideña puede encerrar muchas de las claves que definen nuestra fisonomía cultural en el amplio sentido del término; además, el Auto de Visita, que representa la fuente documental por excelencia de mi línea de investigación, es una veta prácticamente inexplorada de información histórica y etnográfica que va más allá del simple encargo institucional y se adentra en los aspectos más recónditos de la sociedad y la cultura colonial.

Hoy es difícil adscribirse tajantemente a una escuela historiográfica, puesto que las fronteras que hasta hace veinte o treinta años resguardaban celosamente parcelas de investigación, se desdibujan ante la tendencia cada vez mayor hacia la interdisciplinariedad; en ese sentido, sin caer en un radical eclecticismo, trato de apoyar teórica y metodológicamente mi trabajo en el marco de bandas flexibles que me permitan echar mano de herramientas conceptuales con las cuales pueda dar cuenta, lo más ampliamente posible, de la línea temática que me propongo estudiar; en ese sentido, una de las tendencias que hasta el momento me ha brindado esa posibilidad es la Historia Cultural, por la mirada de amplio espectro que me permite darle a distintas realidades dentro de un mismo contexto.

En torno a esa línea de investigación, adelanto ahora mismo un proyecto de investigación sobre las prácticas y representaciones sociales del espacio geográfico en la Mérida de los siglos XVI y XVII a partir del estudio de la Visita, trabajo que llevo a cabo bajo la tutoría de dos excelentes historiadores como lo son el Prof. Claudio Briceño y la Prof. Yuleida Artigas  dentro del marco de lo que proyecto como mi tesis de maestría y el Plan de Formación de Generación de Relevo al cual estoy adscrito. Por otra parte, como historiador-docente, también incursiono, desde hace escasamente tres años, en el campo investigativo de la Didáctica de la Historia, bajo la asesoría tutorial de, otro excelente historiador, el Prof. Rafael Cuevas,  puntualmente en los aspectos cognitivos involucrados en el aprendizaje de la historia y las habilidades intelectuales requeridas para ello.

(Continúa mañana). 

miércoles, octubre 03, 2018

Alicia Álamo Bartolomé. Venezolanos que construyen en silencio (II)


Alicia Álamo Bartolomé

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional y Pluma

A la profesora Alicia Álamo la conocí en la quinta “Jocelín” (La Floresta, Caracas), donde en la segunda mitad de la década de los noventa se venían preparando todos los trámites y programas para lograr la fundación de la Universidad Monteávila (UMA). Me transmitió una gran alegría, y desde ese entonces mi admiración y cariño hacia su persona no ha dejado de crecer. Hemos mantenido una buena amistad e incluso he tomado varios cursos trimestrales que ha dictado en la UMA. Siempre he admirado su trato afable y su capacidad de decir grandes verdades con las palabras más sencillas.

Hace más de cinco años aproximadamente le hice una larga entrevista biográfica que necesitó varios días para su realización, y la misma la actualicé en mayo de éste año con las 4 preguntas que realizo para mi proyecto: “semblanzas”, sobre personas que considero han dejado un importante legado pero que no son tan conocidas como merecen. La primera pregunta es precisamente: ¿cuál cree que ha sido su legado? Al principio la profesora dijo entre risas: “¿dejar un legado yo? ¿a quién?”, pero después con serenidad y certeza afirmó: “mi optimismo, porque yo siempre estoy transmitiendo ánimos y esperanzas, en especial en estos tiempos que vivimos en Venezuela”. Para después agregar que si se siente decaída lo disimula. “El pesimista retrae y para el cristiano: ¡es un absurdo que no tenga esperanzas porque Dios es nuestra meta!” Pero también, “en estos últimos años sería mi prédica con los ancianos, en el sentido que no debemos ser tan fastidiosos, y aceptar la ayuda de los jóvenes”. Para ampliar en esto último les recomiendo su artículo “Educar para envejecer” que salió en Pluma el 14-II-2018.

El legado que dejamos es de algún modo el legado de los que admiramos especialmente en nuestra niñez y juventud. Es por ello que al hablar de su padre: Antonio Álamo Dávila (1873-1953), podemos percibir un cariño profundo por su persona, que nos traslada a los tiempos del gomecismo en Venezuela (1908-1935), con su visión de país centrada en aquel famoso lema: “Unión, paz y trabajo”. Nos recordó que fue Ministro de Fomento (1922-29) y gobernador de los estados: Sucre (1929-31) y Bolívar (1933-35), resaltando su carácter “pacífico y conciliador” pero creyente en los gobiernos fuertes. Al hablar de su madre: Iginia Bartolomé de Álamo (1893-1991) señala que era “una mujer de avanzada”, que la animó a estudiar para ser independiente. Y su maestra en Costa Rica (donde vivieron exiliados del 36 al 41): María Teresa Obregón de Dengo, que estimuló en ella las buenas lecturas y desarrollar su don para el dibujo, que más adelante la llevaría a estudiar arquitectura en la Universidad Central de Venezuela (UCV). 

En lo que respecta a su vocación, es imposible reducirla a una sola, y nos admiramos ante todo lo que ha hecho y vivido. Damos gracias a Dios por su generosidad, y por esa vitalidad en todo lo que emprendió. “!Claro, son 92 años!”, nos diría con humildad. En lo que respecta a su vocación profesional, la primera de ellas fue la arquitectura, siendo de la segunda promoción de arquitectos del país; lo que le permitió trabajar en la Dirección Nacional de Urbanismo y en la Fundación de la Vivienda Popular. Participó en diversos proyectos: el trazado de la avenida Libertador de Caracas, el desarrollo urbano en torno la electrificación del Caroní, la urbanización “La Fundación” en Valencia y otras de la FVP. Su segunda carrera fue Comunicación Social, también en la UCV, por la década de los 60 del siglo pasado, la cual la disfrutó muchísimo porque la misma la llevó a conocer un gran universo de conocimientos. Desde graduada siempre ha mantenido una columna en algún periódico. Al mismo tiempo, asumía la responsabilidad de oponerse inteligentemente a las tendencias marxistas que dominaban en el ámbito del periodismo.

Su vocación al teatro comenzó desde niña, a los once años fueron sus primeros papeles; en los años 60, entraría al teatro profesional, hasta empezar, más adelante, a escribir obras que han sido montados como: “América y yo”, “Juan de la noche”, “8 en un mismo tren”, “Después de la consulta”, “Pioneras”, entre otras. En lo relativo a su espiritualidad, nace de la mano de su madre y, especialmente, al recibir clases para hacer su primera comunión en San José de Costa Rica, pero pidió que no fuera un solo año, sino continuar éstas. Después entró a la Acción Católica, donde tenía reuniones semanales de formación y retiros anuales de gran profundidad doctrinal. Entre otras actividades, estuvo la de formar parte del comité organizador del  Congreso Eucarístico de Caracas en 1956. Allí conocerá el Opus Dei, para convertirse en una de las primeras vocaciones de la rama femenina en el país.

Ejerció pocos años la docencia en la UCV y más adelante tendría cargos relativos a la promoción cultural: Directora de Cultura de la Universidad Metroplitana y de Extensión Universitaria de la Simón Bolívar. Durante el gobierno de Luis Herrera Campins (1979-1984), fue Directora General de Cultura de la Gobernación del D.F. y Presidente del Consejo Ejcutivo de FUNDARTE. En las últimas décadas se dedicó al proyecto y ejecución de la Universidad Monteávila, donde ha sido decano fundador de la Facultad de Ciencas de la Comuncación e Información, profesora de Oratoria, Teatro y nunca ha dejado de dictar cursos trimestrales para profesores y adultos, ligados a la escritura y al teatro. Por eso, una vez a la semana, como mínimo, la vemos transitar incansable por sus aulas. Según sus palabras, en lo que respecta a lo académico, siempre ha estado en labores de fundación institucional.

La última pregunta se refiere a los hechos de la historia de Venezuela que vivió y le generaron un impacto en su forma de entender la realidad, en especial la nacional. Su respuesta fue rápida: “yo conocí al General Gómez”. Fue en el Paraíso (Caracas), donde las cuidadoras llevaban a los niños a la Plaza Petión (en la avenida Páez a la altura del Pedagógico), y ella tendría 3 o 4 años, aproximadamente, cuando pasó el Presidente con su séquito y se detuvo, le dio un fuerte (moneda de 5 bolívares) a las “nanas” y alguien le dijo que la niña era la hija del Doctor Álamo, y el general le puso la mano en la cabeza. Después lo vería en otras ocasiones como en el hipódromo y en los toros. “Era muy inteligente, no se metía en los aspectos técnicos del gobierno, conocía a las personas y sabía gobernar”. El gomecismo había logrado superar un mal arraigado en nuestra historia: las guerras intestinas. Su dictadura había establecido la paz, pagado las deudas e iniciado un tiempo de trabajo y orden. Para las más recientes generaciones de venezolanos, Gómez es algo muy lejano, y mucho más los problemas a los que se enfrentó. El testimonio de una persona que pudo conocerlo, que hereda la experiencia de su padre, y que además ha recorrido nuestro siglo XX; debe ser tomado en cuenta ante la coyuntura que padecemos, es por ello que termina diciéndonos palabras más palabras menos: Venezuela se va a reponer del nuevo mal al que nos enfrentamos, “no sé si lo veré, pero estoy convencida de ello”. ¡Gracias profesora por su labor fundacional en la UMA y en tantos otros espacios!

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