miércoles, julio 10, 2019

Reseña sobre Amos Oz, 2003, "Historia de amor y oscuridad" (nuestro artículo de los miércoles en "El Nacional")


Resultado de imagen para amos oz una historia de amor y oscuridadAmos Oz y el nacimiento del estado de Israel

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

En diciembre pasado falleció el escritor israelí premio Príncipe de Asturias (2007): Amos Oz (1939-2018). Por ello comencé a leer sus memorias (2003, Historia de amor y oscuridad) las cuales finalicé hace pocos días. Son extensas (700 páginas) y se pueden leer con interrupciones por su relativa ausencia de continuidad cronológica y estar basadas en los momentos anecdóticos que marcaron su vida. Desde el principio nos atraparon debido a la hermosa descripción que hace de su infancia rodeada de libros y de personas que aman la literatura y la lengua. Su padre trabajaba en una hemeroteca, no paraba de escribir pero nunca logró su sueño de ser profesor de una universidad, publicar sus obras y ser reconocido en los círculos intelectuales (“lo único abundante en casa eran los libros (…), mi padre tenía una relación sensual con los libros”). Pero también por la descripción que hace de las angustias, sueños y conflictos de las gentes sencillas al vivir el proceso de fundación del Estado de Israel a finales de la década de los cuarenta. Son las memorias de su niñez dejando unas pocas páginas (las últimas 150) para su adolescencia en el kibutz. Son las memorias de su formación tanto intelectual como emocional.

Es fascinante el relato que hace de cómo los judíos se fueron asentando en Palestina, en especial en Jerusalén, siendo el mejor ejemplo su gran familia. No es el caso de los que llegaron huyendo de los campos de exterminio nazi posterior a la Segunda Guerra Mundial sino los que escapaban de los progromos en el Imperio del Zar y de la amenaza comunista. La mayoría de ellos estaban imbuidos del credo político sionista que los había convencido de la posibilidad de crear un Estado judío en lo que había sido en la antigüedad el reino de Israel. Pero al llegar a esta tierra se demostró que no era lo que soñaron, y la nostalgia por su patria retornaba con fuerza en cada comentario. Esta realidad desde la perspectiva del historiador resaltaría el gran proceso de un pueblo unido en torno a la meta común de crear su Estado, pero desde el recuerdo de la infancia del escritor se muestra lo relativamente divididos que estaban y la duda permanente ante la posibilidad de lograr la gran meta. Fue inevitable pensar en nosotros los demócratas de la Venezuela presente, los cuales nos peleamos por cualquier decisión y ante cada fracaso caemos en la desesperanza.

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Poco a poco entre los israelitas se agregó; a las divisiones de las diversas ramas del judaísmo, los orígenes nacionales de los que provenían y las ideologías de izquierda y derecha; una separación entre las generaciones nacidas en Israel y los que venían de la diáspora. Los primeros eran considerados fuertes y puros, y los segundos contaminados de los defectos de otros pueblos. Amos era parte de los primeros, pero los segundos eran sus padres, tíos, abuelos, vecinos, una comunidad que le demostró la riqueza de la diversidad. Pero también estaban los árabes (que estaban siendo despojados de sus tierras por el avance israelita) y los británicos (que ejercían el protectorado de la zona e impedía el logro del sueño sionista), y a pesar de ello: “judíos y árabes amantes de la cultura se reunían con británicos amables e instruidos (…) donde se organizaban recitales, bailes, jornadas literarias, recepciones y refinadas charlas artísticas.”

Otra vivencia del autor que me hizo pensar en lo que hoy padecemos en Venezuela fue la perspectiva del común con sus conversaciones plagadas de rumores estrambóticos. Los judíos, ante la cercanía de la guerra no dejaban de pensar en que los progromos o el exterminio se  repetiría pero ahora en manos de los árabes. En medio de este gran terror generado por los rumores, pero también por claros atentados en su contra y la real amenaza de los países fronterizos que se plasmó en la primera guerra árabe-israelí; se da la famosa votación en la ONU a favor de la creación del Estado de Israel y el Palestino. Es inevitable emocionarnos al leer su vivencia en que la gente esperaba en la calle la decisión, escuchando o viendo los que tenían la radio o la TV encendida. Y nos llenamos de orgullo con las palabras: “Uno tras otro fueron leyendo los nombres de los últimos países de la lista (…), Reino Unido: abstención, URSS: sí, Uruguay: sí, Venezuela: sí, Yemén: en contra, Yugoslavia: abstención.” Nuestro país gobernado por la Generación del 28 apoyaba la causa justa de la creación del Estado de Israel. Al ser aceptada la propuesta nos dice: “la voz fue tragada por el clamor (...), mi padre y mi madre estaban abrazados, aferrados el uno al otro como dos niños perdidos en un bosque”. Y en medio de la algarabía de las gentes celebrando en la calle su padre le dijo: “Observa hijo mío, observa bien, por favor (…), porque esta noche no la olvidarás mientras vivas, y de esta noche le hablarás a tus hijos, a tus nietos y tus biznietos mucho tiempo después de que nosotros ya no estemos aquí.” ¿Será que los venezolanos muy pronto podremos decir esto a nuestros hijos pequeños cuando se acabe la tiranía y la democracia renazca?
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Un hecho que cambió su perspectiva del conflicto árabe-israelí fue el conocer al mítico líder de la Resistencia contra el protectorado británico: Menahem Begin (1913-1992) en un mitin. Él era un niño nacionalista-sionista que adoraba al líder, pero cuando lo conoció no era lo que esperaba de él. Y lo peor fue que por una confusión en el lenguaje se rio de algo dicho por éste, lo que le hizo sufrir una violenta reprimenda por parte de su abuelo que lo acompañaba. Este hecho, más el suicidio de su madre, lo terminaría de convencer en su adolescencia de entrar a un kibutz. Allí pasarían dos cosas que lo marcarían para toda la vida: primero el conocer a uno de sus fundadores: Efraim Avneri que le convencería del siguiente principio: “la fuerza es el opio de toda la humanidad (en especial de los poderosos)” y le haría ver que los árabes no eran “los asesinos” que todo israelita pensaba sino que estos estaban defendiéndose de los que habían invadido de alguna manera su tierra (lo que no quería decir que los israelitas no tenían que defenderse de ellos, porque también tenían “derecho a tener un país”); y segundo: el ir a estudiar literatura en la universidad debido a una proposición del kibutz. Esto último evidentemente también era consecuencia de su formación literaria familiar.

Una breve reseña no es capaz de condensar y describir esta gran obra, pero podemos concluir que en medio de la guerra y las penurias del momento fundacional israelita los libros fueron su refugio. Donde el niño fue formando y descubriendo su vocación literaria que le permitió expresar hermosamente la vida cotidiana, los sacrificios y las luchas de aquellos con los que creció. Me he quedado con muchas imágenes y emociones, y especialmente lo que me transmiten las siguientes palabras:

El olor de la gigantesca biblioteca del tío me acompañará durante toda mi vida: el aroma polvoriento y excitante de la secreta sabiduría, el olor de una vida de estudio muda y aislada, una misteriosa vida de monje, un silencio fantasmal que salía de las profundidades de los pozos del pensamiento y la sabiduría, el murmullo de las sílabas muertas, el susurro de las reflexiones secretas de autores desaparecidos, la caricia fría de antiguas autoridades.

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miércoles, julio 03, 2019

Centenario del Tratado de Versalles ¿tregua-causa de la Guerra Mundial? (mi artículo de los miércoles en "El Nacional")

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Centenario del Tratado de Versalles ¿tregua-causa de la Guerra Mundial?

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

El pasado viernes (28 de junio) se cumplieron 100 años de la firma del Tratado de Versalles. En Europa muy pocos lo recordaron, aunque el mismo tuvo una gran importancia histórica la cual fue rápidamente advertida por el mariscal francés Ferdinand Foch (1851-1929): «Este no es un tratado de paz, sino un armisticio de veinte años». La predicción fue asombrosamente exacta, por lo que seguramente la historiografía ha tendido a identificarlo como la principal causa o antecedente de la Segunda Guerra Mundial. ¿Fue realmente así o se ha exagerado al darle un gran papel a su sentido de “humillación”?

Una rápida revisión de cualquier manual de historia universal contemporánea muestra el Tratado como el primer antecedente de la Segunda Guerra. Muy probablemente fue A.J.P. Taylor (1961, Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial) el primero que a nivel historiográfico le dio tanta importancia, al resaltar la incapacidad del mismo para mantener la paz por establecer condiciones imposibles de cumplir para Alemania. Por citar solo un ejemplo: las indemnizaciones que se establecieron se terminaron de pagar en el 2010. Pero especialmente por ser una potencia emergente desde finales del siglo XIX que ya había superado industrialmente a Francia y se equiparaba con el Reino Unido a principios de 1900. Y en medio de todo ello: culpar totalmente a Alemania por la Gran Guerra, por no hablar de una Europa Central y del Este conformado por Estados altamente inestables debido a que fueron creados por los vencedores.
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Algunos hablan de “excusa” más que causa, pero los que afirman tal cosa parten de la misma premisa que es centrarse en el Tratado a la hora de comprender el origen de la siguiente gran guerra. Ambas perspectivas ven los argumentos de Hitler, en relación a la “humillación” que implicó para Alemania, como el gran problema. Es cierto que el Tratado construyó un débil equilibrio, incapaz de enfrentar las amenazas al mismo; pero más que las claras injusticias del Tratado y sus errores diplomáticos, el camino al desastre nació de las revoluciones comunista y fascista. Se puede decir que el Tratado fue el catalizador del avance de los dos grandes totalitarismos que inevitablemente terminarían enfrentándose.
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A partir de la revolución fascista (nazi) se impuso la idea de la “humillación” de Versalles. Era el obstáculo que impedía el resurgir nacional, pero no de ser ese habrían encontrado otro chivo expiatorio para su discurso de odio. Lo que sí fue cierto fue que el Tratado significó una tregua, un alto al fuego mientras se desarrollaban los factores nacidos en la Primera Guerra Mundial (el “espíritu de las trincheras” en palabras de Francois Furet) que permitieron el reinicio de las batallas por el dominio de Europa para: conservar el equilibrio establecido por Francia y el Reino Unido o el control del continente por Alemania o por dos potencias relativamente extrañas a la región: Estados Unidos y Rusia.

Resultado de imagen para rafael acosta arevaloNota de horror, solidaridad y denuncia: El país fue conmocionado el sábado 29 por la noticia del asesinato (según testimonios de su esposa y abogada) del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo. El hecho ocurrió después de ser secuestrado por el DGCIM el 22 de junio y al ser presentado el 28 de junio en tribunales estaba en silla de ruedas por las torturas recibidas según su testimonio y pedía "¡auxilio!". Desde acá le enviamos el pésame a sus familiares y a todos los miembros de las Fuerzas Armadas que todavía posean algo de dignidad. Me pregunto: ¿Queda alguna duda de gravedad de lo que estamos padeciendo? Ruego a Dios que nos infunda “un sublime aliento” para “lanzar el yugo”.

lunes, julio 01, 2019

Capitán de corbeta: Rafael Acosta Arévalo (encarcelado con salud el 22 de junio, el 28 de junio está en silla de ruedas por torturas y al día siguiente fallece)

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Corona de flores a las puertas de la sede de la Armada en San Bernardino (CAracas).

¿Será la muerte que cambie todo o un hecho que seguirá sumando para que algún día seamos libres?

QEPD. Pésame a su familia. No olvidemos a este nuevo mártir. 

miércoles, junio 26, 2019

¿Qué han aprendido los jóvenes en 20 años de chavismo? (mi artículo de los miércoles en "El Nacional")


Resultado de imagen para reloj ucv¿Qué han aprendido los jóvenes en 20 años de chavismo?

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

El régimen chavista (1999-2019) si de algo siempre careció fue del apoyo de las juventudes. Un buen ejemplo es su permanente derrota en las elecciones estudiantiles en la principal universidad del país: la Central de Venezuela (UCV). Y a pesar de su impresionante aparato propagandístico e ideologización de los niveles de educación preuniversitaria: la generación que solo ha conocido el chavismo en el poder los rechaza abrumadoramente. ¿Por qué? Imaginamos que por aquel principio universal y humano del natural repulsión hacia el mal, pero también por la socialización en valores democráticos realizada por sus padres y toda nuestra tradición de libertades, y claro está: la globalización. En este sentido hemos querido iniciar nuestro nuevo curso de historia de Venezuela explicando nuestro presente y a partir de allí buscar la cadena de hechos que lo generaron. Creo que es la mejor forma para interesar a los muchachos por la historia. Ella les servirá para comprender la realidad que hoy los oprime. Pero antes quisimos conocer su percepción del presente a través de una encuesta, la cual seguidamente le daremos los resultados junto a algunas conclusiones.  

La encuesta informal la realicé en la primera clase de Historia de Venezuela de los 2 de mis cursos de la principal universidad pública del país. Son 87 alumnos en total los que asistieron ese día a los cuales les consulté sobre cómo evaluaban estos 20 años de chavismo con las opciones de: muy buenos, buenos, más o menos, malo, pésimos. Ninguno lo consideró ni muy buenos ni buenos, solo 7 como más o menos, 20 como malos y 60 como pésimos. Es decir que menos del 10% podría ver algo relativamente positivo acompañado de lo malo. Pero lo que más me impresionó fueron sus respuestas ante las preguntas por las causas de estos 20 años y el aprendizaje de los mismos. Esta era la segunda pregunta y era libre pero pude clasificarlas y encontrar claras tendencias que se repetían.

En lo relativo a las causas la inmensa mayoría identifica a la ignorancia, la propaganda y el socialismo como los principales factores que hicieron posible la llegada al poder del chavismo y la realización de su programa. Algunos hablaron claramente del estatismo y el populismo, y de un líder carismático que los sedujo. Es decir, hay una percepción de engaño por parte de una ideología. La gente creyó en las palabras y promesas de Hugo Chávez (1954-2012) y al final el país no logró “el gobierno que brindara la mayor suma de felicidad posible al pueblo” sino a una pequeña camarilla.  Al señalar la ignorancia y ser estudiantes universitarios me sentí aliviado, porque era una importante muestra del valor que le dan a la formación para ser ciudadanos. En la tercer y última pregunta relacionada a los aprendizajes generados por la experiencia de lo vivido en estas dos décadas, prevaleció por encima de cualquier otra respuesta que “el socialismo no sirve”, que a la hora de votar se debe hacer con consciencia y a valorar el trabajo y la austeridad (“ahorrar para sobrevivir”). Por ninguna parte aparecieron los argumentos que da la propaganda oficialista: sanciones, “guerra económica”, “el imperialismo yanqui” y “la burguesía apátrida”.

Si estos resultados son una verdadera muestra de lo que piensan la mayoría de los jóvenes, dudo mucho que el régimen pueda sostenerse por largo tiempo. El problema está en la organización. Las encuestas formales desde hace tiempo identifican un creciente rechazo al gobierno de Nicolás Maduro que hoy está entre el 80 y el 90%. De allí la negativa del régimen por hacer elecciones libres con supervisión internacional y un nuevo Consejo Nacional Electoral electo según lo que dicta la Constitución. Pero mientras esas grandes mayorías no estén organizadas y el chavismo tenga los instrumentos del poder, la transición se demorará. ¿Hasta cuándo puede durar esta situación con el creciente deterioro social? No lo sé y creo que nadie lo sabe, pero si la juventud mantiene esta claridad no parece que sea por mucho tiempo.


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