viernes, abril 04, 2014

El historiador Germán Carrera Damas es entrevistado por Macky Arenas



“Lo que me atrae y me fascina de la situación actual es que veo mujeres, cuyas madres votaron en 1946 por primera vez, levantarse sobre la base, no de un marido, no de un partido, para aspirar al ejercicio del poder en sus más altos niveles, sino apoyadas en su talento y del arrojo”.“Los pueblos no se mueven por ideas, sino por creencias”

El ABC de Germán Carrera Damas – Académico, Diplomático, Historiador

“Lo que me atrae y me fascina de la situación actual es que veo mujeres, cuyas madres votaron en 1946 por primera vez, levantarse sobre la base, no de un marido, no de un partido, para aspirar al ejercicio del poder
en sus más altos niveles, sino apoyadas en su talento y del arrojo”.
La democracia venezolana se consolida en el exilio, en la cárcel, en el martirio. Estamos en trance de superar la segunda gran crisis en la instauración de la sociedad democrática. La democracia es como la libertad: es o no es, opina el reconocido académico.

Macky Arenas

Una peligrosa inercia parece gobernar la cotidianidad en Venezuela. Son tiempos de ignominia, de fanatismos, de mentes polarizadas, de espíritus alzados y de sectarios entronizados. Estos son los momentos en que se necesita un historiador, para que desgrane esta mazorca civilizatoria que nunca ha salido –¡y qué suerte en días de escasez!- de la ruta del maíz.

Presentarlo es ocioso. Es un historiador de gran calado. Como los buques insignia, navega cómodo, sobrao en aguas turbulentas. Caer embobados cuando empieza a hablar es casi un acto reflejo. Hay que asimilar con humildad. Para ello se impone rescatar, aunque sea por un momento, la capacidad de asombro que hace rato perdimos.

—  Esto es un enredo de país. La gente busca una salida que cada vez se parece más a una encerrona…
—  Tú lo que quieres es que te explique lo que yo tampoco comprendo…jajajajajaja

—  Algo así…
— Pues te voy a decepcionar. Yo sí comprendo lo que está pasando.

—  A saber…
—  ¿Quieres un diagnóstico sencillo de lo que está pasando en Venezuela?

—  ¡Por favor!
—  Estamos en trance de superar –y lo estamos logrando- la segunda gran crisis en la instauración de una sociedad democrática.


—  ¿Segunda?
— Puede parecer extraño a las personas que no tienen presente el punto de partida en el caso de la sociedad venezolana y tampoco tienen conocimiento de lo que eso ha significado en otras sociedades, todas procedentes de una monarquía absoluta, como fue la nuestra, aunque se tradujera en una república autocrática pues más se parecía a una monarquía absoluta que a una genuina república.

—  Usted se refiere a…
—  A todos los gobiernos habidos desde 1830, cuando rompimos la República de Colombia y se formó el Estado de Venezuela –que así se llamó y luego República de Venezuela- hasta 1946, cuando se realizó la elección para la Asamblea Nacional Constituyente, la cual dio origen a la instauración de la república liberal democrática, marchando hacia convertirse en una sociedad democrática.

—  ¿En qué consistía?
—  Alternabilidad en el poder, separación de poderes, validación de la opinión pública, libre asociación de los intereses sociales, partidos, gremios y demás. Pero, sobre todo, expansión de los canales de movilidad social vertical, es decir, la educación y la economía en primer lugar. Este período, de unos 40 años, produce gran avance en la tarea de echar las bases de una sociedad democrática, algo que nadie sabía cómo hacer. De allí las incoherencias y dificultades, perfectamente normales.

“No conozco una democracia que haya sido establecida democráticamente”.
El advenimiento de la crisis

—  Pero el advenimiento de la “revolución” se justificó por el supuesto estropicio de esos años
—  Lo que la gente ve como irregularidades son, en realidad, los trabajos difíciles de inaugurar otro modo de ser. Pero no en la estructura política, sino en la sociedad. Por ejemplo, cuánto le cuesta a un empresario, formado a la antigua, entender que el trabajo es un factor de la producción, igual que el capital y la tecnología y que, en consecuencia, el trabajo no es enemigo de esta labor sino que debe ser entendido como parte del todo. Pero en 1946 en Venezuela no había empresarios. Se comenzó esa formación, clave para una sociedad democrática. Es por ello que ese período marcó un gran avance.

—  Pero entró en crisis, ¿sería por desgaste?
—  No por desgate, ¡por logros! Tomemos dos áreas, educación y trabajo. Cuando ésta era una sociedad incompleta no había esa presión fuerte tan necesaria. Pero una de las medidas más extraordinarias que se tomaron en este país fue reconocer los derechos políticos a la mujer. Eso significó duplicar –y más que duplicar- la demanda social pues la mujer se incorporó a la vida civil. Los sistemas políticos y administrativos no estuvieron en capacidad de canalizar esas exigencias.

—  ¿Entonces fue por defecto?
—  ¡Por exceso! Se trataba de un problema de cambio social que no es progresivo o gradual, como lo fue en otras sociedades donde cumplieron un largo trecho. Nosotros en medio siglo quisimos adelantar tres siglos, que era lo que correspondía en ese momento. Yo estoy ahora hablando contigo, periodista destacada, muy conocida, pero piensa que yo me gradué en un liceo donde sólo había 4 muchachas. Eso pasó en toda la sociedad.

— La demanda creció muchísimo… ¿para bien?
—  La sociedad se completó y eso se tradujo en todos los planos: comenzaron a  brotar mujeres competentes en todos los campos. La oferta de empleo no iba a la par de aquella demanda. Entonces algunos empresarios comenzaron a inventar contratar mujeres porque les pagaban menos. Tensión social de nuevo. Y así en todo.

—  Si todo lo ocurrido es consecuencia de logros, ¿cómo fue que dimos el salto cualitativo a este desastre?
—  Todas aquellas reformas se hicieron en aquellos tiempos pues era la única manera de quebrar la autocracia. Tuvimos alternabilidad republicana. Viene un hombre llamado Rómulo Betancourt y fue presidente ¡tres veces! Primero en una Junta Revolucionaria de Gobierno, después encargado por la Constituyente y luego electo por el pueblo. Cuando deja el cargo en 1964 dice “No volveré a ser presidente de Venezuela”. Caramba…eso fue un despliegue de progreso social y político altísimo y aún sale del poder y no tenía casa propia. Todo este cambio para bien tenía que ser acelerado. La mujer no figuraba en nada. Podía haber alguna artista, locutora, pero eran como cuerpos siderales…

—  ¡Jajajajajaja!
—  ¡Créemelo! Y eran dignas del mayor elogio pero erráticas en aquél mundo. Después de esos logros de que te hablo, por donde uno asomaba encontraba a una mujer. La sociedad no estaba preparada para asimilar eso pero había que hacerlo. No puede haber sociedad democrática con segregación de la mujer.

—  Pero es traumático a veces…
—  Todo esto se paga, tiene su precio. El precio es el debilitamiento del aparato político o incapacidad del aparato administrativo, lo que genera situaciones de conflicto social que hace que mucha gente ambicione el orden. Sin embargo, no hubo un solo cambio, socialmente significativo establecido, que haya sido derogado. ¿Falseado o utilizado?, eso es normal dentro del accidente de la historia. Pero, ¿quién se atreve a quitar los derechos políticos a la mujer?

—  Indiscutiblemente no se puede hacer eso, pero se puede destruir mucho…
—  Se puede obstruir, no destruir, porque los logros sobreviven aún cuando se tengan que estar luchando. La democracia venezolana se consolida en el exilio, en la cárcel, en el martirio. Durante Pérez Jiménez la democracia no murió, siguió siendo una realidad. Entró en una fase crítica, de acuerdo, pero brotó de allí todavía con más fuerza. Y esto es lo que va a suceder ahora.

—  Es bueno oír eso pero permítame digerirlo mejor…
—  ¡Jajajaja! No sólo lo veo así, es más, se está realizando ante mis ojos. Cuando María Corina Machado declara que quieren destruir la soberanía popular, ella no representa a las mujeres, sino al pueblo. Lo que me atrae y me fascina de la situación actual es que veo mujeres, cuyas madres votaron en 1946 por primera vez, levantarse sobre la base, no de un marido, no de un partido, para aspirar al ejercicio del poder en sus más altos niveles, sino apoyadas en su talento y del arrojo. Para mí, es el mejor símbolo de que la sociedad venezolana marcha hacia convertirse en verdaderamente democrática. Eso me conmueve. De otra manera no se entiende la resistencia que ha presentado durante 15 años de esfuerzos por destruirla. Los pueblos no se mueven por ideas sino por creencias. Y la democracia se ha convertido en creencia.

Restablecimiento de condiciones

—  Es auspicioso, pero hoy estamos en un nudo que nadie parecer saber cómo desatar…
—  Es natural que no se vean salidas. Pero me atrevo a vaticinar que este será el último intento –con nuevos elementos como la relación con Cuba- de ese pasado venezolano por rebrotar. Cambia el traje pero no el contenido autócrata. Ahora lo llaman “socialismo del siglo XXI”. ¿No te fijas que yo jamás me he puesto a discutir sobre ese tema? Es una soberana burla. No tiene nada que ver con socialismo ni con el siglo 21. Eso es más bien autocracia del siglo XIX. Puede cambiar la vestimenta pero no la esencia del asunto. No tienen mensaje, sólo capacidad de soborno; van a  comprobar algo muy duro que les va a costar muy caro: la limosna no genera lealtad. Todo lo contrario, siembra rencor, soterrado mientras dure la limosna. Pero cuando se corta la limosna lo que sale es otra cosa, la dignidad ofendida por la limosna.

—  En Cuba llevan medio siglo…
— Pero hay una pequeña diferencia. En Cuba no hubo tiempo de formar una verdadera clase media y la promoción de la democracia es asunto de la clase media. Es un invento de la burguesía para poder enfrentarse a la nobleza. Se extrañan de que existan focos de resistencia en las urbanizaciones y no en los cerros. Es porque no entienden que la alta burguesía puede vivir lo mismo en Montecarlo que en Cúcuta, pero la clase media preserva sus instrumentos de ascenso social que son la educación y la economía. En otras palabras, las ideas, el conocimiento. En Venezuela se formó una densa clase media representada en gran parte por la mujer. Fíjate que en las protestas la mujer no es precisamente espectadora. Aquí la clase media ha ejercido el poder a través de partidos como AD y Copei y se siente dueña de su destino, capaz de dirigir la sociedad. El gobierno ha hecho tremendos esfuerzos por destruir ese factor de desarrollo social -que es la clase media- y ha fracasado. ¿Quienes están ahora al frente de la lucha? Los estudiantes, que representan la aspiración máxima de la clase media, el ascenso social por vía de la educación. Los ayudan aquellas personas cuya posición social depende de la democracia.

—  ¿Hemos avanzado?
—  Mucho. El gobierno intentó, primero, falsear la democracia poniéndole apellidos –participativa, protagónica- y nada más peligroso. La democracia es como la libertad: es o no es. No hubo manera de tragarse eso y optaron entonces por demoler la república, creando un aparato militar con el que quieren abarcar toda la sociedad. Controlar hasta la distribución de alimentos es un esfuerzo desesperado por echar raíces. Confunden gobernar con mandar. No funciona.

—  ¿Qué hacer ante eso?
—  No conozco una democracia que haya sido establecida democráticamente. Pero tampoco conozco una democracia que haya sido restablecida democráticamente.

— Eso suena espeluznante…
—  O esclarecedor. En Chile Pinochet iba a desconocer el resultado de aquella consulta y el alto mando le dijo: “Hasta aquí”… ¿hubo o no fuerza? En Venezuela vivimos la polémica normal entre quienes descubrieron el voto como instrumento de la política –cosa correcta- y quienes se han dado cuenta de que el voto requiere condiciones que pueden ser negadas y anular el sentido del voto. Quiere decir que se necesita restablecer las condiciones para que el voto funcione.

martes, abril 01, 2014

martes, marzo 04, 2014

El republicanismo de Francisco Javier Yanes (comentario a su obra: “Manual político del venezolano”)

Autor: Carlos Balladares Castillo
Publicado en Código Venezuela y Noticiero Digital


Rechazar nuestro republicanismo liberal es rechazar nuestra identidad
Francisco Javier Yanes (1777-1842), parafraseando al amigo y profesor José Ignacio Hernández G., debería tener un gran monumento en Caracas tal como tiene Thomas Jefferson en Washington D.C. La razón de ello es que Yanes forma parte fundamental de los próceres civiles que establecieron las bases jurídicas y políticas de nuestra República liberal. Participó en los acontecimientos del 19 de abril de 1810, y como diputado del Congreso Constituyente de 1811 impulsó la Independencia formando parte de los firmantes del acta que la declaró. Luego ayudará a la redacción de nuestra primera Constitución donde se consagra el principio de igualdad, el cual había defendido en el debate sobre el otorgar o no este derecho a los pardos (Yanes y Antonio Nicolás Briceño fueron los únicos que lo apoyaron). Durante el proceso de Independencia no solo realizó actividades civiles (desde 1819 fue juez y Presidente de la Corte del Almirantazgo colombiano) sino también en algunas ocasiones participó en combates. En 1830 apoyó la separación de Colombia, presidiendo el Congreso que aprueba la secesión y redactando la Constitución de la República de Venezuela. 
Al justificar la ruptura con el sueño de Bolívar, Yanes y “los primeros venezolanos” se apoyarán en la defensa de la libertad. Libertad que solo se puede dar en una sociedad que posea un gobierno limitado que a se vez permita garantizar los derechos humanos. España era una monarquía despótica y Colombia, a pesar de proclamar la República, poseía un centralismo-presidencialista que limitaba el ejercicio de la ciudadanía. Venezuela no nació por razones identitarias sino por el anhelo de vivir en libertad, porque no hay patria sin república.
Otro aspecto a tomar en cuenta es su faceta de historiador. Yanes dedicó buena parte de su vida a reunir todo documento que permitiera conservar la memoria de la naciente historia de la República. Esta tarea la llevará a cabo con Cristóbal Mendoza, de la cual nacerá la “Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Colombia y el Perú Simón Bolívar”. Posee dos obras historiográficas: “Compendio de la historia de Venezuela desde su descubrimiento hasta que se declaró estado independiente” (1840) y la “Relación documentada de los principales sucesos ocurridos en Venezuela desde que se declaró estado independiente hasta 1821” (1842). Toda esta actividad demuestra su preocupación por la formación política y jurídica del venezolano. No solo se debe recordar los hechos, también se debe conocer el por qué de los mismos. 
Yanes escribe también una obra breve que intenta dar a comprender las bases jurídicas de la naciente república la cual llama “Manual político del venezolano” (1839). Nosotros la hemos leído en su edición del 2009 de la Academia Nacional de la Historia y la Universidad Metropolitana, cuyo “Estudio Preliminar” (del cual tomamos buena parte de los datos que hemos ofrecido sobre Yanes) fue escrito por Rogelio Pérez Perdomo e Inés Quintero.
En la primera parte de esta obra se explica el origen, límites y fines del gobierno; para lo cual se basa en las tesis de los contractualistas (Locke y Rousseau). “La sociedad debe a todos los miembros justicia y protección, leyes que aseguren sus personas, sus libertades y bienes (…)” (p. 107). Para ello crea un “cuerpo político” que dirige la sociedad y le garantiza los fines planteados, de modo que este gobierno es un instrumento de la sociedad y no al revés. Yanes se pregunta: ¿cuál es la mejor forma de gobierno?, es decir, ¿cuál es el que logra los fines antes planteado? Su respuesta es el “gobierno representativo y constitucional” debido a que este establece la igualdad de derechos en la Constitución, distribuye sus poderes y “se apoya y dirige por la opinión pública” (p. 112).  El primer y segundo aspecto evita el abuso (la tiranía) y el tercero junto a la elección de diputados permite el control de la sociedad sobre el gobierno. Por otro lado, la deliberación que se da en este gobierno debe tener como fin la racionalidad de las decisiones y no tanto la imposición de las mayorías (que en muchos casos es inevitable). El gobierno de la razón se basa en la creencia que tenía Yanes de ser el “derecho de pensar y publicar sus pensamientos” el más importante de todos (p. 134).
El resto del libro se dedica a los temas del gobierno federal, la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad. El mejor ejemplo del gobierno representativo federal, para Yanes, eran los “Estados Unidos del Norte, en donde rige la forma republicana, donde existe la democracia sin desorden, la aristocracia sin privilegios, y el poder ejecutivo sin tiranía” (p. 169). Al final, nuestro padre constitucional, advertirá del peligro de lo que hoy llamaríamos colectivismos al decirnos: “El patriotismo ha causado la ruina de muchas naciones. (…) Los impostores abusando de la rudeza del vulgo, le persuaden que el bien público y el interés de la sociedad son de orden superior al bien y al interés de los particulares” (p. 210). Yanes no fue ignorante o ciego a la realidad de los caudillos de su tiempo, y sabía que las constituciones no se impondrían a los personalismos que “abusaban de la rudeza del vulgo” sino eran acompañadas de una formación política arraigada en cada ciudadano. Tengo la confianza que la tradición republicana-liberal a la cual tanto aportó Yanes, se imponga a “los impostores” del patriotismo en Venezuela.

sábado, febrero 08, 2014

Comentario a algunos obras de Andrés Bello a propósito de la nueva columna en "The Economist"



Autor: Carlos Balladares Castillo
Publicado en Código Venezuela y Noticiero Digital

Andrés Bello: el equilibro entre la libertad y el orden
 
A principios de febrero de este año, la revista británica “The Economist” eligió el nombre de Andrés Bello (1781-1865) para su columna sobre Latinoamérica. Un acontecimiento que nos llena de orgullo a los venezolanos (y chilenos, claro está), especialmente a los que creemos en la necesaria promoción de nuestros próceres civiles por encima de los caudillos y hombres de armas en general. Seleccionaron a Bello debido a que su vida, obra y pensamiento expresan su condición de ser un “liberal realista”, una persona que amaba la libertad pero en medio de instituciones fuertes. Creía en el imperio de la ley (la cual consideraba la verdadera patria), la educación pública universal y una sociedad abierta al comercio y las ideas. Estos tres principios son precisamente los que más necesitamos en la Venezuela del presente (la revista dice que en toda América Latina), de allí a que el texto se haya titulado: “relearning old lessons”.  

Al enterarme de la anterior noticia casualmente yo leía algunas de sus obras. Bello posee una gran cantidad de escritos (sus “Obras Completas” comprenden 26 tomos en su edición de 1981-84 de la Fundación La Casa de Bello) lo cual hace muy difícil la selección de algunos textos para tener una idea general de su pensamiento. Existen muchas biografías que podrían ayudar en este aspecto. Las últimas que leí fueron la de Pedro Cunill Grau: “Andrés Bello” editada en el 2007 por El Nacional y Bancaribe en la Biblioteca Biográfica Venezolana (Nº 40) y la de Iván Jaksic: “Andrés Bello. La pasión por el orden” editada también en el 2007 por Bid & co y la UCAB aunque es del 2001. Al final decidí hacer mi propia selección y leí su obra de teatro en tiempos de la Colonia: “Venezuela consolada”, algunos poemas, y unos breves textos sobre la situación de Hispanomérica después de la Independencia con sus propuestas para lograr el proyecto republicano (“Las repúblicas hispanoamericanas: autonomía cultural”, 1836; y “Aniversario de la victoria de Chacabuco”, 1842), en especial el “Discurso pronunciado en la instalación de la Universidad de Chile” (17-IX-1843) que ningún universitario puede dejar de leer. 

“Venezuela consolada” nos muestra como Andrés Bello era un súbdito fiel al Rey (fue funcionario en la administración colonial desde 1802 hasta 1810) aunque esperanzado en el progreso que ofrecían los avances de la Ilustración. Es así como la obra describe un país azotado por la peste de la viruela hasta que el rey como padre protector envía la vacuna sanadora (Bello será miembro de “Junta Central de Vacuna”). Acá un extracto de la obra: “¿qué funestos motivos/ a tan fatal extremo/ de aflicción y dolor te han compelido?/ ¿No eres tú Venezuela?/ ¿Falta acaso a tus hijos/ del español monarca/ la amorosa tutela y patrocinio?” (versos 50 al 55). El drama se refiere a una región próspera especialmente por la riqueza de su tierra pero que vive la tragedia hasta que Carlos IV lo salva. 

Los escritos que luego leímos nos muestran un Andrés Bello que anhela el orden después del caos de las guerras, pero un orden no monárquico sino plenamente republicano. En “Las repúblicas hispanoamericanas: autonomía cultural” expresa una gran admiración por los Estados Unidos, a quien no lo ve como un enemigo sino más bien como un ejemplo a seguir. El problema es que los americanos del norte tenían las condiciones para la libertad (mayor igualdad, tradición en el ejercicio de los derechos, clase alta que está de acuerdo con los principios liberales) y nosotros los del sur éramos todo lo contrario. A pesar de ello podríamos lograr superar “los vicios del coloniaje” una vez terminada la lucha de emancipación con España, siempre y cuando acomodáramos los principios republicanos “sin alterarse en la sustancia”; y busquemos e inculquemos sinceramente “el amor al orden”. Eso se podría lograr – afirma - con educación generalizada y la llegada de nuevas gentes y capitales. 

El discurso en la instalación de la Universidad de Chile trata también este tema del orden en libertad pero desde la perspectiva de dicha institución educativa.  Bello intenta responder en cierto modo a la pregunta: ¿Cuáles son los aportes de la universidad al anhelo de los países iberoamericanos para hacer realidad el sueño republicano? Su respuesta es la de un hombre ilustrado: las letras generan la libertad, porque en la historia “el progreso de la civilización”, “el ansia de mejoras sociales” y la misma “sed de libertad” están íntimamente ligadas al renacimiento del interés por “la herencia intelectual de Grecia y Roma, reclamada, después de una larga época de oscuridad”. Luego afirma que las universidades son “depósitos” de saberes desde los cuales se extienden las luces (“un cuerpo eminentemente expansivo y propagador”). “No bien brota en el pensamiento de un individuo una verdad nueva, cuando se apodera de ella toda la república de las letras.” 

La generalización de la educación básica - la cual considera como “una necesidad primera y urgente; como la base de todo sólido progreso; como el cimiento indispensable de las instituciones republicanas” - necesita de las universidades como “condición indispensable”. Los “maestros competentemente instruidos” se “nutren” de “los buenos libros y métodos” que surgen de la instrucción superior. El discurso se desarrolla luego en cada una de las disciplinas del conocimiento, entre los cuales no podemos dejar de citar sus recomendaciones para el derecho, las ciencias políticas y la historia. Lo jurídico político debe liberar al Estado “de las manchas que contrajo bajo el influjo maléfico del despotismo” y “restituirlo a las instituciones republicanas”. La historia es – siguiendo a Herder, advierte Bello – un medio para explicar los hechos y especialmente es, entre otras cosas, “la experiencia del género humano” que ofrece “el saludable poderío de sus avisos”. 

La instrucción – concluye – nos lleva a desarrollar “largos pero agradables estudios”. En su caso nunca los interrumpió a pesar de las terribles condiciones que en algunos momentos padeció: pobreza en su exilio en Londres y muerte de su primera esposa, también verá morir a 9 de sus hijos. Sin duda que hay razones para admirarlo, pero lo más importante es preservar su gran sueño: la república liberal.  
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