sábado, junio 15, 2013

Hoy se cumplen 200 años de la proclama de "Guerra a muerte"

Publicado en: Código Venezuela
Autor: Carlos Balladares

200 años de “Guerra a muerte”

El 15 de junio de 1813 Simón Bolívar dicta en la ciudad de Trujillo su famosísima proclama deGuerra a muerte. Desde ese entonces (realmente desde que los textos escolares sostienen el culto a su persona) todos nos hemos aprendido aquella frase que dice: «Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.» ¿Qué se puede decir que ya no se haya dicho antes en torno a esta decisión? ¿Es Bolívar, por esta proclama, el culpable de la guerra de exterminio durante 7 años? No es fácil, ante estos momentos fundamentales de la historia, cumplir con la premisa de Marc Bloch sobre el comprender y no juzgar el pasado, pero debemos intentarlo.

La inmensa mayoría de las biografías sobre Bolívar (que simpatizan con su papel en la historia) la explican como una respuesta basada en la cruel tradición hispana. A los rebeldes no se les trataba de otra manera. Y el Libertador tuvo la intención, además, de lograr consolidar la diferenciación de identidades: españoles versus americanos. En pocas palabras: los republicanos hicieron este tipo de guerra para defenderse. Pero ¿Acaso los rebeldes no eran los republicanos, los cuales se estaban oponiendo a una sociedad que permitía estas drásticas soluciones, este orden nada humano? ¿No son los republicanos, Bolívar el que más, hijos de la “humanista” Ilustración? Los historiadores bolivarianos (lo digo en sentido de la defensa de su figura, no en el sentido político-partidista actual) insisten en señalar que no quedaba otra opción; y rechazan las acusaciones de genocidio o guerra de exterminio, aunque eso fue lo que ocurrió de bando y bando. No me gustan los contrafácticos pero Miranda no se atrevió a realizar tal llamamiento cuando la Primera República estuvo en sus peores momentos, quizás tuvo siempre presente las consecuencia del “Terror jacobino”. 

Al final, la proclama no logró sus objetivos. La crueldad en la defensa de la causa republicano no engendró en el bando realista un cambio de actitud (“obrar activamente en obsequio de la libertad de América”); y los americanos (a los que supuestamente no se juzgó por ser realistas) no abrazaron las banderas independentistas, al contrario: respondieron con mayor virulencia dirigidos por el caudillo Boves. La consecuencia real fue fortalecer la característica genocida de nuestra guerra de Independencia, una destrucción inimaginable, y un inmenso odio a la causa que pretendía defender el documento en cuestión. La Independencia comenzará a triunfar, más adelante, por otros motivos; aunque entre ellos debemos contar el gradual abandono de la política que hoy celebramos su bicentenario.


Un último aspecto, para concluir, considero debe ser meditado por la sociedad e investigado por nuestros científicos sociales: ¿Cuál ha sido la consecuencia de la proclama de Guerra a Muerte en nuestra mentalidad política? La guerra de Independencia se inició en 1810 pero duró hasta principios del siglo XX, siendo el siglo XIX una guerra de exterminio político de menor intensidad. Pero pensemos: ¿la justificación de esta proclama, entre otros aspectos, no ha generado en nosotros un modo existencialista de entender la política? Si esto es cierto, cumplimos de alguna forma: 200 años de guerra a muerte.  

miércoles, junio 12, 2013

“Memorias de Mamá Blanca”: metáfora de la Venezuela colonial

Publicado en: Noticiero Digital
Autor: Carlos Balladares Castillo




“Memorias de Mamá Blanca”: metáfora de la Venezuela colonial


Una de las cosas maravillosas de la lectura es que siempre descubres nuevas perspectivas de la realidad. Y al conocer y ser “atrapado” por la obra de un nuevo autor, es inevitable exclamar admirado: ¿¡Cómo no lo leí antes?! Así me ha pasado al leer por primera vez: “Memorias de Mamá Blanca” (editada en Madrid por ALLCA en 1988) de la escritora venezolana: Teresa de la Parra (1890-1936). Lo bueno de leerla ahora es que lo he hecho con los ojos del historiador, y he quedado fascinado con la mirada nostálgica de una Venezuela moderna (realmente en vías de serlo) sobre sus tiempos rurales y semiaristocráticos de la Colonia.

El inicio de esta novela corta me gustó mucho, porque me recordó a mis dos abuelas y las casas donde vivían. Muy especialmente la casa de mi abuela materna; abuela que por cierto, tenía el mismo nombre que la protagonista: Blanca (y que todos los nietos llamábamos “Mamaca” (1925-1997)). De igual manera, el uso del estilo literario de las memorias me pareció atractivo, y especialmente la razón que alega Mamá Blanca para hacerlo: “Me dolía tanto que mis muertos se volvieran a morir conmigo que se me ocurrió la idea de encerrarlos aquí.” (p. 12). ¡¿Qué historiador no se siente atraído por una autobiografía?!

La novela en su totalidad la interpreto como una hermosa metáfora sobre la sociedad de los tiempos hispanos de Venezuela, los cuales no terminaron con la Independencia sino que se prolongaron hasta principios del siglo XX; y que son representados en el micromundo de una hacienda de caña de azúcar. En cada capítulo logra describir magistralmente algún actor de dicha sociedad, y como se relacionan entre si cada uno de esos actores o grupos sociales. Pero el texto no se limita solo a esta comparación, sino que también nos ofrece una descripción de varios modelos sociopolíticos y/o doctrinas: la aristocracia, el caudillismo, el positivismo, la democracia e incluso el comunismo.

Al principio describe los padres y las niñas, entre las que se encuentra ella misma: Blanca. Ellos son la nobleza feudal (la aristocracia), “dueña” de la hacienda “Piedra Azul” de Tazón, los cuales viven en la Casa Grande y gobiernan paternalmente sobre el resto de los peones y empleados. ¿Cómo no pensar en los “padres de familia” que gobiernan sobre la “multitud promiscual” descritos por nuestras Constituciones Sinodales (1687) vigentes hasta 1904? Luego aparece el “primo Juancho” que describe como “lo sublime y lo cómico” (p. 48), que vive quejándose del país, que posee sabiduría y conocimientos de nuestra realidad (desde la perspectiva positivista), pero que nunca logra llegar a un cargo político. Yo veo en el a los civiles, segundones de nuestra historia, a pesar de su formación y preocupación por el país. Después está el personaje más fascinante de todos: “Vicente Cochocho”; verdadera personificación del pueblo, del peón empobrecido, y del “buen salvaje” (“su alma desconocía el odio” (p. 71)). Posee las virtudes de la generosidad, alegría, cortesía, laboriosidad, humildad, religiosidad popular católica (jamás ortodoxa, se puede decir sincrética), hombre de honor, caudillo y muy especialmente: es resignado, porque: “¡Quién ha visto peón negro con casa de teja” (p. 74). Al final, Mamá Blanca-Teresa de la Parra da su visión pesimista de la democracia que parece venir, en lo que llama “la república de las vacas” (p. 99); donde el ganado vive en condiciones desiguales pero todas están contentas por el trato del vaquero populista, que al final las hace producir y le roba al dueño de la hacienda al sacar las cuentas.

Todo este mundo desaparece con la migración a la ciudad, donde las niñas dejan de ser individuos (más bien princesas) y pasan a ser parte de la masa, “hormigas, quienes al caminar unas tras otras se pierden felices dentro del anónimo y la uniformidad” (p. 116). Es tal la tragedia que muere una de las niñas, como si con su muerte se acabaran los tiempos de la colonia. Es verdad que en la hacienda (en la colonia), podría concluir la novela, existía un orden jerárquico injusto (aunque visto como natural), pero cada grupo estaba en su pequeño universo que nadie intentaba sobrepasar. De esa forma el pasado queda entonces como una “edad de oro”, al cual nunca se le puede volver, porque como a “Vicente Cochocho se lo comieron los zamuros”. 

viernes, junio 07, 2013

Nuevo biografía sobre Simón Bolívar escrita por Marie Ana

Cortesía de Anaclet Pons en su excelente blog: Clionauta. 

BOLÍVAR, NUEVA BIOGRAFÍA

Marie Arana, escritora y conocida crítica peruana-estadounidense, acaba de presentar su biografía de Bolívar (Bolívar. American Liberator), un volumen largamente anunciado que publica Simon & Schuster, un texto mucho más ligero que el también reciente de Antonio Sáez-Arace (Simón Bolívar. El Libertador y su mito. Marcial Pons). Para evaluarlo, nos servimos de Paul Berman, que se expresa del siguiente modo en las páginas del NYT:

Simón Bolívar, el Libertador, fue el George Washington de América del Sur, o al menos así fue considerado por diversas eminencias en los Estados Unidos durante gran parte de su extraordinaria carrera. Grandiosa fue su naturaleza. Despertó adulación. Inflingió unas pocas y preliminares derrotas al ejército imperial español y, en 1813, entró victorioso, momentáneamente, en Caracas en un carro tirado por las hijas de las principales familias, todas vestidas de blanco, como si fuera un dios o un César . Y asumió el título magnífico de “Libertador y dictador.” El carro y las hijas se desviaban, es cierto, del austero estilo de Washington, y el título honorífico de dictatorial se ha mantenido desde entonces de forma un tanto inquietante sobre su reputación, como se puede ver en la admirable y triste lectura de la biografía de Marie Arana, Bolívar.

Pero al igual que Washington, Bolívar fue un hombre de la Ilustración. La razón y el republicanismo lo impulsaron. Arana nos dice que lo primero que hacía al levantarse era ocuparse de su caballo blanco, leer a Montesquieu y Voltaire antes del desayuno y emitir edictos después de la comida. Sabía cómo ejercer el poder político y militar con un solo gesto, como solía hacer Washington, pero también sabía cómo capear las peores condiciones, con un Valley Forge tras otro, en versiones que eran tropicales, andinas, salvajemente remotas y más allá de cualquier cosa que Washington tuviera que soportar. Sólo a mediados de la década de 1820, después de 14 años de guerra, se las arregló para lograr el reconocimiento internacional por varias de las nuevas repúblicas independientes de América del Sur, y aún así, después de la victoria, la guerra nunca pareció detenerse. Arana juzga que la carnicería y la destrucción ocurridas en el curso de las luchas de América del Sur por la independencia se sumaron para dar lugar a una gran calamidad, demográfica: en algunas regiones, la población se redujo en un 50 por ciento.

Bolívar se enfrentó a increíbles y complejas circunstancias raciales y étnicas. Él mismo era fabulosamente rico, dueño de esclavos y tierras, capaz de mantener a sus propios ejércitos durante un tiempo, aunque su lucha finalmente lo empobreciera. Y, sin embargo, debido a esa cepa de sangre no europea que se pensaba  corría por sus venas por lo demás europeas, incluso él, el aristócrata Caracas, se vio obligado a defenderse de los prejuicios de la época marcados por los tonos de la piel. “Sambo”, se le llamaba en Perú, y no por sus admiradores. Guerreros indios con arcos y flechas formaban por una parte de su ejército, y las indígenas formaban una gran parte de los seguidores de su campamento. Los esclavos y los descendientes de esclavos procedentes de África jugaron un papel central en la guerra, a veces luchando en el bando monárquico español, en última instancia del lado republicano de Bolívar; y sado lo que suponía cualquier conspiración,  ejecutó a lo mejor de sus generales republicanos negros.

Ejecuciones desafortunadas aparte, las posiciones de Bolívar sobre la esclavitud y la raza fueron en todos los aspectos superiores a las de Washington. En un momento en que la lucha antiespañola parecía perdida, el presidente de Haití, Alexandre Pétion, acudió en ayuda de Bolívar (lo que ningún presidente de los Estados Unidos nunca consiguió hacer, cosa lamentable) y Bolívar respondió en 1816 pidiendo la abolición de la esclavitud, y no sólo por razones estratégicas. Arana cita un discurso de 1819: “nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de Europa”. Y añadió: “Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos”. Y más: “todos difieren visiblemente en la epidermis” -que es el tipo de sencillo reconocimiento que ningún líder de los Estados Unidos pronunció en aquellos días de ignorancia, ni en siguientes generaciones, aunque, en los Estados Unidos, la monocromía epidérmica nunca haya sido la norma.

Por otra parte, Bolívar pensó que la mezcla racial de América del Sur descartaba cualquier experimento de autogobierno libertario o democrático. “La diversidad de origen requiere un pulso infinitamente firme, un tacto infinitamente delicado para manejar esta sociedad heterogénea cuyo complicado artificio se disloca, se divide, se disuelve con la más ligera alteración”. Acabó estando al frente de  países que hoy en día conocemos como Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Bolivia (cuyo nombre deriva del suyo propia) y Perú, todos los cuales se esperaba que se unieran, junto con otras regiones, en una gran federación latinoamericana . Y el sistema constitucional que propuso disponía de una presidencia vitalicia, como una especie de Corte Suprema de los Estados Unidos, excepto con una cláusula adicional, ligeramente monárquica, que permitía al presidente nombrar a un vicepresidente que sería su sucesor.

Entre los compañeros de Bolívar, luchadores por la libertad y republicanos, no todo el mundo miraba con admiración esta tendencia dictatorial. En 1828, un grupo de sus asociados, autodenominados “liberales”, tramaron un complot para asesinarlo, un tiranicidio. El plan fue frustrado por la amante de Bolívar, una mujer casada llamada Manuela Sáenz, quien, según Arana, era conocida por su estilo libertino -su probable relación lésbica con una de sus esclavas; su deleite por la ropa,  no solo para ella sino para sus esclavas, que vestían con ropa masculina; su tolerancia hcia los asuntos de Bolívar. Pero el rasgo más característico de Sáenz, históricamente hablando, fue su capacidad de pensar con rapidez. Oyó a los asesinos irrumpir en la casa. Mandó a Bolívar a saltar por la ventana por seguridad, lo que hizo, llevándose sus zapatos. Y con los conspiradores a punto de irrumpir en la habitación, ella los recibió en la puerta dando tiempo a Bolívar para escapar – “una mujer de extraordinaria belleza, espada en mano”, según la descripción de uno de los conspiradores, a quien Arana sabiamente cita.
Los conspiradores no eran los únicos en considerar a Bolívar como un tirano en ciernes. En los Estados Unidos, sus más grandes admiradores -Henry Clay entre ellos- perdieron la fe en el hombre después de un tiempo. El marqués de Lafayette, que era el mayor experto del mundo en la cuestión de las comparaciones con George Washington, envió una carta a Bolívar oponiéndose a la idea de un presidente vitalicio. Arana rechaza la idea de que, en nuestros días, Hugo Chávez, expresidente de Venezuela, se justificara por el supuesto manto de Bolívar -aunque al desestimar la presunción de Chávez, ella parece  tener en mente sobre todo los ideales liberales de Bolívar, y no sus inclinaciones antiliberales. Arana concede que, en los siglos posteriores a Bolívar, un dictador latinoamericano tras otro se han inspirado en su ejemplo.

Sin embargo, su propósito en Bolívar no es ofrecer observaciones de peso sobre la tradición política de América Latina. Principalmente narra las hazañas militares y políticas de Bolívar, dando lugar a un imponente río, que corre a través de más de 600 páginas, con demasiados nombres y batallas. Pero ella aplica un grato afecto a esta tarea. Es una escritora de origen peruano, autora de American Chica, y sus experiencias parecen haberla dotado de una agradable y romántica nostalgia por el sur del Continente. Cascos de caballo resonando como un latido en el suelo del soleado bosque, mientras una capa negra ondea sobre los hombros de Bolívar, leemos en la primera página, y por la mitad del libro, “picos nevados brillan  contra los azules cielos”.  Todo eso puede ser cursi, pero, como ocurre con un espadachín en Technicolor, es soñadoramente entretenido.

© 2013 The New York Times Company

domingo, mayo 05, 2013

De miércoles 08 al viernes 10 de mayo serán: las XIII JORNADAS DE HISTORIA Y RELIGIÓN VENEZUELA (UCAB): CIEN AÑOS DE HISTORIA PETROLERA



XIII JORNADAS DE HISTORIA Y RELIGIÓN
VENEZUELA: CIEN AÑOS DE HISTORIA PETROLERA
Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, Auditorio de la Biblioteca,
08 AL 10 DE MAYO 2013

PROPUESTA:
El 15 de agosto de 1913 la New York & Bermúdez Company halló petróleo en el pozo Babui 1, en el Estado Sucre.  No fue el primero que se explotó en Venezuela, ni tampoco será el detonante del gran boom petrolífero que arranca un año después, pero sí nos habla de un momento de inflexión después del cual ya nada será igual.  Para entonces, la Petrolia del Táchira sumaba treinta años extrayendo el hidrocarburo cerca de Rubio.  Aunque la compañía tuvo el doble mérito de ser la precursora y de estar constituida por capital y gerencia venezolanos, lo acotado de su impacto, que no generó transformaciones significativas más allá de su región inmediata, y su desvinculación con la industria que se desarrolla en los siguientes años y que no se considera heredera suya, suelen relegarla a un episodio, si bien heroico, marginal. Bababui, por su parte, es rápidamente abandonado por la viscosidad de su petróleo. Es con en el pozo Zumaque 1, que empieza a producir el 31 de julio de 1914, que se considera el inicio de la industria petrolera en Venezuela.  De un modo u otro, entre agosto de 1913 y julio de 1914 Venezuela comienza una actividad que ya no dejaría nada igual, cuyas huellas están presentes en cada uno de los aspectos de nuestra vida y que de hecho nos ha configurado como nación.  Qué implica esto, qué hemos pensado al respecto, qué hemos hecho, cuáles han sido nuestros éxitos y fracasos, qué arroja la balanza de la historia: esa es la tarea a la que se convoca en esta nueva edición de las jornadas de historia y religión.
PROGRAMA PRELIMINAR
MIÉRCOLES 8 DE MAYO
2:00-2:30
Acto de instalación del evento:
Palabras de Tomás Straka (UCAB), a nombre del comité organizador.
Palabras de apertura por el R.P. Oswaldo Montilla, OP (UCAB)


2:30-2:50



2:50-3:10



3:10-3:30


3:30-3:50

3:50-4:10
PROPUESTAS PARA UN BALANCE

Miguel Ángel Campos (LUZ): “Gregarios e impunes (de cómo deseamos al petróleo)”.

Marta de La Vega (Universidad Católica Andrés Bello): "Cinco momentos en la evolución de la política petrolera venezolana, cinco mentalidades".

Manuel Silva-Ferrer (Freie Universität Berlin): “Venezuela: the modern oil nation. Globalización, cultura y sociedad en torno al enclave petrolero”.

PREGUNTAS

REFRIGERIO



4:10-4:30




4:30-4:50


4:50-5:10


5:10-5:30
LA SOCIEDAD PETROLERA

Edgar Figuera (Universidad Bolivariana de Venezuela): “La renta por la gracia de dios: antropología histórica de la relación mito-rito de la cultura del petróleo en la sociedad venezolana.”

Miguel Tinker-Salas (Pomona College): “Petróleo y cultura en Venezuela.  El caso de los campos petroleros.”

Isaac López (Universidad de los Andes): “Paraguaná: acercamiento a ochenta años de vida petrolera.”

PREGUNTAS

BRINDIS




JUEVES 9 DE MAYO


2:00-2:20



2:20-2:40


2:40-3:00

3:00-3:20



3:20-3:40

3:40-4:00

PENSAR EL PETRÓLEO

Catalina Banko (UCV): "Debates y reflexiones en torno a la distribución de la renta petrolera en los años cuarenta."

Daniel Lahoud (UCAB): "El Petróleo en la visión de Henrique Pérez Dupuy y de Rómulo Betancourt."

Guillermo T. Aveledo Coll (UNIMET): “Los socialcristianos y el petróleo”.

Nahem Reyes (UCV): “Venezuela, Petróleo y Proyecto Político. Del  lamento a la perspectiva futura viable.”


PREGUNTAS

REFRIGERIO


4:00-4:20



4:20-4:40


4:40-5:00

5:00-5:20

5:20-5:40

CULTURA PETROLERA

Yajaira Freites (IVIC): “El descubrimiento científico del petróleo: José María Vargas.”

María Soledad Hernández (UCAB): “Juan Bimba y el Míster: Fantoches en el imaginario petrolero venezolano.”

Lorena Puerta (UCV): “Los geosímbolos del petróleo en Venezuela.”

Nicomedes Febres (Galería D’Museo): “Memorabilia del petróleo venezolano”.

PREGUNTAS


VIERNES 10 DE MAYO


2:00-2:20



2:20-2:40


2:40-3:00


3:00-3:20

3:20-3:40

3:40-4:00



4:00-4:20



4:20-4:40



LA INDUSTRIA PETROLERA VENEZOLANA

Tomás González (Academia de la Historia del Estado Falcón): “La danza de las concesiones: Valladares, Aranguren y Vigas”.

Ibsen Martínez (periodista independiente):  “Ralph Arnold, explorador petrolero.”

Rodrigo Conde (USB):  “Gumersindo Torres a través de su archivo y de sus Memorias.”

PREGUNTAS

REFRIGERIO

Alejandro Cáceres (UCAB): “Mene Grande y el desarrollo de la industria petrolera en el oriente venezolano”.

Juan Antonio Muller (UCAB): “Análisis comparativo entre el régimen de concesiones y la nacionalización”

Guillermo Guzmán Mirabal (UCAB): “Venezuela y los Estados Unidos: diplomacia e industria petrolera”



Inscripciones:  Estudiantes de pregrado: Bs. 80.  Profesionales: Bs. 100. Se llevarán a cabo en el Centro de Investigación y Formación Humanística de la UCAB (Edificio de Aulas, Módulo 2, Piso 3), o el día de la inauguración en el Auditorio de la Biblioteca

Comité organizador: 
Elías Pino Iturrieta, Presidente/Tomás Straka, Secretario/ Agustín Moreno Molina, Ecónomo/Gianny-Laibeth Lobo, Logística/ Manuel Donís, Asesor/Fray Oswaldo Montilla, op, Asesor. 
Colaboradores: Guillermo Guzmán, UCAB/ Andrés Cortés, UPEL-IPJMSM/ Carlos Izzo, UCAB/Suzuky Gómez, UPEL-IPJMSM/ Esther Mobilia, UCAB/José Alberto Olivar, UPEL-IPC/Alexander Olivares, UPEL-IPC/Desiree Popolo, UPEL-IPC/Miguel Prepo, Fundación Rómulo Betancourt/Jean Carlos Brizuela, UPEL-El Mácaro/Rafael Pinto, Universidad de Carabobo/ Germán Guía Caripe, Universidad Simón Bolívar/José Antonio Herrera-Salinas, Universidad Monteávila/Froilán Ramos, Universidad Simón Bolívar/Nahem Reyes, Universidad Central de Venezuela

lunes, abril 08, 2013

Bloguero con exceso de trabajo: blog paralizado por unas semanas.

Le ruego disculpas a mis lectores pero no he podido subir noticias y artículos sobre historia en casi un mes. La labor docente me ha tenido muy ocupado. Pronto esperamos volver. Muchas gracias por su paciencia.

Profeballa 

martes, marzo 12, 2013

Mañana miércoles 13 y el jueves 14 en la UCAB: "El circuito agroexportador de la macro región de Maracaibo, siglos XVI-XIX" del historiador Germán Cardozo Galué


Como actividad de inicio del semestre, el Doctorado de Historia que coordina la Dra. Dora Dávila, organizó una conferencia y un taller dictados por el Dr. Germán Cardozo Galué.  La conferencia se titula "El circuito agroexportador de la macreo región de Maracaibo, siglos XVI-XIX", y tendrá lugar en el aula P1-1, del Edificio de Postgrado de la UCAB, el miércoles 13 a las 2:30pm.  El taller versará sobre el tema de "Región, Nación e Historia".  Será el día jueves 14, en el mismo sitio, a las 2:00pm.  Su costo es de Bs. 300,00


lunes, marzo 11, 2013

Hoy fallece el historiador venezolano Simón Alberto Consalvi


Para mi siempre será, junto a Manuel Caballero y tantos otros, defensor de: la historiografía profesional nunca la propaganda que hacen muchos hoy en día, y de los principios republicanos y democráticos en estos tiempos oscuros que vivimos. 

Profeballa

Les dejo el correo que nos mandó el colega e historia Tomás Straka

En recuerdo al luchador, al editor, al periodista, al ensayista, al diplomático, al historiador que se nos fue esta tarde, una nota que publicqué sobre él hace un tiempo en El Nacional.   Paz a su restos.

El republicanismo constante de Simón Alberto Consalvi

Un protagonista a la sordina Aquella noche todos los venezolanos estuvimos frente al televisor. Un hecho insólito para las últimas generaciones estaba por ocurrir: un presidente no terminaría su periodo constitucional. Con el eco de los cohetes en el fondo –porque su defenestración fue muy celebrada– Carlos Andrés Pérez anunciaba su renuncia al país. Quien había llegado dos veces a Miraflores surfeando una gran ola de votos, quien fue considerado uno de los “duros” del gobierno de Rómulo Betancourt, quien llegó a considerarse uno de los líderes del Tercer Mundo y quien logró unos niveles de popularidad pocas veces vistos (antes y después) en nuestra historia, al final ya no pudo más. Se le quebró la voz. “Hubiera preferido otra muerte”. Sobre su vida política cayó el telón.

Hoy repasamos sus palabras y nos parecen premonitorias de todo lo que ha venido después. Pero entonces (20 de mayo de 1993) la mayor parte estaba en el paroxismo del desencanto. Hay que haber vivido aquellos días para comprender el clima de rabia que se respiraba en el país. Rabia contra él –tan amado hasta la víspera– y contra un régimen que ya acumulaba, la verdad, demasiadas fallas. Por eso no sólo salió buena parte de los venezolanos a celebrar, sino que pronto se encargaría de elegir a los “náufragos políticos de las últimas cinco décadas” –así los definió– que en gran medida lo acababan de tumbar. Para Simón Alberto Consalvi aquello es un recuerdo doloroso. No sólo por su amistad con el hoy reivindicado –al menos para muchos– presidente Pérez, sino porque a su talento se debió el discurso. Fue él quien creó las figuras estremecedoras (incluso para los que más odiaban a Pérez) y contundentes, que ya tienen su lugar en la historia, en especial estas del naufragio y de la muerte.

Es este tipo de protagonismo a la sordina el que ha caracterizado la larga vida política de Consalvi (Santa Cruz de Mora, 1927). Cuando se haga una historia de aquellos hombres y mujeres que edificaron la república liberal y democrática que fuimos entre 1958 y 1998, con todos sus defectos pero también con sus grandes virtudes, tal vez Consalvi encabece la lista de políticos, funcionarios y tecnócratas a cuyo trabajo paciente, normalmente callado, generalmente honesto (¡en un país con tanta corrupción!), se debe mucho de lo mejor que somos. Consalvi se encuentra entre ellos. Y no es que pretendamos una realidad idílica que no fue, o que negamos todas las fallas que se agudizaron hacia la década de 1980, los casos de corrupción e impunidad que generaron justa indignación, el frenazo en la movilidad social, las debilidades estructurales del modelo rentista, el colapso final. Es que esos aspectos no opacan (más bien al contrario) la labor de aquellos venezolanos más bien anónimos que aguardan por su lugar en los libros de historia nacional.

El de Ramón Hernández que se reseña en estas líneas (Contra el olvido. Conversaciones con Simón Alberto Consalvi) es una contribución a ello. Su éxito entrevistando a Germán Carrera Damas (El asedio inútil. Conversación con Germán Carrera Damas, Caracas, Libros Marcados, 2009), junto con el deseo cada vez más amplio de la sociedad por comprenderse en el tiempo, auguraban otros proyectos similares. Enhorabuena este lo vino continuar.

Además, Venezuela está dejando de ser un país en el que “no se escriben memorias”. Por eso resulta tan significativo que las memorias de Enrique Tejera París hayan alcanzado el éxito editorial que tienen, o que en poco tiempo hayan aparecido las de Ramón Escovar Salom y Miguel Ángel Burelli Rivas. O la densa entrevista que Agustín Blanco Muñoz le hizo a Carlos Andrés Pérez. Tal vez ellas nos demuestren que alcanzamos otra tesitura política en la que los políticos son también hombres letrados; el ejercicio del poder se siente confrontado por sus ciudadanos (y por la historia), y esos ciudadanos tienen el cacumen y el interés pedir sus cuentas. Si no todos, por lo menos bastantes para comprar varias tiradas de estos libros. Siempre lamentaremos que Rómulo Betancourt falleciera antes de culminar sus memorias, así como la aparente desaparición de las notas en las que ya tenía, hasta donde se sabe, algunos capítulos muy avanzados.

 La larga entrevista que Hernández le hace a Consalvi no tiene una vocación biográfi ca. Pero sin duda será una fuente para quien intente hacer una.

 Es, sobre todo, una conversación sobre la actualidad.

En esto, como en tantas cosas, Betancourt fue un adelantado de nuestra modernidad.

La verdad es que larga entrevista que Ramón Hernández le hace a Consalvi no tiene una vocación biográfica.

Pero sin duda será una fuente para quien intente hacer una.

Es, sobre todo, una conversación sobre la actualidad. Pero al menos quien escribe echó de menos una indagación más honda en el alma y en el pasado del entrevistado, por mucho de que nos dé valiosas pistas al respecto. Sabemos que eso no se debe a poquedad de Hernández, cuya veteranía está más allá de toda duda. Es que Consalvi también conoce los trucos del oficio y tiene con qué eludir aquello que, por una razón u otra, prefiere no comentar. Hernández lo advierte en varias partes: “Consalvi no es dado a compartir cuitas personales” (p. 133); “reservado, no va contando sus cuitas al primer transeúnte que se tropieza” (p. 185). Es evidente que no lo quiere, pero con lo que dice ya se revela como un estupendo personaje para biografiar.

 Esquema para una biografía. Simón Alberto Consalvi es un andino que mira y oye con atención, pero que pesa muy bien el valor de lo que dice. O, para no caer en estereotipos, es un periodista que precisamente porque conoce el poder de la palabra, entiende cuándo emplearla y cuándo dejarla en paz. Tiene también la discreción del militante de Acción Democrática, que conspiró contra la dictadura militar y pagó su atrevimiento con tres años en la cárcel de Ciudad Bolívar; del exiliado en Cuba, donde se relacionó estrechamente con el elenco de la Revolución; del diplomático que en el Belgrado de los años sesenta supo a qué sabía el socialismo real, indistintamente que fuera en su versión ligth de Tito. A lo mejor fue esta dura pedagogía la que lo enseñó a callar. Cuando se acercó a los 40 años terminó de convertirse en el personaje que es. Inició su labor como gerente cultural heredando a Mariano PicónSalas (que muere en la víspera de su apertura) en el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (Inciba), y fundando la revista Imagen, todo un hito en la cultura venezolana. Es en su gestión cuando comienza a otorgarse el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Finalmente remata con la fundación Monte Ávila Editores, una referencia editorial en el continente.

Entre la cultura y la diplomacia seguirá su carrera. Ministro de Relaciones Exteriores en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (aquí desliza una de las pocas confesiones del libro: considera aquél su mejor momento en la vida), tendrá un papel fundamental en la rea lpolitik del gobierno que se abre hacia el campo socialista, en especial Cuba. No se trataba de cualquier cosa cuando gobernaba el gran vencedor de la guerrilla en los sesenta.

Es la época de la Gran Venezuela que aspiraba a ser líder en el Tercer Mundo, que participaba en procesos tan neurálgicos como el de la Revolución Sandinista o en la entrega del Canal al gobierno de Panamá; y que hablaba de antiimperialismo y no alineación.

Durante los años ochenta –ya más grises en Venezuela, pero especialmente dorados en su diplomacia– Consalvi vuelve a la cancillería, ahora bajo el muy controvertido gobierno de Jaime Lusinchi (del que sale con el prestigio indemne). Pudiera pensarse que para entonces lo más interesante de su vida quedó atrás, pero son los años de Contadora y la pacificación de Centroamérica; de la democratización de Sudamérica; de los grandes avances en la integración; de la crisis de la deuda. También de la crisis del “Caldas”, que casi nos lleva a una guerra con Colombia y que la diplomacia que entonces dirigía supo enfrentar y resolver. Escala en el firmamento político y Lusinchi lo nombra Ministro de Relaciones Interiores, que entonces equivalía a tener las responsabilidades de un vicepresidente, y Secretario de la Presidencia de la República. En 1988, como presidente encargado durante un viaje del primer magistrado al exterior, le toca sortear “la Noche de los Tanques”, la primera intentona que anunciaba el retorno del golpismo a la vida venezolana. Intentona que debela sin disparar un tiro y, hasta donde sabemos, sin otro concurso que el de la autoridad de su investidura constitucional (y de su coraje físico), pero de la que no termina a atreverse a hablar en el libro.
Por lo menos no como tantos quisiéramos que hiciera.

Las pasiones del repúblico La suya es una pasión constante por hacer república.

Pasión que lo lleva ya en la década del noventa a la historia. Siempre la había sondeado (como lector tanto como protagonista), y nunca dejó de escribir como periodista, ensayista y hasta como narrador. Pero quien esquiva a sus propios biógrafos se estrena con una biografía de George Washington en el año 2000, para no parar hasta hoy: ya es Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia. El retorno definitivo al periodismo viene con el nuevo siglo. Editor adjunto de El Nacional emprende, entre otras, la formidable empresa de publicar una biografía cada quince días.

Al principio se piensa sólo en cien. Pensar en cien venezolanos biografiables y en cien autores capaces de escribirlos, podía parecer una temeridad. Sin embargo, hoy ya se extendió la Biblioteca Biográfica Venezolana a ciento cincuenta volúmenes, y es un rotundo éxito editorial cuya trascendencia para la cultura nacional ya se vislumbra.

Pero Consalvi es sólo callado con su vida y su obra. Cuando se le pregunta sobre Chávez (porque los más de ochenta años no obstan para que desistiera de la lucha política) o cuando se le tocan determinados aspectos que lo sensibilizan, se explaya, incluso se vuelve intenso. Sus ideas sobre la evolución de AD; los sacerdotes, al menos los de su Mérida de los años cuarenta, cada vez que llegan a su recuerdo lo vuelven un severo anticlerical; el triunfo de Rafael Caldera todavía no le cuadra (y acá hace acusaciones sensacionales: por ejemplo que se trató de un fraude tramado y perpetrado, entre otros, ¡por Guillermo Morón!); pero por sobre todo se destacan sus diferencias con Arturo Uslar Pietri. Es el gran villano de su discurso, a su juicio el súmmum de los náufragos rebelados contra el presidente Pérez. Para quienes nos criamos viendo en Uslar un héroe y sinceramente admiramos su obra, resulta toda una sorpresa la andanada de acusaciones que le hace. Lo ve como el principal enemigo y el conspirador mayor contra la democracia. Ninguno tuvo más saña y doblez. Sus ideas y ambiciones se quedaron intactas el 17 de octubre de 1945. Jamás comprendió la revolución que estalló un día después. Siempre desconfió del pueblo, despreció el voto universal y apostó a un gobierno oligárquico. Con sus Notables fue uno de los que allanó el camino para que Hugo Chávez llegara al poder. Hasta donde sepamos, nadie había escrito (hablado sí, pero siempre a la chita) algo así de Uslar Pietri.

Como vemos, la pasión republicana de Consalvi sabe de estremecimientos. Ante quienes considera adversarios de la república y la libertad, no pide ni ofrece cuartel. Tiene, naturalmente, otras pasiones. La escritura, los viajes, los libros y, como abruptamente revela en cierta anécdota de su exilio en La Habana que Hernández le logra arrancar, tambiénen esas cualidades que siempre, según se dice, lo hicieron muy popular entre las damas… pero, para la historia, lo que definitivamente sobresale es su constante republicanismo. Su constante lucha por la libertad. Es lo que en claro deja el libro de Hernández sobre él. Y es lo que sin duda habrá de ser motivo para varios libros más. Simón Alberto Consalvi, gran repúblico venezolano del siglo XX, es todo un personaje en búsqueda de un autor.
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