domingo, enero 24, 2010

La historia de la electricidad en Venezuela (I)

Gracias a El Nacional podemos conocer la historia de la electrificación de Venezuela. Les transcribo el artículo, es un poco largo.
EL NACIONAL - Domingo 24 de Enero de 2010 Siete Días/2
La revolución de la luz
El proceso que llevó la electricidad a la capital de Venezuela fue pionero en Suramérica y se debió a la audacia de un joven ingeniero de finales del siglo XIX: Ricardo Zuloaga Tovar, fundador de la Electricidad de Caracas
DAVID GONZÁLEZ
Ricardo Zuloaga tiene 90 años de edad y apenas conserva el recuerdo de una sola ocasión en la cual se racionó la electricidad en Caracas antes de 2010. No hubo sequía que dejara a la capital venezolana sin luz en más de un siglo de historia del servicio y por eso en su relato no aparecen referencias sobre fenómeno climático alguno. "Ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. Submarinos nazis hundieron un barco inglés que traía unas calderas que hacían falta para generar energía. Eso obligó a imponer cortes en momentos pico como los días viernes, cuando la gente acostumbraba planchar la ropa", dice.
Nadie debe confundirse: no habla un abuelo generoso con el archivo de las anécdotas pasadas, sino un testigo de excepción. Es el hijo de Ricardo Zuloaga Tovar, el fundador de la Electricidad de Caracas, una empresa que durante más de 100 años ­entre 1895 y 2000­ estuvo bajo el control del capital privado nacional. La fallida ejecución gubernamental de un plan de racionamiento para la ciudad, entre el 12 y el 13 de enero, hace volver la mirada sobre la historia centenaria de una compañía a la que nadie le disputa un atributo: fue un proveedor seguro de energía.
En la Caracas de hoy, sometida al azar de los apagones y a la inminencia de otro racionamiento, Zuloaga recuerda así el legado paterno: "La creación de esta compañía fue un milagro técnico, financiero, administrativo y político. Fue la audacia de concebir y llevar a cabo exitosamente un proyecto para producir, transportar y vender una energía tan desconocida como peligrosa y difícil de manejar". Puede que hoy parezca tan fácil como encender o apagar un interruptor: pero a finales del siglo XIX no era así de sencillo.
"Sí, fue revolucionario y pionero en Suramérica", remata Zuloaga, una de las cabezas de la compañía que ideó su padre. Descalzo. "Mi papá comenzó a usar alpargatas a los 12 años de edad", recuerda. La frase puede usarse para señalar cómo comenzó la parábola vital de la Electricidad de Caracas. El fundador de la empresa fue criado en medio de penurias económicas en la hacienda Mopia, de los Valles del Tuy, que había sido arrasada durante la Guerra Federal. Era huérfano de padre y tenía siete hermanos.
Rafael Arráiz Lucca, miembro de la Academia Venezolana de la Lengua, publicó en 2006 una investigación histórica sobre la compañía. Su indagación le permite insistir sobre una idea: "Hay una creencia de que Zuloaga Tovar era adinerado, pero eso es un mito". Se graduó como ingeniero en la UCV y un día de 1891 se topó con la gran noticia en una revista científica. El principal reto técnico de la época era lograr transmitir la electricidad a través de grandes distancias. Existían plantas que servían perímetros próximos, pero la energía que se llevaba entre puntos lejanos se desperdiciaba. "Leyó en esa publicación que en Alemania había sido encontrada la solución al problema y buscó recursos para viajar a Europa y estudiar la experiencia", precisa Arráiz Lucca.
Regresó con un proyecto que cristalizó: represó las aguas del río Guaire en El Encantado ­situado en Petare, municipio Sucre­ y construyó una central hidroeléctrica. Los transformadores, recuerda Zuloaga, eran una tecnología recién inventada y permitían transportar electricidad de alto voltaje a larga distancia y luego hacerlo disponible a los consumidores a voltajes menores. Poco después, construyó otra presa en Petaquire, Vargas, con el mismo fin.
"Fue de las más importantes obras de ingeniería hidráulica de la Venezuela de ese momento", indica Arnoldo Gabaldón, ex ministro de Obras Públicas, miembro de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, y experto en dos temas que hoy traen al país de cabeza: el agua y la electricidad. La empresa trabajaba con los aportes de gente que se había dejado seducir con los proyectos del emprendedor. La incorporación de esa "energía desconocida" demandó un esfuerzo adicional.
"La gente se preguntaba para qué era necesaria la electricidad y Zuloaga Tovar fue de casa en casa ofreciendo el servicio y convenciendo a la gente", dice Arráiz Lucca. El tiempo hizo de la energía un aliado de la modernidad. "Hay que pensar en el desarrollo industrial que hubo en la ciudad. O pensar en lo que significó para el sistema de transporte con los tranvías. O que los barrios se sirvieron con tarifas que eran accesibles", señala Gabaldón. Los musiúes. "Nunca quise venderle mis acciones a los musiúes", afirma Zuloaga, cuando echa la mirada una década atrás. Sus papeles de propiedad eran una herencia paterna en una compañía que en el año 2000 tenía 67.000 accionistas, de los cuales 28.000 eran trabajadores.
"La confianza en la administración fue tal que fuimos fuente de ahorro de muchas familias venezolanas", expresa. La firma norteamericana AES ­que se ha ganado la reputación de ser una cazadora de oportunidades en los mercados­ presentó una Oferta Pública de Acciones (OPA) por la Electricidad de Caracas hace una década. La también denominada "adquisición hostil" fue aprobada por el Gobierno en una decisión que todavía hoy despierta controversia porque se consideró un ataque contra el capital nacional.
"La Electricidad de Caracas era un ejemplo, un modelo de gestión en manos de venezolanos que nunca le costó un centavo al Estado, pero hay un sesgo contra eso", dice Arráiz Lucca. Con cifras que ha rescatado de las memorias y cuentas de la compañía, Zuloaga recuerda los resultados de 1998. Del total de las ventas, se pagó 28% en gastos de personal; 12% en impuestos al Estado; y 7% a los accionistas. "Eso refuta las publicaciones que dicen que los trabajadores reciben pagos miserables, mientras los dueños gordos, flojos y capitalistas se embolsan el dinero". Los planes fallan. La decisión del Gobierno de radicalizar el proyecto socialista en 2007 llevó a un primer objetivo que sacó a AES del juego: la estatización del sector eléctrico.
La empresa norteamericana recibió 800 millones de dólares por la Electricidad de Caracas. Los cambios de propiedad también han traído consecuencias que se proyectan hasta la actualidad. Mientras la empresa estuvo bajo el dominio del capital nacional, Caracas no dependía del sistema hidroeléctrico de Guri. "Sólo aportaba en casos de contigencia porque el suministro se realizaba a través de la plantas de generación termoeléctrica de la compañía", señala César Quintini, miembro de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat.
Hoy, una década después, la realidad es muy distinta: aproximadamente un tercio de la energía de la ciudad depende del sistema hidroeléctrico ubicado en Bolívar. Por eso, la ciudad ahora es vulnerable a la sequía producida por el fenómeno de El Niño. La situación, como lo ha dicho el presidente Hugo Chávez, es de alerta roja: para mover las turbinas que generan la hidroelectricidad se usa 5 veces más agua de la que aporta un menguado río Caroní. Pero la afirmación presidencial según la cual la única causa del racionamiento de electricidad es El Niño, puede ser sometida a una revisión en el caso caraqueño.
El incumplimiento de los planes para atender los crecimientos de la demanda es fundamental para comprender la coyuntura actual. "La crisis se origina en la falta de generación térmica requerida y programada. Es todavía más grave cuando se constata que desde el año 1996 la Electricidad de Caracas venezolana tenía decidido proceder a la construcción de una planta de ciclo combinado en El Sitio (Valles del Tuy) con estudios completos, terrenos comprados y permisos ambientales obtenidos", recuerda Zuloaga. AES, afirma, no pudo obtener garantías sobre el cumplimiento del régimen tarifario por parte del Gobierno y por eso no hizo la inversión. "Pero nosotros, la hubiéramos hecho porque éramos venezolanos, apostábamos por el país y podíamos tirarnos esa parada. Invertimos, de hecho, 10 millardos de bolívares fuertes entre 1996 y 2000".
Hoy, la Electricidad de Caracas en manos del Gobierno tiene pendiente la ejecución de ese proyecto llamado Termocentro. Hay asignado un contrato para la construcción de una planta con capacidad para generar 1.040 megavatios a un costo de 2,23 millardos de dólares. "Es un promedio de 2.150 dólares por kilovatio. Pero es interesante que en Cartagena, España, un proyecto de envergadura semejante fue presupuestado a un promedio de 767 dólares por kilovatio. Sería necesario una explicación sobre esto", expresa Quintini. Ricardo Zuloaga lo dice antes de apagar la luz de la oficina: "Durante muchos años, la planificación y la previsión de los incrementos de la demanda fueron una de las razones del éxito de la electricidad. Ese negocio es como el de la ganadería y no se puede improvisar: la carne que te comes hoy comenzó a fraguarse 5 años antes, cuando un toro montó una vaca".
El día negro Ricardo Zuloaga lo recuerda como uno de los peores momentos en la existencia de la Electricidad de Caracas: "Fue una gran tragedia". Ocurrió el 19 de diciembre de 1982. El incendio de los tanques de combustible de la planta eléctrica Ricardo Zuloaga de Tacoa, en Arrecife, Vargas, fue la gran mancha del currículo de la empresa: 154 personas fallecieron en una tragedia sin precedentes en el país. Cerca de 500 viviendas fueron destruidas. De acuerdo con los registros de El Nacional, a las 6:15 am de aquel domingo ocurrió una explosión en el tanque número 8 de Tacoa, donde se descargaban 16.000 litros de combustible de fuel oil, provenientes del barco tanquero Murachí.
Dos obreros que inspeccionaban el llenado de los depósitos murieron en el acto. Como el fuego amenazaba el barrio que estaba cerca, acudieron para controlarlo bomberos de Vargas, Caracas, Aragua y Carabobo. Técnicos de la Electricidad y Petróleos de Venezuela, funcionarios de la policía, Protección Civil y la Guardia Nacional apoyaron la operación. Al mediodía, parecía que el incendio estaba controlado, pero a las 12:35 pm, debido a la acumulación de vapores calientes, explotó el tanque número 9. La onda expansiva mató a decenas de personas, entre ellas bomberos y periodistas.
En la investigación de Rafael Arráiz Lucca sobre la historia de la Electricidad de Caracas se recuerda que los tribunales y una comisión especial del Gobierno eximieron de responsabilidad directa a la empresa por el suceso, aunque "nunca se lograron aclarar totalmente las causas del siniestro". En su momento, sin embargo, se atribuyó el suceso a la negligencia en los procedimientos de la empresa. Zuloaga aún afirma que desconoce por qué ocurrió el incendio, aunque no descarta una falla en la composición del combustible que se les suministró. Familiares y amigos de las víctimas crearon el comité Tacoa contra el Olvido, cuyo objetivo era garantizar que se investigaran los hechos y se indemnizara a los afectados. Dos años después, la jueza del Tribunal XIII Superior en lo Penal dictó autos de detención contra altos ejecutivos de la Electricidad de Caracas por los delitos de incendio y homicidio culposo.

1 comentario:

Carmenia dijo...

Transcribo del libro de Arraiz Lucca "La Electricidad de Caracas: el desarrollo de una empresa de servicios" lo siguiente (pág. 32)
"en 1924 el país padecíó una sequía considerable, que llevó el nivel de las aguas de los ríos Gauire y Mamo a niveles críticos, con lo que el suministro de energía se vio en aprietos"

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