martes, abril 13, 2010

Bicentenario de la Independencia en Venezuela: Reflexiones (Historiador Santos Rodulfo Cortés)

ENTREVISTA Santos Rodulfo Cortés, historiador
"Las revoluciones son inconclusas"
"La revolución del 19 de abril 1810 está pendiente terminarla y eso deben hacer las generaciones futuras"
Golpe de Estado, es la revelación del historiador Santos Rodulfo Cortés, sobre lo que aconteció el 19 de Abril de 1810, hecho que el próximo lunes cumplirá 200 años. Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia, Cortés acaba de editar el libro 19 de Abril de 1810. Una revolución popular inconclusa, donde asoma interesantes posturas sobre lo ocurrido en esa fecha, y despeja la duda sobre la conservación de los derechos de Fernando VII y de si es una fecha pro hispánica.


-¿Por qué asegura que el 19 de Abril fue una revolución popular inconclusa?

-Los pueblos cuando hacen un cambio lo verifican por el bienestar, su progreso, su salud, y la única forma de lograrlo es haciendo una revolución, un cambio de lo que era anteriormente porque anteriormente se les negaban esos derechos, de progreso, de ascenso social. Siempre las revoluciones serán inconclusas mientras no se logren los propósitos de cada pueblo, y la del 19 de Abril sigue siendo inconclusa porque faltan todavía multitud de factores: elementos sociales, culturales, económicos, de todo. De manera que está pendiente terminarla, y eso tienen que hacerlo las generaciones futuras. Será inconclusa mientras no se cumplan los propósitos y cuando esta generación proponga otra revolución.

-¿Cuál fue el impacto?
-El 19 de Abril hubo un cambio, significó que se tomaron todas las providencias para que no quedara nada de lo anterior, o que quedara todo para luego modificarlo más adelante cuando hubiera condiciones o circunstancias favorables. También fue un acto de soberanía: ese día el Cabildo de Caracas tomó posesión del derecho a gobernar que tenía este pueblo y que antes lo tenían los reyes de España. Hicieron una transferencia virtual y real, y asumieron todos los poderes, con lo cual hubo un acto de soberanía.

-¿Fue así, un acto de soberanía?
-Esa fue la verdadera causa de la separación de Venezuela en este caso de España. Porque Carlos IV junto a su hijo Fernando VII y los demás príncipes renunciaron al trono de Castilla y al Señorío de las Indias (así llamaban los territorios de ultramar) el mismo día.
-¿Por qué renuncian?

-Porque Napoleón quería hacer una especie de asedio, de bloqueo al comercio de Europa con Inglaterra, pero en España impidieron que pasaran esas tropas por allí, y se formó en España la guerra de resistencia y de independencia contra Napoleón. Al abdicar al trono de España y Señorío de las Indias, lo que ocurrió el 19 de Abril es que los jóvenes señores, como en España no había gobierno, tomaron posesión del dominio de estas tierras y asumieron todo el poder.

-¿Cómo hicieron eso?

-Al no invocar nada, todo quedó como una especie de artificio, solamente con base en un principio de la Edad Media, el Código de las Siete Partidas de Alfonso el Sabio, que decía que cuando moría un rey lo sucedía su hijo mayor, y si la dinastía se terminaba, se extinguía, se nombraba por las Cortes de España una especie de parlamento que no se reunía desde Carlos V. Si no se reunían, al no haber reunión, todo poder que surgió en España era ilegal, nulo, no venía del pueblo, del sufragio ni de la voluntad de los pueblos.

-¿En esa época se hablaba de la voluntad popular en un sistema monárquico?

-No, pero las Partidas lo decían: el pueblo era el común, la comunidad de un cabildo, y al tener cabildo tenían el derecho de heredar el trono. Era un derecho de los comunes, un fuero que daban los reyes que lucharon contra los árabes para tomar un territorio y daban privilegios a las ciudades. Por eso todos eran el común.
-¿Todos con privilegios?
-Todos tenían derechos, menos los perseguidos de la Inquisición, los insolventes que debían dinero al erario público, las mujeres, los menores de edad, los moros, judíos o que no eran cristianos.
-Es decir, la mayoría...
-Ni los esclavos, ni pardos. Fíjese cómo se mantiene un estatus: Juan Germán Roscio y Martín Tovar y Ponte, que eran los que firmaron el 19 de Abril, decidieron invocar ese derecho y convertir el Cabildo en un Estado, un gobierno. Por eso firmaron la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, que tenía su propia bandera, su cucarda distintiva en la solapa y una especie de gorro frigio que significaba otro país. Ese día nació otro país, el Estado, la patria, nos apoderamos del territorio, surgió Venezuela, y ya con síntomas de separación. Allí empezamos a hablar de indepen- dencia.
-¿Aunque dijera Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII?
-Es que desde ese día Venezuela ya no obedecía ni al rey de España ni a los gobiernos, ni a las juntas ni a consejos de regencia. Más bien decidieron convertir a la junta suprema en consejo de regencia.
-¿Pero ya era débil el gobierno de Vicente Emparan?
-No, Emparan renunció.
-¿Y aceptó renunciar tan fácilmente? ¿bajo el poder de un dedo?
-El 19 de Abril de 1810 fue una conspiración militar y civil, y el día anterior, el 18 de abril, hubo un golpe de Estado. Esa es la verdad, hay que decirlo. Aunque lo quieran negar, pero es cierto. El marqués Del Toro era el jefe de las tropas y estaba metido de cabeza en la conjura. Su hermano, Fernando Rodríguez del Toro, era el jefe de la milicia local, como decir el inspector de las fuerzas armadas y tenía el control de todos los cuarteles y todas las armas.
-¿Fue un golpe, entonces?
-Sí. Es que la Historia es una ciencia, real y fáctica, tiene sus propios métodos, definiciones, teleologías, técnicas y terminología. En Historia no se puede inventar nada. Y si se inventa entonces es fantasía, literatura o folclor, pero nunca Historia. Por eso, el 19 de Abril fue un hito que separa la época colonial y la republicana y comenzó la secesión de España. Y apareció una frase, que está en una plaquita en el actual Concejo Municipal de Caracas, que dice más o menos que Venezuela o la patria existirá hasta que muera el último venezolano. Y eso de "Patria o muerte", sin el socialismo, también es del 19 de Abril.
-Pero si la Historia es una ciencia que no se puede tergiversar ¿por qué hay tantas interpretaciones diferentes? -
Si yo le doy vuelta a una circunferencia que tiene un centro tendría 360 maneras de ver ese centro, más los minutos y los segundos. O sea, que son infinitos los puntos de vista. Pero todo depende de cómo se haga. Por eso hay que insistir en educar y enseñar la Historia.
Ana María Hernández G.
EL UNIVERSAL

Bicentenario de la Independencia en Venezuela: celebraciones (UCV)

La UCV comienza celebraciones por el bicentenario de la independencia
Escrito por: blog.ucv BLOG UCV Lunes 12 Abril 2010 14:36 pm
La Universidad Central de Venezuela comienza la celebración por los 2 siglos de la declaración de la independencia que se cumplen este 19 de abril, con la apertura del “Año Bicentenario Ucevista. 200 años de autonomía, independencia y libertad”, que se realizará el próximo 21 de abril con un acto especial en el Aula Magna de la UCV a las 10:30 am.
Este Año Bicentenario abarca una serie de actividades que continuarán hasta el 5 de julio de 2011, fecha en que se cumplen 200 años de la firma del acta de independencia; la idea de tal celebración surge por iniciativa de las autoridades ucevistas, encabezadas por la Rectora Cecilia García Arocha; el Vicerrector Académico, Nicolás Bianco; Vicerrector Administrativo, Bernardo Méndez y el Secretario Amalio Belmonte, quienes junto a un Consejo Consultivo y un equipo operativo han organizado el evento.
El acto de apertura del Año Bicentenario tendrá como orador de orden a Germán Carrera Damas y contará con la participación de la Rectora de la UCV; y del Presidente de la Federación de Centros Universitarios (FCU), Roderick Navarro; junto a invitados especiales, entre ellos, ex rectores de la UCV, académicos, historiadores y autoridades locales. Se tiene prevista la participación de la Orquesta Universitaria, con un repertorio de canciones patrióticas, y del Orfeón Universitario.
Ucevistas en la independencia
Acota la Rectora Cecilia García Arocha que durante este Año Bicentenario Ucevista se estarán realizando una serie de foros y discusiones, además de la apertura de una exposición en el Hall de la Biblioteca Central con el fin de recrear la época independentista, junto al despliegue de una campaña en la Ciudad Universitaria -teniendo como eje central la Plaza Cubierta- para difundir la condición civil y ucevista del 19 de abril.
Para el 5 de julio de este año continuarán las actividades con la convocatoria a concursos de ensayos, diseños, obras, conciertos, y reediciones y bautizos de libros, entre otros, cerrando el ciclo el 5 de julio del año entrante, considerando que el 19 de abril y el 5 de julio marcan un hito en la participación de la sociedad civil en el proceso de independencia, pues después de tales fechas comienza el período de guerra.
“El sentido civil y universitario de la declaración de la independencia está presente mediante la intervención de civiles y universitarios en el proceso independentista, considerando que de los 41 firmantes del acta, 21 fueron universitarios, y 19 de ellos eran ucevistas”, explica la Rectora de la UCV, quien agrega que esta participación resalta la condición propia del universitario, en busca de libertad, autonomía y libertad”.

lunes, abril 12, 2010

Bicentenario de la Independencia en Venezuela: celebraciones (Estado: Centro Nacional de la Historia)

Centro Nacional de Historia edita 19 nuevos títulos de la colección Bicentenario
Caracas, 11 Abr. ABN.- 19 títulos de las colecciones Bicentenario y Monografía fueron presentados este sábado en el Consejo Municipal de Caracas, durante la clausura del coloquio Historia De Abril a Abril: Alcances de una Revolución (1810-2010). Así lo informó, mediante un comunicado, el viceministro para el Fomento de la Economía Cultural, Pedro Calzadilla, quien manifestó que la mayoría de las obras pertenecen a jóvenes investigadores que 'han hecho sus proyectos de estudios superiores en universidades venezolanas, así que estamos convencidos de que hay un proceso de investigación muy valioso”, agregó. Algunas obras que componen dichas colecciones son: Cipriano Castro en cinco miradas. Antiimperialismo y soberanía; Elorza o el viento: El paralelo siete; Julio de Armas: esbozo biográfico; Microhistoria italiana (modo de empleo). Igualmente La muerte y su dominio: Cementerio General del Sur el guzmanato 1876-1887; Historia de la educación en Venezuela, y De la historia de la educación centralista a la historia de la educación regional. En la lista figuran las obras La crítica cultural latinoamericana y la investigación educativa; El miedo a la revolución: la lucha por la libertad en Venezuela 1777-1830; El infierno es un sacramento, Los malos tratos a las mujeres en matrimonio en Venezuela; Deuda histórica e historia inmediata en América Latina; La Dolorita: ejercicio de reconstrucción histórica. Las obras estarán disponibles en la Red de Librerías del Sur. Informa el comunicado que todas las obras fueron realizadas para promover la memoria histórica de las comunidades organizadas. El viceministro Calzadilla anunció además que el ministerio del Poder Popular para la Cultura realizará próximamente una convocatoria para propiciar “la edición de 30 títulos nuevos, con el propósito de que formen parte de una segunda oleada editorial”.

domingo, abril 11, 2010

A propósito del 11 de abril de 2002

VOTO SALVADO (9)Conforme a lo dispuesto en el aparte último del artículo 52 del Reglamento Interior y de Debates de la Asamblea Nacional, en nombre del grupo parlamentario de Convergencia salvo el voto por las razones que expondré a continuación y solicito formalmente la inclusión del presente escrito al pie del informe que será presentado por la Comisión Especial, a la Asamblea en pleno.VOTO SALVADO DEL DIPUTADO JUAN JOSE CALDERALa investigación parlamentaria sobre los acontecimientos del pasado mes de abril tiene como propósito cumplir la obligación establecida en el numeral 3 del artículo 187 de la Constitución de 1999, según el cual corresponde a la Asamblea Nacional “ejercer funciones de control sobre el Gobierno y la Administración Pública Nacional en los términos consagrados en esta Constitución y en la ley”. Y conforme al artículo 222 del mismo texto la Asamblea Nacional, “en ejercicio del control parlamentario, podrá declarar la responsabilidad política de los funcionarios públicos o funcionarias públicas y solicitar al Poder Ciudadano que intente las acciones a que haya lugar para hacer efectiva tal responsabilidad”.No debe el parlamento invadir la esfera de competencia de los otros poderes públicos. Debe pronunciarse esencialmente sobre lo que sólo al poder legislativo corresponde hacer y para ello debe evaluar el desempeño del gobierno frente a los sucesos a fin de precisar si existen responsabilidades políticas de altos funcionarios públicos, porque su conducta sea reprobable, con las consecuencias a que haya lugar. Este análisis puede conducir obviamente a la remoción del Vicepresidente Ejecutivo o de los ministros, según lo establecido en el numeral 10 del artículo 187 de la Constitución. Pero también puede la investigación sustentar un voto de censura al Presidente de la República, en virtud de que “es responsable de sus actos y del cumplimiento de las obligaciones inherentes a su cargo” (artículo 232). El presidente Chávez estuvo en el centro de los sucesos analizados y, como él mismo expresara en “aló presidente” del domingo 28 de abril, “si alguien llegara a demostrar que yo fuera, fuese el responsable de eso -refiriéndose a la masacre del 11 de abril-, pues yo no debo ser Presidente de Venezuela”. En este caso debe el parlamento, como depositario de la representación popular, exigirle la renuncia a su cargo.1) El presidente Chávez provocó el grave conflicto de PDVSA:Este conflicto fue la causa inmediata de los sucesos de abril y fue provocado por la torpe actitud del presidente Chávez, carente de elemental ponderación y equilibrio. A pesar de tratarse de la industria que es columna vertebral de nuestra economía, se negó a un adecuado diálogo con el personal gerencial y mantuvo durante semanas una desconsiderada postura frente a ellos, que fue agravando inútilmente el conflicto. Para terminar reconociendo de manera pública su imperdonable error, pero lo hizo luego de la horrible masacre del 11 de abril.El 13 de febrero sustituyó al presidente de Pdvsa y el día 25, sin que mediara renuncia alguna conocida, sorprendió nombrando una nueva junta directiva que fue parcialmente cuestionada por un grupo de ejecutivos de la industria. Aclararon que su rechazo “no es al nuevo presidente, ni a la designación de los directores externos, sino por la designación de los directores principales, que deben ser especialistas con mucha experiencia en el negocio”. Chávez les contestó abrupta e inmediatamente que no les quedaba otra opción que acatar la decisión “o irse a trabajar en una empresa privada”. El 17 de marzo el presidente Chávez amenaza públicamente a los gerentes, retándolos a paralizar la industria “porque si lo hacen la militariza”, y les recomendó que enrollaran sus propuestas “y se las metieran con un cohetico” según palabras textuales muy impropias en tan alto mandatario. El 21 de marzo se produjo un paro administrativo en la empresa que se cumplió en un 80% y, a pesar de ello, el gobierno siguió radicalizando su posición. El jueves 4 de abril estalló finalmente el conflicto, mes y medio después de la designación de la nueva junta y una semana antes de la masacre. Ese día el vicepresidente Diosdado Cabello, en cadena de radio y televisión que se repitió varias veces, expresó: “Ante un principio esgrimido por este grupo de gerentes, de meritocracia, nosotros esgrimimos un principio que le damos mayor nivel en este instante, que es el principio de autoridad”. El ministro de la Defensa José Vicente Rangel amenazó nuevamente con la militarización de la industria. Y el domingo 7 de abril Chávez despidió groseramente a los gerentes “rebeldes” y anunció la jubilación de otros, alertando a la nómina mayor que podía “rasparlos a todos” porque “hay una lista larga de personas preparadas para sustituir a quienes se vayan de Pdvsa”. El martes 9 Chávez advirtió que se pasaba “la espada de nuevo a la mano izquierda”, ante al paro nacional. Y el 11 de abril en la cadena que tuvo lugar durante la masacre no dijo que la junta directiva de Pdvsa había renunciado, sino que la felicitó porque “se han mantenido allí firmes”. Pero el lunes 15 de abril Chávez confesó que los directivos petroleros habían acordado renunciar en la noche del miércoles 10 y que habían consignado la renuncia escrita el día de la masacre, “como a las dos de la tarde”, y “desde ese día la acepté”. Cabe preguntarse por qué no intentó detener, ni siquiera en ese momento, el conflicto que él mismo había generado. El presidente Chávez ha reconocido los graves errores que cometió en el manejo de tan delicado asunto y “a confesión de parte, relevo de prueba”. Pidió públicamente perdón a los gerentes después de los sucesos y añadió: “yo estoy dispuesto a rectificar decisiones que ahí se tomaron”. Reincorporó a los despedidos y jubilados y tuvo que designar otra junta directiva, como se lo habían solicitado sólo parcialmente en un principio, pero ya la masacre se había producido por su torpeza e intransigencia en el manejo del conflicto. Este es el primer elemento que fundamenta la responsabilidad política del presidente Chávez y de su gobierno ante las muertes del 11 de abril.2) El Presidente Chávez ordenó reprimir la manifestación del 11 de abril:A pesar de que la enorme manifestación popular del jueves 11 se desarrollaba de manera “pacífica y sin armas”, con la presencia en ella de mujeres y niños, fue reprimida brutalmente por la Guardia Nacional, haciendo uso de armas y sustancias tóxicas, en abierta violación del artículo 68 de la Constitución. El presidente Chávez admitió ante la Comisión Política de la Asamblea Nacional que él mismo había ordenado directamente la actuación de la fuerza pública, desmintiendo al Vicepresidente José Vicente Rangel que trató de negarlo, y por tanto se confesó políticamente responsable de los resultados.Además, el Presidente Chávez reconoció ante la comisión parlamentaria que él había ordenado la activación del Plan Avila. Y aunque afortunadamente sus órdenes no hayan sido cumplidas, como pretendió alegar en su favor, la pretensión de utilizar efectivos militares con armas y equipos de guerra frente a la manifestación, sin que hubieran sido desbordados los organismos encargados del orden público, descalifica aún más el desempeño presidencial ante los acontecimientos porque la masacre ha podido ser de mayores proporciones.3) En cambio, el Presidente Chávez no dio orden de proteger el derecho a la vida y la integridad de las personas:El Presidente admitió ante la Comisión Política de la Asamblea Nacional que supo de la existencia de francotiradores durante los acontecimientos y reconoció que no había dado orden de enfrentarlos, ni a la Guardia de Honor, ni a la Guardia Nacional, ni a la Disip. Alegó en su favor que: “no me corresponde a mí dar órdenes específicas... eso en verdad no es mi responsabilidad... un presidente no va a estar tomando decisiones que corresponde a niveles subordinados”. Sin embargo aceptó que él había prohibido ese día el vuelo del helicóptero de la Policía Metropolitana, que ha podido combatir a los francotiradores.Tampoco dio orden alguna de controlar a quienes disparaban en la calle, en las inmediaciones del Palacio de Miraflores, como era su deber constitucional hacerlo en defensa del derecho a la vida de los ciudadanos (artículo 43 de la Constitución) y del derecho a la protección de su integridad física (artículo 55). Luego ha tratado de justificar a los que dispararon, alegando ante la comisión que “eran ciudadanos que estaban allí concentrados, apoyando al gobierno, y esa concentración era de varias cuadras y sobrepasaba el Puente Llaguno y salieron en mi criterio, es un criterio, no es ningún veredicto, en defensa propia... En defensa propia y en defensa de los demás sacaron sus armas...”Altos funcionarios del gobierno encabezados por el propio vicepresidente José Vicente Rangel ordenaron movilizar a sus partidarios para un enfrentamiento violento a las puertas del palacio presidencial, haciendo uso incluso de la televisión del Estado, y los dejaron emplear armas de fuego al amparo de las autoridades encargadas de preservar el orden público. Luego, atentando públicamente contra la separación de poderes, el propio Presidente de la República se inmiscuyó indebidamente en las investigaciones que realizan las autoridades judiciales y alegó de manera pública la sorprendente tesis de la “defensa propia”. Esto revela una clara complicidad y la existencia de responsabilidades penales pero, como hemos señalado inicialmente, su determinación no es el objeto central de la investigación confiada a la Comisión Política.En conclusión, aún en el supuesto de una muy dudosa y cuestionable buena fe del Presidente, del Vicepresidente Ejecutivo y de los ministros, en su desempeño frente a los graves acontecimientos resulta evidente su responsabilidad política por la masacre ocurrida en las inmediaciones de Miraflores el pasado jueves 11 de abril y así debe declararlo la Asamblea Nacional. El presidente Chávez y su gobierno son merecedores de un enérgico voto de censura de la representación popular, con las consecuencias legales y constitucionales a que ha lugar, incluyendo la solicitud de renuncia al cargo del primer magistrado nacional.

sábado, abril 10, 2010

Bicentenario de la Independencia en Venezuela: Reflexiones (Estado: Centro Nacional de la Historia)

Historiadores celebran inicio de Ciclo Bicentenario

Escrito por Mónika L. Castillo Aranzazu
lunes, 12 de abril de 2010

Se elaboró un manifiesto político de historiadores bolivarianos que expresa, en primer lugar, que el inicio del Ciclo Bicentenario comienza a partir del año 2004 con la Revolución Haitiana, rechaza rotundamente toda versión historiográfica hegemónica procedente de la crisis del absolutismo español de principios del siglo XIX y declara necesaria la generación de espacios para la investigación, discusión y masiva difusión de nuevas miradas historiográficas.

En el marco de la celebración de los 200 años del Bicentenario de la Independencia de Venezuela, desde el Patio de Los Leones de la Alcaldía Libertador en Caracas, más de 70 historiadores de todo el país, se dieron cita este viernes 9 y sábado 10 de abril, en el Coloquio de Historia "De abril a abril alcances de una Revolución (1810-2010)", con la finalidad de debatir y generar reflexiones críticas sobre los procesos revolucionarios y libertarios que han conformado la historia de nuestro país y del resto de América Latina.

En las palabras de apertura del coloquio, a cargo del ministro del Poder Popular para la Cultura, Francisco Sesto Novás, destacó la importancia del proceso de cambio que vive Venezuela en su lucha permanente por la construcción de una sociedad de igualdad y justicia.

Explicó Novás, que nuestro país ha dado pasos importantes para la recuperación de su orgullo y dignidad, alumbrando zonas que antes se mantenían en la oscuridad, incluso desde el punto de vista cultural, en sectores de la sociedad olvidados como los pueblos originarios, los afrodescendientes y las comunidades campesinas, entre otros.

"Esa conquista nos hace sentir políticamente independientes y asumimos con orgullo nuestra manera de ser, es un primer paso, pero faltan otros", agregó el titular de Cultura.
Pedro Calzadilla, viceministro para el Fomento de la Economía Cultural, expresó: “la historia es un proceso de interpretación, está abierto y articulado con las determinaciones e intereses de un colectivo. Necesitamos mirar el pasado de una manera distinta, la historia no es un asunto reservado para los académicos”.Carmen Bohórquez, viceministra de Cultura para el Desarrollo Humano, indicó que “la esencia de Nuestra América ha sido la insurgencia, porque hemos sido pueblos constantemente amenazados, pero también hemos decidido ser totalmente libres”.
“No debemos quedarnos discutiendo lo que pasó hace 200 años, sino que ese espíritu de unidad americana, de necesidad de los pueblos por romper cualquier tipo de opresión y dominación, está hoy recuperado quizá con el mismo vigor, esa misma pasión con la que los pueblos caminaron hacia la emancipación”, enfatizó.

Esta actividad especial duró dos días y contó con la presencia de historiadores y profesores universitarios, quienes buscaron reflejar las causas y consecuencias de los próceres que condujeron a la liberación de la patria, resaltando el significado de nuestra lucha actual.
Cabe destacar que dicha actividad abordó en una primera sesión el tema de los Movimientos previos al 19 de abril ¿Insurgencia, Rebelión, Resistencia, Independencia? Seguidamente de ¿1810, Crisis del imperio español o la insurgencia continental?

Posteriormente,el sábado 10, el encuentro centró su discusión en Alcancesde una Revolución (1810-2010),para finalmente concluir con propuestas y la lectura del documento final con todas y cada una de las intervenciones que dejaron constancia de la relación entre el comienzo de nuestra independenciaen 1810 y la actual lucha revolucionaria que lidera el presidenteHugo Chávez Frías.

Este programa nacional de debate colectivo forma parte de los planes ejecutados por la Comisión Presidencial para la celebración del Bicentenario de la Independencia, cuyo propósito es generar espacios de reflexión y crítica sobre los procesos revolucionarios y libertarios que han conformado la historia de Venezuela junto a todos los pueblos de Nuestra América en su lucha permanente por la construcción de una sociedad de igualdad.
Prensa CNH.

Manifiesto Político del Coloquio "De Abril a Abril: Alcances de Revolución (1810-2010)

lunes, 12 de abril de 2010
¡Al Bravo Pueblo de Venezuela y de Nuestramérica!
Nosotros, historiadores e investigadores venezolanos y nuestramericanos, participantes en el Coloquio de Historia “De Abril a Abril: Alcances de una revolución (1810-2010)”, realizado en la ciudad de Caracas del 09 al 10 de abril del presente año, queremos dejar expresado ante nuestros pueblos lo siguiente:

¡Al Bravo Pueblo de Venezuela y de Nuestramérica!
Nosotros, historiadores e investigadores venezolanos y nuestramericanos, participantes en el Coloquio de Historia “De Abril a Abril: Alcances de una revolución (1810-2010)”, realizado en la ciudad de Caracas del 09 al 10 de abril del presente año, queremos dejar expresado ante nuestros pueblos lo siguiente:
1. Nos sumamos al júbilo de los hombres y mujeres del continente en una fiesta de importancia mundial como la que marca el inicio de su Ciclo Bicentenario, a partir del año 2004 con la Revolución Haitiana. 2. Queremos rechazar rotundamente toda versión historiográfica hegemónica que busque legitimar la Independencia americana como procedente de una mentalidad importada, es decir, como producto de la crisis del absolutismo español de principios del siglo XIX, y no como lo que realmente fue: una insurgencia continental liderada por pueblos históricamente sometidos.
3. Declaramos necesario que en el marco de nuestro Bicentenario se generen espacios para la investigación, la discusión y la masiva difusión de nuevas miradas historiográficas, lejanas de los paradigmas eurocéntricos y racistas que insisten en negar la participación en nuestras luchas de independencia de los sectores populares y colonialmente excluidos que en la realidad las hicieron posibles.
4. Concebimos la Independencia como el comienzo de un ciclo emancipador complejo e inconcluso, de procesos revolucionarios múltiples, que nos exhorta a asumir en la actualidad el compromiso antiimperialista nuestramericano de conformar un mundo multipolar, en contra de cualquier injerencia extranjera. 5. Por ello, a los 200 años del 19 de abril de 1810, estrechamos filas con nuestros imbatibles pueblos nuestramericanos en la radical profundización de sus luchas por la Igualdad, la Justicia y la Soberanía plena, como columnas fundamentales para la creación heroica del Socialismo del siglo XXI.
En la ciudad de Caracas a los diez (10) días del mes de abril del Año Bicentenario de 2010.

jueves, abril 08, 2010

El problema de Venezuela son sus mitos

Publicado en Analitica.com

Carlos Balladares Castillo

Al leer el excelente libro de Ana Teresa Torres: “La herencia de la tribu” (2009, editorial Alfa), llegamos a esta conclusión. Nuestros mitos fundacionales (Independencia inacabada lograda por héroes, en especial por uno sólo con características mesiánicas: Bolívar), se han alimentado del resto de nuestros mitos sociopolíticos e incluso geográficos (si podemos llamarlos así) y económicos. Todos ellos han generado, de esa forma, un gran mito central de tipo trágico, que fortalece nuestros fracasos como nación; y que tiene la capacidad de ser “versátil y permeable” por el nuevo héroe hablador. En nuestra opinión, pensamos que si no podemos vivir sin mitos (o no podemos prescindir totalmente de él), porque estos permiten la comprensión de una realidad compleja; debemos destruir los que impiden nuestro progreso y crear nuevas ficciones motivadoras de una vida moral y política moderna.

La autora ha redactado el mito en pocas palabras, que transcribimos a continuación.

Había una vez un pueblo cuyo origen estaba maldito. Sus habitantes se odiaban entre sí por culpa de un pequeño grupo de hombres crueles y tiranos que llegaron de otro mundo para apoderarse de sus riquezas. (…) Entonces uno de ellos, el más rico pero el más generoso, (…) fue elegido por Dios para llevarlos a la libertad y romper las cadenas de la injusticia, de modo que todos vivieran en armonía y fueran felices en un mundo justo y libre. Todos le siguieron (…). Por ello muchos dieron su sangre, y así crearon una nación libre. Pero el héroe fue traicionado por los envidiosos y poderosos, y así lo dejaron morir (…). Sin embargo, el pueblo heroico y hermoso que él amó sigue vivo, y mantiene la esperanza de que él vuelva para hacer justicia y dar fin a su obra inconclusa. (Pp. 109-110).

Después de muchos años durante los cuales los enemigos del pueblo lo mantuvieron sometido a su dominación y saqueo, apareció el héroe que había heredado las cualidades del gran padre exiliado y traicionado. (…) Bajo su conducción el pueblo libró muchas batallas contra sus enemigos, y finalmente recuperó su dignidad y su libertad, y así vivirá durante mucho tiempo feliz y dichoso, en la armonía y la paz, y el disfrute común de sus riquezas. (P. 278).

El problema no es la existencia de la conciencia mítica, sino éste mito narrado anteriormente. Porque el mismo tiene como consecuencia atarnos al pasado independentista, y no poder valorar cualquier otro esfuerzo como nación, grupos o individuos, y tiempo. No existimos más allá de la Emancipación reducida a la vida y obra de Bolívar, y cualquier acción que emprendamos debe buscar completar la utopía “creada” en este período de nuestra historia. La exaltación de la conflictividad entre el héroe (y su pueblo) y sus enemigos (el antihéroe y la oligarquía apoyada por el “imperio”), genera tres elementos antirrepublicanos. La necesidad de la centralización del poder en la voluntad de un solo líder (personalismo político) y no en la confianza en las instituciones, un culto a la violencia y a la muerte (son héroes guerreros nunca civiles, por tanto hay un desprecio al “trabajo constante y silencioso”), y la negación del pluralismo democrático (el otro siempre es el enemigo y traidor, nunca el contrincante con el que se puede discutir y llegar a consensos).

La autora nos explica como este gran mito, es alimentado por otros que fueron desarrollados antes y después de la Independencia, y adaptado a la perfección por el discurso de Hugo Chávez (héroe mesiánico, protagonista y recreador del mito). Las otras historias míticas son: 1) El indígena como “buen salvaje” creador de un protosocialismo (imperio inca y comunidades colectivistas) y vida armónica entre la naturaleza y el hombre, y entre los hombres; 2) Las riquezas inagotables de nuestra tierra (“El dorado” supuestamente confirmado en el siglo XX por el petróleo); 3) la capacidad del individuo para imponerse por sí solo (“el conquistador”, pero también “el vivo”, “el pájaro bravo”, “el alzao”, “el malandro”) y la admiración colectiva por el mismo; 4) somos un pueblo igualitario más que libertario; 5) la vida buena es la rural y agrícola, no la urbana; 6) Estado providencial y paternalista; 7) somos un pueblo mestizo; 8) la ley y las instituciones son injustas por ello deben ser desobedecidas; 9) la culpa de nuestra desgracia es de Estados Unidos (y en el pasado: imperios español y británico). Estos ingredientes son usados según le convenga al gran líder, son la panoplia discursiva para legitimar su papel de sacerdote o reencarnación del héroe fundamental: Bolívar.

Ana Teresa Torres plantea como solución “abandonar la búsqueda del cadáver, darlo por enterrado, y recordarlo sin pretender reencontrarlo en el futuro” (p. 35). Nosotros planteamos, además, la transfiguración de los mitos dominantes en relatos que exalten el esfuerzo constante de los civiles por construir una república democrática y pluralista, equitativa (no igualitarista sino que proclame la igualdad de derechos), trabajadora y productiva.

miércoles, abril 07, 2010

¿Qué es el chavismo? Mayor dependencia del petróleo, y la desigualdad social en alza

Teodoro Petkoff

ONCE AÑOS PERDIDOS

Tal Cual

Según el Banco Central, 95% de las divisas que recibe el país por exportaciones proviene del petróleo; el resto de la economía sólo produce el 5% de los dólares. En 1998, el petróleo nos proporcionó el 68% de las divisas y el resto de la economía el 32%.

Once años de chacumbelato han significado un salto atrás de proporciones colosales. Dependemos del petróleo como nunca antes. Esto es lo que llevó a distintos voceros del gobierno, incluyendo al propio Presidente, a descubrir el agua tibia, declarando enfáticamente, hace algunas semanas, que somos un “país rentista” y que el gran desafío que se plantea ante el gobierno es el de superar el “rentismo”.

Lo dicen con la cara dura de quien pareciera ser ajeno al problema, como si no fuera la política económica del gobierno la que ha empeorado dramáticamente nuestra condición rentista.

El rentismo se ha transformado, bajo Chacumbele, en una serpiente que se muerde la cola. La enorme renta petrolera no es utilizada para superarlo sino para alimentarlo. Más renta, más rentismo, más gasto improductivo.

La renta petrolera, en algunos países, como Noruega u Holanda, financia el crecimiento económico no petrolero, a través de fondos que represan la mayor parte del ingreso, impidiendo, al mismo tiempo, que su inyección al torrente monetario provoque el “efectoVenezuela”: dificultar la producción “endógena” y las exportaciones, al mismo tiempo que abarata y favorece fantásticamente las importaciones. Por este lado estamos quebrados.

El aparato productivo privado y el público están en la lona, casi noqueado el primero, tanto por la sobrevaluación de la moneda como por la concepción ideológica que lo considera “enemigo” y lo condena a una vida vegetativa; severamente lastimado el segundo por la incapacidad y la corrupción, con su producción por el suelo y sus exportaciones también. Chacumbele no combate el rentismo sino que lo propicia. Ha sido su principal promotor.

El gobierno se jacta, sin embargo, de que esos ingresos han permitido mejorar los indicadores sociales, lo cual le sirve de excusa para hacerse el loco ante su fracaso en la economía y en la construcción de infraestructura.

Hete aquí, sin embargo, que el Instituto Nacional de Estadísticas nos informa ahora el horror de que el 20% de la población más rica del país capta el 47,5% de la riqueza nacional, en tanto que al 20% más pobre sólo llega el 5,9%. Adicionalmente, nos hace saber que la desigualdad social se ha acentuado en 18 estados, con índices muy graves en los tradicionalmente más pobres.

Un consuelo de tontos sugiere que, pese a esto, la pobreza ha disminuido y que somos menos desiguales que otros países del continente. Que la pobreza crítica disminuyó fue verdad hasta 2008. Habría que ver qué ha pasado en 2009 y 2010, con el descenso económico y el incremento del desempleo y del trabajo informal.

Que seamos menos desiguales que muy pocos otros, tal vez, pero después de once años de “revolución” ese es un premio de consolación bien melancólico. La desigualdad existente hoy, después de once años de Chacumbele, lo acusa ante la historia. Once años perdidos.

La historeiadora Inés Quintero reflexiona sobre el Bicentenario del 19 de abril

EL NACIONAL - Lunes 05 de Abril de 2010

El foro del lunes

INÉS QUINTERO

La escritora dice que el sentido más profundo de la Independencia fue la sanción de ciudadanía

"¿Hasta dónde estamos dispuestos a defender la República?"

La autora de El ocaso de una estirpe sostiene que las construcciones históricas de hace 200 años tienen visibilidad y significado fundamental en la actualidad y asegura que la única manera de que a los venezolanos no les confisquen el pasado es que conozcan la (bicentenaria) tradición republicana que tiene el país

La conmemoración del Bicentenario de la Revolución Independentista de Venezuela mantiene bastante ocupada por estos días a Inés Quintero, individuo de número y secretaria de la junta directiva de la Academia Nacional de la Historia: es la encargada de ser la oradora de orden del discurso en la sesión solemne de todas las academias venezolanas que se realizará el 15 de abril.La historiadora no deja de ser noticia. Hace poco la editorial Alfa reeditó una versión corregida y ampliada de El ocaso de una estirpe, el primer libro que Quintero publicó, hace 20 años. El texto aborda el caudillismo como uno de los fenómenos característicos del siglo XIX y, en especial, se centra en las postrimerías del siglo, cuando el general Cipriano Castro asumió la Presidencia de la República.Un aspecto que le llamó la atención del estudio es que Castro, al acceder al poder, llamó a una Asamblea Constituyente, por parecerle esa la forma más adecuada de sancionar una nueva carta magna y legitimarse en el Gobierno. Hechos como éste se repitieron en otros momentos del pasado, y por ello asume que en la Venezuela republicana siempre ha existido una honda preocupación por lo que dice la letra constitucional. "No es casual que los grandes gobiernos autoritarios del país se preocuparan por cambiar la Constitución, como hicieron Guzmán Blanco, Castro y Gómez", apunta.Quintero indica que, a pesar de que algunos gobiernos venezolanos fueron autoritarios y abusaron del poder, hubo entre ellos unos que apoyaron la construcción de ciudadanía y proclamaron los principios constitucionales. "De no haber existido tales civilistas ­aclara­ no tendría sentido esa demanda permanente de legitimidad constitucional, independientemente de si luego cumplían o no la carta magna. Por eso, en la actualidad, la sociedad venezolana, a pesar de las tensiones a las que se encuentra sometida, aún exige el respeto del Estado de Derecho. Estos valores republicanos no surgieron del año 1958 para estos días, sino que han sido construidos históricamente".­¿La obsesión con la legitimación de muchos gobiernos está relacionada con que la Revolución Emancipadora tuvo que crear de la nada la República venezolana? ­No es porque estemos en el Bicentenario, pero yo creo que la revolución política más importante que ha ocurrido en el país es la Independencia; por la calidad, la profundidad y las consecuencias de lo que sucedió. No fue partir de cero, pero requirió construir nuevos referentes desde otros que representaban la negación de la República. Hasta que ocurrió la emancipación la valoración de la vida social se sustentaba en la desigualdad y la jerarquía, y la República estableció que el principio regente fuera la igualdad política. Eso es de una profundidad histórica sin precedentes, porque es el inicio de la construcción de ciudadanía. Claro que no fue un proceso rápido, lo que se sancionó fue el comienzo del proceso de construcción de ciudadanía y de principios republicanos, los cuales no pueden obtenerse de la noche a la mañana. Fue crucial que se sancionara, pero todavía estamos en el proceso de lograr la igualdad política.­Entonces, ¿el proceso de construcción de ciudadanía en el país tiene 200 años? ­Claro, conmemoramos dos siglos del comienzo de la vida republicana en el país y de ese proceso. El sentido más profundo de la Independencia no tiene que ver con haber dejado de ser sujetos del imperio español, más bien fue la definición republicana y la sanción de la ciudadanía, así como el ejercicio de la representación, todos aspectos que hoy tienen relevancia.Ahora no debemos discutir sobre la emancipación de España, pero sí preguntarnos: ¿hasta dónde estamos dispuestos a defender la República? Las construcciones históricas de hace 200 años, como la República, la ciudadanía y la división de poderes, tienen visibilidad y un significado fundamental en la actualidad, y por ello es tan importante ser conscientes de ellas. No podemos desentendernos de nuestra definición republicana porque eso es irreversible, ya eso se sancionó hace 200 años.­Muchos insertan al presidente Hugo Chávez en la tradición de caudillos de la que escribe en su libro. ¿Es válida esta comparación? ­No se puede hacer una analogía fácil entre Chávez y Castro, porque las condiciones históricas venezolanas de hoy son distintas a las de la época de la Revolución Liberal Restauradora. Chávez, contrario a Castro, no es un caudillo que proviene de una montonera, sino un oficial del Ejército venezolano, una institución. El caudillo es una especie de jefe silvestre y no proviene de una institución como el Ejército. Obviamente el control del poder en la actualidad se sostiene en condiciones económicas, políticas e históricas muy distintas a las de hace 100 años. Aunque a Castro lo caracterizó un discurso antiimperialista, igual que a Chávez, fue muy diferente, porque las condiciones de la relación de Venezuela con Estados Unidos entonces eran otras. A veces, categorías como "caudillo" son tan amplias que no terminan diciendo nada. Para mí lo importante es que el venezolano entienda su historia para que tenga capacidad para asimilar lo que significa el momento que vive en relación con la comprensión de su pasado, porque eso le permitirá saber cuándo violan sus derechos en el presente. Así como es impensable que un individuo no tenga el referente de su pasado, lo es también que una sociedad pueda vivir por allí de su cuenta, sin ese referente.Por una historia civilPara Inés Quintero, la tradición en Venezuela del conocimiento histórico ha privilegiado el análisis del ejercicio autoritario del poder y no a quienes proclaman los valores republicanos: "Sería bellísimo hacer una historia de la ciudadanía que refiera cuáles han sido los avances, los retrocesos, las contradicciones, las tensiones y los logros del ciudadano en el país.Más que buscar a los héroes civiles, sería lindo buscar quiénes han sido referentes de ciudadanía. De esa manera se podría crear en la gente la idea de que los valores ciudadanos no sólo se encuentran en el ámbito político, sino también en la construcción de una sociedad que se preocupe por el otro".

martes, abril 06, 2010

El historiador Elías Pino Iturrieta reflexiona sobre el Bicentenario del 19 de abril

EL NACIONAL - Lunes 29 de Marzo de 2010
Cultura/4
El foro del lunes
ELÍAS PINO ITURRIETA
El autor cree que, a pesar de las caídas, Venezuela tiene mucho que celebrar en el Bicentenario"

La historia oficial ha sido eso, demasiado oficial"

Para el director de la Academia Nacional de la Historia, la Independencia fue apenas el primer paso para construir la República, pero no el definitivo; representó la cesantía del poder real y la mengua del eclesiástico, pero no rompió con la mentalidad colonial, que se ha mantenido
MICHELLE ROCHE R.
E lías Pino Iturrieta, director de la Academia Nacional de la Historia, ha dedicado su carrera a estudiar la mentalidad de los venezolanos, en especial la que caracterizó el siglo XIX. A propósito de la conmemoración del Bicentenario de la emancipación de España y del nacimiento de Venezuela como nación, el investigador indica que en 1810 apenas se dio el primer paso de un proceso que al país le ha costado toda su historia: romper con la mentalidad colonial.
Miembros de una Capitanía General, los venezolanos se acostumbraron a ser vasallos.
Con el advenimiento de la naciente República, uno de los procesos más complicados fue desmontar esta manera de pensar. Los libros de Pino Iturrieta, también director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello, escudriñan en la génesis de los males atávicos de la sociedad venezolana.
Un ejemplo de esta línea de trabajo es la obra titulada Ventaneras y castas, diabólicas y honestas, en el cual analiza las formas de pensar acerca de la mujer en el siglo XIX. Impreso por primera vez en 1993, el sello Alfa ahora reeditó el libro para incluirlo en la biblioteca que lleva el nombre del investigador.­
Luego de la Guerra de Independencia, en Venezuela cambió el sistema político y económico, mas no la mentalidad de las personas, lo que se evidencia en que se mantiene la prédica de la Iglesia Católica sobre el papel de la mujer en la sociedad.­ No cambiamos de sistema de vida como cambiamos de camisa. En 1810 hay reglas para comportarse en este valle de lágrimas, y para llegar con bien ante la presencia de Dios, impuestas por la cátedra religiosa durante 300 años. Los cambios políticos se advierten en la superficie de la sociedad, mientras va por dentro la procesión de las rutinas antiguas. De allí que, tanto para la mujer como para el hombre, se haga tortuosa la ruta de las metamorfosis.
La ruptura de una mentalidad lleva tiempo, un tiempo que suele ser secular. En consecuencia, la emancipación de España es apenas un asomo de cambios, un primer capítulo que comienza a profundizarse cuando se funda por fin el Estado nacional, después de 1830. La guerra permite el protagonismo del pueblo llano, desde luego, pero tal protagonismo no significa una mudanza de valores en la sensibilidad de quienes se estrenan en los teatros de las matanzas y de la política.
­¿La preponderancia de la mentalidad militarista hizo que las mujeres se estancaran en la obtención de la igualdad ante la ley sin un cambio en la mentalidad? ­
No creo que el militarismo haya conspirado contra el feminismo. La conspiración ha sido obra de todos los hombres, especialmente de los que llevaban levita, formados en las rutinas de la ortodoxia.­
¿Cuál fue el gran cambio en la mentalidad de los venezolanos que usted considera que derivó en la emancipación de España? ­
El poder de la Iglesia sufre una mengua, o es disputado por el poder civil y por los hombres de armas como jamás en el pasado. Allí se puede advertir el primer capítulo de una novedad que abre el camino para un entendimiento laico de la vida, que se implanta progresivamente y que es un fenómeno evidente cuando concluye el siglo.
A la rigidez estamentaria se le abren grandes boquetes, para que las diferencias sociales no sean tan abismales, o para que los pardos no se conformen con su antigua minusvalía. La extinción de la aristocracia lugareña, cuyos representantes fundamentales pierden la vida entre 1811 y 1830, permite la entrada de nuevos aires, o de una visión diferente del republicanismo.
Son, en general, bocetos de cambio capaces de anunciar otros de mayor envergadura que suceden entre 1810 y 1899, por poner unas fechas.­
¿Cree, como señala Ana Teresa Torres en el libro La herencia de la tribu (Alfa, 2009), que el mesianismo militar contenido en el chavismo es legado de la Independencia? ­
En la Independencia se hace evidente el imperio de los hombres de armas, es decir, el comienzo de un fenómeno capaz de prolongarse en el tiempo. Algo de eso estudié para Nada sino un hombre: los orígenes del personalismo en Venezuela. Pero se trata de un fenómeno más antiguo, cuyo origen se localiza en la actividad de los conquistadores. En el caso del Tirano Aguirre y de sus famosos argumentos ante el rey de España, podemos topar con una influencia personal y con el arraigo de esa influencia en las masas, que adquiere plena visibilidad hacia principios del siglo XIX sin que concurran fuerzas propiamente republicanas que lo hagan desaparecer o lo controlen. En todo caso, la tesis de Torres sobre el caudillismo como legado de la Independencia tiene un fundamento redondo.­
¿Qué personaje silenciado de la historia oficial se debe rescatar ahora que se avecina el Bicentenario de la Independencia? ­
La historia oficial ha sido eso, demasiado oficial. Su lectura suele ser unilateral. No me atrevería ahora a señalar a personajes en concreto, pero sí diría que están más allá de los congresos, de los cuarteles y de las sacristías.­
¿Tenemos los venezolanos qué celebrar en el Bicentenario? ­
Tenemos muchas cosas que celebrar sin confinarnos al regocijo de las estatuas y a los laureles bélicos. Debutamos a nuestra manera como sociedad peculiar, trasformamos los espacios públicos, creamos mapas de repúblicas que cambiaron la historia universal y abrimos nuevos derroteros a la economía al despedazar el control metropolitano de los mercados. No parece poca cosa, si la calculamos con la debida seriedad.
República de mujeres encerradas
A veces, el enemigo duerme en la propia cama.
Elías Pino Iturrieta señala que el principal obstáculo que las mujeres venezolanas afrontaron para obtener los derechos civiles de los que empezaban a gozar las mujeres de otros países fueron sus allegados, que preferían mantenerlas encerradas: "En los liberales del siglo XIX se advierte un discurso orientado a la subestimación del género femenino. La educación iniciada después de 1830 remacha valores en los cuales se sustenta la predominancia de los varones en la sociabilidad de la época. Para lograr establecimiento, la lucha del feminismo no fue contra las charreteras sino contra sus padres, hermanos, hijos y pretendientes".

lunes, abril 05, 2010

Felicitaciones a mi amigo: el joven historiador Ángel Almarza, por su nueva publicación ("19 de abril de 1810. El último acto de fidelidad al rey")

Les dejamos la reseña escrita por el autor:
Ángel Almarza, 19 de abril de 1810. Último acto de fidelidad al Rey de España, Caracas, Editorial Libros Marcados, 2010

A pesar de las interpretaciones clásicas u oficiales sobre el 19 de abril de 1810, existen versiones más recientes que plantean –y ahí se inscribe el presente trabajo- que si bien es cierto que los hechos ocurridos aquella fecha tan importante para los venezolanos desencadenaron un proceso que finalmente conduciría a la declaración de independencia, no puede asegurarse que tuviese como propósito la independencia absoluta de España. Quienes así piensan consideran que, lo que se planteó hace ya 200 años fue una vocación autonomista frente a la crisis de la monarquía española, el amenazador control total de la península por parte de las fuerzas militares francesas al mando de Napoleón Bonaparte, la ilegitimidad del Consejo de Regencia y la desigual representación de las Cortes Generales y Extraordinarias de 1810, sin que ello representase o tuviese como aspiración romper los vínculos con el rey legítimo de España e Indias Fernando VII.

Esta interpretación no se refiere únicamente a los hechos ocurridos en Caracas y las principales ciudades de la Capitanía General de Venezuela, sino que permitiría explicar el movimiento juntista y las diferentes manifestaciones de adhesión y lealtad que se expresaron en la mayoría de las provincias americanas entre 1808 y 1810, como respuesta a la disolución de la Junta Central –que contemplaba la participación de representantes americanos– y al establecimiento del Consejo de Regencia, tal como plantearon hace ya más de una década, François-Xavier Guerra y Jaime Rodríguez. Ideas que mantienen, además, una estrecha relación con el discurso pactista que se había plasmado en 1808 y que se retoma nuevamente, dos años más tarde, según el cual, en ausencia del Rey, la soberanía regresa al pueblo, de allí que las juntas americanas se declaren defensoras de los derechos de Fernando VII, planteamientos trabajados en nuestro país recientemente por Inés Quintero y Carole Leal Curiel, entre otros historiadores.
El propósito de este trabajo es demostrar que efectivamente el 19 de abril de 1810, se constituyó un nuevo gobierno, que buscaba controlar la provincia y satisfacer demandas de una mayor participación política y libertades económicas, pero en el contexto de una profunda crisis de la monarquía española, de la cual formábamos parte desde hacía 300 años, sin que ello, al menos en ese momento, tuviese como propósito inmediato la declaración de la independencia absoluta de España.
El recorrido por la historia del 19 de abril de 1810 se presenta en tres capítulos: Interpretaciones de un momento. Construcción historiográfica del 19 de abril de 1810 como día inicial de la independencia nacional; Crisis internacional. De las abdicaciones de Bayona al Consejo de Regencia (1808-1810); y El movimiento juntista de 1810 en la Capitanía General de Venezuela.

domingo, abril 04, 2010

El historiador Tomás Straka reflexiona sobre el Bicentenario del 19 de abril


EL NACIONAL - Sábado 03 de Abril de 2010

Papel Literario/4

¿El Bicentenario de qué?

Reflexiones a dos siglos del 19 de abril de 1810

TOMÁS STRAKA

Los venezolanos sólo hemos tenido dos grandes -- grandes en el sentido de que gozaron de la unanimidad del colectivo-- reacciones nacionales: contra Francia en 1810 y contra la Gran Colombia a partir de 1826.

Esto puede tener, y de hecho tiene, mucho de polémico, pero ayuda a poner en su contexto los hechos del 19 de abril. Hoy, que la Historia desempeña un rol político más grande del que ya tenía; cuando todos buscan hacerse --y asirse-- a un pasado glorioso que le sirva de legitimación; y cuando en nombre de ese pasado se emprenden experimentos sociales con impacto inmediato en nuestras vidas, volver sobre el famoso pero complejo episodio, puede tener implicaciones bastante más prácticas que las del ornato de la cultura general. Las siguientes líneas son un esfuerzo en este sentido. Todos estamos de acuerdo en celebrar el Bicentenario del 19 de abril, pero, en concreto, ¿qué es lo que estamos celebrando con eso? La respuesta que demos no sólo conducirá a una visión determinada del pasado, sino también de lo que estamos siendo en el presente y, seguramente, de lo que queremos, o al menos esperamos ser, en el porvenir.

Lo primero a determinar es cómo fue eso de que se trató de un movimiento contra Francia y no contra España; y, más aún, cómo, si aceptamos que lo fue, éste llegó a tener un carácter más amplio de adhesión popular que el de la independencia de la corona castellana. Ello nos conduce a una discusión sobre la naturaleza de lo ocurrido aquel día que actualmente se despliega con toda su intensidad. Normalmente tranzada por nuestras maestras con aquello de que fue "el primer paso hacia la Emancipación", los historiadores se dividen entre quienes lo evalúan como un acto de fidelidad al Rey y quienes lo ven como una maniobra para poco a poco ir llevando las cosas hacia la independencia absoluta. Nuestra tesis es que hubo un poco de las dos cosas, como casi siempre en la historia --en los fenómenos humanos--, en la que lo paradójico y lo contradictorio no tiene por qué ser raro. La posteridad, de acuerdo a sus intereses, tiene para escoger, pero, en cambio, los historiadores debemos enfrentar esa contradicción con toda su complejidad.

Inicialmente, los testimonios de la época --tanto los de los protagonistas y contemporáneos que terminaron en el bando republicano, como los de aquellos que terminaron realistas, y que encima vieron así las cosas desde el primer momento-- se inclinan, prácticamente todos, hacia la segunda opción. No dudan en afirmar que ese día comenzó la revolución, que al menos en la cabeza de sus promotores, el plan estaba trazado desde el primer momento. Hubo incluso protagonistas que lo confesaron después. Además estaba la experiencia de la conjura de 1808, cuando se quiso hacer más o menos lo mismo y las autoridades españolas --comenzando por el Regente Mosquera-- no sólo lo consideraron subversivo, sino que encarcelaron a los promotores y señalaron que, de haber alcanzado el triunfo, habrían hecho exactamente lo que hicieron dos años después: llevar las cosas hacia la Emancipación. Ante esto, ¿puede hablarse de simple casualidad? Por otro lado, no hay motivos para pensar que la mayor parte de los caraqueños que, cogidos por sorpresa en los actos del Jueves Santo, que asistieron a la escena y en principio la apoyaron no estaban sinceramente indignados por la invasión de Napoleón a España, por las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII --que se suponían hechas bajo una coerción mayor de la que realmente hubo-- y por la simpatía real o intuida que el Capitán General Vicente Emparan y otros afrancesados de su gobierno sentían por El Francés. Los caraqueños ya habían despedido con tumulto a los emisarios de José Bonaparte. Ya habían salido a la calle a vitorear el regio nombre de Su Majestad. Y ya, cuatro años atrás, habían ofrecido sus vidas y sus bienes para repeler al "traidor" Miranda. Además, y faltarán más pruebas, en el momento en el que la Junta que sustituye al Capitán General empieza a dar pasos hacia la Emancipación, muchos se separan y otros la comienzan a combatir, incluso literalmente, con las armas. No es extraño que muchos de los miembros de la Junta terminaran como realistas. He ahí, por sólo poner un caso, el de Feliciano Palacios.

Pero había más. Napoleón, y en general Francia, significaban básicamente otra cosa más peligrosa: la disolución social, la amenaza a la religión católica, la agitación de las esclavitudes, tal como había pasado en las Antillas (y como hacía unos quince años había ocurrido en Coro). Ante peligros de semejante proporción, lo responsable era organizar una junta --institución hispánica para enfrentar calamidades-- y asumir el desafío de mantener las cosas por su carril. Eso, seguramente, es lo que concluyeron la mayor parte de los que le respondieron que "no" a la pregunta que hizo Emparan desde el balcón.

Por eso, mientras el movimiento fue para atajar la influencia francesa gozó del consenso de todos. Mientras se trató de evitar otro Haití, no hubo fisuras importantes.

Pero en cuanto torció hacia una separación de España --cosa que comenzó a percibirse a las pocas semanas de la Junta-- el mismo se rompió. No se logró recomponer hasta que apareció un nuevo peligro común a todos: el de la unión colombiana, que resultó tan traumática, y el descollante liderazgo del Libertador, que ofendía la sensibilidad liberal de la élite del centro del país. No fue hasta entrada la década de 1820 cuando una combinación de factores --las torpezas de Fernando VII cuando regresó al trono, la ocupación militar de Morillo, la Revolución Liberal de 1820, los éxitos políticos y militares de Bolívar, capaces de capitalizar a favor suyo todo aquello, la popularidad de José Antonio Páez-- lograron captar un apoyo mayoritario para la propuesta independentista y republicana; y, sin embargo, nunca fue tan grande como la que tuvo la reacción antinapoleónica y anti-francesa de 1810. Se contaron por miles los venezolanos que después de Carabobo decidieron emigrar, hasta dejar ciudades enteras sin artesanos y profesionales calificados. Y muchos de los que se quedaron, por su parte, fueron sorprendidos por la disolución de la República de Venezuela dentro de la unión colombiana.

Casi al día siguiente, resolvieron conspirar.

Pero volvamos a nuestro tema del 19 de abril: ¿lo que vamos a celebrar es el movimiento de la élite caraqueña para deponer a los afrancesados, para mantener las medidas revolucionarias de Francia lejos y garantizar, entre otras cosas, la integridad de la Fe Verdadera y el control de las esclavitudes? Obviamente, no fue en esa dimensión, por determinante que haya sido para su desencadenamiento, lo que define la importancia del acontecimiento dos siglos después. Hay, a nuestro juicio, tres aspectos que ya se manifiestan ese día y que son los que le otorgan un carácter distinto al de un simple zarpazo del mantuanaje, avalando en alguna medida a quienes ven --como, insistimos, lo vieron sus protagonistas-- algo más que un acto de fidelidad.

El primero es la formación de un gobierno autónomo con respecto a la corona castellana. Aunque hubo antecedentes en los que el Cabildo tomaba el lugar del gobernador, y otros en los que se opuso a las leyes venidas de ultramar, nada era comparable con lo que acababa de ocurrir. Una cosa es un gobierno provisional bajo el Rey y otra ocupar el lugar del Rey. La Junta de Caracas, que despechaba por Fernando VII (¡y hasta se atrevía a firmar Su Majestad!), habló de unos criollos que se sentían con las suficientes fuerzas no sólo para ponderarse iguales a sus hermanos de la península --lo que en sí no era novedad y, de hecho, refrendaba las leyes-- sino para montar su propia regencia, vale decir, su propia monarquía, y cumplir las funciones del Rey cuando había ausencia absoluta. Roto el pacto que los unía al monarca --así argumentaron entonces y lo seguieron haciendo en el Acta de Independencia de 1811; así lo volvió a decir Simón Bolívar en la Carta de Jamaica, en 1815-- reasumieron la soberanía que habían delegado en él y, con ella, primero organizaron una junta en su nombre, después convocaron a un congreso y finalmente fundaron una república. Pero, véase bien, la asunción de la soberanía, que prácticamente es la independencia, ya la habían hecho el 19 de abril.

El segundo se refiere a lo que se decidió hacer con esa independencia. Como explicaría años más tarde un testigo de excepción, Andrés Bello, una cosa es la independencia y otra la libertad.

No fue el único que lo hizo, aunque tal vez --el "Libertador Intelectual" al fin y al cabo-- el que lo explicó mejor.

Los anhelos autonómicos, explicaba, estaban inveterados en el celo por sus fueros que tienen todos los españoles, pero la libertad fue una idea posterior. Actualmente, que hay tantos regímenes que manipulan las cosas para confundir la condición independiente de sus países con la de libertad de sus ciudadanos, es importante hacer la aclaratoria. Un país no es libre por ser independiente, lo es, por la libertad de sus ciudadanos. Las ideas liberales --proto-liberales, en realidad-- ya gravitaban en el pensamiento más o menos ilustrado, más o menos ecléctico, del grueso de aquellos criollos y no tardaron en ponerlas en marcha. La libertad de imprenta, inicialmente de facto y pronto reglamentada, que se tradujo en una multitud de papeles y en el primer periódico independiente, el Semanario de Caracas; la libertad de comercio con el exterior, que trajo al primer enjambre de mercaderes y aventureros norteamericanos e ingleses (trajeron mercancías, compitieron con los viejos monopolios de la harina, uno de ellos, incluso, destiló en Venezuela por primera vez ron); la supresión de la trata de negros --quién sabe si movida para evitar la llegada de ideas inflamables del Caribe-- pero de claro talante reformista; la libertad de conciencia, al menos su planteamiento con el asunto de la libertad de cultos, que escandalizó a casi todos y que al final se rechazó; en el ejercicio de esa libertad y soberanía recobradas se convocaron elecciones para un Congreso y éste remató declarando la Emancipación, fundando una república --lo que implicaba suprimir los privilegios nobiliarios, la estructura de castas y darle ciudadanía a los pardos libres-- y redactando una constitución liberal, democrática y federal en la amplitud que tales palabras tenían para la época.

El tercer aspecto abre un poco más el alcance de esa libertad. En el acto de formación de la Junta decidieron ampliarla con diputados en representación del clero y de los pardos. A tanto no llegaron como para incorporar a un hombre de color --por mucho que Juan Germán Roscio era hijo de una cuarterona-- ni, hasta donde sepamos, le consultaron al "gremio de los pardos" si estaban de acuerdo con el representante escogido (José Félix Ribas), pero el gesto en sí mismo tiene una carga, sino democrática, al menos tendiente hacia eso, que es necesario resaltar. Puede alegarse que sólo se trató de un ardid de los mantuanos para calmar las tensiones que desde hacía un cuarto de siglo, más o menos, venían teniendo con las capas medias, de color, en su empeño por ascender socialmente; pero el solo hecho de darles representatividad y visibilidad en la nueva organización de la monarquía vernácula, habla de un proceso que se asoma hacia la igualdad, hacia lo que hoy llamaríamos inclusión.

Visto así, el 19 de abril de 1810 los venezolanos --al menos una parte, pequeña pero significativa: la élite caraqueña-- emprendieron el camino para vivir independientes, en democracia y libertad.

Por supuesto, ese día no se podía saber todo lo que estaba por venir, es casi seguro que en la cabeza de quienes participaron en lo que en esencia era una reacción contra Francia y contra el peligro de que las provincias se les fueran de las manos, tuvieran siquiera una sospecha de eso. En rigor, nadie puede asegurar el motivo por el que será recordado, si es que llega a serlo.

Tampoco pueden identificarse esa independencia, la democracia y libertad como un logro que se alcanzó en los desarrollos inmediatos, o incluso mediatos, del acontecimiento --además, cabe preguntarse desde este agitado, a trechos doloroso 2010: ¿de verdad se alcanzó? Pero sí vemos en ellos una línea que se prolonga hasta la actualidad. Ya nadie se acuerda de José Bonaparte ni del peligro francés, detonantes de la reacción inicial. Hasta borramos la estrofa del "Gloria al Bravo Pueblo" en la que se hablaba de ellos. Pero sí queda lo que de sustantivo tuvo para nosotrosç el 19 de abril: el camino de la independencia, la democracia y la libertad.

martes, marzo 30, 2010

El historiador José Alberto Olivar elogia la obra del geohistoriador chileno-venezolano Pedro Cunill Grau

EL NACIONAL - Sábado 27 de Marzo de 2010
Papel Literario/2
Pedro Cunill Grau: saber, observar y aprender
JOSÉ ALBERTO OLIVAR
Contados son los individuos que logran superar las barreras de la aldeanidad para situarse en un plano más universal, ya sea esto motivado por los azares de la vida o por la conciencia de que existen realidades mucho más complejas.En Pedro Cunill Grau encontramos al trashumante académico que busca sin cesar el crisol del conocimiento más allá de las fronteras habituales.Desde su bien amada patria chilena, pasando por los cimientos colegiales de una ciudad luz que sigue iluminando destinos, hasta quedarse definitivamente prendado por la fisonomía de una tierra rica en paisajes naturales.
Precisamente, la agudeza perceptiva desarrollada por Cunill en sus años mozos, le permitió adentrarse en los confines de una especialidad de exigente destrezas cognitivas.Los saberes atesorados por la naturaleza siempre atrajeron la atención de Cunill Grau, pero no en plan de contemplador atónito, sino en calidad de metódico observador de la dinámica física y humana desplegada en el espacio.Así nace su atracción hacia la cartografía histórica como herramienta de primerísima utilidad para la comprensión de los procesos que tienen lugar en la ocupación de un territorio en específico. De allí se deriva su preocupación por el estudio de los problemas del hombre y las amenazas que se ciernen día a día sobre los recursos naturales.
Bajo el influjo de sus primeros maestros chilenos y sobre todo de las máximas recogidas de la propia fuente en la Sorbona, la Université de París y el College de France, Cunill Grau se adhiere sin ambages a la escuela de la Geografía histórica, cuyo propósito, tal como lo define Jean-Pierre Raison, es "el estudio de la evolución de los sistemas espaciales en el tiempo".
En efecto, el profesor Cunill Grau comprendió muy bien que la mejor forma de captar los cambios paisajísticos en el contexto de las actividades humanas era explorando in situ la realidad que pretendía explicar. Por ello no escatimó tiempo y recursos para dedicarse a observar, conocer y aprender la historia, la estructura económica-social, las fortalezas y debilidades de los grupos humanos que hacen vida en una región determinada.
La aportación de Cunill Grau a este campo ha sido proverbial a lo largo de 43 años de ininterrumpido ejercicio docente. Pero más significativo que haber escrito casi dos centenas de libros y artículos de obligada consulta --hoy convertidos en clásicos de la especialidad como Geografía de Chile (nueve ediciones) y la monumental Geografìa del poblamiento venezolano del siglo XIX (tres tomos y dos ediciones), por sólo mencionar dos-- es haber contribuido con encomiable dedicación a la formación de varias generaciones de geógrafos e historiadores venezolanos, que nutren la esperanza de un futuro promisorio para la Ciencia y el compromiso de propiciar una mejor perspectiva del hombre frente la naturaleza.
El ejemplo de Cunill Grau ya sea en el terreno de la exploración científica, la preparación de la cátedra o la revisión meticulosa de los archivos documentales, se traduce en una afable modestia que prestigia con mayor ahínco su figura. El paso de los años, lejos de amilanar su capacidad para aprender nuevas cosas le permiten mantener en forma su inquieto intelecto. Pregunta sin cesar a jóvenes y contemporáneos, guarda tiempo para deleitar exquisitos sabores y olores, mientras insufla la vocación de bisoños aprendices del oficio.
Cuando se leen los textos discursivos del profesor Cunill Grau, podemos encontrar siempe en medio de su refinado estilo literario una convocatoria a los investigadores para adentrarse a revisar temas novedosos cuyos vericuetos han de conducir a una segura cantera de inverosímiles conocimientos. Una de sus más recientes obras así lo demuestra. Geohistoria de la Sensibilidad en Venezuela es un libro de extraordinaria belleza que recoge las maravillas naturales de un país ataviado por una rica diversidad de formas, usos y costumbres que constituye la esencia de un verdadero paraíso terrenal.
Sin duda, Don Pedro ha hecho de la Geografía y la Historia una razón de vida que no deja espacio a la trivialidad ni al despropósito.

lunes, marzo 29, 2010

El historiador Tomás Straka elogia la obra del geohistoriador chileno-venezolano Pedro Cunill Grau

EL NACIONAL - Sábado 27 de Marzo de 2010

Papel Literario/3

Elogio de Pedro Cunill Grau

TOMÁS STRAKA

NELSON CASTRO

Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela es uno de los esfuerzos más grandes y fructíferos por comprender al país, su gente, su historia y su naturalezaCuando en 1997 la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela publicó el libro-homenaje a Pedro Cunill Grau (Santiago de Chile, 1935), Venezuela: geohistoria y futuro. Ensayos en honor de Pedro Cunill Grau, con el concurso de Arturo Uslar Pietri, Pedro Grases, Elías Pino Iturrieta, Ramón J. Velásquez, José Ángel Rodríguez y Diego Bautista Urbaneja, entre otros, estaba celebrando una larga y generosa --en aportes, en dedicación, en siembra de discípulos-- vida académica. Quien había producido obras como la Geografía del poblamiento venezolano en el siglo XIX, que ya es un clásico --y vaya que son pocos los que pueden ufanarse de haber producido uno--, parecía encaminarse hacia un descanso merecido. Afortunadamente, no fue así. A más de diez años, Don Pedro está más activo que nunca, lleno de ideas, preocupado --y ocupado-- por el destino del país y publicando trabajos que, cada uno por sí solo, si no tuviera otros, ya le habrían dado fama y justificada admiración.

En los últimos dos años su cosecha ha sido tremenda, en calidad y cant idad: apa recieron la Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela (2007), que tanto ha dado que hablar; los primeros seis tomos de la monumental Geo-Venezuela (20072009), que coordinó; y la erudita y bellamente editadaHistoria de la Geografía de Venezuela. Siglos XV-X X (2009). Libros --más que eso: testimonios de una vida de entrega y de labor-- como éstos deben ser motivo de alegría en un país donde ni las turbulencias ni las adversidades han logrado matar al espíritu; y donde el ejemplo de Don Pedro es una referencia que nos invita a no desfallecer. Un elogio para la existencia y las ejecutorias capaces de producir estos trabajos es lo mínimo que podemos hacer: es la prueba de gratitud que como venezolanos y, en el caso de quien escribe, como docentes e investigadores le debemos a quien tanto ha hecho por nuestro destino y por nuestra felicidad.

Mucho más que un libro hermoso
En marzo de 2008 el diseñador Álvaro Sotillo volvió a ver recompensado su talento con la Letra de Oro, galardón que otorga la Stiftung Buchkunst (Fundación del Libro) al Schoenste Buecher aus aller Welt (al "libro más bello del mundo"), en la ciudad "famosa desde hace siglos por sus imprentas, por sus libreros y sus ferias": Leipzig, en Alemania. Sin lugar a dudas, la obra premiada, Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela, reúne todos los méritos para el premio: un diseño innovador, sugestivo; abundante y muy bien impreso material gráfico; una encuadernación estilo japonés; un papel de primera calidad; el deleite de pasar la mirada por cada página, sentir en las yemas su papel cremoso, percibir ese olor a libro nuevo que despide en cuanto lo abrimos por primera vez: aroma que le quitamos de tantas embestidas que hacemos sobre sus textos; y viene a sumar, además, junto a esa fiesta de goces sensuales (las buenas ediciones siempre lo son), un lauro muy significativo para el diseño y las artes gráficas venezolanas: recordemos nada más que en 1992 el Diccionario de Historia de Venezuela, también diseñado por Sotillo, obtuvo la Letra de Oro. Y es también un premio para la institución que lo editó. No es poca cosa que un mismo diseñador y una misma casa editorial, la Fundación Polar, ya famosa por lo esmerado de sus publicaciones, se lleven dos veces el mismo galardón.
Sin embargo, estas noticias soslayaron en algunos medios aquello que la hizo posible: la obra en sí misma.Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela, de Pedro Cunill Grau, es mucho más que un libro hermoso. Es --o al menos lo fue para el momento, porque ya aparecieron otros trabajos del autor, y se anuncian más, enhorabuena-- la culminación de uno de los más largos y fructíferos esfuerzos por comprender al país --su gente, sus espacios, su naturaleza, su historia: su alma-- de lo que tengamos noticias.
Es la síntesis de un amor multidimensional; de la pasión de un geógrafo que, como el bibliófilo que se acerque a su libro, sabe que en los olores, que a veces son deleite y a veces son náusea; que en los sabores, en el calor y en el frío; en la reverberación de la luz --esa que ha empujado nuestras artes plásticas a las cimas más altas-- y que en la vegetación relampaguea el rojo, el amarillo y el esmeralda ante el viajero absorto están las claves esenciales para comprender el espacio y la colectividad que lo construyen.Para entender a Bello evocando las exhuberancias del trópico en la lejana Londres o a la palma encandilada de Reverón.
Para comprendernos a nosotros, los que, sin los talentos del poeta o del pintor, nos moldeamos también en esa luz y en ese calor. No se trata de determinismos. Hemos tomado decisiones libres ante lo que se despliega a nuestro derredor. Pero sí admitimos que ahí están las moléculas de una vivencia fundamental: de la que a cada hombre y a cada pueblo le ha tocado por suerte vivir.Los dos tomos de Geohistoria de la sensibilidad son todo eso y mucho más. Por eso hemos querido comenzar este elogio con ella. Todo cuanto podamos decir de la Geografía, como ciencia del espacio; y del geógrafo, que ahora también se regodea en lo sensual --y no sólo en las fórmulas y las geometrías de la vieja ecología humana; o en los manifiestos ideológicos de la geografía radical-- se concentra en sus páginas. Ese geógrafo que además de analizar y medir, ve, siente y ama, es el que queremos resaltar.
Una ciencia de amor
Venezuela ha sido un país de grandes geógrafos. Muchos de ellos nacieron en otros países. Un alemán, un italiano, un español y un chileno se destacan entre los principales investigadores de nuestra ciencia geográfica: Alejandro de Humboldt, el alemán, padre de la Geografía moderna, recorrió el país entre 1799 y 1800, descubriéndole sus características y riquezas a los propios venezolanos; Pablo Vila (1881-1980), el español, fue uno de los fundadores de los modernos estudios geográficos en el país; Pedro Cunill Grau, el chileno, es actualmente el geógrafo más importante con el que contamos, y uno de los principales de América Latina. Agustín Codazzi (1793-1859), el italiano, fue quien redactó la primera geografía de Venezuela --si descontamos unos trabajos anteriores de Andrés Bello, Feliciano Montenegro y Colón-- así como el mapa con el que se fundó la nación.
Porque resulta que la Geografía es una ciencia que nos enseña a amar. Nos revela las maravillas del mundo en que vivimos; las oportunidades que nos ofrece para ser más felices; la aventura de recorrerlo apreciando sus paisajes, estudiando las relaciones que propicia entre los hombres, la vastedad de la naturaleza que debemos conservar. Por eso la Geografía es una ciencia del amor: amor a la naturaleza, a la humanidad, a nuestra patria, a nosotros mismos.
Tal vez el hecho de que hayan nacido en otras latitudes favoreció ese deslumbramiento por unos paisajes y unos climas que para el hijo de la tierra, acostumbrado a ellos, a veces pasan desapercibidos. En el caso de Cunill Grau, el deslumbramiento dio paso a un interés serio, a uno de esos amores que son para toda la vida y que, además, no pierden nunca la pasión.
Pero, y esto es lo mejor, no es una pasión cualquiera, sino una creativa, una que logró escribirse en multitud de trabajos que no por eruditos dejan de tener la fibra flexible de quien, además de la cabeza, pone en su empeño el corazón. Nacido en Chile, donde convergen tantas aristas de nuestra historia intelectual, Cunill Grau es plena, intensamente venezolano y no sólo por que se naturalizó como tal, sino porque su obra da patente testimonio de venezolanidad. No obstante, los venezolanos somos generosos: no por eso le pedimos que olvide la patria en que nació, como en efecto no lo ha hecho, como no podía hacerlo el autor de una ineludible Geografía de Chile (1973). Cunill Grau es, sobre todo, latinoamericano. Autor de una América andina (1980), que le prologó nada menos que Pierre George, y de Las transformaciones del espacio geohistórico latinoamericano, 1930-1990, editado por el Fondo de Cultura Económica en 1995, representa al día de hoy una de las figuras fundamentales en la ciencia geográfica del continente.
En Chile, Andrés Bello (a quien Don Pedro, por cierto, biografió en el volumen 40 de la Biblioteca Biográfica Venezolana, que editan Bancaribe y El Nacional) encontró el sosiego para que su talento y su capacidad de trabajo, que era en uno solo la de muchos hombres, germinaran en una obra descomunal. A Chile fue el joven Mariano Picón-Salas a iniciar su épica de Odiseo intelectual.
De Chile trajo el mismo Picón-Salas dos Misiones chilenas, que fundaron nuestra pedagogía moderna y, en alguna medida, nuestra geografía científica también, porque en ellas vino Humberto Fuenzalida, precursor de Don Pedro si los ha habido, científico bien dotado, maestro de maestros venezolanos y chilenos. En fin, del Pedagógico de la Universidad del Chile --pedagógico que fue modelo del nuestro, y universidad que fundó Bello y que tuvo a Picón-Salas como uno de sus rectores más jóvenes, bien que en calidad de triunviro-- Pedro Cunill Grau egresó no sólo con el título de profesor, sino con esa convicción de maestro que lo caracteriza hasta hoy. El profesor le habla al intelecto; el maestro, también, al corazón. Revísese cualquiera de sus libros para percibirlo. Después perfeccionó sus estudios en la Sorbona, en París, y en la Universidad de Laval, en Canadá, de donde egresó con un PhD. Sin embargo, "la Geografía entra por los pies". Viajó por todo Chile, por Europa, por América, por África.
Cuando las circunstancias políticas de su país lo obligaron a emigrar, Cunill Grau ya era un profesor y un geógrafo muy reconocido. Venezuela, a él, como a tantos perseguidos por las dictaduras del Cono Sur, le abrió las puertas de par en par. Pronto encontró colocación en la Universidad Central, donde hizo carrera (llegó a director de su Escuela de Geografía), pero más que un cargo para mantener a su familia, que siempre es importante, y un refugio para evadir a los perseguidores, esos que en todas partes se ofenden con la inteligencia, en Venezuela halló algo más, algo incluso mejor para sus inquietudes de científico: un país lleno de posibilidades de investigación. Y no las desaprovechó.ç
La fascinación por el país
Dos libros abren su acercamiento a la que se convirtiera en su segunda patria: La diversidad territorial, base del desarrollo venezolano (1981) y Recursos y territorios de la Venezuela posible (1985). Son libros beneméritos, pero apenas el abreboca de su obra fundamental: la Geografía del poblamiento venezolano en el siglo XIX, que en tres tomos apareció en 1987, y que a más de veinte años no nos deja de sorprender.
Producto de un trabajo paciente, de millares de ichas, de la consulta de fuentes de todo tipo, esta obra es el abigarrado cuadro del país que emana de la Emancipación en 1830, y que trata, con grandes tropiezos, de enderezar su rumbo por setenta largos, agitados y riquísimos años.
Pocas obras dan una visión tan completa de la Venezuela del decimonono; en Venezuela pocos trabajos se hacen con ese aliento, con esa paciencia, con esa solvencia intelectua l.No ha habido un intelectual, un historiador venezolano, que no la haya elogiado.Quien sepa de las aprehensiones, rivalidades, enconos y envidias que a veces se dan en el mundo académico, puede medir su importancia por este parecer prácticamente unánime.La Geohistoria venezolana tiene, a partir de entonces, un lugar muy bien ganado en las Ciencias Sociales venezolanas. Y Don Pedro el mérito de haber hecho una obra fundamental, un clásico que nadie que quiera estudiar el período puede darse el lujo de eludir.
Podría, entonces, haberse quedado Don Pedro satisfecho por el camino recorrido, pero sus inquietudes aún daban para más. En la década de los noventa siguió publicando libros, leyendo, v iaja ndo, a rch ivando fichas, escribiendo la rga s hora s, robá ndole tiempo al sueño, a los fines de semana, seguramente releyendo, tachando, volviendo a escribir capítulos, en medio de una sociedad que ya estaba admirada por su capacidad. Muchos dirán que Chile ya nos estaba pagando el préstamo de Bello. Llegó la jubilación en la UCV y el ritmo no cesó: al contrario, ahora libre de las torres de exámenes y trabajos que torturan a los profesores; de los afanes de la correspondencia y los memorandos de la actividad administrativa, empezó a tener más tiempo para escribir. La Fundación Polar acogió sus propuestas; fue electo Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia y, poco después, de la de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, combinación muy poco común. Recibió homenajes en todas partes, dictó conferencias, a veces se atreve a un curso doctoral. Es ese el contexto en el que otra obra de aliento, Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela, apareció y ganó la ya nombrada Letra de Oro en 2008.
Ese mismo año se publicó el primer volumen de GeoVenezuela, también con la Fundación Polar (cuyo patrocinio a investigaciones así no dejaremos de agradecer). Espera ser una geografía global del país como no se había hecho antes.El último esfuerzo parecido ya cuenta con casi cincuenta años, la Geografía de Venezuela (1960) que dirigió Pablo Vila con la Comisión Redactora de una Geografía de Venezuela del Instituto Pedagógico (sus a lumnos: Federico Brito Figueroa, Antonio Luis Cárdenas, Rubén Carpio Castillo; ya en la edición se suma Carlos Cruz-Díez que la diseñó y diagramó) y que, para más, quedó inconclusa. Un centenar de autores, con trabajos repartidos en diez tomos, con estupendos mapas y gráficos, es un esfuerzo en el que debemos abrevar todos los que investigamos, damos clases y planificamos en el país; uno que ya marca un hito, un antes y un después, en la ciencia geográfica latinoamericana.
Por último, su recientísima Historia de la Geografía de Venezuela. Siglos XVXX, editada por la Oficina de Planificación del Sector Universitario, también con una calidad en papel y en imágenes excepcional, es, además de un recorrido por quienes se han empeñado en comprender nuestro espacio desde los días del Descubrimiento y de la ponderación historiográfica de sus obras, el homenaje de Don Pedro a unos nombres que considera fundamentales, dignos de reconocimiento y emulación; a unos libros que devoró con interés; y a una ciencia a la que le entregó su corazón. Todo joven que se inicie en su formación como geógrafo o como profesor de sociales debería asistir a sus páginas para comprender el legado que recibe; todo investigador que ya vuela con velocidad de crucero en la disciplina, debe rev isarlo para reencontrarse en la bitácora de sus indagaciones.
A Don Pedro, por lo tanto, le debemos todo esto y mucho más. El elogio de estas páginas es sólo una parte de lo que su obra y vida rectilínea aportan para decir, pero es, sobre todo, el gesto de gratitud de quienes leyéndolo aprendimos y disfrutamos tanto con él. ¡Que siga escribiendo, Don Pedro, que Venezuela y la Ciencia se lo agradecerán!
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