domingo, junio 24, 2012

La amiga y periodista Milagros Socorro comenta el libro: “Violencia e institucionalidad – Informe del Observatorio de Violencia 2012“, de Roberto Briceño-León, Olga Ávila y Alberto Camadiel


Contra mitos, propagandas y risitas
Milagros Socorro
Si en vez de rebajarse a sostener conversaciones con los caciques de las prisiones, los llamados pranes, el Presidente de la República mantuviera contacto con las universidades nacionales, tendría información de calidad y no diría tantos disparates.
En estos días, el jefe del Estado volvió a sacar de paseo sus estrafalarios criterios acerca de la inseguridad ciudadana, farallón donde se ha estrellado sistemáticamente. Dislates y mentiras quedaron en el acto desenmascarados puesto que en las mismas fechas había aparecido el libro “Violencia e institucionalidad – Informe del Observatorio de Violencia 2012“, de Roberto Briceño-León, Olga Ávila y Alberto Camadiel, editado por Editorial Alfa.
El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), que surgió como respuesta a la decisión del gobierno nacional en 2004, de prohibir la difusión de información sobre delito y violencia, está conformado en la actualidad por grupos de investigación de 7 universidades.
La publicación, un minucioso inventario de la criminalidad en nuestro país, propone una tesis distinta a la que ha dominado en Venezuela y en América Latina, ya que, según exponen sus autores, no es la pobreza lo que ocasiona la violencia, sino la debilidad institucional. No es el desempleo, sino la impunidad. No es la desigualdad, sino el elogio de la violencia por los líderes. No es el capitalismo, sino el quiebre de las normas que regulan el pacto social.
También se refuta la tesis según la cual la violencia ha sido igual en toda la historia del país. Rebate la propaganda que apunta a que la magnitud del problema en Venezuela es similar a la de otros países, como Brasil y Colombia, o inferior a la de México. Y, desde luego, echa por tierra “la idea de que es un problema menor o que simplemente se trata de invenciones que provocan risa“.
Para desmontar el embuste de que siempre hemos tenido la misma violencia, el libro explica, por ejemplo, que el 2011 fue el más violento de la historia venezolana: 19.459 homicidios. “Por cualquiera de las formas que se mida, con cualquiera de las fuentes que se utilice, se encontrarán más homicidios, más muertos en las cárceles, más secuestros, más robos a mano armada, más heridos“. Significa que en Venezuela se cometieron, en promedio, 1.621 homicidios cada mes, 53 asesinatos cada día. Dado que en la batalla de Carabobo hubo 200 bajas, según lo confirmó el Libertador en un parte de guerra, en 2011 cada cuatro días tuvimos la misma cantidad de fallecidos que en Carabobo.
Venezuela tiene hoy una tasa de 67 homicidios por cada 100.000 habitantes, una de las más altas del planeta. Esto no siempre fue así. En 1998 se cometieron en Venezuela 4.550 homicidios (era una tasa de 19 homicidios por cada 100.000 h). Trece años más tarde, en 2011, hubo 19.366 asesinatos y la tasa subió a 67 homicidios por cada 100.000 h. Un incremento superior a 4 veces en la cifra de víctimas y de 3 y media en la tasa en muy breve periodo. (Tómese en cuenta que Francia tiene una media de 1 homicidio por cada 100.000 h; y Japón e Inglaterra, incluso menos. La de Estados Unidos es de 6 por cada 100.000 h, mientras la de Canadá es de 1,4).
En Colombia, para el año 2001 hubo 27.840 homicidios y en 2011 la cifra fue de 13.520 casos. Es decir, que disminuyeron a menos de la mitad, contabilizándose 14.320 víctimas menos que 10 años antes. En contraste, en Venezuela, en 2001 se registraron en el archivo oficial 7.960 homicidios, y 2011, 18.850 víctimas. Hubo, pues, 10.890 asesinatos más que hace 10 años. En Colombia se redujeron a la mitad, mientras que en Venezuela, en el mismo periodo, se duplicaron los homicidios.
El OVV calcula, de manera conservadora, que entre 2001 y 2011 hubo en el país 141.487 asesinatos, una explosión de violencia que coincidió con un aumento sin precedentes del ingreso nacional y la aplicación de medida de políticas redistributivas que, según la publicidad oficial, ha disminuido la pobreza.
Este libro demuestra que los argumentos del Gobierno no se sostienen: es falso que “el problema siempre ha sido así“, los mismos datos oficiales muestran que las tasas de homicidios antes de 1999 eran varias veces menores. Es falso que “en otros países es peor“, Venezuela tiene más homicidios que la mayoría de países en el mundo.
La verdadera explicación para el horror de violencia que hemos vivido se encuentra en una política equivocada. No se puede desarmar a la población si la consigna es “el pueblo en armas”. No se puede fomentar la vida y la paz, cuando se elogia la muerte, la guerra y los violentos.
Publicado en El Nacional, el 24 de junio del 2012

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