viernes, junio 12, 2015

Entrevista al joven historiador venezolano (13) Guillermo Tell Aveledo Coll (primera parte)

A Guillermo Tell lo conocí a mediados de la década de los noventa en la escuela de Estudios Políticos. Yo tenía poco tiempo de haberme graduado y él comenzaba la carrera, pero no fue hasta que trabajé con nuestro amigo común Daniel Terán-Solano que empezamos a hablar con mayor frecuencia. Las redes sociales luego han ayudado a fortalecer la amistad.

Guillermo Tell posee una gran inteligencia y amplios conocimientos, pero lo que más admiro es su sencillez y educación. Es un caballero en medio de nuestra sociedad violenta y maleducada, que siempre busca la Verdad y la ecuanimidad. Sin duda estamos muy agradecidos por su tiempo y confianza al responder la entrevista, pero especialmente por contar con su amistad.

Profeballa
 
1.  Foto: El escenario es la Biblioteca Pedro Grases, de la UNIMET, mi segunda casa.

2.  Resumen de su vida como historiador: (ciudad de nacimiento, año), ciudad donde vive actualmente, pregrado, postgrado, docencia, investigación, publicaciones...

Nací en Baruta en 1978.  Ha pasado casi toda mi vida en Caracas (mi madre es caraqueña, hija de carupanero y caraqueña, y mi padre barquisimetano, hijo de caraqueño y cabudareña). Estudié en el Colegio La Salle La Colina desde Kinder hasta 1ro.de Humanidades en 1994 (no fui malo en ciencias, pero les tenía un prejuicio enorme, lo cual era una necedad adolescente). Ese año obtuve una beca dentro del Programa Galileo de Fundayacucho para cursar Bachillerato Internacional, lo cual hice en el United World College de South East Asia, en Singapur, donde egresé con "highers" en Historia, Arte y Español (Literatura Iberoamericana), en 1996. Mientras tramitaba las reválidas que debía hacer ante el Ministerio de Educación, cursé un año de Derecho en la UCAB. Pero yo deseaba estudiar Ciencias Políticas en la UCV, e ingresé en 1997 a la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos, donde hice casi todas mis electivas en Historia Intelectual y Filosofía Política, egresando en 2002 con la mención summa cum laude. En 1998 fui aceptado como asistente de investigación en el Instituto de Estudios Políticos de la misma facultad. Cuatro años más tarde egresé como Licenciado, pero no había plazas para investigadores nóveles, ni oportunidad para becas del CDCH (estábamos saliendo de los hechos del 2002-2003); así que incursioné en el sector privado. Paralelamente, inicié el Doctorado en Ciencias Políticas, e ingresé como profesor a tiempo convencional en la EEPA, mi alma mater y con la que tengo casi 20 años vinculado. Eventualmente, fui invitado como profesor en la Escuela de Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana, donde he sido promovido generosamente en casi una década. En ambas he dictado asignaturas de pensamiento político, especialmente pensamiento occidental moderno y pensamiento venezolano.

Aparte de artículos arbitrados y trabajos aislados (cuya lista aburriría a los lectores), he tenido la suerte que la Academia Nacional de la Historia y la UNIMET publicaran mi tesis doctoral Pro Religione et Patria: República y Religión en la crisis de la Sociedad Colonial 1810-1835; y la antología y estudio La Segunda República Liberal Democrática 1959-1999, por la Fundación Rómulo Betancourt. También espero que finalmente logremos publicar un estudio colectivo sobre la década militar 1948-1958 que editamos junto con José Alberto Olivar, que contiene trabajos de historiadores jóvenes y veteranos, que toca muchos mitos para desmontarlos.

3. ¿Cuándo y cómo nació su vocación como historiador?

No tengo legítimamente el título, ya que no he estado enrolado académicamente en ningún centro de entrenamiento de historiadores profesionales. Me avergüenza un tanto con los muchos historiadores que han promovido su especificidad técnica. Pero soy politólogo "monje"; si se me permite esta digresión, que ya adquirirá sentido, debo decir que desde el IEP y la EEPA surgió una distinción aún viva entre nosotros: los "batas blancas"-científicos políticos inclinados a los métodos cuantitativos de la ciencia política norteamericana- y los "monjes" -politólogos de tradición clásica, especialmente inclinados a lo histórico-institucional-. Manuel García-Pelayo influye en ambas tradiciones (que en realidad deben comunicarse más), pero podría decirse gruesamente que la una es más identificada con la USB y la otra con la UCV. Por eso quería estudiar allí; estaba interesado en la alta historia política o en filosofía política. No deseaba estudiar historia regional, o social, o cultural, y pensé que estudiar en una escuela de historia me distraería de mi propósito. Así que soy politólogo por vocación de historiador. ¿Cómo nació esta vocación? En una casa con compromiso político, suele haber conciencia y vinculación con la historia, estimulada o no: los libros de historia eran abundantes (disfrutaba especialmente Pijoan y Pirenne, y distraídamente los libros de Plesa), lo mismo las visitas a lugares de especial significación histórica, y claro, los medios: “Valores Humanos” de Uslar, las charlas de Guillermo Morón y los micros de “Los Hechos que Cambiaron al Mundo”, que aparecían de madrugada en la TV estatal. Mi padre también me inclinó a conocer y conversar con viejos estadistas venezolanos sobre sus experiencias y errores (cosa que recomiendo a los jóvenes), pero uno sin talento o vocación política, queda para entender y explicar.

En 1992, con los golpes de Estado, aquello que me resultaba evidentemente positivo, la democracia, aparecía cuestionado por todos; y eso sólo se fortaleció con las discusiones de responsabilidad histórica y legitimidad que surgieron con el proceso constituyente, y toda la politización de masas que le siguió. Comprender cómo hemos concebido lo político y cómo lo hemos justificado, se convirtió en mi trabajo, al sentirme casi siempre fuera de este mundo.

4. ¿Qué lectura, película-serie, o persona fortaleció dicha vocación? ¿Fue “discípulo” de algún  historiador? ¿Cuál es su historiador preferido y por qué? ¿Qué libro de Historia recomienda y por qué?

Éstas son varias preguntas. Mi familia, tanto mi padre Ramón Guillermo como mi abuelo Jorge Coll, ayudaron en esta vocación. Tuve siempre grandes maestros que me hicieron cuestionar la realidad circundante, y excelentes profesores de historia. Resalto a Miguel Hurtado Leña en La Salle, y a los profesores Steve Willis y Mark Eagers en Singapur, con quienes tuve primera conciencia concreta de la profesión histórica y la historiografía. En la EEPA, tuve como profesores a Élide Rivas, Fernando Falcón, Carolina Guerrero y Diego Bautista Urbaneja (nuestro padrino de promoción, la “Juan Germán Roscio” de 2002), así como en el Doctorado a Graciela Soriano de García-Pelayo (y teniendo como compañero a Naudy Suárez, quien es una cátedra hecha persona), todos grandemente influyentes y con gran confianza y estímulo sobre mi trabajo. Otros profesores influyentes fueron Joaquín Ortega, Edgardo Ricciuti y José Colmenares en filosofía política, aunque no se inclinaban al análisis histórico sino textual y contemporizador (lo cual ayuda a hacer énfasis en argumentos y no tanto en el contexto); también a Colette Capriles, quien en sendos seminarios desmonto y remonto mis creencias sobre la Ilustración. Pero mi mentora especial ha sido Elena Plaza, hoy miembro de la ANH, una de las historiadoras académicas más prolíficas de las últimas décadas, y quien me ha aconsejado en cada buen paso académico. Los malos los he dado yo.

¿Qué libro recomendar? Idea de la Historia, de Collingwood, y ¿Qué es la Historia? de Carr. En Venezuela, Contra la abolición de la historia de Manuel Caballero, y sobre historia intelectual, uno que tengo de referencia frecuente: "Consideraciones sobre metodología en Historia de las Ideas Políticas", de Diego Bautista Urbaneja. Y, para cualquier persona que busque una carrera académica, La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn.

5. ¿Cómo fue su experiencia en el pre y/o postgrado de historia?

No puedo contestar esto, pero debo repetir que no sé si pueda llamarme legítimamente historiador, lo cual asumo estoy botando por la ventana con esta entrevista. Porque tampoco soy ya, puramente, politólogo. Creo que hay divisiones profesionales que hemos creado con la hiper-especialización contemporánea, pero respeto a quienes abrigan una identidad gremial más clara. Históricamente las ciencias políticas y morales en Venezuela estuvieron tan vinculadas a la Academia de la Historia como a la de Ciencias Políticas, que es ligeramente más joven. Y aun así el solapamiento entre estas -y la de la Lengua- es notorio hasta al menos los años 70 del siglo XX.

Dicho esto, en la EEPA, aunque no era imprescindible para aprobar, era necesario para ser excelente el acercarse a la investigación histórica y a la sensibilidad historiográfica. Desde temprano, se nos hace leer de Garcia-Pelayo su introducción a “Las ideas y la práctica política en Roma”, de Adcock. Del mismo modo, en materias y seminarios de historia política y de las ideas, debíamos ser especialmente prolijos con las fuentes. Fue con trabajos de seminario que ingresé por primera vez a archivos y a revisar con propiedad documentos de los siglos XVIII y XIX. La revisión de la prensa es también un afán necesario, y mientras más erudito, mejor.

Con todo, no me es sencillo encontrar modos de participar en congresos o eventos, como en la fábula: al no ser ni historiador ni politólogo, termino no cuadrando. Las Jornadas de Historia de la UCAB, las de Investigación y Creación Intelectual en la UNIMET, los Simposios de Ciencias Políticas y las actividades de Iberconceptos han sido una excepción.

6. ¿Cuál es su área o rama de la Historia favorita y por qué? ¿Cuáles son sus líneas de investigación? ¿Cuál escuela historiográfica sigue y por qué?

Mi rama es la historia del pensamiento político, como una rama de la historia política. Mi línea de investigación general es el pensamiento político venezolano, y especialmente sus corrientes conservadoras. Con eso mantengo los vínculos con el estudio de las relaciones Religión-Estado, pero desde una perspectiva intelectual y no institucional. La corriente con la que me identifico -aunque más como investigador que como docente- es lo que ha sido llamado el "contextualismo" o la "Escuela de Cambridge", siguiendo los patrones de Quentin Skinner y J.G.A. Pocock. Parecerá extranjerizante, pero es la corriente dominante de la historia intelectual en Venezuela por varias décadas (acá la introdujo Diego Bautista Urbaneja, pero tiene muchos propulsores (Luis Castro Leiva, Elena Plaza, Fernando Falcón, Carole Leal, Carolina Guerrero…), y en realidad también la dominante en el mundo Atlántico. Me gustaría aclarar dentro de ella el rol analítico de la categoría “ideología”, porque creo que puede tener alcances importantes para hacer corrientes de largo aliento más comprensibles, aunque eso termina mellando la historicidad de las expresiones y sus argumentos. También deseo revisar nuestro pensamiento político durante la época hispánica, que es algo que merece más estudio.

7. En torno a los debates historiográficos: ¿Cuáles han atrapado su atención y/o cuáles ha estudiado? ¿Cuáles considera que deben ser divulgados? ¿Cuál es su posición ante ellos?

Al asumir el contextualismo, son los debates sobre el pensamiento político los que más han ocupado mi atención. Esto no lleva al eclecticismo, sino al rechazo al dominio ideológico "evidente": la reverencia atemporal a las ideas como si fueran ubicables y utilizables en nuestro tiempo, o la idea que sólo los intereses o la ubicación material de los autores en la sociedad explican sus expresiones. No es que eso no genere interpretaciones valiosas, pero no suelen ser históricamente adecuadas; y si creemos que el pasado importa en sus propios términos, esto podría distorsionarlo.

(Concluye mañana).

7 comentarios:

Guillermo Tell Aveledo Coll dijo...

¡Mil gracias, Carlos!

Tesoreriando y Algo más dijo...

Excelente entrevista Carlos. Muy importante que los jóvenes y los que ya no lo somos tanto, aprendamos a leer la Historia de venezolanos dedicados a esta disciplina. Guillermo es un Politólogo muy integral [aunque muchas veces él discrepe conmigo sobre este punto].

Estaré pendiente de la segunda parte.

Saludos cordiales.

jose hermoso sierra dijo...

Muchos conceptos se han difundido en estas entrevistas sobre lo que es un historiador. En cualquier momento voy a comenzar a difundirlas. Es común escuchar a cualquier lector de libros de historia ser entrevistado y presentado como: el profesor e historiador fulano de tal. Y el tipo, henchido como un pavo real inicia su perorata de estupideces. Recuerdo con ocasión de un pequeño programa de radio que presenté en una emisora local el disgusto que me ocasionó la presentación: " y ahora les presentamos al profesor Don José Hermoso Sierra, historiador, politólogo y futuro cronista y bla, bla, bla. Mi piel morena se debe haber puesto morada y el disgusto fue inmenso. Menos mal que era la promoción grabada para la publicidad. Solo acepté el "don" porque le daba cierta aureola al título del programa que era "El cajón de los macundales". Mut buenas las entrevistas. Las disfruto

Profeballa dijo...

Muchas gracias por su lectura y comentarios.
Reciban un abrazo. Nos seguimos leyendo.

Anónimo dijo...

Tuve el placer de escucharlo el Viernes 12 en el IPC "Bolívar y la Leyenda Negra Española"

Anónimo dijo...

Tuve la oportunidad de escucharlo en el Instituto Pedagógico de Caracas, siento que como estudiante de Geografía e Historia, es agradable tener contacto con las diferentes corrientes de pensamiento que hay referente a lo nuestro, a lo venezolano si me hago entender, el que usted Sr. Coll se dedique a este compromiso desde su ciencia, me agrada, porque en este contexto que tenemos, es lo que en verdad debemos buscar, un clima de integración, buscando luces en función de saberes que están "pero no practicamos".

Guillermo Tell Aveledo Coll dijo...

Agradezco mucho a los dos comentaristas anónimos, con quienes me pongo a la orden por las redes sociales.

Don José Hermoso Sierra dice, y dice bien, que hay una distinción entre los galones técnicos y los logros. Creo que uno es lo que hace y lo que hace útilmente. Gracias por desinflar humos.

Y gracias a Carlos por el agradable espacio.

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