Alberto Castillo Vicci
En el año de 1960, se publicó en Paris, bajo el título "Le Matin des Magiciens", traducido en su edición en castellano, en 1962, por “El retorno el los brujos”; un libro sobre el llamado “realismo fantástico” y que llegaría ser un “best seller” mundial con repetidas ediciones en varias lenguas y países, con dos millones de ejemplares vendidos en sus primeros años. El éxito editorial fue tal, que sus autores, Louis Powels y Jacques Bergier, fundaron una revista, Planète, de la que llegaron a vender periódicamente hasta 80.000 ejemplares, aprovechando la veta de riqueza editorial con que habían sido acogidas las ideas por ellos difundidas acerca del “realismo fantástico”. Este boom editorial perduró hasta 1968, cuando pasó de moda frente a otras realidades, como la contracultura iniciada en 1963 con el asesinato de Kennedy y los crímenes de guerra cometidos por el Gobierno de los Estados Unidos en Asia; que llega a su clímax en el mayo francés y dio paso al movimiento hippie, desafortunadamente contaminado de drogas, y toda aquella revolución cultural que encandiló al mundo hasta quizás 1973, cuando termina la Guerra de Vietnam con la firma del Armisticio en París; y se va disolviendo la protesta juvenil en busca de algunos caminos menos utópicos y de la ilusión engañosa de las drogas; cae la Unión Soviética y se derrumba el muro de Berlín y el mundo mira con asombro y dolor como cuando se filmaron los campos de concentración nazi, los hornos crematorios, y toda la maldad a que es capaz el alma humana, si al poder lo acompaña el fanatismo ideológico; pero, en aquellos días finiseculares del siglo XX, en los países detrás de la Cortina De Hierro, al aflorar la estafa más grande la historia: que el comunismo podía ser humanismo; y que dejó en Eurasia más de 150 millones de muertos; y todavía es soporte de tiranía, miseria y esclavitud en Cuba y Corea del Norte.
¿Qué se decía en el “retorno de los brujos” que despertó tanto interés en multitudes de lectores del principio de la segunda mitad del siglo XX”?
Vale la pena recordarlo, porque a nuestro país han retornado los brujos bajo el ropaje de un socialismo del siglo XXI que nos quiere imponer el anacronismo y miseria del comunismo fracasado con un nombre distinto. Eso ya no lo duda nadie.
En el “retorno de los brujos”, la alquimia, las percepciones extra-sensoriales y las sociedades secretas con conocimientos fantásticos, capaces de tener una interpretación de la realidad distinta a los que la ciencia y el sentido común nos enseñan, son reivindicadas. El esoterismo de tales creencias estructurado en ideologías fascistas, nazistas o comunistas, llevaron a trastocar en la Europa del siglo XX, todo lo que la criba de la evolución en la civilización occidental destiló en valores a favor de la democracia, la tolerancia política, la libertad y la equidad de oportunidades para cada miembro de la humanidad. Todo eso quedaba derrumbado en las ideologías fanáticas, pues el valor del individuo era sustituido por el ser colectivo de la raza, el partido o la ideología que los hacen superior a todos los demás. Bastaba ser nazi, fascista o comunista para ser moralmente superior y no sujeto a las leyes y el orden social de convivencia, pues son herederos de un pasado mitológico de gloria: el Imperio Romano en el fascismo; la raza aria en el nazismo; el materialismo histórico en el comunismo; y en nuestros países andinos, la lucha por la independencia y el mito bolivariano.
Como a los brujos, a Hitler, Mussolini o a Stalin se le atribuyeron cualidades super naturales y a sus seguidores competencias que no se reconocen en sociedades racionales sino por el esfuerzo y la disciplina en el estudio y la profesionalización. Claro, la historia nos enseña que las creencias de que son superiores en una sociedad quienes abrazan una determinada ideología o siguen fanáticamente a caudillo, han conducido a la ruina de las naciones que las adoptan.
La calamidad nacional, en nuestra historia reciente, ha sido que junto a las mejores oportunidades socio-económicas que nos proporcionaba un ingreso petrolero descomunal, caímos en el dominio del “realismo fantástico” de los cultivadores del llamado Socialismo del Siglo XXI. Ellos han puesto en manos de los nuevos brujos, cuya incompetencia, falta de preparación profesional y motivos éticos dudosos son notorios, la más importante empresa del país, PDVSA, que como analiza el doctor Maza Zavala (El Nacional, 17/07/2010), después de recibir entre 1998 al 2008, en cifras redondas, 700 millardos de dólares, hoy tenga una deuda de 30.000 millones de dólares (en 1998 la de la Nación toda era de 22 millardos de dólares) y su nómina se ha triplicado después que despidieron con un pito presidencial 25.000 expertos que llevó toda una vida formar; para ser reemplazados por aprendices de brujos. Pero, si la producción petrolera fuera la que dicen que es, Maza Zavala no entiende cómo es que el país sufre el calvario de esa deuda y nuestra balanza de pagos está tan desprotegida. Pero igual ha pasado con todas las demás empresas en que el Socialismo del Siglo XXI ha colocado a sus brujos. Venalum compra 70.000 toneladas de aluminio porque no puede satisfacer la demanda nacional, recibiendo con la diferencia cambiaria lo que no gana en producción, como lo hacía antes de caer en manos del realismo fantástico. PDVAL se hunde con la comida podrida por incompetencia y sospechas de mafias corruptas en su distribución... y pare de contar, porque toda la CVG, Mercal, Conviasa, las demás empresas confiscadas, las haciendas expropiadas, sin mencionar los millardos de bolívares mal orientados en las cooperativas y otras organizaciones llamadas socialistas...adolecen de cualquier productividad: no hay una empresa expropiada que funcione. A estos brujos se le puede decir: de que no vuelan no vuelan.
El socialismo del siglo XXI no es una revolución como tanto la camarilla gobernante publicita; todo lo contrario, es la retrovolución al siglo XIX, que en lugar de adoptar las fronteras de la ciencia y la tecnología del siglo XXI, como la Telemática, la Biotecnología, la Nanotecnología que ofrecen una mayor revolución industrial que la de entonces, y con ella la posibilidad de resolver el problema económico del hombre con la abundancia de la producción a niveles de productividad nunca soñados, busca la verdad profanando la tumba de nuestros héroes.



























