viernes, octubre 14, 2011

Biografía Nª 132: "Luis Herrera Campíns" por Ramón Guillermo Aveledo

Publicado en: Noticiero Digital

Autor: Carlos Balladares Castillo

¿En verdad conocíamos a Luis Herrera Campíns? (BBV, 132)

La biografía número 132 de la colección de El Nacional y Bancaribe ha sido la única que no pude conseguir a tiempo, debido a que se agotó a la semana de haber sido publicada. Este hecho es prueba del gran interés que tiene la población por nuestra historia reciente, la cual nos permite comprender los problemas que padecemos en la actualidad. La pregunta que todos nos hacemos es: “¿Cuándo se fregó (por no decir una palabra más fuerte) Venezuela?” ¿Acaso fue en los tiempos del gobierno de Luis Herrera Campíns (desde ahora LHC) (1979-1984)? Según la “leyenda negra” que se ha construido en torno a los 40 años de la “democracia puntofijista” (1958-1998), y especialmente en relación al segundo gobierno socialcristiano; se dice que este último fue el período presidencial en el que empezaron los problemas del país. Es así como la vida de un hombre honesto y dedicado al mejoramiento del país, se oculta tras el velo de los mitos oficialistas y de “los náufragos de la democracia”. La biografía escrita por Ramón Guillermo Aveledo (un gran político e intelectual, líder de la Unidad de los demócratas en la Venezuela actual, hay que decirlo) desmitifica la historia y le hace justicia a la memoria del expresidente Herrera.

La memoria colectiva nacional quizás tampoco conocía realmente a este líder copeyano, y lo redujo a un personaje bonachón que contrastaba con la imagen del sabio y serio Rafael Caldera. Si a ello le sumamos la falsa idea de “comedor de torontos” que le asignaron, y su lenguaje dado a los refranes populares; el resultado es un político, que a pesar del carisma, da la impresión de no haber estado preparado para tomar las mejores decisiones en el inicio de la crisis económica de los ochenta. Para los politólogos, LHC tuvo el mérito, en lo relativo a la lucha por el poder, de hacer más popular al partido COPEI imitando las estrategias electorales y el discurso adeco. Los historiadores son más benévolos y lo incorporan a lo que podríamos llamar el “procerato” de los fundadores de nuestra democracia moderna, pero señalan su imposibilidad de detener la crisis del sistema.

Ramón Guillermo Aveledo dedica el capítulo inicial de la biografía a la descripción de la personalidad de Luís Antonio Ramón Porfirio Herrera Campíns (1925-2007). Y sin caer en falsas adulancias, nos muestra un ser humano con un conjunto de virtudes que hoy los venezolanos demócratas echamos en falta. La principal la resume en las siguientes palabras: “Buscó el poder desde muy joven, lo ejerció con responsabilidad pero sin apego, lo dejó y no lo quiso más, en un país donde el que lo prueba nunca se sacia” (p. 15). Esta única virtud eleva a Luis Herrera a uno de los más altos sitiales de nuestra historia nacional; aunque la verdad es que hay muchas más razones para valorarlo y acá solo señalaremos algunas.

LHC nació en Acarigua (estado Portuguesa) en medio de una familia de fuertes costumbres religiosas que podría catalogarse como de clase media. Es así como estudiará un año en el Seminario menor de Barquisimeto; y luego seguirá su formación en el prestigioso colegio La Salle de la capital larense (donde orgullosamente puedo decir que recibió clases de mi abuelo materno: Alberto Castillo Arráez). Acá formará parte del movimiento “Vanguardia” donde, según sus palabras: aprendió a pensar, a expresar su pensamiento y a “vivir con dignidad de cristiano”; pero también a realizar una labor comunitaria, proselitista y periodística, arraigada en la Doctrina Social de la Iglesia. En 1940 conocerá a Caldera y se unirá a la Unión Nacional Estudiantil (UNE), convirtiéndose en el máximo líder estudiantil de su estado. Se irá a Caracas a estudiar derecho en la Universidad Central, y desde ese momento se quedará a vivir para siempre en la capital. Un aspecto desconocido para muchos es el LHC intelectual y escritor, lo cual fue desde muy joven; manteniendo columnas semanales en muchos periódicos e incluso viviendo del escribir en sus tiempos de exilio (1952-58) durante la dictadura militar (1948-58).

Herrera Campíns fue fundador del partido COPEI, miembro del Comité Nacional y secretario juvenil nacional en los primeros años de dicha organización. A la tarea fundacional y organizativa se dedicó durante los años del Trienio Adeco (1945-48), pero también fue diputado electo de la Asamblea Legislativa de su estado natal. A diferencia de AD que se fundó en tiempos de un gobierno tolerante (Medina Angarita, 1941-45) y luego poseía los recursos del Estado para fortalecerse; COPEI tuvo que soportar el sectarismo y la violencia de los adecos en el poder y crecer en oposición sin el apoyo del Estado. Su actividad en contra de la dictadura lo llevó al exilio a Bogotá, Santiago de Compóstela, Roma y Londres; donde completará su formación con la experiencia de los partidos demócrata cristianos de Europa, y llevará a cabo una tarea de organización de COPEI en el exilio con el grupo TIELA (Triángulo informativo Europa-Las Américas).

Al regresar del exilio en 1958 retomará su labor de organización y consolidación nacional del partido en el país, y la acción parlamentaria de la cual siempre fue un orador admirado y un polemista temido. Nunca abandonará su actividad periodística. Su experiencia internacional le lleva a ser electo secretario general de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) en 1970. En 1973 se lanzará para precandidatura presidencial dentro de su partido pero perderá ante Lorenzo Fernández, aunque en 1978 será electo por aclamación; y logrará finalmente la Presidencia de la República ese año. Su gobierno puede resumirse en una preocupación por los más pobres, un gran desarrollo de infraestructura física (en lo relativo a las viviendas fue uno de los que más construyó durante la democracia, junto al número de escuelas, hospitales, vías y red eléctrica), un mejoramiento de Caracas con el Metro, el Teatro Teresa Carreño, entre otras obras; en el área petrolera fundó INTEVEP y desarrolló la política de internacionalización, y finalmente en lo internacional: colaboró con la pacificación de Centroamérica fundando el “Grupo Contadora”.

Solo le criticaría a LHC, no su desempeño ante la crisis cambiaria, sino el no haber sido más duro con los casos de corrupción que se dieron en su administración y; muy especialmente, el haber promovido la candidatura de Irene Sáez en 1998. Pero en verdad, nunca olvidaré su ejemplo como político con una vida familiar ejemplar, tolerante de sus opositores, y una honestidad a toda prueba. Los últimos años de su vida lo vi muchas veces caminar por las calles de su urbanización, y transmitía una gran humildad. Rechazó los lujos y siempre vivió en la misma casa: la famosa “Herrereña”. ¡¿Qué político que ejerce altos cargos en el actual régimen puede mostrar una hoja de vida tan impecable?! Lamentablemente ninguno. Es por ello que Luis Herrera Campíns es otro ejemplo de inspiración para los que soñamos con una mejor Venezuela.

2 comentarios:

GILBERTO PARRA ZAPATA dijo...

Que desperdicio, es como escribir sobre la l elección de una reina de carnaval

Profeballa dijo...

Un poco de respeto. Quisieran muchos políticos ser como LHC. Si no sigue las reglas de este blog (lea arriba), se procederé a borrarle sus comentarios. La libertad de expresión no es licencia para insultar.

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