sábado, diciembre 24, 2011

La Navidad en Venezuela y algunas hipótesis sobre el origen de la "carta al Niño Jesús"

Carta al Niño Jesús

Carlos Balladares Castillo

En los tiempos de Navidad siempre se repite la misma queja, la que advierte que se está perdiendo su real sentido por la mercantilización de las fiestas. Y una vez realizada la queja, seguimos comprando y volviéndonos locos en las mil colas que debemos padecer para obtener los regalos y todo lo relativo a la cena navideña. Es hora de abandonar esa queja y valorar lo que tenemos: casi 2000 años de cristianización del mundo donde las fiestas decembrinas transmiten el mismo sentido originario: el nacimiento de Cristo que es Dios Amor. Algunos pueden decir, y con razón, que muchos celebran sin pensar en Cristo; pero debemos responder que es una verdad a medias, porque de igual forma CELEBRAN rodeados de una serie de símbolos que transmiten la idea central: LA CARIDAD. No todo se ha perdido en medio del bullicio comercial, no es la Navidad un pretexto más para el mercado. Al final: en un regalo (gratuidad) se transmite la idea del mayor de los regalos (don): que Dios se hizo uno de nosotros, y pobre como todos nosotros.

 ¿Y cuál es la relación de todo esto con la tradicional carta al Niño Jesús que hacen los niños en Venezuela? La relación está en que los niños vinculan la Navidad con la alegría de los regalos, de la obtención de cosas (si, cosas) que deseamos y que pedimos al Niño Dios. El cristianismo señala en palabras de su fundador que debemos “hacernos como niños para entrar al Reino de los Cielos”, y la realidad es que en estos tiempos todos renovamos la niñez en nuestros corazones. Dar y recibir obsequios, comprar cosas y hacer una fiesta de estos tiempos no tiene nada de malo; al contrario: refleja la alegría que debemos sentir porque Dios se hizo uno con nosotros y como nosotros. Lo malo es que hagamos de esto lo único, lo principal y no vayamos a lo profundo; e incluso nos amarguemos por no tener “suficientes cosas”. Siempre debemos tener como criterio de celebración el que Dios quiso nacer en la necesidad, por tanto la Navidad debe ser alegre pero sencilla más no paupérrima. Me imagino que el pesebre era pobre pero limpio y ordenado, y no faltaron los regalos de la generosidad de los pastores.

Me gusta pensar que la tradición de la carta al Niño Jesús fue producto, como dice un amigo, de la impaciencia de los niños venezolanos ante la llegada de los regalos con la fiesta de Reyes la cual es el 06 de enero. Heredamos de la cultura hispana el hecho que los regalos se entregan a los niños en esta fecha y no en Navidad, pero quien sabe si nuestra mentalidad republicana (no nos gustan los reyes) junto a las influencias del Santa Claus o San Nicolás que traen los regalos en Nochebuena en Europa y Estado Unidos, generaron una mezcla maravillosa: que es el hecho que los niños despiertan el 25 rodeados de juguetes traídos por el Niño Jesús. La verdad es que esta tradición es una cosa reciente: principios del siglo XX que coincide con las influencias anglosajonas. Otros pueden decir, también, que en Venezuela somos tan chéveres que nos trae los regalos el propio Jesús y no un personaje secundario como el gordo vestido de rojo o los reyes magos.

Al final, muchos critican que nuestras navidades se han transculturizado, que hemos abandonado nuestras tradiciones; cuando la realidad es que al adoptar al San Nicolás, al árbol y otras tradiciones del norte seguimos mostrando nuestro carácter mestizo y capaz de integrar nuevas costumbres. Lo auténticamente iberoamericano es esto, y si todo ello nos lleva a vivir las navidades con mayor alegría pues magnífico. El mejor ejemplo es nuestro principal plato navideño: la hallaca (fruto de la mezcla entre los indígenas, africanos y europeos), pero dicho plato se ha complementado con el pan de jamón, la ensalada de gallina, el pernil y el dulce de lechoza. ¿Quién se puede atrever a decir que esto no es venezolano, que no pertenece a nuestras tradiciones y; que a su vez no es producto de la aceptación de las influencias extranjeras?.

No importa cómo lo celebremos, y con esto me refiero a los símbolos de alegría y esperanza. Lo fundamental es que NOS COMUNIQUEMOS con una humilde “carta” al Niño que nace en Navidad pidiéndole los regalos que nos harán felices: PAZ Y BIEN QUE ES LA SALVACIÓN. Reciban todos un gran abrazo de Feliz Navidad y que en el 2012 aprendamos a vivir como Cristo nos enseñó: amándonos los unos a los otros. 

viernes, diciembre 23, 2011

Felicitaciones al historiador y amigo Rafael Arráiz Lucca por su nueva publicación: "Venezuela: 1728-1830"

Tomado de correocultural.com


Venezuela

Editorial Alfa presenta Venezuela: 1728-1830

Desde el presente mes de diciembre está a la venta en las librerías del país un nuevo título, el sexto, perteneciente a la Biblioteca Rafael Arráiz Lucca: Venezuela: 1728-1830. Guipuzcoana e Independencia. Esta obra representa el segundo tomo –de tres- de la historia política que adelanta el autor, precedido por Venezuela: 1830 a nuestros días. Es una investigación donde la interpretación de los hechos y las figuras históricas difiere de la mayoría de las lecturas que han conducido a una petrificación ideológica de la historia nacional, enredada entre el endiosamiento de Bolívar y la sanción de cualquier análisis crítico.
Este libro articula una lectura moderna de las postrimerías de la Venezuela provincial, de la génesis fundacional republicana, de la guerra de independencia y del fracaso integracionista bolivariano de la República de Colombia, de la que Venezuela fue un Departamento. En este volumen se historia el siglo XVIII, a partir de la creación de la Compañía Guipuzcoana, en 1728, dentro de las llamadas Reformas Borbónicas. Se le toma el pulso al país preindependentista, ya unificado alrededor de la Intendencia (1776) y de la Capitanía General (1777) y, además, experimentando una notable prosperidad agrícola. Luego, ya en el siglo XIX, se sigue la epopeya libertaria en sus vertientes civiles y militares, a partir de las abdicaciones de Bayona (1808) que dieron lugar al 19 de abril de 1810 y al 5 de julio de 1811, cuando nació la República de Venezuela.
Rafael Arráiz Lucca es abogado, profesor, escritor e Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua. Es, también, especialista en Gerencia de Comunicaciones Integradas (UNIMET, 2002), Magíster en Historia de Venezuela, Summa Cum Laude(UCAB, 2006) y Doctor en Historia (UCAB, 2010). Su trabajo ha merecido el Premio de Poesía de Fundarte (1987), el Premio Municipal de Poesía de Caracas (1993) y los reconocimientos como mejor articulista de opinión del año: Premio Monseñor Pellín (1999) y Premio Henrique Otero Vizcarrondo del diario El Nacional (2001). Ha sido investigador en el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA), Visiting Fellow en la Universidad de Warwick (1996) y titular de la Cátedra Andrés Bello del Saint Antony’s College de la Universidad de Oxford (1999-2000), ambas en Gran Bretaña. Se desempeñó como Decano-Director del Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri de la UNIMET (2006-2010). El gobierno de España le otorgó la Orden de Isabel, La Católica, en su grado de Comendador (2007).
Las cinco obras previas que conforman la Biblioteca Rafael Arráiz Lucca son: los ensayosVenezuela: 1830 a nuestros días (2007), Literatura venezolana del siglo XX (2009), Colonia y República: ensayos de aproximación (2009), El <> (1945-1948) y las conquistas de la ciudadanía (2011); además de la antología poética El libro del amor, Poesía amorosa universal (2010).

miércoles, diciembre 21, 2011

Hoy se cumplen 200 años de la promulgación de la primera Constitución de Venezuela

200 años de la Constitución de Venezuela de 1811

JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ | EL UNIVERSAL
martes 13 de diciembre de 2011 12:00 AM

"Libertas omnibus rebus favorabilior est" (La libertad es la más preciada de las cosas)

La primera Constitución de Venezuela sancionada por el Congreso el 21 de diciembre de 1811, estableció principios esenciales como fueron: "la mejor administración de justicia", "el bien general", "la tranquilidad interior", "nuestra libertad e independencia política", el: "asegurar perpetuamente a nuestra posteridad el goce de estos bienes". El respeto a la soberanía, libertad e independencia de las provincias de la Confederación fue también consagrado. Ese sentido de unidad y de alianza tuvo entre sus objetivos conservar: "la libertad civil", que es el origen nuestros derechos ciudadanos y que además de la libertad política, representa en fundamento de nuestra República. Igualmente, contempló el principio de separación de los poderes y entendió la autoridad como un ejercicio contrario a cualquier forma de arbitrariedad y tiranía. La relación entre el ejercicio del poder y la inviolabilidad de las normas constitucionales, fue otro de sus rasgos distintivos, condicionando así la autoridad republicana a la ley.

No obstante el hecho que entre los requisitos para ser elector se exigiese ser propietario -como era usual en el derecho político de la época- resulta ilustrativo como en la Constitución se previó la obligación de las Municipalidades a convocar las Asambleas Primarias para la designación de los integrantes de la Cámara de Representantes, y que si aquellas no realizaban ese acto, ello no obstaba que los ciudadanos se reuniesen y fuesen válidas sus determinaciones, lo cual constituye el reconocimiento de la soberanía popular por encima de la voluntad de las autoridades. Tan grave se estimó la violación de los derechos electorales que se consideró como: "un atentado contra la seguridad pública y una traición a las leyes del Estado", todo lo cual denota el alto sentido que le atribuyó nuestro primer constituyente a la soberanía popular y a la legalidad de los actos de gobierno.

Igualmente, se previeron exhaustivas formas de control político por parte del legislativo, y se dispuso que todos los empleados de la Confederación estarían: "sujetos a la inspección de la Cámara de Representantes en el desempeño de sus funciones", pudiendo ser acusados ante el Senado por casos de: "traición, colusión, o malversación", lo que evidenció la presencia del principio de responsabilidad y, además, la gravedad que se le atribuía a los delitos contra la cosa pública y contra la patria.

La majestad de las cámaras legislativas se regulaba, se estableció la libertad, el sosiego y el orden de las deliberaciones, además, se previeron facultades para castigar a cualquier individuo o empleado que atentase contra: "el cuerpo o contra la persona o bienes de alguno de sus individuos..." o "embarazase o perturbarse sus deliberaciones" e inclusive que: "asaltase o detuviese cualquier testigo u otra persona citada y esperada por cualquiera de las dos cámaras".

Ni la determinación de los individuos, ni la de las provincias por sí mismas, estaban por encima de los límites constitucionales y se contempló como uno de los principales deberes del Poder Ejecutivo: "la exacta, fiel e inviolable ejecución de las leyes".

Notable fue el capítulo relativo a los Derechos del Hombre en el que destacaron la soberanía del pueblo, los derechos y los deberes del hombre en sociedad, basada en: "ciertos derechos mutuos", donde nadie: "puede atribuirse la soberanía", en la que los magistrados eran: "meros agentes y representantes del pueblo", y la ley: "la expresión libre de la voluntad general o de la mayoría de los ciudadanos", a su vez fundada: "sobre la justicia y la utilidad común". Como corolario admirable de sus previsiones, se estableció como deber de la sociedad: "proteger la libertad pública e individual contra toda opresión o violencia", y que la función de los gobiernos era: "asegurar al hombre en ella" "protegiendo la mejora y perfección de sus facultades..., aumentando la esfera de sus goces y procurándole el más justo y honesto ejercicio de sus derechos".

Tales fueron algunos de los mandamientos admirables que la Constitución de 1811 ha legado a nuestras generaciones, para que seamos verdaderamente libres y se asegure en la sociedad: "la conservación de su persona, de sus derechos y de sus propiedades". La libertad política y el sentido primigenio de la democracia contemplado en el artículo 187 tiene en ella su origen: "el derecho del pueblo a participar en la legislatura", "el más firme fundamento de un gobierno libre", "que las elecciones sean libres y frecuentes", que los ciudadanos: "tengan derecho para sufragar y elegir...", son y deben seguir siendo las guías inviolables de nuestra existencia política y de nuestra justificación ante historia.

Biógrafo del Gran Mariscal Sucre

martes, diciembre 20, 2011

El historador Ángel Rafael Lombardi Boscán hace un balance del 2011

FATIGA HISTORICA

No es poca cosa padecer otro año más de fatiga histórica en una Venezuela envilecida y estropeada por sus cuatro costados. Ya ni siquiera el interludio de las navidades y el año nuevo logran disipar el hastío y una sensación de que nuestro futuro ha sido secuestrado.

Es una tragedia histórica la que vive Venezuela desde el mismo momento en que la ya vieja hegemonía chavista se ha propuesto engullirse al país y acabar con lo poco bueno que se hizo desde la puesta en marcha de la Democracia en el año 1958. Y es que el actual proyecto de “destrucción nacional” bebe y se inspira en las peores felonías históricas de triste recuerdo. Los Castros en Cuba, los impresentables Gadafi, Saddam Hussein, Mugabe, Putin, Alexander Lukashenko y un tal Ortega, sintonizan de acuerdo a la misma ambición: aplastar todo resabio de ciudadanía e institucionalidad; acabar con el tan necesario equilibrio de los poderes públicos; silenciar las incomodas voces de la disidencia y hacer dinamitar los más elementales fundamentos de una sociedad abierta para con ello instaurar el personalismo.

La regresión histórica es su esencia bajo el sello de una impudicia de corte irresponsable. Bajo las premisas de Goebbels no se cansan de mentir y manipular. Bajo un abuso constante, el “Gobierno de los Pobres”, ha terminado por hacer más pobres a un buen número de compatriotas. La inflación hace papilla a los sueldos y salarios junto a un desempleo que logra disimularse por la audacia del venezolano a buscarse la vida en los subterfugios de la economía informal.

Padecer este veneno es reñirse con las naturales expectativas individuales y colectivas dentro de escenarios precedidos por la incertidumbre, y la sensación, de que los referentes cívicos más elementales propios de un sistema democrático, tienden a desaparecer. En la era chavista todo luce tan precario, tan obsoleto, arbitrario y ramplón que los valores, normas, costumbres y maneras se han puesto de cabezas. Hoy la mediocridad junto a una dosis de audacia mide la curvatura de las bravuconadas de quién finge ser la autoridad sin apelantes.

Este año 2011 que se va, ha tenido como el gran protagonista, al manifestante; al ciudadano común y anónimo, pero vinculado activamente a las redes sociales que las nuevas tecnologías de la comunicación han potenciado, y que se indigna y protesta ante la contaminación, las especulaciones bursátiles, y sobre todo, ante los malos gobiernos y sátrapas egoístas a los que han tenido que sufrir, y que ya no están dispuestos a calárselos mas.

Recuperar la democracia sobre las bases de una reunificación del país con la inclusión de todos es la gran esperanza de muchos. Poner fin a las pretensiones desmedidas y desconsideradas del mal gobierno de turno es un imperativo crucial para volver a creer en un proyecto de país sano y cuerdo. Volver a vivir con optimismo. Por los momentos: nos toca resistir.

DR. ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCÁN
DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LUZ

lunes, diciembre 19, 2011

El historiador Elías Pino Iturrieta recuerda el aniversario del fallecimiento del gran Manuel Caballero

Manuel Caballero, in memoriam

Merece un reconocimiento que no permita cavilaciones sobre lo mucho que hizo por nosotros

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ELÍAS PINO ITURRIETA | EL UNIVERSAL
domingo 18 de diciembre de 2011 12:00 AM

Parece evidente la asociación del nombre de Manuel Caballero con los trabajos de la oposición. En especial con la oposición a la "revolución" de nuestros días, debido a que no le dio cuartel desde las horas del fallido golpe mediante el cual se dio a conocer un deplorable teniente coronel a quien dedicó en adelante sin descanso lo más ácido de su pluma. Ya en su lecho de enfermo, recluido en la sala de cuidados intensivos en la víspera de su despedida, Manuel pidió una computadora para seguir escribiendo contra el chavismo. Tal vez nadie fuese tan persistente en la batalla contra el fenómeno que despuntaba en los días decadentes de la democracia representativa, no en balde lo convirtió en objeto de ataques a mansalva cuando nadie advertía cabalmente la estatura de su peligro. Pasado el tiempo, ya cerca de la tumba, no cesó de advertir sobre los perjuicios que acarreaba. Para hacer su faena utilizó el arma que manejaba con pericia y con la cual se sentía más a gusto, el periodismo, en los últimos años desde las páginas dominicales de El Universal que ahora ocupa sin iguales méritos quien escribe; pero también en actos de masas y a través de entrevistas cada vez más recurrentes y atrevidas en la radio y en la televisión. De allí que se convirtiera en una figura simbólica de los adversarios del régimen, en un conocido paladín a quien saludaba y felicitaba la gente en los lugares públicos. Los venezolanos cada vez más angustiados por la orientación del oficialismo, o cada vez más necesitados de que alguien gritara por ellos contra Chávez, se identificaban con un bizarro luchador blanco en canas, cuya cabeza coronaba una boina azul que se asociaba con la proeza de los estudiantes del 28 contra la tiranía de Gómez. No sé si se trató de una identificación profunda, debido a que nadie desde el ámbito de la política, ni desde los predios de la sociedad civil, se ha ocupado hasta ahora de recordar sus batallas para que no las olvide nadie, o para que se asienten con la debida propiedad en los anales del civismo venezolano, pero ciertamente los pasos políticos de Manuel Caballero se sintieron con fuerza en los últimos años.

Pero no sólo porque gritó sin temor ni tregua contra la "revolución". Tronó con fundamento debido a la autoridad de unas imprecaciones tras la cuales se encontraban una disciplina de estudios y un conocimiento de la historia que los habituales de la política no podían exhibir ni remotamente. Ahora, cuando se cumple un año de la muerte de Manuel Caballero, hago memoria de uno de los intelectuales mejor formados del siglo XX venezolano, de un historiador de prolongadas lecturas y prolijas investigaciones sin cuya contribución difícilmente se puede comprender la política contemporánea a la cual dedicó la mayoría de sus preocupaciones. El periodismo fue su pasión primera, junto con el activismo político en el cual destacó desde la juventud, a partir del derrocamiento de Rómulo Gallegos, pero apenas fueron un puente para su tránsito hacia la creación de una historiografía llena de desafíos frente a los conocimientos tradicionales, frente a las versiones manidas y las crónicas superficiales. Estudiante disciplinado de la Escuela de Historia de la UCV, después catedrático dedicado a promover las investigaciones de los alumnos a quienes retaba con inquietudes intrincadas, y finalmente autor de medio centenar de libros igualmente llenos de invitaciones a pensar, no se pueden entender nuestros días, ni los días de nuestros abuelos y nuestros padres, sin la lectura de sus obras.

No es fácil señalar los textos fundamentales que escribió, pero de su producción permanecen obras notables como: Latin America and the Comitern, Las venezuelas del siglo XX, Gómez, el tirano liberal, Las crisis de la Venezuela contemporánea, Ni Dios ni Federación, Rómulo Betancourt, político de nación e Historia de los venezolanos del siglo XX. Prosa atractiva, búsqueda novedosa, cambios oportunos de opinión, distancia reverente e irreverente frente a interpretaciones previas de los fenómenos, pleito cerrado o respeto proverbial con y por los protagonistas del pasado, derrumbe de estatuas y presentación de héroes inéditos, revisión y resurrección de políticos desahuciados, exploración concienzuda del civilismo, apología razonable de la gente común y corriente, indagación brillante de las características de la sociedad venezolana, exploración sin pereza, peculiaridad en cada letra, interés por involucrar al lector en las páginas que desfilan ante sus ojos, en cualquier caso son impresos ineludibles que deberían visitar quienes no lo han hecho.

Espero estar equivocado, pero pienso que el tránsito de Manuel Caballero no ha merecido la atención que merece. No sólo por su papel de promotor de conductas políticas y por el ejemplo de sus atrevimientos frente a la decadencia de la actualidad, por cómo se la jugó por el prójimo en oscuras coyunturas sino especialmente por la trascendencia de su obra escrita. Quizá apenas forme parte habitual del recuerdo de sus amigos, sus colegas y discípulos, no pocos, en efecto; pero a su legado corresponde una plaza estelar que debe trascender el afecto y el respeto de los allegados. Manuel Caballero murió el 13 de diciembre del pasado año y continúa iluminando el camino, pero merece un reconocimiento contundente de veras, que no permita cavilaciones sobre lo mucho que hizo por nosotros.

domingo, diciembre 18, 2011

Falleció el editor José Agustín Catalá a los 97 años

18 diciembre 2011

Falleció el editor José Agustín Catalá a los 97 años

Reconocido por su batalla en contra de las dictaduras. (Foto www.globovision.com)

Este domingo falleció José Agustín Catalá a los 97 años de edad. Conocido como el "editor de la libertad", fue secuestrado político del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Fue editor del "Libro Negro de la Dictadura", en el que se retrataban los mecanismos de persución, hostigamiento, tortura y muerte que recibían los "defensores de la democracia" durante el régimen pérezjimenista.

Reseña Globovisión en su portal web, que Catalá se desempeñó durante veinte años como Director General de Servicios de la Presidencia del antiguo Congreso. Era un fiel defensor del periodismo tradicional, desde que fuera editor de "Resistencia", publicación clandestina del periódico Acción Democrática.

Es reconocido por su batalla en contra de las dictaduras en varios países de América Latina. El 25 de julio de 1996 el gobierno chileno le otorgó la Orden Bernardo OHiggins por haber sido fiel combatiente de la dictadura del general Augusto Pinochet.

jueves, diciembre 15, 2011

"La independencia a palos". El nuevo libro del historiador Elías Pino Iturrieta

Nos alegramos por su nueva publicación. Les dejamos la nota de prensa de El Universal.

Pino Iturrieta presenta "La Independencia a palos"


Este es el sexto libro de la biblioteca que bajo el nombre del historiador ofrece la editorial Alfa, y que ya está disponible en los anaqueles de las librerías nacionales.

EL UNIVERSAL
martes 13 de diciembre de 2011 07:54 AM

Caracas.- Después de haber sido el orador de orden en la sesión conmemorativa del Bicentenario de la Independencia de Venezuela que ofreció la Academia Nacional de la Historia, Elías Pino Iturrieta presenta su reciente libro La independencia a palos y otros ensayos (Alfa, 2011). Este libro viene siendo el sexto título de la Biblioteca Elías Pino Iturrieta, y a través de sus páginas se ofrecen pistas para reconstruir el proceso de Independencia con una autonomía de criterio que, quizás, a muchos cause escozor pero que otorga respuestas sorprendentes sobre "el suceso más manipulado de nuestra historia". Producto de su trabajo profesional reciente pero también como resultado de la necesidad de tratar el tema de la Independencia en ocasión de la conmemoración de su Bicentenario, Pino Iturrieta nos ofrece estos ensayos en donde prevalece su vocación como historiador aunque puede sentirse la contaminación por la realidad circundante.


Al respecto, el autor dice: "la Independencia de Venezuela no fue como la han pintado y se podrá encontrar evidencia de ello en este libro, que vuelve hacia sus caminos y al encuentro de sus protagonistas sin los prejuicios que han dominado su entendimiento. No se trata de un libro sobre hombres convertidos en estatuas, ni sobre una epopeya sin mancha ni comparación. Al contrario, topa con individuos llenos de problemas a medio resolver y con retos cuya permanencia remite a la imposibilidad de superarlos en su tiempo". La presente obra está conformada por ocho textos inéditos: La crisis de España, antesala de la Independencia venezolana; Los venezolanos que harán la Independencia, o que lucharán por evitarla; Abril de 1810: temporada de debutantes en Venezuela; La Independencia a palos; La divina Independencia; Propiedad privada e independencia política: una aproximación; Bolívar en la Convención de Valencia; El Semi-Dios y su sucesor: aproximación al Centenario del natalicio de Bolívar.


Adicionalmente, contiene el ensayo titulado La Independencia de Venezuela: propuestas para cohabitar con sus estatuas, el cual ya había sido publicado en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia. La Independencia a palos y otros ensayos, que ya se encuentra disponible en todas las librerías a nivel nacional, es un trabajo que su autor dedica a la memoria del también historiador y académico Manuel Caballero, fallecido en diciembre 2010. Pino Iturrieta es Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia, Doctor en Historia por El Colegio de México y Profesor Titular de las universidades Central de Venezuela y Católica Andrés Bello. Actualmente es director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello. Fue Decano de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV y Presidente de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Entre sus más recientes publicaciones destacan: El divino Bolívar; Nada sino un hombre; Ideas y mentalidades de Venezuela, y Ventaneras y castas, diabólicas y honestas.

miércoles, diciembre 14, 2011

El historiador Carrera Damas nos habla de la Gran Colombia

11-Dic 11:50 am|Gloria M. Bastidas

TOMADO DE EL NACIONAL.

El historiador ­que acaba de ser nombrado miembro de la Academia Colombiana de Historia­ señala que los militares, al presentarse como los autores de la independencia y de la libertad, han logrado algo muy importante: calar en la conciencia histórica del venezolano
Germán Carrera Damas ingresó el 22 de noviembre a la Academia Colombiana de Historia bajo la categoría de académico correspondiente extranjero. Ese día leyó un discurso, en Bogotá, cuyo solo título ya despierta interés: "Al rescate de la República de Colombia para la historiografía venezolana". Carrera Damas analiza desde una perspectiva muy crítica qué significado tiene esa República creada por Bolívar ­la Gran Colombia, como se le conoce comúnmente­ y por qué ha sido relegada por los historiadores.

En 2010, ya había entregado un adelanto de este polémico tema. Se trata del libro Colombia, 1821-1827: aprender a edificar una república moderna, una monumental obra de casi 700 páginas. No es la primera vez que Carrera Damas ­nada dado a complacer a la audiencia­ pisa tierras movedizas. Hace más de cuarenta años, cuando salió a la luz El culto a Bolívar, debió soportar la artillería pesada de quienes lo tachaban de enemigo de la patria. Pero no. Carrera Damas lo advierte: "No es tremendismo. Lo que yo hago es cumplir con lo que llamo el deber social del historiador".

--¿Qué debemos entender por República de Colombia? --Desde los inicios del proceso de independencia hubo conciencia de que ni la Nueva Granada ni la entonces Capitanía General de Venezuela podrían conseguir y asegurar su independencia por sí solas. Era necesario establecer entre ellas una relación muy estrecha. Esto lo pensaron varios hombres ilustres desde 1810, 1811. Pero el que toma esta idea y la lleva a su más alto nivel fue Bolívar, que opta por trasladar la guerra a Nueva Granada. Y es la famosa campaña de travesía de los Andes, que culmina en Boyacá. Este hecho privó a Morillo de los recursos fundamentales para mantener el control de las dos regiones. Luego, Bolívar consolida este logro fundando, en Angostura, el 17 de diciembre de 1819, la República de Colombia. Hay una ley, que se llama Ley Fundamental de Colombia, en la cual se establece que la República de Venezuela y de la Nueva Granada formarían una sola y única República que llevaría el nombre de República de Colombia. De tal manera que la República de Colombia se funda en Angostura. Y desde ese momento todos aquellos hombres que luchaban por la independencia pasaban a ser jurídicamente colombianos.

Se establece allí que un congreso que se reuniría en Cúcuta adoptaría la constitución correspondiente. Y así se hizo: en la Villa del Rosario de Cúcuta se aprueba, en 1821, la Constitución de la República de Colombia, que toma lo actuado en Angostura, lo lleva a un nivel de desarrollo en una ley que se llama la Ley de Unión de los Pueblos de Colombia y formula la Constitución. Cuando yo digo República de Colombia, me refiero a esa República.

--¿Cuál ha sido el error en el que ha incurrido la historiografía? --Inventó el término de Gran Colombia para diferenciarlo de la Colombia que, una vez dividida esa República de Colombia, conservó el nombre: es la Colombia actual.

Pero históricamente era una sola. Cuando el Libertador dice su última proclama, se dirige a "colombianos". Bolívar muere siendo colombiano. La Batalla de Carabobo fue librada por el Ejército de la República de Colombia bajo el mando de un general colombiano, nacido venezolano, llamado Simón Bolívar, pero él pelea como general colombiano. Aquella obra magnífica y extraordinaria, la República de Colombia, significó la posibilidad de lograr y consolidar la independencia de Venezuela. No sólo eso: la invasión del virreinato de Perú, por el Ejército de la República de Colombia, significó la consolidación de la independencia de toda América del Sur. Nuestra interpretación más común de este hecho histórico se ha ido por dos vías: los pleitos entre los líderes (Santander y Páez), de interés secundario, y que no se ha penetrado en el fondo de las diferencias que había en la República de Colombia.

--¿Qué diferencias había? --Los hombres que montaron la República de Colombia entendieron que la única manera de consolidar la independencia era fundando la república liberal moderna. Moderna en cuanto a que la formación del poder se basa en el ejercicio de la soberanía popular por la vía de la representación. Es moderna, igualmente, porque se funda en principios que en ese momento significaban lo más avanzado de la concepción política. Colombia nace como una república regida por esta secuencia de valores: la libertad; la seguridad, es decir, el Estado de Derecho, que era el garante de la libertad; la propiedad, cosa que algunos historiadores han omitido; y la igualdad. La propiedad es la bisagra porque es lo que garantiza la libertad y la seguridad y, al mismo tiempo, es lo que abre la puerta a la igualdad. En principio la riqueza, la propiedad es la clave de todo el edificio. Eso es nuevo en ese momento. Es un signo de modernidad. Pero no bastaba con que esa economía retomara impulso bajo el patrón colonial. Era necesaria una nueva economía: la capitalista. Por eso se protege la propiedad y se procura el ingreso en el país de dos factores fundamentales: brazos (inmigración) y capitales (inversión extranjera). Para que esto pudiera operarse era necesario liberalizar las leyes que regían la actividad económica y la vida social.

--¿Qué tipo de leyes? --Por ejemplo, ese capital y esos brazos debían proceder fundamentalmente de las sociedades entonces más desarrolladas, que eran básicamente protestantes, no eran católicas. ¿Y cómo iban a operar en una sociedad católica en la cual no se aceptaba ningún otro credo que no fuera la religión cristiana, católica, romana? Bueno, la Constitución no legisla sobre religión. Aquellos hombres que legislan en Colombia tienen la vista puesta en lo más avanzado de su tiempo para que aquellas sociedades que estaban como ancladas en un pasado colonial, monárquico, primario, pudieran desarrollarse. Pero había un problema: una sociedad libre con esclavos era un contrasentido. Pero una sociedad que no reconociera el esclavo como propiedad también estaba violando su principio fundamental, que era la propiedad. Y se tenía el temor de que una vez que se revisara la Constitución de Colombia, a los diez años de su vigencia, se adoptara la de Bolivia. Esta situación influyó determinantemente en la reacción del sector de criollos venezolanos más importante ante la República de Colombia.

--¿Por qué esa república liberal moderna ha sido relegada? --Por un lado, había que justificar históricamente el proyecto nacional venezolano. Es decir, aquello que nos singularizaba, que nace desde la Constitución de 1811. Y lo de Colombia aparecía como una interrupción.

Y por eso muchas de las críticas que se hacen a la Constitución de Colombia se hacen en nombre de los principios de la Constitución venezolana de 1811. Uno de esos principios fundamentales es que esa Constitución ­de esto tampoco se habla­ dice que el primer deber del Estado es velar por la religión cristiana, católica y que no permitirá ningún otro culto.

¿Y qué hace Cúcuta? No legisla sobre la religión. Esa especie de vacío que se ha producido con respecto a Colombia ha permitido que el militarismo venezolano se exhiba como autor de la independencia y haya creado una confusión interesada entre independencia y libertad.

Colombia se presenta ante el mundo como una nación independiente "por sus armas y libre por sus leyes". Diferencia muy bien los dos elementos: las armas hacen la independencia; las leyes, la libertad. En consecuencia, se puede ser independiente y no libre. Y se puede ser libre y no independiente. Allí hay un juego de valores: los militares, al presentarse como los autores de la independencia y de la libertad, han logrado algo que es muy importante, que es calar en la conciencia histórica del venezolano como la fuerza creadora de la nacionalidad y para ellos la posibilidad de que haya sido el Ejército de la República de Colombia, comandada por venezolanos, quien nos diera la independencia significa privarlos de esa coartada para usufructuar el poder.

--Y por eso Colombia queda fuera... --Tenemos que afrontar nuestra historia de pueblo con ese sentido de deber social y no presentarle un falso espejo al pueblo. El balance, visto desde hoy, no puede ser más positivo. Tenemos una sociedad en la cual ya la democracia no baja de las instancias de la política ni del poder, sino que sube de la sociedad hasta allá. Porque lo que es democrático ahorita en Venezuela es la sociedad.

No es el régimen político, no es el Gobierno. Y la prueba es que este gobierno no ha logrado desarmar a la sociedad de su determinación democrática.

Aquí toman como fundador de la nacionalidad a Páez porque, una vez que ocurre la separación de Colombia, es adoptada la Constitución del Estado de Venezuela. Pero cuando uno compara esa Constitución con la de Colombia, es la misma con ciertas enmiendas. Mientras la de Colombia procuraba establecer una república liberal moderna, aquí se establece una república liberal autocrática, que es la que perdura hasta 1946. ¿Por qué cree usted que rechazan el trienio? Porque eso significó un cambio histórico radical. Venezuela fue una hasta 1946 y otra a partir de ese año.

--¿No teme que lo tachen de pro colombiano? --Hace cuarenta años publiqué El culto a Bolívar. Allí advertía del riesgo que suponía seguir utilizando el pensamiento de Bolívar en una forma aviesa. Ese libro casi me costó mi expulsión de la universidad y una suerte de exilio de diez años. Pero era parte de mi deber social: situar las cosas de tal manera que el venezolano madure en su conciencia histórica. Un hombre más seguro de sí mismo y no viviendo de relumbrones y de mentiras que lo hacen vulnerable a salvadores de la patria.

Ahora, el cómo se interprete lo que digo, no es que no me importe: es un riesgo que asumo.

Decir que no me importa sería una insensatez. Yo me considero un venezolano genuino y decididamente patriota. Y por eso cumplo con mi deber social de historiador. Tengo una concepción científica de la historia. Para mí, el conocimiento de la historia nunca está acabado.
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