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miércoles, septiembre 04, 2019

Una nueva perspectiva sobre nuestra condición petrolera (nuestra columna de los miércoles en "El Nacional")


Una nueva perspectiva sobre nuestra condición petrolera

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional 

La reconstrucción de Venezuela después de la mayor destrucción padecida en su historia contemporánea, pasa por asumir lo que sabemos hacer pero que nunca hemos querido terminar de aceptar: ser un país petrolero. Esta idea me la ha reafirmado la lectura de un excelente libro (ganador del Premio Rafael María Baralt en su bienio 2018-2019): Londres en Caracas y La Haya en Maracaibo: Retos empresariales de Royal Dutch Shell en la industria petrolera venezolana entre 1943-1958, del buen amigo y colega: el ingeniero Alejandro E. Cáceres. Dicha obra representa un valiosísimo aporte a la historiografía del petróleo en nuestro país, porque no solo se centra en la industria petrolera escasamente estudiada, sino que a su vez se aparta de las perspectivas (en lo político, económico, historiográfico y literario) que siempre hemos mantenido en nuestra relación con el hidrocarburo y que no es otra que verlo como “excremento del diablo” (Juan Pablo Pérez Alfonzo, 1976).

Según esta tradición no es cualquier objeto demoniaco, es lo peor… y ciertamente si revisamos las obras de ficción que lo tratan directa o indirectamente (que son más de las que se piensan) siempre es visto como algo negativo para Venezuela y los venezolanos: es una riqueza no trabajada, destructiva del medio ambiente, codiciada por los imperios que terminan ocupando nuestro país para robarla y terminar modificando para mal nuestra cultura, y los campamentos petroleros están aislados del país y denigran de los nacionales. El marxismo se impondrá en su perspectiva de “dominación imperial”, pero incluso cuando se termina aceptando su influencia como generadora de progreso y modernización se temen sus consecuencias en el sentido de la cultura rentista o ser una economía nada noble como sí lo era la agricultura. De allí la necesidad de un antídoto llamado “sembrar el petróleo” (Alberto Adriani, Arturo Uslar Pietri; 1936). La investigación de Cáceres busca las razones empresariales a la hora de invertir en el negocio, y realizar un desarrollo organizacional acorde con los retos que éste les imponía en la realidad venezolana y mundial. En ella no se identifican causas imperialistas a la hora de comprender el fenómeno. De esta forma comienza a disiparse una percepción que nos ha alejado del más importante capital tanto financiero como en lo que respecta a la cultura industrial.

En mi niñez me fascinaban los micros de Maraven: “Petróleo en gotas”, la filial de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), que intentaban acercar la industria a nuestra sociedad. Era de las pocas iniciativas que buscaban superar la visión perniciosa que se había sembrado en nuestra cultura por la tradición anteriormente descrita, y que se seguía sembrando en especial desde el marxismo que en los ochenta todavía influía con fuerza, especialmente en los contenidos de la enseñanza de nuestra historia. Pero también en los políticos que en los noventa lograrían el apoyo electoral finalmente y que hoy dominan el poder. Cáceres nos muestra como la industria petrolera, en especial la Royal Dutch Shell que es el centro de su investigación, llevó a cabo grandes innovaciones para ser más productivos (como es normal en toda empresa) pero también para lograr el progreso de Venezuela (tal como era su lema). Facilitó la educación y el mejoramiento de la higiene de las poblaciones (erradicación del paludismo) y zonas donde operaban, permitiendo la participación de los venezolanos no solo en el persona obrero sino a niveles gerenciales.  

Esta investigación contribuye al establecimiento de un nuevo relato que nos permita comprendernos mejor como sociedad. El petróleo (su industria) como parte de una épica civil, la cual por cierto se ha venido reclamando y proponiendo desde una nueva historiografía crítica con el culto a Bolívar y a los próceres de la Independencia (y a todo lo militar). Pensamos en una épica del emprendimiento, del control y explotación de la naturaleza, de la modernización y muy especialmente del consenso para lograr todo esto entre las potencias extranjeras y la nación venezolana. Es el abandono de toda prédica “marxista-antimperialista” que ve al extranjero como una amenaza y no como un aliado. Este estudio debería estimular la investigación histórica en las diferentes áreas que han afectado y afectan el petróleo, de manera que se puedan desmontar (si por lo que observamos es el caso) todas las afirmaciones que se realizaron durante cien años y que desde hace 20 años han marcado de manera determinante las políticas petroleras que han llevado a Venezuela a la situación donde se encuentra.

martes, marzo 06, 2018

¡Felicitaciones a mi querido amigo y colega Alejandro Cáceres por su merecido "premio Rafael María Baralt"!

Tomado de acá.  Les recordamos que a Alejandro lo entrevistamos en el 2015 ver aquí. 


Fundación Bancaribe para la Ciencia y la Cultura y la Academia Nacional de la Historia anunciaron el ganador del Premio Rafael María Baralt

Publicado el marzo 6, 2018
La directora de la Academia Nacional de la Historia y el Presidente de la Fundación Bancaribe para la Ciencia y la Cultura, dieron a conocer el ganador de la sexta edición del Premio Rafael María Baralt, concurso bienal a través del cual ambas instituciones reconocen el talento y esfuerzo de las nuevas generaciones de investigadores, al tiempo que contribuyen con el conocimiento y difusión de la historia de Venezuela

“Este Premio ha sido concebido como un espacio permanente de convergencia entre los jóvenes investigadores y la historia de nuestro país”, expresó Carlos Hernández Delfino, presidente de la Fundación Bancaribe para la Ciencia y la Cultura “Nos honra la alianza que hemos formado con la Academia y nos sentimos complacidos de haber consolidado este premio y honrados de haberlo distinguido con el nombre de uno de los más influyentes historiadores venezolanos, Rafael María Baralt, destacado hombre público, académico y funcionario de alto nivel en distintas actividades diplomáticas, intelectuales y literarias”.

En esta edición, el trabajo de Alejandro Enrique Cáceres Hernández, Londres en Caracas y la Haya en Maracaibo: retos empresariales de Royal Dutch Shell en la economía venezolana entre 1943-1958, resultó merecedor del premio.

Durante el acto, también fueron presentados los libros de los ganadores de la quinta bienal: Veredas de libertad e igualdad: expresiones del pensamiento político y social de Juan Germán Roscio (1797-1818) de Luis Daniel Perrone Galicia y Venezuela, campo de batalla de la guerra fría. Los Estados Unidos y la era de Rómulo Betancourt (1958-1964) de Gustavo Enrique Salcedo Ávila.

Asimismo, las instituciones decidieron otorgar dos menciones especiales a los textos Quimeras nacionales en tinta y papel. Imaginario de lo nacional en la Venezuela decimonónica. Una mirada a través de las revistas ilustradas (1856-1915) de Miguel Felipe Dorta Vargas y Plagas, vulnerabilidades y desastres agrícolas. La sociedad venezolana a fines del siglo XIX, de María N. Rodríguez Alarcón. La versión digital de ambas obras estará disponible en la página web de la Academia Nacional de la Historia.

Con relación a la bienal 2019-2020, fue anunciado como tema de la séptima convocatoria: La historia política, social y económica de Venezuela, en una perspectiva amplia de espacios y tiempos.

El Premio de historia Rafael María Baralt se inició en 2008 y a la fecha los temas para cada una de las ediciones previas han sido: La Independencia de Venezuela (Primera Edición 2008-2009); La experiencia de la Unión Colombiana (Segunda Edición 2010-2011); La historia venezolana del siglo XX (Tercera Edición 2012-2013); Influencia del petróleo en la vida nacional: una perspectiva histórica (Cuarta Edición 2014-2015); Historia política, social y económica de Venezuela (Quinta Edición (2016-2017) y la Historia social, política y económica de Venezuela, desde una perspectiva amplia que favorezca la concurrencia de aportes novedosos y referidos a cualquier período de nuestra historia (Sexta edición 2018-2019).

La Fundación Bancaribe para la Ciencia y la Cultura y la Academia Nacional de la Historia sienten especial satisfacción por la alianza que ha permitido dar continuidad a este concurso, dirigido a fomentar la investigación de temas fundamentales de la historia venezolana y divulgar, a través de la publicación de los trabajos premiados, los resultados de estas.

lunes, noviembre 07, 2016

Nueva publicación como compilador del amigo e historiador Tomás Straka: "La nación petrolera: Venezuela, 1914-2014"



Nos comenta Don Tomás Straka

Es un gusto anunciarles que acaba de salir de imprenta La Nación petrolera: Venezuela, 1914-2014, una compilación de estudios sobre la importancia del petróleo en nuestras vidas, analizada desde diversos ángulos (el pensamiento, la gerencia, la geohistoria, la política).  Con autores de la talla de Asdrúbal Baptista, Bernard Mommer, José Manuel Puente, Catalina Banko, Brian McBeth y Alejandro Cáceres, fue un verdadero gusto (¡y un honor aún mayor!) fungir como compilador del volumen.  

Editado por la Universidad Metropolitana y la Academia Nacional de la Historia, los trabajos son producto de diversas iniciativas desarrolladas a propósito del centenario de la industria, que celebramos dos años atrás.

Pronto estará en las librerías.


viernes, noviembre 04, 2016

CLASE ABIERTA (cine-foro): EL REVENTÓN A TRAVÉS DE LOS GEOSÍMBOLOS DEL PETRÓLEO EN VENEZUELA (1900-1960). 18 de noviembre en la USB (Litoral)

La Coordinación de Formación General del Decanato de Estudios Generales de la Universidad Simón Bolívar, Departamento de Formación General y Ciencias Básicas tiene el placer de invitar a la siguiente actividad académica: CLASE ABIERTA (cine-foro): EL REVENTÓN A TRAVÉS DE LOS GEOSÍMBOLOS DEL PETRÓLEO EN VENEZUELA (1900-1960). Valle de Camurí Grande, viernes, 18 de noviembre (2016), Sala de Conferencia, Planta Baja, Edif. Biblioteca, Universidad Simón Bolívar - Sede del Litoral. PROGRAMA: * 10:00 a.m. Palabras de bienvenida al evento. * 10:05 a.m. Presentación del documental: El Reventón: Los inicios de la producción petrolera en Venezuela (1883-1943) de Carlos Oteyza. * 11:00 a.m. Doctora Lorena Puerta (Escuela de Administración y Contaduría, UCV): Geosímbolos del petróleo en Venezuela: Influencia del petróleo en el espacio geográfico venezolano (1900-1960). * 11:30 a.m. Sección de preguntas y/o respuestas (precisas y concisas). * 12:20 p.m. Agradecimientos y cierre del evento. Coordinadores y colaboradores: Profesores Germán Guía (Depto. Formación General, USB); José A .Olivar (Depto. Ciencias Sociales, USB) y Jorge Orellano (Depto. Formación General, USB) y Edyiber Martínez (Depto. Tecnología de los Servicios).

jueves, octubre 20, 2016

Editorial Alfa presenta El petróleo en Venezuela. Una historia global, de Rafael Arráiz Lucca

Miércoles 19 de octubre de 2016
Una visión global de nuestra historia petrolera
Editorial Alfa presenta El petróleo en Venezuela. Una historia global, de Rafael Arráiz Lucca, en el marco de la 17ª Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo
La biblioteca de autor Rafael Arráiz Lucca llega a su décimo tercer título con El petróleo en Venezuela. Una historia global, la primera historia panorámica del petróleo en Venezuela que busca ofrecer una visión sobre este tema, tan  preterido en su estudio como determinante para nuestro país, por tratarse del producto que desde hace ya más de un siglo proporciona al fisco nacional el porcentaje más alto de sus ingresos en divisas y por tratarse, en consecuencia, de la principal  fuente de riqueza del Estado.

El petróleo en Venezuela. Una historia global nos presenta en la primera historia panorámica del petróleo en Venezuela, ubicándose en una perspectiva general que, utilizando los hitos indudables de la industria para pulsar el devenir de nuestro oro negro, brinda aportes desde todos los ángulos (técnico, político, jurídico, económico o social) y ofrece una visión de conjunto, necesariamente breve, determinada por la síntesis. Además, el libro contribuye con un área historiográfica no abordada hasta la fecha: una historia general del petróleo venezolano en su dimensión internacional.


La presentación se realizará el día domingo 23 de octubre a las 11:00 a.m. en el Salón Yves Bonnefoy de la FILUC 2016 y contará con la participación de Virginia Riquelme.

Rafael Arráiz Lucca (Caracas, 1959). Profesor principal de carrera de la Universidad del Rosario, profesor titular de la Universidad Metropolitana, individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua, abogado, especialista en Gerencia de Comunicaciones Integradas, magíster en Historia de Venezuela, summa cum laude y doctor en Historia. Ha recibido el Premio de Poesía de Fundarte (1987), Premio Municipal de Poesía de Caracas (1993), Premio Monseñor Pellín al mejor articulista de opinión del año (1999) y Premio Henrique Otero Vizcarrondo del diario El Nacional al mejor artículo de opinión del año (2001). Se desempeñó como jefe de Redacción de la revista Imagen (1985-1989), subdirector de la Galería de Arte Nacional (1989), presidente de Monte Ávila Editores Latinoamericana (1989-1994), director general del Consejo Nacional de la Cultura (1994-1995) y presidente de la Fundación para la Cultura Urbana (2000-2010). Ha sido investigador en el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA), Visiting Fellow en la Universidad de Warwick (1996) y titular de la Cátedra Andres Bello del Saint Antony’s College de la Universidad de Oxford (1999-2000). Se desempeñó como decano-director del Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri de la Universidad Metropolitana y el gobierno de España le otorgó la Orden Isabel La Católica, en grado de Comendador (2007).
Virginia Riquelme (Caracas, 1983). Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (2006) y magister en Edición por la Universitat Autònoma de Barcelona (España, 2011). Fue coordinadora editorial del Papel Literario y la Edición Aniversario del diario El Nacional (2006-2012) y gerente de la Biblioteca Los Palos Grandes (Cultura Chacao, Caracas, 2012-2013). Desde 2014 es profesora de las cátedras Introducción a la Literatura, Literatura Latinoamericana y Taller de Expresión Oral y Escrita en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, y desde 2012 es profesora y tutora del Módulo sobre Edición Digital del Diplomado de Edición UCV-Cavelibro. Es editora y fundadora de la editorial independiente Barco de Piedra. Actualmente es la coordinadora editorial de Ediciones Puntocero y Editorial Alfa. En 2015 antologó, junto con Violeta Rojo y Kira Kariakin, el volumen Cien mujeres contra la violencia de género, publicado por Fundavag Ediciones (Venezuela).
Departamento de Prensa
Editorial Alfa / Ediciones Puntocero
Tlfs. 730 43 46
Email: prensa@editorial-alfa.com / www.alfadigital.es
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lunes, septiembre 05, 2016

Conferencia sobre el Rentismo petrolero venezolano el lunes 12 de septiembre en la Sala Frida Kahlo de la Casa Rómulo Gallegos (CELARG) a las 3:00 pm

Hildebrand Breuer Codecido de la Fundación Friedrich Ebert (Venezuela) nos invita: 

Actualmente, la sociedad venezolana experimenta una profunda crisis socio-económica, signada una vez más por la caída estrepitosa de los precios del petróleo. Esta situación ha reavivado la sempiterna discusión sobre  la matriz rentista del Estado venezolano y la necesidad de superar la dependencia petrolera. Sin embargo, ésta suele ser una discusión que se circunscribe a debates macroeconómicos orientados fundamentalmente a la necesidad de diversificar la producción, reimpulsar la sustitución de importaciones, desarrollar el campo, etc. Poco se discute pública y seriamente sobre los efectos que esta matriz rentista ha tenido sobre la configuración socio-cultural e institucional de la nación. Durante las últimas décadas hemos presenciado cómo desde el Estado se repite el círculo vicioso que aprovecha el boom petrolero para expandir el gasto público, aumentar las importaciones, sobrevaluar la moneda, aumentar la burocracia (esto es, el tamaño del Estado).  Esta dinámica ha impactado de formas muy específicas la configuración de la ciudadanía así como el propio desarrollo institucional. 
                                                                                                                                            
Para conversar sobre este asunto, estaremos el próximo lunes 12 de septiembre en la Sala Frida Kahlo de la Casa Rómulo Gallegos (CELARG) a las 3:00 pm (2:30 pm  refrigerio) junto a:

-          Catalina Banko, Directora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, UCV. Profesora de la Escuela de Economía y de la Maestría de Historia de América Contemporánea UCV. Investigadora del CELARG (1988-1992)
-          Edgardo Lander, Sociólogo, profesor titular UCVe investigador asociado del Transnational Institute
-          Nidia Cárdenas, también profesora universitaria y quien se ha dedicado al estudio de la estructura morfológica de la sociedad venezolana.

Como siempre, esperamos que pueda acompañarnos para discutir los temas que nos seguirán acompañando más allá de coyunturas electorales o partidistas.
La entrada es libre.

Por motivos logísticos agradecemos encarecidamente la confirmación de su eventual asistencia a este correo: hildebrand.breuer@ildis.org.ve


martes, febrero 23, 2016

¿Cuáles han sido las consecuencias del rentismo petrolero en Venezuela?



Consecuencias del rentismo petrolero

Las siguientes consecuencias fueron tomadas de mis clases en la Maestría de Historia de Venezuela en la UCAB con el excelente amigo y profesor Virgilio Armas. He agregado algunos elementos.

Consecuencias económicas:

Desarrollo del capitalismo rentista:
-       El trabajo general un doble salario: por productividad y por transferencia de la renta,
-       Las empresas dependen del apoyo del Estado,
-       La conflictividad capital-trabajo desaparece o se debilita,
-       El Estado es inversor,
-       El consumo y la producción están separados,
-       Séctor privado mermado y dependiente del Estado.

Consecuencias culturales:

            Desarrollo de la mentalidad rentista:
-       El trabajo no es considerada la fuente de la riqueza,
-       La productividad y el mérito no se valoran, a diferencia de la viveza y la adulación,
-       Optimista a largo plazo,
-       La historia es progreso lineal y natural, no es fruto de la eficiencia, el trabajo o la razón,
-       Se valora el igualitarismo y no la justicia,
-       Estimula el individualismo,
-       El poder conduce a la riqueza y no al revés,
-       Tendencia al militarismo,
-       Ocupación demográfica estancada,

-       Mayorías sin disfrute de la modernidad.


martes, mayo 05, 2015

El historiador Alejandro Cáceres nos hablará de la Historia de la Industria Petrolera en Venezuela este jueves 7 de mayo a las 12:30 del mediodía en la Universidad Metropolitana

El amigo e historiador Alejandro Cáceres nos informa: "Estaremos conversando sobre la Historia de la Industria Petrolera en Venezuela este jueves 7 de mayo a las 12:30 del mediodía en la la Sala José Abdala de la Biblioteca Pedro Grases en la Universidad Metropolitana de Caracas... la entrada es libre, están invitados todos los interesados y quienes tengan curiosidad en el tema."

jueves, julio 31, 2014

El amigo e historiador Tomás Straka nos habla del centenario del gran cambio histórico de Venezuela: el petróleo




Autor: Tomás Straka
Publicado en: El Nacional

A un siglo del Zumaque


El 31 de julio de 1914 la historia de Venezuela se partió en dos.  Convencionalmente se ha aceptado esta fecha, en la que ocurre el reventón del pozo Zumaque I, como la del inicio de la industria petrolera en el país.  Aunque las evidencias documentales demuestran que el pozo había iniciado su producción en abril, y es un hecho que para entonces ya llevaba treinta y seis años funcionando una empresa de capital y gerencia venezolanos, la Petrolia del Táchira, que para muchos pudiera ser más a propósito para afincar una tradición petrolera nacional, las compañías establecieron este acontecimiento como su natalicio, y así lo han seguido sosteniendo PDVSA y el Estado después de la nacionalización.


En todo caso, al menos en un aspecto tienen razón: lo que arranca en 1914 –bien sea en abril o en julio− impulsó cambios de un volumen y un alcance que ya no dejarían nada igual.  Los parajes solitarios de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo se trastornaron con ejércitos de trabajadores, maquinarias y construcciones improvisadas como nunca había pasado antes, pero como a partir de entonces terminaría pasando en el resto del país.   Braceros venidos de los Andes, de Coro y muy pronto de Margarita, técnicos llegados de México y de las Antillas (sobre todo de Trinidad y Granada), capataces norteamericanos, holandeses e ingleses, crearon, como por ensalmo, una Babel en la que corre el dinero (y con demasiada frecuencia el licor, las prostitutas, las pianolas y las puñaladas).  Con ellos aparecen los balancines y las torres, acaso el primer paisaje industrial de Venezuela; aparecen rancherías que en veinte años se convirtieron en urbanizaciones ordenadas y pulcras, aparecen campos de beisbol y carreteras asfaltadas; va perfilándose una clase media y una nueva forma de ser pobre, distinta a la del tradicional Juan Bimba; una nuevas comidas y unos nuevos bailes: aparece, en suma, la Venezuela petrolera.  Es una dinámica que se ve primero que en ningún otro sitio en aquellos alrededores de Mene –donde está Zumaque− y que, a la vuelta de un siglo, ya ha transformado todos los rincones del país.


El petróleo, como una y otra vez lo dijo uno de los hombres que más pensó sobre él, Arturo Uslar Pietri es, después de la conquista, el hecho más importante de la historia venezolana.  La forma en la que cambió nuestra geografía, nuestros modos de vida, nuestro idioma, es solo comparable  con el impacto que produjo el sojuzgamiento de la población autóctona y la incorporación del territorio a la dinámica del mundo atlántico en el siglo XVI.  En ambos casos hubo épica y muchas injusticias, en los dos hubo mucho de sometimiento a poderes externos y de mestizaje; en el uno el oro fue un aliciente inalcanzado mientras en el otro, la riqueza estalló en la forma de continuos reventones (el episodio de la riqueza rápida y trágica de Cubagua vino a la memoria de muchos en un principio, sobre todo su moraleja final, pero el petróleo ha demostrado más permanencia).  No pocas veces el uno simplemente remató al otro, como en la ocupación del espacio fundando centros urbanos o en la asimilación de algunos grupos indígenas.  ¿Cómo, entonces, reaccionar a cambios tan grandes y acelerados? ¿Cómo controlarlos?  Las respuestas dadas por los venezolanos fueron tan variadas como pudieron serlo los bari que flechaban a los ingenieros que se aventuraban en su territorio y los ministros del gabinete de Juan Vicente Gómez que bascularon del entusiasmo por la dimensión de las inversiones al temor de que la avalancha se los llevara a todos.

Pensar el petróleo para comprenderlo y aprehenderlo, eso que se ha llamado la conciencia petrolera; administrar su renta para transformar a Venezuela según los diversos proyectos de país que se han diseñado y adelantado; representar al petróleo y a sus dinámicas en una creación capaz de expresar las vivencias de una sociedad cambiante; fueron desafíos que por cien años han retado al talento venezolano.  En algunas ocasiones hemos sido más exitosas que en otras, aunque el balance –para sorpresa incluso de nosotros mismos, tan dados a la autoflagelación− es alentador, o al menos lo fue hasta los albores del siglo XXI.  De una situación de casi completa ignorancia sobre el tema petrolero y de subordinación absoluta  a los designios de las compañías extranjeras, pasamos al control de la industria y a la formación de un cuerpo de técnicos que demostró no sólo ser exitoso en su manejo, sino que también, a partir de la diáspora de 2002, lo está demostrando en los lugares más variados del planeta.  El camino recorrido desde “la danza de las concesiones”, que repartió el territorio nacional a partir de 1907, hasta la nacionalización fue uno en el que como sociedad, en términos generales, supimos aprovechar las oportunidades para mejorar nuestra participación en las ganancias del negocio petrolero, hasta alcanzar su control en 1976. Pasar de aquellas concesiones en el que las empresas tenían casi todos los derechos, a fundar la OPEP, y además hacerlo en un clima de relativa tranquilidad (y no pasar por traumas como el de Mossadegh), es un éxito, más allá de las críticas que puedan hacerse al nacionalismo petrolero venezolano.    No en vano, en medio de una explosión de optimismo y júbilo nacional de 1976, Carlos Andrés Pérez proclamó el inicio de “la Gran Venezuela” que, según vaticinó, advendría con el nuevo siglo.


El petróleo significó carreteras, vacunas, escuelas, las industrias básicas de Guayana, la Ciudad Universitaria así como el centenar de universidades construidas a partir de 1958, la meta de más de dos mil calorías diarias, hospitales que por un momento estuvieron a la punta de Latinoamérica, empresas modernas, una clase media que pasaba sus vacaciones en Aruba y mandaba a sus hijos a estudiar en los Estados Unidos, la transformación del agro, los costosos placeres de ser uno de los principales consumidores mundiales de whisky y de pasta, ensayar una democracia liberal cuando los otros países subdesarrollados padecían las dictaduras de derecha o los modelos comunistas, pasar de cuarenta a más de setenta años de esperanza de vida y, lo que no es poca cosa, ser una remanso de paz durante uno de los siglos más violentos de la historia de la humanidad, incluso si contamos la experiencia guerrillera de los sesentas.  Decir, por lo tanto, que el lema de “sembrar petróleo”, acuñado por Uslar Pietri en 1936 y desde entonces asumido por todos los gobiernos, incluyendo los de Chávez y Maduro, no se llevó a cabo, es simplemente no contar con todas estas transformaciones.  Pero de la misma manera ver la distancia en la que estamos de la Gran Venezuela proclamada para el año 2000, obliga a reflexionar sobre el alcance real de aquellos cambios.  Lo enumerado en las primeras líneas de este párrafo puede resultar un golpe de nostalgia para los más viejos y un panorama extraño y ajeno para los jóvenes.


Tal parece que el problema no estuvo en que no se sembró,  sino en el cuidado que se le dio a lo sembrado, en las condiciones de los cultivos o en la forma en que se hizo la cosecha.  El petróleo desató fuerzas que no pudimos o no quisimos controlar, o al menos no quisimos pagar el costo de controlarlas, más allá de que algunas de las mentes más lúcidas del país vinieron haciendo claras advertencias desde la década de 1950.  Aunque el núcleo de los problemas está, sin duda, en las decisiones que hemos tomado, hubo variables que de todas formas eran difíciles de encarrilar. Con la subida exponencial de los precios en 1973, ahogó el desarrollo industrial, dislocó los planes de desarrollo, hizo poco competitivas a las empresas y sobre todo convirtió a la sociedad en una gran parásita del Estado, que obtiene la renta y la reparte.  Fueron falencias en el modelo que no pudieron resistir la caída de los precios en los años ochenta ni el programa de ajustes que se dejó a medio camino en los noventas.  El siglo XXI vino con una nueva bonanza petrolera, casi tan grande –y para muchos más grande- que la de los años setenta.  También vino con la propuesta de un modelo socialista que remediaría los males de las dos décadas anteriores.  El resultado fue una dependencia de la renta como nunca antes se había vivido, la quiebra casi definitiva de la industria dentro de un programa de estatizaciones que resultó ruinoso.


A cien años del Zumaque es mucho lo que queda por pensar e investigar sobre nuestro petróleo.  Y mucho más todavía lo que queda por hacer.  Los desafíos son inmensos para el país con las mayores reservas del mundo, pero con una industria que atraviesa grandes dificultades, con buena parte de su producción vendida a futuro (lo que en buena medida sería decir lo mismo que está hipotecada) y con innovaciones tecnológicas en el ambiente (los carros eléctricos, el petróleo que puede sacarse ahora del esquito, la posibilidad de unos EEUU autoabastecidos) que a la larga significarán problemas para nuestros mercados y para los precios.   Este 31 de julio es una fecha propicia para hacer balances y para reflexionar sobre lo recorrido, así como todo lo que queda por recorrer.  Y debería ser, sobre todo, un momento para comenzar a actuar.  Es lo que nos dice desde el fondo de un siglo aquel reventón en un hacienda de los predios de Mene que partió a nuestra historia en dos.


@thstraka
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