miércoles, octubre 03, 2018

Alicia Álamo Bartolomé. Venezolanos que construyen en silencio (II)


Alicia Álamo Bartolomé

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional y Pluma

A la profesora Alicia Álamo la conocí en la quinta “Jocelín” (La Floresta, Caracas), donde en la segunda mitad de la década de los noventa se venían preparando todos los trámites y programas para lograr la fundación de la Universidad Monteávila (UMA). Me transmitió una gran alegría, y desde ese entonces mi admiración y cariño hacia su persona no ha dejado de crecer. Hemos mantenido una buena amistad e incluso he tomado varios cursos trimestrales que ha dictado en la UMA. Siempre he admirado su trato afable y su capacidad de decir grandes verdades con las palabras más sencillas.

Hace más de cinco años aproximadamente le hice una larga entrevista biográfica que necesitó varios días para su realización, y la misma la actualicé en mayo de éste año con las 4 preguntas que realizo para mi proyecto: “semblanzas”, sobre personas que considero han dejado un importante legado pero que no son tan conocidas como merecen. La primera pregunta es precisamente: ¿cuál cree que ha sido su legado? Al principio la profesora dijo entre risas: “¿dejar un legado yo? ¿a quién?”, pero después con serenidad y certeza afirmó: “mi optimismo, porque yo siempre estoy transmitiendo ánimos y esperanzas, en especial en estos tiempos que vivimos en Venezuela”. Para después agregar que si se siente decaída lo disimula. “El pesimista retrae y para el cristiano: ¡es un absurdo que no tenga esperanzas porque Dios es nuestra meta!” Pero también, “en estos últimos años sería mi prédica con los ancianos, en el sentido que no debemos ser tan fastidiosos, y aceptar la ayuda de los jóvenes”. Para ampliar en esto último les recomiendo su artículo “Educar para envejecer” que salió en Pluma el 14-II-2018.

El legado que dejamos es de algún modo el legado de los que admiramos especialmente en nuestra niñez y juventud. Es por ello que al hablar de su padre: Antonio Álamo Dávila (1873-1953), podemos percibir un cariño profundo por su persona, que nos traslada a los tiempos del gomecismo en Venezuela (1908-1935), con su visión de país centrada en aquel famoso lema: “Unión, paz y trabajo”. Nos recordó que fue Ministro de Fomento (1922-29) y gobernador de los estados: Sucre (1929-31) y Bolívar (1933-35), resaltando su carácter “pacífico y conciliador” pero creyente en los gobiernos fuertes. Al hablar de su madre: Iginia Bartolomé de Álamo (1893-1991) señala que era “una mujer de avanzada”, que la animó a estudiar para ser independiente. Y su maestra en Costa Rica (donde vivieron exiliados del 36 al 41): María Teresa Obregón de Dengo, que estimuló en ella las buenas lecturas y desarrollar su don para el dibujo, que más adelante la llevaría a estudiar arquitectura en la Universidad Central de Venezuela (UCV). 

En lo que respecta a su vocación, es imposible reducirla a una sola, y nos admiramos ante todo lo que ha hecho y vivido. Damos gracias a Dios por su generosidad, y por esa vitalidad en todo lo que emprendió. “!Claro, son 92 años!”, nos diría con humildad. En lo que respecta a su vocación profesional, la primera de ellas fue la arquitectura, siendo de la segunda promoción de arquitectos del país; lo que le permitió trabajar en la Dirección Nacional de Urbanismo y en la Fundación de la Vivienda Popular. Participó en diversos proyectos: el trazado de la avenida Libertador de Caracas, el desarrollo urbano en torno la electrificación del Caroní, la urbanización “La Fundación” en Valencia y otras de la FVP. Su segunda carrera fue Comunicación Social, también en la UCV, por la década de los 60 del siglo pasado, la cual la disfrutó muchísimo porque la misma la llevó a conocer un gran universo de conocimientos. Desde graduada siempre ha mantenido una columna en algún periódico. Al mismo tiempo, asumía la responsabilidad de oponerse inteligentemente a las tendencias marxistas que dominaban en el ámbito del periodismo.

Su vocación al teatro comenzó desde niña, a los once años fueron sus primeros papeles; en los años 60, entraría al teatro profesional, hasta empezar, más adelante, a escribir obras que han sido montados como: “América y yo”, “Juan de la noche”, “8 en un mismo tren”, “Después de la consulta”, “Pioneras”, entre otras. En lo relativo a su espiritualidad, nace de la mano de su madre y, especialmente, al recibir clases para hacer su primera comunión en San José de Costa Rica, pero pidió que no fuera un solo año, sino continuar éstas. Después entró a la Acción Católica, donde tenía reuniones semanales de formación y retiros anuales de gran profundidad doctrinal. Entre otras actividades, estuvo la de formar parte del comité organizador del  Congreso Eucarístico de Caracas en 1956. Allí conocerá el Opus Dei, para convertirse en una de las primeras vocaciones de la rama femenina en el país.

Ejerció pocos años la docencia en la UCV y más adelante tendría cargos relativos a la promoción cultural: Directora de Cultura de la Universidad Metroplitana y de Extensión Universitaria de la Simón Bolívar. Durante el gobierno de Luis Herrera Campins (1979-1984), fue Directora General de Cultura de la Gobernación del D.F. y Presidente del Consejo Ejcutivo de FUNDARTE. En las últimas décadas se dedicó al proyecto y ejecución de la Universidad Monteávila, donde ha sido decano fundador de la Facultad de Ciencas de la Comuncación e Información, profesora de Oratoria, Teatro y nunca ha dejado de dictar cursos trimestrales para profesores y adultos, ligados a la escritura y al teatro. Por eso, una vez a la semana, como mínimo, la vemos transitar incansable por sus aulas. Según sus palabras, en lo que respecta a lo académico, siempre ha estado en labores de fundación institucional.

La última pregunta se refiere a los hechos de la historia de Venezuela que vivió y le generaron un impacto en su forma de entender la realidad, en especial la nacional. Su respuesta fue rápida: “yo conocí al General Gómez”. Fue en el Paraíso (Caracas), donde las cuidadoras llevaban a los niños a la Plaza Petión (en la avenida Páez a la altura del Pedagógico), y ella tendría 3 o 4 años, aproximadamente, cuando pasó el Presidente con su séquito y se detuvo, le dio un fuerte (moneda de 5 bolívares) a las “nanas” y alguien le dijo que la niña era la hija del Doctor Álamo, y el general le puso la mano en la cabeza. Después lo vería en otras ocasiones como en el hipódromo y en los toros. “Era muy inteligente, no se metía en los aspectos técnicos del gobierno, conocía a las personas y sabía gobernar”. El gomecismo había logrado superar un mal arraigado en nuestra historia: las guerras intestinas. Su dictadura había establecido la paz, pagado las deudas e iniciado un tiempo de trabajo y orden. Para las más recientes generaciones de venezolanos, Gómez es algo muy lejano, y mucho más los problemas a los que se enfrentó. El testimonio de una persona que pudo conocerlo, que hereda la experiencia de su padre, y que además ha recorrido nuestro siglo XX; debe ser tomado en cuenta ante la coyuntura que padecemos, es por ello que termina diciéndonos palabras más palabras menos: Venezuela se va a reponer del nuevo mal al que nos enfrentamos, “no sé si lo veré, pero estoy convencida de ello”. ¡Gracias profesora por su labor fundacional en la UMA y en tantos otros espacios!

domingo, septiembre 30, 2018

La Dra. Catalina Banko se incopora como Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia éste jueves 4 de octube




                                           
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA  

     La Academia Nacional de la Historia, se complace en invitarle a la Sesión Solemne que se celebrará con motivo de la incorporación como Individuo de Número de la Dra. Catalina Banko. Su incorporación estará correspondiendo a ocupar el sillón letra V, vacante tras el fallecimiento del Dr. Tomás Enrique Carrillo Batalla.

    La Dra. Catalina Banko, ha desarrollado una destacada labor como profesora en las modalidades de pregado y postgrado, tanto en la Universidad Central de Venezuela, como en la Universidad Santa María y la Universidad Católica Andrés Bello. Al mismo tiempo, ha contribuido a la historigrafía de Venezuela, dejando importantes aportes como: Ramón J. Velásquez (2016). Ramón J. Velásquez. Un país, una vida (2010). Segunda edición: (2012). De Trapiches a centrales azucareros en Venezuela. Siglos XIX y XX (2009). Manuel Antonio Matos (2007). Política, crédito e institutos financieros en Venezuela 1830-1940 (2006). Régimen medinista e intervencionismo económico (2001). Las luchas federalistas en Venezuela (1996). El capital comercial en La Guaira y Caracas 1821-1848 (1990). Poder político y conflictos sociales en la República Oligárquica 1830-1848 (1986). Contribución a la Historia de la Manufactura en Venezuela (1983).

     Esta Sesión Solemne se llevará a cabo el día Jueves 11 de Octubre a partir de las 11:30 am en el Paraninfo del Palacio de Las Academias (Av. Universidad; Esq. San Francisco a Bolsa)

     Esperamos contar con su distinguida presencia.

    

                 Agradecemos la difusión de nuestras actividades



miércoles, septiembre 26, 2018

El mito democrático es parte del problema (mi columna de los miércoles en "El Nacional")


El mito democrático es parte del problema

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional. 

El 20 de junio pasado publicamos en esta columna un artículo con el mismo título, salvo la última parte en la que afirmaba lo contrario. ¿Cómo es posible tal contradicción? ¿Antes pensábamos que era parte de la solución y ahora no? La verdad es que el mito en este caso es dual, porque como utopía nos puede animar a resistir la dictadura y luchar por la libertad; pero al mismo tiempo los demócratas en Venezuela han mitificado la democracia hasta tal punto que creen que la misma es tan fuerte que sigue existiendo de alguna forma en la actualidad. Las consecuencias son conservar una mentalidad y conducta que solo se puede ejercer en sistemas democráticos y no en los autoritarios. En pocas palabras: estaban atornillando un tornillo a la pared cuando de repente desaparecieron las estrías, y nosotros seguimos con las mismas herramientas dándole vueltas. ¡No! Ahora necesitamos reinventar, usar otros medios para lograr la vuelta de la democracia.

El mito es el problema porque nos hace comportamos de forma inadecuada. Debemos retomar lo que nuestros primeros hermanos demócratas aprendieron en tiempos del perezjimenismo: a luchar en las peores condiciones, tales como la clandestinidad en ocasiones, los famosos papeles bajo la puerta (que ahora se multiplican a través de las redes), aprender todas las técnicas de activismo de lucha no violenta pero tampoco tonta en un largo etcétera. En general es asumir la prudencia ante todo. No pensar que por poseer derechos inalienables podemos ponerle el pecho al arma de un esbirro pensando que no la usará. No se puede seguir formando militantes para lo electoral exclusivamente, sino que se deben enseñar los métodos para enfrentar a los autoritarios sin dejar de ser demócratas. Hay que preguntarse una vez más si los comicios, aunque sepamos su condición no real, puede servir para los objetivos que nos proponemos.

La otra cara del mito democrático es que juzgamos a nuestros líderes (o dirigentes) como si ellos tuvieran plena libertad para actuar, es decir, como si no estuviesen “secuestrados”. Nos imaginamos viviendo a lo interno de una organización democrática en un ambiente de plenas garantías y seguridades, por lo que no entendemos que los que dirigen la lucha por la democracia no hagan más, es decir, no ganen elecciones o retomen el poder. Para mí es como reclamarle a una persona que está amarrada y amenazada por un matón, por el hecho que ha fracasado en todos sus intentos de liberarse. Con esto no justifico las responsabilidades que debemos tener (y deben tener los dirigentes), junto a la capacidad para ser asertivos; pero no podemos ser tan duros porque sería no ver la realidad y eso no es ser justos.

Y por último, esta cierta prédica que afirma que no necesitamos ayuda de los demócratas no venezolanos. “Los venezolanos resolvemos nuestros propios problemas”, señalan una y otra vez, como si reconocerse necesitado fuera un delito, como si el mundo libre no es una tarea de cooperación de todos los países que creen en el supremo valor de la dignidad de cada persona humana.

La imagen puede contener: 1 personaNota de duelo: el jueves 20 de septiembre de 2018 mi tío materno Raúl Gerardo Agudo Vicci falleció en la ciudad de Barquisimeto. Sirva esta nota para hacer llegar, una vez más, mis condolencias a sus familiares directos: su esposa, mi tía María Eugenia Salas, y sus hijos: mis primos Raúl Ivanhoe y Marianne Agudo Salas; y a toda la gran familia (en especial sus hermanos Agudo Vicci, Castillo Vicci y Agudo Linares), junto a sus amigos. Siempre recordaré a mi tío como una persona alegre, generosa y sencilla; de manera que logró hacer vida los auténticos valores del ideal cristiano de humanidad. Un logro que no se compara con ningún éxito material por más que nuestra sociedad actual lo exalte.


miércoles, septiembre 19, 2018

“Una nueva narrativa para lograr un país normal” (mi columna de los miércoles en "El Nacional")


“Una nueva narrativa para lograr un país normal”

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional. 

El sábado 15 de septiembre pasado asistí al taller “Una nueva narrativa” de la organización Creemos Alianza Ciudadana, el cual fue dictado por la profesora Moraima González con la asistencia del ingeniero Pedro Rivas. Fue la mejor manera de celebrar el Día Internacional de la Democracia (establecido por la ONU), porque me demostró que en Venezuela la conciencia ciudadana y el anhelo de vivir en un país próspero y libre no ha muerto, y son legión los que trabajan todos los días para lograr este sueño. El taller tenía como objetivo hacernos conscientes del hecho de que mientras hablemos la neolengua (palabras vaciadas de contenido para adaptarlas a la ideología del sistema totalitario o cercano a él, de manera que pueda lograr el control del pensamiento y acción de los gobernados) del régimen nada cambiará, por lo cual debemos asumir las palabras que harán realidad la transición a un “país normal”. Desde este humilde espacio les agradezco a todos los que han asumido esta labor republicana. ¡No se rindan! ¡No nos rindamos!

¿Quiénes son Creemos Alianza Ciudadana en sus propias palabras? “Somos un grupo de ciudadanos preocupados por la situación del país que nos integramos a una iniciativa ciudadana conjuntamente con el Centro de Estudios Políticos de la UCAB, cuyo objetivo es articular a organizaciones, gremios y grupos de personas a nivel nacional con el fin de capacitarlos y fortalecerlos en las áreas de ‘Activación Ciudadana y Nueva Narrativa democrática’ (correo: formaciontallerescac@gmail.com, twitter: @creemosalianzac, instagram: @creemosalianzaciudadana)”. Sus talleres no son simples reuniones de motivación o autoayuda en medio de esta terrible crisis, sino que se sustentan en todo un estudio previo gracias al apoyo del CEP de la UCAB. Es de esa forma que al hacer un diagnóstico no son solo palabras, sino que son realidades medidas por estudios sociológicos; y las propuestas de solución y del nuevo lenguaje (en el caso específico del taller) son apoyadas por las preferencias tomadas de las encuestas recientes. De igual forma en lo referente a la activación ciudadana, se parte de la experiencia en varias transiciones del autoritarismo a la democracia por vías pacíficas.

En el taller se nos preguntó: “¿Cuál es problema del país? Y ¿cuál es su solución?”. De manera que se pudiera identificar al principio el grado de uso de la neolengua (“guerra económica”, “cuarta república”, “imperio”, “situación país”, “escuálidos”, etc.) para después incorporar los nuevos conceptos (“ciudadanía”, “productividad”, “trabajo”, “demócratas”, etc.), haciendo –propuesta mía– la firme promesa de no hablar como los que nos tiranizan. Y a lo largo de dos horas y un poco más, se nos va mostrando también un proyecto de país que busca construir lo que siempre repetían cual mantra (y la gente lo está haciendo también en la calle): “Un país normal”, entendiendo por tal: una nación donde nuestro trabajo y libre emprendimiento rinda frutos y podamos vivir con dignidad, junto a la libertad para que como ciudadanos influyamos en el destino común. A estas dos preguntas, mi grupo ya estaba en buena parte “vacunado”, por lo que las respuestas usaban la “nueva narrativa” y fueron las siguientes: nuestro problema actual es la aplicación de un modelo fracasado que ha generado hambre y opresión; y la solución está en la transición al país normal que describimos antes y para ello es necesaria la unidad de todos los demócratas en estrategia y objetivos.

“Creemos” ha dado en el clavo ante nuestros problemas, y ante una carencia histórica de nuestra democracia: la ausencia o debilidad del venezolano como ciudadano. De manera que su labor debería ser asumida por todas las organizaciones que anhelan el cambio para bien, hasta lograr desechar la neolengua; y todos estar activos en los diferentes ámbitos pero especialmente en las colas y en la calle, y en el tiempo que se requiera la lucha por la libertad. Ideal sería hacer estos talleres en casas y salones de fiestas o algún área común de todos los edificios y caseríos. Dejar la charla en Youtube o Podcast y lograr que dichos links sean publicitados por todas las redes sociales, de manera que aquellos que no vayan a las charlas las puedan escuchar en su PC o celular. Y poco a poco que en cada cola y espacio donde la desesperanza y la neolengua chavista se intente meter, cada uno de los demócratas tenga las herramientas para contrarrestar el mal.

domingo, septiembre 16, 2018

Las guerrillas de extrema izquierda desde la década de los setenta en Venezuela

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Nos informa el amigo e historiador Isaac López (ULA). 

La Lucha Armada de los años sesenta debe ser uno de los temas más tratados de la historia de Venezuela, tanto que algunos "historiadores" se atreven a considerarlo un tema del cual hay poco que agregar o comprender. Desde "Venezuela OK. Orígen y objetivos de la Lucha Armada " (Ediciones El Litoral, 1963) del periodista chileno Manuel Cabiesses Donoso, jefe de redacción de El Nacional, hasta "La insurrección anhelada. Guerrilla y violencia en la Venezuela de los sesenta" (Alfa, 2017) del académico venezolano Edgardo Mondolfi Gudat, profesor de la Universidad Metropolitana y Doctor en Historia por la UCAB, no ha habido un año en el cual no se publique en el país un libro que lo trate. En nuestro trabajo para el número 10 de la revista Nuestro Sur del Centro Nacional de Estudios Históricos hacemos un acercamiento a tal producción. Interesante en particular el texto "La insurrección marxista en Venezuela 1959-1974" (sin datos de edición) del excomisario general de la DISIP Arpad Bango Stagel, responsable de las acciones antisubversivas de Cantaura en octubre de 1982 y de Yumare en mayo de 1986. En este escrito el autor se vale de informes de los cuerpos de seguridad del Estado venezolano para realizar una amplia y enjundiosa descripción de las actividades de la izquierda venezolana en su afán por implantar un régimen socialista en el país. Especial atención se presta al período 1970-1982, que no es el tradicionalmente tratado de la subversión de orientación marxista en el país. Un material que vale la pena leer para entender mejor -más allá del agobiante presentismo y de la radicalidad frívola que nos atenaza- la línea de continuidad entre la insurrección guerrillera de la década de los sesenta y el apoyo de sectores de la izquierda al proyecto liderado por Hugo Chávez, en la línea de lo que John Beverley señala como "repensar la lucha armada en América Latina" (2012). Importante en "La subversión marxista en Venezuela 1959-1974" la enunciación de las actividades de grupos como Bandera Roja, la Liga Socialista, Partido de la Revolución Venezolana-RUPTURA, Organización de Revolucionarios y Grupo de Acción Revolucionaria, así como de sus múltiples divisiones. Actividades que de acuerdo con Arpad Bango Stagel se desarrollaron ante todo el país y con clara intencionalidad de destrucción del orden democrático en fachadas legales e ilegales, lo mismo en grupos armados que realizaban secuestros de ganaderos o atracos a blindados -muchas de cuyas actividades lindaban con la delincuencia común-, que en organizaciones de investigación y difusión cultural, grupos de lucha ecológica o de defensa de los derechos humanos. Un material que vale la pena revisar para ampliar la visión de un tema que insisto ha sido muy tratado, pero escasamente estudiado desde la disciplina de la Historia y sus fundamentos teórico-metodológicos.
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miércoles, septiembre 12, 2018

No comprender al pobre (mi artículo de los miércoles en El Nacional)


No comprender al pobre

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional.

¿Por qué Venezuela padece una de sus peores crisis? Es la pregunta que todo venezolano consciente no deja de hacerse. Para después seguir con la necesaria: ¿cómo podemos salir del foso? Son muchas las causas o hechos que nos han llevado a tan terrible tragedia, pero creo que entre las principales está nuestra incapacidad para comprender a las personas que viven en la pobreza. El que escribe, parte de la clase media empobrecida o venida a menos, posee también esa cultura de prejuicios, pero busca con este breve escrito hacer un intento de exorcismo. El país con que soñamos es de libertad y prosperidad, y para ello debemos ser solidarios con los más pobres entre los pobres.

La pobreza, según el Diccionario de la Lengua Española, es la escasez o carencia de lo necesario para vivir. Un pobre es una persona necesitada. En este sentido se puede decir que todos de algún modo somos pobres, pero la tendencia es a considerar pobre al que lo es en lo material o de las condiciones que nos permiten tener una vida digna: alimentarnos todos los días, tener vivienda con espacios diferenciados y sin estar hacinados, agua y servicios, transporte, empleo, educación y ocio. A partir de estos datos podemos  identificarlos más fácilmente, y descubrir que esta realidad histórica que fue dominante en la humanidad cambió radicalmente con la Revolución Industrial y tecnológica, lo que ha permitido el salto de millones de personas a las llamadas clases medias. Así fue en Venezuela en nuestro siglo XX a partir de 1936, hasta que la crisis del modelo rentista (década de los ochenta) agravado con la llegada al poder de la oligarquía chavista hace 20 años, generó el más rápido y numeroso empobrecimiento de nuestros compatriotas. Es por ello que todos nuestros esfuerzos deben dirigirse a atender a los que más han padecido la hiperinflación y la destrucción de nuestra economía.

Una verdad que no tiene discusión es que para el pobre todo es más difícil. He escuchado toda mi vida decir que los pobres lo son por su flojera, porque no quieren trabajar o lo quieren todo fácil. “Son unos mantenidos que han elegido el camino más fácil: el vivir del Estado rentista o de las dádivas en general”. Por eso muchos proponen no ayudar materialmente al pobre porque esta ayuda consolida su condición. No comprenden que enfermarse siendo pobre es estar más cerca de la muerte; que conseguir empleo y de calidad es más difícil si no tienes los “contactos” o amistades que estén en los puestos claves de la oferta de trabajo; que la educación se te hace más cuesta arriba porque no tienes una familia con preparación, libros, transporte, uniformes, y la paz necesaria para estudiar (por solo nombrar algunos aspectos básicos); por no hablar del acceso a la vivienda digna entre otros. Como me decía un profesor sobre algunas personas: “Es difícil que comprendan al pobre si cuando tienen hambre van a la nevera y consiguen comida y cuando quieren ducharse abren el grifo y sale agua caliente”. Ahora imaginemos todo esto en las terribles condiciones actuales de Venezuela, donde ni siquiera el tener varios trabajos es garantía de las tres comidas diarias. ¿Acaso dejaríamos, teniendo la posibilidad de hacerlo, de ayudar al pobre, de ofrecerle ese apoyo para seguir adelante, sobrevivir a la actual coyuntura y después lograr superar los obstáculos que le generan sus carencias?

A medida que el autoritarismo y el caos de la economía se arraigaban, muchos han tendido a culpar a las mayorías empobrecidas. No voy a negar que por mucho tiempo en las zonas de menos recursos el chavismo ganaba con mayor porcentaje que en otras regiones, pero pocos se han preguntado el porqué de estos hechos: ¿inercia de la esperanza que sintieron al principio?, ¿ventajismo?, ¿fraude?, ¿clientelismo-populismo?, ¿amenazas? Y un largo etcétera. Al final los que culpan a los pobres por votar a los populistas tienden a pensar que lo hacen por ignorancia, una característica que consideran inseparable de la pobreza junto a la idea de inmadurez en todos los ámbitos. Se les termina “viendo” como niños, por lo que una vez más vuelven a afirmar que no se les debe ayudar o de hacerlo se tiene que tutelar dicha ayuda “no vaya a ser que se beban esos reales”, justifican. No se ponen en su lugar y no reconocen la dignidad de todo ser humano, por lo que al ser solidarios debemos confiar en el que es objeto de nuestro apoyo.

El que menos comprende al pobre es el populista, porque él anhela mantenerlo en esa condición de modo que sea dependiente de sus dádivas. Su visión de la pobreza es la del paternalismo, la cual cree erróneamente (o quiere creer o nos quiere hacer creer) que esta se supera si se “adopta” al necesitado y se le trata como un desvalido, por lo que no se le da libertad para disponer de la asistencia del Estado. Por no hablar de que toda esta ayuda exige una respuesta en apoyo político. El populista no quiere que el pobre sea autónomo, no vaya a ser que no lo apoye más.

Todos tenemos la obligación de comprender al pobre, que es reconocer su dignidad y por tanto verlo como un igual en lo que respecta a sus derechos, y buscar ayudarlo fraternalmente. Ayudarlo porque sabemos que nosotros también tuvimos a muchos que nos apoyaron, desde nuestros padres hasta diversos amigos y conocidos. Nadie puede lograr algo en soledad. No somos Robinson Crusoe, e incluso él tuvo todo el apoyo educativo de una sociedad entera que después le daría las “herramientas” para sobrevivir. Estamos obligado por humanidad, formación cristiana (todo el que ha crecido en Venezuela la posee aunque no practique dicha fe) e incluso por interés, y señalo esta última razón para el que no quiera entenderlo. Interés porque, de no resolver el problema de la pobreza, el dolor que este genere llevará inevitablemente al resentimiento y a que el rico no pueda disfrutar en paz sus riquezas. Es triste pero es un hecho comprobado en la historia. Dios nos otorgue la sabiduría para que aprendamos la lección de estas dos décadas de sufrimiento y podamos decir: ¡Nunca más!

sábado, septiembre 08, 2018

Abiertas las preinscripciones para la IX Edición del Diplomado de Historia Contemporánea de Venezuela, que se iniciará el próximo 13 de octubre.


Don Tomás Straka nos informa: 

La Fundación Rómulo Betancort, conjuntamente con la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, anuncian las preinscripciones para la IX Edición del Diplomado de Historia Contemporánea de Venezuela, que se iniciará el próximo 13 de octubre. 

Es un programa de 135 horas lectivas en 21 conferencias a cargo de renombrados historiadores: Germán Carrera Damas, Manuel Donís, Helena Plaza, Marielena González, Margarita López Maya, Diego Bautista Urbaneja, Tomas Straka, Guillermo Tell Aveledo Coll, entre otros, varios de ellos, individuos correspondientes de la Academia Nacional de Historia ANH.
Las conferencias y las discusión de documentos serán realizadas en dos espacios, uno, la sede de la Fundación Rómulo Betancourt, ubicada en la Urb. Altamira, 8ª Transversal, entre 6ª y 7ª Avenidas, Quinta Pacairigua, Municipio Chacao y en el  CIAP-UCAB, situado en la Av. Santa Teresa de Jesús con calle los Chaguaramos, Edificio CENTRO JAVIER, Nivel 1, Urb. La Castellana, Municipio Chacao, detrás del CC San Ignacio.

Para cualquier información, por favor escriban a: diplomadohcv1@gmail.com



miércoles, septiembre 05, 2018

Para conocer la historia del cine (y V) (reseña de la serie documental: La historia del cine: una odisea de Mark Cousins, 2011) (mi artículo de los miércoles en El Nacional)


Para conocer la historia del cine (y V)

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional.

Al llegar a la última entrega de las reseñas sobre la serie documental: La historia del cine: una odisea (Mark Cousins, 2011), podemos ofrecer algunas impresiones generales. No vamos a negarles que no logró atraparnos tal como ha pasado con otros largos documentales, es más, ya estábamos un poco cansados para estos últimos capítulos que muestran el cine de los noventa y principios de siglo XXI. Agradecemos a Cousins que nos haya dado una idea global de la historia del cine y presentado a directores - junto a sus films - que no conocíamos o habíamos atendido poco; pero estuvo algo floja. Y creemos que es por dedicarse en extremo al otro cine, el cine que se rebeló a Hollywood. De manera que nos faltó una parte importante de la historia. Una mejor descripción y análisis de cada década. A continuación atendemos sus últimos capítulos.

Resultado de imagen para Abbas Kiarostami
En el capítulo 13 se dedica a aquellas películas que ante la digitalización y el predominio en Hollywood del cine de acción, ciencia ficción (o mejor hablar de “space opera”) o fantasía; anhelan ser lo más realistas posibles. De esta forma, siguiendo a Cousins, hay una vuelta a lo más sencillo de la imagen que resalta los sentimientos y la belleza; y que quiere centrarse en el ser humano en toda su plenitud, y que lo digital no logra captar. Todo el capítulo se burla de las películas como “Matrix” (hermanos Wachowski, 1999), “El señor de los anillos” (Peter Jackson, 2001) o “Avatar” (James Cameron, 2009); o aunque no las rechaza totalmente. Y exalta en especial a los iraníes: Samira Makhmalbaf (nacida en 1980), Mohsen Makhmalbaf (nacido en 1957) y a Abbas Kiarostami (1940-2016). Éste último buscó la reducción de la técnica y sostenía que el director debía ser una especie de entrenador de fútbol que prepara a los actores junto al resto de los involucrados en la película, pero que se “aparta” una vez que empieza la filmación.

Resultado de imagen para Hou Hsiao-hsienDespués revisa el cine de Hong Kong y Taiwan de la mano de Wong Kar-wai (nacido en 1958) y Hou Hsiao-hsien (nacido en 1947) respectivamente. Ellos muestran “la belleza de la gente triste y solitaria”, el uso de planos fijos y el dominio de las emociones. En el Japón es Shinya Tsukamoto (nacido en 1960) como una forma de mostrar el impacto de la tecnología en nuestras vidas con “Tetsuo”(1989) y el terror de Hideo Nakata (nacido en 1961) con “Ring” (1998). Los seguidores del “Dogma 95”, los daneses: Lars von Trier (nacido en 1956) y Thomas Vinterberg (nacido en 1969), que llevaron la sencillez de la filmación al extremo. Por su parte los franceses volverán a los temas sociales: los obreros y especialmente las nuevas etnias en la nación gala, y todo el conflicto y violencia que significaba el multiculturalismo.

Resultado de imagen para jane campion el pianoEn el capítulo 14 se dedicará a lo que ha denunciado, que no es más que la forma en cómo Hollywood a partir de los noventa hizo que “la realidad perdiera realismo”. De esa forma nos explica las imágenes creadas por ordenador, dando ejemplos con “Gladiator” (Ridley Scott, 2000), “Terminator 2” (James Cameron, 1991), “Jurassic Park” (Steven Spielberg, 1993) y “Titanic” (James Cameron, 1997). Parecía que el cine volvía a nacer, y “tenía la emoción de lo que se ve por primera vez” ¡por fin se podían ver perspectivas que eran imposibles de crear en el pasado! Pero el mundo empezó a cambiar también y se impuso el relativismo: no hay grandes verdades y “todo es reciclable”. Así se reciclan los géneros y las “películas citan a otras”, como Quentin Tarantino (nacido en 1963) con el cine de gangsters en la cual muestra las diversas miradas sobre la realidad. Otros ejemplos son los hermanos Joel y Ethan Coen (nacidos en 1954 y 57 respectivamente), y Gus Van Sant (nacido en 1952). Todas ellas mostrando una violencia por la violencia, un sinsentido sin límites. Y finaliza con la australiana Jane Campion (nacida en 1954) que dirigió “El piano” (1993), empeñada en mostrar el subconsciente; y Baz Luhrman (nacido en 1962) con sus trepidantes: “Romeo + Juliet” (1996) y “Moulin rougue!” (2001).

En el último capítulo se dedican a las más recientes novedades de la primera década del siglo XXI haciendo una recapitulación, recordando que “la realidad ha vuelto” a través de un hecho político fundamental: el ataque terrorista a las Torres Gemelas del 11 de septiembre del 2001. Los documentales, como el relativo a este hecho: “Fahrenheit 9/11” (2004) de Michael Moore (nacido en 1954), se hicieron taquilleros e influyeron sobre muchas películas. Hace un repaso por los films de diferentes naciones (Turquía, Rumanía, Argentina, México) que muestran la realidad, y se detiene en Corea del Sur donde predominan los temas de violencia. El cine también examina la mente y sus oscuros deseos. Al final se logra mezclar la fantasía y la realidad, porque las películas siempre han servido para ello y nosotros anhelamos que así sea.

Cousins es el señor de los adjetivos y eso le quita credibilidad, debe haber repetidos más de cincuenta veces que tal o cual película o director es la mejor, la más innovadora o la más importante de su época. En la serie hay mucho de caótico y ausencia de estructura, de un sistema que te permita ver la historia del cine y no solo el mostrar películas una tras otra. Sí, busca las innovaciones (esta es su tesis), pero no puede ser que haya pocas conexiones entre todas ellas y podamos ver tendencias y un relato ordenado. Le agradezco que me haya permitido ver tantos films que no conocía, que me diera cierta idea de cada década; pero me he quedado esperando algo más. Cierra con un “Epílogo: El cine en el año 2046” que parece decirnos: lo importante es la pasión que sentimos por éste arte, la cual debemos celebrar siempre: haciendo y viendo películas.Resultado de imagen para cousins the story of films

miércoles, agosto 29, 2018

Para conocer la historia del cine (IV) (reseña de la serie documental: La historia del cine: una odisea de Mark Cousins, 2011) (mi artículo de los miércoles en El Nacional)

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Para conocer la historia del cine (IV)

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

La serie documental: La historia del cine: una odisea (Mark Cousins, 2011), arriba a las décadas que conocimos el cine: los setenta y ochenta.  En sus capítulos que van del 10 al 12 se dedican a los directores que en los setenta mostraron la identidad de sus países y fueron críticos con Hollywood, y cómo un nuevo cine de diversión nace en Asia, y el uso de computadoras - junto a nuevas ideas para hacer los frutos de la imaginación lo más realistas posible - permiten que las películas estadounidenses logren romper los records de taquillas; para finalizar mostrando los directores que protestarían con sus films en los ochenta.

El capítulo 10 va de 1969 a 1979 y lo titula: “los directores radicales”, los cuales son en Alemania: Rainer Werner Fassbinder, Wim Wenders, Margarethe von Trotta y Werner Herzog. Representan un cine de gran crudeza que no escatima en mostrar la realidad sin ninguna censura; y la diversidad geográfica, étnica, sexual y espiritual. Busca la identidad alemana en relación a los Estados Unidos, y tratando de superar los complejos y el dolor de la posguerra. Los italianos Pier Paolo Pasolini y Bernardo Bertolucci, representan dos formas distintas: el primero hará énfasis en su crítica al consumismo y el segundo abandona toda preocupación social y se centra en el arte. Ofrece otros ejemplos de Australia: Peter Weir, Japón: Noriaki Tsuchimoto, etc. En el llamado Tercer Mundo fue el tiempo del dominio del marxismo que criticaba el cine artístico y el comercial, porque estaban convencidos que todo arte debería ser de denuncia y protesta contra el capitalismo.

Resultado de imagen para Yuen Woo-PingEn el capítulo 11 se muestra lo contrario al anterior, cómo en la misma década el cine comercial y de diversión que había entrado en crisis desde los cincuenta renacía, en especial en Asia. De esta forma muestra como Hong Kong creó el cine de artes marciales con el gran Bruce Lee, que influiría en el cine de acción de todo el mundo. Siendo el mejor ejemplo el director Yuen Woo-Ping que trabajaría muchos después en “The Matrix” (Hermanos Wachowski, 1999). En la India lo que después será conocido como Bollywood crecería mezclando géneros (musicales, acción, terror, drama); y según Mark Cousins tiene el protagonismo del “actor más famoso del mundo” el cual jamás había escuchado en mi vida: Amitabh Bachchan. Y me imagino que así lo considera Cousins porque las películas donde ha participado son las más taquilleras de Asia.

Pero los verdaderos taquillazos se darán con tres películas estadounidenses: “El exorcista” (William Friedkin, 1973), “Tiburón” (Steven Spielberg, 1975) y “La guerra de las galaxias” (George Lucas, 1977). La idea que desarrollaron los productores y directores, fue el llevar a la pantalla de la forma más realista posible lo que la gente imaginaba y anhelaba vivir-ver. Con el crecimiento de la demanda nacerán los multicines, y el cine romántico que es la esencia de Hollywood vuelve con gran fuerza. Nos referimos al héroe que confía en sus sentimientos más que en la razón, el mito y las sagas, el mesías que salva al mundo.

En el capítulo 12 relata cómo muchos directores protestaron contra los autoritarismos comunistas o las consecuencias de la exaltación del mercado con su “falsa visión del amor y la vida”, en palabras de Cousins. En China explica que la Revolución cultural había estancado su cine y que para los ochenta comenzó a renacer con directores como Zhang Yimou y Chen Kaige, los cuales se alejaban del cine patriótico de héroes comunistas con mucha acción y grandes planos, para hablar de las personas con sus problemas personales en medio de los cambios históricos. Al hablar del cine ruso se refiere a “Ven y mira” (1985) de Elem Klimov y se pasea por el africano de Gaston Kaboré que muestra la influencia del realismo mágico.

Resultado de imagen para Terence DaviesEn Estados Unidos hace un contraste del cine de acción desbordada como Top gun (Tony Scott, 1986) con el cine que explora el inconsciente y los problemas sociales como son los casos de los directores: David Lynch y Spike Lee. Francia se cansaría del “cine intelectual” y volvería al comercial con Luc Besson entre otros. Pero en el Reino Unido surgirían hermosas propuestas como los films de Terence Davies y Derek Jarman, el primero logrará combinar la belleza y el dolor en encuadres simétricos que nos recuerdan al japonés Yasujiro Ozu. Al final de la década la protesta fílmica probablemente dio su granito de arena en los cambios que se vivieron, en la gran apuesta por la libertad que significó el inicio de una nueva oleada democrática con el fin del mundo comunista.

Nueva nota de preocupación: la semana pasada, además del susto que vivimos con el fuerte temblor (¡Dios mío que finalice la prueba!), pudimos observar cómo el país se paralizó ante las medidas económicas llevadas a cabo por el chavismo-madurismo. Es lógico pensar que la combinación de dos grandes records: la más fuerte devaluación de nuestra historia junto el mayor aumento del sueldo mínimo, combinado con un agresivo control de precios (encarcelando a gerentes de tiendas, etc.), llevará inevitablemente al cierre de nuevas empresas que se sumarán al criminal cementerio que ya va por más del 60% de nuestra industria y comercio (este humilde profesor tiene un microemprendimiento tortero y no consigue harina y azúcar). La destrucción en el sentido material y humano de estos 20 años de proyecto político socialista ha sido de magnitudes que jamás habríamos imaginados salvo por una guerra. Muchas veces escuché a los extranjeros decirnos que el venezolano necesitaba una fuerte crisis para superar su mentalidad rentista. Es evidente que la estamos padeciendo con gran dolor, ruego a Dios entonces que hayamos aprendido la lección, y nos libere de esta oligarquía perversa; para poder sellar en nuestra memoria colectiva tal como enseñan el pueblo judío al recordar el Holocausto: “¡Nunca más! ¡nunca más!”

Muere el historiador Josep Fontana (les dejamos 3 artículos sobre el historiador)


Josep Fontana, la huella de un investigador
Josep Fontana fue un historiador de referencia, respetado y seguido por quienes buscaban caminos de renovación en la enseñanza y escritura de la historia
La victoria franquista en abril de 1939 y las posteriores décadas de dictadura se manifestaron, por lo que a la historiografía se refiere, en la imposición de una perspectiva reaccionaria y antiliberal que ignoró en todo momento la esfera socioeconómica y que levantó un poderoso dique de contención frente a las nuevas corrientes en las ciencias sociales occidentales y los análisis de fuerzas anónimas y colectivas.
Cuando en los últimos años de la dictadura pudo salirse poco a poco de esa miseria, no había, sobre la edad contemporánea, tradición historiográfica que reivindicar y se tuvo que aportar en unos pocos años todo un nuevo repertorio de hipótesis, problemas y estudios empíricos. Josep Fontana fue uno de los primeros en hacerlo y sus investigaciones sobre la crisis del Antiguo Régimen y las transformaciones del siglo XIX español le convirtieron, ya desde comienzos de los setenta, en un historiador de referencia, respetado y seguido por quienes buscaban caminos de renovación en la enseñanza y escritura de la historia.
En una profesión muy dada a la especialización y a las preocupaciones microscópicas, Fontana demostró dominar un amplio campo de acción. Cuando la historiografía y la teoría de la historia apenas formaban parte del aprendizaje del historiador, publicó Historia. Análisis del pasado y proyecto social (1982), tratado pionero en España. Casi 50 años separan La quiebra de la monarquía absoluta (1814-1820), publicada en 1971, de su última obra, El siglo de la revolución.Una historia del mundo desde 1914 (2017). Cinco décadas, en suma, de investigaciones, hipótesis, teorías y preguntas sobre el quehacer del historiador.
Pero la huella de Fontana va mucho más allá de su obra y de su trayectoria como profesor universitario. Desde la editorial Crítica, de la mano durante muchos años de Gonzalo Pontón, acercó al público español a algunos de los historiadores más distinguidos del mundo, desde Eric Hobsbawm a E. P. Thompson, pasando por Mary Beard, Pierre Vilar o David S. Landes. Su currículo está lleno de libros, artículos en revistas científicas, decenas de conferencias en América Latina y, sobre todo, charlas en los centros de educación secundaria.
En los últimos años fue discutido por otros historiadores por su defensa del marxismo, por su compromiso político y por sus ideas acerca de España y Cataluña, expuestas en escritos y entrevistas en medios de comunicación. Disputas y desprecios al margen, muchos le recordarán por sus fecundos escritos sobre la España contemporánea y por su rechazo de la historia como una serie de grandes acontecimientos orquestados por los grandes hombres. Ahora parece fácil asumirlo, pero en las universidades españolas de los años setenta eso sonaba a música subversiva.


OBITUARIO
Muere a los 86 años Josep Fontana, el historiador "rojo y catalanista"
De raíz marxista y crítico con la transición política en España, fundó el Institut d'Història Jaume Vicens Vives
Barcelona - Martes, 28/08/2018 | Actualizado el 29/08/2018 a las 00:45 CEST
¿Para qué sirve un historiador? Josep Fontana, fallecido en Barcelona este martes a los 86 años, tras una larga lucha contra el cáncer, podía y sabía explicarlo bien. Analizar el pasado para iluminar el presente, ordenar el caos para tratar de entenderlo, saber de dónde venimos para intuir hacia dónde vamos. Conocer los problemas supone abrir una puerta para resolverlos. Y siempre, siempre, el rigor tiene que ver con no manejar la interpretación de los hechos con un criterio meramente partidista, que no ideológico. Dedicarse a ello le llevó a ser uno de los historiadores más influyentes y una figura clave en la implantación de la moderna historiografía en España.
Fontana se definía como un rojo catalanista, lo que puede parecer una contradicción pero él sabía explicarlo. Apuntaló con sus estudios la existencia histórica de una identidad catalana y pese a la pérdida de fuelle de la izquierda -militó en los 50 en el PSUC y se desencantó a principios de los 80- no dejó de mantener una actitud socialmente crítica, un compromiso cívico que le llevó en los últimos años a presentarse en las listas de Ada Colau de Barcelona en Comú al Ayuntamiento de Barcelona y declarar sus simpatías por la CUP, aunque ningún partido político le complacía por completo.
También pesaba su propia historia: el recuerdo de cuando vio una bandera de España por primera vez, en enero de 1939, cuando uno de aquellos marroquís reclutados por Franco asaltó la casa de veraneo familiar en Valldoreix. Esos recuerdos reverdecían cuando hablaba del nacionalismo español insuflado por el PP.
Fontana (Barcelona, 1931) se crió entre libros porque su padre los vendía en una librería de lance de la calle Boters en Ciutat Vella y él solía echarle una mano. Acostumbraba a decir que la historia aprendida en la escuela, descorazonadora y simplista, no le predisponía a acabar siendo un historiador. Pero es lo que ocurrió. Primero, Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, para acabar en la especialidad de Historia en 1956. Solía contar que la verdadera historiografía se la tuvo que buscar fuera de las aulas, con el historiador Ferran Soldevila, en las clases que impartía este en el salón de su casa tras ser depurado por el franquismo, y sobre todo con Jaume Vicens Vives, que fue uno de sus grandes maestros. Fue Vicens Vives quien descubrió a aquel alumno brillante y le presentó al hispanista francés Pierre Vilar, el autor de ‘Catalunya en la España Moderna’, con quien Fontana conectó en sus postulados marxistas.
Así que méritos no le faltaban cuando empezó a dar clases en la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona y a destacarse como uno de los historiadores jóvenes, claves en la aportación de nuevos métodos -la ciencia de la historia- a la comprensión del pasado que a principios de los 60 empezaba a implementarse en las aulas universitarias. En ese sentido, sus contactos tanto en la Sorbona parisina como en Liverpool fueron decisivos para su anclaje en la modernidad.
En 1966 fue expulsado de la universidad por su militancia comunista, más tarde ocupó plaza en la de Valencia, en la Autónoma de Barcelona de la que fue decano y finalmente creó y dirigió el centro de investigación Jaume Vicens Vives en la Pompeu Fabra, donde se jubiló en el 2001. Pese a ello y ya como profesor emérito no dejó de publicar y de interpretar los acontecimientos políticos y la crisis económica de los últimos años.
La bibliografía del historiador se mueve desde lo particular a lo universal. Empezó estudiando las transformaciones económicas del antiguo régimen en el siglo XIX tanto en España como en Catalunya, ahí están los libros que cimentaron su fama: 'La quiebra de la monarquía absoluta 1814-1820', 'Hacienda y Estado' y 'La crisis del Antiguo Régimen' (1808 -1832), así como 'Aribau y la industria algodonera en Catalunya'. Junto a estos, también supo cultivar ensayos divulgativos que los expertos leían con agrado y que los lectores recibían agotando ediciones. Es el caso de 'Europa ante el espejo' y sobre todo 'Por el bien del imperio' (publicado en la editorial de su amigo Gonzalo Pontón, Pasado y presente), posiblemente su obra más ambiciosa y la que mejor retrata cómo se sentía alguien que participó de la utopía del cambio social y ha acabó viendo cómo el capitalismo salvaje ha ido diluyendo la sociedad del bienestar que se perfilaba tras la segunda guerra mundial. De ahí que encima de su mesa de trabajo estuviera siempre rampante un cartel anarquista de Carles Fonseré con el lema: 'Aplastar al fascismo'.
Libros para entender el mundo 
‘LA QUIEBRA DE LA MONARQUÍA ABSOLUTA (1814-1820)’ 1971
El más prestigioso de los libros de Fontana, explica con un enfoque total la crisis del Antiguo Régimen: el proceso del que surgió la España Contemporánea. Se ha reeditado en 1987 y 2002.
‘EUROPA ANTE EL ESPEJO’ 1994
Con rediciones en el 2000 y el 2013, narra cómo Europa ha construido una conciencia de colectividad.  Una visión desmitificadora de la historia de Europa, desde la Grecia clásica hasta la actualidad.
‘POR EL BIEN DEL IMPERIO’ 2011
Con el subtítulo de ‘Una historia del mundo desde 1945’, se la considera una obra de de referencia para entender la historia posterior a la segunda guerra mundial: la guerra  fría, la caída de la URSS...
‘L’OFICI D’HISTORIADOR’  2010
Ensayo historiográfico del 2010 y reeditado en el 2018 sobre cómo Fontana entendía la manera de ejercer el oficio de historiador: útil y, sobre todo, como un compromiso con el mundo.
LA FORMACIÓ D'UNA IDENTITAT 2014
Publicado en el 2014 y actualizado en el 2016, el libro indaga en cómo se ha formado el sentimiento identitario catalán desde el siglo VIII hasta la actualidad.

Muere a los 86 años el historiador Josep Fontana
El profesor emérito de la Pompeu Fabra era uno de los grandes renovadores de la historiografía española

Josep Fontana en una entrevista en 2017. ALBERT GARCIA
Josep Fontana, uno de los grandes renovadores de la historiografía española y dueño de un inusual compromiso cívico, murió ayer en Barcelona a los 86 años tras mucho tiempo de estoica lucha contra un cáncer al que él, siempre atareado, siempre incansable, hizo el menos caso posible.
Fue quien mejor entendió el hundimiento del Antiguo Régimen en España al compararlo por vez primera con lo que ocurría en Inglaterra o Francia en el XIX. También fue quien mejor ha leído desde la península la globalidad del siglo XX. Su credo nació de un libro que su padre le dio cuando apenas tenía siete años. El hombre era propietario de una librería de viejo en la calle Boters, en pleno centro histórico de Barcelona. Era, le dijo al niño, para que empezara su propia biblioteca, que con los años acabaría compuesta de unos 50.000 libros que donó en su mayor parte a la Universidad Pompeu Fabra. Conservó 15.000 volúmenes hasta el último día en su casa para seguir trabajando. Lo leyó siempre todo.
La obra clave de aquel regalo paterno fue uno pequeñito, ilustrado y que siempre conservó, de Ferran Soldevila. Sería uno de sus tres maestros. En los años 50 acudía a sus clases clandestinas de los Estudios Universitarios Catalanes, que Soldevila impartía en el comedor de su casa. De él, decía, aprendió que “tras un documento hay seres humanos con sentimientos y problemas”. Los otros dos faros serían Jaume Vicens Vives —“una isla de modernidad en un mar de carcas retrógrados” en la universidad franquista; él le inculcó la conciencia cívica (“me hizo ver que se puede servir al país a través de la ciencia de la Historia”)— y Pierre Vilar, al que llegó por generosidad de Vicens Vives cuando éste vio que no podía satisfacer el hambre intelectual de su discípulo. 
Un credo tatuado desde la infancia
El credo íntimo que hacía definirse a Fontana (Barcelona, 1931), desafiante en estos tiempos de neoliberalismo salvaje, como “rojo y nacionalista, que no son dos cosas incompatibles”, lo llevaba tatuado desde su infancia, forjada por el recuerdo de los bombardeos durante la Guerra Civil “duros, porque buscaban el Palau de la Generalitat, que estaba muy cerca de casa, por eso íbamos al mismo refugio del palacio” Y, claro, por la propia actitud del padre, que en una librería anterior, en la calle de la Palla, acogía a un grupo ligado al Bloc Obrer i Camperol. “Sí, crecí en un ambiente inequívocamente catalán y de izquierdas”. La consecuencia: un rápido compromiso de joven con la lucha clandestina que le llevaría al PSUC. Como fue norma en él, decisión de lógica aplastante: “Era la fuerza más eficaz para liquidar el franquismo y unía principios sociales con la mirada de la autodeterminación”. Una fiel coherencia que mantuvo entre 1957 y 1980, cuando abandonó el partido.
Con Europa ante el espejo (1994) o Por el bien del imperio. Una historia del mundo consiguió notoriedad y prestigio dentro y fuera de España
Recién licenciado en Letras y ya fichado por Vicens Vives, que se lo llevó de ayudante junto a otra promesa, Jordi Nadal, Fontana inició una rauda y brillantísima carrera en la flamante Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona, que le llevó muy pronto a ser un año (1956) assistant lectureren la de Liverpool, lo que se tradujo en el acceso a una bibliografía inimaginable en la España de los 50. Ni la expulsión en 1966 de la universidad por su militancia comunista truncó una trayectoria que, con los años, le llevaría a ocupar la cátedra de Historia Económica en las universidades de Valencia (1974-1976), de la Autónoma de Barcelona (1976-1991, donde fue también decano y vicerrector) y de la Pompeu Fabra.
Su figura creció como experto irrefutable del modelo de transición del Antiguo Régimen hacia el capitalismo y la formación del mercado peninsular. De ahí partieron algunos de sus libros fundamentales, como La quiebra de la monarquía absoluta 1814-1820, de 1971, Hacienda y Estado, 1823-1830 o La crisis del Antiguo Régimen (1808-1832). El truco siempre era el mismo: documentación de fuentes casi siempre inéditas, exhaustivas bibliografías consultadas  y una interpretación sagaz que, encima, exponía de manera clara y brillante.
El credo profesional de quien mejor entendió el hundimiento del Antiguo Régimen en España parte de media docena de libros que su padre le dio cuando tenía 7 años
Títulos como esos o Aribau y la industria algodonera en Cataluña podrían dar una imagen de erudición y aridez extrema. Nada más lejos de Fontana, siempre excelente y riguroso divulgador, como pueden testimoniar las decenas de profesores de bachillerato a los que impartía Historia cada sábado por la mañana o los miles de alumnos que le escucharon en unas clases que tenían su puesta en escena: puntual, se sacaba el reloj de pulsera y lo dejaba reposar a la derecha de los folios que contenían la materia de la jornada que siempre llevaba escrita, como sus intervenciones en los tribunales académicos, lo que quizá explique su ingente producción de prólogos (superan los 150).
Vital en su labor divulgadora fue su función de editor en la sombra, primero en los años 70 en el sello Ariel y luego en el de su amigo editor Gonzalo Pontón, Crítica. Ahí remachó su labor de introductor en España de escuelas historiográficas renovadoras inspiradas en buena parte en el marxismo: la de los Annales, los propios Vilar y Eric Hobswam, E. P. Thompson, George Rudé, Michele Vovelle, Marc Bloch, Albert Soboul… Pero también gracias a él se dio la recuperación de textos del presidente de la República española Manuel Azaña, como el sincero Memorias políticas y de guerra. En esos despachos inventaba títulos, rehacía traducciones o redactaba contracubiertas sin que se le cayeron los anillos de catedrático.
Se definía como “rojo y nacionalista, que no son dos cosas incompatibles”
Como sus maestros Soldevila y Vicens Vives, Fontana también acabó saltando de siglo y plantándose en su actualidad. Y con ambición porque “uno no puede estudiar el rinconcito en el que vive sin conocer las corrientes que le rodea”, sostenía. Por eso, a partir de los años 90 su bibliografía de más de más de una veintena de títulos se amplió con una historiografía universal que tuvo su primer gran hito en Europa ante el espejo (de 1994, con 12 traducciones) y que remachó de una manera tan espectacular como omnívora en Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945 (2011), seguramente la mejor mirada peninsular a la Guerra Fría y sus consecuencias, y en donde se aprecia el dominio de fuentes, aún con las nuevas tecnologías de por medio, que el ya veterano historiador mantuvo hasta el último día.
Sabedor de su solidez intelectual, no exento de cierta dureza que contrastaba con su generosidad para con estudiantes y entidades populares (a los que solía atender en la mesa de cristal de su domicilio atiborrado de libros y carteles en su modesto barrio de siempre, Poblesec), Fontana nunca rehuyó el debate dialéctico ni se escondió en sus opiniones. Así, no dudaba en señalar que en la Transición española “el juego estaba trucado, se cometieron errores serios: los políticos no estaban dispuestos a defender ya los mismos principios que habían dicho a la gente, ni a luchar por lo que se defendía en la clandestinidad; se le dijo a las fuerzas sociales que ya podían volverse para casa”. Por eso quizá apoyó a la formación de Barcelona en Comú de Ada Colau, cerrando en 2015 simbólicamente su lista: “No eran un partido, querían administrar el Ayuntamiento, no aprovecharse de sus recursos para alimentar el partido como hacen los demás”. O por ello también mostró sus simpatías hacia la CUP, movimiento “limpio y sincero”, si bien con “un programa más para hacer la revolución que para hacer una política parlamentaria y eso es un problema”. Ciudadanos le parecía “de los más peligrosos: es un invento catalán que engarza con la tradición de nuestra gran burguesía, que cuando ve obstaculizados sus intereses, se pasa al enemigo; ya lo hizo en 1936”.
Sabedor de su solidez intelectual, Fontana nunca rehuyó el debate dialéctico ni se escondió en sus opiniones
Con Bertolt Brecht como guía
A pesar de tener la Creu de Sant Jordi en 2006 o haber escrito hace apenas tres años un tan exitoso como inequívoco La formació d’una identitat. Una història de Catalunya (“El ‘Som i serem’ de la sardana La Santa Espina es una línea perdurable de la identidad catalana”; “uno sólo puede separarse si el otro acepta que te separes”; “los catalanes sólo pueden seguir luchando; llevamos así 500 años; no hay otra salida”, ha dicho en diferentes ocasiones sobre el Procés), su contundencia también la dirigió hacia determinado nacionalismo catalán, como el representado por Artur Mas: “Su giro catalanista lo hizo porque era salvador para él”. Del resto del mundo, lo tenía, cómo no, muy claro: veía en la última gran crisis económica “la gran mentira de las políticas de austeridad; se llegó a ella por la degradación de las condiciones de trabajo y la paulatina aplicación de reformas laborales que han eliminado derechos y menoscabado la capacidad de reacción de los trabajadores”, dudaba de la supuesta estabilidad económica actual, veía en la inmigración el gran problema presente y futuro y admitía: “Sí, están ganando los ricos”.
Fiel a su concepto de que “la Historia ha de ser un análisis crítico de los acontecimientos” y de que su estudio “debe ayudar a crear una conciencia de la Historia”, en la pared de su cargadísimo despacho colgaba un poema de Bertolt Brecht que, de algún modo, él con su labor había dado sentido: “Quien todavía esté vivo que no diga jamás: lo que es seguro no es seguro. Todo no será siempre igual. Cuando hayan hablado los opresores, hablarán los oprimidos. El que haya caído, debe levantarse, el que haya perdido, debe luchar. ¿Quién podrá detener al que conoce la verdad? Porque los vencidos de hoy son los vencedores de mañana, y el jamás se va a convertir en ahora mismo”. Decía que le gustaba volver a esas palabras.


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