sábado, febrero 20, 2010
Elías Pino Iturrieta estará en la Tertulia Histórica del Bolivarium (26 de febrero)
Historiador venezolano (Elías Pino Iturrieta) nos habla sobre la historia de las relaciones Estado-Iglesia en Venezuela
Transcribimos el artículo del historiador Elías Pino Iturrieta que publica todos los sábado en El Universal. El subrayado es nuestro.
viernes, febrero 19, 2010
Elecciones internas en el Partido COPEI (la visión de Luis Barragán)
jueves, febrero 18, 2010
“La otra isla” en la otra Venezuela
SUNIAGA, Francisco (2005), La otra isla, 6ª Ed., Caracas: Oscar Todtmann, 2009.Sin duda que 6 ediciones en cuatro años es un éxito editorial en nuestro país. Y después de leer las dos novelas de Suniaga, en especial la que hoy comentamos, no nos queda duda en reconocer su maestría. He disfrutado La otra isla quizás más que El pasajero de Truman; a pesar de desarrollar en la segunda el tema que más me preocupa: la política. Me imagino que la razón es la distancia temporal. La locura de Diógenes Escalante ligada a una ruptura histórica (el 18 de octubre de 1945), es algo que no viví: ni en su tiempo ni en sus consecuencias. En cambio, el choque de los nostálgicos margariteños con la situación de deterioro de su tierra, es algo perfectamente entendible para mi generación. Un “adulto contemporánea” (nacido en los setenta), pudo vivir la Venezuela saudita y su deterioro a finales de los ochenta (la otra isla). Los venezolanos nos hemos hecho unos nostálgicos, no reconocemos la tierra en que nacimos; y añoramos lo que se fue.
¿Acaso algunos venezolanos no somos extranjeros como los protagonistas alemanes de La otra isla? Extranjeros en su propia tierra. No nos comportamos como las mayorías, no aceptamos la acción política del Estado y los que la apoyan, y estamos hartos de la violencia criminal. Somos iguales a los alemanes en Margarita. Nuestros parámetros de vida son los de otro pueblo: los de la Venezuela amable antes del Viernes Negro, y los de la racionalidad que estudiamos en la universidad o conocemos por efecto demostración vía medios y viajes al mundo desarrollado.
Wolfgang Kreutzer: era un individuo que vivía prestado en una isla caribeña de clima benigno y personas amables pero, adosada a ella, había otra realidad, otra isla donde la violencia era una savia que alimentaba lo cotidiano y se movía oculta bajo la aparente docilidad de la naturaleza y bondad de la gente. (…) La violencia en la muerte prematura y cotidiana, muerte joven, muerte pobre, muerte que cada sábado y domingo sigue la línea divisoria de las grotescas diferencias sociales. Violencia en la forma de mirar a la mujer del prójimo, en los perros de la calle peleándose por la perra callejera, en el hablar atropellado y alto de la gente, en los adjetivos usados sin disfraces de corrección, en la manera de conducir los coches, violencia que era inescapable, que venía con la vida. (pp. 174-175).
El autor, a través de una investigación policíaca de un suicidio con sospechas de homicidio. En medio de un contexto cultural de nuestro país de realidad violenta y diversa. Nos pinta el cuadro de una generación que vive como “náufrago abandonado en otra isla, aquella donde lo importante no importa y las desdichas de la gente común importan menos” (p. 257).
martes, febrero 16, 2010
Cambio de lecturas literarias para este año
Mi visión de Cabrujas
era su verbo. Nadie se salvaba de su crítica feroz combinada con humor. Tenía algo de socrático, pero, me pregunto: ¿Dónde estaba su mayeútica? ¿Qué ofrecía como alternativa a su repudio sobre la democracia puntofijista?. El caso Cabrujas puede ser un buen tema de estudio para comprender las razones de nuestra quiebra democrático. Quiebra en que los medios tuvieron una parte de la responsabilidad.No condeno a Cabrujas, admiro su pluma inmensamente. Admiro su pasión por la palabra escrita, y también hablada (el teatro, las telenovelas). ¿Cómo negar que en mis tiempos universitarios la lectura de su columna influyó sobre mi forma de escribir? ¿Cómo no admirar “La dueña” que disfruté en mi niñez? Anhelé emularlo siempre, pero otras influencias me alejaron de una crítica desmedida… Cabrujas fue un buen ejemplo del espíritu “hipercrítico” que minó la moral democrática del venezolano. Pasamos de la fortaleza liberal al “no creer en nadie”, por un bombardeo permanente de las malas noticias; y por la creación de un “chivo expiatorio”: los partidos políticos, en especial los firmantes del Pacto de Puntofijo. No se puede negar que en ese tiempo no se tenía lo que poseemos ahora: la experiencia de la desaparición gradual de la democracia. Se confiaba plenamente que a mayor dureza en las palabras, a mayor ejercicio de la libertad de expresión; esta terminaría fortaleciéndose. Obviamente no fue esto lo que ocurrió, y se terminó siendo cómplice, sin quererlo, de los que tenían como meta la destrucción de las instituciones que sostenían las libertades.
El caso Cabrujas, fue además, el de la fascinación por el líder personalista militar; aunque a este le duró 9 meses. En cambio, hubo otros casos que supieron el peligro desde un principio. Me refiero especialmente al historiador Manuel Caballero. ¿A cuántos le duró diez años hasta que el desastre ya estaba consumado? ¿A cuántos la fascinación se le convirtió en espíritu mercenario por no llamarlo clientelar?. Pero a Cabrujas dicha conversión no le llevó a otro tipo de crítica. Identificó el peligro (“un nuevo mesías populista”), pero quizás su idea de país fracasado no le hizo considerar la posibilidad de un desastre mayor.
Uno de sus grandes aportes, es la creación de símbolos para comprender nuestra realidad. Entre ellos resalto: el Estado del disimulo y País campamento. Nos dice: “El país tuvo siempre una visión precaria de sus instituciones porque, en el fondo, Venezuela es un país provisional.” Es así como se fortalece el Estado del “me da la gana”; que se puede decir con una frase popularizada por un Presidente del siglo XIX: “La Constitución sirve para todos”. Es el personalismo siempre campante, disimulado con leyes, formas, y grandes palabras. “Nunca levantamos muchas salas de teatro en este país. ¿Para qué? La estructura principista del poder fue siempre nuestro mejor escenario.”
¿Hasta dónde hemos sido el fracaso que describe Cabrujas? Sin duda, él buscó despertar nuestras conciencias. A pesar de ello, pienso: una cosa es descubrir, evidenciar e identificar nuestros defectos; y otra hundirnos en el “acá no hay nada que hacer”, y esta última idea es la que me han transmitido sus escritos. Necesitamos una crítica realista (tal como no las dio Cabrujas), pero también: respuestas y optimismo. ¿O será que nuestro optimismo es otra forma del “disimulo” y Cabrujas tenía razón? Algo no se le puede negar: su genialidad y sinceridad.
Les dejo un video suyo, gracias a:
mrradugo
El dramaturgo José Ignacio Cabrujas, analiza la importancia histórica de Simón Bolívar y Juan Vicente Gómez. Programa: Historia Viva con Jorge Olavarría. Venevisión. Año 1995.
lunes, febrero 15, 2010
¿Qué es el chavismo? A principios del 2010 según Openheimer
Encuesta HinterlacesUna nueva encuesta nacional realizada por la empresa venezolana Hinterlaces revela que la base política de Chávez está disminuyendo. Entre los hallazgos claves de la encuesta:
El 61% de los venezolanos cree que el país está mal encaminado, mientras el 37% dice que va en la dirección correcta.
El 78% de los venezolanos dicen estar en desacuerdo con la reciente decisión de Chávez de eliminar la emisora RCTV del sistema de televisión por cable, mientras tan sólo el 18% aprueba la medida. La emisora de aire de RCTV había sido clausurada en el 2007.
El 61% de los venezolanos respalda las protestas estudiantiles contra Chávez, mientras que el 30% las condena.
El 87% de los venezolanos no quieren que su país se parezca a Cuba, mientras que el 9% dice que le gustaría que así fuera.
El 28% dijo que votará por los candidatos chavistas en las elecciones legislativas de septiembre, mientras el 26% dijo que votará por la oposición y el 34% que elegirá a candidatos independientes.
El 55% de venezolanos se definen como "ni pro-Chávez, ni anti-Chávez'', mientras que el 27% se considera chavista y el 14% se considera "opositor''.
El 65% de los venezolanos dice que el país necesita nuevos líderes, mientras el 21% está en desacuerdo con esa idea.
Mi opinión:
domingo, febrero 14, 2010
Minibiografía del historiador Tomás Polanco Alcántara
Tomás Polanco Alcántara y el destino de una vocación
Desde muy joven me domina una acentuada curiosidad por desentrañar el origen y el desarrollo de una vocación. Naturalmente, me inquieta lo contrario: qué pasa con quien no la tiene, cómo vive, qué le entusiasma. Dos caras de la misma moneda: a unos los mueve un destino; otros sobreviven a su falta. Es importante distinguir entre una vocación y una obsesión. La primera, por lo general, conduce a que quienes vuelan con ella dispongan de su tiempo, administren la voluntad y, finalmente, concluyan las obras con las que sueñan. La obsesión, por su parte, es quijotesca, domina todos los ámbitos y conduce a la imantación de la realidad por parte de un solo conducto. Es disolvente. Tomás Polanco Alcántara alimentó una vocación que no fue temprana ni tardía, sino de la madurez. Si trabajamos con su hoja de vida, como lo hizo su biógrafo Rodrigo Lares Bassa, tocaremos el cuerpo de algunos datos significativos para la comprensión de su aventura de conocedor de la vida de los otros. Me adelanto a señalar que no ha habido otro biógrafo en Venezuela que haya abordado el análisis de más vidas, y con mayor documentación, que Polanco Alcántara. Paso revista al siglo XIX y no advierto otro igual en su tarea; me detengo en la centuria pasada y tampoco. ¿Quién ha escrito once biografías de venezolanos, en la mayoría de los casos, de dilatadas extensiones y suficientemente documentadas? Que yo sepa, nadie. Por ello, si alguien en Venezuela se granjeó el título de biógrafo con absoluta legitimidad, ese fue Polanco Alcántara.
Su obra, que si la calificamos de monumental no exageramos ni un ápice, fue publicada entre 1979 y 2002. Es decir, en apenas veintidós años, los que se corresponden con la tercera y última etapa de su vida, si la dividimos en tres partes de veinticinco años, de un hombre que vivió setenticinco. Para 1979, Don Tomás contaba 52 años, entonces ya tenía años impartiendo asignaturas en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela y en la de la Universidad Católica Andrés Bello, además de haber sido profesor de Historia en colegios de bachillerato; ya había sido Embajador de Venezuela en Chile, España y en las Naciones Unidas, en Ginebra. Por supuesto, su prole de nueve hijos, habidos con su esposa y compañera de siempre, María Antonia Fernández, ya eran entre jóvenes adultos y adolescentes. Para entonces, el ejercicio profesional del Derecho había sido su ámbito de realización personal, junto con la docencia, así como las artes de la diplomacia, aunque las desarrolló por un quinquenio (1969-1974), apenas. En otras palabras: el hombre que va a hallar su destino de biógrafo a partir de sus cincuenta años, tiene en su haber una dilatada experiencia docente; un acendrado ejercicio del Derecho en sus facetas administrativas, contractuales y bancarias; un intenso, breve y brillante paso por la diplomacia. ¿Alguna de estas tareas desempeñadas con acierto, presagiaban que se entregaría a la tarea de biógrafo de la manera empeñosa y absoluta como lo hizo? No específicamente, pero sí en otro sentido: ya Polanco se avenía con la escritura. Su bibliografía jurídica era para entonces importante y sostenida. Desde finales de la década de los años cincuenta publicaba monografías, estudios, tratados sobre Derecho administrativo y constitucional y, si colocamos la lupa en ellos, advertiremos que la pasión por la historia venezolana ya se imbricaba con el Derecho. Luego, sus tareas de Embajador fueron propicias para la reflexión escrita acerca de personajes de nuestra historia. El Libertador, Miranda, Bello, fueron objetos y sujetos de sus disertaciones.
sábado, febrero 13, 2010
"El pasado tiene su lugar" (entrevista a Ana Teresa Torres)
EL NACIONAL - Sábado 13 de Febrero de 2010 Papel Literario/4
"El pasado tiene su lugar" Ana Teresa Torres (Caracas, 1945) es narradora y ensayista. También es Miembro de Número de la Academia de la Lengua. Ha publicado, entre otras, las novelas Doña Inés contra el olvido (1992), Malena de cinco mundos (2000), Los últimos espectadores del acorazado Potemkin (1999) y El corazón del otro (2004). En esta edición se ofrece a los lectores una conversación con la autora a propósito de su reciente título La herencia de la tribu. Del mito de la Independencia a la Revolución Bolivariana
DIAJANIDA HERNÁNDEZ G. Y VIRGINIA RIQUELME (FOTOGRAFIA: BELINDA UZCATEGUI)
viernes, febrero 12, 2010
TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009) (V)
Pues bien, hacia mediados de la década de 1970, Abdala propone y empieza a diseñar una maestría en historia de América dentro del marco de la Facultad de
Humanidades y Educación. Su preocupación estaba en buscar un remedio para las deficiencias en la formación de los profesores de historia de bachillerato, cosa que ya evaluaba como muy peligrosa entonces; así como en crear una alternativa a los enfoques imperantes en la Escuela de Historia de la UCV y en la recién nacida maestría de aquella universidad. Además temía por su viabilidad a largo plazo por ciertos problemas que ya identificaba entonces.
(6) Aureo Yépez Castillo, La Universidad Católica Andrés Bello en el marco histórico-educativo de los jesuitas en Venezuela, Caracas, UCAB, 1994.
jueves, febrero 11, 2010
TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009) (IV)
miércoles, febrero 10, 2010
TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009) (III)
Pues bien, ¿cómo se insertó la UCAB en este proceso?
Alrededor de 1955 dos jóvenes jesuitas interesados por la historia, los Reverendos Padres Hermann González Oropeza, sj (1922-1998) y Pablo Ojer Celigueta, sj (1923-1996) –el segundo dejaría los hábitos unos años después- empiezan a trabajar, más bien informalmente, la investigación histórica en la vieja sede de la UCAB de la Esquina de Jesuitas, en el centro de Caracas. En 1957 institucionalizan estos esfuerzos con la fundación de un centro de investigaciones, como se dijo, el actual IIH. Su inicial preocupación fue la historia territorial de Venezuela, dentro de la que harían a lo largo del siguiente medio siglo significativos aportes (2). De hecho, el Instituto fue por mucho tiempo asesor de la Cancillería en asuntos de delimitación y fronteras, sobre todo en los momentos más intensos del conflicto del Esequibo, donde jugaron un papel fundamental documentando la reclamación.Teniendo como base la experiencia del Instituto, comenzó a expandirse la actividad investigativa de la UCAB. En la década de 1960 empiezan a fundarse otros centros de investigación. Por solo nombrar a los que directa o indirectamente se asociaron al IIH, tenemos al Centro de Investigaciones Literarias (1965), cuyo primer director fue Efraín Subero (1931-2007); el Centro de Lenguas Indígenas (1968), cuyo primer director fue Fray Cesáreo de Armellada (1908-1996); el Centro de Religiones Comparadas (1972), bajo la dirección de la destacada antropóloga austriaca Angelina Pollak-Eltz; y el Centro Venezolano de Historia Eclesiástica (1977), bajo la dirección del R.P. Hermann González Oropeza, sj3. Aunque en general sus aportes fueron notables, el itinerario de sus existencias llama la atención y, seguramente, habrá de ser objeto de estudios más adelante. Ninguno de ellos sigue funcionando, ya que fueron, en momentos y bajo criterios diversos, refundidos en otros institutos más amplios; o simplemente se desdibujaron en la medida que sus promotores se fueron a otros destinos. Por supuesto, esto no quiere decir que, vista en conjunto, la actividad investigativa de la UCAB sea en este momento menos vigorosa que hace treinta años: más bien al contrario, con una planta de investigadores bastante más grande (muchos de aquellos centros eran de a lo sumo uno o dos profesionales, en ocasiones, casi proyectos personales) y con proyectos de gran incidencia social.
martes, febrero 09, 2010
TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009) (II)
La historia en la UCAB.
Lo primero a destacar es que ni las maestrías, ni el doctorado, fueron fenómenos abruptos que tomaron por sorpresa a la UCAB. Una permanencia y, en balance, un éxito que suman tres décadas, indican otra cosa. Detrás de ellos hay toda una tradición de estudios históricos, que no es del todo conocida –incluso en los campus de la universidad- y que se remonta prácticamente a su fundación.
En efecto, tan temprano como en 1957 la UCAB –que había sido fundada en 1953- inicia su camino en la investigación histórica como actividad específica y sistemática, institucionalmente financiada y promovida. Ese año nace su centro de investigaciones, hoy elevado a Instituto de Investigaciones Históricas (IIH), y desde 2001 bautizado con el nombre de uno de sus fundadores: “Hermann González Oropeza, sj”. Un poco antes, en 1952, la Universidad Central de Venezuela había hecho otro tanto con el Instituto de Antropología e Historia (hoy refundido con el Instituto de Estudios Hispanoamericanos). Ambas fundaciones marcan una inflexión entre lo que empezaría a ser la labor de los historiadores profesionales en Venezuela, en comparación con lo que había sido hasta entonces la de los historiadores vocacionales (muchos muy meritorios).
Con la creación de centros e institutos de investigación –en universidades o en otras instituciones: bibliotecas, ministerios, el Congreso, la Cancillería, la Academia Nacional de la Historia y algunas más- así como con el financiamiento de investigaciones para aquellos profesores universitarios que no formaran parte de estos centros, o con la promoción indirecta de las mismas por la vía de los trabajos de ascenso, nace el historiador profesional, es decir, el que puede obtener su sustento (por magro que fuera: nunca ha sido una ocupación muy pingüe) de la investigación. Esto no ha acabado con los historiadores vocacionales, que escriben en sus ratos libres y aprendieron el oficio de manera más o menos autodidacta; de hecho siguen produciendo mucho y, no pocas veces, cosas de alto valor; ni ha hecho que todos los licenciados en historia puedan dedicarse a investigar (la verdad es que muchos también terminan haciéndolo en sus ratos libres, ganándose el pan en otra cosa); pero sí ha generado un punto de inflexión importante, con un sector asociado a los centros de investigación y las universidades que, sin lugar a dudas, desde 1958 tiene el liderazgo en la disciplina y ha logrado darle un vuelco fundamental.
Por supuesto, esto fue posible por un proceso paralelo: el del nacimiento de un profesional específicamente formado para la investigación histórica. En Venezuela el antecedente más claro estuvo en el profesorado de historia y geografía que empieza a dictarse en el Instituto Pedagógico Nacional (hoy de Caracas) en 1936. Aunque no se trataba de un curso para formar historiadores profesionales, fue el primero, entonces de tres años, que tuvo por objetivo la formación de un profesional especializado en el área. De hecho, han sido numerosos los historiadores que obtuvieron su formación inicial en el Pedagógico de Caracas, así como en los otros pedagógicos que se fueron fundando en el resto del país a partir de 1959 (cuando nace el de Barquisimeto, donde en la actualidad se anima una intensa actividad de investigación histórica). En 1946, con la sección de historia de la Facultad de Filosofía y Letras (hoy de Humanidades y Educación) de la Universidad Central de Venezuela, se inicia el primer paso para la licenciatura de historia, consolidada cuando se eleva a Escuela de Historia en 1958. Otro tanto pasó con la sección de historia, creada en la Universidad de los Andes en 1955, que diez años después también se convertiría en escuela (1).
(1) Véase: Inés Quintero, “La historiografía” en: E. Pino Iturrieta, La cultura en Venezuela. Historia mínima, Caracas, Fundación de los trabajadores de Lagoven, 1996; Robinzon Meza y Yuleida Artigas Dugarte, Los estudios históricos en la Universidad de Los Andes (1832-1955), Grupo de Investigación sobre Historiografía de Venezuela/Cuadernos de Historiografía No.1, Mérida (Venezuela), 1998; AAVV, 60 aniversario del Departamento de Geografía e Historia del Instituto Pedagógico de Caracas, Caracas, UPEL, 2007; y María Elena González Deluca, Historia e historiadores de Venezuela en la segunda mitad del siglo XX, Caracas, Academia Nacional de la Historia, 2007.
lunes, febrero 08, 2010
TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009) (I)
TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009)*
Una maestría “adulta”.
En enero de 1979 comenzaron las clases de la maestría de historia de las Américas en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), en Caracas. No fue el primer postgrado de historia en Venezuela, ni por mucho tiempo fue el más prestigioso –como mínimo, durante la década de 1980 y buena parte de la de 1990, compartió ese honor con los programas de la Universidad Santa María y de la Universidad Central de Venezuela, nacidos más o menos a un mismo tiempo, y muchas veces compartiendo sus mismos profesores- pero lo que representó entonces, y lo que sigue representando ahora, treinta años después, para los estudios históricos en Venezuela, merece ser estudiado con atención. Como esperamos demostrar en las siguientes páginas, muchas de las claves más significativas, de los logros, de los problemas, de los avances e incluso los retrocesos –que los ha habido- en la historiografía y en la enseñanza de la historia venezolanas del último cuarto del siglo XX, y ya de la primera década de XXI, se expresan nítidamente en el camino recorrido por este programa.
Más allá de un homenaje a los forjadores y un poco de ejercicio de la nostalgia, que naturalmente haremos; el objetivo de estas páginas es el de ensayar un balance de lo que el quehacer histórico venezolano ha sido durante este tiempo, visto desde uno de sus escenarios y con algunos de sus actores que en tres décadas han logrado un protagonismo notable. La Maestría de Historia de las Américas, y sus hermanos ucabistas, el Doctorado de Historia, establecido en 1985, y la Maestría de Historia de Venezuela, que arrancó en 1990, llegan a la “edad adulta” gozando de buena salud (lamentablemente no puede decirse lo mismo de otros programas similares iniciados por las mismas fechas) y con perspectivas razonablemente alentadoras para su porvenir. Entre enero de 1979 y diciembre de 2009 se han presentado, en las dos maestrías, más de un centenar de trabajos de grado (setenta y dos en Historia de las Américas, y treinta y dos en Historia de Venezuela). Por eso, y acaso como una referencia que seguramente será de interés para los investigadores, al final de este texto se presenta el inventario de los mismos. El deseo es que empiecen a tener un uso más amplio que el de ocupar su espacio en los anaqueles de la universidad, destino lamentablemente común de tantos esfuerzos intelectuales en el país.
* Este trabajo no hubiera sido posible sin la ayuda del Prof. Manuel Donís Ríos, Director del Doctorado de Historia y decano de los miembros del Instituto de Investigaciones Históricas “Hermann González Oropeza, sj”, quien nos dio orientaciones fundamentales para su desarrollo; de la Prof. Migdalia Lezama, que, generosamente, nos facilitó importantes datos sobre la historia de la Escuela de Educación de la UCAB; del Lic. Ángel Finocchiaro, de la Dirección de Recursos Humanos de la UCAB, que tuvo la amabilidad y la paciencia para buscar en sus archivos algunos datos que acá se presentan; sin el Prof. Zany Sandoval, de la Dirección General de Estudios de Postgrado, que puso su archivo y su prodigiosa memoria a nuestra disposición; sin la Prof. Lucía Raynero, que nos orientó en la biografía de Oscar Abdala; y sin la Prof. Esther Mobilia, que fue fundamental en la reconstrucción de la lista de los trabajos de grado defendidos desde la fundación del programa. A todos ellos, muchas gracias.
domingo, febrero 07, 2010
Mi solidaridad con mis estudiantes y todo el movimiento estudiantil venezolano
Muchachos: me siento orgulloso de ustedes. Porque sé que los valores y principios que le han transmitido sus padres y familiares, y nosotros los maestros y profesores, han rendido fruto. En especial me quiero referir a la labor que me ha tocado (y a tantos) como docente en el área de ciencias sociales.
Sus acciones son la prueba que nuestras palabras no se han perdido. No sirvieron nada más para aprobar los exámenes y celebrar en la fiesta de fin de curso. No son ideas de tiempos y tierras lejanas, lo que largas horas de clases en muchas ocasiones algo fastidiosas, intentamos sembrar en vuestras mentes. Al final; tantas conversas y discusiones, toda esta lucha personal por servirles de ejemplo, todas estas horas de correcciones y preparación de clases; han dado el más hermoso de los resultados.
Ha valido la pena contrastar el despotismo oriental con las formas de gobierno limitadas que se expresan en las ciudades-estado griegas y en la República romana. La historia de la lucha de las “clases medias” por la ciudadanía en Atenas como fundamento de la democracia ha sido comprendida. Ustedes se han hecho atenienses y romanos en tiempos de siglo XXI. La república democrática sobrevivirá.
Ha valido la pena hablarles del cristianismo como pasión, como valores inspiradores, como fe operante de la cultura occidental, y de Venezuela como hija legítima de Europa vía España. Ahora ustedes son concientes de ser nuevos apóstoles de la preocupación por el otro. Saben y sienten, que vale la pena la cruz que es permanecer en este trópico inseguro y poco prometedor, y salir a resistir pacíficamente los golpes de los centuriones de hoy. Vale la pena como valió hace 2000 años, porque saben que “después de la cruz siempre hay resurrección”.
Ha valido la pena hablar de la Ilustración, de los derechos humanos, del Estado en función de dichos derechos, de un poder que se autorregula. Pero muy especialmente de un pueblo que se revela contra la tiranía en la Francia de hace 200 años; y en una Capitanía General del Imperio Español. Recordar una generación de estudiantes que no tuvo miedo a los grillos, a la Rotunda, y al exilio; pero mucho menos al largo trabajo de día a día que significó fundar y conservar en pie a los partidos políticos sin los cuales es imposible la democracia.
Nadie puede venir a decirles impunemente “fascistas”, porque ustedes son herederos de la historia de la libertad. Ustedes conocen la acción del mal en el tiempo; y por conocerlo, por padecer las pretensiones de una triste repetición; es que siguen luchando.
Muchachos: no están solos. Vamos a reconstruir juntos este país.
sábado, febrero 06, 2010
Historiador venezolano (Elías Pino Iturrieta) opina sobre la designación de Ramiro Valdés como ministro en Venezuela
La hoja de méritos de Ramiro Valdés tiene como referencia su designación como Ministro de la Informática y las Comunicaciones de Cuba en 1996, empleo en el cual pudiera aferrarse el mandón para explicar la orden que ha dispuesto de nombrarlo asesor sobre las urgencias de energía y electricidad que padece Venezuela. Flaco argumento en un país que cuenta con un equipo de ingenieros capaz de enfrentar con sobrada eficacia los problemas del área, en caso de que existiera algún tipo de justificación en torno a la escogencia de un burócrata extranjero para funciones tan delicadas y peculiares. Pero, en especial, estrambótica y desvergonzada disposición si recordamos cómo, después de un récord de penumbras y apagones que va para 40 años, en la infeliz isla está prohibida la televisión por cable y requieren los particulares permiso del Gobierno para el acceso a la telefonía celular y la adquisición de computadoras, restricciones que la han convertido en el lugar más atrasado de América Latina en materia de tecnología relacionada con las comunicaciones.
jueves, febrero 04, 2010
Los venezolanos no pueden olvidar la efeméride de hoy (4 de febrero de 1992)
Hace 18 años el actual Presidente de Venezuela liderizó un golpe de Estado contra el gobierno electo democráticamente de Carlos Andrés Pérez, el cual fracasó. El mismo generó más de cien muertos e inició un proceso de inestabilidad política que todavía padecemos. Este es un hecho que no debe ser olvidado.No debe ser olvidado por la simple razón, que cuando olvidamos nuestros errores tendemos a repetirlos. Algunos dirán, que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Es cierto, pero la memoria por lo menos nos puede advertir los peligros del camino.
Me cuentan que Rómulo Betancourt, en tiempos de la década militar (1948-58) decía que todos los demócratas debían tener un retrato de Pérez Jiménez en su casa. Con el fin de nunca olvidar por qué habían perdido las libertades. Los venezolanos debemos
recordar todos nuestros personalismos. La democracia no sólo se fortalece practicándola, y conociendo su funcionamiento; sino también conociendo los peligros que la acechan. Me gusta pensar que la democracia no es sólo elecciones, derechos humanos, libertades, consensos; sino muy especialmente: antiautoritarismo.Los demócratas de Puntofijo, rechazaron los golpes de Estado como vías de cambio político tras la experiencia del Trienio adeco. Aprendieron, que estos sólo llevan al militarismo y al personalismo lastimosamente arraigado en nuestra historia. El 4 de febrero de 1992 fue la vuelta de nuestros fantasmas, fue la expresión de la necesaria responsabilidad que debemos tener todos en la defensa de la democracia. Hoy en día, este aprendizaje está más arraigado que nunca con la experiencia que nos está dejando la República militar chavista.
Vamos a reconstruir este país.







