sábado, febrero 20, 2010

Elías Pino Iturrieta estará en la Tertulia Histórica del Bolivarium (26 de febrero)

Elías Pino Iturrieta estará en la Tertulia Histórica del Bolivarium
Para el viernes 26 de febrero el Instituto de Investigaciones Históricas Bolivarium tendrá como invitado en su tertulia al profesor Elías Pino Iturrieta, director de la Academia Nacional de la Historia, quien presentará una ponencia titulada: "Abril de 1810: Temporada de estreno en Venezuela".
Esta tertulia, organizada en el marco de la conmemoración de los 40 años de actividades académicas de la USB, da inicio a la celebración conmemorativa en la USB de los Bicentenarios de Venezuela (1810-2010 y 1811-2011). Comenzará a las 11 de la mañana en la sede del Bolivarium, ubicada en el nivel jardín (entrada por la calle Inglesa) del Edificio de la Biblioteca de la Universidad Simón Bolívar.

Historiador venezolano (Elías Pino Iturrieta) nos habla sobre la historia de las relaciones Estado-Iglesia en Venezuela

Artículos de opinión de los historiadores
Transcribimos el artículo del historiador Elías Pino Iturrieta que publica todos los sábado en
El Universal. El subrayado es nuestro.
Los bienes de la Iglesia
¿Venganza contra las voces dignas de la Conferencia Episcopal?
Sobre las propiedades eclesiásticas se debatió en la república con interés desde sus orígenes, pero sólo en contadas ocasiones fueron sometidas a decisiones arbitrarias de un déspota. Un proyecto de organización laica de la sociedad no podía sino detenerse en el poder material de la institución católica y tratar de controlar su predominio frente a unas masas conmovidas por la guerra y por las sugerencias de la imprenta. Pero no fue asunto tratado a la ligera, ni sometido a los caprichos del personalismo. Memorables debates sobre la desamortización de las heredades del clero y sobre la presencia de los religiosos en los asuntos públicos, episodios imprescindibles en una fábrica de cuño liberal, enriquecen un acervo gracias al cual se llegó, con el correr del tiempo, a un vínculo equilibrado y respetuoso entre las potestades temporales y espirituales.
Las batallas de la Independencia y las primeras guerras civiles dejaron a la Iglesia en un estado de debilidad, casi de postración, que pudieron aprovechar los políticos y los hombres de armas para reducir a mínima expresión lo que parecía un escombro, pero no lo hicieron. ¿Por qué no aprovecharon la situación de menoscabo? Porque no se trataba entonces de borrar la historia para inventar una nueva, de arrojar al basurero los sentimientos de los antepasados y de los individuos del momento, sino simplemente de levantar, aunque no pocas veces en medio de descomunales desaciertos y de gran hostilidad, un hogar hospitalario para todos los venezolanos. De allí los miramientos con los voceros de una institución que, pese a los golpes recibidos, representaba un entendimiento del mundo en cuyo regazo se refugiaba la fe abrumadora de las mayorías. Así se explica un proceso de obligante concertación que comienza con Páez y desemboca en los adecos, si se quieren señalar algunos hitos. En el medio de ellos se atraviesa la intemperancia de Guzmán, y sus ganas de hacer negocio con los predios del altar, pero la golondrina sola no hizo verano.
De nuevo merodea una oscura golondrina sobre el tejado de los beneficios eclesiásticos. Unos beneficios, conviene remacharlo, que no se caracterizan por la opulencia sino por la modestia, acaso de las mayores modestias de América Latina; y por un evidente afán de servicio público, orientado a las clases más humildes de la sociedad. ¿Venganza contra las voces dignas de la Conferencia Episcopal? ¿Ataque artero contra la institución de mayor envergadura que se ha opuesto a su hegemonía? ¿Parte de un plan genérico contra la propiedad privada, que debe meterse poco a poco con los bienes de la Iglesia para que no quede lado sano en un plan de aplastamiento panorámico de las libertades que encuentran cobijo en la producción de la riqueza a través del trabajo de los particulares? Probablemente, dentro de un proyecto cuyo último propósito es la fragua de un entendimiento diverso de la evolución de la sociedad, la elaboración de una memoria unilateral y tendenciosa del pasado a través de la cual pueda sustentarse el "socialismo del siglo XXI". La magnitud del plan obliga a desarrollarlo a cuentagotas, en especial cuando arremete contra principios y objetos caros a la sociedad, pero el último fin consiste en la destrucción de la Historia y en la liquidación de los testimonios que la han alimentado hasta nuestros días.
Confiamos en que se equivoque el atacante cuando presume que sólo levanta ahora el mandoble para ganar una escaramuza de sacristías. La pretensión de disminuir los bienes de la Iglesia, o de liquidarlos por cuotas, supera los intereses de lo que pueda representar la presencia de los pastores y el escollo en que se han convertido frente a la mandonería. El adormecimiento de la sociedad, su lamentable mutismo ante una cadena de ataques contra diversos sectores de la colectividad, puede hacer que pensemos en el nuevo episodio de un conflicto que ganará el Gobierno sin mayor incomodidad. No obstante, ahora se mueve en terreno resbaladizo. Los bienes de la Iglesia no son como el resto de los bienes de los propietarios contra quienes ha desarrollado una política de paulatina destrucción. Son de este mundo, pero no del todo, según pudieron comprobar los adecos y antes Páez y Guzmán. No forman parte del mercado habitual. Son la médula de un inventario distinto de las ganancias y las pérdidas en el manual de los venezolanos, o así lo ha sentido la sociedad desde antiguo. Esperemos entonces a que la golondrina salga del alero de Gradillas, si se atreve, para presenciar la continuación de una historia que puede ser de lo más interesante.

viernes, febrero 19, 2010

Elecciones internas en el Partido COPEI (la visión de Luis Barragán)

Les dejamos el excelente artículo publicado en Analitica.com de nuestro admirado amigo: Luis Barragán.
Comicios que anteceden a otros
Consabido, la oposición democrática se apresta a la celebración de las primarias – como regla – para abanderar a los distintos candidatos al parlamento nacional. Valga resaltar la pluralidad de postulaciones para una compleja selección, contrastante con el dedo monocorde y presupuestario que asfixia al chavismo a favor del chavezato, la más clara y blindada expresión de poder en la Venezuela pedevisada.
Antes, la Democracia Cristiana hará sus elecciones internas, una deuda contraída ya por muchos años. Y, aunque algunos insistan, el problema no está en la celebración de la consulta, sino en una morosidad cívica que – precisamente – es la que ayuda a prolongarse a la secta oficialista, panfletaria y plebiscitaria.
Lejos de obstaculizar el normal desarrollo de las primarias, el acto comicial de COPEI contribuirá a la motivación y movilización de una militancia que también padece las nefastas consecuencias del régimen. Digamos, a nuestro modo de ver, todavía sobrevive el imaginario del partido descomunal, socio del bipartidismo, objeto susceptible de toda demora y maniobras, que ha ido cediendo poco a poco a la inmensa necesidad de vivir el momento histórico, actualizándose.
De modo que los comicios del partido están inscritos en una percepción y un desarrollo institucional que, como experiencia inicial, puede contribuir a unas primarias legítimas y convincentes, para ganar las otras experiencias indispensables. Por ello, insistimos, en la comprensión del partido como herramienta ciudadana de trabajo opositor al chavezato, y no un fin en sí mismo; en la recuperación plena de nuestra identidad ideológica, sabiéndonos concursantes de una futura transición que reclama de valores y principios sólidos; en la reconquista y perfeccionamiento de la comunidad de afectos que básicamente somos, aunque aparezcan posiciones destempladas, incluyendo las descalificaciones personales que tanto regocijan a Miraflores.
Nota importante, todos los venezolanos adquirimos la costumbre de renovar, sin renovación; cambiar, sin cambios; transformar, sin transformación, quizá por el sello petrolero de las expectativas y pretensiones que – engañándonos, como aconteció después de 1999 - se inflan irresponsablemente. Particular punto de vista, la modificación de los estatutos del partido, realizada en medio del interinato, nos devolvió a etapas superadas, marcado un autoritarismo incomprensible bajo el ropaje de un lenguaje aligerante, suerte de polvillo tenido por moderno, modernizante y modernizador: nos aprestamos luego a una adecuada reforma de las normas que rigen al partido, a objeto de sincerarlo como manifestación inequívoca de un instrumento democratizador.
COLETILLA: el mismo día que Felipe Torres del Olmo, falleció el Padre Luis Arizmendi (SJ). De aquél, queda un testimonio de convencimiento cristiano e, incluso, una labor de cronista citadino que se hizo sentir en las redes sociales. Y de éste, la estampa y la palabra del sacerdote que, desde principios de la década, nos atrajo por su fuste teológico y político, en San Francisco. Dios los bendiga y acoja en su seno.

jueves, febrero 18, 2010

“La otra isla” en la otra Venezuela

Publicado en Analitica.com
SUNIAGA, Francisco (2005), La otra isla, 6ª Ed., Caracas: Oscar Todtmann, 2009.

Sin duda que 6 ediciones en cuatro años es un éxito editorial en nuestro país. Y después de leer las dos novelas de Suniaga, en especial la que hoy comentamos, no nos queda duda en reconocer su maestría. He disfrutado La otra isla quizás más que El pasajero de Truman; a pesar de desarrollar en la segunda el tema que más me preocupa: la política. Me imagino que la razón es la distancia temporal. La locura de Diógenes Escalante ligada a una ruptura histórica (el 18 de octubre de 1945), es algo que no viví: ni en su tiempo ni en sus consecuencias. En cambio, el choque de los nostálgicos margariteños con la situación de deterioro de su tierra, es algo perfectamente entendible para mi generación. Un “adulto contemporánea” (nacido en los setenta), pudo vivir la Venezuela saudita y su deterioro a finales de los ochenta (la otra isla). Los venezolanos nos hemos hecho unos nostálgicos, no reconocemos la tierra en que nacimos; y añoramos lo que se fue.

¿Acaso algunos venezolanos no somos extranjeros como los protagonistas alemanes de La otra isla? Extranjeros en su propia tierra. No nos comportamos como las mayorías, no aceptamos la acción política del Estado y los que la apoyan, y estamos hartos de la violencia criminal. Somos iguales a los alemanes en Margarita. Nuestros parámetros de vida son los de otro pueblo: los de la Venezuela amable antes del Viernes Negro, y los de la racionalidad que estudiamos en la universidad o conocemos por efecto demostración vía medios y viajes al mundo desarrollado.

Wolfgang Kreutzer: era un individuo que vivía prestado en una isla caribeña de clima benigno y personas amables pero, adosada a ella, había otra realidad, otra isla donde la violencia era una savia que alimentaba lo cotidiano y se movía oculta bajo la aparente docilidad de la naturaleza y bondad de la gente. (…) La violencia en la muerte prematura y cotidiana, muerte joven, muerte pobre, muerte que cada sábado y domingo sigue la línea divisoria de las grotescas diferencias sociales. Violencia en la forma de mirar a la mujer del prójimo, en los perros de la calle peleándose por la perra callejera, en el hablar atropellado y alto de la gente, en los adjetivos usados sin disfraces de corrección, en la manera de conducir los coches, violencia que era inescapable, que venía con la vida. (pp. 174-175).

El autor, a través de una investigación policíaca de un suicidio con sospechas de homicidio. En medio de un contexto cultural de nuestro país de realidad violenta y diversa. Nos pinta el cuadro de una generación que vive como “náufrago abandonado en otra isla, aquella donde lo importante no importa y las desdichas de la gente común importan menos” (p. 257).


Autor: Carlos Balladares Castillo.

martes, febrero 16, 2010

Cambio de lecturas literarias para este año

Si busco leer la principal historiografìa nacional mejor repaso y leo lo que no he leìdo de la literatura venezolana, y dejo para luego la lectura de las novelas sobre dictadores.

Mi visión de Cabrujas

Autor: Carlos Balladares Castillo. Publicado en Analitica.
Al leer El mundo según Cabrujas, pienso en esa máquina demoledora que era su verbo. Nadie se salvaba de su crítica feroz combinada con humor. Tenía algo de socrático, pero, me pregunto: ¿Dónde estaba su mayeútica? ¿Qué ofrecía como alternativa a su repudio sobre la democracia puntofijista?. El caso Cabrujas puede ser un buen tema de estudio para comprender las razones de nuestra quiebra democrático. Quiebra en que los medios tuvieron una parte de la responsabilidad.

No condeno a Cabrujas, admiro su
pluma inmensamente. Admiro su pasión por la palabra escrita, y también hablada (el teatro, las telenovelas). ¿Cómo negar que en mis tiempos universitarios la lectura de su columna influyó sobre mi forma de escribir? ¿Cómo no admirar “La dueña” que disfruté en mi niñez? Anhelé emularlo siempre, pero otras influencias me alejaron de una crítica desmedida… Cabrujas fue un buen ejemplo del espíritu “hipercrítico” que minó la moral democrática del venezolano. Pasamos de la fortaleza liberal al “no creer en nadie”, por un bombardeo permanente de las malas noticias; y por la creación de un “chivo expiatorio”: los partidos políticos, en especial los firmantes del Pacto de Puntofijo. No se puede negar que en ese tiempo no se tenía lo que poseemos ahora: la experiencia de la desaparición gradual de la democracia. Se confiaba plenamente que a mayor dureza en las palabras, a mayor ejercicio de la libertad de expresión; esta terminaría fortaleciéndose. Obviamente no fue esto lo que ocurrió, y se terminó siendo cómplice, sin quererlo, de los que tenían como meta la destrucción de las instituciones que sostenían las libertades.

El caso Cabrujas, fue además, el de la fascinación por el líder personalista militar; aunque a este le duró 9 meses. En cambio, hubo otros casos que supieron el peligro desde un principio. Me refiero especialmente al historiador Manuel Caballero. ¿A cuántos le duró diez años hasta que el desastre ya estaba consumado? ¿A cuántos la fascinación se le convirtió en espíritu mercenario por no llamarlo clientelar?. Pero a Cabrujas dicha conversión no le llevó a otro tipo de crítica. Identificó el peligro (“un nuevo mesías populista”), pero quizás su idea de país fracasado no le hizo considerar la posibilidad de un desastre mayor.

Uno de sus grandes aportes, es la creación de símbolos para comprender nuestra realidad. Entre ellos resalto: el Estado del disimulo y País campamento. Nos dice: “El país tuvo siempre una visión precaria de sus instituciones porque, en el fondo, Venezuela es un país provisional.” Es así como se fortalece el Estado del “me da la gana”; que se puede decir con una frase popularizada por un Presidente del siglo XIX: “La Constitución sirve para todos”. Es el personalismo siempre campante, disimulado con leyes, formas, y grandes palabras. “Nunca levantamos muchas salas de teatro en este país. ¿Para qué? La estructura principista del poder fue siempre nuestro mejor escenario.”

¿Hasta dónde hemos sido el fracaso que describe Cabrujas? Sin duda, él buscó despertar nuestras conciencias. A pesar de ello, pienso: una cosa es descubrir, evidenciar e identificar nuestros defectos; y otra hundirnos en el “acá no hay nada que hacer”, y esta última idea es la que me han transmitido sus escritos. Necesitamos una crítica realista (tal como no las dio Cabrujas), pero también: respuestas y optimismo. ¿O será que nuestro optimismo es otra forma del “disimulo” y Cabrujas tenía razón? Algo no se le puede negar: su genialidad y sinceridad.

Les dejo un video suyo, gracias a:
mrradugo
El dramaturgo José Ignacio Cabrujas, analiza la importancia histórica de Simón Bolívar y Juan Vicente Gómez. Programa: Historia Viva con Jorge Olavarría. Venevisión. Año 1995.



lunes, febrero 15, 2010

¿Qué es el chavismo? A principios del 2010 según Openheimer

Transcribimos el excelente análisis de Andrés Openheimer sobre el momento actual del Chavismo publicado en The Miami Herald. Feb, 7. 2010 Miami, EEUU
El presidente narcisista-leninista de Venezuela Hugo Chávez está enfrentando uno de los peores momentos políticos de sus 11 años en el poder, y las nuevas encuestas demuestran que -por primera vez en varios años- hay una luz al final del túnel para la oposición.En las últimas semanas, las cosas le han ido de mal en peor a Chávez. Venezuela tiene la inflación más alta de Latinoamérica, la economía se está desplomando, hay cada vez más cortes de luz y agua, el crimen callejero ha llegado a niveles sin precedente, las protestas estudiantiles han causado al menos dos muertes, las nuevas medidas gubernamentales contra las emisoras televisivas independientes han galvanizado a la oposición, nuevos escándalos de corrupción han manchado al gobierno y hay crecientes divisiones internas dentro del círculo íntimo de Chávez.Hasta la agencia de noticias The Associated Press, conocida por su prudencia, dijo en un cable desde Caracas que "el modelo de gobierno de inspiración socialista que Chávez (...) está debilitado y se tambalea''. Casi todos los medios internacionales prevén mayores problemas para Chávez en las elecciones legislativas de septiembre y en las elecciones presidenciales del 2012.No es sorprendente, entonces, que Chávez esté redoblando sus medidas autoritarias y reaccionando con bravuconadas. El 2 de febrero aseguró que permanecerá en el poder "otros once años'' y afirmó que su "revolución bolivariana'' continuará en pie "por 900 años''.

Encuesta HinterlacesUna nueva encuesta nacional realizada por la empresa venezolana Hinterlaces revela que la base política de Chávez está disminuyendo. Entre los hallazgos claves de la encuesta:

El 61% de los venezolanos cree que el país está mal encaminado, mientras el 37% dice que va en la dirección correcta.
El 78% de los venezolanos dicen estar en desacuerdo con la reciente decisión de Chávez de eliminar la emisora RCTV del sistema de televisión por cable, mientras tan sólo el 18% aprueba la medida. La emisora de aire de RCTV había sido clausurada en el 2007.
El 61% de los venezolanos respalda las protestas estudiantiles contra Chávez, mientras que el 30% las condena.
El 87% de los venezolanos no quieren que su país se parezca a Cuba, mientras que el 9% dice que le gustaría que así fuera.
El 28% dijo que votará por los candidatos chavistas en las elecciones legislativas de septiembre, mientras el 26% dijo que votará por la oposición y el 34% que elegirá a candidatos independientes.
El 55% de venezolanos se definen como "ni pro-Chávez, ni anti-Chávez'', mientras que el 27% se considera chavista y el 14% se considera "opositor''.
El 65% de los venezolanos dice que el país necesita nuevos líderes, mientras el 21% está en desacuerdo con esa idea.
La estrategia de Chávez será profundizar la polarización en el país, redoblando su campaña de "divinización'' de la pobreza y de fortalecimiento de "la identidad de clase popular-socialista'', mientras al mismo tiempo estigmatiza a los líderes opositores calificándolos de oligarcas, afirma la encuesta en su parte analítica."La gran fortaleza del presidente Chávez es la ausencia de alternativa'', dice el informe. "Emerge una nueva mayoría nacional que no está conforme con el presente, pero tampoco quiere volver atrás. En Venezuela, lo que hace falta no es un Gran Líder (...) Uno de sus problemas es que tiene demasiados "líderes".En una entrevista telefónica, el presidente de Hinterlaces, Oscar Shemel, me dijo que el líder opositor con el más alto porcentaje de intención de voto, el brillante ex alcalde de Chacao Leopoldo López, sólo tiene el 4% de los votos. "El panorama en el campo opositor es desolador'', señaló.

Mi opinión:
Chávez está más debilitado que en mucho tiempo, y -a menos que se disparen los precios del petróleo- su desastrosa gestión hará que las cosas se le compliquen aún más. Su plan será "huir para adelante'', tratando de incitar la lucha de clases y quizás crear un autogolpe para luego cancelar las elecciones legislativas de septiembre.Pero para derrotar a Chávez en las elecciones del 2012, la oposición necesitará encontrar un "outsider'', una versión local de la ex presidenta de Nicaragua Violeta Chamorro, una viuda cuyos hijos habían militado en ambos bandos de la guerra civil nicaragüense en la década de los 80.Podría ser alguien como la presidenta de la Universidad Central de Venezuela Cecilia García Arocha, o el gobernador del estado de Lara, Henry Falcón, o cualquier otra figura que pueda predicar un mensaje creíble de reconciliación nacional y recuperación económica. Una candidatura de este tipo podría tumbar a Chávez y hacer pasar a la historia como una payasada mayor que las habituales su pretensión de establecer un "Reich'" de 900 años.

domingo, febrero 14, 2010

Minibiografía del historiador Tomás Polanco Alcántara

EL NACIONAL - Sábado 13 de Febrero de 2010 Papel Literario/6

Tomás Polanco Alcántara y el destino de una vocación

RAFAEL ARRÁIZ LUCCA

Desde muy joven me domina una acentuada curiosidad por desentrañar el origen y el desarrollo de una vocación. Naturalmente, me inquieta lo contrario: qué pasa con quien no la tiene, cómo vive, qué le entusiasma. Dos caras de la misma moneda: a unos los mueve un destino; otros sobreviven a su falta. Es importante distinguir entre una vocación y una obsesión. La primera, por lo general, conduce a que quienes vuelan con ella dispongan de su tiempo, administren la voluntad y, finalmente, concluyan las obras con las que sueñan. La obsesión, por su parte, es quijotesca, domina todos los ámbitos y conduce a la imantación de la realidad por parte de un solo conducto. Es disolvente. Tomás Polanco Alcántara alimentó una vocación que no fue temprana ni tardía, sino de la madurez. Si trabajamos con su hoja de vida, como lo hizo su biógrafo Rodrigo Lares Bassa, tocaremos el cuerpo de algunos datos significativos para la comprensión de su aventura de conocedor de la vida de los otros. Me adelanto a señalar que no ha habido otro biógrafo en Venezuela que haya abordado el análisis de más vidas, y con mayor documentación, que Polanco Alcántara. Paso revista al siglo XIX y no advierto otro igual en su tarea; me detengo en la centuria pasada y tampoco. ¿Quién ha escrito once biografías de venezolanos, en la mayoría de los casos, de dilatadas extensiones y suficientemente documentadas? Que yo sepa, nadie. Por ello, si alguien en Venezuela se granjeó el título de biógrafo con absoluta legitimidad, ese fue Polanco Alcántara.


Su obra, que si la calificamos de monumental no exageramos ni un ápice, fue publicada entre 1979 y 2002. Es decir, en apenas veintidós años, los que se corresponden con la tercera y última etapa de su vida, si la dividimos en tres partes de veinticinco años, de un hombre que vivió setenticinco. Para 1979, Don Tomás contaba 52 años, entonces ya tenía años impartiendo asignaturas en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela y en la de la Universidad Católica Andrés Bello, además de haber sido profesor de Historia en colegios de bachillerato; ya había sido Embajador de Venezuela en Chile, España y en las Naciones Unidas, en Ginebra. Por supuesto, su prole de nueve hijos, habidos con su esposa y compañera de siempre, María Antonia Fernández, ya eran entre jóvenes adultos y adolescentes. Para entonces, el ejercicio profesional del Derecho había sido su ámbito de realización personal, junto con la docencia, así como las artes de la diplomacia, aunque las desarrolló por un quinquenio (1969-1974), apenas. En otras palabras: el hombre que va a hallar su destino de biógrafo a partir de sus cincuenta años, tiene en su haber una dilatada experiencia docente; un acendrado ejercicio del Derecho en sus facetas administrativas, contractuales y bancarias; un intenso, breve y brillante paso por la diplomacia. ¿Alguna de estas tareas desempeñadas con acierto, presagiaban que se entregaría a la tarea de biógrafo de la manera empeñosa y absoluta como lo hizo? No específicamente, pero sí en otro sentido: ya Polanco se avenía con la escritura. Su bibliografía jurídica era para entonces importante y sostenida. Desde finales de la década de los años cincuenta publicaba monografías, estudios, tratados sobre Derecho administrativo y constitucional y, si colocamos la lupa en ellos, advertiremos que la pasión por la historia venezolana ya se imbricaba con el Derecho. Luego, sus tareas de Embajador fueron propicias para la reflexión escrita acerca de personajes de nuestra historia. El Libertador, Miranda, Bello, fueron objetos y sujetos de sus disertaciones.

En los años chilenos publicó su primera tesis histórica, Seis ciclos en dos siglos de historia venezolana (1971), y de sus años madrileños emanó decantado su libro Perspectiva histórica venezolana (1974). Era un hecho: la pasión venezolanista había tomado su espíritu, pero se necesitó que ella tomara cuerpo en la indagación de venezolanos con los que en muchos sentidos se identificaba. Así, no es gratuito que su primera biografía completa fuese la de José Gil Fortoul. Es evidente que estaba ensayando con un historiador, un civil, un escritor, un hombre de Estado, un diplomático, todo lo que en alguna medida también Polanco Alcántara era. Luego, el derrotero fue similar: Caracciolo Parra Pérez. Pero después el biógrafo abandonó a sus análogos y penetró en otros mundos, conocidos por él, pero no experimentados en carne propia. Ese paso lo da con la biografía del general Eleazar López Contreras y con la de un escritor casi a secas: Pedro Emilio Coll. Ya entonces la curiosidad del biógrafo había desbordado sus cotos de caza naturales y penetraba en algo fascinante: la vida de los otros, los distintos, los que pueden estar incluso en las antípodas de nosotros mismos. Conocí a Don Tomás en 1976, cuando empecé a estudiar Derecho con Manuel Polanco Fernández, un amigo entrañable al que estimo profundamente. Recuerdo como si fuera hoy el día en que me dedicó un libro en su imponente biblioteca: Personalismo y legalismo de Jesús Muñoz Tébar, con un estudio introductorio firmado por él; yo era un muchacho de 17 años con el pelo totalmente raspado y una gorra de pelotero, como consecuencia de aquellos bautizos universitarios, que ahora brillan por su ingenuidad.
No puedo recordar aquella biblioteca sin emocionarme: era de las que a mí me gustan, repleta, con ese olor mil veces bendito de los libros que, además, crean una suerte de valladar contra el ruido y siembran uno de los bienes que más aprecio: el silencio. Para entonces, sospecho que Don Tomás tenía previsto su destino si la Providencia se lo permitía: entregarse al análisis de la vida de los otros con el afán, indeclinable, de comprenderla. Lo logró. Una tras otra, con el fervor del relojero que anhela escuchar las campanadas de las máquinas que compone, Polanco Alcántara fue haciéndose viejo y multiplicaba su fertilidad, tanto como en sus primeros años cuando adelantó una gesta poblacional, pero que ahora se expresaba en biografías. José Gil Fortoul (1979), Caracciolo Parra Pérez (1982), Eleazar López Contreras (1985), Pedro Emilio Coll (1988), Juan Vicente Gómez (1990), Antonio Guzmán Blanco (1992), Eugenio Mendoza Goiticoa (1993), Simón Bolívar (1994), Francisco de Miranda (1997), José Antonio Páez (2000) y Arturo Uslar Pietri (2002). Sabemos, además, que había tomado notas para su próximo trabajo, que apenas esbozó antes de que lo alcanzara la muerte: Rómulo Betancourt. Si observamos con cuidado la secuencia, notaremos que cada tres años estaba lista una investigación, y que no había concluido una cuando ya tenía entre ceja y ceja la próxima. Esto se llama fervor, vocación, voluntad y alegría de vivir, sin más.
Esta lista asombrosa de biografías me tomó segundos leerla, pero detrás de ella hay 25 años de investigación documental, de hurgar en archivos en Venezuela y en la Biblioteca del Congreso en Washington, de trabajo conjunto con su mujer: suerte de ave propiciatoria para el vuelo del escritor, como creo que ha habido muy pocas en la historia de la escritura en nuestro país. En la biografía-reportaje de Rodrigo Lares Bassa, Historia de un camino, se anexa una carta del propio Polanco Alcántara a Lares Bassa, comentándole su trabajo. Entonces, el oficio de biógrafo del biografiado se le sale por los poros. Polanco Alcántara organiza su propia vida en cuatro etapas. La primera, del nacimiento a la graduación de bachiller; la segunda, desde entonces y hasta su nombramiento como Embajador de Venezuela en Chile, en 1969; la tercera, desde 1969 hasta su incorporación a la Academia Nacional de la Historia, en 1979; y la cuarta, desde entonces y hasta su muerte en 2002. Como advertimos antes, la etapa del biógrafo es la última, la que comienza con la publicación del tomo sobre Gil Fortoul, en 1979. Refiriéndose a esta etapa final, en la carta referida, afirma Don Tomás: "Entraba en otra etapa, que todavía no ha terminado y que exige dedicación prácticamente completa: investigar, estudiar, escribir y publicar la vida de grandes venezolanos. Lo que había hecho hasta ese entonces, no solamente no me hacía daño para esa nueva actividad, sino que en cierto modo la facilitaba".
Es cierto, vista a la distancia, la vida de Polanco Alcántara fue una meticulosa preparación para la tarea de su último período. Incluso, hubo un momento en el que el futuro biógrafo hizo sus primeros ejercicios. Me refiero a las semblanzas que fueron escritas para ocasiones discursivas particulares y que luego compondrían el libro Un pentágono de luz (1982). Cinco retratos integran el título: Bolívar; Isabel, la Católica; Cristóbal Hurtado de Mendoza; Antonio Ricaurte y Andrés Bello. El mismo proceder tuvo lugar con el libro Once maneras de ser venezolano (1987), compuesto por semblanzas de Francisco de Miranda, José Antonio Páez, Mariano Montilla, Pedro Gual, Jesús Muñoz Tébar, José Gil Fortoul, Monseñor Nicolás Eugenio Navarro, Mario Briceño Iragorry, Monseñor Carlos Sánchez Espejo, Arturo Uslar Pietri y Carlos Felice Cardot.
Como vemos, cuatro de estos bocetos funcionaron en el proyecto intelectual del biógrafo como bocetos de trabajos mayores, es el caso de Miranda, Páez, Gil Fortoul y Uslar Pietri. Algo similar ocurre con su otro título de bosquejos biográficos, Un libro de cristal (1988), en el que se leen semblanzas de Eleazar López Contreras y Caracciolo Parra León, que dieron paso a estudios más extensos, no pasó así con los retratos de Diego de Obaños y Sotomayor, Rafael Urdaneta, Tulio Febres Cordero, Diógenes Arrieta, Carlos Soublette, José Tadeo Monagas, Juan Crisóstomo Falcón, Joaquín Crespo, Manuel Felipe de Tovar, Juan Pablo Rojas Paúl y Rómulo Gallegos. Diez años después, en 1988, recogió el autor todas las semblanzas en un solo tomo.
Venezuela y sus personajes, se titula. Añadió los escritos en la década siguiente: Antonio José de Sucre, Cecilio Acosta, Cipriano Castro, Pedro Manuel Arcaya, José Gregorio Hernández, Gumersindo Torres, Pedro José Muñoz, Andrés Aguilar, Manuel Pérez Vila, Antonio Moles Caubet, Isaías Medina Angarita, Tulio Chiossone, y los brevísimos apuntes o pinceladas de José Antonio Calcaño, Francisco Manuel Mármol, Víctor M. Álvarez, Francisco Herrera Luque, José Santiago Núñez Aristimuño, Carlos Pérez de la Cova. Vista la lista de personajes históricos en el orden político, es evidente que Polanco Alcántara se propuso biografiar a los principales y concluyó su proyecto. Del siglo XIX los sustanciales están (Miranda, Bolívar, Páez y Guzmán Blanco), del XX casi todos los que le interesaban. Por otra parte, el propio biógrafo advierte que entre sus investigaciones, sólo una se centró en una mujer: Isabel, la Católica. Así lo refiere cuando señala que después de leer Aproximación a la feminidad de su amigo el psiquiatra Fernando Rísquez, cae en cuenta de esta ausencia. En su descargo hay que señalar que la totalidad de sus biografiados son hombres públicos y, como se sabe, la mujer llegó a ser un sujeto político en Venezuela a partir de la Constitución Nacional de 1947, que consagró la universalidad del voto.
Concluyo con extractos de una carta que dejó Don Tomás a sus hijos. Suscribo íntegramente lo que dice y los hago míos: "No le guarden rencor a nadie. No odien a nadie. Esos sentimientos hacen mucho daño a quien los experimenta... no discriminen a nadie por su raza, su nacionalidad, su idioma, sus costumbres, el color de su piel. Por nada. La discriminación es una forma cruel de dañar a gente inocente. Por eso es abominable... Contribuyan a que el nuestro sea un país donde exista libertad, tolerancia, progreso. Cada uno debe hacer lo suyo sin creerse redentor de la patria...".

sábado, febrero 13, 2010

"El pasado tiene su lugar" (entrevista a Ana Teresa Torres)

Transcribimos esta excelente entrevista publicada hoy.

EL NACIONAL - Sábado 13 de Febrero de 2010 Papel Literario/4

"El pasado tiene su lugar" Ana Teresa Torres (Caracas, 1945) es narradora y ensayista. También es Miembro de Número de la Academia de la Lengua. Ha publicado, entre otras, las novelas Doña Inés contra el olvido (1992), Malena de cinco mundos (2000), Los últimos espectadores del acorazado Potemkin (1999) y El corazón del otro (2004). En esta edición se ofrece a los lectores una conversación con la autora a propósito de su reciente título La herencia de la tribu. Del mito de la Independencia a la Revolución Bolivariana


DIAJANIDA HERNÁNDEZ G. Y VIRGINIA RIQUELME (FOTOGRAFIA: BELINDA UZCATEGUI)

¿Cómo fue el proceso de escritura e investigación para llegar a La herencia de la tribu ?
El proceso comenzó hace diez años, cuando se produjo en Venezuela una situación que considero inédita, que cambió las reglas del juego político que estaban funcionando y se produjo un fenómeno que ha sido trascendental para todos los venezolanos; un fenómeno que produjo un gran impacto social, político, histórico en Venezuela.
Entonces me vi llevada a observar ese fenómeno. Cuando digo observar me refiero a leer artículos, pero básicamente digo que el libro es el producto de diez años de televidente, de observar en televisión cómo se ha ido desarrollando el discurso político, porque no me meto dentro de lo que sería el análisis de las políticas del gobierno sino exclusivamente en el discurso político. Por otra parte comencé a escribir sobre el tema en 1999 y 2000 en una columna que tenía con cierta frecuencia en un diario y también escribía para jornadas y seminarios sobre el tema; claro, la idea de articularlo como un libro sí vino mucho después, quizás en 2008. Todo esto me llevo a revisar los temas de los mitos fundacionales venezolanos y a buscar bibliografía sobre ese punto, que resultó bastante fácil porque en los últimos años se ha escrito mucho sobre Bolívar y la Independencia. Luego vino una segunda parte que no estaba en mis propósitos originalmente pero que me pareció que estaba relacionada: el tema de los proyectos de modernización que ocurren en Venezuela en los años treinta y cuarenta que están vinculados con la expansión petrolera y los años de la democracia representativa; allí utilicé de nuevo el mismo proceso de buscar bibliografía sobre el particular y organizarla vinculada con el discurso político que es lo que me interesa. La última parte son básicamente discursos --alocuciones presidenciales en su gran mayoría-- donde trato de demostrar que ese discurso político está construido con unas ciertas claves, pero que está permanentemente referenciado por los discursos anteriores que tienen que ver con los mitos fundacionales. Es decir, que ese discurso de la Revolución Bolivariana crea una ficción política, pero que no es una ficción política que surge de la nada. Me parece muy importante resaltar este punto porque a veces dentro de la cantidad de información y de eventos que han ocurrido en estos años pareciera que fue algo que surgió de no se sabe dónde; pues no, esto está íntimamente relacionado con el pensamiento y el imaginario venezolano y con los mitos de la fundación de la nación. Esto es lo que trato de demostrar con la bibliografía: mostrando los textos y las situaciones sobre el estudio del pasado con el presente. Esa es la historia del libro y de los insumos, que son dos: la bibliografía y mi propia interpretación de los discursos políticos actuales.
¿Cree que esta etapa que comenzamos a vivir desde 1999 ha estimulado la revisión de la memoria histórica y heroica que están instaladas en el colectivo venezolano?
Sí, claro. Por eso comentaba que en los últimos años ha surgido una bibliografía bastante extensa sobre el particular. Pero, efectivamente, hay muchos estudios y publicaciones, básicamente por el lado de los historiadores. En mi bibliografía recojo fuentes historiográficas, pero no únicamente, porque creo que el fenómeno no es solamente historiográfico, creo que están las fuentes de la antropología social, que ha sido mucho menos tomadas en cuenta, de la psicología social y referentes generales de la cultura que se pueden ver en las artes plásticas o en la literatura. Pero, ciertamente, se ha publicado bastante sobre este tema, un tema que estaba de cierta forma dormido, es decir, no era un tema necesario (yo diría afortunadamente) porque durante el sistema democrático el imaginario tenía otros referentes y esto estaba subterráneo, no había la necesidad de estar revisando algo que estaba en el imaginario venezolano, que no estaba en la superficie, que no tenía una manifestación política interesante. El fenómeno es que eso que estaba subterráneo no solamente aflora sino que aflora en forma de propuesta política. Eso es lo que considero inédito. Todos esos mitos que están ahí, dando vueltas en el trasfondo de la sensibilidad venezolana, de pronto quedan afuera, se transforman en una propuesta política y esa propuesta hace contacto con mucha gente y hace mucho contacto precisamente porque estaba adentro, porque tiene que ver con la gente. La intensidad de la propuesta está vinculada a que está dentro de la historia y sobre todo dentro de la sensibilidad más o menos consciente de los venezolanos.
En el libro se plantea que la memoria del venezolano es esencialmente heroica y no civil. ¿Cree que ese proceso de revisitar el pasado y rescatar nuestra memoria civil nos ayudaría como colectivo? No lo sé. No podría contestar, pero esperaría que sí. Creo que sería interesante que la sociedad venezolana pudiera darse cuenta de que esa mitología no la ha inventado el presidente Hugo Chávez, no son su producto, él lo ha tomado de la sensibilidad venezolana, estaba allí; de forma tal que todos esos mitos fundacionales y lo que se desprende de ellos estaba antes, está ahora y estará después. Lo que quiero decir con esto es que la sociedad venezolana debería aprender la lección de que hacer propuestas políticas con unos mitos fundacionales que tienen dos siglos es un problema y que es necesario revisar nuestros discursos públicos y nuestros valores y construir una memoria civil, que existe. Es decir, existen los elementos, lo que no está es construida como relato. Hay una gesta civil y una gestación civil del país, pero eso siempre ha estado en un segundo nivel.
¿Cree que si se tomara en cuenta el discurso civil, la mirada hacia el futuro dejaría de ser utópica?
Por lo menos se rebajaría el tono utópico. La cuestión utópica está vinculada con el mito del pasado porque viene de la misma raíz. Toda la Independencia de Venezuela se empieza a construir con una visión utópica de producir la independencia de toda América, lo que llaman el sueño del Libertador. Ese sueño fracasa, fracasa porque era una utopía, precisamente, y parte del mito es cargar con ese fracaso y cargar con un héroe fracasado que es un problema muy grave, porque es una tarea que no se cumplió y como no se cumplió permanece, entonces resulta que nosotros tenemos que seguir haciendo esa empresa continental.
Todo esto te aparta del presente inmediato y del futuro a mediano plazo, del futuro realizable; frente a esas metas inmensas y extraordinarias e históricas la construcción a mediano plazo, lo que se llama en otros países la previsión (cómo prever los problemas que va a tener la sociedad, cómo buscar las soluciones no después de que ocurre el problema sino 10 o 15 años antes de que ocurra) es muy difícil en Venezuela y no ahora, siempre lo ha sido: una visión donde siempre va a haber un proyecto, todo va a ser fantástico, ¿y mañana? Siempre pensamos cosas muy grandes y eso ha producido mucha impotencia en el venezolano que en el fondo se siente muy desvalorizado cuando compara sus realizaciones con otros países y se siente en desventaja, vemos que hemos sobrevivido porque tenemos una enorme fuente de riqueza que ha permitido tapar huecos una y otra vez. Pero el punto importante es la sensación de frustración del venezolano al ver que las metas comunes de la sociedad no se logran, que van cambiando, que siempre se va a volver a empezar, que nunca es un puente sino un elevado. Para que esto no fuera así tendrías que hacer una revisión de la mirada de la sociedad hacia la construcción no de utopías sino de las necesidades de una sociedad determinada. Creo que esa es una tarea pendiente.
¿Un estado ideal sería incorporar el pasado mas no revivirlo?
Claro, el pasado tiene su lugar. Todos las naciones tienen mitos de fundación, pero hay que darles su sitio y su sitio es hace 200 años. Una de las ideas más absurdas, que no es, repito, del presidente Chávez, sino que ha estado constantemente en el discurso es que el pensamiento de Bolívar pronostica el futuro. ¿Cómo puede funcionar el pensamiento de alguien de hace 200 años con las transformaciones de hoy? Se le dio una condición oracular: en su pensamiento estaba todo el destino de América y, desde luego, de Venezuela. Eso no es darle su lugar, su lugar está en lo que se creó y se gestó en el pasado, que fue el nacimiento de una república y no sólo de una república sino de las repúblicas americanas y de la ruptura del orden monárquico occidental; eso no se puede tocar, pero de allí a que yo vaya al siglo XXII pensando que ahí voy a encontrar las claves de lo que le ocurre a la sociedad es una cuestión meramente religiosa y ese sería otro tema interesante para revisar.
Del libro se extraen varias conclusiones. Por ejemplo, ese sino trágico y contradictorio que tiene el venezolano: se libertaron varios países de América a cambio de la destrucción del país; y cargamos una memoria heroica mas no civil. Uno se pregunta si en el fondo el venezolano es un ser profundamente nostálgico y no lo asumimos. Es que se produce una nostalgia si te están diciendo, generación tras generación, que lo más importante de tu historia como país está en el pasado; te están obligando a la mirada nostálgica, no porque tú como persona seas nostálgica ni porque la sociedad sea nostálgica. Creo que allí tienen un gran papel los textos escolares, porque estas son cosas que empiezan en primer grado y ahí te van sembrando una idea. Si te están diciendo que lo más importante que ha pasado en tu país ocurrió en 1810, te obligan a la nostalgia. Y no sólo a la nostalgia, sino a cierta forma de fracaso porque como no puedes volver a 1810 todo lo que vayas a hacer en adelante empieza a ser irrelevante en comparación con 1810. Ahí hay un problema que ahora podemos ver con claridad, estoy segura que cuando esto comenzó se pensó que era muy importante en ese momento para la articulación de la sociedad venezolana, que era muy fragmentaria, no creo que se pudo pensar que el efecto terminaría siendo el que ha sido. Ahora sí sería una responsabilidad importante tratar de pensar que no necesitamos un nuevo Mesías ni necesitamos tomar la palabra de Bolívar, ahora sí tendríamos razones para decir esto no ha sido tan positivo.
Por otro lado, se me olvidó antes mencionar que parte de esos mitos fundacionales que nos diferencian de otros países de América Latina es el mesianismo militar. En Venezuela, a fin de cuentas, en toda su historia republicana podemos hablar de unos cincuenta años civiles, lo demás es historia militar y esa es una diferencia con otros país de América Latina, porque el ejército venezolano es descendiente del ejército del Libertador, forjador de libertades. No es el ejército represor o temido de otros países, no, es un ejército que hereda las glorias del Libertador, ¿Qué hace eso? Hace que muchas personas tengan nostalgia de algo que no ha ocurrido, que un militar puede ser más oportuno para gobernar porque es más honesto, porque es más ordenado; tiene una serie de atributos que no tienen nada que ver con la realidad, pero que están, independientemente de que la persona pueda tener una orientación a la derecha o a la izquierda, es como una sensación de que los militares resuelven las cosas. Pienso que esta experiencia puede ser útil para medir que no siempre los militares pueden resolver las cosas y que los civiles, por el contrario, tienen mucho que aportar en todas las áreas.
Con la lectura se nos ocurría pensar que otra de las tareas que tenemos pendientes es vernos en los testimonios de los protagonistas de esa historia, en lugar del relato que se ha cimentado desde el poder, para construir un relato distinto al "oficial". Claro, porque finalmente la historia siempre es un relato. Toda historia es un relato. Es una versión que se escribe sobre unos hechos y quien la escribe pudo ser testigo o no. Es una versión y dentro de esa versión, por supuesto, las orientaciones políticas juegan un papel. Pero me parece interesante esa idea que plantean que sería contrastar, en la medida que es posible, los relatos civiles que tenemos que ofrecer. Creo que además es muy fácil porque hay un gran vacío. Es decir, fácil en el sentido de que no hay mucho temor de repetirse, hay un gran vacío de información para el ciudadano común de algunas personas o agrupaciones que han desarrollado obras importantísimas a lo largo de la historia de Venezuela; empezando por la Independencia que es en principio una gestación civil. Yo estoy ahorita, por ejemplo, escribiendo una biografía sobre Lía Imber de Coronil y al construir la historia sobre ella --es la primera médica venezolana y trabajó en la línea de la pediatría social-- voy encontrándome con las figuras de médicos y de personas que trabajaron para crear toda la estructura sanitaria del país, eso es importantísimo, independientemente de que algunas instituciones fracasaran o no, hay que ver el esfuerzo enorme de cantidades de personas que construyeron la infraestructura de salud y así lo habrá en todas las área.

viernes, febrero 12, 2010

TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009) (V)

En segundo lugar, favoreció la incorporación a la UCAB de egresados y profesores del Pedagógico y de la Escuela de Historia de la UCV a fin de que integraran su cuerpo docente. Ellos favorecieron un nivel de discusión y un ambiente que reforzó la investigación. Entre los más destacados se recuerdan al Padre Hermann, que dictó durante años el seminario de historia para los alumnos del último año de Ciencias Sociales, enamorando –después de asustarlos un poco con su imagen ceñuda y su voz de trueno: nomás que la fachada de un corazón de oro- a muchos para la investigación y, con ojo de scout, buscando talentos para futuros historiadores. Aureo Yépez Castillo escribió sus manuales de historia antigua (algo así como desarrollos específicos de diversos capítulos de su celebérrima Historia Universal de secundaria), fundamentalmente para sus alumnos de la UCAB. También redactó la historia de la universidad6. Adolfo Ostos en geografía –y primer jefe de departamento en 1972- y Santos Rodulfo Cortés en historia marcaron a generaciones de ucabistas. Un joven Elías Pino Iturrieta empezó a tejer sus ideas sobre el devenir republicano de Venezuela en la cátedra de Historia de Venezuela II. Héctor Zamora lleva décadas iniciando (y también enamorando) a los futuros docentes en el estudio de la geografía. En los pasillos, además, coincidían con otros historiadores que se desempeñaban en otras escuelas –Comunicación Social, Letras, Ciencias Sociales- en las que también hay cátedras de historia, como Manuel Pérez Vila, Guillermo Morón, Tomás Polanco Alcántara –aunque éste en la Escuela de Derecho, centrado en temas jurídicos- y Carlos Rodríguez Ganteaume, por sólo nombrar a tres.
El nacimiento de la maestría.
Pero hay otro de estos profesores venidos de la UCV y del Pedagógico que debe ser destacado: Oscar Abdala (1928-2003). Licenciado en historia egresado de la Universidad Central de Venezuela, con estudios de postgrado y diversas relaciones académicas en los Estados Unidos, con una larga vida docente y administrativa, pero además con la singularísima circunstancia de que antes de su “conversión” a académico e inscripción en la Escuela de Historia, sirvió durante varios años –y justo los muy tormentosos que fueron del 18 de octubre a la caída de Pérez Jiménez- en la Armada venezolana, por lo que era también un hombre de mar y de galones castrenses. En 1969 ingresó al Departamento de Ciencias Sociales. Acá haría escuela. Era uno de esos viejos maestros brillantes en la cátedra -sus eruditas clases de historia moderna aún son muy recordadas, con cariño y admiración- aunque poco dados a la escritura, que “amasaba” y deleitaba a sus alumnos, convencidos de que la educación es fundamentalmente un proyecto moral, que se construye con la cabeza y con el corazón.

Pues bien, hacia mediados de la década de 1970, Abdala propone y empieza a diseñar una maestría en historia de América dentro del marco de la Facultad de
Humanidades y Educación. Su preocupación estaba en buscar un remedio para las deficiencias en la formación de los profesores de historia de bachillerato, cosa que ya evaluaba como muy peligrosa entonces; así como en crear una alternativa a los enfoques imperantes en la Escuela de Historia de la UCV y en la recién nacida maestría de aquella universidad. Además temía por su viabilidad a largo plazo por ciertos problemas que ya identificaba entonces.

(6) Aureo Yépez Castillo, La Universidad Católica Andrés Bello en el marco histórico-educativo de los jesuitas en Venezuela, Caracas, UCAB, 1994.

jueves, febrero 11, 2010

TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009) (IV)

Además, el IIH –junto a las maestrías- en buena medida recogió el estudio de la historia eclesiástica, la etnohistoria y la lingüística. Tal vez donde haya una deuda es en el estudio de las lenguas indígenas, en el que la UCAB hizo tantos aportes. Del mismo modo, la revista Montalbán, que desde 1972 viene recogiendo y publicando los resultados de las diversas investigaciones desarrolladas por estos centros –así como por investigadores de otras universidades- hoy es editada por el Instituto, como una publicación arbitrada e indizada de historia. En sus primeros años fue una publicación más general, con énfasis en la antropología –Angelia Pollak-Eltz fue su directora por muchos años y logró convertirla en una referencia internacional en el área- aunque siempre de textos académicos. Para finales de 2009 ya sumaba cuarenta y tres números (4). A esto habría que agregar que, antes de que se centralizaran las ediciones de la universidad en Publicaciones UCAB, el IIH editó varios libros, algunos, en realidad, separatas de Montalbán, que en los setentas llegó a sacar monografías de más de un centenar de páginas, en números que llegaban al millar; pero también editó otros estudios inéditos hasta entonces. Tal labor editorial del IIH está por estudiarse.
A partir 2001 el IIH –primero al alimón con el desaparecido Centro de Estudios Religiosos; y ahora con el Centro de Investigación y Formación Humanística, que lo absorbió- organiza unas jornadas de historia y religión, que ya tienen diez ediciones, con cuyas ponencias se ha constituido una buena colección de volúmenes5, y en las que cada vez se cuenta con una participación más amplia de investigadores de universidades nacionales y extranjeras. Sólo para redondear la impronta del IIH, valga la lista de los destacados investigadores que desde 1957 lo han dirigido: Pablo Ojer Celigueta, sj; Juan Echeverría Goenaga; José del Rey Fajardo, sj; Fray Cesáreo de Armellada, ofm-cap; Hermann González Oropeza, sj; Manuel Donís Ríos (E) y Elías Pino Iturrieta. También señalar que gracias a importantes donaciones (las bibliotecas o los archivos, enteros o en parte, de Mons. Nicolás Eugenio Navarro, Ángel Grisanti, Miriam Blanco Fombona de Hood, Carlos Rodríguez Gantaume, Pedro Pablo Barnola, sj, Angelina Pollak-Eltz, Óscar Abdala); al trabajo de traslados de documentos del Archivo de Indias bajo la tutela del Hno. Necatrio María; y a lo recopilado y microfilmado en Europa para apoyar la reclamación del Esequibo por los padres Hermann, Ojer y Del Rey, cuenta con un importante fondo documental y con una biblioteca, en la que hay muchas piezas únicas en Venezuela, de más de treinta mil volúmenes. Tanto los libros como los documentos están en proceso de catalogación, aunque ya con una porción muy alta clasificada; y se encuentran a la entera disposición de los investigadores que deseen consultarlos.
Pero no sólo el IIH marcó el camino de los estudios históricos en la UCAB. En 1965 la Escuela de Educación empezó ofrecer menciones en su licenciatura, una de ellas la de Ciencias Sociales. Básicamente se diseñó con el esquema del profesorado de geografía e historia de los pedagógicos. Incluso, avanzando en esta clave, en 1972 se crean departamentos como entes administradores de cada mención, con funciones y características similares a los de los pedagógicos. Pues bien, el Departamento de Ciencias Sociales tendrá una importancia mayor para los estudios históricos en la UCAB de lo que suele pensarse. Naturalmente, no se trata de una escuela de historiadores, e incluso en lo concerniente a la investigación –tanto en el área como en pedagogía- sus programas le han otorgado una importancia menor que la normalmente dada en los pedagógicos. Pero eso no ha obstado para un par de consecuencias de entidad. En primer lugar, fue un semillero del que saldrían numerosos docentes del área –de hecho, con los años se convirtió en la Escuela más prestigiosa de Caracas- de los cuales algunos –menos antes que ahora- continuaron estudios de maestría en historia y llegaron a formarse como historiadores a carta cabal.

(4) Desde el No. 20 puede consultarse en línea: http://200.2.12.143/biblioteca/marc/php/buscar.php
(5) Primeras jornadas de historia y religión. Homenaje a Hermann González Oropeza, sj (Caracas, UCAB/IUPMA, 2001); Fe y cultura en Venezuela. Memorias de las II Jornadas de Historia y religión (Caracas, UCAB/IUPMA, 2002); Iglesia y educación en Venezuela. Memorias de las III jornadas de historia y religión (Caracas, UCAB/Fundación Konrad Adenauer, 2003); Religión e investigación social. Libro homenaje a Angelina Pollak-Eltz. Memorias de las IV Jornadas de Historia y religión (Caracas, UCAB/Fundación Konrad Adenauer, 2004); Andrés Bello y la gramática de un nuevo mundo. Memorias de las V Jornadas de Historia y Religión (Caracas, UCAB/Fundación Konrad Adenauer, 2006); Miranda, Bolívar y Bello. Tres tiempos del pensar latinoamericano. Memoria de las VI Jornadas de Historia y religión. En homenaje a los doscientos años de la Expedición Libertadora de Francisco de Miranda (Caracas, UCAB/Fundación Konrad Adenauer, 2007); Arturo Uslar Pietri. Humanismo y americanismo. Memoria de las VII jornadas de historia y religión(Caracas, UCAB/Fundación Konrad Adenauer, 2008); Imprentas y periódicos de la emancipación. A dos siglos de la Gaceta de Caracas. Memoria de las VIII jornadas de historia y religión (Caracas, UCAB/Fundación Konrad Adenauer, 2009).

miércoles, febrero 10, 2010

TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009) (III)

En estas escuelas de historia, en alguna medida en los pedagógicos y en las escuelas universitarias de educación donde se forman los profesores de historia de secundaria, y que suelen estar pendientes de lo producido por los historiadores profesionales; y a partir de la década de 1970 en los postgrados de historia que, con los desniveles del caso, se ofrecen a lo largo del país (actualmente hay maestrías de historia, o de áreas correlacionadas, como su didáctica, en San Cristóbal, Mérida, Maracaibo, Coro, Barquisimeto, Carora, Valencia, Maracay, Caracas, Maturín y Nueva Esparta, ofrecidas por distintas universidades) se desarrolló, si nos atrevemos a triar la famosa categoría que Peter Burke acuñó para los Annales, una verdadera “revolución historiográfica”; “revolución” que no sólo revaluó críticamente todo lo escrito hasta el momento, sino que además emprendió el reto de una nueva escritura sobre el devenir venezolano. De una “nueva historia”, de aliento científico, muy vinculada al resto de las ciencias sociales, y cuyos principales promotores pueden ubicarse en la Escuela de Historia de la UCV de la década de 1960 –Germán Carrera Damas, por sobre todos; pero también Federico Brito Figueroa, Eduardo Arcila Farías, Miguel Acosta Saignes y algunos más-, . Si bien esta “nueva ciencia” no ha desplazado en la memoria histórica del venezolano común a lo que, un poco de manera despectiva, suele llamarse “historia tradicional”, sí ha promovido un cambio fundamental en la manera en la que la mayor parte de los historiadores –e incluso últimamente hasta la Academia Nacional de la Historia- entiende al país. Y eso, en uno tan transido por los historicismos y las leyendas como el nuestro, no es poca cosa.

Pues bien, ¿cómo se insertó la UCAB en este proceso? Alrededor de 1955 dos jóvenes jesuitas interesados por la historia, los Reverendos Padres Hermann González Oropeza, sj (1922-1998) y Pablo Ojer Celigueta, sj (1923-1996) –el segundo dejaría los hábitos unos años después- empiezan a trabajar, más bien informalmente, la investigación histórica en la vieja sede de la UCAB de la Esquina de Jesuitas, en el centro de Caracas. En 1957 institucionalizan estos esfuerzos con la fundación de un centro de investigaciones, como se dijo, el actual IIH. Su inicial preocupación fue la historia territorial de Venezuela, dentro de la que harían a lo largo del siguiente medio siglo significativos aportes (2). De hecho, el Instituto fue por mucho tiempo asesor de la Cancillería en asuntos de delimitación y fronteras, sobre todo en los momentos más intensos del conflicto del Esequibo, donde jugaron un papel fundamental documentando la reclamación.

Teniendo como base la experiencia del Instituto, comenzó a expandirse la actividad investigativa de la UCAB. En la década de 1960 empiezan a fundarse otros centros de investigación. Por solo nombrar a los que directa o indirectamente se asociaron al IIH, tenemos al Centro de Investigaciones Literarias (1965), cuyo primer director fue Efraín Subero (1931-2007); el Centro de Lenguas Indígenas (1968), cuyo primer director fue Fray Cesáreo de Armellada (1908-1996); el Centro de Religiones Comparadas (1972), bajo la dirección de la destacada antropóloga austriaca Angelina Pollak-Eltz; y el Centro Venezolano de Historia Eclesiástica (1977), bajo la dirección del R.P. Hermann González Oropeza, sj3. Aunque en general sus aportes fueron notables, el itinerario de sus existencias llama la atención y, seguramente, habrá de ser objeto de estudios más adelante. Ninguno de ellos sigue funcionando, ya que fueron, en momentos y bajo criterios diversos, refundidos en otros institutos más amplios; o simplemente se desdibujaron en la medida que sus promotores se fueron a otros destinos. Por supuesto, esto no quiere decir que, vista en conjunto, la actividad investigativa de la UCAB sea en este momento menos vigorosa que hace treinta años: más bien al contrario, con una planta de investigadores bastante más grande (muchos de aquellos centros eran de a lo sumo uno o dos profesionales, en ocasiones, casi proyectos personales) y con proyectos de gran incidencia social.

(2) Sólo para citar algunos títulos emblemáticos de su obra: Pablo Ojer: Don Antonio de Berrío, gobernador del Dorado (Caracas, UCAB, 1960); La formación del Oriente venezolano (Caracas, UCAB, 1966); La década fundamental en la controversia de límites entre Venezuela y Colombia, 1881-1891 (Caracas, UCV, 1982); El Golfo de Venezuela : una síntesis histórica (Caracas, UCV, 1983); Problemas fronterízos con Colombia: : conferencias, debates (Caracas, UPEL, 1996). Hermann González Oropeza: Atlas de historia cartográfica de Venezuela (Caracas, 1983), Historia de las fronteras de Venezuela (con Manuel Donís; Caracas, Cuadernos Lagoven, 1989); y de los padres González Oropeza y Ojer en coautoría: La fundación de Maturín (1722) y la cartografía del Guarapiche (Caracas, UCAB, 1957). 3 Durante muchos años fue el profesor de Historia de la Iglesia en el Seminario Interdiocesano de Caracas. La UCAB, además, copatrocinó los tres grandes congresos de historia eclesiástica -1969. 1972 y 1977- realizados por estos años, que aún representan –con sus memorias- un esfuerzo académico inigualado en el área.

Imagen: padre Hermann González Oropeza, sj cortesía de El Ucabista

martes, febrero 09, 2010

TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009) (II)

La historia en la UCAB.

Lo primero a destacar es que ni las maestrías, ni el doctorado, fueron fenómenos abruptos que tomaron por sorpresa a la UCAB. Una permanencia y, en balance, un éxito que suman tres décadas, indican otra cosa. Detrás de ellos hay toda una tradición de estudios históricos, que no es del todo conocida –incluso en los campus de la universidad- y que se remonta prácticamente a su fundación.

En efecto, tan temprano como en 1957 la UCAB –que había sido fundada en 1953- inicia su camino en la investigación histórica como actividad específica y sistemática, institucionalmente financiada y promovida. Ese año nace su centro de investigaciones, hoy elevado a Instituto de Investigaciones Históricas (IIH), y desde 2001 bautizado con el nombre de uno de sus fundadores: “Hermann González Oropeza, sj”. Un poco antes, en 1952, la Universidad Central de Venezuela había hecho otro tanto con el Instituto de Antropología e Historia (hoy refundido con el Instituto de Estudios Hispanoamericanos). Ambas fundaciones marcan una inflexión entre lo que empezaría a ser la labor de los historiadores profesionales en Venezuela, en comparación con lo que había sido hasta entonces la de los historiadores vocacionales (muchos muy meritorios).


Con la creación de centros e institutos de investigación –en universidades o en otras instituciones: bibliotecas, ministerios, el Congreso, la Cancillería, la Academia Nacional de la Historia y algunas más- así como con el financiamiento de investigaciones para aquellos profesores universitarios que no formaran parte de estos centros, o con la promoción indirecta de las mismas por la vía de los trabajos de ascenso, nace el historiador profesional, es decir, el que puede obtener su sustento (por magro que fuera: nunca ha sido una ocupación muy pingüe) de la investigación. Esto no ha acabado con los historiadores vocacionales, que escriben en sus ratos libres y aprendieron el oficio de manera más o menos autodidacta; de hecho siguen produciendo mucho y, no pocas veces, cosas de alto valor; ni ha hecho que todos los licenciados en historia puedan dedicarse a investigar (la verdad es que muchos también terminan haciéndolo en sus ratos libres, ganándose el pan en otra cosa); pero sí ha generado un punto de inflexión importante, con un sector asociado a los centros de investigación y las universidades que, sin lugar a dudas, desde 1958 tiene el liderazgo en la disciplina y ha logrado darle un vuelco fundamental.

Por supuesto, esto fue posible por un proceso paralelo: el del nacimiento de un profesional específicamente formado para la investigación histórica. En Venezuela el antecedente más claro estuvo en el profesorado de historia y geografía que empieza a dictarse en el Instituto Pedagógico Nacional (hoy de Caracas) en 1936. Aunque no se trataba de un curso para formar historiadores profesionales, fue el primero, entonces de tres años, que tuvo por objetivo la formación de un profesional especializado en el área. De hecho, han sido numerosos los historiadores que obtuvieron su formación inicial en el Pedagógico de Caracas, así como en los otros pedagógicos que se fueron fundando en el resto del país a partir de 1959 (cuando nace el de Barquisimeto, donde en la actualidad se anima una intensa actividad de investigación histórica). En 1946, con la sección de historia de la Facultad de Filosofía y Letras (hoy de Humanidades y Educación) de la Universidad Central de Venezuela, se inicia el primer paso para la licenciatura de historia, consolidada cuando se eleva a Escuela de Historia en 1958. Otro tanto pasó con la sección de historia, creada en la Universidad de los Andes en 1955, que diez años después también se convertiría en escuela (1).

(1) Véase: Inés Quintero, “La historiografía” en: E. Pino Iturrieta, La cultura en Venezuela. Historia mínima, Caracas, Fundación de los trabajadores de Lagoven, 1996; Robinzon Meza y Yuleida Artigas Dugarte, Los estudios históricos en la Universidad de Los Andes (1832-1955), Grupo de Investigación sobre Historiografía de Venezuela/Cuadernos de Historiografía No.1, Mérida (Venezuela), 1998; AAVV, 60 aniversario del Departamento de Geografía e Historia del Instituto Pedagógico de Caracas, Caracas, UPEL, 2007; y María Elena González Deluca, Historia e historiadores de Venezuela en la segunda mitad del siglo XX, Caracas, Academia Nacional de la Historia, 2007.

lunes, febrero 08, 2010

TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009) (I)

Mi amigo y tutor: el historiador Tomás Straka (Coodinador de las Maestrías de Historia de Iberoamérica y de Venezuela de la UCAB), me ha facilitado este texto que ahora pongo a la disposición de todos.

TREINTA AÑOS DE LAS MAESTRÍAS DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO (1979-2009)*
Tomás Straka
Instituto de Investigaciones Históricas “Hermann González Oropeza, sj”
Universidad Católica Andrés Bello – Caracas

Una maestría “adulta”.

En enero de 1979 comenzaron las clases de la maestría de historia de las Américas en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), en Caracas. No fue el primer postgrado de historia en Venezuela, ni por mucho tiempo fue el más prestigioso –como mínimo, durante la década de 1980 y buena parte de la de 1990, compartió ese honor con los programas de la Universidad Santa María y de la Universidad Central de Venezuela, nacidos más o menos a un mismo tiempo, y muchas veces compartiendo sus mismos profesores- pero lo que representó entonces, y lo que sigue representando ahora, treinta años después, para los estudios históricos en Venezuela, merece ser estudiado con atención. Como esperamos demostrar en las siguientes páginas, muchas de las claves más significativas, de los logros, de los problemas, de los avances e incluso los retrocesos –que los ha habido- en la historiografía y en la enseñanza de la historia venezolanas del último cuarto del siglo XX, y ya de la primera década de XXI, se expresan nítidamente en el camino recorrido por este programa.

Más allá de un homenaje a los forjadores y un poco de ejercicio de la nostalgia, que naturalmente haremos; el objetivo de estas páginas es el de ensayar un balance de lo que el quehacer histórico venezolano ha sido durante este tiempo, visto desde uno de sus escenarios y con algunos de sus actores que en tres décadas han logrado un protagonismo notable. La Maestría de Historia de las Américas, y sus hermanos ucabistas, el Doctorado de Historia, establecido en 1985, y la Maestría de Historia de Venezuela, que arrancó en 1990, llegan a la “edad adulta” gozando de buena salud (lamentablemente no puede decirse lo mismo de otros programas similares iniciados por las mismas fechas) y con perspectivas razonablemente alentadoras para su porvenir. Entre enero de 1979 y diciembre de 2009 se han presentado, en las dos maestrías, más de un centenar de trabajos de grado (setenta y dos en Historia de las Américas, y treinta y dos en Historia de Venezuela). Por eso, y acaso como una referencia que seguramente será de interés para los investigadores, al final de este texto se presenta el inventario de los mismos. El deseo es que empiecen a tener un uso más amplio que el de ocupar su espacio en los anaqueles de la universidad, destino lamentablemente común de tantos esfuerzos intelectuales en el país.

* Este trabajo no hubiera sido posible sin la ayuda del Prof. Manuel Donís Ríos, Director del Doctorado de Historia y decano de los miembros del Instituto de Investigaciones Históricas “Hermann González Oropeza, sj”, quien nos dio orientaciones fundamentales para su desarrollo; de la Prof. Migdalia Lezama, que, generosamente, nos facilitó importantes datos sobre la historia de la Escuela de Educación de la UCAB; del Lic. Ángel Finocchiaro, de la Dirección de Recursos Humanos de la UCAB, que tuvo la amabilidad y la paciencia para buscar en sus archivos algunos datos que acá se presentan; sin el Prof. Zany Sandoval, de la Dirección General de Estudios de Postgrado, que puso su archivo y su prodigiosa memoria a nuestra disposición; sin la Prof. Lucía Raynero, que nos orientó en la biografía de Oscar Abdala; y sin la Prof. Esther Mobilia, que fue fundamental en la reconstrucción de la lista de los trabajos de grado defendidos desde la fundación del programa. A todos ellos, muchas gracias.
(CONTINUARÁ)

domingo, febrero 07, 2010

Mi solidaridad con mis estudiantes y todo el movimiento estudiantil venezolano

No se puede insultar a los estudiantes y que nadie alce la voz. Ellos tienen padres, familiares, amigos, y profesores; y muy especialmente una mayoría nacional que los admira. Yo quiero hoy, como profesor de muchos de los que conforman el llamado "movimiento estudiantil", mostrar mi solidaridad; rechazando los insultos, el maltrato y la campaña de difamación oficialista.

Muchachos: me siento orgulloso de ustedes. Porque sé que los valores y principios que le han transmitido sus padres y familiares, y nosotros los maestros y profesores, han rendido fruto. En especial me quiero referir a la labor que me ha tocado (y a tantos) como docente en el área de ciencias sociales.

Sus acciones son la prueba que nuestras palabras no se han perdido. No sirvieron nada más para aprobar los exámenes y celebrar en la fiesta de fin de curso. No son ideas de tiempos y tierras lejanas, lo que largas horas de clases en muchas ocasiones algo fastidiosas, intentamos sembrar en vuestras mentes. Al final; tantas conversas y discusiones, toda esta lucha personal por servirles de ejemplo, todas estas horas de correcciones y preparación de clases; han dado el más hermoso de los resultados.

Ha valido la pena contrastar el despotismo oriental con las formas de gobierno limitadas que se expresan en las ciudades-estado griegas y en la República romana. La historia de la lucha de las “clases medias” por la ciudadanía en Atenas como fundamento de la democracia ha sido comprendida. Ustedes se han hecho atenienses y romanos en tiempos de siglo XXI. La república democrática sobrevivirá.

Ha valido la pena hablarles del cristianismo como pasión, como valores inspiradores, como fe operante de la cultura occidental, y de Venezuela como hija legítima de Europa vía España. Ahora ustedes son concientes de ser nuevos apóstoles de la preocupación por el otro. Saben y sienten, que vale la pena la cruz que es permanecer en este trópico inseguro y poco prometedor, y salir a resistir pacíficamente los golpes de los centuriones de hoy. Vale la pena como valió hace 2000 años, porque saben que “después de la cruz siempre hay resurrección”.

Ha valido la pena hablar de la Ilustración, de los derechos humanos, del Estado en función de dichos derechos, de un poder que se autorregula. Pero muy especialmente de un pueblo que se revela contra la tiranía en la Francia de hace 200 años; y en una Capitanía General del Imperio Español. Recordar una generación de estudiantes que no tuvo miedo a los grillos, a la Rotunda, y al exilio; pero mucho menos al largo trabajo de día a día que significó fundar y conservar en pie a los partidos políticos sin los cuales es imposible la democracia.

Nadie puede venir a decirles impunemente “fascistas”, porque ustedes son herederos de la historia de la libertad. Ustedes conocen la acción del mal en el tiempo; y por conocerlo, por padecer las pretensiones de una triste repetición; es que siguen luchando.

Muchachos: no están solos. Vamos a reconstruir juntos este país.
Profeballa.

sábado, febrero 06, 2010

Historiador venezolano (Elías Pino Iturrieta) opina sobre la designación de Ramiro Valdés como ministro en Venezuela

Artículos de opinión de los historiadores
Transcribimos el artículo del historiador Elías Pino Iturrieta que publica todos los sábado en El Universal. El subrayado es nuestro.

El gendarme importado

El mandón sabía que se destaparía el tarro maloliente de los "méritos" del asesor

La hoja de méritos de Ramiro Valdés tiene como referencia su designación como Ministro de la Informática y las Comunicaciones de Cuba en 1996, empleo en el cual pudiera aferrarse el mandón para explicar la orden que ha dispuesto de nombrarlo asesor sobre las urgencias de energía y electricidad que padece Venezuela. Flaco argumento en un país que cuenta con un equipo de ingenieros capaz de enfrentar con sobrada eficacia los problemas del área, en caso de que existiera algún tipo de justificación en torno a la escogencia de un burócrata extranjero para funciones tan delicadas y peculiares. Pero, en especial, estrambótica y desvergonzada disposición si recordamos cómo, después de un récord de penumbras y apagones que va para 40 años, en la infeliz isla está prohibida la televisión por cable y requieren los particulares permiso del Gobierno para el acceso a la telefonía celular y la adquisición de computadoras, restricciones que la han convertido en el lugar más atrasado de América Latina en materia de tecnología relacionada con las comunicaciones.
No abre el camino de la luz el asesor que viene de Cuba, si vemos los resultados cavernarios de su gestión, ni tampoco parece que sea un dinamo a la hora de encender el suiche de su personal ilustración. Al decir de Carlos Alberto Montaner, puede sufrir un derrame cerebral a la hora de llenar un crucigrama, si se considera la debilidad de sus neuronas habituadas únicamente a la repetición mecánica del discurso sin fisuras que aprendió sin chistar en la Sierra Maestra. ¿Por qué, entonces, el mandón lo ha ungido con el aceite de una asesoría sobre una materia en la cual exhibió su incompetencia, o su interés por mantener el reino de la oscurana? La respuesta se encuentra en otras de las actividades que marcan su currículo, que si no sirven para prender bombillos son de singular eficiencia para el ataque de un tipo especial de cortocircuitos.
Desde 1959 temía Castro la amenaza de esos cortocircuitos y encomendó a Ramiro Valdés, a quien llaman "Ramirito" en la nomenklatura del partido, la misión de evitarlos mediante contactos tempranos con la policía soviética, con la tenebrosa KGB. El resultado fue la fundación del G2, a quien un crítico de los años sesenta llamó "legendaria máquina de represión popular". El G2 se llamó después Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), pero el cambio de nombre no pudo borrar las siglas de la torva organización en la que encontró origen. Para la creación de la policía política recibió los consejos de otra arma fatídica de opresión de la sociedad, la Stasi de Alemania Oriental, con cuyos comandos se detuvo en el conocimiento de métodos de espionaje que condujeron a la prisión, el vejamen y la desaparición física de millares de cubanos. "Ramirito" adquirió celebridad cuando sucedió la invasión de Bahía de Cochinos, para cuya derrota se ocupó de la captura de disidentes, sospechosos, indiferentes y tibios a granel. Después se preparó para una nueva función en su rol de custodio del Comandante en Jefe: la vigilancia de los miembros del Partido Comunista y de las figuras principales del régimen, gracias a cuyo seguimiento se catapultó en los círculos del poder hasta ascender a la cúspide con categoría de imprescindible: ministro del Interior en dos ocasiones, viceministro de las Fuerzas Armadas, miembro del Comité Central del Partido Comunista, vicepresidente del Consejo de Ministros y vicepresidente del Consejo de Estado.
Antes de anunciar su decisión, el mandón sabía que se destaparía el tarro maloliente de los "méritos" del asesor. Podía imaginar que un rastreo por Internet aportaría evidencias del oficio de represor de quien ahora viene en el papel de luminoso faro, de los rastros de sangre que ha dejado a su paso, del vínculo tan íntimo con Castro y con las políticas del mar de la felicidad. Podía pensar que a nadie la cabría en la cabeza el nombramiento de un asesor sin realizaciones de trascendencia en el ramo que viene a remendar. Podía prever con facilidad, además, la multiplicación de la reacción negativa de una colectividad a quien desde hace tiempo viene moviendo el disgusto frente a la intromisión de los cubanos en actividades fundamentales como la salud pública, la educación, la identificación de la ciudadanía y el manejo de la policía, entre las cosas que se pueden saber. De allí la necesidad de cavilar en torno a lo que de veras representa la designación, no sólo frente a la sociedad en general sino también ante los intereses y los movimientos de sus seguidores del alto gobierno. En especial en estos día tan revueltos. Lo más probable es que no venga "Ramirito" a electrificar, sino a explicar cómo se electrocuta de manera eficiente.

jueves, febrero 04, 2010

Los venezolanos no pueden olvidar la efeméride de hoy (4 de febrero de 1992)

Autor: Carlos Balladares Castillo.

Hace 18 años el actual Presidente de Venezuela liderizó un golpe de Estado contra el gobierno electo democráticamente de Carlos Andrés Pérez, el cual fracasó. El mismo generó más de cien muertos e inició un proceso de inestabilidad política que todavía padecemos. Este es un hecho que no debe ser olvidado.

No debe ser olvidado por la simple razón, que cuando olvidamos nuestros errores tendemos a repetirlos. Algunos dirán, que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Es cierto, pero la memoria por lo menos nos puede advertir los peligros del camino.

Me cuentan que Rómulo Betancourt, en tiempos de la década militar (1948-58) decía que todos los demócratas debían tener un retrato de Pérez Jiménez en su casa. Con el fin de nunca olvidar por qué habían perdido las libertades. Los venezolanos debemos recordar todos nuestros personalismos. La democracia no sólo se fortalece practicándola, y conociendo su funcionamiento; sino también conociendo los peligros que la acechan. Me gusta pensar que la democracia no es sólo elecciones, derechos humanos, libertades, consensos; sino muy especialmente: antiautoritarismo.

Los demócratas de Puntofijo, rechazaron los golpes de Estado como vías de cambio político tras la experiencia del Trienio adeco. Aprendieron, que estos sólo llevan al militarismo y al personalismo lastimosamente arraigado en nuestra historia. El 4 de febrero de 1992 fue la vuelta de nuestros fantasmas, fue la expresión de la necesaria responsabilidad que debemos tener todos en la defensa de la democracia. Hoy en día, este aprendizaje está más arraigado que nunca con la experiencia que nos está dejando la República militar chavista.

Vamos a reconstruir este país.
Imágenes: periódico Últimas Noticias del 05 de febrero de 1992, reseñando el intento de golpe de Estado.

martes, febrero 02, 2010

"Francisco de Miranda, el jacobino"

Hoy Chávez le ha dado un nuevo cambio a la historia. Ahora resulta ser que a Francisco de Miranda era jacobino. Del club de los Girondinos pasó a los Jacobinos, quizás en unos días el precursor puede terminar militando en el PSUV.
Por cierto, revisando en internet es un error que se repite...

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